Este capítulo va para mi querida Elea-Slytherin que hoy es su cumpleaños. Y también para Naty, que lo fue el lunes. Espero que os guste :)

Tambien para mi pequeño puñado, que me apoya fielmente. Gracias por animarme ayer :) -vosotras sabéis quiénes sois-.


Capítulo 32: Una chica del montón (Editado)

Hermione se quedó paralizada mirando a Draco con los ojos muy abiertos como si no pudiera creerse lo que acababa de escuchar. En realidad, no lo hacía.

Parecía todo una broma macabra y cruel.

No obstante, cuando Draco dio un paso hacia ella, mirándola con desesperación, retrocedió instintivamente. No era capaz de organizar sus ideas ni analizar la situación, pero si tenía algo claro: no quería que él se acercara. No todavía.

—Escúchame —pidió él y eso era lo más parecido a una súplica que le había dicho en su vida —No fui capaz de matar a Dumbledore y... Él me castigó. Si no me mató, fue únicamente por que Snape había acabado con Dumbledore y después de todo, su deseo se había cumplido. Pero eso no significa que me perdonara, Él no conoce la piedad.

Draco temblaba tanto que hasta en su estado, Hermione podía percibirlo. Había palidecido aún más y sus pupilas resaltaban fúnebremente entre la córnea enrojecida. Su expresión era sobrecogedora.

—Me encomendó otra misión para ponerme a prueba —continuó él —matarte. Dijo que si no había podido con Dumbledore...al menos debería poder contigo.

Hermione se estremeció y dio otro paso atrás. El brillo de angustia en los ojos de Draco aumentó.

—Todos los seres queridos de Potter están en peligro —Draco tenía miedo de contarle todo, pero al mismo tiempo, llevaba tanto tiempo guardándolo, tanto tiempo soportando el peso solo que necesitaba sacárselo de dentro –Él quiere mataros para minar sus fuerzas. La razón principal por la que quería eliminar a Dumbledore era porque sabía que era el mayor apoyo de Potter, la única esperanza que tenía para poder enfrentarse a él. Ahora que lo ha eliminado, el siguiente objetivo en vista de que no tiene familia importante, son sus amigos. Me pidió información sobre vosotros...y Él te escogió a ti.

—¿Por qué? —musitó ella.

—No lo sé —Draco rehuyó su mirada, incómodo. Sí lo sabía. Ahora sí.

En un primer momento había creído que era porque era una sangre sucia, tal vez porque le había dicho al Lord Tenebroso que era inteligente. Nunca había entendido por qué el Señor Oscuro la había considerado una amenaza más seria que Weasley, siendo él un sangre limpia.

Pero ahora que la quería comprendía las palabras del Lord Oscuro.

"Porque es peligrosa" había dicho. Peligrosa pero no para su Señor, sino para él mismo.

Tal vez el Lord, con su capacidad para ver dentro de las personas, lo había comprendido antes que él mismo. Que la quería, y no sabía desde cuándo.

Ella estaba asustada, le tenía miedo en esos momentos. Draco podía verlo en sus ojos. Quería acercarse y decirle que se mataría antes de hacerle daño, pero si daba un paso hacia ella, Hermione retrocedía otros dos.

Draco se sintió partido en dos y la rabia por lo injusto de la situación, fluyó hasta su rostro y su boca.

—Rechacé la misión —le escupió con rencor. Ya entonces había sabido que no sería capaz de hacerlo. Si no había podido matar a Dumbledore, menos aún a ella —Le dije que no podía hacerlo, por eso me torturó hasta casi matarme. De hecho, si Snape no me hubiera ayudado a escapar estaría muerto, ¿entiendes? No te he matado y nunca he intentado hacerlo, así que en realidad no tienes derecho a odiarme.

Había tanta amargura, tanta angustia en su voz, en su mirada, que Hermione retrocedió aún más instintivamente.

—¿Sabes? Soy yo quien debería odiarte a ti en lugar de q...

Se interrumpió abruptamente, consciente de lo que había estado a punto de decir. Se pasó una mano por la cara para tratar de tranquilizarse y dejar de hablar impulsivamente, pero la cólera estaba ahí y no podía ignorarla. Él tenía razón. Hermione no tenía ningún derecho a odiarle, debería odiarla él a ella. Por su culpa su vida estaba destrozada. Hubiera sido más fácil aceptar la misión. Así él no habría estado a punto de morir, no estaría encerrado en la casa de Potter y su madre no estaría en San Mungo, loca.

Con una mueca de rabia, Draco se dio media vuelta dispuesto a salir de la cocina y dejar a Hermione ahí. Al demonio con ella.

Pero no llegó a las escaleras. Justo cuando se disponía a pisar el primer escalón sintió una mano cerrándose sobre su muñeca, cubriendo su marca oscura hasta hacerla arder. Pero no de un modo doloroso, sólo cálido.

Se quedó parado como si una flecha lo hubiera atravesado, perciibiendo a Hermione a sus espaldas. Por un momento, sintió el impulso de liberarse e irse a algún rincón de la casa a romper cosas, muchas cosas. Pero por otra, no era capaz de moverse y no quería irse. Quería atreverse a mirarla y descubrir si le odiaba. Necesitaba saber que no lo hacía.

Experimentó un nuevo acceso de rabia al darse cuenta de que había comenzado a temblar levemente, así que fastidiado, se volvió a la chica con aire desafiante. Pero no tuvo tiempo de verle el rostro antes de que ella se aferrara a su camisa y hundiera el rostro en su pecho, temblando tanto como él o más.

Draco se quedó tan sorprendido que durante unos segundos no fue capaz de reaccionar. Titubeó unos instantes, completamente desarmado. Se había preparado para su odio, para sus reproches o su miedo, pero no para esa rendición.

Incómodo, se preguntó que se suponía que debía hacer. ¿Abrazar...la? Él no abrazaba a la gente. No obstante, cuando sus brazos cobraron vida y la rodearon con fuerza, estrechándola contra él, se sorprendió al descubrir lo increíblemente bien que podía hacerle sentir el mero hecho de tenerla cerca.

Y así, enlazados en un abrazo, cada uno apagó el temblor del otro, hasta que se quedaron quietos y silenciosos, sumidos en el calor del gesto. Y de algún modo, ese abrazo era lo más íntimo que nunca habían compartido.

—No te odio —musitó ella contra su pecho —solamente estoy asustada.

—Tienes que quedarte aquí —la apremió él, aumentando la presión del abrazo —Bellatrix no sabe donde estamos, en la casa estás a salvo.

—Pero no puedo quedarme aquí encerrada eternamente —dijo ella contrariada, apartándose él, y Draco se vio obligado a soltarla con reticencia para enfrentarse a sus ojos.

—¿Es qué no lo entiendes? Yo no cumplí la misión y Bellatrix piensa hacerlo, lo considera una cuestión personal. Seguramente se avergüenza de mí por no haber acatado las órdenes del Lord Oscuro. La próxima vez que te encuentre, te matará.

—Tendré cuidado —dijo ella, tratando de aparentar más valentía de la que sentía. Tenía miedo, pero también tenía claro que no iba a dejar que ese miedo le impidiera vivir. No pensaba quedarse encerrada para siempre en Grimmauld Place mientras la gente que quería se jugaba la vida en esa guerra. Seguiría ayudando a Harry y Ron en todo lo que pudiera, y tarde o temprano eso exigiría salir de la Mansión. Y después de todo, en esos tiempos, todos estaban en peligro.

—¿Que tendrás cuidado? —repitió Draco con amargura cargada de ironía —No sabes lo que dices. A mí no me dejaste salir de aquí para ver a mi madre y tú pretendes hacerlo cuando te apetezca como si no...

—Es diferente —lo interrumpió Hermione —A mí no me persigue el ministerio, ni tampoco los mortífagos. Sólo Bellatrix.

—¿Sólo Bellatrix? —Draco apretó las mandíbulas, tratando de contenerse —No lo entiendes, no la conoces. Está loca. Ya viste lo que hizo con mi madre y eso que es su hermana. No tiene piedad, ni compasión. Está obsesionada con el Señor Oscuro y hará lo que haga falta para cumplir sus órdenes y deseos. Conoce magia negra que tú no has oído ni nombrar. No tendrías ninguna posibilidad frente a ella —finalizó con dureza. Hermione tenía que entender.

—Es posible —replicó ella, con obstinación. Draco sintió ganas de sacudirla hasta que entendiera lo peligroso de la situación.

—Granger, no... no puedes —finalizó con su tono más intimidante y autoritario. No pensaba intentar razonar más con ella. Simplemente le ordenaba que no saliera jamás de la Mansión.

—Te agradezco la preocupación, pero no voy a cambiar de idea —respondió ella alzando la barbilla tercamente.

—¿Preocupación? —las manos de Draco se crisparon y una de las venas de su cuello se hinchó, abultándose bajo su blanca piel —Llevo semanas encerrado aquí y esta mañana ha sido la primera vez que me has permitido salir. Y únicamente por tratarse de una ocasión especial. Los dos corremos peligro y en cambio, mientras quieres que yo permanezca aquí a salvo, tú pretendes salir por ahí temerariamente cuando te venga en gana. Dijiste que no lo soportarías si me ocurriera algo, pues yo tampoc...

Se silenció de nuevo al darse cuenta de lo que había estado a punto de decir. Esa mujer le volvía loco hasta tal punto de que perdía el control y no era capaz de medir sus jodidas palabras. Y lo peor de todo era que, a pesar de no haber terminado la frase, ella sospechaba lo que había callado. Lo veía en el brillo suspicaz de sus ojos marrones, resplandeciendo intensamente fijos en él.

Draco se sintió violento, estúpido y desnudo. Parecía que ella podía ver dentro de él y no podía hacer nada por evitarlo. Se alejó más y le dio la espalda, tratando de imponer una distancia más emocional que física entre ellos.

Pero Hermione no estaba dispuesta a permitírselo, de hecho, lo rodeó y se plantó frente a él para poder mirarle a los ojos de nuevo. Draco se quedó parado, observando el suelo como si fuera tremendamente interesante y dejando los segundos correr. Esperando a que ella dijera algo, porque sabía que lo iba a hacer.

—¿Tú tampoco... —lo alentó al cabo.

Draco negó con la cabeza, pero era más un gesto de resignación que una verdadera resistencia. Apretó los dientes, se apartó el flequillo con nerviosismo y miró a otro lado, evasivo. Pero al final habló.

—No quiero que te pase nada malo —–masculló entre dientes, entre una retahíla de maldiciones e insultos que hubieran escandalizado al más pintado. Hermione apenas escuchó con nitidez sus palabras de tan rápido y bajo las había dicho, pero las intuyó y se sintió embargada por una sensación indecentemente dulce.

Se acercó y le sujetó el rostro con las manos para obligarlo a mirarla. Él se negó a hacerlo por unos segundos, pero finalmente la enfrentó con sus ojos grises llenos de obstinada resistencia.

Hermione sonrió, se puso de puntillas y entonces, lo besó.

El comienzo sólo fue un breve roce de labios, tímido pero decidido que aceleró a Draco por mucho que lo odiara. Estaba enfadado con ella por ser tan cabezota y por haberle obligado a reconocer algo que no quería que ella supiera, pero no podía resistirse a esos suaves labios presionando los suyos tiernamente. Con una rudeza que contrarrestaba la suavidad de la chica, Draco la sujetó y la estrechó más contra él, mientras hundía su lengua en la boca de Hermione. Ella lo acogió sin reparos y ambos se envolvieron en el fulgor del beso.

Hermione lo besaba despacio, con dulzura, pero Draco era brusco, rápido y apasionado. La embestía con su lengua con frenesí, como si necesitara sentirla desesperadamente, como si quisiera castigarla y a la vez convencerla. Como si quisiera devorarla, abriendo su boca para atrapar la de ella.

Las manos de Hermione reposaban en sus mejillas, pero a medida que se perdía en la pasión del beso, las fue deslizando por su cuello hasta enlazarlas a su nuca. Draco estrechaba su espalda con sus manos, lastimándola en su ímpetu, pero Hermione sabía que lo necesitaba. Que necesitaba descargar todo lo que guardaba y retenía dentro en ella. Por eso le permitió devastar su boca y estrujar su cuerpo hasta que Draco se fue calmando y sintiendo más seguro.

El beso se tornó de frenético y delirante, a un suave baile de bocas fundidas más allá de sus barreras, dejándolos extasiados. Draco se sentía débil, y casi mareado, no obstante se negó al soltarla cuando escuchó unos golpecitos contra un cristal. Hermione se apartó un poco, lo miró a los ojos y después miró a la ventana donde había un cárabo, golpeando con su pequeño pico el cristal. La chica se dio cuenta de que llevaba un gran rollo de pergamino atado a una pata, e intrigada, se liberó de Malfoy y se acercó a la ventana. Cuando abrió, la hermosa ave se posó sobre la encimera de la cocina y le tendió su patita a Hermione para que ella pudiera quitarle la carta. Después sacudió la cabeza, recolocando sus plumas, y salió volando por la ventana. Hermione cerró con rapidez y observó la carta que tenía en las manos.

—¿De quién es? —preguntó él con voz ronca.

El silencio que transcurrió antes de la respuesta de Hermione, le hizo saber que ésta no le gustaría.

—De Viktor. Krum —añadió ella, incómoda. Hermione desplegó la carta rápidamente, no porque tuviera muchas ganas de leerla, sino porque le proporcionaba una excusa para evitar la mirada de Malfoy. Sabía que posiblemente estaría mirándola como si quisiera matarla a juzgar por el silencio evidentemente ofendido en el que se había sumido.

—¿Y qué demonios quiere ahora ese palurdo volador? —preguntó expulsando furia con cada palabra.

Hermione apretó los labios mientras leía las primeras líneas de la carta con rapidez. Sus ojos saltaban de frase en frase y sus manos se crispaban más y más en torno a la carta. Al final se detuvo, suspiró y miró temerosa al chico.

—¿Y bien? —la instó él con sequedad.

—Bueno...me ha dicho que se enteró de que estuve en San Mungo y que ha oído lo del altercado en el Callejón. Y...que va a venir a Londres en unos días.

Draco entrecerró los ojos. Maldito cabrón, iba a matar a ese tío.

—Para verte, ¿no? —preguntó con un tono tan venenoso que estremeció un poco a Hermione.

—Sí —musitó, no tenía sentido mentirle. Y ella no tenía por qué sentirse tan culpable.

—Pues dile que no lo haga. Tú no puedes salir y él no puede entrar en esta casa.

—No pienso hacer eso —respondió la chica, ligeramente indignada. Por supuesto que no iba a llevar a Viktor a Grimmauld Place, no quería ni imaginarse lo que pasaría si él y Draco estaban juntos en una habitación, pero eso no significaba que ella no pudiera salir y encontrarse con él.

—¿Es qué no has oído nada de lo que te he dicho? No puedes salir —le espetó Draco, enfadado —y menos para ver a ese memo prehistórico.

—No hables así de él —replicó Hermione, ofendida.

—Acéptalo de una vez, Granger, Krum es un gorila mononeuronal que sólo es bueno montado en un palito.

—¡Pues te recuerdo que tu también juegas al quidditch! —Hermione alzaba la voz cada vez más —¡Y él lo hace mucho mejor que tú!

Draco se encogió de hombros con una mueca de superioridad.

—Pero yo soy mejor en otras cosas, ¿verdad, Granger? ¿Vas a hacerle venir desde Bulgaria para contarle que me has besado?

Hermione sintió como enrojecía de vergüenza y rabia.

—¿O es que pretendes jugar con los dos? —siguió aguijoneándole él –Quién lo diría, la santurrona de Granger jugando a dos bandas. Pues si tanto te interesa ese troll con escoba, quédate con él. A mí me trae sin cuidado —aseguró con una indiferencia que no era capaz de maquillar sus celos y su ira.

Hermione se sentía asolada por tantos sentimientos diferentes y contradictorios que creía que la cabeza le iba a estallar. Necesitaba tener tranquilidad para poner en orden todo lo que sentía, él no paraba de atacarla y Hermione no sabía qué quería conseguir de ella. Posiblemente castigarla simplemente. Se limitó a encajar sus palabras, afirmó con la cabeza y gesto duro dándose por enterada y salió de las cocinas dejándole a solas.


Una vez en su cuarto, Hermione releyó la carta de Viktor en la que le preguntaba por qué no le había dicho nada acerca de su estadía en San Mungo y se interesaba por lo que le había ocurrido. Después le contaba que el atentado mortífago en el Callejón Diagon había aparecido en los periódicos búlgaros y que había pasado un rato horrible leyendo las esquelas y temiendo encontrarla. Finalizaba la carta informándole de que iría a Londres en cuanto le fuera posible –calculaba que en menos de una semana –y que le preguntaría eso tan importante de lo que ya le había hablado en su última carta.

Cuando acabó de releerlo todo detenidamente, Hermione dobló la carta cuidadosamente y la posó en su mesilla de noche. Se levantó y caminó hasta su ventana, apartó las cortinas y miró al exterior.

Había decidido que había llegado el momento de analizar en profundidad varios temas que llevaba bastante tiempo eludiendo. Por ejemplo sus sentimientos por Krum, por Malfoy y los sentimientos de ambos respecto a ella.

Se sentía en el medio de una especie de triángulo amoroso. Ella. Hermione Granger. Ella que no solía ser considerada una chica, sino simplemente de una especie aparte: la de los estudiosos –o empollones—. Krum había sido el primero en verla como una chica, el primero en llevarla a un baile, el primero en besarla. Su primer amor, en definitiva. Hermione estaba segura de que en alguna parte de ella, siempre guardaría un cariño especial hacia él por eso mismo.

Pero en ese momento, no sabía qué sentía exactamente por él. Cuando se había marchado a Bulgaria después de la boda de Bill y Fleur, Hermione estaba convencida de que le gustaba. Incluso se había permitido un par de lágrimas y comentarios melodramáticos con Ginny.

En cambio, ahora todo eso estaba en al aire. Parecía que habían pasado siglos desde la última vez que lo había visto, cuando sólo habían transcurrido un par de meses. ¿Sentiría el mismo vértigo en el estomago que había experimentado al verlo a comienzos de verano cuando se reencontraran?

Una parte de ella deseaba que así fuera, así sería todo más fácil. A Ron no le caía muy bien Krum, pero todos los demás lo aceptaban. Ella se sentía a gusto con él, Viktor podría hacerle olvidar a Malfoy. Y todo sería mucho más sencillo.

No como las cosas con Draco Malfoy. Se habían odiado durante años y no podían estar juntos más de media hora sin discutir. Eran tremendamente opuestos en todo y él se consideraba superior a ella como le había demostrado durante su época en Hogwarts. Además, era un mortífago y le habían ordenado matarla.

Aunque tal vez debería sentirse horrorizada por esa noticia, Hermione debía reconocer que sólo le daba importancia al hecho de que él se había negado a hacerlo, aún sabiendo que eso podría costarle la vida. Pero, ¿por qué se había negado? Posiblemente por la misma razón por la que no había matado a Dumbledore: porque él no era un asesino.

Debía reconocer que no podía analizar su relación en base a todo lo que siempre había pensado que era Malfoy. O había cambiado o bajo esa capa de altivez y egoísmo, Malfoy era una persona especial. Ya sabía que no quería utilizarla por ser la única chica que tenía cerca, se lo había demostrado de muchas maneras. Analizándolo con perspectiva, se podría decir que en cierto modo había cuidado de ella. La había sacado de varias pesadillas, había ayudado a entender a Harry y Ron cuando le habían dicho que no les podía acompañar a Albania, la había llevado a su cuarto cuando se había emborrachado y no se había aprovechado de la situación, y se había preocupado por ella cuando la vio aparecer llena de polvo y aterrada después de ataque en el Callejón.

Hermione no quería reconocerlo, porque no le gustaba ese nuevo Malfoy. No le gustaba, porque le gustaba demasiado en realidad. Ella también había cambiado respecto a él. Siempre se preocupaba por él, por mucho que odiara hacerlo. Sentía la necesidad de ayudarlo, protegerlo y hacerle sentirse mejor. Cuando él estaba mal, ella no podía evitar sentirse contagiada de su estado de ánimo. Había sufrido por Narcissa, sólo porque él lo hacía. Lo había sacado de Grimmauld Place para poder ver a su madre, exponiéndoles a ambos a un gran peligro. Lo había besado.

Pero, ¿a dónde iba lo que ellos tenían (fuera lo que fuera)? A ninguna parte. Podía ser que ambos experimentaran una especie de Síndrome de Estocolmo, es decir, una relación de complicidad e incluso algo parecido a afecto entre secuestrado y secuestrador. Bueno, ella no lo había secuestrado –técnicamente –pero para el caso, la situación era similar. Sí, eso era. Ambos estaban trastornados psicológicamente.

Ahora sólo le faltaba creérselo. No es que dudara de que estaban mal de la cabeza viendo el rumbo que habían tomado las cosas entre ellos, pero sabía que lo que les ocurría no era ningún síndrome. Era una realidad. Se atraían. Y no sólo en el sentido físico de la palabra, era algo más. Mucho más incómodo, más grande y más perturbador.

Y aún en el caso de que ambos quisieran estar juntos –y de que pudieran soportar estar en esa tesitura más de un par de horas –lo suyo era algo imposible.

Para empezar, además de sus diferencias y de un pasado de maltratos y humillaciones de Malfoy a ella y de desprecio de ella a él, Harry y Ron lo odiaban, y Hermione no podía decir que no tuvieran razones para hacerlo. Pondrían el grito en el cielo si ellos llegaran a tener algo.

Eso suponiendo que se lo creyeran, posiblemente se lo tomarían a broma. Al principio.

Nadie lo aceptaría. Nadie que les conociera.

El padre de Malfoy había tratado de matarla, a ella y a todos sus amigos, ya puestos. Estaba en la cárcel por eso mismo, y había sido la mano derecha de Lord Voldemort. Las torturas a muggles e hijos mágicos de muggles que había llevado a cabo desde que se había dado a Voldemort por caído, eran un rumor a gritos que corría por todo Londres. A saber a cuántas personas había matado.

Y Narcissa...bueno, ella no quería matarla al menos. Pero Hermione sabía que tampoco la querría para Draco si tuviera su antigua capacidad de raciocinio. Él había sido criado y educado para perpetuar la limpieza de sangre de su familia. Debía casarse con una sangre limpia, tener más hijos sangre pura y enseñarles la importancia de la pureza de sangre. Si sobrevivía a la guerra, claro.

Dejando de un lado todo eso, a sus propios padres le daría un infarto si Hermione les explicara que estaba con un delincuente mágico, huido de la justicia y de su propia banda de asesinos. Ni siquiera el blanco de sus dientes o la perfección en que el maxilar superior montaba con el inferior, hubieran servido para que lo contemplaran ni por un segundo como la persona ideal para su hija.

Resumiendo: tendrían en contra al mundo entero.

Cualquier tipo de relación –al menos duradera –entre ellos, era inconcebible.

¿Entonces qué debía hacer?

Hermione resolvió que por el momento, no haría nada. Esperaría a ver a Viktor y cómo iban las cosas con él, antes de decidir si estaba enamorada, o algo así, de Draco Malfoy.

Cerró los ojos, y deseó que Viktor le hiciera sentir lo mismo que Malfoy. Lo deseó con todas sus fuerzas.


La verdad es que su idea de no hacer nada, al menos con respecto a Malfoy no fue muy difícil de llevar a cabo. Principalmente porque él se pasó tres días encerrado en su habitación, y a juzgar por el modo en que se habían visto diezmadas las reservas de alcohol de los Black, Hermione hubiera jurado que los había pasado borracho y bebiendo sin parar.

Sin duda debía de haber subido a su cuarto todo el alcohol que había podido sin que Hermione se hubiera dado cuenta, y una vez esto logrado, se había encerrado y había taponado la puerta con algo muy pesado, posiblemente un armario.

Al final de su primer día de confinamiento, Hermione había ido a llamar a su puerta, preocupada por el hecho de no haberle visto ni haber encontrado la cocina hecha un desastre después de que él se hubiera preparado algo. No había obtenido ninguna respuesta más allá del sonido de una botella de vidrio haciéndose añicos peligrosamente cerca de la puerta tras la que ella se encontraba.

Molesta, Hermione se había largado a zancadas a su habitación, enviándole al infierno en voz lo suficientemente alta para que él pudiera oírla.

El segundo día, la cosa había ido a peor. Posiblemente él estaría más borracho y Hermione a cada segundo se sentía más preocupada. Había aporreado la puerta gritándole que dejara de comportarse como un niño de cinco años y que la dejara entrar. Le había dicho que necesitaba comer algo y que de seguir así acabaría en coma o en el mejor de los casos enfermo.

—Vete a la mierda, Granger —le había gritado él desde el otro lado de la puerta, con ese deje torpe en sus palabras que a Hermione le había confirmado que estaba bebido —¿Por qué no te largas a mirar con la ventana? Tal vez veas aparecer a un gorila en escoba de un momento a otro. Prepara los plátanos.

Hermione había apretado los labios con furia. Odiaba a Malfoy borracho. Era imposible hablar con él y se volvía aún más cínico y ácido si era posible. Renunciando, la chica había dado una patada a la puerta y se había vuelto a largar a su cuarto. Pero no había logrado pegar ojo.

No porque no quisiera, si no porque aproximadamente a cada media hora, Malfoy lanzaba una botella contra la pared que comunicaba sus cuartos, despertándola, sobresaltada. Hermione sabía que lo hacía con toda la intención de fastidiarla y no dejarla dormir. Se había planteado la posibilidad de usar la magia para quitar el armario de la puerta, entrar en la habitación de Malfoy y ahogarlo con una almohada, pero estaba tan furiosa, que decidió ignorarle. Él sólo quería llamar su atención.

No obstante, después de despertarse seis veces por el sonido de las botellas rompiéndose, Hermione se levantó de la cama y comenzó a aporrear la pared y a llamarle de todo.

Cuando se hartó de dar golpes, pudo escuchar la risilla maliciosa de Malfoy y tuvo que contener sus instintos asesinos. La verdad es que él se lo estaba poniendo fácil para elegir. Viktor era mucho más maduro que él, nunca se comportaría de un modo tal infantil por algo así.

Al principio, Hermione había creído que se había encerrado y emborrachado para sobrellevar la noticia de lo sucedido a su madre, y aunque seguía pensándolo, sabía que ella también tenía parte en su encierro etílico. Estaba celoso de Krum y molesto con ella, eso estaba claro.

La mañana del tercer día, Hermione se levantó con un humor de perros. Se duchó, desayunó y comenzó a plantearse seriamente la posibilidad de echar la puerta abajo y quitarle todo el alcohol a Malfoy. No podía esperar a que decidiera salir cuando se le hubiera acabado todo, porque eso podría llevar una semana.

Su mano derecha comenzaba a serle funcional, aunque Hermione sólo se había atrevido a probar algunos hechizos muy sencillos con ella y sin demasiado éxito. Podía moverla, pero lo hacía con torpeza. Podría decirse que no tenía una buena motricidad fina. Sentía su brazo y su mano como si los tuviera dormidos o agarrotados por el frío permanentemente. Por eso, lo ejercitaba de todos los modos que se le ocurrían. Entrenar con su brazo, maldecir a Malfoy y enterarse de las noticias por la radio, era más o menos todo lo que había hecho Hermione en esos tres días.

Tonks había vuelto por su ropa y para interesarse por el estado de su primo, dos días después de la visita que habían hecho a San Mungo.

—¿Cómo está?

—En su habitación, borracho como una cuba. No me deja entrar y tampoco quiere salir.

—Dale un tiempo —le había aconsejado Tonks —supongo que es normal que reaccione así. Si algo así le ocurriera a mi madre no sé qué haría.

Hermione había guardado silencio, pensativa.

—Por cierto —había proseguido Tonks —estuve hablando con mi tío Marcus, el que pagó la habitación de Narcissa. Me dijo que había ido a Malfoy Hall a por ropa de Narcissa y que se sintió observado. No le hubiera dado mucha importancia porque el tío Marcus está un poco mal de la azotea, pero dijo que juraría que le siguieron hasta San Mungo. Creo que hay mortífagos vigilando Malfoy Hall por si Draco aparece por allí, así que no permitas que lo haga.

Hermione había murmurado un "descuida" y no había vuelto a decir nada más que monosílabos hasta que Tonks se fue. Había decidido no contarle a nadie que Bellatrix Black quería matarla, por varias razones. Por un lado, si la gente lo supiera, todos le insistirían para que se quedara encerrada en Grimmaul Place y no contarían con ella para nada que pudiera darse fuera de la Mansión. Hermione ya se había quedado demasiado tiempo apartada por su dichoso brazo y no pensaba dejar que una loca trastornada fuera un nuevo impedimento. Además tenía la ligera idea de que si Harry y Ron descubrían las razones por las que Bellatrix quería matarla, culparían a Malfoy y ella no quería eso.

Además de la visita de Tonks, Hermione había hablado por la red Flu con la Señora Weasley y la había tranquilizando informándole de que Harry y Ron estaban bien. No habían podido conversar demasiado porque a cada poco se oían explosiones de fondo y la Señora Weasley desaparecía a toda velocidad para regresar enfadada y enrojecida de gritarles a los gemelos. Por lo visto, mientras el Callejón Diagon no fuera reabierto, los gemelos habían decidido aprovechar el tiempo para crear nuevos artículos, experimentando en su habitación con los consecuentes enfados de su madre.

Fuera de eso, las noticias sólo hablaban de las cifras de muertos definitivas y las nuevas medidas de seguridad que estaba tomando el Ministerio. Por lo visto, en el Parlamento mágico se había abierto un debate acerca de sí se debía reabrir el Callejón Diagon o no que hasta el momento no había llegado a nada. Algunos de los vendedores del Callejón habían decidido cerrar sus tiendas definitivamente y la mayoría del Londres mágico aseguraba que no iba a regresar a realizar sus compras allí hasta que la guerra hubiera acabado, pero el Ministerio, deseoso de aparentar tranquilidad y normalidad en esos tiempos difíciles era partidario de reabrir el mercado mágico, prometiendo nuevas y mejoradas medidas de seguridad. Tonks le había contado a Hermione que todos en el Ministerio andaban muy nerviosos y que Scrimgeour estaba particularmente furioso por lo ocurrido.

Por otra parte, un par civiles muggles habían aparecido en la prensa mágica al jurar y perjurar que habían visto a varios gigantes en la región de Stirling, Escocia. Hermione no había podido evitar establecer cierta relación entre eso y la ubicación de Hogwarts. Sólo sabía que estaba en algún lugar de Escocia, pero habiéndose visto gigantes por última vez en West Country, al sur de Inglaterra, era un tanto sospechoso que ahora se encontraran viajando hacia el norte.

De cualquier modo, la guerra, Malfoy y Harry y Ron no era las únicas preocupaciones de Hermione. Llevaba la carta de Krum encima para releerla cada vez que los nervios la asolaban. Especialmente leía las últimas frases en las que le decía que iría a Londres cuanto antes y le escribiría una vez estuviera allí.

No es que Hermione releyera esas palabras porque obtuviera algún tipo de consuelo de ellas, sino que lo hacía casi con la esperanza de haberse equivocado al interpretarlas. No quería ver a Viktor y una parte de ella sabía que era porque se sentía culpable. No es que alguna vez hubieran tenido algo serio, tampoco se habían prometido nada jamás, pero Viktor le había dicho que volvería en cuanto pudiera para verla y mientras le esperaba, Hermione había comenzado a encapricharse de otro. Y su relación con ese otro, Malfoy, había superado el plano platónico, por decirlo de algún modo.

Se sentía en la obligación de contárselo a Viktor y no quería hacerlo. Del mismo modo que tampoco había querido contarle a Malfoy de quién era la carta y qué decía.

Estaba sentada en las cocinas, releyendo de nuevo la carta cuando sucedió algo que cambiaría irremediablemente el curso de las cosas.

—Hermione.

La chica dio un respingo al escuchar que la llamaban y miró a todas partes, antes de darse cuenta de que la voz había salido de la chimenea. Harry y Ron estaban allí, con sus cabezas flotando tranquilamente sobre el fuego esmeralda que les lamía la barbilla con sus llamas.

—¡Chicos! —exclamó ella corriendo a arrodillarse frente la chimenea —¿Dónde estáis? ¿Qué ha pasado? ¿Habéis...

—De una en una —la interrumpió Harry con una sonrisa. Solamente el hecho de que Harry sonriera, aflojó un poco los lazos de preocupación que le estrujaban el corazón —Estamos bien. ¿Y tú?

—Bien, pero...

—Ya va —esta vez, fue Ron el que habló —Hemos encontrado a Timoleo.

—¿Sí? ¿Dónde está?

—Aquí —dijo Harry —de hecho estamos hablándote desde su casa.

—¿Estáis en la aldea secreta?

—No —explicó Ron —en realidad el tabernero tenía algo de razón. Esa aldea ya no existe, la vimos desde arriba con la escoba de Harry y sólo son unas ruinas.

—¿Desde arriba? —preguntó Hermione confundida.

—Timoleo nos dijo que intentó entrar cuando la encontró pero tiene maldiciones y defensas muy fuertes, por eso le echamos un vistazo subidos a mi Saeta.

En ese instante, Hermione escuchó a alguien cantando con voz áspera una especie de nana que era más bien una hilera de palabras sin sentido y vio la mirada de complicidad y resignación de Harry y Ron.

—Es Timoleo, anda por aquí, haciendo de las suyas —explicó Ron con indulgencia.

—¿Está...

—¿Chiflado? Chiflado es poco —aseguró el pelirrojo.

—Pero parece buena persona —continuó Harry —nos ha ayudado bastante. Bertha Jorkins lo encontró cuando vino a buscarle hace dos años e intentó convencerle de que volviera a Inglaterra. Timoleo se negó y acabaron peleándose, así que Bertha dejó la casa y se fue a una taberna de las afueras. Fue lo último que su primo supo de ella, de hecho pensaba que había regresado a Inglaterra y que estaba bien.

—Entonces...Pettigrew tuvo que encontrar a Bertha en esa taberna, ¿verdad?

—Eso creemos —respondió Ron —no hay ninguna más en la aldea. La verdad es que es un lugar bastante pequeño y poco habitado. La mayoría de los muggles que vivían aquí se mudaron antes de que Timoleo se instalara. Por lo visto era una aldea bastante grande hace unos dieciséis años.

—¿Dieciséis años? —repitió Hermione —eso fue cuando Voldemort y cayó y fue a refugiarse a algún...

—Bosque albanés —completó Harry —el tabernero ya estaba aquí cuando eso sucedió. Le hemos interrogado y dice que la gente estaba intranquila y asustada porque la mayoría de los animales que habitaban en el bosque cercano, el que rodea las ruinas de la ciudad secreta, bajaron la montaña y se marcharon para nunca volver. Corrió el rumor de que había algo maligno y peligroso en el bosque, además coincidiendo con la desaparición de los animales se alternaron épocas de sequía con lluvias torrenciales que echaron a perder todos los cultivos de la zona.

—Y en ese clima, mucha gente abandonó la aldea y nunca regresó. Quedaron sólo una centena de habitantes y apenas llegan forasteros por aquí. La última persona que vino a la aldea antes de nosotros fue Timoleo.

Hermione guardó silencio, pensativa. Pero sus meditaciones se vieron interrumpidas por un grito agudo y chirriante, que era en realidad el intento de alcanzar una nota alta en la –posiblemente inventada –canción que Timoleo no dejaba de cacarear de fondo. Harry y Ron soltaron unas risillas al ver la expresión de susto de su amiga.

—Tranquila, te acostumbraras —dijo Ron —Fred y George no cantan mucho mejor.

—¿Con quién habláis? —dijo la voz áspera. Por arte de magia, Hermione vio a aparecer una cabeza greñuda, barbuda y canosa entre las de sus amigos. Supuso de inmediato que ese hombre con pinta de no haberse afeitado, peinado, ni lavado en años era Timoleo. Tenía los ojos negros y brillantes, reluciendo bajo unas cejas tan pobladas que cada una de ellas parecía un cría de gato persa recién nacida. La barba debía de llegarle hasta la cintura, aunque Hermione no podía ver su final porque se perdía en las llamas verdosas del fuego. Y su pelo encrespado y castaño estaba salpicado de guedejas blancas aquí y allá.

—Vaya, bonita potranca —murmuró mirando a Hermione. La chica, retrocedió un poco, aprensiva, pero su sorpresa no impidió que se sintiera irritada al ver las risillas de Harry y Ron.

—Perdone, señor —comenzó ella con todo remilgado —pero...

Hermione no acabó su frase, porque el hombre desapareció como había aparecido, dejando de apretujar a Harry y Ron contra los bordes de la chimenea.

—Creo que le has gustado, Hermione —dijo Ron, con la sonrisa aún en los labios —tampoco me extraña porque todas las mujeres que he visto en esta aldea tienen bigote y una ceja...

—Ron —le regañó Hermione con los ojos entornados.

—¿Qué? Es la verdad, díselo, Harry.

Pero Harry estaba distraído mirando la carta que Hermione sostenía en las manos. La chica se había olvidado de ella por completo.

—¿Qué es eso? —preguntó Harry después de murmurar un Muflliato al interior de la chimenea, posiblemente para que Timoleo no escuchara su conversación. Hermione sintió el impulso de ocultar la carta y fingir que no sabía de qué hablaban, pero no tenía sentido hacerlo.

—Bueno, es una carta de Krum.

—¿De Krum? —preguntó Ron borrando la sonrisa de su rostro para adoptar una expresión desconfiada.

—Sí –repuso Hermione con cansancio —Va a venir a Londres de un momento a otro —al ver que sus amigos abrían la boca para preguntar, decidió contarles todo de un tirón —está preocupado por mí. Se enteró que estuve en San Mungo y va a venir a verme. Dice que tiene algo importante que decirme. Y eso es todo lo que sé.

—¿Qué crees que quiere? —preguntó Harry.

—¿No es evidente? —repuso Ron con un soplido.

—Oye, Ron, si estás diciendo lo que creo que estás diciendo... —comenzó Hermione enfadada.

—No le llevarás a Grimmauld Place, ¿verdad? —la interrumpió Harry.

—¿Qué? Por supuesto que no.

—Bien, porque podría ser un espía —apuntó Ron.

—Harry —Hermione decidió ignorar al pelirrojo y dirigirse directamente a Harry. Era él más razonable de los dos —no creerás que...

—No lo sé, Ron tiene razón. Podría ser un espía.

—Recuerda que en Drumstrang estudian magia negra y Karkarov era un mortífago.

—Y tú recuerda que Karkarov está muerto y que Krum acabó en Drumstrang hace un par de años —replicó Hermione, comenzando a alzar la voz.

—Nunca me dio buena espina —continuó Ron, obcecado.

—Además, es algo sospechoso que aparezca justo ahora —dijo Harry y ante la mirada asesina que le lanzó Hermione, se explicó —Estamos en guerra. Hace unos días los mortífagos atacaron en el Callejón Diagon y Ron y yo estamos fuera del país.

—Pero eso Viktor no lo sabe.

—O eso crees tú —murmuró Ron, airado.

—No sabemos si lo sabe. El hecho es que los mortífagos están deseando saber dónde nos escondemos y ya usaron a Krum para sus propósitos una vez. No olvides que el falso Moody lo embrujó en la última prueba del Torneo. Sabemos que los mortífagos están reclutando gente por toda Europa, Charlie está vigilando el asunto en Rumania. Krum podría serles útil aquí.

—Harry, de verdad, no me esperaba que tú te comportaras de un modo tan poco razonable —repuso Hermione mirándolo con decepción —¿De verdad te resulta tan difícil de creer que Krum venga a Londres sólo porque quiere verme?

—Vamos, Hermione —terció Ron con un resoplido despectivo —No pensarás que un jugador de quidditch mundialmente famoso seguiría colado por una chica del montón después de tanto tiempo, ¿no? Menos teniendo a centenas de fans enloquecidas en todas partes. Yo siempre he pensado que quería algo de ti, que te usaba para llegar a Harry y creo que ahora está más claro que nunca.

Se hizo un silencio muy profundo en el lugar, en el que al aire parecía haberse quedo estancado.

—Harry —pronunció Hermione con voz extraña mirando al moreno —¿Tú también piensas eso?

—No tiene nada que ver contigo —se apresuro a asegurar Harry, con mucho más tacto del que Ron había tenido —pero no podemos fiarnos de nadie. Krum puede tener muchos motivos para acercarse a ti.

—Claro —murmuró Hermione poniéndose en pie. Su voz sonó serena, como la calma que precede a la tempestad —Y ninguno de esos motivos puede ser que quiera verme porque le gusto, ¿no? Porque claro, ¿qué soy yo? Sólo una comelibros, sólo Hermione Granger —a cada palabra su voz iba cobrando más fuerza y revelando más y más indignación, decepción y enfado —No soy una chica la mayor parte del tiempo, sólo una empollona. Y si me consideráis una chica, será... ¿cómo habías dicho, Ron? Ah, sí, una chica del montón. No podéis si quiera concebir la idea de que a alguien le pueda gustar por mí misma y no por ser vuestra amiga, por tener buena cabeza en los estudios o cualquier otra chorrada. Porque, claro, ¿quién iba a fijarse en Hermione Granger? ¡Nadie! A no ser que sea un señor chiflado que compone canciones y me llama potranca sólo porque todas las mujeres que están cerca tienen bigote y una única ceja, ¿no? En ese caso sí es creíble. Pero cualquier persona en su sano juicio jamás se fijaría en mi, ¿verdad?

—Hermione, nosotros no...

—¿No qué, Harry? ¿No queríais decir eso? ¿Qué más da que no quisierais decirlo si es lo que habéis pensado siempre de mí? Aunque os resulte imposible de creer, atraigo a algo más que a los libros —les espetó con dignidad, y sin darles oportunidad de replicar, salió de la cocina y cerró de un portazo que hizo temblar las paredes.


Hola chics,

aquí está el siguiente capítulo -bastante largo- y movidito. Para empezar, ya sabemos cómo fue todo eso de que Draco debía matar a Hermione. Para las que lo pensastéis, no hay relación entre ese hecho y el hecho de que Hermione encontrara a Draco cerca de Grimmauld Place, eso fue casualidad :) El asunto es que Voldemort le mandó acabar con Hermione y Draco, sabiendo que no podría hacerlo, rechazó la misión. Por eso Voldemort estuvo a punto de matarlo, por eso Draco huyó de los mortífagos. Y por eso Bellatrix pretende acabar con Hermione ahora, para enmendar de algún modo la falta de su sobrino, cuestión de orgullo familiar, digamos. Hermione no le ha odiado -¿quién podría hacerlo?- incluso le ha besado, pero entonces ha hecho aparación la carta de Krum y lo ha estropeado todo. Krum va a venir a Londres -falta muy poquitito para que aparezca ya- y Malfoy entre los celos y la depresión por de su madre se ha pasado tres días borracho y encerrado. Veremos lo que pasa cuando salga -mujajaja- entretanto hemos tenido más noticias que tendrán relevancia en la historia. Una de ellas es que siguen vigilando Malfoy Hall, lo cual era de esperar, pero que como ya he dicho, tendrá relevancia en el futuro. La segunda es eso de los gigantes, pensad en ello ;) Y por último, hemos sabido más de Harry y Ron. Han encontrado a Timoleo -que casi no ha aparecido pero me ha encantado escribir sobre ese señor xD-y están cerca de la pista del horrocrux. Digamos que ya saben que zona está, ahora les queda explorar y encontrarlo -y enfrentarse a lo que lo proteja...-. Pero han metido bien la pata con la pobre Hermione, que se ha enfadado, justamente a mi parecer. Es un reflejo de algo que he visto en los libros, aunque tal vez sea sólo algo personal. Y es que Harry no la ve como una chica y Ron, cuando al fin se da cuenta de que sí lo es, cree que es el único que lo nota T.T en fin.

En el siguiente capítulo vendrá lo que muchas estabáis esperando, no diré más.

Pasando a otras cosas, en plena fase de depresión de Dormiens, escribí otro fic sobre algo completamente diferente, lo cual me ha venido muy bien. Es un fic pequeño, un Katie Bell x Oliver Wood, sencillo y sin pretensiones, sólo algo que me apeteció escribir. Por si alguien le interesa, que lo busque en mi profile. Se llama "En sus Nubes". Gracias a todas las que ya lo leyeron :)

Por otro lado, como ya sabéis que me gusta recomendaros fics que me han gustado mucho, hoy os hago la recomendación de una autora más que de un fic. Se llama y escribe sobre la época de los Merodeadores. Sólo tiene tres fics cortitos sobre estos -incluyendo uno muy bueno sobre Peter Pettigrew, que me ha encantado aunque no me gusta nada el personaje- así que os invito a que os paséis por su profile y le déis una oportunidad. Sweet -Avada Kedavra Black- es su beta ;) y la verdad es que escribe de maravilla. Aquí os dejo el link a su profile, quitadle los espacios para verlo: http /www .fanfiction u /1275015 /MMago

Chepita un O.C. es una Original Character, es decir, un personaje original creado por el autor :)

Por cierto, Lyann o aquellas en la misma situación, no tengo ningún problema en que guardéis mis historias en el word para uso personal :) . Tampoco en que pongáis links a ellas ni nada por el estilo. Mis únicos problemas son con las publicaciones no autorizada y los plagios ;)

Ah! No sé porque extraña razón pero cada vez que ponéis el signo contrario de "menor que", se corta el review.No lo entiendo, pero así muchas veces se quedan medias :( Tampoco se ven los links ni los correos que me dejáis porque fanfiction los borra automáticamente. Si queréis dejarme algo de eso, intercalad espacios ;)

Ahora, como siempre, daros las gracias. Gracias por leerme y apoyarme :)

Mis agradecimientos especiales para quienes dejaron review en el anterior:

Itsa;), Marceps, Arsami, Annie.1318, damari, lxlgiselalx, Pecosa Granger, Angelix ;), danymeriqui, Sweet ;), chepita1990, PigMy, Maki Nirnaeth, Vhea, galletaa, Amarissima, kMi, .Riku, pekelittrell, Andrux, clover potter, princesaartemisa, Mcflygirl89, Sombrita, Xgirl1, fransheska, , Kapu Way, Sig;), unkatahe, Rominitap Moon, Consuel, El Collar de Perlas, NiTa, Lara evans, Siara-Love, nazath, Esme Black, Lyann Jade, Lna, Sweet Nini, Selegna, OrdendelFénix, alicia, Klass2008, tifanny, PauMalfoy, , coquita, oromalfoy, Nasirid, Shofi-black, Emily Dumbledore, Erica, .o0o, Pansy Greengrass, lokaegipcia, Saku Malfoy Black, naru, Edoras, andre, maria, mariapotter2002, Duciell, NarA, JulesRichards, , , .o0, Tanaril, Baddy, waterflai, gala zoel, ana88, kastillito, marujamlfoy, , Naty, Zephyrpotter, Shiharu Tendo, Hermionecita, Sakurita555 y chirality

MUCHAS GRACIAS POR TODO!

Con mucho cariño, Dry!

Pd: Click "Go" para que Malfoy (o X) te abra la puerta y la cierre una vez hayas entrado -mujajaja-