o0o Recomendación musical: Fall Apart - Earshot

Capitulo largo y movido ;)


Capítulo 38: Cruciatus (Editado)

—Bellatrix quiere matarme, torturó a mi madre para averiguar mi paradero y me apuesto algo a que tienen Malfoy Hall vigilada por si yo aparezco por allí de nuevo.

Draco hizo una pausa y miró a la congregación allí reunida. Todos lo observaban con atención, algunos escépticos, otros realmente interesados. Hermione lo miraba de un modo tan penetrante, tan ansioso, que Draco se sintió incómodo al percibir que ella intuía a dónde quería ir a parar. Estaba asustada por él, podía verlo. Él estaba aún más asustado que ella pero eso era algo que debía hacer. Bellatrix no cejaría en su empeño hasta que lograra matarla al primer descuido que tuvieran. Podrían esconderse un tiempo pero no eternamente y, aunque tal vez él pudiera pasarse toda su miserable vida en la Mansión Black con tal de saber su culo a salvo, ella no lo haría. Y Draco no podía vivir sabiendo que en cuanto Hermione pusiera un pie en la calle –cosa que no dudaba que haría –posiblemente nunca regresaría con vida.

—¿Y bien? —le instó Tonks con suavidad, devolviéndole al hostil presente. Draco se aclaró la garganta y se aferró con más fuerza al borde de la mesa, hasta que sus nudillos se blanquearon y las yemas de los dedos le dolieron, pero no le importó. Ese leve dolor le mantenía en contacto con la realidad.

—En cuanto yo ponga un pie en Malfoy Hall, Bellatrix y más mortífagos aparecerán. Puede que dos o tres —hizo una pausa, tragó saliva y añadió con sus últimos restos de arrojo —y nosotros somos más.

—Espera un momento, hijo —dijo Arthur asombrado —¿te estás ofreciendo como cebo?

De nuevo, Draco sintió todos los ojos fijos en él, pero se obligó a mirar únicamente a la cara del Señor Weasley. No debía mirar a Hermione o se echaría atrás. Pálido, sacudió la cabeza rígidamente.

—Eso es ... —comenzó Hermione con voz chillona.

—Una excelente idea, chico —dijo Moody mirándole con ambos ojos, mágico y humano como si estuviera midiéndole —Podríamos capturar a algún mortífago e interrogarle. Es más práctico y más rápido que averiguarlo por otros medios.

—Podríamos usar Veritaserum con ellos —comentó Tonks entusiasmada con la idea —Kingsley y yo podemos conseguir un poco en el Ministerio.

—Si no Fred y yo nos ofrecemos para sacarles la información —sugirió George y él y su hermano sonrieron de manera inocente.

—Somos hombres de negocios, ya sabéis, tenemos nuestros truquillos —apostilló Fred.

—O tal vez...

—No puedes hacer eso.

Bill se interrumpió a mitad de frase cuando la voz de Hermione se escuchó entre las demás como un puño golpeando la mesa. Automáticamente, todos se quedaron en silencio, intuyendo que debían mantenerse al margen.

Draco despegó los ojos de la superficie arañada de la mesa y se atrevió a enfrentar la mirada de Hermione. Suplicante, dura y asustada a la vez, toda una combinación de sentimientos, cada cual más atenazador para el corazón –o eso debía ser lo que se retorcía y palpitaba en su pecho –de Draco. Sabía que Hermione iba a odiarle al final de ese día, y eso que todavía no lo había oído todo.

Era consciente de que necesitaría recurrir a toda su fuerza de voluntad, a todo su aplomo y decisión para llevar a cabo lo que había empezado. Sabía que era el único modo.

Soltó la mesa y miró a Hermione, con las manos pendiendo a ambos lados de su cuerpo, desprovistas de función porque no podían tocarla. No dijo nada, pero ella entendió.

—No —murmuró, más para ella que para cualquiera que quisiera escucharla. Parpadeó un par de veces como si estuviera aturdida y se volvió hacia Harry —Harry, dile que no puede hacerlo.

