o0o. Recomendación musical: I'm with you - Avril Lavigne

Nota: Por las dudas respecto al capítulo anterior –veo que me expliqué mal –lo de los mortífagos en el piso de abajo era algo que Draco pensaba hipotéticamente, por supuesto. No estaban ahí :)


Capítulo 34: De preguntas y lluvia (Editado)

Hermione abrió los ojos en medio de la oscuridad. Realmente, la habitación no estaba por completo a oscuras pero la luz grisácea del comienzo del amanecer apenas se filtraba por las cortinas.

Tardó unos segundos en darse cuenta de dónde estaba y con quién. En concreto, arrinconada en una esquina de la amplía cama de Malfoy, con él parcialmente encima, prácticamente impidiendo que se cayera gracias a su brazo rodeándola y a la pierna que había echado sobre las suyas.

En algún momento mientras él la abrazaba debía de haberse quedado dormida y después de algún modo habían acabado tumbados en la cama y con las mantas por la cintura.

Y aunque él la aplastaba un poco, Hermione descubrió que se sentía bien. Sí, le dolía todo el cuerpo –incluso zonas hasta entonces ignoradas –pero se sentía a gusto, cómoda y cálida, satisfecha por el sueño reparador después de haber pasado la noche anterior en vela por culpa de Draco.

Pero su mente también se había tomado un descanso y ahora volvía con renovadas fuerzas para torturarla. Se habían vuelto locos, no había otra explicación.

Ella no podía querer a Draco Malfoy y él no podía sentir lo que quiera que sintiera por Hermione Granger. Uno de los dos tenía que imponer algo de cordura y lógica en eso que tenían –fuera lo que fuera-. Le quería, pero la situación seguía siendo la misma: no podían estar juntos.

Por el bien de los dos, lo mejor sería que eso no se volviera a repetir. Por Merlín, el mundo mágico en guerra, la gente aterrorizada y ellos... se le enrojecían las mejillas sólo de pensarlo.

Debía salir de su cama cuanto antes e irse. Pero... era tan difícil. Como todo lo que tenía que ver con ellos, pensó. Siempre había creído que enamorarse debía de ser maravilloso y un motivo de felicidad. Pero no era tan sencillo casi nunca. Además, ¿cuánto tiempo podrían soportarse? Se habían peleado antes y después de hacer el amor. Las cosas entre ellos posiblemente siempre serían así.

Además, ese no era el único problema. Suponía que el hecho de que fuera un mortífago perseguido tanto por el Señor Oscuro como por el Ministerio era algo a tener en cuenta. Desde luego no era el tipo de persona que ningún padre querría para su hija.

Y había que sumarle el regreso de Harry y Ron. Ya estaban sobre la pista del horrocrux, poniéndose en el mejor de los casos pronto lo conseguirían y regresarían ilesos a Grimmauld Place. Se tensaba sólo de imaginarse a sus amigos, a Draco y a ella en la misma casa.

Si descubrían lo que habían hecho, posiblemente intentaran tirar a Draco por una ventana o algo por el estilo. Lo acusarían de haberla violado, hechizado o seducido. Y estarían seguros de que lo había hecho sólo para sacarle información porque en el fondo era un espía del Señor Oscuro como se habían olido desde el principio. Ya casi podía imaginarse sus palabras textuales.

A Hermione no le extrañaría demasiado que quisieran ponerlo en la puerta y echarlo fuera de una patada con ganas. Y por mucho que ella quisiera hacer, la casa era de Harry. No podía obligarle si no quería que Draco se quedara. Lo único que podría hacer sería irse con él.

Trató de cortar el curso de sus pensamientos antes de ponerse a dramatizar. Nada de eso había pasado aún, y si sabía lo que le convenía, no permitiría que ocurriera. Después de todo, Draco ya había conseguido lo que quería y ella más de lo que había esperado.

Se retiraría a un convento y en sus noches de soledad rumiaría el recuerdo de lo que habían hecho, negándose la posibilidad de volver a tener ese tipo de "contactos" con él. Sin duda eso sería lo más prudente, pero no podía escapar.

Tenía que quedarse en Grimmauld Place y...Viktor. Tenía que ver a Viktor.

Oh, Merlín, ¿cómo podría volver a mirarle después de eso? Estaba segura de que llevaría escrito lo que había hecho en mayúsculas y con colores chillones en la cara. Él se daría cuenta y... ella tendría que decirle algo. Se sentía en la obligación de informarle de sus nuevos sentimientos.

Lo apreciaba, le tenía cariño, pero ya sabía que no estaba enamorada de él. Sólo podía estarlo de una persona –o al menos con la intensidad con que ella lo sentía –y por más que le pesara, esa persona era Draco Malfoy.

Que no pudiera tener nada con él no significa que tuviera vía libre con Viktor, él ya no le interesaba de ese modo.

Decidió que debía salir de esa cama, escenario de su "pecado" cuanto antes, lo cual no era nada sencillo considerando que él estaba prácticamente sobre ella. Ya debía haberse imaginado que alguien como Draco Malfoy dormiría así siempre: tomando toda la cama y dejándola a ella acurrucada en un rincón.

Con cuidado, se liberó del brazo con él que él le rodeaba la cintura y logró escurrirse bajo su pierna sin caer sobre la alfombra. No quería despertarle ya que no sabría cómo reaccionar si él la cazaba en plena huída. Andando descalza y presurosa, recogió sus prendas desperdigadas y decidió que no iba a perder el tiempo poniéndoselas. Huiría cuanto antes.

Recogió todo lo que pudo y se acercó de puntillas a la puerta. La abrió, pero antes de salir no pudo resistirse a mirar a Draco, dormido. Parecía muy tranquilo, sereno, satisfecho. Dormía de lado, orientado hacía donde ella había estado y extendiendo el brazo sobre el hueco que había dejado.

