o0o Recomendación Musical: A Different Kind of Pain - Cold
Capítulo 31: Bellatrix y su misión (Editado)
San Mungo apestaba a desinfectante y a falsa tranquilidad cuando Draco y Hermione se aparecieron en la sala de espera. Había sólo una anciana, encogida en un rincón y una pareja que hablaba en voz muy baja, como si temieran perturbar el descanso de los pacientes.
Completamente diferente a la tarde anterior, cuando Hermione había estado ahí. Para la ocasión, habían colocado una ancha mesa de madera con archivadores que contenían las listas de los pacientes y las respectivas habitaciones en las que estaban ingresados. Hermione suponía que habían tomado esa medida para que los numerosos familiares que acudieran de visita al hospital lo tuvieran más sencillo para encontrar a sus seres queridos ingresados.
Draco se quedó mirando los registros, incapaz de dar un paso adelante, hasta que sintió cómo Hermione le tiraba de la manga de su hortera camiseta de colorines y lo arrastraba hacia allí. Contuvo la respiración mientras ella revisaba las listas, deslizando su índice derecho de nombre en nombre.
Hermione había descubierto esta mañana que ya era capaz de mover los dedos derechos con relativa habilidad, aunque no podía ejercer demasiada presión. Deliberadamente, se obligó a ignorar la relación entre ese hecho y la noche pasada con Malfoy, mientras buscaba el nombre de Narcissa Black.
—Aquí está. Habitación 1221, individual.
—¿Indivi...dual? —preguntó Draco con una voz tan áspera que no pareció la de Tonks.
—A mí también me extraña, cuando estuve aquí compartí habitación con más enfermos. También el Señor Weasley. Alguien debe de haberle pagado una habitación privada.
Draco tenía una ligera idea de quién podía haberlo hecho, pero no tenía ganas de compartirlo con Hermione. A decir verdad, no tenía ganas de hablar. Enlazar dos palabras le costaría un esfuerzo sobrehumano.
Mientras caminaban hacia la habitación de su madre, Draco trató de no pensar en nada. De lo contrario se volvería loco. Intentó centrarse en cosas que le irritaban para poder tener el control sobre sus sentimientos. Por ejemplo esos jodidos pantalones vaqueros. No podía imaginar cómo alguien podía caminar femeninamente con algo tan ajustado que de habérselo puesto un hombre hubiera inutilizado su capacidad fecundadora para siempre.
Además, cada vez que veía "su reflejo" en alguno de los espejos que adornaban ciertas paredes del hospital, Draco tenía que contener una mueca de desagrado al ver su pelo rubio fosforito. ¿Acaso Tonks podía llevar algo más llamativo y vulgar?
Y a ella le sentaba mucho peor la resaca que a él. Las huellas de la borrachera se notaban más en el rostro en forma de corazón de la chica que en el suyo. Por supuesto, aunque tuvieran sangre en común, él era mucho más refinado. Para completar su aspecto ridículo y extravagante, Draco se dio cuenta de que Tonks llevaba los restos de algo que posiblemente había sido esmalte violeta en las uñas. ¿Es qué esa mujer no podía hacer las cosas bien? O pintadas o despintadas. Su madre la encontraría muy ordinaria sin ninguna duda.
Al pensar en su madre, Draco sintió que el pesado dolor de cabeza con el que se había levantado, aumentaba. Se sentía como si durante el sueño le hubieran metido una bola de plomo en el cráneo. Su corazón bombeaba sangre a un ritmo dolorosamente acelerado y su respiración era superficial. Su estomago estaba revuelto pero no sabía si por la gran cantidad de alcohol que había ingerido el día anterior o por los nervios. Estaba tenso y cada paso que daba le costaba más.
Tal vez se debiera a que en el fondo tenía miedo de ver a su madre en esas condiciones. Ella siempre había sido una mujer elegante, refinada, altiva. Perfectamente autosuficiente y capaz.
Verla reducida a un cuerpo sano sin alma sería realmente horrible y doloroso. No se le ocurrían palabras para describir la sensación de angustia que experimentaba. No sabía si podría soportar ver a su madre trastornada sin derrumbarse.
Estaba tan hundido en sus lúgubres y desagradables pensamientos que se sorprendió cuando Hermione le dio un apretón en la muñeca para indicarle que ya habían llegado a la habitación 1221. Draco miró la puerta plateada sintiéndose mareado, débil y enfermo. No podía hacerlo. No podría cruzar al otro lado y ver a su madre destruida.
Hermione había pensado acompañar a Draco hasta la habitación y después esperar fuera para dejarle intimidad en el reencuentro con su madre, pero parecía tan aturdido y desvalido que sintió el impulso de abrazarlo. Logró contenerse, pero no pudo resistirse a tomarle una mano con fuerza, para tratar de imprimirle ánimos. Él la miró a través de los ojos oscuros de Tonks con tal tristeza, que Hermione casi pudo vislumbrar su rostro bajo el de su prima. Le dio un apretón afectuoso en la mano y decidió abrir ella la puerta, ya que él no parecía muy capaz.
