Cuando Hermione despertó en la penumbra de la habitación sintió un penetrante dolor de cabeza que parecía querer partirla en dos. Desorientada, se llevó una mano a la frente con un tremendo esfuerzo, percatándose que cada parte de su cuerpo le dolía como si le hubieran dado una paliza.
Se sentía enferma y tenía la boca seca y pastosa. Tenía mucha sed pero a la vez la idea de pensar en beber agua le producía nauseas –además de que no estaba segura de poder llegar hasta el baño para llenar un vaso de agua-.
Definitivamente se sentía enferma. Después de varias intentonas, logró incorporarse en la cama a costa de que el dolor en su cabeza comenzara a latir y su estomago se revolviera. Miró el reloj comprobando que era casi la una del mediodía. Ella nunca dormía tanto.
Un olor familiar llegó a su nariz y Hermione aspiró con fuerza tratando de identificarlo. Parecía provenir de su camiseta –la camiseta que llevaba el día anterior y que extrañamente no se había quitado para dormir –así que Hermione estiró la tela para poder olerla.
—Puaj —masculló al reconocer el olor del whisky de fuego que le dio nauseas.
Ahora entendía lo que pasaba: tenía resaca. No era de extrañar con la cantidad de alcohol que debía de haber ingerido el día anterior. Recordaba haber descubierto las reservas de alcohol de los Black y comprobar por si misma si el whisky de fuego estaba pasado. Después, todo era borroso.
Haciendo un esfuerzo sobrehumano, Hermione se arrastró fuera de la cama. Cuando consiguió ponerse en pie, notó que todo le daba vueltas y tuvo que apoyarse en la pared para no ir a hacerle compañía a su alfombra.
Gran idea había tenido el día anterior cuando pensó que un par de tragos la animarían, diciéndose que después de todo, si la gente solía ahogar sus penas en alcohol sería por algo. Desde luego había conseguido olvidarse de Harry y Ron y de todo en absoluto. Tenía un agujero negro en su memoria de varias horas. Sí, podía ser que se hubiera evadido de la realidad por un rato pero eso no compensaba lo mal que se sentía en ese momento. ¿Por qué se emborrachaba la gente si al día siguiente se sentía tan mal? Hermione no lograba entenderlo, pero sí estaba segura de que en la vida volvería a acercarse a una botella de whisky de fuego. Apreciaba su vida.
Tambaleándose, aún mareada, Hermione salió al pasillo y se dirigió al baño. Necesitaba una buena ducha, aunque no estaba segura de poder mantenerse en pie el rato suficiente para ducharse. Lo más probable es que acabara despatarrada en la bañera y no estaba como para darse más golpes.
Entró en el baño y cerró la puerta tras ella. Después, con un esfuerzo sobrehumano, abrió el grifo de la bañera y se dirigió al lavabo. Giró el grifo dorado y un chorro de agua helada empezó a fluir, y sin pensarlo dos veces, Hermione metió la cabeza debajo de él.
Mientras sentía el agua fría correr por su cuero cabelludo y su rostro, un recuerdo fugaz la asaltó.
"Te acompañaré hasta tu cuarto y te portarás bien o te meteré la cabeza debajo del grifo".
Hermione se asustó tanto que se incorporó demasiado deprisa y se dio un golpe contra el grifo. Maldiciendo por la bajo, cerró el grifo y refugió su rostro empapado en una toalla.
Malfoy había dicho eso, luego la había visto borracha el día anterior. Por Merlín, ¿qué habría hecho? Concentró todos sus esfuerzos en recordar lo que había sucedido el día anterior, pero el persistente y punzante dolor de cabeza que tenía lo complicaba todo.
Recordaba vagamente que Malfoy había bajado a los cocinas cuando ella estaba en pleno apogeo etílico. Sin duda la había visto borracha. Creía recordar que había tratado de imitar a una bailarina de ballet penosamente y que Malfoy la había sujetado impidiendo que se diera un buen golpazo.
Oh, Merlín, quería morirse. ¿Cómo podría mirarlo a la cara ahora?
Mortificada, Hermione dejó la toalla de manos y se desnudó con dificultad para meterse en la bañera. Logró sacarse la camiseta con una mano, pero se quedó anonadada cuando se dio cuenta de que después de quitársela, se la había pasado a la mano derecha. Y estaba sujetándola con ella.