Mirándole así, dormido, inocente, Hermione sintió una enorme oleada de cariño hacia él. Acto seguido, sus sensores de alarma se encendieron indicándole que estaba adentrándose de nuevo en zona peligrosa y decidió marcharse cuanto antes.

Salió al pasillo y cerró la puerta con sigilo.


Hermione se duchó, vistió y desayunó cuando aún no había acabado de salir el sol. Después se sentó en el Salón y trató de escuchar alguna noticia en la radio mágica.

Oyó con horror la noticia de que en una pequeña población escocesa cerca de Dunalastair, en la región de Perth and Kinross, media docena de niños habían sido mordidos por hombres lobos. Cuatro de ellos habían muerto, otro estaba ingresado en un estado crítico en San Mungo y el último, aunque no estaba herido de gravedad, había quedado infectado. A continuación incluían conmovedores testimonios de algunos de los habitantes de la aldea además de opiniones de figuras mágicas de importancia política sobre el asunto.

Mencionaban también que en la aldea se había convocado una manifestación al día siguiente para reclamar al Ministerio la detención y/o vigilancia de todos los hombres lobos. El Ministro aún no se había pronunciado pero la población, alarmada, reclamaba medidas inmediatas y drásticas.

La Señora Weasley se comunicó con Hermione antes del mediodía al oír la noticia.

—Es horrible —dijo la mujer, temblorosa —Los Davinson y los McGowan van a sacar a sus hijos de Hogwarts, y por lo que he oído no son los únicos. Ginny me ha dicho que han juntado las clases de las cuatro casas de cada curso porque cada vez son menos. La gente está asustada y quiere tener a los suyos en cerca. No les culpo... la verdad es que me encantaría tener a todos mis hijos aquí. Fred y George apenas paran en en La Madriguera, van a diario al Callejón Diagon para supervisar y ayudar en las reparaciones de las tiendas y eso que ni siquiera se sabe si se va a reabrir el mercado mágico. Bill está atareado en Gringotts, están redoblando las medidas de seguridad después de lo sucedido... y Charlie, estoy tratando de convencerle para que regrese aquí, aunque es posible que esté más seguro en Bulgaria. Y Ron y Harry por ahí...

—Están bien, ayer hablé con ellos —trató de tranquilizarla Hermione –—no creo que tarden mucho en regresar. La... misión va bien.

—Y Percy ...—Hermione vio cómo la Señora Weasley retorcía un pañuelo humedecido en las manos —No sé apenas nada de él. Arthur se lo cruza de vez en cuando por el Ministerio pero...

—Seguro que está bien, Señora Weasley...

—También estoy preocupada por Remus. Temo que lo sucedido a esos pobres muchachos tenga grandes repercusiones. La gente está muy asustada y tiene miedo por los suyos, y en esas situaciones uno se vuelve irracional y quiere que alguien pague por lo que sucede. Creo que el Ministerio querrá usar a los hombres lobos como cabeza de turco, para que la gente vea que hacen algo.

—Las leyes que contra los hombres lobos desaparecieron hace años, Señora Weasley, estoy convencida de que pronto la gente se calmará. Ahora está todo demasiado reciente...

—No lo sé, Scrimgeour parece un tipo implacable —discrepó Molly —Ojoloco anda inquieto. Ayer Arthur tuvo que ir a resolver otro pequeño altercado. Esta vez con buzones. Dice que la Orden tiene que volver a reunirse aunque Dumbledore no esté...

—Habrá que esperar a que Harry y Ron regresen antes de decidir nada.

—Sí, lo sé —murmuró Molly, arrugando el pañuelo distraídamente.

En ese instante, Hermione sintió el golpeteo del pico de un ave contra el cristal y sacó la cabeza de la chimenea para ver a una lechuza, revoloteando al otro lado de la ventana. Se despidió de la Señora Weasley se acercó casi temblando a la ventana, anticipando de quién era la carta que la lechuza llevaba atada a la pata.

En realidad, no había muchas posibilidades, sin contar con que la lechuza llevaba una anilla de platino en la pata con el sello de una lechucería mágica londinense bastante famosa. Le quitó la carta de la patita pero la lechuza no se movió, haciéndole saber que tenía orden de volver con una respuesta.

Cuando desplegó el rollo, descubrió la torpe caligrafía de Viktor.

"Hermione:

Estoy en Londres. Llegué está mañana. Me hospedo en el hotel Wizard Palace en St. James Street. Querría verte cuanto antes. Espero tu respuesta.

Atentamente, Viktor".

Si algo se podía decir de Viktor es que no era persona de muchas palabras y no se andaba con rodeos. Hermione se frotó el puente de la nariz tratando de poner un poco de orden en sus ideas. Sabía que tarde o temprano tendría que verle pero no había contado con que fuera precisamente ese día. Le hubieran venido bien unos cuantos más para asimilar la situación y pensar cómo afrontarla antes de eso. Pero tampoco tenía sentido retrasarlo más, por muy incomodo y difícil que fuera. No tenía nada inmediato que hacer y no era del tipo de personas que daban excusas tontas.

Resignada, cogió una pluma de un bote que había encima de un armario y usó la parte posterior del pequeño pergamino para responder que iría a verle a su hotel en unos minutos. Consideraba que ese lugar sería más seguro que ningún emplazamiento mágico de Londres donde cualquier mago –incluida Bellatrix Black –podría verles. Enrolló el pergamino y se lo colocó de nuevo en la patita a la pequeña lechuza que de inmediato remontó el vuelo.

Estaba cerrando la ventana cuando escuchó a Malfoy bajando las escaleras de la cocina y sintió una angustia muda en el pecho. Enfrentarse a Draco y a Viktor el mismo día era más de lo que podía soportar. Aseguró la ventana y se volvió lentamente hacia él.

Tenía una expresión relajada y satisfecha. Se había duchado y después de dormir, las ojeras y la irritación de sus ojos habían desaparecido. Apestaba agradablemente a su colonia y a jabón y Hermione sintió el deseo de acercarse para poder olerlo mejor pero se detuvo. Si iban a mantener las distancias, lo mejor era hacerlo cuanto antes.