Lo primero que vieron fue a Narcissa, sentada en un elegante sillón de cuero negro en el centro de la habitación. Parecía tranquila, inmóvil, con la vista perdida en algún punto indefinido, como una estatua de carne y hueso. Pero no estaba sola. Junto a ella había una joven con el uniforme verde lima de los sanadores y un gorrito de lana en la cabeza, que cepillaba con esmero el sedoso cabello rubio ceniza de Narcissa. Al verles, dejó el cepillo en una mesilla y se acercó a ellos.
—Hermione Granger, ¿verdad? ¿Me recuerdas?
—Sí —musitó Hermione reconociendo en ella a la chica que la había atendido el día anterior cuando llegó al hospital —pero no recuerdo tu nombre.
—No te lo dije —la chica sonrió débilmente —Soy Devany Apeldty y me han encargado cuidar a la Señora Malfoy. ¿Sois familiares?—preguntó.
—Tonks sí —explicó Hermione. Draco parecía completamente ajeno a la conversación, con los ojos clavados en su madre y una expresión de dolor indescriptible. Hacía semanas que no la veía y además de su aire ausente, su madre estaba bastante desmejorada. Más pálida, más delgada, más envejecida. Y sabía que era por él.
—Tonks —murmuró Devany y se volvió hacia la chica —Claro, ahora lo recuerdo. ¿Te acuerdas de mí?
Hermione tuvo que asestarle un suave codazo a Draco para que prestara atención a la chica. La miró unos segundos y tuvo que hacer un gran esfuerzo para rescatar las palabras que ella le había dirigido segundos atrás.
—¿Debería? —dijo al cabo con un hilo de voz, bastante parecido a la voz real de Tonks.
—Bueno, íbamos a la misma casa cuando estábamos en Hogwarts. Pero tú ibas unos cursos por delante de mí. No tiene importancia.
—¿Cómo está mi m...tía? —preguntó Draco con la misma voz estrangulada.
—Bueno... —Devany se acercó a Narcissa y apoyó las manos en el respaldo del sillón mirándola con tristeza —fue una de las últimas en llegar después del ataque al Callejón. La mayor parte del tiempo está ausente, otras veces se acerca hasta la ventana y mira por ella como si buscara a alguien. De vez en cuando dice algo pero poco tienen sentido. No responde cuando le hablo y la mayoría de las veces no parece notar que estoy aquí.
Hermione notó como la mano de Malfoy temblaba ligeramente entre la suya.
—¿Y qué han dicho los medimagos? ¿Tiene posibilidad de recuperación? ¿Le estáis dando algún tratamiento? —preguntó Hermione, con un hilo de esperanza.
—Algunos medimagos especializados en los daños por imperdonables la revisaron pero...
—¿Imperdonables? —graznó Draco.
—Sí, creemos que está así por haber sido sobreexpuesta a varios Cruciatus —explicó Devany y en ese instante, Narcissa se levantó y caminó hacia ventana como si fuera un fantasma. Llevaba la túnica blanca de los enfermos de San Mungo, lo que le daba aún más el aire de ser irreal —Como decía, varios medimagos la analizaron pero de momento creen que no pueden hacer nada. No obstante, hay una sanadora africana que al parecer ha tenido éxito con varios pacientes dañados por este tipo de hechizos. Llevamos meses intentado contactar con ella para que revise a los Longbottom. Será difícil conseguir que venga a Inglaterra considerando lo peligroso que se ha vuelto Londres...pero el señor Marcus Black, el mismo que paga esta habitación, nos ayudará económicamente para conseguirlo.
Draco sólo escuchó dos palabras del discurso de la medimaga: Cruciatus y Longbottom. Y entonces lo supo con total seguridad: había sido su tía Bellatrix, ella había dejado a su madre en ese estado.
Había torturado a su hermana hasta hacerla enloquecer –su especialidad –sin ningún tipo de escrúpulos. Posiblemente para sacarle información acerca de su paradero o simplemente para obligarlo a ponerse en contacto con su madre.
Draco se sintió lleno de una energía explosiva mezcla de ira y culpabilidad. Su madre debería haber quedado al margen de esa guerra, pero había sido castigada ser esposa de un mortífago y madre de otro. Por tener una hermana mortífaga, desequilibrada y obsesa del Señor Oscuro. Una hermana que se había vuelto contra ella, que había traicionado a la única familia que le quedaba para servir a su amo. Una hermana que merecía morir.
En silencio, Draco se juró que mataría a su tía Bellatrix aunque fuera lo último que hiciera en su puta vida. Vengaría a su madre acabando con la persona que le había hecho eso.
Hermione sintió como la mano de Draco se convertía en puño entre la suya y percibió la tensión de sus hombros y su mandíbula endureciendo los rasgos suaves de Tonks. Supo instintivamente que ambos habían llegado a la misma conclusión y deseó más desesperadamente que nunca poder hacer algo por él. Impotente, se volvió a Devany que observaba a "Tonks" con compasión.
—Os dejaré intimidad —murmuró la medimaga dirigiéndose a la puerta.
Cuando Devany salió, Hermione apretó su mano en torno al puño de Draco para llamar su atención y lo miró a los ojos oscuros y brillantes.
—Creo que será mejor que os deje solos. Estaré fuera, ¿de acuerdo? A no ser...a no ser que quieras que me quede —añadió, aunque ya imaginaba la respuesta. Draco negó bruscamente con la cabeza y después le dio la espalda para acercarse a su madre, que continuaba mirando por la ventana, como esperando que alguien fuera a aparecer por ella.