Hermione se asustó tanto que dejó la camiseta caer al suelo y miró su mano, impactada. Ante sus ojos, abrió y cerró la mano –muy lentamente, eso sí –un par de veces a su antojo. Le costaba un gran esfuerzo y no tenía demasiada fuerza, dudaba de poder sostener algo más pesado que una ligera tela, pero al menos podía realizar el movimiento de pinza. Cuando se cercioró de que también podía mover un poco el brazo y flexionar minimamente el codo, Hermione estuvo a punto de dar saltos de contenta.
Temblorosa por la emoción, resolvió meterse en la bañera llena de agua caliente antes de desmayarse. Apoyó la espalda contra el borde de la bañera y miró su mano derecha bajo el agua. No tenía suficiente fuerza para subir el brazo, pero de un día para otro había mejorado más que en dos semanas. No lo entendía.
Las palabras magia blanca aparecieron en su cabeza y se quedaron flotando por su mente unos instantes.
—¿Magia blanca? —repitió. ¿A qué le recordaba eso?
"La magia blanca puede vencer a la negra. Por eso tu mano en mi marca me calma el dolor, por eso mi mano en tu brazo te hace sentir. Magia blanca".
¿Malfoy había dicho eso? Oh, Merlín. Sí lo había dicho, ahora lo recordaba con claridad. Él la había sujetado para impedir que besara el suelo y Hermione recordaba haber sentido su mano en su brazo, cálida y sólida. Entonces le había preguntando cómo era eso posible y Malfoy le había dado esa explicación: que era cuestión de magia blanca.
Pero Hermione tenía la misma duda que el día anterior. Si la base de la magia blanca era el amor, si ése era su poder, ¿por qué funcionaba con ellos? Malfoy y ella no se querían. La idea era ridícula.
No se querían pero sí se habían dado un beso que había sido más sexual que nada que Hermione hubiera hecho o visto en su vida.
—Oh, dios —murmuró abochornada, y se llevó la zurda a la cara, para tratar de ocultarse de sus fragmentados recuerdos. ¿Pero qué había hecho?
¡Había provocado a Malfoy para que la besara! Lo recordaba nítidamente. Sólo le había faltado pedirle que le echara sobre la cama y la hiciera suya.
¿Por qué? ¿Por qué tenía que pasarle eso a ella? No pensaba volver a emborracharse nunca, esa no era ella. Por culpa del alcohol podría haber hecho algo de lo que se arrepentiría seriamente ese día. Gracias a Merlín no había sucedido nada peor que un beso.
Mejor dicho, gracias a Malfoy. Él se había apartado –bien sabía que ella no había hecho nada para interrumpir el beso –y se había marchado antes de que cometieran una locura.
Pero, ¿por qué? ¿No era eso lo que él quería? ¿Algo de sexo para satisfacer sus necesidades? Él quería usarla, ¿no? Eso le había dicho. Entonces no entendía por qué no había aprovechado la oportunidad, nunca lo hubiera tenido tan fácil como la noche anterior. Ella estaba borracha, no iba a negarse. Es más, posiblemente hubiera colaborado activamente.
Hermione se escurrió por la bañera hasta sumergir la cabeza debajo del agua. Quería morirse. No quería pensar que tal vez Malfoy no era el cabrón insensible que aparentaba ser. No quería reconocer que se había portado como un caballero con ella, decidiendo por los dos, algo que ella no hubiera podido decidir.
No quería hacerlo porque eso le daba miedo. Si no le quedaba la hostilidad para defenderse de él, ¿qué le quedaba?
Debía irse lejos. A Groenlandia por ejemplo. Se cambiaría de nombre y viviría austeramente en un iglú. Seguro que los esquimales eran buena gente.
Hermione salió de nuevo a la superficie y aspiró una gran bocanada de aire. No podía huir, tendría que enfrentarse a Malfoy y una parte de ella quería hacerlo para averiguar por qué no se había aprovechado de la situación.
El que necesitaba una buena borrachera, era él. Una de esas que le dejaban semiinconsciente durante un día entero. Si así no podía sacarse a Granger de su cabeza, sólo le quedaría la opción de hacerse una lobotomía. O mejor, extirparse el cerebro. Total, ya sólo le servía para pensar en ella.
Y ya de paso podría hacer lo mismo con su corazón. Se suponía que esa era el órgano del amor, ¿no? –aunque hasta ese momento, Draco siempre había considerado que era otro –así que fuera también.
Draco Malfoy enamorado. Insólito. Molesto, frustrante, enloquecedor.
Él no quería estar enamorado de Granger, joder. De nadie en realidad. No quería anteponer los sentimientos de ella a los suyos, no quería que le importara lo que pensara o sintiera, o vivir pendiente de su sonrisa. No quería desearla y no poder tenerla.
