1) Este capítulo va dedicado a mi montoncito xD –ataque montón!-, a Esmeralda, Nataly, Sombrita, Pigmy y Arilyn por animarme y apoyarme en lo que ya saben :) Y para Holofernes, si alguna vez ves esto, para agradecerte la comprensión :)
2) Recomendación musical: I want to save you - Something Corporate
3) Advertencia: Lemmon. Este capítulo contiene limones, naranjas y peras xp. Quedáis avisado/as. A quienes no les guste o les aburra, pueden leer directamente los diálogos y saltarse el resto :)
Capítulo 33: Guerra y paz (Editado)
Draco salió del baño y se pasó una mano por el pelo húmedo para apartárselo de la cara. Acababa de ducharse. Cuando la resaca le había permitido darse cuenta de que apestaba y de que su habitación parecía una leonera, había decidido darse una tregua y una larga ducha. El dolor de cabeza se había aligerado un poco pero aún se sentía algo débil. Era normal considerando que llevaba días sin probar nada más que alcohol.
Se frotó los ojos enrojecidos y bostezó. No había dormido en toda la noche, ocupado en lograr que Granger tampoco lo hiciera. Sonrió de lado mientras se alisaba la refinada camisa que acaba de ponerse, pensando en todos los insultos que Hermione le había gritado a través de la pared. Se miró los pies descalzos –no se había llevado calcetines ni zapatos al baño –y sonrió con frialdad.
Que se jodiera.
Entonces alzó la vista y la vio aparecer el fondo del pasillo. Tenía lágrimas en los ojos y su manera de caminar unida a su gesto arisco decían a las claras que estaba a furiosa. A juzgar por la mirada asesina que le lanzó al descubrirle al fondo del pasillo, Draco supo que tenía todas las papeletas para cargársela.
Y eso que él no había hecho nada. Bueno, sería más correcto decir que no le había hecho nada desde hacía unas horas. Pero no podía estar tan furiosa por eso todavía.
Hermione se acercó a zancadas hasta Malfoy, enfadada por extensión con él. ¿Cómo podía pasarse tres días sin comer, prácticamente sin dormir y tragando alcohol como si de un colador se tratara y seguir teniendo buen aspecto? A excepción de los ojos enrojecidos, las profundas ojeras y la palidez de su rostro seguía siendo el mismo. El mismo cabrón de siempre.
—¿Y tú qué? —le espetó de bocajarro al llegar a él.
—¿Se puede saber qué demonios te pasa? —preguntó Draco con desgana. Estaba de resaca y hambriento, lo último que le apetecía era que Hermione se pusiera a soltarle un sermón o algo por el estilo.
—¿Al final has decidido dejar de emborracharte y romper botellas contra las paredes, Malfoy? ¿O es que se te ha acabado el alcohol? Quedan un par más de botellas en la despensa. Cuando termines con ellas tal vez podrías poner frutas al sol para conseguir más alcohol, ¿no te parece? Y así podrás pasarte meses borracho en lugar de afrontar tus problemas.
—Si estás en tus días no es mi problema —repuso él desdeñosamente. Su puñetero dolor de cabeza había regresado ante los gritos de la chica.
—¡No estoy en mis días!
—¿Entonces qué coño te pasa? —le gruñó, pero pronto se arrepintió y se encogió de hombros— No, déjalo, en realidad no quiero saberlo, sólo quiero que dejes de gritar de una jodida vez — Draco se tapó los oídos. Cada vez que ella chillaba sentía como si le estuviera taladrando la cabeza.
—¿Que qué coño me pasa? ¡Qué coño te pasa a ti! ¡Todos los tíos sois iguales!
—Oye, Granger, no sé de qué va esto pero no me interesa —dijo mientras pasaba de largo junto a ella. Era verdad. En ese momento lo único que le interesaba era tirarse en la cama con una botella de whisky de fuego que le curara la incipiente resaca —Apúntalo en un papel y enséñaselo a Krum. O mejor, leséelo, dudo que él sepa hacerlo —soltó por encima de su hombro, sin dejar de caminar hacia su cuarto.
—¡Deja en paz a Viktor de una vez, Malfoy! ¡Él es el único chico que merece la pena! —le gritó Hermione, girándose para chillarle a su espalda. ¿Cómo se atrevía a largarse así el muy desconsiderado? Ella necesitaba gritarle a alguien y era la única persona que había en la casa.
Draco sabía que era mejor ignorarla, encerrarse en su habitación y agarrarse una buena borrachera de nuevo. Pero no podía largarse y dejar las cosas así. Era superior a sus fuerzas. La sola mención de Krum hacía que la piel le ardiera y el corazón se le acelerara de pura rabia. Merlín, cuando pillara ese tío iba a abrirle la cabeza contra la pared más cercana. Total, no creía que se notara la diferencia si le hacían una lobotomía o le dañaba una parte del cerebro.
—Si él único que para ti vale la pena es retrasado y tiene los brazos más largos que las piernas, no quiero valer la pena —repuso con superioridad y antes de que Hermione abriera la boca, posiblemente para insultarle o decirle que los brazos de Krum eran normales aunque pudiera rascarse los tobillos sin necesidad de agacharse, decidió seguir atacando —No obstante, ¿qué me dices de Potty y Weasel? ¿Ellos no cuentan? ¿Es que ya han salido del armario?
—No me hables de ellos —respondió Hermione, enfadada.
Así que ahí estaba el problema, pensó Draco. Hermione se había peleado con sus dos queridos amigos.
—Vaya, ¿qué te han hecho esos dos esta vez? ¿Ordenarte que no subas ni bajes escaleras hasta que ellos no estén cerca para protegerte de posibles caídas? —se burló.
—Mejor aún —escupió con amargura —Me han dejado muy claro que soy tan del montón, tan indeseable y horrible que sólo encuentran creíble que pueda fijarse en mi un hombre chiflado que llama a las chicas potrancas y posiblemente críe cabras. Cualquier otra persona sobre la faz de la tierra sólo se acercaría a mí para conseguir algo, por supuesto. Algo de ellos a poder ser. Porque yo sólo soy la empollona asexuada que van con los dos genios del quidditch.
—No eres asexuada —murmuró Draco mirándola intensamente. Una parte de él encontraba ridícula la situación. Ella no era nada indeseable, por Merlín. De hecho, él la encontraba muy deseable. Más de lo considerado bueno para la salud –Y yo no tengo cabras.
—Lo dices porque estás borracho —desechó ella, sin darle la más mínima importancia a sus palabras —y en dos meses las únicas personas del sexo opuesto que has visto somos tu prima, tu madre y yo. Aunque tuviera bigote y una única ceja empezarías a considerarme por ser la única chica que tienes cerca. De hecho, tuviste la mejor oportunidad del mundo cuando estaba borracha y al final te echaste atrás. Dijiste que era porque querías que lo recordara, pero yo creo que es porque en el último momento te diste cuenta de que estabas besando a la horrible e informe de Hermione Granger y...
—No tienes ni puta idea de lo que hablas, Granger —siseó él con un brillo peligroso en los ojos. Definitivamente, se había vuelto loca. Estaba jugando con fuego, provocándole demasiado, mucho más allá de la prudencia —Te dije que no me provocaras o...
—¿O qué? Está claro por qué te fuiste aquel día. Al Draco Malfoy que yo conozco le hubiera importado un pimiento que una conquista potencial recordara todo al día siguiente —Hermione pronunció en palabras lo que su orgullo se había atrevido a cuando bajó la guardia.
Draco se quedó callado durante unos segundos. Mudo de sorpresa. Definitivamente, Hermione Granger había perdido la cabeza.
—¿Crees que no me apetecería que lo hiciéramos sobre la alfombra ahora mismo? —preguntó con un tono crudo y descarnado —Si me fui aquella vez fue porque no quería aprovecharme de ti, joder.
—¿Es que ahora tienes conciencia? —se burló Hermione. Estaba demasiado furiosa, demasiado dolida para ser racional o darse cuenta de que se estaba metiendo el la boca del lobo, y haciéndole cosquillas en la lengua para más inri —¿Sabes? Eras más divertido cuando no la tenías.
—Maldita sea, Granger, tú lo has querido.
Hermione soltó un gemido de sorpresa cuando Draco la empujó contra la pared y la aplastó contra su cuerpo en un movimiento rudo pero fluido. No tuvo tiempo ni de coger aire antes de que él apresara su boca con la de él y le mordiera los labios con habilidad hasta que Hermione los separó. Entonces adentró la lengua en su boca y se apretó aún más contra ella hasta que le aplastó dolorosamente los senos con su pecho y sus dientes entrechocaron. Sus manos parecían cerrarse como garras, palpando y hundiendo sus yemas por todo su cuerpo hasta casi hacerle daño.
Pero a Hermione no le importaba. En ese momento lo necesitaba, necesitaba que la estrujara, apretara y tocara hasta hacerla sentir viva, mujer, deseable. En su boca, en sus labios, en su lengua, había deseo. Un deseo fiero, tórrido e incontenible.
La sangre le ardía en las venas y su piel se calentaba bajo la presión de las manos de Malfoy por su cuerpo. Su respiración era agitada en los breves instantes en los que se atrevía a tomar aire, y su corazón latía con fuerza en pleno pecho. La cabeza le daba vueltas. Vueltas de placer por cada caricia de lengua, por cada roce de sus labios, por cada apretón de sus dedos.
Y si él era apasionado, ella no se quedaba atrás. Se sentía salvaje, temeraria y libre. Estaba desatada, viva. Ya no había barreras, ni pudores, ni moral. Sólo algo primitivo, instintivo que la llevaba a responderle con la misma avidez con la que él la tocaba. Parecían hambrientos, alimentándose desesperadamente el uno del otro.
Hermione no opuso ningún tipo de resistencia y le rodeó la cintura con las piernas cuando él le puso las manos en el trasero para alzarla. Se estrecharon, sin interrumpir el beso, con los labios encadenados y los cuerpos unidos.
Draco comenzó a dar pasos de ciego con ella aferrada a él hasta que se chocó contra una puerta. Ni siquiera sabía de qué habitación era pero tampoco le importaba demasiado. A tientas, la abrió con una mano, subiendo una rodilla para ofrecerle un nuevo apoyo a Hermione al privarla de uno de sus brazos.
Empujó la puerta con un pie mientras volvía a sujetar a la chica con ambas manos y entró de espaldas a la habitación. Ella no le ayudó demasiado a orientarse, acoplada a su cuerpo y a su boca como si fueran dos piezas de un puzzle que encajaban a la perfección.
Draco dio un par de pasos antes de golpearse las rodillas con el borde una cama. Hermione ahogó su quejido de dolor y redobló la intensidad del beso, haciéndole olvidar por completo algo tan banal como haberse partido las rotulas.
Se dejó caer de espaldas a la cama, con ella sobre él, sumidos, ahogados, en un beso interminablemente caliente y carnal. Hermione se sentía febril y poseída por un ánimo insaciable. Estaba tan plácidamente mareada que apenas se dio cuenta cuando él giró con ella en lo alto para quedar encima y continuar besándola a placer.
Draco estaba a punto de perder la cabeza, cegado por la niebla oscura del deseo, pero un antiguo vestigio de su razón aún se mantenía a flote, aferrado al último tablón de cordura. Y sólo de él sacó las fuerzas suficientes para apartarse de la boca de Hermione.
Aunque debería ser al revés, en cuanto dejó sus labios, Draco sintió que se quedaba sin aire. Por un momento olvidó todo aquello que iba a decir, poseído por la necesidad de volver a besarla, pero su razón le echó un cable, convirtiéndose en palabras.
—Si vas a echarte atrás y dejarme a medias, Granger, hazlo ahora —su voz sonó como un graznido cargado de amenaza y algo que podría ser tomado por súplica.
Como respuesta, Hermione se incorporó un poco para acceder a la línea de su mandíbula y morderla con osadía. Draco gimió y se tensó por completo, y ella se sintió infinitamente poderosa. No sabía desde cuando quería morderle ahí, sólo sabía que había sido enormemente placentero.
Draco, rendido, toda consideración olvidada, estrujó su caderas entre sus manos y se apartó de su boca, evitando sus juguetones mordiscos para rendir cuenta a su cuello. La besó en el hueco oculto tras sus orejas y deslizó sus labios húmedos por la curva de su cuello hasta morderla en ese punto en el que se unía con su hombro.
Hermione sintió cómo la piel de esa zona se calentaba como si le hubieran derramado agua hirviendo por encima y contrajo el vientre, en una sacudida de deseo. Alargó las manos hacía él y tiró de la tela de su camisa como si quisiera romperla.
Quería... quería algo. Ya.
Draco sintió su apremio y sonrió contra su cuello. Al contrario que Hermione, él no tenía ninguna prisa. Quería ir tan despacio como le fuera posible, hasta que ella se retorciera de necesidad. Iba a descubrir que se podía llorar de placer.
Despacio, muy despacio —lo que Hermione hubiera descrito como una eternidad inacabable –Draco sembró besos por todo su torso, imprimiendo su calor en una línea descendente a través de la tela de su camiseta. Cuando llegó hasta su vientre, al último borde de la tela y aplicó sus labios allí, Hermione se arqueó sobre el colchón para acercarse más a su boca.
Esta vez, Draco no sonrió. Estaba demasiado tenso para hacerlo. En lugar de eso, comenzó a retirar la prenda, descubriendo el abdomen de Hermione, amontonando la tela en pliegues arrugados bajo su pecho. Tenía ante él la llanura de su abdomen, el pequeño hueco del ombligo, el discreto lunar que lo adornaba. Draco pasó los labios, la lengua y los dientes por la tersa superficie, deleitándose al sentirla contraerse involuntariamente de placer. Delineó con ambas manos el perfil de su cintura y llegó hasta sus caderas. Con dedos hábiles, desabrochó los botones de sus vaqueros y los retiró un poco, descubriendo la parte de abajo de una ropa interior de color rosa pálido.
De un tirón seco, bajó los vaqueros hasta las rodillas de la chica y apartándose un poco, se deshizo de sus deportivas y los calcetines. Hermione se encargó de liberarse el resto de sus vaqueros dando patatas en el aire hasta que éstos cayeron sobre el suelo con un sonido sordo.
Draco pasó entonces ambas manos por sus piernas, posesivamente. Las deslizó desde la parte posterior de los muslos, hacia el hueco de detrás de sus rodillas y bajó hasta sus tobillos. Hermione se estremeció y comenzó a retorcerse sobre el colchón cuando los dedos de Draco comenzaron a deslizarse con suavidad por la cara interna de sus muslos.
No pudiendo soportarlo más, se aferró a la camisa de Draco y tiró de él para acercarlo a ella. Quería tocarlo y sentirlo contra ella. Probó a deshacerse de los primeros botones de su camisa, pero estaba tan entorpecida por el deseo, que apenas consiguió desabrochar un par. Draco le tomó las manos, se las llevó a la boca y mordió las yemas de sus dedos, acariciando la cúspide de sus almohadillas con la lengua hasta que Hermione olvidó todo aquello que había pensado hacer, limitándose a simplemente, morir de placer. Cuando Draco al fin soltó sus manos, Hermione se sentía completamente mareada, así que no interfirió mientras él se soltaba los primeros botones. Pero esa tregua sólo duro unos segundos, porque la joven agarró la camisa de negra de Draco y tiró de ella hacia arriba, impidiéndole seguir desabrochándola. Draco se apiadó de ella –aunque en realidad tampoco tenía gana ninguna de oponerse –alzó los brazos para facilitar que Hermione se la quitara. Se la sacó por la cabeza y la envió lejos, condenándola a quedar olvidada en algún rincón de la habitación.
Después se pegó inmediatamente a ella para volver a besarla y Hermione se dio el placer de dejar vagar sus manos por la espalda de él. No era especialmente musculoso pero tenía los hombros anchos y la espalda agradablemente torneada. Hermione podía sentir las depresiones y elevaciones de sus músculos, la tensión en sus omoplatos, la suavidad de su piel bajo las yemas de sus dedos. Sintió un vergonzoso placer al hundir en él sus cortas uñas, enviando descargas enloquecedoras al sur del cuerpo de Draco.
Él quería ir despacio pero tenía sangre en las venas. Hermione no se lo estaba poniendo nada fácil. Tenía que pelearse cada cinco segundos con el impulso de apartar rápidamente cualquier barrera y hundirse en ella, pero como le había dicho una vez, quería que recordara siempre cómo él le había hecho el amor.
Sin más dilación, se apartó de ella para retirarle la camiseta arrugada. Hermione estiró los brazos y elevó la cabeza de inmediato para que él lo tuviera más fácil, hasta que se quedó sólo cubierta por su conjunto de ropa interior. Draco sufrió un duro golpe en su aguante al ver el modo en que ese inocente sujetador de color rosa pálido cubría y realzaba los montículos de sus senos. Hundió su boca en sus curvas, besando, rozando, lamiendo la piel que descubría la prenda.
Hermione gimió y le hundió las uñas en la espalda de forma refleja, acercando más sus cuerpos. Draco paseó la lengua por debajo del límite superior del sostén, descubriendo territorios ocultos y una piel increíblemente más suave y tersa.
Con sus dedos, bajó las tiras del mismo, deslizándolas por las curvas de sus hombros, acariciando cada pedazo de piel con la cuenca de sus manos.
Hermione se aferró a él y apretó la boca contra su hombro desnudo cuando él la elevó un poco para desabrocharle certeramente la prenda. Después volvió a recostarla y le retiró la prenda en cuanto Hermione le soltó, revelando al fin sus senos. Apartó la prenda y procedió a rendirles reverencia besando, succionando, presionando y humedeciendo cada pedazo de piel. Desde la cúspide hasta el final de las faldas, ahondando el pliegue de piel donde los senos se unían con el abdomen.
El momentáneo pudor de Hermione cuando sintió sus ojos grises sobre ella, quedó ahogado por una oleada de placer que lo recogió en la orilla y lo arrastró hacia sus profundidades. Alguna recóndita parte de ella pensó que eso debía de estar prohibido, antes de volatilizarse y desaparecer como humo llevado por el viento.
Creía que ya no podía soportarlo más. Hervía de impaciencia, de necesidad por algo a lo que no era capaz de poner nombre –y dudaba que esa sensación lo tuviera –sólo sabía que él podía terminar con eso. Trató de liberarse a modo de protesta pero cuando vio el brillo de malicia en sus ojos oscurecidos, Hermione decidió que debía hacer algo más. Poniéndole una mano en el hombro, lo empujó y se lanzó sobre él, para quedar encima. Reprimió un resoplido de triunfo y se inclinó sobre su pecho, para sondearlo con los labios y las manos. Las finas cicatrices estaban allí. Dos en horizontal, una diagonal, formando algo similar al signo matemático de "distinto a" en carne tierna y más clara.
De algún modo podría decirse que estaba marcado por su culpa y Hermione intentó resarcirlo cubriendo las marcas de besos. No lo hacía mal a juzgar por el modo en que él se tensaba, contenía la respiración y le apretaba las caderas con sus manos, pidiéndole más.
Draco sólo pudo aguantarlo cerca de un minuto. Él lo había intentando, pero si ella no se paraba quieta, no podría soportarlo un segundo más. Las manos de Hermione erraron por su abdomen hasta llegar al primer botón de sus pantalones. Le miró a los ojos, tanto los suyos como los de ella velados por el deseo y por un momento fue consciente de lo que estaba haciendo.
Draco percibió su titubeo, su repentina vergüenza, su miedo ante lo que estaba por llegar y le acarició el rostro con cariño, antes de acercarla a su boca y besarla. Y ese beso, fue completamente diferente a todos los que ante le había dado. Él no le exigía, no la presionaba, no la aguijoneaba hasta volverla loca. Sólo la acariciaba.
Con una desidia, con una tranquilidad pasmosa. Como si no hubiera prisa, como si no estuviera apunto de estallar de deseo. No quería urgirla, no le pedía nada. Sólo se ofrecía para que ella tomara lo que creyera conveniente. Y entonces, todas las dudas de Hermione desaparecieron.
Le estrechó con fuerza y apretó los labios contra los de él, profundizando el beso. Haciéndole saber que estaba preparada. Draco giró y con cuidado de no aplastarla, quedó de nuevo sobre ella. Se tomó todo el tiempo del mundo para besarla y acariciarla aquí allá hasta que Hermione volvió a estar enloquecida de placer, clavándole las uñas en la espalda.
Sus ojos parecían miel derretida, lava líquida y Draco supo que ya era él momento. Se apartó el tiempo justo para liberarse de sus últimas prendas y volvió a besarla largamente antes de retirarle su última protección de tela. Ambos quedaron completamente desnudos, entrelazados entre el lío de sábanas que era su cama.
La besó, mordió sus labios, su barbilla y sus hombros mientras acariciaba el interior de sus muslos con una mano, despertando un cosquilleo ardiente en su piel sensible. Hermione se estremecía cada vez que él la apretaba provocativamente con sus dientes, cada vez que sus dedos caían entre sus muslos como si acariciaran los pétalos de una flor. Se sentía impaciente, frustrada y a la vez deliciosamente bien.
Él le separó las piernas con suavidad y la miró a los ojos. Como toda respuesta a su muda pregunta, Hermione apartó un mechón rubio platino de sus ojos y se lo peinó hacia atrás.
Y entonces se hundió en ella. Apretó los dientes, tenso, y cerró los ojos con culpabilidad sabiendo lo que vendría. Empujó con más fuerza y acabó de adentrarse en ella arrancándole un suave gemido que Hermione acalló apretando la boca contra su hombro.
Draco se detuvo, completamente rígido, sintiéndola tensa y dolorida bajo él, en torno a él. Los segundos parecieron eternos y sólo cuando ella se aflojó un poco y comenzó a besarle por el cuello, mientras le acariciaba la espalda con las manos, Draco se relajó lo suficiente para volver a respirar.
Tardó unos instantes en ser capaz de volver a moverse, se sentía mal por haberla dañado, pero los suaves besos que adornaban su cuello, la presión juguetona de los labios de Hermione su piel, la caricia de sus manos en la espalda, volvieron a incendiarlo. Se retiró un poco y entró en ella de nuevo con toda la suavidad de que fue capaz.
Fue tremendamente suave, Hermione no hubiera podido describirlo de otra manera. Jamás hubiera imaginado que alguien como él pudiera pasar de una pasión casi violenta a algo tan delicado, tan tierno, que hacía que los ojos casi se le llenaran de lágrimas.
Poco a poco, el dolor cedió y peleó con el placer en cada embestida, hasta que terminó por desaparecer. Rodeó con sus brazos el cuello de Draco, hundió el rostro en él y dejó que la llevara a cumbres inexploradas de sentimientos y placer.
Estrellas. Veía estrellas a pesar de tener los párpados fuertemente apretados, tal vez en un intento inconsciente de controlar las sensaciones que la sacudían. Escuchó algún gemido y la respiración agitada de él como si fueran muy lejanos. El oído parecía debilitado, la vista le fallaba pero el tacto, oh, el tacto, lo sentía, en cada centímetro de su piel que estaba en contacto con él. Y el olfato. Allí, con la nariz hundida en la curva de su cuello, podía inhalar su aroma a Seducción a placer.
Por unos instantes, deseó quedarse así toda la vida, enlazada a él, ahogados en la caricia más íntima. Después dejó de desear, de pensar, de ser. Sólo sentía.
Sentía un cosquilleo manando de las puntas de sus dedos, de cada rincón de su cuerpo y fluyendo hacia la parte baja de su vientre, como si toda la energía de su cuerpo se concentrara allí. Cada vez que él la llenaba, la energía temblaba, se concentraba aún más y palpitaba hasta que al final explotó y se desbordó, como lava caliente, llegando a cada rincón de su cuerpo.
Gritó y se estremeció en un temblor incontenible aunque ni siquiera era consciente de ello. Draco la estrechó como si quisiera absorber cada vibración de su cuerpo, cada respiración y cuando ella se quedó quieta y laxa entre sus brazos, la siguió al éxtasis con un gemido ahogado en sus labios.
Después hundió el rostro en el cuello de Hermione y así permanecieron, quietos y enlazados por unos largos minutos.
Draco era feliz, no se le ocurría otra palabra para definir su estado de ánimo. Considerarse un tipo con suerte le parecía quedarse corto. Ya no tenía resaca, ni hambre, ni se sentía débil. Había descubierto un remedio para la resaca mucho mejor que volver a emborracharse: ella.
Joder, estar así, pegado a ella, pudiendo tocarla libremente, era el paraíso. Aunque la vida le fuera en ello, no se habría movido. Sinceramente, no habría podido. Estaba demasiado a gusto, demasiado saciado, demasiado cómodo como para que algo tan insignificante como que los mismísimos mortífagos aparecieran en el piso de abajo llamara su atención.
Hermione, por su parte, volvía poco a poco en sí, como si en algún momento su mente hubiera abandonado su cuerpo para hacer un largo viaje. Volvía a recuperar la memoria, la cordura y la razón enredada al cuerpo de Malfoy había perdido. Pero ahora la realidad la golpeaba de bruces.
Se sentía a la vez completa, colmada y extraña, rara. Tenía una vaga sensación de pérdida pero su cuerpo, a pesar de estar dolorido se sentía relajado, increíblemente relajado. Como si le hubiera dado una sobredosis de encantamientos relajantes o alguna droga.
Se sentía cómoda y cálida enlazada al cuerpo de él. Pero también se sentía culpable.
Culpable porque se daba cuenta de que acababa de hacer el amor con Draco Malfoy y no se arrepentía. Se había vuelto loca, porque Merlín la ayudara pero lo que sentía por él era serio. De lo contrario no podría sentirse tan mortificada y a la vez negarse a apartarse de él, ni siquiera un poco.
Pero Harry y Ron la matarían si se enteraran. Cualquiera, hasta Kreacher, querría matarla. Había perdido el norte. Draco Malfoy, el mismo que la aplastaba con el peso de su cuerpo, desnudo entre las sábanas, y ella.
Intentó decirse que la había hechizado o que un súcubo la había poseído. Que las llamas verdes de la chimenea despedían gas tóxico, que la había drogado o que se le había colado alguna seta alucinógena en la comida. Pero todas eran excusas.
Se sentía partida en dos, completamente extraña. Como si algo en su interior se hubiera desajustado. Su cuerpo y su mente iban por libre.
Cuando sintió la humedad de las lágrimas en sus ojos, un nuevo sentimiento se añadió a su particular caos interior: patetismo. Se sentía ridícula por tener ganas de llorar y ni siquiera saber por qué. Debía de ser la única persona del universo que lloraba después de haber hecho lo que habían hecho y haberlo disfrutado.
Apretó los párpados con fuerza para tratar de contenerse, pero no pudo hacer nada por evitar las convulsiones de su pecho. Draco la sintió temblar y pensó que debía de estar aplastándola, así que recurriendo a sus últimas fuerzas después de tres días de borrachera, inanición y un orgasmo, se apartó y se dejó caer boca arriba a su lado.
Durante unos segundos se quedó totalmente abstraído, mirando al techo, sumido en una especie de ensimismamiento placentero en el que no pensaba en absolutamente nada. Pero entonces, por el rabillo del ojo, la vio temblar de nuevo y se sintió intrigado. La miró con más atención y se dio cuenta de que tenía los párpados apretados y las pestañas húmedas. Arrugaba los labios y la frente en un gesto mudo.
¿Estaba... llorando? Cuando vio una lágrima escapándose entre los sus pestañas, Draco sintió una sensación extraña y completamente desagradable. Como si alguien le hubiera sacado del paraíso a palos por haber hecho algo tremendamente malo.
Sinceramente, ninguna chica se había puesto a llorar después de que se acostaran así que no sabía como comportarse. Había oído después de la primera vez se producía un cierto desajuste hormonal que provocaba que algunas chicas lloraran, pero siempre lo había considerado una soberana gilipollez y solía burlarse de ello diciendo que el chico en cuestión debía de ser un auténtico desastre.
Pero ese no era su caso. Ella había disfrutado, las marcas de su espalda lo atestiguaban.
¿Entonces qué demonios le pasaba? Tal vez la había lastimado demasiado. Sólo sabía que no soportaba verla así, pero tampoco se atrevía a tocarla. No resistiendo más la situación, se giró hacia ella, quedando de lado, y la miró directamente, con angustia oculta en sus ojos de hielo.
—¿Te he...lastimado mucho? — preguntó y su voz sonó increíblemente áspera.
—No, Malfoy — respondió ella al cabo, limpiándose las lágrimas del rostro con rapidez. Merlín, deseaba desaparecer, esfumarse, ser un caso de combustión espontánea. No quería que él la viera llorar, se sentía avergonzada y estúpida. Posiblemente lo era. Buscó a tientas las sábanas y se cubrió con ellas hasta la barbilla, como si pudieran protegerla de la realidad.
—Creo que es hora de que me llames Draco — repuso él, lentamente. Trataba con todas sus fuerzas de mantener la calma y no sentirse herido por el hecho de que ella se cubriera, se apartara disimuladamente de él y no se atreviera a mirarle a la cara. La verdad es que no era muy halagador para su orgullo que alguien a quien acababa de hacerle el amor se echara a llorar. Nada halagador.
—Está bien —murmuró ella girando el rostro para que él no pudiera mirarla a los ojos. Pero eso no impidió que Draco viera una lágrima deslizarse desde el ojo hasta una de sus pequeñas orejas.
Ese gesto hizo que Draco renunciara a sus últimos resquicios de paciencia.
—¿Entonces qué cojones te pasa?
—No lo sé — murmuró ella, encogiéndose sobre sí misma, arrebujada bajo las sábanas como una niña pequeña a la que la situación le venía grande.
Pero Draco no sintió ternura por ella. Sería más justo decir que sintió ganas de asfixiarla con la almohada. Nadie en su jodida vida había pisoteado su orgullo de una manera tan rápida y letal. Ella se arrepentía de lo que acababa de suceder, no había duda. Porque él no era suficiente para la perfecta y angelical Hermione Granger. Ella se merecía a un tipo como Krum, retrasado pero bueno. Demasiado estúpido para matar una mosca a propósito, demasiado hueco para tener maldad.
No como él. Un auténtico gilipollas, eso es lo que era.
Furioso, salió de la cama y recogió sus pantalones con un ademán brusco.
—Malfoy... ¿qué haces? —preguntó Hermione, sorprendida, percatándose de que él se estaba vistiendo.
Malfoy. Ni siquiera después de lo que habían hecho pensaba llamarse por su jodido nombre. Tiró del pantalón con rabia para subírselo y decidió que estaba demasiado enfadado para buscar su camisa o algo más. Sólo quería largarse de ahí. Poner distancia entre él y esa mosquita muerta sólo en apariencia que le había hecho más daño que ninguna otra chica.
—Malfoy, ¿a dónde vas? — insistió ella con un matiz de angustia en la voz al verle dirigirse decidido hacia la puerta. Se iba a marchar, la iba a dejar sola. Y aunque en ese momento no entendía su cuerpo, su corazón, ni nada que tuviera que ver con ella misma, sabía que no quería que él se fuera.
Draco tomó la manilla de la puerta y la abrió con gesto seco y las mandíbulas apretadas.
—Draco... —lo llamó ella con cierto temblor en la voz. Draco se detuvo con el brazo en tensión, a punto de abrir la puerta. Lo tenía bastante fácil para irse, sólo tenía que dar un tirón y un paso fuera y ya estaría en el pasillo. Pero no podía moverse, no podía —por favor... no te vayas.
Draco se tensó por completo frente a la puerta y apoyó su peso en la mano que sostenía la perilla. Bajó el rostro, peleando consigo mismo y el flequillo le cubrió los ojos grises.
Le estaba utilizando, lo sabía. Una parte de él, mayoritariamente dominada por su orgullo –algo a tener en cuenta –se resistía, se rebelaba contra esa idea. Se suponía que era él el que utilizaba a la gente, no la gente la que le utilizaba a él. No podía acostarse con él, echarse a llorar y después pedirle que se quedara y realmente pensar que lo haría.
Pero otra parte de él –una parte que comenzaba a odiar –gritaba un fuerte y alegre "¿y qué?" en su interior. A esa parte le traía sin cuidado que ella quisiera utilizarle o no, sólo le importaba que lo quisiera a su lado.
Ambas partes pelearon en silencio con fiereza, aunque desde el principio Draco sabía cual iba a ganar. Con cierta resignación entremezclada con fastidio, empujó la puerta para cerrarla por completo y soltó la perilla. Despacio, se giró hacia Hermione, que se había incorporado en la cama, rodeándose las rodillas con los brazos, bien envuelta en la sábana. Estaba completamente despeinada, ruborizada y sus ojos brillaban por las lágrimas y tal vez algo más. Preciosa.
Su orgullo se retiró del rin, totalmente vapuleado, sabiendo que ya no había más asaltos en esa batalla. No después de mirarla a los ojos y ver el caos que había en ellos, cargado de tristeza.
Despacio, regresó junto a la cama desecha y la miró fijamente a los ojos.
—Me quedaré con una condición —expuso él.
—¿Cuál? —preguntó Hermione, confundida.
—Dame la sábana —le ordenó Draco tendiendo una mano para recibirla.
—¡No! —exclamó Hermione indignada y avergonzada, mientras se ocultaba aún más en ella.
—Es mi habitación, es mi cama y es mi sábana —dijo con contundencia. Hermione lo miró unos segundos preguntándose si era posible que estuviera tomándole el pelo, pero estaba tan serio que no le quedó duda de que no era así.
—Esto es ridículo —farfulló ella, y Draco alzó una de las comisuras de sus labios, en una sonrisa torcida al reconocer el principio de su rendición.
—Dame la sábana o me iré —su voz sonó implacable y Hermione le asesinó con la mirada antes de claudicar.
—Está bien —cedió ella completamente colorada y ofuscada. Con reticencia se quitó el escudo protector de tela y lo acercó a la mano de Draco.
Él cogió la sábana y la envió al fondo de la cama. Después se sentó sobre el colchón y apoyó la espalda contra al cabecero de madera labrada de la cama. Hermione lo miró unos instantes, sintiéndose curiosamente reconfortada y a la vez violenta. Pero cuando él palmeó la almohada para indicarle que se acercara, lo hizo presurosa. Se acomodó en el hueco entre sus piernas y apoyó el rostro en su pecho desnudo. Él la rodeó con sus brazos de inmediato, atrapándola. Pero ella no tenía ninguna intención de huir.
Alzó el rostro con timidez para mirarlo a los ojos y él inclinó el suyo para rozarle la boca con los labios en un segundo intenso y etéreo. No iba a pedirle nada más.
Ella volvió a refugiarse en su pecho y se quedó allí, acurrucada contra él, sintiéndose pequeña, protegida y especial. Y que Merlín la asistiera, porque escuchando los latidos del corazón de él contra su oído, Hermione se sintió embargada por algo increíblemente grande e indefinible, y comprendió que estaba completamente enamorada de Draco Lucius Malfoy.
Y sintió miedo, pero también paz. Una sorprendente paz.
Hola :)
Veamos, por esperar, espero un par de cosas. La primera es que nadie se haya muerto de aburrimiento y la segunda es que puestos a pedir os haya gustado y a nadie le haya subido repentinamente el azúcar xp Tenía que escribir esto y tenía que hacerlo en este momento de la relación de esos dos. Y para qué negarlo, he disfrutado escribiéndolo. Discusión - reconciliación xp - discusión - reconciliación y claudicación de Hermione. Ya ha se ha admitido que lo quiere -y lo suyo le ha costado-. Y creo que no hay mucho más que comentar del capítulo sin entrar en detalles sórdidos xp.
Sólo decir que en el siguiente aparecerá Krum y después ya nos meteremos más de llenos en horrocruxes, guerras y sospresas que tengo pensadas, a ver como salen :)
Y en respuesta a algunas dudas, sí, sabremos más de Harry y Ginny :) pero aún falta un poquito.
Diana, la idea de que Krum vaya a Londres a ver a Hermione es muy típica –y lógica considerando que Rowling dijo que aparecería en el séptimo libro, y dudo que se vaya a llevar a todos los personajes a verle a él. Si yo pretendo hacer una continuación, tomo sus pistas- y por las dudas, Holofernes no tiene problema en que la use. Si estás en esta ventana y por lo tanto viendo esto, estás leyendo Dormiens, no M&M. Gracias.
Que más... bueno, principalmente, agradeceros toda la comprensión recibido como mi bache creativo. Gracias a vosotras me siento más animada con respecto a Dormiens. Gracias, de verdad.
Y creo que nada más. Daros las gracias como siempre -aunque ya sea pesada -porque tengo mucha suerte de que me leáis.
Mis agradecimientos especiales para:
lxlgiselalxl, Vhea, Damari, Sweet Nini, Sweet-Montoncito, Kapu Way, unkatahe, Andrux, Amy-Montoncito, mariapotter2002, Diana, Sig :), Danita, naru, Itsa, pekelittrell, , annie.1318, umiko, Esmeralda :), El Collar de Perlas, Lyann Jade, NiTa, Monica, LuliLupin, LOREE, vangu, lara evans, Klass2008, Maki Nirnaeth :), Vicky Kou de Malfoy :), JulesRichards, Karinita1919, chepita1990, vero-malfoy, kastillito, Lna, Selegna, galletaa, tifanny, Xms Felton, Nedia, DuniXe, PigMy Twilight, Junneau Minnet, ana202love, kMi, NarA, Sombrita :), Jaz, Little Pandora :), Mcflygirl89, Rominitap Moon, Desi :), princesaartemisa, Emo-Dark xD, Bellatrix L Black, PauMalfoy, :), Factium, Arania, Adi Felton, Arsami, Little Innocence, lokaegipcia, Dysis, Veroli, Azuran-dark Angel, Taniz, fransheska, , Caty Granger, shofi-black, .Riku, Merian Li, Erica, dayis, Hermi -SsS, Amarissima, yanhira, Emily Dumbledore :) y magiky.
MUCHAS GRACIAS POR EL APOYO Y LA COMPRENSIÓN!
Con mucho cariño, Dry!
Pd: Click a "Go" para...¿hace falta que lo diga? xD