Harry miró a Hermione y sintió que el corazón se le caía a los pies. Le quería, ella quería a Draco Malfoy de verdad. Y ahora lo miraba a él, poniendo en sus manos su destino. Suplicándole que impidiera a Malfoy llevar a cabo la única cosa buena que había salido jamás de él. El único riesgo que iba a correr por alguien que no fuera él mismo. Tenía que ser juez, tenía que escoger entre el bien de la Orden, de su misión y la felicidad de su mejor amiga.

—Es peligroso —fue lo que dijo. Harry podía haberse enfrentado a Voldemort, al Colacuerno húngaro, a una araña gigante y un basilisco, podía haber arriesgado su vida, podía haberse lanzado a la muerte. Pero no podía partir el corazón de su amiga.

—Lo es —intervino Lupin, con cierto matiz de compasión en la voz. Parecía saber perfectamente qué estaba sintiendo Harry en ese momento —pero estar en la Orden es peligroso. Si realmente quieres formar parte de ella, Malfoy, debes asumir ese riesgo.

Todos miraron de nuevo a Draco, pero él no les devolvió la mirada. Ya sabía por qué razón no era un Gryffindor, por qué no era ningún valiente: era mucho más fácil no serlo.

—¿Ahora te vas a echar atrás? —se burló Ron —ya sabía yo que esto no podía durar mucho. Si queréis mi opinión, lo mejor que podemos hacer es echarlo de aquí y seguir con la...

—No me he echado atrás, Weasel —espetó Draco. También era mucho más fácil ser orgulloso que no serlo —He dicho que iré a Malfoy Hall como cebo y voy a hacerlo. Pero no soy estúpido, quiero que todo se haga con todas las garantías de seguridad posibles. Pongo tres condiciones.

—Me temo que no estás en posición de negociar —apuntó Fred.

—¿Qué condiciones? —preguntó Kingsley, ignorando el comentario del pelirrojo.

—La primera es que estéis en los alrededores de Malfoy Hall para acudir en cuanto yo os dé la señal. La segunda es que me deis una varita.

—Razonable —concedió Moody secamente —¿Y la otra?

—La última condición es que Hermione Granger se quedé aquí —pronunció. Y al cuerno con las conclusiones que todos sacaran de ello.

—¿Qué? —preguntó Hermione elevando la voz, las lagrimas que hasta entonces habían brillado en sus ojos, habían quedado rápidamente olvidadas —Si tú vas, yo también. No pienso quedarme aquí.

—Hermione, cariño —intervino la Señora Weasley con tacto, no obstante parecía un poco aturdida por el cariz que estaban tomando las cosas ––aún no estás del todo recuperada de tu lesión...

—Me encuentro perfectamente, Señora Weasley —aseguró Hermione con sequedad —ya puedo ejecutar los mismo hechizos que antes con la diestra. Además, soy mayor de edad y nadie puede prohibirme ir —sentenció, miró a todos los presentes con desafío, y finalmente posó sus ojos en Draco, enfurecida.

—Potter puede —Draco evitó los ojos furiosos de Hermione y miró a Potter con velada súplica, pidiéndole que recordaran la conversación del día anterior —él es quien decide aquí.

—¿Qué opinas tú, Harry? —preguntó Hestia, que parecía muy entretenida y miraba de Harry a Hermione y de Hermione a Draco todo el rato.

Harry se colocó las gafas, tomó aire y evitando cuidadosamente el mirar a Hermione, habló.

—Hermione se queda.

—¡No! —exclamó la aludida, golpeando la mesa con enfado —¡No lo entiendo! ¿Por qué?

—Aún no estás del todo bien —arguyó Harry, aunque sabía que su argumento era demasiado pobre. Simplemente no podía decirle la verdad, Malfoy se lo había hecho prometer.

—¡Sabes que no es cierto! Me encuentro mucho más que sana que Ron y que tú, sin ir más lejos. ¡Y en cambio vosotros vais a ir!

—Yo no estaría tan seguro —dijo Ron haciéndose el misterioso —Vamos, creo que todos estamos pasando algo por alto. Malfoy es un mortífago y está claro que quiere llevarnos a Malfoy Hall para tendernos una emboscada. Es un espía de quien ya sabéis.

—La verdad es que es sospechoso —comentó George observando a Malfoy con repentino recelo.

El ojo mágico de Moody seguía fijo en Draco, haciéndole sentir profundamente incómodo por encima del miedo y la desdicha.

—Eso es una estupidez, Weasley —escupió Draco, redirigiendo sus frustraciones hacia el pelirrojo —Si fuera un enviado de Él, mi madre no estaría ahora en San Mungo, ¿se te ha ocurrido pensarlo, comadreja?

—Sabemos que está en San Mungo, pero ¿cómo podemos estar seguros de que en realidad está loca? —dijo Ron acalorado —¡A lo mejor sólo está fingiendo estar chiflada! No me extrañaría nada, ella es de la misma calaña que tú.

Fue sólo cuestión de un segundo. En un momento Draco estaba al final de la mesa, al otro intentaba pegar a Ron. De hecho, si Harry no hubiera sido lo suficiente rápido para parar el puño de Draco, posiblemente Ron yacería despatarrado en el suelo.

—¡Malfoy! ¡Ron! ¡Parad!

Hermione intentó apartar a Draco tirando de la parte de atrás de su camisa, pero él forcejeaba y trataba llegar a Ron una y otra vez, con tanta fuerza que casi la arrastraba tras él. Si Fred y George no hubieran intervenido, el primero frenando a Malfoy y el segundo, colaborando con Harry para llevar a Ron a un rincón, ambos se hubieran liado a golpes, pues el pelirrojo se revolvía tratando de hallar un hueco entre su mejor amigo y su hermano para llegar al mortífago sin dejar de llamarle cobarde a gritos entre otras lindeces.

—¡Ya está bien! —chilló la Señora Weasley, furiosa. Gritó tan alto que Ron se interrumpió en sus insultos y Draco dejó de forcejear por unos instantes —¡Esto es absolutamente vergonzoso! ¡Dos magos mayores de edad comportándose como niños salvajes!

—¡Empezó él, mamá, intentó pegarme! —se defendió Ron, colorado de rabia y humillación.

—¡Eso es! —le aguijoneó Draco, asomándose por encima del hombro de Fred para mirarle —Vete a lloriquearle a tu madre.

—¡Al menos yo puedo hacerlo, Malfoy! —gritó Ron.

Aunque Fred tenía más o menos la misma constitución y altura que Draco, aunque Hermione se aferraba a su espalda como una lapa tratando de retenerlo, Draco forcejeó con tanta fuerza que logró avanzar unos pasos hacia el pelirrojo. Ron, por su parte, hacía sus intentos salirle al encuentro.

—¡Cabrón cobardica!

—¡Comadreja mimada!

—¡ALTO!

La Señora Weasley había ido más allá de los gritos. Se había puesto en pie y había lanzado al aire un chillido que habría hecho temblar todo Hogwarts y que frenó en el acto a Draco y a Ron, y a todos los que intentaban detenerles. Esa clase de aullido al que se someten todos aquellos que lo escuchan porque la alternativa es una muerte lenta y dolorosa. Esa clase de sonido que hace que tu vida pase ante tus ojos en unos segundos.

—¡ESTO ES DEMASIADO! ¿Y VOSOTROS QUERÉIS FORMAR PARTE DE LA ORDEN? ¡TAL VEZ CUANDO DEJÉIS DE COMPORTAROS COMO NIÑOS DE TETA PODAMOS EMPEZAR A PLANTEARNOS EL ACEPTAROS! ¡ES COMPL...

—Mamá —trató de frenarla Ron a la desesperada, con un hilo de voz.

—¡Cállate, Ronald Bilius Weasley! ¡Si no eres capaz de estar sentado y escuchar cómo las personas maduras hablamos, lo mejor será que salgas de aquí!

Ron enrojeció hasta las orejas, olvidando ya todo impulso belicoso. Bajó la cabeza, sintiéndose profundamente humillado y furioso, y sin mirar a nadie, apartó a Harry y a George de un empujón, pasó junto a Hermione y a Draco sin mirarles y salió de las cocinas cerrando de un portazo.


A Ron le hubiera gustado destrozar el hall –especialmente el cuadro de la Señora Black –pegarse con las paredes y despotricar a media voz durante horas y horas, pero al mirar las escaleras se dio cuenta de que no estaba solo. Había una chica allí, sentada en los dos últimos escalones, abrazando sus rodillas y mirándole con aire asombrado con sus enorme ojos oscuros por debajo de la línea de un gorrito de lana con una flor violeta pegada. Ron la había visto en el hall antes de que comenzara la reunión de la Orden, pero como no hablaba a Hermione y Harry parecía muy ocupado, no había preguntado quién era. Vio que tenía un maletín desgastado apoyado en el suelo junto a las puntas afiladas de sus botas violetas y supuso que era sanadora al reconocer el símbolo de San Mungo en un lateral.

—¿Y tú quién eres? —preguntó con una brusquedad que la pobre chica no se merecía.

—Me llamo Devany Apeldty —repuso ella, algo sorprendida y cohibida —soy una sanador...

—De San Mungo, ya, ya —atajó Ron con impaciencia e hizo crujir sus nudillos conteniendo la necesidad imperiosa de deshacer algo a puñetazos —La pregunta es, qué demonios haces aquí.

Devany abrió la boca, asombrada, y volvió a cerrarla un par de veces como un pez fuera del agua. Era evidente que estaba demasiado impactada por la brusquedad de Ron para responder.

—Bueno —murmuró al cabo, encogiéndose más sobre sí misma —Potter me dijo que esperara aquí, no era mi intención molestarte. Pero supongo que puedo irme al Salón.

Ron se quedó observándola mientras se ponía en pie, recogía su maletín y tropezaba en el primer escalón. Devany soltó una maldición avergonzada y trató de marcharse a toda velocidad, pero con las prisas pisó el borde de su larga bufanda amarilla y a punto estuvo de escurrirse escaleras abajo. Por unos momentos, Ron se resarció en el placer de haber descargado una mínima parte de su frustración con alguien.

Con alguien que no tenía nada que ver con el motivo de su enfado. Con alguien que a juzgar por el modo en que le lanzaba una mirada avergonzada, con todo el rostro visible colorado, y trataba de recomponerse para continuar subiendo los escalones, parecía sentirse tan sola, perdida e insignificante como él.

—Eh —empezó y no supo bien como seguir cuando la chica se volvió hacia él con expresión cautelosa, como si esperara que fuera a gritarle de nuevo. Ron se rascó la nuca, sintiéndose culpable —No hace falta que te vayas —murmuró —yo... siento haberte gritado. Normalmente no soy tan gilipollas.

—He debido pillarte en un mal momento —repuso Devany con una sonrisa vacilante. A Ron le pareció que tenía una sonrisa dulce. En general toda ella emanaba una especie de inocencia que hacia que dieran ganas de protegerla. Aunque fuera extraño, eso a Ron le hacía sentirse cómodo.

—Yo soy...

—Ronald Bilius Weasley —repuso ella y ante la mirada interrogativa de Ron, añadió —Oí a tu madre gritarlo.

—Ah, sí —murmuró él metiéndose las manos en los bolsillos. Ya no se sentía guay. Devany le miró como si le comprendiera y Ron se preguntó cuánto se escucharía desde las escaleras con la puerta de la cocina cerrada.

—¿Por qué no te sientas? —sugirió ella, señalando un hueco en el escalón continuo al que ella ocupaba —Parece que a los dos nos tocará esperar un rato.

Sabiendo que tenía razón, Ron se sentó a su lado, resignado y mucho más calmado de lo que había pensado.

—¿Sabes? —dijo —Una vez me atacaron unos cerebros gigantes, ¿quieres ver las marcas?

Devany asintió con un gesto de asombro y Ron volvió a sentirse guay.


—Bien —refunfuñó Molly Weasley, volviendo a tomar asiento —Bien —repitió. Fred y George volvieron a sentarse, pero apartaron sus sillas disimuladamente del lado de su madre.

—Si ya habéis acabado con vuestras exhibiciones de testosterona, tal vez podamos seguir con esta reunión —comentó Ojoloco con aspereza y miró a Harry, Draco y Hermione que aún seguían en pie. Despacio, Harry y Hermione volvieron a sentarse y Draco regresó a su posición original la cabecera de la mesa —Bien, el chico Weasley tiene algo de razón. No sabemos si podemos fiarnos de ti. Padre mortífago, hijo mortífago... —clavó su ojo mágico de nuevo en Draco y él se cuidó de hacer cualquier tipo de movimiento y de mantener una expresión neutra en el rostro —sí, es cierto que tu familia ha sufrido las consecuencias de su elección, pero eso no explica por qué vas a arriesgar tu vida. Si te pareces en algo a tu padre, te echarías atrás cuando las cosas se pusieran feas.

—Es un riesgo que tenéis que decidir si estáis dispuestos a correr —repuso Draco con frialdad. Estaba cabreado por lo que Weasley había dicho de su madre y por la manera sutil en la que Moody había llamado a los Malfoy cobardes. Estaba cabreado porque por una puta vez intentaba hacer algo bueno en su vida y no hacían más que ponerle pegas —Yo os he dicho lo que hay y estoy dispuesto a arriesgar mi vida por la jodida Orden, pero sólo tengo mi palabra para demostrarlo. Así que si queréis creerme bien, si no, es vuestro problema. Podéis reuniros una vez por semana para tomar el té y hablar de todo aquello que podríais hacer para acabar con el Señor Oscuro mientras la gente se muere, o podéis hacer algo ya.

En momentos como ese, Hermione odiaba a Draco Malfoy porque le quería aún más. Le odiaba porque a pesar de estar furiosa con él, a pesar de que pensaba arrojarse a las manos de los mortífagos, a pesar de que había conseguido que la relegaran al papel de esperar de nuevo en Grimmauld Place mientras los demás se jugaban la vida, a pesar de haber intentado pegarle a Ron, no podía odiarle cuando decía cosas como esa. Porque se le secaba la boca y se sentía henchida de una especie de orgullo cuando él se comportaba con tal aplomo.

—Yo creo que mi primo tiene razón —opinó Tonks —tú mismo lo decías, Alastor, hemos esperado demasiado. Es hora de que hagamos algo y creo que no tenemos ninguna alternativa mejor que esta. ¿Tú que dices Harry? ¿Nos arriesgamos?

—Es una locuga —aseguró Fleur negando la cabeza, más con resignación que con oposición.

—Precisamente en eso está lo interesante —respondió George.

—No sé si es interesante o no, pero creo que no podemos hacer otra cosa –—Harry —Cuánto antes mejor.

—Ahora mismo, si queréis —ofreció Draco. Prefería que fuera cuanto antes para no tener demasiado tiempo para pensárselo, darse cuenta de que iba hacia una muerte casi segura y echarse atrás.

—Tenemos que volver a nuestros trabajos —dijo Arthur mirando su reloj —pero estaremos fuera en digamos, cuatro horas. Podemos reunirnos de nuevo aquí e ir a Malfoy Hall esta noche.

—Como queráis —cedió Draco entre dientes.

—Bueno —resopló Hestia poniéndose en pie —entonces, esta noche nos vemos.

—Sea —murmuró Moody.


Cuando el número 12 de Grimmauld se quedó casi vacío, ya sólo Ron, Harry, Hermione y Draco estaban en el hall. Hermione estaba enfadada con todos, Ron con todos menos con Harry, Draco con él y Harry no sabía si intentar hablar primero con el pelirrojo o con la castaña.

Hermione simplificó las cosas marchándose escaleras arriba después de lanzarle una mirada asesina a los tres. Draco esperó unos segundos y se fue tras ella y, resoplando cansadamente, Harry procedió a sentarse en las escaleras con Ron para escuchar una larga sesión de gruñidos y quejas.

Draco alcanzó a Hermione justo cuando ésta se proponía cerrar de un sonoro portazo su habitación. Logró colar un pie antes de que la puerta se cerrara y entró en la estancia tras ella.

—Lárgate —le exigió Hermione, caminando furiosamente de un lado a otro por su envejecida alfombra de Aubusson —No quiero hablar contigo.

—Se qué estás enfadada conmigo...

—¡Qué perspicaz! —se burló ella deteniéndose un instante en sus paseos para asesinarle con la mirada —Se te dan realmente bien las mujeres.

—Oye, estoy haciendo esto por ayudar a la Orden —trató de defenderse él —Me estoy jugando el culo.

—Todo eso está muy bien, Malfoy —Hermione se cruzó de brazos con energía mientras le miraba con el ceño fruncido —pero no explica por qué has pedido expresamente que yo no vaya. Sabes que puedo usar la magia como antes, de hecho podría colgarte bocabajo del techo ahora mismo antes de que pudieras decir "tiránico insoportable".

Draco se cuidó de no sonreír ante el comentario y la expresión enfurruñada de Hermione. Arrugaba la nariz de un modo jodidamente encantador y sus ojos brillaban de enojo.

—No lo pongo en duda. No es por eso por lo que he pedido que no vayas.

—¿Entonces? —le instó ella con aspereza —¿Es que quieres que me quede para prepararte la cena?

—Es peligroso, Hermione, no sé que trampas tendrán preparadas ni cuántos serán —dijo él con seriedad.

—Claro, es peligroso para mí, pero no para ti –repuso ella —Tú puedes ir y yo no. ¿Es qué me consideras inútil o algo por el estilo?

—No, pero creí que eres algo más espabilada —dijo Draco, perdiendo la paciencia. Hermione se detuvo en seco en sus paseos y le miró con estupefacción. Abrió la boca, sin duda para decirle cuatro cosas, pero Draco la interrumpió —Bellatrix va a estar allí. Y va a intentar matarte.

—¿Y qué? —repuso Hermione sin ablandarse —¿acaso no quiere matarte a ti también? Y sin embargo tú vas a ir...

—¿Es qué no lo entiendes? —bufó Draco, totalmente exasperado, y la sujetó por los hombros para impedir que siguiera paseando de un lado al otro —Ya perdí a mi madre, no pienso perderte a ti también.

Hermione abrió mucho los ojos y se quedó completamente inmóvil entre sus manos. Y entonces se rindió, desistió de tratar de darle mil razones lógicas por las que ella tenía razón y él se equivocaba, olvidó seguir peleando. Porque no podía luchar con ese tono de eres todo lo que tengo. Porque no podía luchar con esa mirada que se lo confirmaba, con la forma en que la sujetaba como si pensara que se le iba a escapar.

Porque no podía ser racional después de entender que él se iba a jugar la vida pero había hecho todo lo posible para asegurarse de que ella estaría bien; después de entender que la había puesto por delante de él. Y sin poder contenerse, le besó.

Le besó con miedo, con angustia, con ansiedad. Le besó con amor, con pasión, con desesperación. Le besó con las horas contadas antes de separarse. Draco le devolvió el beso con la misma intensidad y la aferró por la cintura, hundiéndole la yema de los dedos en su carne como si quisiera exprimir hasta la última gota de ella. Hermione le echó los brazos al cuello y se estrechó contra él, y toda ella era miedo y anhelo.

Porque había resultado ser un valiente –posiblemente sólo ella entendía hasta qué punto –, porque quería acabar con su señor, porque quería algo mejor para ellos que pasarse la vida encerrados en Grimmauld Place. Porque no sabía si después de esa noche volvería a verle, porque sabía que había demasiadas cosas que podían salir mal.

Por eso, cuando Draco se apartó de su boca lo suficiente para soltar los primeros botones de la camisa, sacársela a toda prisa por la cabeza y arrojarla lejos, cuando coló sus frías manos por debajo de su suéter mientras la guiaba hasta su cama, Hermione se entregó ciegamente.

Porque podría ser la última vez.


Cuando Draco se apareció frente a la enorme verja negra rematada en puntiagudas cabezas de serpiente, una oleada de reconocimiento y débil añoranza se hizo un hueco entre el miedo que le llenaba. Estaba cagado de miedo, pero eso era algo que debía hacer.

Por su madre, por él, por Hermione.

Empujó la verja y no se sorprendió que se abriera con facilidad, en silencio. Los mortífagos no tenían problema con que él entrara en Malfoy Hall, sólo con que saliera de nuevo. Tragó saliva y sujetando la varita con rigidez, se adentró por el sendero de gravilla rodeado de setos ahora descuidados hacia la imponente mansión que se alzaba frente a él. La hierba estaba más alta de lo normal y los setos no habían sido podados en semanas. Draco se preguntó qué habría sido de los elfos domésticos de la casa después de que su madre fuera ingresada en San Mungo, aunque tampoco le importaba demasiado.

Comenzaba a anochecer y los únicos sonidos que llegaban a sus sensibilizados oídos eran los que producía cada uno de sus pasos sobre la gravilla. Eran un sonido leve, casi amortiguado, pero parecía retumbar en la antinatural quietud de ese atardecer que bañaba las orgullosas facciones de su casa.

Se detuvo a unos metros del porche columnado de su hogar, con el corazón latiéndole a toda velocidad. Posiblemente, si subía los escalones y entraba en la casa, el hall sería lo último que vería. Estaba seguro de que dentro había alguien o algún hechizo preparado para su regreso. Ahora que su madre no estaba allí, la casa misma no ofrecía ninguna protección. Posiblemente Bellatrix ya había estado allí para colocar alguna trampa. Sí era obra suya, seguramente las trampas sólo le detendrían o como mucho le herirían. Bella no querría perderse la satisfacción de eliminarlo por sí misma.

Como había hecho con su propia hermana. Ese pensamiento inflamó de odio y venganza a Draco, pero trató de calmarse en vano. Le convenía mantener la cabeza fría dentro de lo posible, pero a la misma vez su rabia era la mejor defensa que tenía contra el miedo que le atería. De manera inconsciente, aferraba con fuerza su varita, recuperada después de tanto tiempo. Tomó aire y repasó el plan.

Dos grupos de la Orden estaban ocultos en los alrededores de la mansión. Una primera avanzadilla más cerca, escondida entre el bosque y las praderas que se extendían en torno a la magnífica mansión, para acudir en cuanto él diera la señal. La segunda, el grupo de refuerzo, permanecía a una distancia prudencial, y sólo entraría en juego en caso de que las cosas se pusieran demasiado feas. Hermione se había quedado sola en Grimmauld Place, a pesar de haber tratado de convencerle tanto a él como a Potter de que debía ir con el resto a última hora. Después de recibir un no por parte de ambos, les envió al cuerno y no volvió a hablarles, hasta que se despidió dándoles a ambos un abrazo interminable. Hermione y él se habían fundido allí, en pleno hall de Grimmauld Place, con toda la Orden del Fénix como espectadora, sin importarles en absoluto la idea que pudieran llevarse de ello. Cuando al final Harry carraspeó, Draco la soltó bruscamente y salió por la puerta sin siquiera mirarla. Sabía que de haberlo hecho, no podría haberla dejado allí.

Ahora se repetía que ella estaba a salvo en la Mansión Black y que lo importante en esos momentos era llevar a cabo el plan con éxito. Decidió que sería más seguro andar por los terrenos de la mansión mientras esperaba que alguien apareciera y daba la señal a la Orden del Fénix así que optó por rodear la casa para llegar al jardín trasero. A Draco le gustaba ese jardín porque desde pequeño, siempre había encontrado a su madre allí. Sentada elegantemente sobre uno de los bancos de piedra labrada con un libro entre las manos, o paseando entre las hileras de lirios, narcisos y rosas que por arte de magia se abrían a su paso. El pensar en su madre, llenó a Draco de tanto odio que por un momento deseó que Bellatrix apareciera frente a él para poder matarla con sus propias manos.

Como si su tía hubiera escuchado sus pensamientos, Draco sintió el crujido delator de la gravilla unos metros por delante de él, justo al final de la senda que se abría entre las flores. Y allí estaba ella, oscura, imponente, con una sonrisa histérica en los labios y los ojos negros cargados de muerte fijos en él.