Toda esa situación le recordaba a una figura de vidrio que había en casa de su tío Marcus. Parecía un rectángulo grueso de cristal que tenía atrapado en su interior la figura de una sirena. De pequeño, Draco siempre se quedaba mirándolo cuando él y su madre visitaban a su tío. Siempre le había intrigado cómo habían metido a la sirena ahí dentro los muggles y siempre había deseado sacarla y poder tocarla. Pero a la vez sabía que para poder hacerlo tendría que romper el vidrio y que así estropearía su belleza.
Era una tortura saber que para poder tocarla tendría que destrozarla. Y eso mismo le ocurría con Granger. Tenía que mirarla a través de un cristal y limitarse a eso. Porque si iba más allá, ella pensaría que la estaba utilizando y la perdería definitivamente.
Se suponía que estar enamorado hacía a la gente feliz, ¿no? Pues él nunca se había sentido tan miserable. Pero Draco se lo había buscado, un sentimiento tan cursi no podía estar hecho para él.
¿Qué se suponía que debía hacer ahora? Rezar por que Granger no recordara nada parecía una buena opción. Y por su parte, cuánto más alejado de mantuviera de ella mejor para los dos.
Hermione entró en la cocina, con la mano apoyada en la frente como si así pudiera calmar su dolor. La cabeza le daba vueltas después de bajar tantas escaleras y se sentía débil, pero tenía el estomago tan vacío, que había decidido comer algo, por poco que fuera, con la esperanza de sentirse mejor.
Alcanzó la mesa y se dejó caer sobre una silla, decidiendo recuperar fuerzas antes de buscar algo comestible en la despensa, pero en ese mismo instante, una figura alta y oscura salió de ella. Hermione sintió que el corazón se le paraba para empezar a latir furiosamente instantes después cuando reconoció a Malfoy.
—Mierda —murmuró él. ¿Cómo se suponía qué debía comportarse? ¿Cómo si no se hubiera tenido que pasar un buen rato en la ducha –helada –por su maldita culpa? Posiblemente lo más prudente era fingir que no había pasado nada, después de todo, si ella no lo recordaba, mejor. Le bastaba con recordarlo él, una y otra vez.
—¿Resaca, Granger? —preguntó con su habitual toque de ironía en la voz mientras se adentraba en la cocina.
—Si desear estar muerta es tener resaca, entonces sí —respondió ella apoyando la cabeza sobre la mesa. Estaba nerviosa por la presencia de Malfoy, pero se sentía lo suficientemente mal para que eso no le importara tanto como si hubiera estado sana —No entiendo cómo la gente puede emborracharse si al día siguiente va a sentirse como si la hubieran apaleado.
Draco se relajó lo suficiente para esbozar una sonrisa de lado. Ella no recordaba nada.
—Cuando aprendas a beber, no te sentirás tan mal —apuntó con cierto aire burlón.
—¿Cuándo aprenda a beber? No pienso volver a probar el alcohol en mi vida —aseguró ella con su voz rebotando sobre la madera de la mesa.
—Eso lo digo después de cada borrachera. Forma parte del ritual de la resaca.
Hermione alzó la cabeza de la mesa, ignorando el profundo dolor que la asoló en el interior del cráneo, para poder mirar a Malfoy con interrogación.
—¿Es qué hay un ritual? —preguntó.
—Por supuesto —repuso Draco, sentándose a la mesa frente a la chica. A cada segundo se sentía más seguro de dominar la situación al saber que ella no recordaba nada —Hay fases. Después de despertarte como si te hubieran dado una paliza, te pones a depurar responsabilidades.
—¿Depurar responsabilidades? —repitió Hermione, confundida.
—Sí. Le echas la culpa a la mala calidad del alcohol, preguntas a ver quién fue el cabrón que te echó algo en el vaso, dices que apenas habías comido y por eso te sentó mal...esas cosas.
—¿Y después?
—Después empiezas a recordar (esto no ocurre siempre) y haces el recuento de daños.
—¿Recuento de daños? —repitió ella, aunque tenía una ligera idea de a que se refería. Dignidad dañada, virginidad cerca de ser perdida, por ejemplo.
—Ya sabes —dijo Draco encogiéndose de hombros con indiferencia —¿Qué hice qué? ¿Qué me enrollé con quién? ¿Quién demonios es esta chica que hay en mi cama?
Hermione le lanzó una mirada acerada, repentinamente molesta. ¿Se despertaría a menudo con chicas de las que no recordaba el nombre en su cama? Seguro que sí, el muy cabrón.