Hermione apretó los labios apenada, y salió de la habitación.
Draco se quedó parado en la misma posición en la que había estado mucho tiempo después de que Hermione se hubiera ido, con los ojos clavados en la espalda de su madre frente a la ventana. Reunía fuerzas, reunía fuerzas para tener el valor de acercarse a su madre y mirar en sus ojos ausentes. Esos ojos azul pálido que nunca permitían averiguar en qué estaba pensando o qué sentía. Esos ojos seguros y altivos, capaces de helar a alguien con una mirada o de conseguir lo que deseaban sin ninguna palabra.
Cuando fue capaz de dar un paso, Draco se dio cuenta de que temblaba por completo de un modo incontenible. Decidió preocuparse de eso más tarde, pues si lo hacía en ese instante, posiblemente se quedaría anclado en el lugar donde estaba diez minutos más. Dio un paso, y luego otro. Enlazó pisada con pisada hasta que al fin, después de lo que le pareció una insoportable eternidad, llegó hasta su madre.
Podía ver su perfil regio y elegante apuntando hacia el paisaje que se veía a través de la ventana. Así, en esa posición, con las finas y blancas manos sobre el alféizar, parecía la Narcissa de siempre.
Pero no lo era y Draco tenía que afrontarlo.
Rozó con la yema de sus temblorosos dedos una de las delicadas manos de su madre, enlazadas grácilmente, pero ella no reaccionó. Draco tomó entonces su mano.
Narcissa no dio ninguna muestra de haberse percatado de su presencia.
—Madre —susurró con un temblor delator en la voz. Draco sintió rabia e impotencia al escuchar la voz de Tonks saliendo de su boca. Tal vez si fuera él también en apariencia, su madre sería capaz de reconocerlo, al menos inconscientemente. Pero no, estaba atrapado en el cuerpo de una mujer prácticamente extraña para ella a fin de poder visitarla sin correr peligro.
—Madre —repitió con más apremio, casi con desesperación. Narcissa giró el rostro hacia él con un movimiento suave, pero su rostro no estaba inexpresivo como de costumbre, sino simplemente vacío. Como sus ojos. Si antes no habían sido capaces de revelar sus sentimientos, sí lo habían sido de suscitarlos. Ahora eran sólo dos fragmentos de agua cristalina, velados e inanimados. Sin vida, inertes, exánimes.
—Mi hijo —dijo Narcissa mirando a Draco como si no lo viera en realidad —¿Dónde está mi hijo?
—Estoy aquí, madre, soy...soy yo —respondió Draco inflamado por una repentina llama de esperanza. Tal vez no estaba tan mal como Apeldty había dicho, tal vez...
Pero entonces Narcissa se liberó de su mano como si no hubiera oído su respuesta y caminó de nuevo hacia el sillón. Se sentó allí, con las manos enlazadas sobre el regazo y la mirada perdida, sin expresión.
Y Draco sintió, casi oyó resonando en su interior, el eco de su corazón partiéndose en mil pedazos. Su pecho se sacudió, inundado por un estertor de llanto reprimido y los ojos comenzaron a dolerle. Se acercó a su madre, su visión a cada instante más borrosa, y se dejó caer de rodillas a sus pies.
—Madre —gimió.
Y entonces como no había hecho desde que cumplió los cuatro años, Draco hundió el rostro en el regazo de su madre y rompió a llorar.
La habitación de la madre de Draco se encontraba al final de un largo corredor de la cuarta planta. Junto a la puerta y frente a ella había una hilera de sillas, entre las que se alternaba alguna que otra planta. En las paredes había posters de publicidad acerca de distintas pociones curativas además de algunos lemas de salud.
Hermione tomó asiento en la primera silla junto a la puerta y se miró las manos, impotente. Pensándolo bien, lo que le había sucedido a Narcissa era triste pero a ella no debía afectarla especialmente. De cualquier modo, comprendía por qué se sentía tan desanimada. No era por ella ni por Narcissa, sino por Malfoy. No soportaba verlo tan destrozado, ya había sufrido bastante.
Primero su padre encarcelado, después él bajo el yugo y las amenazas del Señor Oscuro, torturado hasta casi la muerte y encerrado durante semanas en la casa de la persona con la que peor se llevaba en todo Hogwarts y ahora...su madre enferma, por decirlo de algún modo.
Hubiera dado todo lo que tenía a cambio de que se borrara esa tristeza de sus ojos –los ojos de Tonks, en realidad –y eso no le gustaba. Porque sentía algo por él y ya no podía negarlo, ni siquiera a la luz del día. Era algo demasiado grande para fingir que no existía, como tratar de no ver algo que estaba directamente plantado frente a tus ojos.
Tenía miedo porque no quería sentir eso. No quería volver a experimentar lo que el día anterior, ese miedo paralizante que había sentido cuando él había estado tan cerca de marcharse a encontrar una muerte segura o en el mejor de los casos un encarcelamiento. Le había dicho que no podría soportarlo si le pasara algo y era cierto.
Era demasiado importante para ella. Demasiado.