—¿Qué hacías en la ventana? —preguntó él con cautela. Estaban en un territorio pantanoso y desconocido de aparente pero falsa normalidad. No tenía muy claro cómo habían quedado las cosas entre ellos después de lo ocurrido la noche anterior pero haberse despertado solo, en principio no parecía un buen presagio. Y desde luego, él no iba ir detrás de ella, ya había cedido bastante el día anterior.

—Enviar una... carta —respondió ella al cabo y de inmediato rehuyó su mirada y se puso a devolver la pluma a su lugar originario. Había algo en el nerviosismo de sus gestos que inquietó a Draco. De repente empezó a sentirse malhumorado por la idea que se le acababa de pasar por la cabeza.

—¿A quién? —preguntó con desconfianza.

En el fondo, Hermione se dio cuenta de que él ya lo sospechaba todo. Y tampoco tenía ningún sentido mentirle, después de todo ella no había hecho nada malo por contestarle a Viktor. Él ya iba a venir a verla mucho antes de que lo que quiera que fuera que había entre ellos hubiera siquiera empezado a gestarse.

—A Viktor. Él me escribió —dijo escuetamente atreviéndose a mirarlo a la cara. Pudo ver la leve contracción de uno de los músculos de su mejilla.

—¿Ya está en Londres? —masculló él sin poder ocultar su furia.

—Sí —murmuró Hermione alisándose innecesariamente el suéter que llevaba puesto —Quiere que nos veamos —–añadió más para el cuello de su ropa que para Draco.

Él tuvo la seguridad de que si en ese momento hubiera tenido una varita en las manos, la hubiera partido en dos. Aunque lo que le hubiera gustado partir sería una escoba, más concretamente sobre la cabeza de nabo de Viktor Krum.

—¿Y vas a verle? —preguntó en un tono peligrosamente suave, apenas había un matiz de ira en su voz como la onda de la primera gota de lluvia cayendo sobre un charco, antecediendo a las siguientes.

—Sí. Iba a salir ahora —respondió Hermione tras aclararse la garganta. Resultaba curioso cómo ahora se moría de ganas de irse. Brevemente, se replanteó la idea de retirarse a un convento lejos de cualquier miembro del sexo opuesto.

—No.

Hermione le miró a los ojos, sorprendida. Sabía que a él no le haría ni pizca de gracia la idea pero no esperaba una oposición tan abierta y descarada.

—Ha venido desde Bulgaria para verme —repuso tratando de razonar con él —No puedo ignorarle.

—Lo que no puedes hacer es salir de aquí —replicó Draco con tono frío y autoritario.

—Ya te he dicho que voy a hacerlo —Hermione no tenía ganas de discutir con él. Con nadie en realidad. Sólo tenía ganas de tener un poco de paz y tranquilidad si es que no era mucho pedir —Es decisión mía.

—¿Vas a largarte con él? —siseó él, escupiendo veneno.

—¿Qué? —repitió ella sorprendida —Por supuesto que no. Sólo voy a verle. Y será mejor que me vaya ya, tengo prisa...

—¿Vas a poner tu vida en peligro sólo para reunirte con un gorila mononeuronal?

Hermione comprendió que, además de celoso, estaba preocupado por ella aunque lo ocultara bajo toda esa cólera apenas contenida, y eso la enterneció un poco.

—Tengo que hablar con él, pero tendré cuidado. Voy a aparecerme en su hotel directamente.

—¿En su hotel? Genial, así tendréis una cama a mano para celebrar el reencuentro, ¿no? ¿También te echarás a llorar después? Lo bueno es que podrás usar su taparrabos de pieles como pañuelo —le espetó él con rencor.

Hermione dio un paso atrás como si la hubiera golpeado físicamente. Draco vio que le había hecho daño y se sintió a medias satisfecho, a medias despreciable. Por un lado quería hacerle pagar lo mal que lo estaba pasando sólo de pensar que se encontraría con Krum, por otro sentía la tentación de rogarle que no se fuera. Nunca.

—Volveré tarde —fue todo lo que dijo Hermione. Después pasó de largo junto a Draco sin siquiera mirarle y se desapareció en el vestíbulo. Al darse cuenta de que se había quedado solo en la casa, Draco soltó una maldición y pateó la mesa, lleno de rabia y arrepentimiento.


Cuando Hermione se apareció en el vestíbulo del hotel Wizard Palace sentía unas ganas ridículas de llorar. Estaba hecha polvo después de lo que el gilipollas de Malfoy –no pensaba volver a llamarle Draco, ni siquiera mentalmente –le había dicho. ¿Cómo la misma persona podía ser tan dulce como lo había sido la noche anterior y horas después tratarla como una cualquiera y burlarse de sus sentimientos? Eso no hacía más que reafirmarla en su idea de que ellos dos no podían estar juntos. No había aguantado ni cinco minutos sin discutir y él la había herido con tres palabras. A la primera oportunidad que tenía de ponerse celoso se volvía cruel e insensible y la trataba como si fuera basura.

¿Por qué tenía que querer a alguien así?

Parpadeó con fuerza y sacudió la cabeza tratando de despejar esas ideas de su mente. Miró a su alrededor para encontrarse con un amplio y ricamente adornado hall. Había un mostrador en una esquina en el que un mago con aire afeminado y una túnica de terciopelo de color granate atendía a una pareja recién llegada. Al fondo se veía un ascensor mágico y unas escaleras y por todas partes había pequeñas mesas redondas rodeadas de sillones de cuero y salpicados de plantas de distintas especies. Hermione estaba pensando preguntarle al mago del mostrador –posiblemente el gerente— cuando sintió que alguien pronunciaba su nombre a sus espaldas con acento fuerte y torpe.