—Y después, la última etapa —continuó él sin darse cuenta de cómo Hermione pretendía asesinarle con la fuerza de su mirada —es cuando reniegas. Juras y perjuras que no beberás nunca más, que tendrían que lanzarte un imperius para que volvieras a probar una gota de alcohol...excusas varias, que mantienes hasta que te vueles a emborrachar. Ley de vida.
—Qué bonito —replicó ella molesta —imagino que tú lo harás a menudo.
—¿Emborracharme? —preguntó él, ligeramente desconcertado por el tono fiero de la chica.
—Sí y despertarte con desconocidas en la cama.
Draco arrugó el ceño confundido, ¿qué coño le pasaba a Granger ahora?
—A veces —respondió desconcertado —cuando estaba en Hogwarts.
—Genial —repuso ella con aspereza. A continuación, se levantó con intención de salir de la cocina y no hizo caso del mareo que casi la tumbó cuando echó a andar hacia las escaleras. Se sentía tan mal que casi agradeció que Malfoy la sujetara aunque fuera para impedirle marcharse, como tanto deseaba.
—¿Pero qué demonios te pasa? —preguntó él, sosteniéndola con firmeza cuando Hermione se tambaleó.
—No me pasa nada, Malfoy —repuso ella, furiosa y mareada —El que tiene un problema eres tú, ¿te crees que puedes ir por la vida utilizando a las chicas a placer?
Draco se quedó tan impactado por sus palabras que tardó unos segundos en reaccionar. Pero cuando lo hizo, una enorme y sugerente sonrisa curvó sus labios.
—¿Estás celosa, Granger? —comenzaba a entender el lado bueno de estar enamorado, por ejemplo, la violenta satisfacción que estaba experimentando al comprobar que, efectivamente, Granger estaba celosa de sus pasadas conquistas.
—No seas ridículo —replicó ella, completamente ofendida —Simplemente siento lástima por esas chicas que permiten que las trates si fueran objetos puestos en el mundo para que tú los uses. ¿Te vale cualquiera, verdad? —cualquiera menos ella. Recordaba perfectamente cómo se había largado de la habitación la noche anterior.
—Sí —repuso él simplemente para hacerla rabiar.
—¿Entonces por qué te fuiste anoche?
Se hizo el silencio. Un silencio insoportable. Hermione lo sentía zumbando en sus oídos y acelerándole el pulso. ¿Por qué había dicho eso? Hubiera vendido su alma por tener un giratiempo de nuevo y poder retroceder para no haber hecho nunca esa pregunta. No quería saberlo, no quería que él supiera que recordaba todo. No quería que la mirara como lo estaba haciendo, como si el hielo de sus ojos se estuviera derritiendo al contemplarla.
Se sintió como una presa acorralada, invadida por una sensación de peligro inminente, cuando notó como Malfoy aumentaba la presión de los dedos en torno a su brazo y se acercaba, hasta que sus cuerpos casi estuvieron pegados y sus bocas separadas por unos centímetros.
—Cuando te haga el amor, Granger —susurró él con la voz ronca —quiero que lo recuerdes.
Y Hermione le odió porque apenas podía respirar al oír esas palabras, porque el corazón le dolía a cada latido, porque toda su piel se había vuelto sensible a su tacto o al calor que emanaba, porque su cuerpo se estiraba como una flor hacia el sol para acercarse a él. Porque no podía negar que quería que la besara. Porque le daba miedo que lo hiciera.
Draco deslizó las manos por su espalda, quemando toda la piel que tocaba a través de la tela de la camiseta de Hermione, y las colocó justo en la mitad, en la posición perfecta para impedir que ella huyera. Hermione no se movió.
Y entonces, como si tuviera todo el tiempo del mundo, Draco se inclinó sobre la boca de ella y la acarició fugazmente con la suya. Sólo un breve e inocente roce de labios, demasiado fugaz para poder saborearlo que dejó a Hermione frustrada y débil. Se alzó más, pidiéndole sin palabras que la besara, pero un sonoro golpe los interrumpió.
Otro golpe y otro más. Entre la resaca y las brumas cálidas en las que se había sumido la mente de Hermione por la cercanía del chico, tardó unos largos segundos en darse cuenta de que estaban llamando a la puerta. Despacio, como dos imanes separados contra su voluntad, ambos se soltaron y alejaron unos pasos. Después, Hermione se dio media vuelta y corrió hacia el hall.
¿Serían Harry y Ron? ¿Era posible que hubiera regresado tan pronto? No habían tardado demasiado en Rumanía, pero entonces sabían donde estaba el horrocrux. ¿Habrían tenido tanta suerte de encontrarlo? Hermione corrió hacia la puerta con el corazón en un puño y abrió.