¿Estaría...enamorada? No. Podía ser que encaprichada, atontada, loca. Pero enamorada no.
Se frotó el puente de la nariz con una mano y cerró los ojos, tratando de relajarse. Cuando los abrió de nuevo, vio a la anciana que antes había estado en la Sala de Espera, sentada en una de las sillas que había frente a ella. Tenía el pelo corto y rizado, oscuro pero salpicado de canas blancas y brillantes para enmarcar un rostro arrugado. Vestía por completo de negro, de pies a cabeza y una varita reposaba en su regazo. Hermione se dio cuenta de que la anciana la estaba mirando así que esbozó una débil y fugaz sonrisa a modo de saludo. Después se miró las rodillas, preguntándose qué estaría pasando dentro de la habitación.
Contó los segundos hasta que se dio cuenta de que estaba totalmente rígida, entonces echó la cabeza hacia atrás para estirarse y trató de relajarse. Sus ojos se cruzaron con los de la anciana, negros y profundos, fijos en ella.
Hermione le sostuvo la mirada unos instantes hasta que sintió un escalofrío propagándose por su espina dorsal. Repentinamente nerviosa, apartó los ojos, diciéndose que era ridículo que el corazón le latiera tan deprisa sin razón y que prácticamente no se atreviera a respirar.
Golpeó el suelo con la punta del pie tratando de relajarse y lanzó una mirada de soslayo a la anciana. Ella continuaba mirándola fijamente, como si estuviera petrificada. Hermione se sintió incómoda y decidió mirarla con disimulo durante los siguientes minutos para comprobar si la vieja continuaba observándola.
Y siempre era así. No importaba cuantos minutos esperara, cuantas veces la mirara de reojo, ella siempre estaba contemplándola con una fijeza atemorizante. Como si quisiera dominarla, explorarla y rendirla con sus ojos negros como la brea.
Hermione comenzó a cambiar de postura en la silla con nerviosismo. Estaba inquieta y ridículamente asustada. Era una ancianita y estaban en un hospital lleno de magos, ¿qué razón tenía para asustarse?
Tal vez el aire extrañamente familiar que encontraba en la mirada oscura de esa mujer. Era como si sus ojos no encajaran con el resto de su apariencia marchita y arrugada. Eran demasiado oscuros, demasiado vivos para una persona de esa edad. Y la manera en que acariciaba su varita depositada sobre la falda negra con sus dedos huesudos, como si mimara a un cachorro, era realmente inquietante. No era una abuelita normal y corriente, eso estaba claro.
Hermione cambió de posición por enésima vez y se cruzó de brazos, como si quisiera protegerse de algo. Tenía la espalda totalmente rígida y los músculos de su cuerpo en dolorosa tensión, pero no era capaz de relajarse con esa mirada sobre ella, segundo tras segundo. Con lentos pestañeos que velaban sus pupilas momentáneamente para después resaltar más su oscuridad al desparecer.
Miró su reloj tratando de ignorar el presentimiento de peligro inminente que la acosaba. Intentó decirse que después del ataque en el callejón del día anterior, se había vuelto algo histérica. Se juró que estaba exagerando y comportándose de un modo totalmente irracional.
Pero el miedo que sentía, el estado de alerta en el que se hallaba su cuerpo no era algo irracional. Era algo instintivo, primitivo.
Desistiendo de todo intento de fingir que no veía la incisiva y fija mirada de la mujer, Hermione la enfrentó con sus ojos. Y cuando lo hizo se sintió horrorizada. En esos ojos vio muerte, maldad, oscuridad pura. Como si la anciana hubiera leído su mente, sonrió. Una sonrisa semidesdentada.
Pero cuando se pasó la lengua por los escasos y amarillentos dientes, Hermione sintió auténtico pánico. Había visto antes ese gesto, como si se estuviera relamiendo un recuerdo particularmente agradable. Lo había visto en alguien.
Poseída por un miedo primigenio, Hermione se puso en pie y entró rápidamente en la habitación 1221.
El llanto desesperado e incontenible había cesado. Draco continuaba en la misma posición, arrodillado y con el rostro apoyado en las piernas de su madre, poseído por una especie de apatía sedante. Las lágrimas ya se habían secado en su rostro, pero su huella continuaba en forma de humedad sobre la túnica blanca de enferma de su madre. Ella no se había movido, no había separado sus manos ni le había acariciado el cabello en ningún momento. Había acogido su llanto como lo habría hecho cualquier estatua, almohada o sillón.
No había reaccionado de ningún modo por mucho que Draco le había dicho con voz desagarrada que él era su hijo, que estaba ahí, que tenía que recordarle. Ahora se había quedado sin voz, posiblemente sin lágrimas también.
Sin esperanza, sin alegría, sin razón de ser. Estaba solo, completamente solo en el mundo.
Su padre encarcelado, su madre trastornada. Él perseguido y en peligro de muerte. No tenía a donde ir, obligado a permanecer encerrado en la casa de su peor enemigo. Enamorado de una hija de muggles que sólo sentía compasión por él.
Su vida era una auténtica mierda.
Atrás habían quedado todos sus sueños de grandeza, todas sus fantasías de convertirse en alguien poderoso a quien todos temieran y admiraran a la vez. Atrás había quedado la inocencia que algún día había podido tener, la despreocupación, los sentimientos. El deseo de ser el mejor, de estar por encima de los demás y demostrarlo.