Se volvió para encontrarse a Viktor tal y como lo recordaba. Iba ligeramente menos abrigado que el resto del mundo, pero suponía que comparado con el frío que hacía en Bulgaria, un Londres casi otoñal no era nada para él. Se había cortado un poco el pelo oscuro y sus ojos relucían al verla bajo las pobladas cejas.

Hermione sintió una calmada alegría a verlo, similar a la que había sentido al encontrarse con Neville y Luna en King's Cross cuando fueron a despedir a Ginny. Ni revoloteo en el estomago, ni aceleramiento del corazón, ni respiración agitada.

Viktor dio un paso hacia ella y con torpeza, la abrazó. Hermione no hizo nada para resistirse al abrazo y se lo devolvió con gusto. En ese momento lo necesitaba. Necesitaba una muestra de cariño para dejar de sentirse tan triste. No obstante cuando Viktor se separó un poco de ella e intentó besarla en la boca, Hermione giró el rostro de modo que los labios de él se posaron sobre su mejilla.

Viktor no dijo nada ni alteró en gran cosa su expresión cuando la soltó lentamente, pero sus ceño parecía más profundo.

—¿Cómo estás? —le preguntó ella, forzando una sonrisa y tratando de aparentar naturalidad.

—Bien —respondió él, pero parecía pensativo —¿Y tú? Parreces trriste.

—Estoy bien, sólo un poco cansada —murmuró y miró a su alrededor con cautela. Prefería que Viktor y ella hablaran en un sitio más privado que ese enorme hall donde cualquier podía verles. No la ayudó a tranquilizarse demasiado el hecho de que allí no hubiera ninguna anciana —Oye, ¿podemos ir a un lugar más tranquilo?

—Podemos subirr a mi cuarrto si quierres, perro está algo desorrdenado aún.

—No importa —aseguró Hermione.

Tomaron el ascensor en silenció y Viktor no le hizo ninguna pregunta hasta que entraron a su habitación. Después cerró la puerta y la invitó a sentarse en los sillones que había junto a una mesilla con un mantel bastante hortera. Hermione tomó asiento y durante un rato se pusieron al día acerca de lo que habían hecho en sus respectivos veranos –Hermione le contó una versión censurada respecto a la misión en la que había salido herida y en ningún momento nombró a Malfoy –y después pasaron a hablar de la guerra mágica. Viktor le contó que en Bulgaria las cosas estaban más tranquilas aunque la gente estaba asustada por la situación mágica británica. A pesar de ser temas desagradables, Hermione se sentía relajada al no tocar el terreno personal. Siempre le había gustado hablar con Viktor, porque aunque era una persona más bien callada, siempre tenía opiniones muy claras sobre las cosas –al contrario de lo que el estúpido de Malfoy pensaba –.

Bajo esa apariencia ruda y algo torpe, Viktor era una persona inteligente y sensible, simplemente era bastante retraído y serio, y la gente solía interpretar sus silencios como síntoma de su incapacidad para mantener una conversación por su reducido intelecto. Aunque en lugar de decir "la gente", Hermione pensó que sería más correcto hablar de Malfoy o incluso Ron.

Cuando el tema de la guerra se acabó, se hizo un breve silencio. Pero esa era otra de las cosas que a Hermione le gustaban de Viktor: con él podía estar simplemente en silencio sin que la situación se volviera incómoda o violenta.

—Herrmione —Viktor la miró con gravedad y Hermione se tensó un poco en el sillón.

—¿Si?

—Hay algo que quierro prreguntarrte desde que estuve aquí en verrano. Es algo imporrtante.

—Te escucho —dijo, aunque le costaba hablar. Estaba muy nerviosa y deseaba que ese algo tan importante no fuera ninguna de las cosas que se le estaban pasando por la cabeza.

—Quierro que vengas conmigo a Bulgarria —dijo con seriedad.

Hermione se sintió como si le hubieran dado una patada en el pecho de pura impresión. Se removió incómoda en el sillón, buscando desesperadamente algo que decir. ¿Qué se suponía que debía hacer en una situación así?

—Mi país es más segurro ahorra que el tuyo —continuó él —–en Bulgarria todo está más tranquilo. No hay ataques ni masacrres a causa de los morrtifagos, ni gigantes ni ataques de licántrropos. Allí estarrías bien, yo te cuidarría. No tiene porrque serr definitivo, sólo un tiempo hasta que las cosas aquí se solucionen. Prrometiste venirr a verrme y crreo que no hay mejorr momento que este.

—Pero Viktor... —balbuceó Hermione.

—Y así podrríamos estarr juntos.

Al oír sus palabras, Hermione se sintió profundamente miserable. No quería estar con Viktor, no de esa forma, y tampoco quería irse a Bulgaria. Tenía motivos de peso para ambas cosas, pero no sabía cómo decírselos sin herirle.

—Viktor —comenzó, vacilante —no puedo irme de Londres. Ya te conté que estoy ayudando a Harry y a Ron en algo importante... no puedo marcharme.

—Saliste grravemente herrida la última vez que les ayudaste. Crreo que ellos querrían que tú estés bien. Mucha gente está dejando Inglaterra, y en Bulgarria yo podrría protegerte.

—Pero no es tan sencillo como eso, además yo...

—No quierro que me respondas ahorra —la silenció él, sellándole los labios con uno de sus grandes dedos —sé que tienes mucho que pensarr. Esperraré aquí a que tomes una decisión.

Hermione sintió un nudo de angustia impidiéndole hablar. ¿Por qué tenía que pasarle eso a ella? ¿Por qué tenía que hacerle daño a la única persona que siempre la había tratado bien?

Porque estaba claro que ella no podía irse a Bulgaria. No iba a huir de la guerra mágica dejando a Harry y a Ron solos. Y tampoco quería dejar a Malfoy por muy dolida que estuviera con él en ese momento. No podía alejarse de las personas a las que más quería para irse con Viktor.

Tenía clara su respuesta y también tenía la sensación de que Viktor la sospechaba pero pensaba darle tiempo con la esperanza de que cambiara de opinión. No obstante, Hermione no quería darle falsas esperanzas. No iba a huir de la guerra y además estaba enamorada de otro.

—Viktor, no quiero engañarte. Hay algo que debes saber...

—Hay otrro —murmuró él con triste entereza.

Hermione se quedó boquiabierta unos instantes.

—¿Cómo lo sabes?

—Estás diferente, lo noté en cuanto te vi... parreces más... —Viktor agitó las manos, buscando la palabra adecuada —plena.

Hermione entrelazó las manos y las apretó entre sus rodillas para que dejaran de temblarle. Por primera vez se sentía incomoda con Viktor. Incomoda no era la palabra, más bien lo sería culpable. Pero él le sujetó con una mano por la barbilla y la obligó a mirarle.

—No es tu culpa. Veo que tarrdé demasiado —había dulzura en su mirada y tristeza en su áspera voz. Una combinación que hizo que Hermione se sintiera aún peor por la situación en la que se hallaban.

—¿Es Potterr o tu amigo pelirrojo? —preguntó él al cabo.

Hermione negó con la cabeza, incapaz de pronunciar palabra y Viktor la soltó con suavidad.

—Entiendo —musitó él —piénsalo igualmente.

Ella asintió débilmente y se puso en pie. Necesitaba... no sabía lo que necesitaba, pero ya no estaba a gusto allí. Viktor se puso en pie para acompañarla hasta la puerta en silencio y no dijo nada cuando Hermione le besó en la mejilla y desapareció por el pasillo.

No podía hablar, porque en su interior sabía que la había perdido.


Cuando Hermione se apareció discretamente en un callejón con contenedores que salía del final de Grimmauld Place, el cielo estaba completamente oscuro a pesar de que aún faltaban un par de horas para que anocheciera. Se frotó los brazos para tratar de espantar al frío, ya que con las prisas con las que había salido de la Mansión Black, se había olvidado de coger su abrigo. Caminó distraída hacia el número 12. En realidad no tenía ninguna gana de volver a la casa y ver a Malfoy pero no consideraba muy prudente dar un paseo por Londres teniendo en cuenta la situación. No podía negar que estaba asustada –como cualquier persona en su sano juicio –sabiendo que había una mortífaga loca que quería matarla a ella en especial.

Echó un vistazo a todas partes antes de entrar en la casa y sintió cómo se relajaba al cerrar la puerta a sus espaldas. Pero volvió a tensarse de inmediato al pensar en Malfoy. No quería verlo y no quería que él supiera que había regresado a la casa, así que decidió quedarse un rato en las cocinas, pensando. No creía que él estuviera allí en plena tarde.

Afortunadamente, sus suposiciones se confirmaron cuando encontró la cocina vacía. No había cacharros sucios por todas partes ni olía a quemado, así que Hermione supuso que no se había preparado nada para comer y muy a su pesar, se preocupó. Llevaba días sin probar bocado.

Su preocupación aumentó al ver la puerta de la despensa abierta cuando ella había cerrado. Se acercó para volver a cerrarla pero vio la trampilla del suelo levantada. Con un funesto presentimiento se asomó a la bodeguilla y efectivamente comprobó que faltaban unas cuantas botellas más.

No podía creerlo. Había vuelto a emborracharse.

No podía seguir a ese ritmo. Cuatro días seguidos emborrachándose y sin comer. Pronto acabaría enfermo.

Irritada, resolvió ir a su cuarto, tirar la puerta abajo si hacía falta y quitarle todo el alcohol. Además seguro que eso le fastidiaba mucho, y ella quería molestarle un poco. Subió a zancadas hasta el tercer piso y se dirigió embalada hacia la habitación de Malfoy. Tomó la manilla con su mano derecha –que ese día ya casi movía con la habilidad de antaño –y la giró sin demasiadas esperanzas. Lo había hecho con tantas fuerzas convencida de que no lograría abrir, que cuando la puerta se abrió, casi entró propulsada a la habitación.

Sintió que el alma y el enfado se le caían a los pies y se hacían añicos al comprobar que la habitación estaba vacía. Por supuesto continuaba hecha un desastre, la cama era un lío de sábanas y había un montón de cosas tiradas por el suelo, pero ni rastro de él. Hermione vio una botella de whisky de fuego, de la que sólo quedaban unos milímetros del alcohol en el culo, apoyada en la mesilla de noche. Había otra volcada sobre la alfombra y vacía.

Sin duda debía de estar borracho por algún lugar de la casa. Hermione recorrió toda la tercera planta sin resultados, probó en la biblioteca, en el salón y en todas las habitaciones de la casa sin éxito. Cada vez que abría una puerta y no lo encontraba, Hermione se sentía más ansiosa y nerviosa. Mientras subía al ático, sentía como si el corazón se le hubiera subido a la garganta, latiendo pesadamente e impidiéndole respirar. Trataba de decirse, escalón tras escalón, que era imposible que hubiera salido de la casa porque la puerta se sellaba mágicamente cada vez que alguien entraba y él no tenía varita. Todas las ventanas poseían la misma protección mágica y no había más puertas. Tenía que estar en el ático, o bien en la habitación de Sirius o en el trastero donde estaba Kreacher. No se le ocurría qué podía hacer Malfoy allí pero considerando lo que había bebido tal vez estuviera cantándole esa tonadilla subida de tono acerca de una veela y un mago a Kreacher.

Rezó por que así fuera al no encontrarle en la habitación de Sirius. Tomó el pomo de la puerta del trastero, la última habitación de la casa que le quedaba por mirar, y rogó silenciosamente que él estuviera allí. Abrió la puerta y por un segundo apenas vio nada, dada la escasa claridad que se colocaba por el tragaluz. Tardó unos segundos en acostumbrar sus ojos a la penumbra y echó un vistazo a la polvorienta habitación llena de trastos. En un primer momento le pareció vacía, pero fijándose con más atención, descubrió un bulto tembloroso, apretujado en un rincón bajo una sábana roída y llena de suciedad.