—Vaya, tienes mala pinta.
—¿Tonks?
—La misma —comentó la joven adentrándose en Grimmauld Place con naturalidad. Ese día llevaba el pelo amarillo canario a juego con una camiseta de Las Brujas de McBeth del mismo color y unos vaqueros rotos.
—¿Qué...haces aquí? —preguntó Hermione, cerrando la puerta.
—Molly me dijo que estabas sola con mi primo y me pidió que me pasara a echar un vistazo de vez en cuando, para ver que cómo estabas —Tonks examinó a Hermione con ojo experto —y a juzgar por tu aspecto, veo que no muy bien.
—No es nada, sólo...
—¿Te pillaste una buena anoche, eh? —preguntó Tonks con el inconfundible sonido de la risa en su voz.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Hermione anonadada, ¿es qué llevaba un cartel que ponía "Borrachera" en la frente?
—Soy joven —dijo como si eso lo explicara todo. En ese momento, la puerta de las cocinas se abrió y Malfoy salió al hall, donde se quedó parado, observando a su prima con sorpresa disimulada —Vaya, otro que le dio a la botella.
—¿Qué? —masculló Draco, irritado. ¿De qué hablaba esa tía?
—Tú tampoco tienes muy buen aspecto, primo. ¿Os emborrachasteis juntos anoche? Veo que Molly no tiene nada de que preocuparse, en el fondo os lleváis bien.
Draco alzó una ceja con ironía y lanzó una mirada muy significativa a Hermione. Podía afirmar con toda probabilidad que la Señora Weasley sí tenía de que preocuparse. Y "llevarse bien" no era la expresión que él hubiera usado para referirse a su relación con Granger.
—¿Por qué...no nos sentamos? —propuso Hermione deseosa de cambiar de tema —Vayamos a las cocinas.
—Bien —Tonks se encogió de hombros y le guiñó un ojo a su primo mientras seguía a Hermione hasta las cocinas. Draco se quedó parado unos instantes en el hall, después subió las escaleras fastidiado por la interrupción. Como siguieran así, Granger iba a acabar con él.
—Come chocolate.
—¿Cómo? —preguntó Hermione, agradecida de poder sentarse. El mareo y el dolor de cabeza habían vuelto y como más intensidad.
—Es bueno para la resaca. Cualquier cosa dulce, en realidad —explicó la auror entrando en despensa a buscar algo de chocolate. Regresó con una tableta empezada de chocolate amargo que le arrojó a Hermione, después se sentó frente a ella —Y después, échate una siesta. Te sentirás mejor.
Hermione mordisqueó una pastilla de chocolate sin demasiado convencimiento.
—¿Y bien? ¿Qué pasó anoche?
—¿Cómo que qué pasó? —preguntó Hermione a la defensiva.
Tonks arrugó la nariz de forma curiosa, mirando a Hermione muy fijamente.
—Ya sabes, cómo es que te emborrachaste y todo eso. Yo te imaginaba llorando por las esquinas por la marcha de Harry y Ron.
—Y lo hice —repuso Hermione —pero después...
—Decidiste ahogar las penas en alcohol.
—Más o menos. Pero por la cuenta que me trae, no volverá a hacerlo.
—Eso lo decimos todas. Recuerdo una vez, en un concierto de Las Brujas de McBeth que estaba tan borracha que cuando me subieron al escenario, me arrojé sobre el público. Hubiera estado genial si no fuera porque nadie me cogió y me di un buen porrazo. Ahí acabaron mis aspiraciones de dedicarme a la música y me pasé un par de semanas jurando que jamás volvería a probar el alcohol.
—Mientras no te pongas a bailar ballet en la cocina y estés a punto de caerte en el fregadero...
Tonks se echó a reír, dando palmadas en la mesa, en un gesto que a Hermione le recordó a Malfoy. Se metió una gran pastilla de chocolate en la boca, diciéndose que empezaba a estar realmente mal si ya todo le recordaba a él.
—Veo que no te aburres.
Hermione podría usar muchas palabras para definir su vida, pero aburrida no era una de ellas.
—No demasiado.
—No obstante, mañana tengo el día libre. ¿Te apetece que vayamos de compras al Callejón Diagon? Te vendrá bien salir un poco.
—Está bien.
Tonks tenía razón. Necesitaba salir de esa casa antes de volverse completamente loca.
—¿Qué hay?
Draco alzó la vista del libro que estaba leyendo –bueno, que intentaba leer –para dirigirla a Tonks, apoyada en el marco de la puerta de su habitación.
—¿Qué quieres? —preguntó con desconfianza.
