o0o Recomendación musical: Creep - Radiohead
Capítulo 35: El puente y la torre (Editado)
Cuando logró calmarse lo suficiente para poder respirar con relativa normalidad, Hermione se apartó de los brazos de Draco y lo miró seriamente a los ojos. Había pasado la peor tarde de su vida buscándole y el disgusto no iba a desaparecer con un simple abrazo.
—¿Se puede saber por qué hiciste algo tan estúpido como salir de la mansión? —le preguntó, con la voz algo ronca aún por las lágrimas derramadas y sazonada por el enfado.
Draco se pasó una mano por el pelo empapado y aplastado contra el cráneo para apartar algunos mechones de su frente. Después dio un paso atrás y se giró hacia la barandilla del puente. Apoyó las manos sobre ella y miró la densa corriente de agua que corría bajo ellos, perturbada por la lluvia que golpeaba sus cuerpos y cada rincón de Londres.
—Me apetecía estirar las piernas —dijo con ese tono burlón, despreocupado e hiriente a la vez que ella tanto odiaba.
Hermione se mordió el interior de las comisuras de su boca para no chillarle algún insulto. La lluvia caía con fuerza y las gotas resbalaban molestamente por su rostro. Se pasó la manga empapada de su suéter por los ojos, para despejarlos un poco y acto seguido asesinó con ellos a Malfoy. Ni siquiera la miraba, parecía contemplar el Regent's Canal con infinito interés y Hermione sintió el impulso de patearle el trasero. ¿Cómo podía querer a alguien tan tremendamente idiota?
—Malfoy, eres un auténtico gilipollas —le dijo con sentimiento —estoy helada, empapada y cansada después de pasarme media tarde buscándote, preguntándome si estarías muerto, herido o detenido por el Ministerio. Si no quieres explicarme por qué has hecho algo tan enormemente idiota e insensato, tú mismo. Si quieres quedarte aquí vomitando, saltar por el puente o correr a las manos de los mortífagos, a mí me da igual, haz lo que quieras. Estoy harta de ti.
Sin dedicarle una última mirada, se dio media vuelta, dispuesta a marcharse por donde había venido. Quería probarse que era capaz de irse y dejarle allí. Él era mayorcito, no quería su preocupación, es más, le importaba un pimiento que ella casi hubiera muerto de desesperación, asustada por él. A Draco Malfoy no le importaba nadie que no fuera él mismo, y quizás debería seguir su ejemplo.
Pero sólo había dado unos pasos cuando sintió su voz, a sus espaldas, llevada por el viento y por las gotas de lluvia hasta ella.
—No quería estar allí por si no volvías.
Hermione se quedó paralizada. Había esperado cualquier respuesta pero esa no. Despacio, recelosa, se volvió hacia él. Pero Draco continuaba sin mirarla, mantenía la vista perdida en el caudal del río. Tal vez fuera efecto de la lluvia, tal vez del tono gris del cielo contra el que se recortaba su figura, pero el hecho era que parecía derrotado.
Como alguien que había dejado de pelear contra sí mismo y que se rendía a lo inevitable.
—¿Cómo no iba a volver? —preguntó Hermione, despacio.
—Si yo fuera Krum no hubiera dejado que lo hicieras —murmuró él, agachando la cabeza.
—Eso es una estupidez —desechó ella, negándose a permitir que sus palabras la conmovieran —Los mortífagos y el Ministerio están buscándote, y es tremendamente irresponsable por tu parte salir así a la calle. Y muy egoísta ponerte en peligro después de todo lo que hemos hecho para que siguieras vivo y a salvo. Pensé que tendrías una buena razón para hacerlo, pero veo que simplemente estabas tan borracho que...
—¿Y tú eres la mejor alumna de Hogwarts? —la interrumpió él, exasperado. Se incorporó de la barandilla y la miró desapasionadamente con sus ojos grises enrojecidos —Soy yo el que está trompa y lo veo muy claro.
—Pues tendrás que explicármelo —repuso ella secamente —–porque no sé de qué demonios hablas.
Draco expulsó aire entre dientes, exasperado. Ella que siempre sabía todo, no era capaz de darse cuenta de que si se comportaba como un idiota era precisamente por ella, porque la quería. No entendía que si se había ido de la mansión era porque estaba desesperado, porque no soportaba estar allí, viendo los minutos pasar y preguntándose a cada segundo si volvería o si lo haría únicamente para decirle que ella estaba con Krum y debía olvidarse de la mejor noche de su maldita vida. No entendía que lo había hecho porque se sentía tan impotente, tan destrozado, que necesitaba hacer algo para no volverse completamente loco. Que el alcohol ya no le servía, que no lograba adormilar sus sentimientos por ella. Que se sentía mierda sin ella.