Era demasiado pequeño para ser una persona, así que Hermione ya supo antes de destaparlo que era Kreacher. Estaba encogido sobre si mismo, en posición fetal, con la nariz hundida entre las rodillas y temblaba como si hiciera un frío terrible.

Hermione sintió compasión por él y a la vez enfado porque suponía que Draco tenía mucho que ver en su estado.

—Kreacher —susurró con suavidad, rozándole un hombro. Kreacher se estremeció y se encogió aún más, farfullando algo que quedó amortiguado por sus rodillas. Posiblemente algún insulto hacia ella.

—Kreacher —insistió Hermione. Quería ser delicada pero necesitaba que le dijera dónde demonios estaba Draco y si se había ido, cuánto hacía de eso. A esas alturas ya podrían haberlo encontrado aurores del ministerio... o peor aún, los mortífagos. Histérica, sacudió a Kreacher bastante más bruscamente de lo que había pretendido hasta que éste clavó en ella sus ojos verdes llenos de desprecio.

—La sangre sucia se atreve a tocar a Kreacher... Kreacher se siente sucio, Kreacher quiere lavarse, siente como le quema la piel su impureza...

Hermione soltó a elfo doméstico y le lanzó una mirada acerada. Estaba demasiado preocupada para tener paciencia.

—No me interesa lo que Kreacher piense —le espetó fríamente —Quiero que me digas dónde está Malfoy, ahora.

—Kreacher no sirve a la sangre sucia.

—Kreacher va a hablar o me hará enfadar —replicó ella imitando su manera de hablar con aspereza —y tal vez cierre el ático y eche el huesudo culo de Kreacher de aquí si no me responde. Además le recuerdo a Kreacher que Harry le dio la orden de obedecerme mientras él no estuviera.

Los labios de la criatura mágica temblaron, mostrando momentáneamente sus dientes pequeños y roñosos.

—Habla —insistió Hermione secamente. Y tal vez fue ese algo autoritario e implacable de su voz, lo que hizo que Kreacher respondiera.

—Malfoy obligó a Kreacher a abrirle y se fue a la calle. Kreacher sabe que estaba borracho, gritó a Kreacher y le dijo cosas horribles hasta que el pobre Kreacher le abrió.

—¿Cuánto hace de eso?

—Kreacher no está seguro —dijo el elfo tras un silencio que se hizo insoportable para Hermione —veinte minutos, puede.

Ella no se molestó en darle las gracias o en decir adiós. Simplemente se puso en pie y salió corriendo del trastero.


Hermione maldijo sus prisas cuando salió a la calle y comprobó que había empezado a llover. Las nubes grises que se habían arremolinado sobre la zona cuando ella regresó a Grimmauld Place, habían comenzado a descargarse sobre las calles ya vacías, oscureciendo el cielo. De nuevo se había olvidado de coger algo de abrigo, pero le importaba. Le traía sin cuidado todo lo que no fuera encontrar a Malfoy.

Pensó en Bellatrix, pero no preocupada por sí misma, sino por Draco. Matarla a ella era algo que Bellatrix había decidido por sí misma, acabar con su sobrino una orden de Voldemort y sabía lo suficiente de ella para estar segura de que moriría por cumplir lo que él le mandara.

Además era posible que hubiera más mortífagos tras él. Tonks había dicho que estaban vigilando Malfoy Hall y aunque Hermione no había llegado a trasmitirle esa información a Draco, dudaba seriamente de que él hubiera decidido regresar allí. Debía sospechar que no era un lugar seguro.

Pero, si no había ido a su casa –y Hermione sabía de sobras que no tenía ningún lugar donde refugiarse —¿a dónde demonios había acudido? ¿Acaso había vuelto al edificio en ruinas donde le había encontrado aquella primera vez?

Lo dudaba. Estaba convencida de que uno de los motivos por os que había salido tan temerariamente de la Mansión Black era precisamente no verla, y escondiéndose en ese lugar, había muchas posibilidades de que ella le buscara allí y lo encontrara.

Para cuando llegó al final de la calle, Hermione ya estaba completamente empapada. La lluvia se le había calado hasta los huesos, le había empapado el pelo y le resbalaba por toda la cara. Llovía con tanta fuerza que le costaba ver con claridad el final de la calle, no obstante, se asomaba a cada bocacalle, a cada callejuela que se encontraba su paso.

Cada vez que miraba una calle y la encontraba vacía o únicamente transitada por algún muggle que se dirigía corriendo a su casa para resguardarse o que se parapetaba encogido bajo un paraguas, su miedo y su desesperación aumentaban.

Como el corazón continuara latiéndole a ese ritmo, lo más posible era que algo en él estallara. Apenas podía respirar y sentía la dolorosa punzada del flato hundiéndose entre sus costillas, pero no pensaba parar de buscarle. Ponerse a chillar su nombre sería algo estúpido e inútil y sólo lograría llamar la atención de los muggles o de los magos que pasaran cerca, pero era difícil no gritar de pura desesperación.

Mientras corría todo lo rápido que sus piernas podían, no podía dejar de imaginar en su mente distintas escenas de Draco en peligro, muerto o detenido, a cada cual más horrible. Estaba casi segura de que en cualquier momento lo encontraría tirado en un callejón, muerto; tal vez rodeado de mortífagos o de aurores que lo detenían para enviarlo a Azkaban para siempre.

Nunca en su vida había sentido tanto miedo, ni siquiera cuando ella, Harry, Ron, Neville, Ginny y Luna estuvieron atrapados en el Ministerio con un montón de mortífagos asesinos.