—Sólo vengo a ver como te va la vida —repuso Tonks entrando en la habitación como Pedro por su casa.
—Podría irme mejor —respondió él con amargura.
—¿No vas a pedirme que te ayude a escapar? —preguntó Tonks, y por alguna extraña razón, Draco tuvo la impresión de que sabía más de la cuenta y eso no le gustaba.
—¿Me ayudarías?
—Me temo que no —Tonks se encogió de hombros —Pero no es por eso por lo que no me lo has pedido, ¿verdad?
—¿A dónde quieres llegar? —Draco cerró el libro y miró a su prima con recelo.
—Es sólo un comentario –—dijo ella, pero su habitual jovialidad se había esfumado y parecía seria y preocupada —Escúchame, primo, Hermione no es como las otras chicas con las que te has relacionado.
—¿Qué sabes tú de ellas? —inquirió él, molesto. ¿De qué iba a esa tía? —O de mí. Ni siquiera me conoces.
—Eres un Malfoy, sé todo lo que necesito saber. No olvides que estamos emparentados — Tonks relajó el gesto antes de continuar —Aunque siempre parezca muy segura de sí misma y autosuficiente, en el fondo Hermione es muy inocente y vulnerable. Le harás daño con facilidad.
—Claro, ella es la muchacha inocente y yo el seductor malvado, ¿verdad? —Draco casi escupía las palabras. Era ella la que estaba volviéndole loco a él, joder. Era ella la que le provocaba a besarla, cuando los dos sabían que no iría más allá de eso. Era ella la que se metía en su cabeza, en su corazón, en todo, hasta que no quedaba una sola parte de él que no la anhelara. Era ella la que había vuelto su autocontrol, sus principios, todo lo que siempre le habían enseñado, del revés, dejándolo todo patas arriba. No sabía cómo actuar o a qué atenerse.
Se sentía culpable, vulnerable y ridículo. El Gran Draco Malfoy enamorado de una hija de muggles. Su padre le cortaría el cuello, los mortífagos querían matarle por ello, y ella a veces se comportaba como si él le importara y otras como si le odiara.
—Primo...
—No me llames así, no somos familia. No me conocemos, no tienes ni puta idea de cómo soy —espetó él con rabia —ni de lo que siento o de cómo lo estoy pasando. Pero claro, yo soy el malo de la película, él que va a utilizarla y hacerle añicos el corazón cuando la realidad es... —se interrumpió abruptamente, maldiciéndose. Había revelado demasiado, joder.
—¿Cuándo la realidad es...? —le alentó Tonks y extrañamente no parecía ofendida por la rabia y el rencor que habían destilado cada una de las palabras de su primo, sino que incluso parecía estar contenta.
—La realidad es...que no es asunto tuyo —repuso Draco de malas maneras —¿por qué no te largas y haces de faro? Con ese color de pelo seguro que brillas en la oscuridad y podrás iluminar a varios barcos.
Tonks le miró fijamente durante unos instantes y después se echó a reír, haciendo que Draco pensara que definitivamente estaba chiflada.
—¿De qué coño te ríes?
—¿Sabes? Mi madre me dijo exactamente lo mismo —Tonks se dirigió a la puerta con una sonrisa en los labios —Hasta otra primo —y después salió, dejándole a solas.
Hermione siguió el consejo de Tonks y después de comer, se echó una larga siesta. Despertó muy entrada la tarde porque algo estaba dando insistentes golpecitos en su ventana. Hermione se incorporó con torpeza y corrió hasta la ventana. Cuando descorrió las cortinas, vio un águila ratonera golpeando con su pico el cristal mientras agitaba sus preciosas alas pardas para mantenerse en el aire.
Hermione reconoció inmediatamente el águila como una mensajera de Harry y Ron, y abrió con rapidez la ventana. El águila entró volando provocando que Crookshanks bufará y se erizara, y cuando al fin se posó sobre el armario, Hermione tuvo serias dificultades para quitarle el rollo de pergamino que llevaba atado a una de las escamosas patas. En cuanto lo hizo, el águila extendió sus alas y salió de nuevo por la ventana. Hermione ni siquiera se molestó en cerrarla, demasiado nerviosa para preocuparse por eso. Se dejó caer en el sillón y ayudándose torpemente de ambas manos –la derecha en menor medida –desplegó el rollo de pergamino lleno de la descuidada caligrafía de Ron.