Todo eso parecía frívolo, insignificante y sin ningún sentido ahora. ¿Qué era eso comparado con su actual situación? Nada. Recuerdos borrosos, tan absurdos en ese momento que parecía mentira que alguna vez hubieran sido reales.
—Ella cumplirá la misión —murmuró Narcissa y comenzó a mecerse, de adelante a detrás, obligando a Draco a retirarse. Se sorbió la nariz y miró a su madre con los ojos enrojecidos e hinchados.
—¿Qué?
—Ella cumplirá la misión —repitió la mujer y se retorció las manos —Ella cumplirá la misión. Cumplirá la misión. La misión. Ella...
Después guardó silencio y se puso en pie. Draco la contempló avanzar de nuevo hacia la ventana murmurando las mismas palabras que le había dicho una y otra vez con voz neutra, mientras una sensación de alerta comenzaba a atravesar las brumas de su dolor.
—Ella cumpli... —comenzó Draco, pero se interrumpió abruptamente, comprendiendo el significado de la frase de su madre. Rápidamente, se puso en pie, con el corazón en un puño. Tenía que encontrar a Hermione.
Por Merlín, a ella no. Eso no.
No.
Justo cuando iba a tomar el pomo de la puerta, ésta se abrió bruscamente y Hermione irrumpió en la habitación. Cerró rápidamente y se quedó parada mirándole. Draco se dio cuenta de que estaba asustada, y su miedo se multiplicó, enhebrado con tímido alivio.
—Malfoy...
—Tenemos que irnos —la apremió él, sujetándola con fuerza por los hombros. Agradeció que ella no le hiciera ningún tipo de pregunta y sacara con rapidez su varita. En un instante, Hermione la agitó en el aire y ambos se aparecieron.
Apenas cinco segundos después de que ellos se esfumaran, la puerta de la habitación 1221 se abrió y una anciana entró. Echó un vistazo a la estancia y sonrió, mostrando sus escasos dientes.
Narcissa eligió ese momento para abandonar la ventana y regresar al sillón, donde se sentó, serena e ida.
—Ella cumplirá la misión —murmuró. La anciana se acercó a ella y le tomó la barbilla con sus manos llenas de arrugas y venas oscuras, ejerciendo una presión que no habría cabido esperar de una persona de su avanzada edad sobre la piel de la mujer, para alzarle el rostro hacia ella.
—Oh, sí que lo haré, Cissa. Sabes que lo haré —siseó con voz herrumbrosa a los ojos inertes de Narcissa. Después soltó su barbilla y desapareció sin dejar rastro.
—Malfoy...
—Te lo explicaré luego —dijo él, soltándola. Su voz había sonado increíblemente extraña, como una fusión de la suya propia y la de Tonks. Mirándole detenidamente, Hermione se dio cuenta de que sus ojos se estaban aclarando progresivamente, pasando del negro más oscuro al gris.
—La poción multijugos comienza a dejar de hacer efecto —murmuró —deberías ir al salón a cambiarte.
Draco asintió sin decir nada y se alejó del vestíbulo, escaleras arriba. Unos segundos después de que Malfoy hubiera desaparecido, Hermione vio a Tonks bajando las escaleras mientras se desperezaba y bostezaba sonoramente.
—Vaya, ya habéis vuelto. ¿Qué tal todo? —preguntó Tonks frotándose los ojos con una mano.
—Bien, supongo —musitó la chica. Hermione aún se sentía terriblemente asustada y tensa, como si acabara de escapar de la misma muerte. Y algo en ella le decía que tal vez así había sido —¿Qué tal todo por aquí? —se obligó a decir al ver que Tonks estaba apunto de abrir la boca para preguntarle algo. No tenía ganas de dar respuestas, aún estaba demasiado asustada como para poder relajarse.
—Bien, conseguí arreglar el entuerto que había montado Kreacher con las camas. No era el difícil, el problema era que había utilizado una combinación de dos hechizos y si no se usaban ambos contrahechizos, una tras otro, no hacían efecto. Después me he echado una siesta.
Hermione asintió sin saber que decir mientras Tonks echaba un vistazo a su reloj.
—¡Ostras! ¡Qué tarde es! Llego tarde al Ministerio. Vendré otro día a por mi ropa, ¿de acuerdo? Tengo que irme —habló a todo trapo, caminando con celeridad hasta la puerta.
Hermione apenas tuvo tiempo de decirle adiós con una mano antes de que la aurora desapareciera tras la puerta, aunque a decir verdad se sintió aliviada de no tener que esforzarse por mantener una conversación. Se miró las manos, comprobando que temblaban levemente y respiró hondo, tratando de tranquilizarse.
No tenía hambre, pero decidió preparar algo de chocolate caliente para ella y Malfoy. Abrió la puerta de la cocina y el sonido de unas voces llegó hasta ella, haciéndole dar un respingo.
—Déjame más sitio, Harry.
—No hay más sitio, Ron, ya no puedo apartarme más.
—Debimos haber buscado una casa con una chimenea más grande.
—Esta fue la única casa que encontramos vacía, no estamos en condiciones de elegir.
—Bueno...