Malfoy no corría peligros únicamente mágicos. Hermione dudaba de que supiera moverse demasiado bien por el Londres muggle. ¿Y sí le atropellaba un coche? ¿Y si tropezaba en las vías del tren? ¿Y si arrollaba a una anciana y la policía lo detenía por alteración del orden público o algo por el estilo?

Por Merlín, iba a volverse completamente loca de desesperación como no le encontrara de un momento a otro.


Una hora después, la lluvia había amainado un poco hasta ser únicamente una fina capa casi invisible. La zona estaba tranquila y casi no se veía a gente por las calles por la proximidad del anochecer. Las jornadas laborares habían acabado y la mayor parte de los londinenses estaban recogidos en sus casas.

Una muchacha vagaba sin rumbo, completamente aterida de frío y de humedad. Parecía desolada, y aunque las lágrimas se confundían con la lluvia en su rostro, era evidente que estaba llorando.

Pero Hermione ni siquiera era consciente de ello. Se había quedado sin respiración, sin dirección, sin fuerzas, sabiendo que cada minuto que pasaba estaba más lejos de encontrar a Draco sano y salvo, y sin problemas. Lo había buscado en la zona de edificios abandonados donde lo había encontrado malherido aquella vez, se había acercado a King's Cross y podría decirse que se había pateado a medias corriendo a medias caminando toda la zona que rodeaban Grimmauld Place. Él no estaba en ninguno de los sitios que Hermione había mirado, ya fuera vivo o muerto.

Ahora vagaba por un barrio que le era desconocido pero en realidad no le importaba demasiado. Estaba prácticamente segura de que él no había regresado a Grimmauld Place y se negaba a volver a la casa para encontrarla vacía.

Por lo menos así, errando por las calles, tenía la vaga sensación de estar haciendo algo por encontrarle. Estaba tan abstraída, tan sedada por la desesperación que no fue muy consciente de que las casas habían empezado a escasear y de que estaba llegando a un puente que cruzaba el Regent's Canal.

Siguiendo la acera en la que estaba, Hermione se adentró en el puente, agachando la cabeza para rehuir la lluvia que comenzaba a caer con más intensidad. Lo hacía por puro instinto, no porque le importara demasiado que le golpeara en la cara.

Tomó aire, sollozando, y se apartó un mechón de pelo de la cara con un movimiento de cabeza. Fue sólo una mirada fugaz al fondo del puente, pero le pareció ver una figura oscura y alargada inclinada sobre una de las barandillas.

Volvió a mirar hacia allí, repentinamente enérgica e inflamada por la esperanza y de nuevo vio a la oscura figura al fondo. Sabía que había pocas posibilidades de que fuera Draco, pero no pudo evitar echar a correr hacia esa persona. Posiblemente fuera un extraño que se llevaría el susto de su vida al ver a una chica corriendo como una auténtica chiflada hacia él, pero no le importaba. La esperanza, posiblemente pasajera y sin sentido que en esos momentos le llenaba el pecho era la mejor sensación que había experimentado desde hacia más de una hora.

A medida que se acercaba, la figura parecía más y más nítida, y a Hermione le resultaba más familiar. Cuando estuvo lo suficiente cerca para distinguir su pelo platino, oscurecido por la lluvia, sintió que el corazón se le paraba momentáneamente para después martillear con fuerza en su pecho.

No estaba loca: era realmente él.

Pero se inclinaba sobre la barandilla del puente como si quisiera lanzarse de cabeza por él. Hermione sintió tanto miedo que no pudo evitar gritarle.

—¡No! ¡No lo hagas! ¡No te tires!

Draco se frenó y volvió a recuperar la verticalidad, apoyando ambas manos en la barandilla para mirarla a través de la lluvia.

Hermione ya casi había llegado hasta él y planeaba hacerle un placaje y después aparecerse con el Grimmauld Place, cuando Draco despegó los labios humedecidos por la lluvia y habló.

—¿De qué coño hablas? No iba a tirarme, sólo estaba intentando vomitar.

Hermione se frenó en seco justo cuando iba a lanzarse sobre él y tuvo que aferrarse a la barandilla del puente para no perder el equilibrio. No podía creerlo. Había pasado más miedo que su puñetera vida pensando que él iba a tirarse puente abajo en sus mismísimas narices cuando sólo estaba intentando expulsar un poco de la gran cantidad de alcohol que sin duda se había metido en el cuerpo.

¿Se podía desear estrangular y besar a alguien a la vez con la misma violencia? Hermione descubrió que sí.

—¡¿Se puede saber qué demonios pasa contigo, grandísimo estúpido?! —le chilló, desquiciada por los nervios —¿Qué haces aquí? ¡¿Tienes idea de lo que he pasado buscándote por toda la maldita ciudad?! ¡¿Tienes idea del innecesario peligro que has corrido y que corres?! ¿Te has dado un golpe en la cabeza o qué? ¿El whisky estaba caducado o simplemente eres así?

—Nadie te mando venir a buscarme —replicó él secamente —No te necesito para nada, Granger.

Hermione estaba tan exasperada, tan furiosa, que necesitaba descargarse de algún modo. No se le ocurrió nada mejor que aporrearle el pecho con los puños mientras le insultaba rabiosamente entre dientes. Quería hacerle daño, quería lastimarle, herirle. Quería que se él sintiera, aunque fuera una mínima parte de lo mal que ella había pasado en esa hora. En la peor hora de su vida.

Quería descargarse en él, castigarle, demostrarle cuanto le odiaba.

—¡Cabrón egoísta! —le gritó entre lágrimas, golpeándole con todas sus fuerzas en el pecho —¡Gilipollas inconsciente! ¡Eres tan... —se detuvo durante unos segundos, buscando un insulto lo suficiente grande para él. Pero no encontró ninguno. Todos los que ella conocía se quedaban cortos para Draco Malfoy, así que optó por volver a pegarle —¡Capullo! ¡No piensas en nadie! —le golpeó de nuevo, pero con más debilidad —¡Te odio! —chilló, pero su voz era apenas un susurro ya, atenazada por las lagrimas. Le pegó sin fuerzas un par de veces más antes de detenerse, con las manos cerradas en puño contra el pecho de Draco, llorando como una criatura y sintiéndose increíblemente estúpida por ello.

Tampoco la ayudaba demasiado el hecho de que él no se hubiera movido ni hubiera pronunciado palabra. No había hecho nada por evitar sus golpes ni tampoco por detenerla, simplemente se había quedado allí parado, como una estatua bajo la lluvia, encajando sus puñetazos con entereza.

Hermione no se atrevió a mirarle a la cara para ver qué demonios le ocurría, tenía los ojos tan anegados de lágrimas que dudaba de que pudiera verle. Casi como acto reflejo y en cierto modo para que él no pudiera verle la cara, apoyó la frente en el pecho de Draco, aferrándose con las manos cerradas en puño a su camisa negra.

Le odiaba. Casi tanto como le quería.

Se envaró, sorprendida, cuando Draco la rodeó con los brazos y la estrechó contra él. Las manos de Hermione aún cerradas en puño quedaron atrapadas entre ambos cuerpos y el rostro acomodado en su pecho

Hermione lloró calladamente en sus brazos durante un par de minutos antes de empezar a calmarse. De vez en cuando intercalaba sus hipidos y respiraciones entrecortadas con algún cabrón, gilipollas o desgraciado a media voz, como si se hubiera quedado sin fuerzas.

Al contrario de lo que habría cabido esperar, a Draco no le ofendían sus insultos, ni siquiera le molestaban un poco. Estaba borracho, pero no era estúpido y sabía que si le había pegado e insultado así era porque la había vuelto loca de preocupación al largarse precipitadamente de la mansión.

Posiblemente debería sentirse culpable por haberla hecho buscarle bajo la lluvia durante más de una hora, pero no lo hacía. De hecho, se sentía tremendamente bien –incluso mejor que la noche anterior cuando se había dormido con ella entre sus brazos –.

Porque Hermione acababa de demostrarle que le importaba más de lo que él hubiera llegado a imaginar.


Hola :)

¿Qué tal el chapter? Este ha sido más largo que el anterior y han pasado varias cosas. Atención a la noticia de los ataques de hombres lobos y dónde se han producido... traerá cola. Viktor ha llegado a Londres y Draco celoso, le ha dicho de todo a Hermione. Ella se ha ido a verle y le ha que hay otro aunque Viktor ya lo sabía. No sé cómo se me ha dado manejar a Krum, yo creo que como el culo, pero bueno, es la primera vez que lo uso xp. Después Hermione ha regresado a casa y la ha encontrado vacía, ha amenazado a Kreacher y éste al final le ha confesado que dejó salir a Draco. Así que la pobre Hermione se ha ido a buscarlo por ahí, como una loca, bajo la lluvia hasta que al final lo ha encontrado y como véis él estaba tan feliz de la vida, a lo suyo. Le ha dicho de todo xD -como es normal- y a ver qué pasa ahora porque los dos están plantados en medio de un puente, y por lo tanto expuestos a que los encuentren... y todo eso.

Naty, gracias por tu regalito xd lo extrañaba!

Mónica, la expresión "para más inri" viene a significar "con el añadido de" o "como si fuera poco". Creí que era castellano neutro :$

Por cierto, anoche escribí otro fic cortillo sobre Oliver y Katie, en realidad sobre el equipo de quidditch de Gryffindor que siempre me ha encantado :) -especialmente el de los primeros tres años cuando estaba Oliver-y lo que todos sienten al formar parte del equipo. Se llama "Equipo" -sí, un titulo muy original xD- y lo encontraréis en mi profile si os apetece daros una pasadita por él.

Y creo que eso es todo :) A partir de ahora vienen las curvas mujajaja.

Muchas gracias por el apoyo :)

Mis agradecimientos especiales para las que dejaron review en el anterior:

kMi, Vhea, Veroli, DuniXe, pyro, Xms. Felton, paz, Daniela, Pansy Greengrass, Angelix-Montoncito :), vangu, dayis, gata2242, consue, Vicky de Kou Malfoy, melaniablack, Sami-MarauderGirl, Maki, Sombrita :), Clover Potter, Amarissima, darkriku008, Naty xD, Rominitap Moon, Sig ;), , nazath, Sweet-Montoncito :), Pecosa Granger, Arilyn, Lyann Jade, Esmeralda, Pigmy, Esme Black, maria, Desi :), Arania, Baddy :), Nat2Malfoy, , PauMalfoy, Vicky, Pajaro de Fuego, Itsa, Sweet Nini, akasha, tifanny, sakurita555, Enery, lara evans, lxlgiselalxl, unkatahe, chepita1990, Lunnaris, alicia, fransheska, umiko, Kami Punkie, magiky, NarA, lunatica 87, Kaioh Tenou, Lna, Wisper Digorry, Little Pandora, Thea, selegna, ana88, kastillito, taniz, Nataly, Mayra Granger, Zorion, Charlotte Moony, waterflai, pekelittrell, Gala zoel, vero-malfoy, Dysis, Lauriskay Malfoy, Karinita1919, Keikleen, Amber, danymeriqui, Merodeadora Chi, zerif, englandlove, Mónica, .Riku, Mcflygirl89, Silver Plated, Basati, Ichi Granger, yanhira, Angeles Radcliffe, Danita, naru, Erica, Andrux, Galletaa, Arsami, Nimue-Tarrazo, Jules Richards, Shofi Black, Saku Malfoy, Vanessita Potter, Adi Felton, annie.1318, Merian Li, Kapu Way, Emily, mariapotter2002, yole, lprmacm, Dani, M.J Minako y annkora.

MUCHAS GRACIAS!

Con mucho cariño, Dry!

Pd: no me da tiempo a sobornaros, marcho corriendo!