"Hermione:
Te escribo desde un hostal en Tirana –Capital de Albania –en el que vamos a pasar la noche antes de iniciar nuestro viaje de nuevo. No encontramos demasiado información en el Ministerio y nos llevó toda la mañana conseguir que nos dejaran ver el expediente de Timoleo Jorkins. Al final encontramos un funcionario que había conocido a mi padre en los Mundiales de Quidditch y él nos pasó extraoficialmente el expediente. Por lo visto, su abuela tenía razón al decir que estaba pirado. Cuando se mudó a Albania tuvo un par de altercados al usar la magia delante de muggles, por eso el Ministerio Albanés le tiene registrado. Las últimas noticias que tuvieron de él fueron en el distrito de Elbasen, así que mañana Harry y yo viajaremos hasta allí con la esperanza de encontrarle. El Señor Vath –el funcionario conocido de mi padre –nos contó que Bertha estuvo allí hacía más de dos años preguntando por lo mismo y que como nosotros se dirigió a Elbasan a buscar a Timoleo. Nos ha indicado el camino más probable y ese es el que seguiremos.
Harry te manda recuerdos y dice que no te olvides de tomar las pociones. Y él dice, bueno, los dos decimos, que le digas de nuestra parte a Malfoy que como te moleste ajustaremos cuentas a la vuelta. Recuerda que puedes irte a la Madriguera cuando quieras, ¿vale?
Saludos,
Ron y Harry."
Hermione apretó el pergamino entre sus dedos, poseída por una fuerte oleada de nostalgia. Se habían ido el día anterior y ya los echaba de menos. Como imaginaba, no habían descubierto gran cosa y al parecer su viaje duraría aún bastante tiempo, a no ser que tuvieran una suerte increíble y dieran con Timoleo enseguida. Lo cual no tenía pinta de suceder.
Con un suspiro, volvió a meterse entre las mantas, decaída.
Algún día tendría que salir de su habitación, ir al servicio y comer. Cumplir con las necesidades de su cuerpo aunque no tuviera ganas de hacerlo. Y también debía enfrentarse a Malfoy tarde o temprano.
Le daba miedo el curso que estaba tomando su relación, pero sobre todo le daban miedo sus propios sentimientos. Tenía claro que odiaba a Malfoy, pero su cuerpo parecía discrepar.
Bueno, siendo sincera, el odio –si es que alguna vez había existido –había quedado atrás. Esa mañana habían mantenido una conversación civilizada hasta que ella se había puesto hecha una fiera sin razón. Ya sabía había visto a Malfoy con varias chicas en Hogwarts, ¿por qué reaccionaba así entonces al saber que solía amanecer después de cada borrachera con una chica diferente?
Se mentiría a si misma si se dijera que le molestaba porque las chicas pudieran salir con el corazón roto de sus aventuras con él. Los sentimientos de ellas le importaban un pimiento. Es más, había decidido que le caían enormemente mal. Tenían muy poco amor propio si se acostaban con un chico que ni siquiera las recordaría al día siguiente.
Pero eso no significaba que estuviera celosa como Malfoy había pensando. El podía hacer lo que quisiera y con quien quisiera, simplemente le parecía de muy mal gusto que hablara de sus conquistas con ella después de haberla besado. Sí, eso era. Le molestaba todo eso porque una falta de respeto hacia ella.
Con un poco de práctica, tal vez podría creérselo.
No obstante, su preocupación inmediata era que el beso –o casi beso –de esa mañana no volviera a repetirse. La noche anterior tenía le excusa de estar borracha pero, ¿esa mañana? La resaca. Sí. Estaba segura de que la había trastocado.
Desmoralizada, se calzó y salió de la habitación. Por poco que le gustara la idea, necesitaba hablar con Malfoy. Por suerte –o desgracia –lo encontró en su habitación, pasando las páginas de un libro tan rabiosamente que parecía que éste le había afrentado gravemente. Estaba tan concentrado en ello, que tardó unos segundos en darse cuenta de que Hermione estaba bajo el marco de su puerta.
La miró con recelo desde el sillón preguntándose qué querría ahora esa enviada del demonio para hacerle sufrir un infierno en vida. Lo mejor para su salud tanto física como mental sería que se mantuviera alejado de ella.
—Oye, Malfoy...—comenzó ella, parecía nerviosa y se aferró al marco de la puerta como si temiera que él fuera a obligarla a entrar en la habitación de un tirón —Mañana voy a ir al Callejón Diagon con Tonks y me preguntaba si...quieres que te traiga algo de allí.
Draco estaba seguro de que ese ofrecimiento no incluía a una chica guapa y bien dispuesta, así que se tomó unos segundos para pensar si necesitaba algo que no fuera eso.