—Mírame —pidió, extendiendo ambos brazos como para reclamar la atención sobre él en un gesto irónico, como si se riera de sí mismo y de las desgracias de su vida —Llevo cuatro días borracho y ni siquiera cuando estoy semiinconsciente puedo sacarte de mi cabeza. No puedo dejar de mirarte, ni de pensar en ti. En todo lo que hago cada jodido día, desde que me levanto hasta que me acuesto, de un modo u otro estás tú. Y no creas que me gusta que cada vez que me miras, me tocas o simplemente te acercas se me acelere el pulso. Detesto tener esa maldita sensación de vértigo en el estomago cada vez que entras en una habitación en la que yo estoy. Lo odio —aseguró con amargura —No lo puedo controlar, cuando estás cerca me comporto como un estúpido, soy como un quinceañero atontado por tu culpa. A mi no me pasan estás cosas, ¿entiendes? —apoyó ambas manos en la barandilla y las cerró sobre ella, con furia, para escapar de la expresión de estupefacción del rostro de Hermione —Se supone que esto no debería ser así —continuó con rabia y la miró directamente a los ojos —Eres tú la que debería suspirar por mi y no al revés. Yo soy Draco Malfoy. Podría tener a cualquiera. A cualquiera menos a ti, maldita sea.
Hermione estaba demasiado impactada por todo lo que acababa de oír para reaccionar. Abrió la boca y volvió a cerrarla al no encontrar nada que decir ,y Draco sintió que su interior se agriaba cada vez más. Quizás si no estuviera borracho, probablemente de hecho, no le hubiera dicho nada de lo que sentía, pero le irritaba tanto que ella no se diera cuenta, que pensara que la gilipollez de largarse de Grimmauld Place no tenía nada que ver con ella, que decidió decirle la verdad.
—Vete con el gorila de Krum si quieres —le espetó él con rencor —A mí me trae sin cuidado. ¿Sabes por qué? Porque odio ese tono de marisabidilla que pones siempre que hago algo que consideras inmoral, odio el modo en que te largas con la nariz apuntando al techo cada vez que discutimos. Odio como sonríes, sólo para el pobretón y el cabeza rajada. Odio como encajas cada insulto de Kreacher aunque te haga daño. Odio como sientes compasión por todos. Odio tu expresión de ensimismamiento cuando lees un libro o cómo te muerdes el labio inferior cuando estás nerviosa. Odio tu manera de caminar, tu manera de hablar, tu boca. Te odio, odio todo de ti... y odio quererte —finalizó con desaliento.
¿Cómo describir lo que Hermione sentía en ese momento? Era como si una flor hubiera florecido repentinamente entre las ramas opresoras de un zarzal, alimentada por un rayo de sol inesperado. No podía moverse, sólo podía contemplarle y contemplarle, empapado por la lluvia. Con expresión de estar vencido, y los ojos fijos en ella, sin esperar nada.
Ella intentó responderle, trató de pensar algo adecuado que decirle. Se preguntó cómo debería reaccionar, debatió consigo misma. Pero antes de llegar a nada claro, su cuerpo había tomado la decisión por ella. Y Hermione simplemente se dejó llevar por lo que sentía.
Se acercó a él, le acunó el rostro con una mano y se puso de puntillas para besarle. El olor a tormenta se mezcló con su aroma. Su furia con su ternura. Su emoción con su enfado. Una combinación explosiva de castigo y amor.
Draco se tambaleó unos instantes, tal vez por la borrachera, tal vez por sus sentimientos. Pronto la aferró con fuerza y respondió a su beso, con la misma intensidad. Necesitaba sentirla, estrecharla para saber que no era una fantasía producto de su borrachera. Pero sus labios contra los suyos eran reales.
Se besaron por segundos, minutos, horas. Se besaron ausentes del tiempo. Se besaron al margen de la lluvia, del frío, del puente. Se besaron.
Dos figuras envueltas en una caricia, bajo el arrullo de la lluvia en un puente gris.
—Qué enternecedor... voy a echarme a llorar de un momento a otro.
Hermione tembló al escuchar esa voz suave y a la vez cruel, llegando a sus oídos a través de la lluvia. Se detuvo, paralizada, en los labios de Draco. Él tampoco se movió durante unos instantes. Después se apartó y la estrechó aún con más fuerza, con los ojos cargados de miedo. El brillo de los ojos de Hermione era un reflejo del de los suyos, y Draco supo que ella estaba tan aterrorizada como él. Se habían olvidado de todo, del peligro, ahogado por confesiones y besos. Despacio, ambos giraron el rostro buscando el origen de la voz.
Una figura envuelta en una capa oscura paseaba haciendo equilibrios sobre la resbaladiza barandilla del puente. La punta de sus botas negras se asomaba bajo los pliegues de la capa que el viento agitaba dibujando curiosas formas. La figura caminaba, arrancando un sonido con sus tacones que se oía a través de la lluvia, rítmicamente. Pausado, tranquilo, como si no tuviera prisa por llegar a su destino que porque sabía que éste continuaría esperándole en el mismo sitio.
Como un cazador disfruta relamiéndose sabiendo que su presa no tiene escapatoria.
Cuando estuvo a unos metros de la pareja, saltó de la barandilla con un movimiento elegante y apartó uno de los pliegues de su capa con su mano, replegándolo hacia atrás. La lluvia había humedecido su pelo oscuro y las gotas se deslizaban por su rostro blanco. Mientras caminaba hacia ellos, asomaba la punta de su lengua para recoger gotas de lluvia de sus labios y sus comisuras, como si quisiera saborearlas.
Se detuvo a unos pasos y los miró con una sonrisa funesta. Draco sintió como se inflamaba de odio, y casi sin darse cuenta, se puso delante de Hermione, ocultándola con su cuerpo de su tía.
—¿Interrumpo algo? —preguntó Bella con tono inocente.
Hermione abrió muchos los ojos, y se aferró a la camisa empapada de Draco, vislumbrado a Bellatrix por encima de uno de sus hombros. Terror. No podía encontrar otra palabra para definir lo que sentía. Automáticamente comenzó a barajar sus posibilidades y sacó la varita del bolsillo trasero de su pantalón. No creía que tuvieran ninguna oportunidad contra Bellatrix: Draco estaba desarmado y ella aún no dominaba los hechizos con la diestra. Pero tenían que hacer algo.
—¿Por qué pones esa cara, querido? —se mofó Bella riendo cruelmente —¿No te alegras de ver a tu adorada tía? —una chispa brilló en los ojos negros de Bella y su expresión cambió, a una de profundo desprecio —Ya tengo otra razón para odiar a Snape: dejarte escapar. Te hubiera hecho un gran favor si te hubiera dejado morir a manos del Lord Oscuro. Al menos así habrías muerto como un patético intento de mortífago, no como un patético intento de mortífago amante de los sangre sucia. Me alegro de que tu madre esté demasiado... ¿cómo lo diría? —fingió pensarlo durante unos segundos —¿ausente? —probó y después sonrió maliciosamente, satisfecha —y no pueda ver lo bajo que has caído. Pero yo me encargaré de "sacar la basura" de esta familia.
Bellatrix cerró los dedos sobre su varita con un movimiento elegante y la elevó el en aire, fluidamente, para apuntarles. Hermione ahogó un gemido y trató de salir de la protección que Draco le ofrecía, pero él echó un brazo hacia atrás, aferrándola por el suéter empapado para inmovilizarla.
—Se bueno, querido sobrinito, y quítate del medio. Voy a matarla a ella primero, para que tengas la satisfacción de ver tus misiones cumplidas, aunque no sea por tu mano... ¿verdad? —preguntó con malicia.
Draco la miró a los ojos, lleno de odio. Sabía que Bellatrix cumpliría su palabra. Los borrachos, los niños y los locos como ella siempre decían la verdad. No tendría ningún reparo en matarle después de haberse deshecho de Hermione, igual que no los había tenido a la hora de torturar a su propia hermana hasta arrancarle la razón entre gritos de dolor.
Recordó el vacío en los ojos de su madre, su imagen mirando por la ventana, buscándole a él a pesar de tenerlo a su lado y sintió que la rabia anegaba cada gota de su sangre, cada fibra de sus músculos, cada órgano, hasta que todo él era simplemente un recipiente de odio, de rencor, de venganza.
Y su odio peleó con su miedo y lo aplastó. Ya no le importaba su seguridad, sólo le importaba impedir que su tía acabara con la última, con la única persona que le quedaba. Sólo le preocupaba acabar con el último aliento de vida de esa loca.
—¿Qué es eso? ¿Agallas? —Bellatrix rompió a reír con su particular deje de histeria.
—Te mataré.
Las palabras de Draco sonaron con una increíble calma entre la lluvia. No había ningún tipo de inflexión en su voz, ninguna emoción. No había odio, no había venganza, no había pasión. Era simplemente una constatación de un hecho, dicha con la misma emoción con la que alguien hubiera comentado lo mucho que llovía. Y fue precisamente esa falta de cualquier sentimiento, más que el mensaje, lo que hacía esa frase aterradora.
Draco sintió a Hermione estremecerse a su espalda, dejando de forcejear, reconociendo sus palabras. Pero Bellatrix, rompió a reír de nuevo, convulsionándose nerviosamente en cada carcajada.
—¿Crees que me das miedo, mocoso? —su mano temblaba en torno a la varita, pero no de miedo, sino de excitación —¿Olvidas que soy yo la que te enseñó todo lo que sabes? Además, no tienes lo que hay que tener para matar. Los dos lo sabemos.
—Nunca había tenido un motivo propio para matar —repuso él con frialdad.
El odio crepitaba en su interior, alterando su respiración y los latidos de su corazón, impidiéndole ser racional a pesar de su apariencia indiferente. Su padre siempre le había dicho que saber ocultar lo que sentía, lo que pensaba, era una gran ventaja sobre el enemigo porque así éste nunca podía predecir cual sería su próximo movimiento. Él no lo hacía conscientemente, del mismo modo que tampoco elegía respirar. Simplemente sucedía. Era un ánimo extraño el que le poseía. Un deseo frío y a la vez abrasador de venganza que le impedía sentir nada que no fuera el poderoso gusto del odio.
Por eso, le llevó unos largos segundos darse cuenta de que Hermione había rodeado una de sus manos con la suya. Sintió el movimiento a su espalda y supo lo que iba a suceder, antes de que tuviera lugar.
—Eso es —Bellatrix se pasó la punta de la lengua por los dientes en un gesto rápido —Ódiame. Disfrutaré mucho arrancando el odio de tu última mirada —siseó entre dientes y entonces alzó la varita para atacarle.
Pero antes de que pudiera lanzar el hechizo, Draco y Hermione, enlazados bajo la lluvia, desaparecieron.
Hermione cerró la puerta de Grimmauld Place después de que ambos entraran en el vestíbulo de la mansión y se apoyó sobre ella, temblando de arriba abajo. Miró a Draco, pálido y afectado también, pero furioso. Parecía mirar a su alrededor buscando algo que romper, y ciertamente así era.
No tenía varita y Hermione estaba de por medio. Draco sabía que hubiera sido una locura tratar de enfrentarse a Bellatrix en esas condiciones. ¿Qué podría haberle hecho? ¿Salpicarla de barro?
Pero su odio no era racional, no era lógico. Y estaba desatado. Quería matarla más que nunca. Pero no con magia, con las manos. Quería disfrutar de arrancarle el último aliento de vida personalmente.
Quería... nunca llegó a saberlo porque Hermione se acercó, le abrazó y él dejó de pensar. Seguía furioso, pero su cuerpo, se iba relajando ante su proximidad, ante su contacto, su calor, su olor.
—Como vuelvas a salir así de Grimmauld Place seré yo quien te mate —le aseguró ella, con la voz amortiguada contra su pecho. Draco la sintió temblar en sus brazos y supo que estaba aterrorizada por lo que acababa de suceder. Por ella, pero más aún por él.
Y fue eso, posiblemente solamente eso, la única cosa que podría haberle calmado en esos momentos. La rodeó con sus brazos y apoyó mejilla contra el pelo chorreante de Hermione.
Bellatrix quería matarla por su culpa y Draco sabía que ahora que les había descubierto juntos, le había dado aún más motivos para asesinarla. Confraternizando con una sangre sucia. Se le ocurrían palabras mejores –o peores según quien –para nombrar a lo que ellos hacían, sólo sabía que cualquiera de ellas le metería en problemas. Con todo el mundo.
Con su familia, con los mortífagos, con Potter y Weasley.
En otras circunstancias, en otros tiempos, eso le hubiera preocupado más. Pero los mortífagos ya querían matarle, sus padres "estaban fuera de combate" y la comunidad mágica en general le tenía por un delincuente perseguido por el Ministerio. Ya no tenía absolutamente nada que perder.
Sí, estaban locos, pero el mundo mágico era una locura. Y que se fueran todos al cuerno porque él, mal que le pesara, la quería. Y era un cursi, pero no podía remediarlo.
Fue Hermione la que se apartó de él y Draco casi tuvo que reprimir un gruñido de protesta.
—Estamos empapados —susurró ella y tomó su varita. Draco se dio cuenta de que las manos le temblaban y sintió el deseo de apretarlas entre las suyas, pero Hermione agitó la varita y al instante ambos estuvieron secos y tibios. Incluso el cabello de los dos estaba libre de humedad.
Después tomó a Draco por la muñeca y tiró de él rumbo a las cocinas.
—¿A dónde vamos? —preguntó él.
—Voy a prepararte algo de comer. Llevas días sin probar bocado —dijo ella, tratando de dominar el nerviosismo de su voz. Draco se dejó llevar, comenzando a sentirse divertido por el tono de censura con que ella había hablado. Obedeció cuando le indicó que se sentara y se quedó parado, viéndola entenderse con la cocina.
—Te prepararé algo e iré a ducharme —dijo ella desde la despensa —y luego podrías hablar con Kreacher. Le encontré temblando en el ático. No sé que le dijiste pero...
—No le dije nada que no se mereciera —repuso él, con aspereza.
—Lo dudo —replicó ella, de espaldas a él, preparando algo comestible —cuando estás borracho eres muy cruel.
—No me quites méritos, también lo soy sobrio.
Hermione contuvo una sonrisa y se alegró de estar de espaldas porque así él no podía verla.
—No tienes remedio —dijo tratando de sonar seria —Pero creo que los dos deberíamos hablar con él. Yo también le dije algunas cosas... groseras.
Draco alzó una ceja y sus ojos brillaron con un brillo burlón.
—¿Groseras? ¿Tú?
—Bueno... —Hermione sacó cubiertos de un armario —estaba algo alterada, así que le dije que si no respondía a mis preguntas sacaría suculohuesudo del ático —respondió a media voz y muy rápido.
—Vaya, estoy impresionado —se burló él, pero no con crueldad.
Ambos permanecieron en silencio durante un minuto, Hermione ocupada en la cocina, Draco ocupado observándola. Ahora que la furia y el miedo iban derritiéndose, volvían a aparecer los celos. No sabía nada de lo que Hermione y Krum habían hablado –o hecho –y dudaba mucho que ella sacara el tema. Quería preguntarle sobre ello con delicadeza, pero después de devanarse los sesos por unos segundos, decidió enviar las buenas maneras al infierno.
—Hablando de culos, ¿qué pasó con el culo pelado del gorila de Krum? —preguntó, ensañándose con cada palabra.
Hermione se volvió para lanzarle una mirada acerada.
—No hables así de él —le dijo con tono severo.
—Y tú no cambies de tema.
—No hubo sexo de reencuentro si es lo que quieres saber. Y no llevaba taparrabos —añadió Hermione con rencor, rememorando las palabras que él le había dicho esa mañana —Y si vas a volver a tratarme como si fuera a una cualquiera, te aconsejo que te lo ahorres. Hoy ya he tenido suficiente.
Después se volvió de nuevo hacia la encimera y siguió trabajando en un silencio ofendido. Draco se dio cuenta de que las cosas no iban a ser tan sencillas como había pensado. Hermione no era como las otras chicas con las que se había relacionado. Si alguna de ellas se atrevía a montarle un numerito o se enfadaba, él no tenía nada más que besarlas. Ninguna tenía ganas de gritarle después de eso.
Pero Hermione sí. Tal vez por eso le atraía, por mucho que le reventara.
Tragándose su orgullo, se levantó de la silla. Tenía que aprovechar que aún estaba un poco borracho.
—Y no, no voy a irme a vivir a su choza o a su árbol —continuó ella, sin mirarle, al sentir que él se acercaba —ni nada por el estilo si es lo que te interesa.
Draco se detuvo a sus espaldas y la sujetó por la cintura. Hermione se tensó, pero siguió a lo suyo, ignorándole.
—¿Qué pasó? —preguntó él en un susurro cerca de su oído.
—No tengo ganas de hablar de eso —repuso ella, con ese todo digno que tanto irritaba a Draco.
—Oye... —comenzó él incómodo —olvida lo de esta mañana.
—Oh, sí, por supuesto.
Draco hizo una mueca al escuchar su tono irónico. Ella no iba a ponérselo tan fácil.
—Estaba... bueno, ya lo sabes. Lo siento —gruñó como si las palabras se le atragantaran.
—Está bien —susurró ella relajándose entre sus manos.
—Entonces, ¿qué pasó? —insistió él, hoscamente.
—Bueno... Viktor estaba preocupado por mí y por todo lo que está pasando en Londres. Me pidió que fuera a Bulgaria con él porque las cosas allí están más tranquilas y su país es más seguro que Inglaterra en estos tiempos.
Draco crispó los dedos en torno a la cintura de Hermione pero se cuidó de hacer ningún comentario. Prefirió concentrar sus esfuerzos en imaginar docenas de maneras de asesinar a Krum.
—Y yo... le dije que no podía ir porque estoy ayudando a Harry y Ron en algo importante, y bueno... —Hermione apoyó las manos en la encimera, inquieta. No quería hablar demasiado. Draco le había dicho, o algo así, que la quería, pero Hermione no quería que supiera que ella sentía lo mismo. No podían estar juntos —Le dije que además había alguien y... él me pidió que lo pensara igualmente. Después me fui y... eso es todo.
A Draco le hubiera gustado que le hubiera dicho a ese gorila analfabeto que ese "alguien" era él, pero sabía que eso no habría sido prudente. Aunque para ser sincero, eso le importaba un bledo.
Despacio, sujetó a Hermione por los antebrazos para impedir que siguiera cocinando y la sintió tensarse en sus manos. Sabía que le ponía nerviosa que él estuviera tan cerca y que la tocara, y eso le encantaba. Despacio, la obligó a volverse hacia él, hasta que quedaron frente a frente, ella arrinconada entre la encimera y él. Hermione casi temblaba y miraba fijamente el codo izquierdo de Draco, para rehuir sus ojos. Tenía miedo de lo que fuera a pasar, tenía miedo de hablar de lo sucedido la noche anterior. Tenía miedo de sus sentimientos, de lo que él le hacía sentir.
Se estremeció como si le hubieran arrojado un caldero de agua por encima cuando sintió la punta de la nariz de Draco acariciar su sien, lánguidamente. Trató de apretarse contra la encimera para apartarse de él cuando lo siguiente que contactó con la piel de su pómulo fueron los labios de él, en un breve y sensibilizador roce.
Hermione sabía que iba a besarla, y que en cuanto lo hiciera, olvidaría todas las razones por las que eso les estaba prohibido, así que apoyó las manos en el pecho de Draco para apartarle mientras apretaba los párpados, como rogando silenciosamente por tener suficientes fuerzas para hacerlo.
—Draco... no —murmuró con un hilo de voz.
—¿No qué? —susurró él y su aliento cayó sobre el oído de Hermione cuando ella giró el rostro para quedar fuera del alcance de sus labios.
—No a esto —dijo tratando de centrarse, lo cual era infinitamente difícil teniéndole tan cerca, con las manos sobre ella —Está mal.
—¿Quién lo dice?
—Cualquier persona razonable —aseguró ella.
—¿Y qué dices tú?
Hermione lo miró a los ojos, sorprendida. Esa simple preguntaba entrañaba más de lo que en un principio podía parecer, y los dos lo sabían. Del mismo modo que cuando Draco la besó en la boca, los dos supieron que ella estaba perdida.
Harry se apoyó contra la pared de un edificio de adobe semi derruido, respirando agitadamente. Ron simplemente se dejó caer sobre el suelo, sosteniendo débilmente una venda contra su antebrazo lleno de arañazos. Tenía la ropa llena de desgarrones, barro y suciedad, y toda la piel expuesta estaba cubierta por finos arañazos, rodeados de sangre seca o húmeda aún.
Harry no tenía mucho mejor aspecto, además su mano izquierda sangraba constantemente, por mucho que la cerrara en puño en torno a un pedazo de tela que trataba de cortar la hemorragia.
—¿Estás bien? —preguntó Ron mirando a su amigo. Harry asintió con gesto serio y ambos miraron a su alrededor. Se encontraban en el centro del poblado mágico abandonado.
Era cierto que allí no vivía nadie, pero eso no significaba que la aldea estuviera abandonada. Quienes habían vivido allí, o quizás alguien que lo había hecho con posterioridad, había dejado su huella. Un regalo para disuadir a futuros visitantes.
Además del difícil acceso al lugar, trepando más por un "camino" en la roca que por una verdadera senda, la aldea estaba protegida de visitas indeseadas. Para empezar, la rodeaba un espeso zarzal que no sólo estaba cubierto de afiladas espinas, formando una imbricada red inexpugnable, sino que además poseía vida. Se mostró resistente a todos los hechizos que Harry y Ron le lanzaron, así que resolvieron tratar de atravesarlo a la fuerza.
A juzgar por el aspecto de ambos, no había sido una buena idea. En cuanto se habían adentrado en la maleza, abriéndose paso usando la varita como un hacha, las ramas del zarzal habían tomado vida como la Tentáculos Venenosa y había tratado de atraparles entre sus agujas. Una de las ramas se había enredado en torno a la mano izquierda de Harry y posiblemente hubiera acabado desgarrándosela si Ron no hubiera cortado la rama en dos con su varita. Después de eso, habían echado a correr, pisoteando y cortando la maleza a partes iguales. Se habían arañado, caído y herido, pero habían logrado atravesar la entrada a la aldea, vallada por un muro de adobe y piedra en deterioro. En cuanto habían salido del alcance del zarzal, éste se había recompuesto automáticamente borrando en el acto todo rastro de la "senda" que ellos habían creado.
La aldea tenía una planta circular y los distintos restos de edificaciones se orientaban como en un coliseo, formando tres círculos concéntricos hasta el último, ocupado por una torre, también circular, en ruinas. Harry y Ron habían tenido oportunidad de comprobarlo desde el aire, cuando sobrevolaron el lugar en escoba, pero al nivel del suelo la cosa era diferente. No había ningún camino recto en la aldea, cuyas casas y edificaciones parecían haberse distribuido a propio intento para confundir a todo aquel que osara a pasear por sus calles. Después de discutirlo mucho, Harry y Ron habían decidido que el horrocrux –si estaba allí –debía de estar en la torre central. Voldemort no habría ocultado una parte de su alma en cualquier casucha vulgar.
El problema era que las calles laberínticas no eran el único impedimento para llegar al lugar. Los dos amigos se habían visto atrapados en una especie de campos de fuerza que se originaban entre las vigas de las distintas casas, encerrándoles en un cuadrado, cuando ellos se metían por determinadas calles. Entonces se creaba una especie de jaula de energía, que les rodeaba, impidiéndoles salir. Harry había probado a lanzar una piedra contra una de las paredes del campo mágico y había contemplado con estupefacción como ésta se desintegraba hasta ser sólo polvillo. Después de probar todos los hechizos que recordaban y de que Ron se quedara un rato inconsciente al tratar de desaparecerse fuera, a Harry se le había ocurrido transformar los edificios colindantes al campo de energía en piedras.
Como resultado, la jaula mágica había desaparecido del mismo modo que apareció. Desde entonces habían repetido la operación con buenos resultados hasta llegar al último círculo de la ciudad. Allí se elevaba una torre de base circular, con la cúpula destruida y las paredes de piedra en distintos grados de deterioro, rodeada de nueve lápidas, situadas todas a una la misma distancia del resto y de la torre.
—Esas tumbas me dan mala espina —murmuró Ron, observándolas totalmente pálido.
—Espero que no sea Inferus —dijo Harry, con el mismo aspecto de estar a punto de vomitar que su amigo.
—Dumbledore dijo que había que combatirlos con fuego, ¿no? —preguntó Ron tratando de sonar despreocupado mientras ambos se acercaban a la entrada de la torre. Las puertas, se reducían de dos goznes metálicos y restos de madera roída, que se mantenían precariamente sujetos a los pasadores. El ángulo en el que estaba situada la torre respecto al sol, impedía que pudieran ver lo que había dentro del edificio por mucho que Harry y Ron forzaran la vista mientras se aproximaban.
A simple vista, el interior de la torre parecía vacío y oscuro. Harry y Ron se adentraron con cautela en la torre que iluminaron con un par de lumos. A la luz de sus varitas el lugar parecía realmente tétrico y vacío. El suelo de piedra estaba desgastado y tenía boquetes que mostraban la tierra. Había agujeros aquí y allá por los que la escasa luz del sol se colaba y el techo estaba por completo derruido. Restos de lo que había sido se amontaban aquí allá, roídos y vapuleados por el tiempo. Sólo había un sillón de piedra bastante primitivo, semi derruido. Y sobre él, reposaba el horrocrux.
Un reloj de sol de oro macizo, con incrustaciones de zafiros brillantes. En el gnomon se leían las iniciales "R.R.". Rowena Ravenclaw.
El último de los horrocruxes de los fundadores de Hogwarts.
El penúltimo de los horrocruxes.
Harry y Ron intercambiaron una mirada de excitación y júbilo contenido y se acercaron con cautela al trono, pero se habían adentrado apenas un metro en la torre cuando escucharon un sonido rasgando el tenso silencio. Como tierra removiéndose.
Ambos se observaron y después se volvieron hacia la entrada por la que parecía colarse el sonido. Rápidamente, se asomaron a la salida y miraron fuera. De las tumbas, cavadas en la tierra con sus correspondientes lápidas, brotaban manos esqueléticas, puro hueso pegado a los últimos fragmentos de carne putrefacta. De todos los sepulcros que estaban a su vista, salían cada vez más y más los cuerpos esqueléticos de aquellos que allí habían sido sepultados. Los brazos, el cráneo, la pelvis y por último, las piernas, hasta ponerse en pie y mirarles con sus cuencas vacías, pura oscuridad.
Sus esqueletos estaban apenas cubiertos por harapos y no llevaban arma alguna, pero había algo en la manera en que extendían sus manos huesudas y muertas hacia ellos, hediendo a muerte, que los hacía parecer mucho más terroríficos. Era como si en el fondo de la oscuridad de sus ojos vacíos, se escondiera la firme misión de llevar a los chicos con ellos al lugar de donde habían salido. Bajo tierra, a la muerte, al infierno quizás.
Harry y Ron retrocedieron instintivamente adentrándose de nuevo en la torre. Escucharon un ruido a sus espaldas y vieron a otro esqueleto colándose por una de las enormes grietas de la pared. En cuestión de segundos, nueve esqueletos se hallaban en el interior de la torre, con ellos. Tendiendo hacia Harry y Ron sus manos. Hacia los vivos. Posiblemente para robarles su vida.
—¿Y ahora qué? –murmuró Ron con un hilo de voz.
—¿Ya han llegado? —preguntó la voz fría, mortífera, cruel.
—Dentro de dos días, tres a lo sumo, estarán allí —respondió el mortífago, inclinándose en pleitesía a los pies descalzos de su señor. Nadie podía hablarle mirándole al rostro, nadie tenía ese derecho.
Nadie se atrevía.
El Lord asintió y mostró fugazmente sus dientes puntiagudos y sedientos, en un gesto que podría haber sido interpretado como una sonrisa. Podría.
Hubo un movimiento en la puerta, y un hombre nervudo y corpulento, se adentró en la habitación, permaneciendo al cobijo de las sombras. Sus ojos negros, brillantes, animales refulgían en la penumbra. Su aliento, espeso, eternamente acelerado, era audible en el silencio.
Él no se arrodilló. Era demasiado salvaje para hacerlo.
—¿Y tú? —siseó el Lord, y su voz sonó mortífera y sibilante —¿Qué novedades hay?
—Llegarán pronto —rugió la voz, ronca, densa.
—Más vale que no haya más... entretenimientos que puedan retrasarnos en el camino —amenazó Él con una suavidad aterradora —Debemos aprovechar la luna llena.
El hombre en las sombras se removió, con cierto nerviosismo animal, pero no dijo nada.
—¿Algún problema? —lo instó el Lord con un tono cargado de velada amenaza. Se puso en pie y el mortífago arrodillado se echó a temblar cuando su señor pasó a su lado, rozándole con los bordes negros como de su capa para acercarse a las sombras en las que se refugiaba el otro.
—Tenemos sed —repuso la voz gutural, que sonó más como un gruñido que como algo humano. No obstante, el miedo se olía, se percibía, se notaba vibrar en cada partícula de aire.
—Así es como os quiero, sedientos —dijo el Lord con algo parecido a excitación en la voz —Será un baño de sangre y entonces podréis daros vuestro festín. Pero... —la entonación de su voz cambió a algo más lento, más grave, más amenazante —hasta entonces, no os saldréis de lo establecido. No nos conviene llamar la atención, ¿entendido? No aún —finalizó espaciando cada palabra para exhalar su aliento sobre el rostro del corpulento hombre, que se estremeció ligeramente y reculó.
—Sí, Lord.
—Bien.
Entonces, el Lord regresó a su sillón y sus dos siervos abandonaron la estancia. Nagini se deslizó por uno de los flancos del sillón, restregándose contra él perezosamente y alzó su cabeza escamada hacia el reposabrazos. Voldemort acarició la suave piel del animal con aire ausente durante unos segundos, después miró a la serpiente y sonrió horriblemente.
—Unos días, Nagini, unos días y será mío.
Hola!
Sí, el capítulo es un poco corto pero me ha costado lo mío. No tenía muy clara esta parte así que me lo he tomado con calma y esto es lo que ha salido. A mí me gusta, así que espero que a vosotro/as también :) Una de las cosas que más me ha costado ha sido ponerme en plan romántico porque no tenía ganas xD pero bueno, era lo que tocaba. Draco se ha declarado a su manera, pero Bellatrix les ha cortado el momento amoroso haciendo acto de presencia. Por supuesto, ha intentado cargárselos pero han logrado escapar. Lejos de allí, Harry y Ron están en Albania, jugándose el tipo en la aldea perdida. Me ha gustado escribir esta parte y les echaba de menos xp y por último, lo que más me ha gustado, la escena Voldemort/Mortífagos. Creo que es evidente quien era el mortífago de las sombras y espero que hayáis relacionado la conversación con las pistas que he ido dando. ¿A qué se refiere Voldemort cuando dice que "será suyo"? Mujajaja. Como os dije, se avecinan las curvas. Ahora habrá menos romance y más guerra. Orden del Fénix, peleas y esas cosas. A ver como se me da!
Sobre todo porque ahora que acaba de salir el séptimo libro, aunque sea en inglés, todo es diferente. No sé si leerlo en inglés o esperar a leerlo en castellano, porque en cuanto lo lea Dormiens me parecerá una mierda horrorosa y me costará seguirlo. Mi parte fan luchará con mi parte escritora, ya veré que hago.
Nedia, me encantará ver el fan art :D!
Espero que no os importe que no os nombre pero son casi las tres de la madrugada, me muero de sueño y mi espalda escoliosica -no sé si existe esa palabra -me está torturando, así que me voy directa a darle una paliza a mi cama.
Mis agradecimientos especiales para quienes dejaron review, vosotro/as sabéis quienes sois y yo también :) Mil gracias.
Y MIL GRACIAS EN GENERAL A TODO/AS LOS/AS QUE ESTÉIS LEYENDO ESTO!
Con mucho cariño, Dry!
Pd: Click a "Go" para que Draco (o X) te bese bajo la lluvia pero sin interrupción -copio el soborno de uno de los reviews (lo siento pero no recuerdo quien fue :$).