—¿Chi...cos?
—¡Hermione!
Efectivamente, esas eran las voces de Harry y Ron, saliendo de la chimenea de la cocina. Hermione bajó los escalones de la cocina a toda velocidad y se arrodilló frente al hogar, en el que se veían las cabezas apretujadas de sus amigos flotando sobre las llamas de un fuego de color verde esmeralda.
—¿Estáis bien? —les preguntó, resistiéndose al repentino impulso de echarse a llorar.
—Sí, ¿y tú?
—Oímos lo del Callejón Diagon...
—¿Sabes algo de mis hermanos? Fred y George...
—Están bien —se apresuró a decir Hermione —Tonks y yo estábamos allí cuando se produjo el ataque, en la tienda de Madame Malkin. Un hechizo perdido la golpeó y tuve que llevarla a San Mungo —y a continuación se puso a relatarle a sus amigos todo lo que había sucedido. Resultaba extraño hablar únicamente con sus cabezas, pero el hecho era que a cada palabra Hermione se sentía más relajada y menos angustiada. Había echado mucho de menos a sus amigos aunque sólo habían pasado unos días desde que se habían ido, y todo se había vuelto tan difícil desde que ellos no estaban...
—Pero no lo entiendo —dijo Ron con el ceño fruncido —¿A qué viene ese ataque ahora? Y más en el Callejón Diagon, estando tan lleno de aurores.
—Creo que sé por qué atacaron allí. Al menos una de las razones —explicó Hermione —Llevaban tiempo vigilando a Narcissa Black, esperando que Malfoy apareciera por su casa, pero ella se escapó al Callejón Diagon y la siguieron hacia allí. Creo que el ataque comenzó cuando intentaron atraparla. De todos modos, atacar en un lugar tan supuestamente seguro es una forma de sembrar el caos entre la población mágica. La gente ya no se siente segura en ningún lugar y el Ministerio pierde credibilidad por momentos. No sé si el Callejón Diagon volverá a abrir...dudo mucho que la gente vuelva a ir allí a realizar sus compras.
—Será fatal para Fred y George...
—Se han ido a la Madriguera con tu madre.
—¿Y qué pasó con la madre de Malfoy? —preguntó Harry, mirando a Hermione fijamente a través de sus ojos verdes.
—Creo que Bellatrix la encontró y la torturó para sacarle información sobre el paradero de Malfoy. Tonks y los aurores la encontraron en una callejuela, ida. La he visto y está como los padres de Neville —explicó la chica apenada, después miró a sus amigos con ojos vidriosos —Tenéis que encontrar y destruir el horrocrux cuanto antes. Esto va de mal en peor...
—Lo intentamos —aseguró Harry con gesto serio —pero no es fácil. Timoleo no está en Elbasen capital y hasta esta madrugada no encontramos ninguna pista de en qué parte de la región puede estar.
—¿Hasta esta madrugada?
—Sí —terció Ron —tuvimos que emborrachar a un tabernero para que nos diera información sobre Bertha Jorkins. Los albaneses son muy desconfiados —añadió al ver la expresión de censura de la chica.
—¿Y qué habéis descubierto?
—Que Bertha estuvo allí preguntando por su primo y que la enviaron al noreste de Konjuh. Al parecer Timoleo está en una aldea perdida y oculta a los muggles de los restos mágicos del pueblo arbanés.
—¿Arbanés? —repitió Hermione.
—Eran uno de los primeros pueblos que habitó Albania por lo que hemos podido descubrir. Cuando los otomanos invadieron Albania, los brujos supervivientes se refugiaron en una aldea en las montañas prácticamente inaccesible. El tabernero creé que es una leyenda, pero el hecho es que allí fue el último lugar al donde supieron que se dirigía Timoleo.
—Y ahora vais de camino hacía allí, ¿no?
—Sí —asintió Harry —Vamos a aparecernos en la villa muggle más cercana al lugar donde se supone que está la aldea y desde ahí iremos a pie. Si es verdad que existe, la leyenda dice que es imposible aparecerse dentro de sus murallas.
Hermione se mordió el labio inferior, inquieta. Había leído mucho sobre antiguas culturas mágicas indoeuropeas y si era verdad que un reducto había sobrevivido durante siglos, aislado en las montañas, era posible que siguiera manteniendo sus costumbres bárbaras.
—Tened cuidado, puede ser peligroso —les rogó.
—Estaremos bien —aseguró Ron —¿Has seguido tomando las pociones?
—Sí —y Hermione esbozó una sonrisa débil mientras agitaba con torpeza su mano derecha ante ellos.
—Vaya, has mejorado mucho —dijo Harry, contento.
—Sí, bueno...
—Eh, ¿has oído eso?
—¿El qué? —preguntó Hermione confundida.
—Creo que es de este lado —murmuró Ron.
—Hermione, tenemos que irnos —dijo Harry rápidamente con la cabeza vuelta hacia el interior de la chimenea —Creo que los magos que viven aquí han vuelto. Tenemos que marcharnos rápido o nos meteremos en líos.
—¡Ya nos comunicaremos contigo! —dijo Ron en un susurro, y segundos después, Hermione vio como las cabezas de sus dos amigos se desaparecían, dejándola sola, con una profunda sensación de vacío.