—Colonia. Si no me traes más, pronto no podré intoxicarte con ella —respondió con un toque de burla en la voz y la mirada. Observó cómo Hermone se relajaba un poco y asentía con algo parecido a una sonrisa, y se maldijo. No quería bromear con ella, ni ser agradable, ni hacerla sentirse mejor. Quería que lo pasara tan mal como él, pero a sabiendas de que eso no era posible, se conformaba con destrozar sus nervios. Cosa que no parecía capaz de hacer.
Eso tenía un nombre: estupidez crónica. O enamoramiento como dirían los cursis.
Molesto consigo mismo, ocultó el rostro tras el libro y fingió leer hasta que escuchó el sonido de la puerta cerrándose.
Hermione se las apañó para escabullirse un momento de Tonks y entrar sola a Essentia, la perfumería mágica del Callejón Diagon. Después de cómo la había ignorado el día anterior, Hermione estaba convencida de que el imbécil de Malfoy no se merecía que le hiciera el favor de comprarle su dichosa Seducción, pero no podía evitarlo.
Del mismo modo que tampoco pudo evitar destapar el elegante frasco lleno de líquido verde agua marina para olerlo, a pesar de estar segura de que era el indicado. Cerró los ojos, inundándose con el aroma y durante unos segundos, fue como si Malfoy estuviera cerca. Casi podía sentirlo.
Pero él no estaba allí y ella estaba haciendo el ridículo a juzgar por la sonrisilla que lucía el relamido dependiente que parecía gritar que sabía exactamente en lo que estaba pensando. Sintiéndose violenta, posó el frasco sobre el mostrador y sacó algunos galeones. Como había imaginado el perfume de Malfoy era carísimo, posiblemente el más costoso de toda la tienda.
Pero merecía la pena. Torturada por lo peligroso de ese pensamiento, Hermione metió rápidamente el perfume en la bolsa y salió del pequeño establecimiento. Tonks la esperaba fuera con una expresión misteriosa.
—¿Por qué huiste de la tienda de los gemelos?
—Es que recordé que tenía que hacer un recado y parecías tan entretenida que no quise distraerte —barbotó ella torpemente. Nunca se le había dado bien mentir y por la expresión de Tonks supo que ella pensaba lo mismo.
—¿Qué llevas ahí?
Antes de que Hermione pudiera impedirlo, Tonks metió la mano en la bolsa y sacó el refinado frasco de cristal.
—Seducción —leyó y sonrió pícaramente de lado, muy al estilo Malfoy —Debe de haberte costado una fortuna...
—Bueno...—Hermione se interrumpió cuando una persona chocó contra ella logrando que el frasco que acaba de recuperar de las manos de Tonks casi se cayera al suelo. Sorprendida, se giró para ver a la persona que la había arrollado y se sorprendió al vislumbrar el rostro blanco que se ocultaba tras una capucha que no lograba ensombrecer unos ojos de azul muy pálido que la miraban pidiendo auxilio.
Aunque la figura pronto se volvió y siguió con su camino con toda celeridad, aunque sólo había visto a aquella mujer en dos ocasiones, Hermione la reconoció en el acto.
Narcisa Malfoy.
Hola chicas :)
Aquí estoy de nuevo molestando con un capítulo larguillo. Hermione se ha despertado con una resaca terrible xD pero a pesar de eso ha recordado casi todo lo que sucedió el día anterior. El pobre Draco pensaba que no lo haría, pero lo bueno es que Hermione se ha puesto celosa cuando él le ha hablado de sus despertares junto a desconocidas -quiero ser una xD- y si Tonks no llega a aparecer, a saber que habría pasado. La aurora ha tenido una conversación interesante con su pobre primo y poco después ha llegado carta de Harry y Ron. No os preocupéis que Hermione seguirá recibiendo noticias de ellos y no dejaré de lado la búsqueda de los horrocruxes ni la guerra. Pero lo importante de este capítulo, es la última parte. El encuentro entre Hermione y Narcissa. Os adelanto que Narcissa de un modo u otro tendrá una gran importancia para el transcurso venidero de la historia ;)
Por cierto, veo que os gustó Hermione borracha :) que sepáis que yo hablo como ella cuando bebo xD
Como siempre, muchísimas gracias por los reviews en el chapter anterior, me hicieron muy feliz y a mis musas que últimamente están muy creativas :):
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Muchísimas gracias a todas las que estáis al otro lado de la pantalla leyendo mis palabras :) G.R.A.C.I.A.S!
Con mucho cariño, Dry!
Pd: Click a "Go" para ser Hermione en la escena de la cocina, pero sin interrumpción xD :Dry da a Go y sale corriendo para la cocina:
