Pensé que no iba a actualizar hasta año entrante AAAAAA por fin (ya por fin la historia seguirá en un solo espacio temporal)


IV


Luego de diez minutos parado en la entrada, Emil se cansó de esperar a Lily. Tampoco era como si la chica no pudiese entrar sola a su salón... o al menos con eso intentó eliminar cualquier sentimiento de culpabilidad. Pero no era su culpa, simplemente... hacía demasiado frío allí afuera. Ni siquiera su grueso abrigo beige podía menguar el fastidio y la irritación de encontrarse a las típicas bajas temperaturas de inicio de año, muy a pesar de sus genes nórdicos. Lukas podría estar decepcionado.

El instituto era un lugar bastante espacioso y de elegante infraestructura, si era sincero. También había escuchado que la biblioteca tenía bastantes libros. En el recorrido de su primera impresión, Emil ganó las miradas de algunos estudiantes, probablemente por su apariencia inusual, porque a pesar de que ese día llevase un gorro gris de lana, algunos mechones de su platinado cabello lograron escapar. Esto le sucedía a menudo, y aún así, Emil no podía acostumbrarse, y terminaba sintiéndose muy incómodo. Recibir atención nunca fue lo suyo. Otros simplemente lo ignoraban, demasiado concentrados en sus teléfonos, o estudiando desde sus libros. Esto último lo hizo sentir nervioso, ¿por qué estaban estudiando desde ya? ¿Acaso habría algún examen sorpresa el primer día? ¿O un profesor preguntón que te ponía cero si respondías con el error más injusto?

Emil sentía que si ya se estaba asustando con la preparatoria, no dejaría nada para la universidad. Aunque bueno, Lukas le decía a menudo que la universidad no era difícil si no eras un estúpido; pero Emil sabía que Lukas era Lukas y poseía un talento natural para desempeñar cualquier cosa que quisiera hacer. Lamentablemente, él en vez de compartir esa semejanza con su hermano, era un tipo con mala suerte.

Una vocecita lo detuvo antes de continuar hasta su salón.—¡Emil! ¡Espérame...!—exclamaron, sujetándolo del abrigo. Emil bajó la mirada y se encontró con Lily, quien ante sus jadeos cansados, lo más probable es que subiera las escaleras corriendo para alcanzarlo al ver que la dejaba. Esto le ganó una mirada de "eres un traidor" por parte de Lily. ¿Por qué, precisamente cuando se iba a ir es que su amiga aparecía? Sentía que había dado una mala impresión, y lo peor de todo, Vash le estaba mirando desde el auto con rencor en los ojos. En realidad no había hecho algo tan malo, había estado esperándole por diez minutos y tenía frío, pero excusa semejante no valdría nada para ese quisquilloso y terrorífico alfa suizo que cuidaba de su hermana tan recelosamente.

—Te demoraste y me dio frío... lo siento.

—Fuf...—suspiró, tratando de normalizar su respiración—...¡es que pasamos por Victoria!—dijo perdonándolo de inmediato. Lily siempre había sido así: era incapaz de llevarse mal con la gente, y viceversa. Su récord de mantener odio había sido de tan solo minuto y medio, con una chica checa que le debía dinero y que no se lo había pagado aún. Emil le preguntó por qué si eso le había molestado había comenzado a hablar normalmente con ella, y Lily le respondió que la chica contaba historias graciosas y que prefería olvidar su rencor para escucharlas.

Victoria apareció unos segundos después, soltando un hondo suspiro cansado. Al parecer seguía llevando el mismo estilo de siempre, ordenándose su castaño cabello en dos coletas bajas.—No puedo creer que me tenga que acostumbrar a esto de ahora en adelante...—se quejó, encogiéndose.—Buenos días, Emil.

—Buenos días Victoria.—Emil alzó una ceja.

La morena respiró hondamente, y se irguió, como recuperando las buenas vibras que había perdido subiendo las exageradas escaleras. Lily se echó a reír, y se encogió de hombros.

Cuando Lily le preguntó a qué preparatoria irían, él no pudo sentirse más feliz, porque significaba que ella quería seguir estando con él. Honestamente, Emil no sabía mucho del amor, pero él sentía que Lily le gustaba. Siempre que estaba con ella se sentía tranquilo, y sonreía seguido. Siempre que estuvo con ella pudo compartir lo que pensaba o lo que le gustaba sin miedo alguno, y viceversa. A su lado, aprendió algunas habilidades de jardinería, y cómo hacer algunos postres suizos. Era una chica hermosa, y no solamente en su amable forma de ser. Para este año, Lily se había cortado el cabello hasta un poco más arriba de los hombros (junto a ese listón azul) y contrario a la reacción horrorizada de su hermano, Emil pensaba que se veía maravillosa. Bastante linda.—Solo son unas escaleras, Vicky. ¡Lo harás!

—Dios te oiga.

—¿Nos vamos ya? Estamos en la misma clase.

—¡Qué bien!—sonrió la pequeña, siguiéndolo.—Voy a esforzarme mucho este año. Quiero ser tan buena como mi hermano, y que se sienta orgulloso de mí.

—Vash debe estarlo, eres buena estudiante.

—Sí—Victoria bufó, enroscándose el cabello entre los dedos—Mi sueño es que Francis algún día sea así de buen hermano.

—¿Eso creen?—ella enrojeció, y juntos, subieron las escaleras a su salón.—Y Victoria, tu hermano es muy agradable, no digas eso.—aunque la chica, en vez de atender las palabras de Lily, concentró su atención en su teléfono—Por cierto, ¿escucharon que Matthew entró a un equipo de hockey? ¡Quien busca encuentra! ¡Estaba muy feliz cuando me lo dijo por teléfono!

—¡Él me llamó ayer! No sabía que habían equipos de omegas, supongo que tiene mucha suerte.—declaró Emil honestamente. Normalmente los omegas no practicaban deportes.

—Matt es un buen jugador, equipo de alfas u omegas, deberían siempre aceptarlo.—murmuró Lily, cruzándose de brazos.—Tontos.

Las cosas siempre le habían parecido muy injustas, sobre todo para los omegas. La gente solo los veía como seres que solo servían para tener bebés y cuidar de ellos. Simple y llanamente. Por eso, la tenían difícil para ir a una universidad o vivir por su cuenta. Siempre corrían peligros estando solos, porque según lo que Lily había leído, los increíbles aromas de los omegas estaban para llamar la atención de los alfas y por eso muchos de ellos podrían volverse inestables al lado de un omega. Sus cuerpos estaban hechos para estar encantados de algo así, pero Lily estaba más que segura que en su interior, los omegas lo odiaban. Cuando eran marcados, el aroma que despedían disminuía, como si hubiese cumplido ya su función, y esto era otro argumento para la gente para pensar que nada más existían para los alfas.

Lily pensaba que era la cosa más estúpida del mundo.

Emil la miró por un momento y suspiró.—Igual... Matthew ya es feliz jugando hockey, ni siquiera debe importarle eso.

—Sí pero...- Pero él es tan bueno que debería estar participando en alguna liga nacional, pero eso no va a pasar...

Emil se sintió algo incómodo al respecto, y pensó en su madre. No se la imaginaba trabajando, o yendo en una liga nacional de deportes, o haciendo otra cosa que no fuera ser su madre. Así mismo, tampoco le había sorprendido cuando se enteró que Berwald había marcado a Tino, y que este estaba esperando un bebé. Emil suponía que era así como las cosas tenían que ser, ¿no es así? Los omegas siempre habían sido una cosa; los alfas otra. Así estaba prescrita la naturaleza.

—Ya no hablen de eso, si Matt está feliz entonces nosotros también tenemos que estarlo.—determinó la muchacha africana, con sabiduría que ni el uno ni el otro pudo replicar.

En el salón, aún no habían llegado todos los estudiantes. Los asientos cercanos a la ventana fueron los favoritos, y los marcaron para sí. Ver el cielo azul a través de la ventana era como una pastilla analgésica durante clases estresantes como matemáticas o física, o el dolor de Victoria: literatura.

Justo al lado, una chica rubia los miró de reojo de su libro. No se veía muy animada a la socialización, pero Lily, siempre abierta a nuevas amistades, se presentó con una linda sonrisa que no cabía para desplantes ni groserías. Realmente le gustaba conocer personas nuevas.

—Soy Camille.—respondió, sin rastro de timidez o asperezas, cerrando su libro por educación. Victoria detectó el suave acento francés que no desamparaba su pronunciación, y en este mismo idioma, le pregunto si sabía hablarlo. Ella rió.—¡Soy de Mónaco! ¿De dónde eres tú?

—Seychelles.—afirmó orgullosamente.—Francés es mi lengua materna.

Cabe decir que las chicas seguían comunicándose en un idioma ajeno para los dos chicos restantes, y la suiza (con un tono bromista) les reclamó el desplante.—¿Podemos volver al inglés? Quiero saber que están diciendo...

Victoria se echó a reír junto a Camille, pero ambas accedieron sin mucha resistencia.

Poco a poco, más estudiantes comenzaron a llegar. Esta era la clase 1A, para estudiantes élite, por lo que Emil vio una considerable porción de alfas llenando el salón. Fue inevitable sentirse algo intimidado al respecto. ¡Es que eran irritantes! Cada uno tenía su ego subido por los cielos. Estos, para mala suerte suya, eran además bastante ruidosos y Emil les habría pedido que cerraran la boca pero lo menos que quería era ganarse enemigos en su primer día de clases (sobre todo porque los alfas eran orgullosos y peleoneros), así que calló, intentando de ignorarlos. Aunque Victoria, a su lado, no lo soportó por mucho tiempo, y se levantó cruzada de brazos.

—Oigan, ustedes, ¿qué tal si le bajan el volumen a la película? ¡Vaya que son ruidosos!

Se formó un incómodo silencio en el salón. Lo peor fue cuando Lily también la secundó, y Emil juró haberse palmeado el rostro.—Sí, solo bajen un poquito la voz, ¿por favor?

—Diablos, intenta ser más linda como ella para la próxima, marimacha.

Aún con aquella amenaza, el ruido disminuyó. Victoria rodó los ojos, pero no les hizo mucho caso.

Otros estudiantes entraron; parecían ser los últimos porque solo faltaban dos pupitres por ser usados en el salón. Emil subió la vista del libro que estaba leyendo. Sus ojos se abrieron sorprendidos.

Lo menos que había pensado era que se encontraría con Leon Kirkland e Im Yong Soo en la misma preparatoria, y para más colmo, en el mismo salón. Nunca les había preguntado nada al respecto, pero no porque le diera vergüenza hacerlo, simplemente... se le había olvidado. La comunicación con sus amigos se había deteriorado con el tiempo, proporcional a su preferencia a pasar el rato con Lily o de Leon al pasar el rato con Yong Soo. No era que no se hablaran; Emil y Leon aún seguían hablándose como amigos, pero... no fue lo mismo. Pensar en esto hizo sentir culpable a Emil de repente. Leon, hace tiempo, le había recalcado que Lily le gustaba y que estaba alejándose por esto, y ver cómo todo eso sí sucedió, le hizo pensar que su distanciamiento había sido por completa acción suya.

Pero no era como si él no se hubiese sentido desplazado por el coreano.

Verle en su mismo salón hizo, inconscientemente, emocionar a Emil. Era un evento que no había sucedido desde que entraron a bachillerato. Leon era un prodigio en cualquier área dada de estudio, por lo que siempre ocupó los primeros puestos y estuvo en las mejores clases. Lo mismo sucedía con Yong Soo, aunque era normal no esperárselo de él, porque actuaba como un... tonto. Pero podría ser talento natural asiático. Mientras que Emil tenía dificultades con matemáticas y eso siempre le hizo rebajar un poco su promedio, encontrándose en la clase B con regularidad.

Emil esperó a que Leon alzara siquiera la vista de su celular, o que por lo menos Yong Soo lo notara de la amena charla que tenía con el hongkonés (que lo ignoraba), pero los dos amigos estaban bastante concentrados en sus cosas y el nórdico se vio desapercibido en ese primer encuentro.


El timbre para descanso sonó finalmente.

Una mancha oscura se acercó rápidamente al asiento de Emil.—¡Hey, mira! ¡Es Emil! ¡Vicky!—gritó—¡Y Lily!—añadió Yong Soo al notar a la rubia sentada atrás del islandés.—¡Lily, ¿qué le hiciste a tu cabello?! ¡Tus trenzas!—dramatizó, tapándose la boca como si hubiera presenciado un asesinato.

Leon venía justo atrás del coreano, mirándolos. A diferencia de Lily, este tenía el cabello un poco más largo. Castaño, revoltoso, suave y brillante. Viniendo de él, no podía saber si le había dado flojera cortárselo, o si se lo dejó así por alguna moda. Emil lo miró tímidamente, y se atrevió a sonreírle. Leon le devolvió la sonrisa, haciéndolo sentir un cálido burbujeo en su interior. A pesar de todo, Leon no parecía estar enojado con él ni con nadie.

—¡Leon, Lily se cortó el pelo!

—Sí, Yong Soo, ya me di cuenta. Como que, se te bien, por cierto.

—Gracias, Leon.—sonrió dulcemente.

—¡No quise decir que te vieras mal! ¡O sea, te ves bien! Solo me sorprende, siempre... eso, has tenido el cabello largo, eh...

—Está bien, Yong Soo. Por cierto, linda chaqueta. ¡Combina muy bien con tu cabello!—halagó la niña suiza con amabilidad. El coreano soltó una risita egocéntrica, y giró sobre sus pies, sujetándose la chaqueta. En realidad, era cierto: el cuero negro le iba de maravilla a una persona de piel blanca y cabello azabache como Yong Soo. Parecía un chico malo, rompe corazones, con una larga lista de chicas lindas esperando para salir con él.

—Gracias, gracias. Pero no es solo la chaqueta, Lily. Es mi esencia.—sonrió galán, echándose el pelo hacia atrás. Lily rió ante el dramatismo del asiático.—Ya sabes, los alfas somos guapos por naturaleza.

Tal como Yong Soo había predicho, él se convirtió en alfa. Fue un poco antes de terminar la secundaria. Había sido una sensación, porque era muy poco común que los chicos encontraran sus naturalezas en secundaria. Fue toda una novedad, y esto hizo que Yong Soo atrajera más atención de la población femenina en la escuela, y hubo un periodo donde fue casi una celebridad. Cualquiera habría pensado que con esa fama de alfa Yong Soo sería inasequible y creído, pero el chico siempre había sido ese canalla. Verse rodeado de alfas hacía poner algo ansioso a Emil. ¿Cómo sería él? Todos los alfas eran fuertes y talentosos, ¿sería Emil un alfa torpe y tímido? ¿Diferente?

Por un momento y sin saber por qué pensó en el pequeño Hyung (ya no tan pequeño). Un pequeño alfa. Una sonrisa de ternura se posó en sus labios.

—Tu hermanito es más lindo.

Yong Soo abrió la boca ofendido. Y luego se echó a reír.—Bueno, se parece a mí, así que sí. Por cierto, deberías venir a visitarlo. Está participando en una orquesta, y el ego se le ha subido bastante. Maldito mocoso engreído...

Emil entreabrió la boca. Pero estaban hablando de Hyung, ¿de qué se sorprendía? El pequeño siempre había sido asombroso. Sin más, ensanchó levemente su pequeña sonrisa.—Un día deberíamos ir a verlo tocar.—opinó, mirando a Leon con suavidad. Este captó la inconsciente indirecta, y en sus ojos brilló un destello conocedor, aunque no agregó nada al respecto.

—Como que, jamás entendí por qué te llevaste tan bien con ese pequeño engendro.

—Eh, ¿Yong Soo permite que hablen así de su hermano menor?—preguntó Victoria, bastante curiosa.

—Yong Soo permite que Leon le diga cualquier cosa.—bromeó Emil, levantándose para ir al descanso finalmente.

—Leon va a ser mi omega, así que le permito hacer ciertas cosas.—añadió el alfa, sonriendo como ganador, peinándose el pelo.

Leon arqueó una ceja, y todos prestaron atención a qué clase de respuesta daría.—Cállate Yong Soo. Solo me tienes miedo.

Emil y Lily taparon una carcajada, mientras que el coreano rodaba los ojos.

—En realidad, sigo sin encontrar lo de "engendro" con Hyung.—sinceró el islandés luego de tranquilizarse.

—¿Podemos dejar de hablar de mi malicioso y monstruoso hermano? ¿Por favor?—pidió, echándose el pelo para atrás de nuevo.

Después de eso, se escuchó una risita, proveniente de la misma chica de nacionalidad francesa.

—Wow, un gusto, soy Leon.—comentó rápidamente al tomar en cuenta su presencia.

—Yo tampoco te había visto ahí, ¿me das tu número?

—¡Yong Soo!—chilló Lily, sonrojada.—¡Contrólate!—dijo en una risita nerviosa y de disculpa, mirando a la chica con pena a los ojos. Camille, por su lado, no le dio la suficiente importancia, pero sí que tenía un suave sonrojo en las mejillas.

Leon se echó a reír.—Me lo pasas a mí también.

Emil bajó la mirada hasta el suelo, pensativo. Leon, para su edad, era un muchacho guapo. Todo en él llamaba la atención de los demás: su cabello, sus ojos alargados y dorados, su piel fresca y su forma de ser relajada y carismática; también fuerte e inteligente. Por eso, a pesar de algo terrorífico, era normal que tuviese admiradores desde niño que quisieran incluso salir con él. Pero, sin saber honestamente el por qué, aquella escena entre esos dos provocó un extraño estremecimiento en el área de su estómago. Quizá era porque Leon siempre ignoraba estas cosas, pero justo ahora, respondía amenamente a aquella muchacha.

Se sintió un poco incómodo, hasta que alguien le tomó por el brazo y lo inclinó un poco hacia adelante. Emil alzó la mirada, y se encontró con los bonitos, indescifrables y gatunos ojos de Leon Kirkland.—Vamos. Tú y yo vamos a hablar.

Y así con esa impulsividad, Emil se encontró siendo jalado por el asiático, y apenas alcanzó a despedirse de Lily. Leon caminaba rápidamente entre los pasillos que veía convenientes, y Emil contempló lo grande que era el instituto.

—¿Sabes siquiera dónde estamos?—preguntó Emil, tratando de seguir el ritmo del otro.

—No—Leon se echó a reír jovialmente, y el nórdico le siguió.—Solo quería hacer una salida dramática y hablar un rato.

—Oh—susurró, y Leon paró de repente. Volteó y lo encaró con una sonrisa.—¿D-De qué querías hablar?

—Hace tiempo que no estábamos en una misma clase.

—Sí...

—Aunque... no estamos en realidad en la misma clase. Solo compartimos las suficientes.

—Cierto, pero eso es mejor que antes, que solo compartíamos los descansos.

Leon rió nuevamente. Emil enrojeció sintiendo una calidez en su pecho.

—¿Qué tal tu hermano?

—¿Lukas? Pues... está bien. Está en su tercer semestre de medicina... dice que le gusta. También dice que espera que algún día Mathias pase a ser su paciente para culpar a un desangramiento de su muerte. Mathias escuchó eso y está teniendo más cuidado cuando maneja por el auto.

—Dios, ¿por qué lo odia tanto? Se parecen a mis padres.

Emil se rió por lo bajo, pensando que a pesar de que el señor Arthur y Yao pelearan con cierta frecuencia, no habrían pensado en lo más mínimo en divorciarse. Aquella referencia luego lo hizo cavilar un poco. Lukas y Mathias habían estado juntos por mucho tiempo, y casi podría afirmar que uno no sería el mismo sin el otro, porque Lukas se había acostumbrado a la explosión de vivos colores que era el danés, y Mathias se había acostumbrado a los significativos silencios que era el pasivo (pero peligroso) noruego. Peleaban a menudo, desde las cosas más estúpidas hasta problemas realmente serios, pero aún así, nunca habían pensado en separarse en serio.

—¿Y... ehm, tus padres?

—Inestables como siempre.—murmuró por lo bajo, y se acercó a una ventana a ver el paisaje a través.—Puede que mi viejo esté en un bar o en la casa. No lo sé. Se fue ayer.

—¿¡Qué!? ¿¡Por qué!?

Leon suspiró por lo bajo.—El hermano de mamá venía a visitar desde Japón y Arthur quería recibirlo con canciones de Queen a todo volumen. Yao no lo dejó, se enojó y se fue.

Emil se sintió terriblemente mal de querer reír ahora mismo. Él no quería ser mala persona, ni mucho menos mostrarse como un insensible. Pero imaginarse a alguien tan serio como el señor Arthur Kirkland haciendo una rabieta porque su esposa no lo dejaba poner la música que quería estaba destrozándolo por dentro. Conteniéndose, Emil mordió sus labios, mirando al suelo, y cerró los ojos cuando Leon le miró para tapar toda evidencia.

—...¿Qué es tan gracioso?—murmuró el asiático, entrecerrando sus ojos. Con las mejillas rojas, las cejas temblorosas y la cabeza gacha, Emil no lo engañaba ni un poco.—¿Te parece divertido que mi padre alcohólico abandone a su familia cada vez que no hacen lo que quiere?

El nórdico sintió una horrible presión en su pecho y miró avergonzado a Leon.—¡N-No! ¡No es eso! Lo siento...

Entonces, una carcajada brotó de los labios del castaño.—Estoy bromeando. Tuve que subir a mi habitación a reírme para que Yao no me regañara.

Una tonelada de peso abandonó los hombros del islandés, pero el alivio, pronto, fue reemplazado con la ira.—¡Me asustaste! ¡Pensé que había sido una horrible persona!

—Salgamos hoy.

Aquella repentina petición sorprendió al nórdico.—¿Salir?

—Sí. Rompí una antigüedad de mi viejo. Una guitarra de cerámica. Se lo compensaré comprándole unas plantas que siempre ha querido plantar en el jardín.—explicó rápidamente, aunque después, hizo una breve pausa. Leon sabía qué había dicho y estaba consciente de ello. En realidad sí había roto una extraña decoración clásica de su padre, pero nunca había pensado en pagárselo. Simplemente... ver a Emil junto a él después de tanto tiempo trajo cierta nostalgia y ansias al muchacho asiático.—Yong Soo es muy molesto y no me dejará buscar las cosas en paz. Y seguro podemos pasar a tomar un café o algo. Lo que sea.

Aprovechando que el asiático estaba de espaldas, Emil deslizó una suave sonrisa.—Bueno, supongo que sería divertido.

—Claro que sí; todo en lo que esté implicado yo es divertido.

Emil rodó los ojos.


Al último timbre, Leon y Emil se encontraron a la salida. Las calles, a diferencia de la mañana, estaban más limpias y vacías, por lo que era más cómodo caminar entre el bajísimo nivel de nieve. Como había dejado de nevar hace un tiempo, no hizo tanto frío como la primera vez, aunque con frecuencia en el trayecto Emil escuchó a Leon suspirar y bufar por lo bajo. Probablemente el salir en invierno había sido mala idea, pero tiempo después de caminar lo que parecía ser sin rumbo, estuvieron ante las puertas de un servicio de jardinería.

Era bastante cálido adentro, aliviando a los dos chicos. Mientras Emil miraba a su alrededor con curiosidad, Leon caminó por delante como guía. Después de todo, cuando era más pequeño, su padre siempre lo traía consigo hasta aquí para comprar las semillas para sus plantas. Había pasado bastante tiempo desde que Arthur no volvía a llevarlo, pero Leon se sabía el mapa biodiverso de memoria.

—Buenas tardes.—saludó cortés. Emil lo siguió por detrás tratando de no perderse. Habían muchas flores hermosas. Flores que no había visto nunca y olían maravillosamente. Se preguntó cómo sería tener un jardín con todas esas plantas.

—Bienvenidos.—saludó una muchacha amable-fríamente. Tenía prominentes rasgos asiáticos, bastante similares a los de Leon sobre todo en la forma y color de sus ojos, aunque su piel era levemente más bronceada y su cabello era largo y negro. Su rostro era inamovible e indiferente, de tal forma que podría hacer sentir intimidado a cualquiera.—¿Puedo ayudarlos?

—Sí. ¿Lien, cierto?—leyó Leon en el pecho de su camisa. La muchacha asintió.—¿Cuáles son tus flores más bonitas?

Lien se lo pensó por un momento. En su opinión, tenía muchas flores muy bonitas.—¿Exactamente qué estás buscando?

—Semillas.

La mujer asintió y continuó con su análisis. Ella miró al chico delante suyo, como tratando de descubrir algo de él que le permitiera una acertada respuesta. Cuando Leon se dio cuenta de esto, negó.

—No son para mí, son para mi viejo. Dañé algo suyo. Como soy un buen chico, estoy buscando una compensación, y como tiene complejo de jardinero me preguntaba cuál serían las mejores flores.

Lien asintió de nuevo, ahora por fin comprendiendo mucho mejor la situación. Un chico que se había equivocado y buscaba compensarlo. Un muchacho puritano que buscaba la paz con su padre. ¿Cuáles eran las flores adecuadas para esto? Las margaritas eran preciosas, como también las hortensias azules; pero si su padre hacía trabajos de jardinero significaba que estas flores no serían tan sorprendentes. Para alguien que ha trabajado bastante con flores, algo tan común no debería significar mucho. Entonces, Lien observó al muchacho que acompañaba al castaño. Sobre todo, sus ojos. Eran violáceos, brillantes, y ciertamente, bastante expresivos.

—Lavandas.

—¿Lavandas?

—Sí. Las lavandas significan paz y pureza. Tienen un muy buen olor, por eso se utiliza como aroma para finos perfumes.—respondió monótona—A tu padre le gustarán.

Leon asintió y pidió un paquete. Era un poco más caro de lo que había pensado originalmente, y por un momento se arrepintió de gastar su dinero en su padre (sobre todo en su fetiche de jardinería). Pero lo hecho hecho estaba, y Leon no hizo de otra que ignorarse.

Los dos terminaron en una cafetería para tomar el café que se habían prometido. Sus manos agradecieron el cálido contacto con la taza de café, así como sus cuerpos con el líquido hirviente. Una suave música de fondo permaneció imperceptible para los dos adolescentes hasta que Leon dejó escapar una sonrisa y negó, mirando a la nada. A Emil esto le pareció curioso, y le preguntó qué sucedía.

—Por esa canción mi padre se fue de la casa.

Emil entreabrió los labios.

—Es buena, pero un poco cutre para recibir a alguien.

—Las canciones de Queen no son para recibir a alguien.

—Sí, pero mi viejo aún vive en los 80's.

Emil rió.

—Así que...—Leon cambió su tono a uno más curioso.—Entraste con dos chicas a la escuela. Todo un campeón, Bondevik.

El nórdico enrojeció ante aquella insinuación, casi enojándose al instante.—¿Q-Qué dices? ¡Son amigas mías!—refunfuñó completamente avergonzado.

—¿Lily también?

—¡Aghh! ¡No empieces!—gruñó, enterrando su rostro en la palma de sus manos.

Leon soltó una carcajada burlona.—¿O sea que sí te gusta? Nunca volví a preguntártelo.

Un sonrojo apareció en el pálido rostro del nórdico. Él miró a todos lados, y para su alivio, no había nadie más que ellos y la mesera allí.—Pues... sí, me gusta un poco. Supongo. No lo sé. Yo creo que sí. Cuando estoy con ella, me siento bien. Cómodo. Y... eso. Es agradable. ¡No se lo digas a nadie! O te golpearé.

—¿...Esperas ser un alfa, entonces?

—Un alfa... esa debería ser la única forma. Supongo.

—De todas formas, no siempre es seguro. También puedes ser un omega.—replicó, sin hacer contacto visual.

Emil frunció el ceño, algo molesto.—Sí, así como tú.

El asiático se encogió de hombros.

—¿No te molesta?

—No. Es mi naturaleza, ¿qué esperaba? Lo único que puedo hacer es acoplarme a lo que soy.

—I-Igual... no creo que seamos omegas.—comentó intimidado ante la indiferencia de su amigo. Generalmente a nadie le gustaría ser omega. Bueno, Leon en ningún momento había dicho querer serlo, pero trataba el asunto con mera normalidad, como si una naturaleza débil, dependiente y frágil pudiese ser aceptada.—Son muy escasos. Y todos a nuestro alrededor son alfas, ¿no? Lukas, Yong Soo... Alfred... los alfas de nuestro salón. Uno termina siendo lo mismo que los demás.

—Tal vez—sonrió, apoyando su mentón en la palma de su mano. Justo así, el brillo pálido del cielo y la nieve delineó llamativa y frescamente su rostro. Habían simplemente veces cuando Emil no podía dejar de observar a Leon. Eran momentos extraños que siempre ocurrieron desde que eran niños. Como si algo de él le atrajera demasiado, como si nunca pudiese grabarse sus facciones. Pero el efecto era aún más cuando Leon le miraba a los ojos, y así quedaban por un tiempo, ahondando en el otro sin razón, hasta que se transformaba en un concurso de miradas. Sin embargo, Emil se preguntó si Leon habría sentido algo como lo se él. Y si lo entendía.—Pero no por eso es algo malo.

—Supongo que es como tiene que ser.—Leon, repentinamente, acarició su mejilla, en suaves golpes como bofetadas, haciendo reír por lo bajo al muchacho islandés.

—Vamos. Mi madre debe estar paranoico.


Era comúnmente un tranquilo verano cuando el primero de julio, Leon cumpliría los dieciséis. Era un día pacífico y aburrido, por lo que pasaría sin menos transacciones más que felicitaciones de sus padres y llamadas de sus amigos. Si era honesto, este tipo de celebraciones habían dejado de conmoverle hasta los doce, cuando despertó con ganas de volverse a dormir todo el día; a lo mejor, desde ese momento (Leon creería), todos sus cumpleaños se les había antojado pasarlos de la forma más discreta posible y a su deriva. Sin nada más que envuelto en sus sábanas. Aunque ese día no había llegado solo, para lo que su padre graciosamente había llamado: golpear la pubertad.

Él, un alfa.

Yong Soo explotó en sorpresa y dramatismo al día siguiente en la escuela. Leon no podía negar que le gustaba la atención, pero si era por ridiculeces, prefería pasar de largo.—¡Maldición! ¡Pero si tú ibas a ser MI omega! ¡Esto debe ser dios castigándome!—y teniendo un amigo como el pomposo coreano, era algo que podría suceder en cualquier momento en que a este se le diera la gana.—¡Esto es mentiraaaa...!

—Cállate, estás haciendo una escenita.—murmuró, sentándose simplemente en su pupitre y navegando en su teléfono.

Lily atrás se echó a reír (al parecer sí le divertía las tonterías que Yong Soo hacía), y Victoria, por otro lado, no desaprovechó la oportunidad para burlarse de él.

Pero la reacción de Emil fue la más extraña para Leon. Él nunca comentó nada al respecto, ni siquiera secreteó algo con Lily. Pero no fueron pocas las veces que Leon captó sus miradas discretas, como analizándolo; y cuando Leon decidía encararlo y sus miradas por fin se encontraban él entreveía la sorpresa de Emil, como un tipo de impacto al verse descubierto o notado (qué iba a saber él) y al mismo tiempo, el rastro de la búsqueda en sus ojos, como si no estuviese analizando a Leon, sino más bien conociéndolo, o tratando de desnudarlo. Y después Emil simplemente desviaba la mirada y no se dignaba siquiera a saludarle incómodamente con la mano.

Realmente no estaba entendiendo nada de este chico, y necesitaba hacerlo. Si Emil creía que podía comportarse raro y salirse con la suya así como si nada, estaba muy equivocado. Si había algo que a Leon no le gustaba, era que le vieran la cara de idiota.—¿Quieres dar un paseo?—le preguntó, ignorando su conversación con sus amistades, e ignorando las suyas propias. Se irguió completamente, mirándolo a los ojos.

Emil se encogió de hombros.—Bueno. Vamos al parque.—le respondió, aceptando de una forma más rápida de lo que el asiático hubiera siquiera pensado; aunque por muy extraño, no podía quejarse.

Aunque, por muy fuertes que comenzaba a ser los vientos, el sonido de las hojas removiéndose, lejos de la civilización y el césped que acariciaba sumisamente sus zapatos, la mirada de Emil brilló tenuemente, curiosa o ansiosa, donde Leon abandonó su ensoñación en los detalles circulares del tronco de los árboles para responderle como costumbre cada vez que Emil pedía mirarle a los ojos.

El concurso de miradas duró casi una eternidad para Leon, hasta que Emil deslizó una sonrisa ladina y comenzó a correr dentro del parque.

El asiático abrió los ojos, sorprendido, viendo como su amigo escapaba de él a una velocidad decente tratándose de Emil. ¿Qué era esto, y por qué tan de repente? Leon estaba confundido en ese momento, pero sin más que pensar, se dio cuenta que dejar huir a Emil no era una opción.—¡Hey!—gritó el asiático, aferrando su bolso, y corriendo justo atrás de él.

Esa parte del parque era como un rebelde bosque de árboles fuertes que sobrevivían a cualquier estación que se presentara. Desde los fríos inviernos, hasta los densos otoños. Emil se perdía rápidamente entre el juego de ramas y sombras, aprovechando en acelerar al aferrarse de los gruesos troncos café oscuro de los árboles. Iba bastante rápido, con una resistencia física que Leon no le había visto antes, como cuando eran dos niños de ocho años que huían de las bolas de nieve del otro. Aunque si era así, como antes, lo más probable es que cuando Emil se volteara, estuviera adorablemente sonrojado, como una manzana, rogando por un poco de aire.

Sin embargo, Leon no lo perdía de vista. Emil era rápido, pero Leon era mucho más rápido. Siempre lo había sido. Ágil, astuto y atlético.

Emil perdió el ritmo tratando de buscar algo de aire, momento que Leon aprovechó para atraparlo. Ambos cayeron al suelo. El Alfa apresuró a ponerse de cuclillas sobre su amigo, apresándolo de las muñecas, inmovilizando así cualquier posibilidad de escape. Podía delinear sus venas con sus dedos, esa piel pálida y frágil, fácilmente rojiza y suave. Lo miró fijamente a los ojos. Tal como lo había predicho, Emil estaba sonrojado hasta las orejas, jadeando con agitación. La humedad hacía que su cabello se pegase a su frente. No habían corrido mucho, pero estaba sudado. Él incluso un poco.

Emil tampoco apartó su mirada, sin entender por qué Leon no jadeaba como él. Intentó mover sus manos, pero estaba fuertemente atado. Su rostro estaba intacto, siempre tan indescifrable y principesco. Pero Emil ahondó en la duda de su mirada dorada, tratando de cavar en su alma. Jadeó una última vez.

—Déjame ir.

—No.—frunció el ceño.

—¿Por qué?

Leon se pensó la respuesta.—...Porque no.

—Qué infantil...

—¡Tú eres infantil! O sea, no te entiendo nada de nada...

—Yo...—murmuró por lo bajo, desviando la mirada al suelo—esto... me recordó cuando éramos niños, ¿recuerdas? Siempre... ibas a por mí. Me perseguías, a pesar de que hiciera frío. Pero yo no podía ir tras ti, porque nunca podía atraparte. Eras más rápido. Más inalcanzable. Eras mi único amigo.—de repente, en su rostro apareció un bochornoso sonrojo.—Mi mejor amigo.

Leon alzó una ceja, consternado. No solo Emil estaba diciendo cosas que de su bien conocida vergüenza preferirían nunca salir de sus labios, sino que estaba actuando de una extraña manera muy impulsiva y repentina. Pero parecía estar costándole demasiado. Aún era incapaz de mirarle a los ojos, y todo su rostro estaba rojo. El asiático sonrió suavemente, conmovido por la tierna rareza del chico.—Somos amigos aún.—El corazón de Emil bombeó con rapidez ante aquella linda sonrisa.—Solo... solo han habido muchas cosas.—dijo, finalmente dejándolo ir. Emil se sentó sobre el césped, justo enfrente de Leon.

En sus ojos lavanda había cierta renuencia, como en sus labios, que se mordían con timidez. Jugó con sus dedos.—Sigues siendo el Leon de siempre.—fugó una sonrisa, y Leon le miró extrañado.—Me equivoqué. Por un momento pensé que... serías un alfa creído y orgulloso. Como los de la clase... pero me equivoqué.

—Eso es porque Leon Kirkland siempre ha sido creído y orgulloso.—Emil rodó los ojos, haciendo que el asiático riera por lo bajo—Hey, soy un alfa, tal como lo predijiste... ya te llegará tu propio momento de brillar.—rió burlonamente, siendo seguido por el aún abochornado islandés.—No tienes que separarte de mí de nuevo por tonterías.—esto último fue dicho con certeza.

—Sí... sí, solo... me dio un poco de miedo.—suspiró, rascándose la mejilla.—El tú y yo.—intentó explicar, pero viendo cómo Leon arqueaba una de sus cejas, desistió, carcajeando.—No sé, yo me entiendo...

Emil se levantó, sacudiendo sus ropas. Le tendió la mano al asiático, haciéndole sonreír. Era agradable cómo ahora recibía tantas sonrisas suyas, así de frescas y honestas, cosa que le infundía algo de seguridad. Su amigo era ahora un Alfa, aunque siempre lo había sido, tan destinado a ser lo que era. Siempre el más fuerte, siempre el más inteligente, siempre el más rápido. Y aún así, seguía siendo él, Leon Kirkland, o por lo menos, así lo fue en ese momento ante sus ojos.

Los dos chicos se miraron por un momento. Emil estaba acalorado, producto de la extraña carrera que habían revivido, pero debían de estar como a unos seis centígrados por el momento.

—¿Volvemos?


Matthew se acercó con una pequeña sonrisa genuina ese día. Alfred se veía bastante apresurado para irse, pues como casualmente se había vuelto las últimas semanas, tenía que asistir a sus prácticas de fútbol americano estrictamente como líder del equipo que era. Sin embargo, esta vez Matthew, portavoz de buenas noticias, decidió omitir por primera vez los deseos de su hermano y anteponer los suyos en su lugar. Tampoco es como si fuese a tardarse demasiado.

—Hola, chicos.—saludó cortésmente, mientras Alfred les regalaba una sonrisa.—V-Venía para decirles... este viernes... tengo un partido de hockey contra el equipo del instituto Koningham.

—¡Increíble!—apoyó Lily, aplaudiendo con ánimos. Siempre había sido partidaria del lado deportivo-salvaje de su amigo canadiense.—Escuché que tenían equipos muy buenos.

El omega se echó a reír suavemente.

—Esperemos que no tan buenos.—opinó burlonamente Alfred.—O mejor dicho, que Los Osos sean mucho más buenos.—se corrigió rápidamente, refiriéndose al equipo de su hermano.

—¿A qué hora es?—preguntó Victoria, aunque interiormente, sabía que no podría ir. Su hermano había apartado ese día para ir de compras por las promociones que comenzarían a sobresaturar las tiendas de ropa. Francis era muy caprichoso con el estilo y la moda, pero bastante cuidadoso de no despilfarrar el dinero sin haber pensado con detenimiento antes las cosas. Era bastante idóneo para tipos como él, debía admitir.

—Por la tarde.—respondió simplemente—¿Podrán ir?

—Matt, yo te acompañaré a donde tú quieras.—dijo Yong Soo, sonriendo en toda su coquetería. El canadiense sonrió incómodo, con ese suave sonrojado en sus pálidas mejillas. Alfred solo rodó los ojos.

—Me alegra contar contigo, Yong Soo.

—¡Espera! ¿Viernes? Ese día mi primo y su esposa van a visitarnos... Me hubiera gustado mucho ir, Matthew, enserio—dijo la suiza, entristecida por su falta y por sentir haber decepcionado a su amigo; mas el Omega le respondió con otra sonrisa, intentando tranquilizarla.—¿Será tu último juego?

—Depende de cómo salga este. No te preocupes, Lily. Si ganamos, te invitaría a otro. ¿Es tu primo Roderich, por cierto?

—¡Sí! Parece que se aburrieron un poco de Austria. ¡Hace mucho que Vash y yo no les vemos!

—Supongo que yo puedo ir.—continuó Emil, rascándose la mejilla.—Hace... mucho que no te veo jugar.

Los purpúreos y profundos ojos del canadiense se iluminaron en ilusión. Lily siguió sintiéndose ciertamente mal por su futura inasistencia al ver esto, pero tenía fe que habrían más juegos a los que ella podría ir para apoyar.—Muchas gracias, Emil.

—Yo también, anótame.—secundó el alfa asiático, peinándose el cabello desinteresadamente, pero sin dejar de mirar en los ojos del chico.—Nunca te había visto jugar antes. Supongo que será divertido.

—¡Matthew, vámonooooos!—rogó el americano, trotando como señal de su prisa y creciente irritación.

—¡Gracias Leon! ¡Gracias chicos! Les juro que no los defraudaré.—gritó el canadiense, en un ataque de asertividad y confianza que muy pocas veces se le veía a alguien tan tímido y asustadizo como lo era aquel omega canadiense, mientras su hermano, al ver que todo se había terminado, lo jalaba del brazo para abandonar el lugar. —¡Nos vemos el viernes!—alcanzó a decir, antes de que su silueta desapareciera de la vista, junto a la de un desesperado Alfred.

—Supongo que tenemos una noche de chicos este viernes.—dijo Yong Soo, luego de unos momentos de silencio.

—No digas eso, suena estúpido.

—Emil, debes grabar algún pase impresionante que haga, ¿por favor? Y grita mucho.

—No voy a hacer algo tan vergonzoso, Lily.—murmuró, sonrojándose, mientras los demás reían por lo bajo. Ahora Emil tenía cierta situación que tratar: hacer presencia en un lugar aglomerado de personas ruidosas y antiéticas.

Suspiró.


Amo a mis dos nenes, bien preciosos, yo sé que en el anime hay tensión sexual entre ellos, LO SÉ. Nadie se acerca a un morrito depresivo albino todo irritable y torpe vestido de pirata de segunda, nadieeeeee

AAAA LittleCoffeeMug tu review fue el mismo día de la publicación del capítulo, tkm amigaaa Y sí, siempre lo ponen de omega, cuando Lukas tiene madera para ser todo un macho dominante! (y lo es, de hecho [aunque igual tengo un fic donde lo puse pasivo]) Me alegra que te gustara! Milenka tus reviews son mis vitaminaaaaaaaas, t apresio mucho amiga, no sabes cuán feliz me hace que apoyes los capítulos! Me suben el autoestima, regularmente creo que no estoy haciendo nada bien jajja