Malfoy entró en las cocinas y encontró a Hermione arrodillada frente a la chimenea, con una expresión de profunda tristeza en el rostro. Parecía una niña pequeña y sola, a la que la situación le venía demasiado grande.
Como a él.
Sólo de pensar lo que tenía que revelarle, sintió que su amargura y su rabia crecían e inundaban todo su cuerpo sin remedio. ¿Por qué las cosas tenían que haber sido así?
Lo único que le faltaba, lo único que le podía ir a peor era su relación ella. No soportaría que lo odiara otra vez, aunque sabía que posiblemente se lo merecía.
Y se quedó allí parado, observándola como un tonto, incapaz descubrirle todo y poner más peso en sus hombros.
Hermione se sintió observada y giró el rostro, descubriendo a Draco al pie de las escaleras. Ya era de nuevo él, con su ropa y sus rasgos. Y la expresión de su rostro era más desgarradora aún si cabía. Tenía los ojos enrojecidos e hinchados, resaltando más la tonalidad gris pálida de su iris, con expresión de derrota y desolación. Sus labios eran sólo una línea apretada, como si se los estuviera mordiendo por dentro para evitar decir algo.
Hermione se puso en pie rápidamente y se acercó a la cocina, para preparar algo de chocolate. Necesitaba mantenerse ocupada para no pensar en todo lo que había sucedido ese día.
—Siéntate —–le sugirió con suavidad —–no has desayunado. Te prepararé algo y...
—Déjalo —susurró él y Hermione sintió su voz detrás de ella, y su presencia imprimiéndose en el aire que la rodeaba, su olor en el oxígeno que respiraba.
—Pero...
—Chsst —siseó él dejando escapar aire entre sus dientes que Hermione sintió colarse entre su pelo y lamer su nuca, estremeciéndola. Tensó todo el cuerpo cuando él tomó su mano para hacerle soltar el paquete de chocolate en polvo, pero después de lograr su objetivo, él no se apartó. Ella tampoco.
—Tenemos que hablar —dijo Draco con voz espesa, retirando la mano lentamente. Hermione se volvió hacia él, despacio, y tuvo que apoyarse en la encimera para no quedar pegada a él dado el reducido espacio que le dejaba. Lo miró a los ojos esperando que continuara, pero parecía que fuera lo que fuera que quería decirle, le resultaba muy difícil. Hermione podía percibir las pequeñas contracciones de su mandíbula cada vez que hacía ademán de despegar los labios para hablarle, y la tensión de sus hombros. Enternecida, decidió ayudarle.
—¿Es sobre lo que ocurrió en San Mungo? —preguntó con voz suave —¿Es sobre esa anciana tan extraña?
—¿Anciana? —inquirió él desconcertado. Hermione lo miró, confundida. No había tenido mucho tiempo de pensar en lo sucedido, pero ahora que lo hacía caía en la cuenta de que Malfoy no había visto a esa mujer. Él no sabía por qué había irrumpido de ese modo en la habitación de su madre así que no entendía por qué le había dicho que debían marcharse de San Mungo. Tal vez había tenido una sensación de peligro, como ella.
—Sí, había una mujer mayor en el pasillo —explicó Hermione tratando de centrarse —Apareció de la nada, sentada frente a mí, y no dejaba de mirarme. Me resultaba familiar aunque nunca antes la había visto. Tenía los ojos muy oscuros y...no sé, había algo en su modo de mirarme, en la manera en que acariciaba su varita que... me asustó. Sé que posiblemente me comporté como una histérica pero...
Draco apenas había oído sus últimas palabras. Aún cuando escuchó las palabras de su madre en San Mungo y les dio sentido, no se había imaginado lo cerca que había estado de perder a Hermione. Aterrado, la sujetó con brusquedad por los hombros, como si temiera que ella fuera a desaparecer de un momento a otro. No era considerado, era rudo. No pretendía acariciarla, sólo asegurarse de que no se fuera. Ella lo miraba con los ojos muy abiertos, desconcertada ante su repentino arrebato y Draco se dio cuenta de que posiblemente estaba haciéndole daño y mecánicamente, la soltó y se alejó.
Caminó hasta la mesa y la golpeó con un puño con todas sus fuerzas, haciendo que la sólida estructura temblara. Se había hecho daño, sí, pero se lo merecía. La había expuesto al peligro. Podría haberla perdido para siempre...
—Malfoy, ¿qué ocurre? —preguntó ella, asombrada —¿Quién era esa mujer?
Draco tomó aire con todas sus fuerzas y extendió la mano sobre la mesa, como si quisiera arañarla.
—Era mi tía. Bellatrix.
—¿Tu...tía? —repitió Hermione con un hilo de voz. Recordó de nuevo el gesto de pasarse la lengua por los dientes y se dio cuenta de que se lo había visto hacer a Bellatrix en su encuentro en el Ministerio. Un escalofrío la recorrió. Había estado a solas en un pasillo con una asesina trastornada durante minutos —¿Crees que estaba allí por si aparecías?
—En parte —respondió él, al cabo de unos segundos, mirando sin ver la superficie de la mesa.
—¿En parte? ¿Qué otra razón podría tener? ¿Atacar...a tu madre?
—No lo creo.
—¿Entonces? —Hermione se acercó a Draco, y se detuvo junto a él, a los pies de la mesa. Lo miró, pero él continuaba contemplando la mesa, aunque Hermione sospechaba que lo hacía para rehuir sus ojos.
—Estaba ahí por ti —murmuró con voz estrangulada. Se incorporó de la mesa y se alejó de ella, pasándose una mano por el pelo y estrujándolo entre sus dedos con fuerza.
Hermione se quedó parada, mirando su espalda fijamente sin comprender nada.
—¿Por mí? ¿Qué puede querer de mí?
Sólo obtuvo silencio. Draco apoyó su antebrazo en la pared y hundió la frente en él, temblando disimuladamente. Sentía que todo daba vueltas a su alrededor y cuando habló, su voz le pareció tan sólo un graznido incomprensible.
—Matarte.
Hermione esbozó el amago de una sonrisa de incredulidad. Sin duda, había oído mal.
—¿Has dicho... matarme? —repitió —No, ¿verdad?
Draco alzó el rostro y miró fijamente el techo con los labios apretados, tratando de reunir fuerzas para continuar. Se volvió muy despacio, y la miró a los ojos cargados de confusión.
—Sí lo he dicho —dijo, y le dolió en el alma hacerlo.
—Pero... —Hermione dio un paso atrás, totalmente aturdida y desorientada —¿por qué?
Hermione sabía que estaban en guerra y que siendo una sangre sucia, Bellatrix Black no tendría ningún reparo en matarla. Pero no lograba entender por qué razón la buscaría para matarla expresamente a ella si no era nadie importante. Todas las muertes que los mortífagos habían provocado se debían a alguna razón: conseguir algo o castigar a alguien. Y ella no encajaba en ninguna de esas dos opciones.
La voz ahogada de Draco, sonó como un lamento, rompiendo el silencio.
—Porque yo no lo hice —dijo.
Hola chicas,
actualizo ahora porque mañana no estaré en casa hasta la noche. No estoy demasiado conforme con el capítulo, lo único que puedo decir en mi favor es que era difícil escribirlo. Para empezar, Draco ha visto a su madre y hemos conocido a un nuevo personaje, Devany Apeldty. Recordadlo porque tendrá su papel en el fic. Quizás a algunas os suene y es por que lo creé para el fic "De águilas y tejones". Necesitaba un O.C y decidí reutilizarla a ella, a la que le tengo un gran cariño. Podríamos decir que Dormiens va después a "Dé águilas y tejones", osea que la historia de Devany será la misma. Pero yendo a lo importante, Devany les ha explicado cómo está Narcissa y las posibilidades de curación que tiene...veremos que sucede con la pobre mujer. Hermione esperó fuera mientras Draco y su madre estaban en la habitación y se encontró con otro miembro de la familia Black bajo el disfraz de una abuelita inofensiva: Bellatrix. Narcissa lo sabía y ahora nosotras también. Bellatrix cumplirá -o lo intentará- la misión que Voldemort le encomendó a Draco para enmendar su fallo con Dumbledore: matar a Hermione. Digamos que lo considera cuestión de honor familiar -sí, todas sabemos que está pirada-. De ahí su importancia en la historia.
Hemos sabido algo de Harry y Ron y os adelanto que ya no tardara mucho hasta que vuelvan a aparecer en condiciones. Cuando lo hagan comenzará la verdadera guerra y la verdadera acción. A ver como se me da T.T.
Creo que eso es todo. Decir que Krum está al caer y a que a mi me era indiferente hasta que leí "El último caballero" de Holofernes. Os lo recomiendo encarecidamente, aunque está sin acabar, aunque no os guste la pareja, amaréis el fic.
Como siempre, muchas gracias por vuestro apoyo. Dormiens no sería nada sin vosotrs
Mis agradecimientos especiales para las que dejaron r&r en el anterior:
lxlgiselalxl, chepita 1990, NiTa, Pigmy, Sig ;), Sweet, Harrymaniatica, Pau Malfoy, Adi Felton, , Sandrita Granger, Veroli, pekelittrell -me reí muchísimo con tu ocurrencia xD-, Itsa, Lyann Jade, Sweet Nini, Amy ;), Lena Black, naru, lara evans, Barbara Nakamura, annie.1318, nataly, Sombra, galletaa, Factium, NarA, Edoras, Tiffany, McFlygirl89, umiko, melaniablack, monica, DuniXe, Kapu Way, maria, Tsuki-sama, mariapotter2002, princesaartemisa, yanhira, kMi, Nyah Shahar, Isa Malfoy, Rominitap Moon, , marta, erica -con la señora Black me refería a Narcissa ;)-, Amber, ana karen malfoy, Andrux, JulesRichards, sonylee, Hermi - SsS, Nedia, El Collar de Perlas, Tanaril, Esme Black, Dysis, Narella, Maki, Pansy Greengrass y Danymeriqui ;).
Por cierto, actualicé mi profile y os dejé algunos links interesantes. Pasaos a ver :)
MUCHAS GRACIAS POR TODO!
Con mucho cariño, Dry!
Pd: Click a "Go" para desaparecerte con Malfoy (o X) a algún recóndito donde nadie pueda encontraros -Dry clicka a Go desesperadamente-.