—Mi querido Draco —siseó apuntándole con la varita con una mano temblorosa de excitación —Qué amable por tu parte acudir a esta pequeña reunión familiar. Podríamos traer a tu madre, ¿no crees? ¿Piensas que lo notará si te mato frente a sus ojos?

A Bellatrix le gustaba jugar con sus presas, Draco lo sabía. Juguetearía con él hasta que no lo resistiera más, como un gato lo hacía con un ratón.

Pero, por extraño que fuera, no estaba tan asustado como pensó que lo estaría. Tal vez se debiera al hecho de que estaban solos, en su casa. Posiblemente la razón principal era que Bellatrix había cometido el error de sacar a colación el tema de su madre y eso le inundaba de tal cólera, de tal odio, que no quedaba demasiado espacio para el terror que otrora le había producido.

—¿No dices nada, Draquito? —le aguijoneó ella. Draco casi podía ver a través de ella, podía intuir lo que pensaba hacer. Quería provocarle para hacer que perdiera el control y tratara de atacarla, entonces lo rechazaría con facilidad y le daría otra oportunidad para que se lanzara contra ella, sabiendo tan bien como él que le superaba demasiado en habilidad mágica, rapidez y falta de escrúpulos como para que Draco tuviera alguna oportunidad real contra ella.

Por un instante se planteó enviar a la mierda el plan de la Orden y tratar de matarla por sí mismo así le fuera la vida en ello, pero acto seguido recordó que él amaba demasiado su pellejo para hacer algo tan estúpido y decidió jugar bien sus cartas.

—¿Dónde está tu pequeña sangre sucia, sobrinito? ¿La has dejado solita? —preguntó con una fingida mueca de tristeza. Draco vio un brillo de euforia salvaje en los ojos de su tía y de inmediato se sintió poseído por la sensación de que algo no iba bien, de que estaba pasando algo que Bellatrix sabía y él desconocía en ese mismo momento.

Resistió el impulso de preguntarle de qué hablaba y decidió acelerar el plan. Sabía que Hermione estaba segura en Grimmauld Place pero no podía evitar que las palabras de su tía le hicieran sentirse inquieto y asustado.

—¿Por qué no te callas? —le espetó alzando su varita hacia su tía, frustrado porque su pulso no era tan firme como hubiera deseado. Sabía que Bellatrix le daría una oportunidad, una sola, para intentar atacarla antes de lanzarle algún hechizo, posiblemente un Cruciatus, que lo dejara debilitado, minando sus fuerzas y sus posibilidades.

Se lo jugaba todo a una carta, no había margen para el error. Sin mirar, sin pensar, Draco aferró con fuerza su varita e hizo un movimiento en el aire, apuntando con ella hacia el cielo. Bellatrix se frenó a medio contraataque al comprender que lo que Draco había lanzado no era ningún hechizo para atacarla, sino que las chispas blancas que se elevaban hacia el cielo nocturno, estallando sonoramente y multiplicándose, habían sido enviadas para delatar su posición.

—Eso ha sido muy estúpido por tu parte, Draco —aseveró Bellatrix enfurecida, y agitando ágil y mortíferamente su varita en el aire, le lanzó un Engorgio que envió a Draco varios metros por el aire hasta que impactó contra la alta valla de piedra que rodeaba la casa. La mayor parte del golpe lo llevó su espalda, pero también se golpeó la cabeza quedándose atontado durante unos segundos. Todo lo que sucedió a continuación era un poco borroso para él, ocupado en tratar de no hundirse en un dolor tan profundo que le daba ganas de llorar, gritar y romper algo a la vez.

—¡Rápido!

—¡Expelliarmus!

—¡Rictusempra!

Draco escuchaba distintas voces, sentía el silbido de los hechizos surcando el aire hasta llegar a su victima o a cualquier cosa que simplemente se topara en su camino, la gravilla aplastada, sonidos sordos de cuerpos caídos y la risa desquiciada de su tía pero por mucho que parpadeara, sólo podía ver luces y sombras confusas frente a sus ojos.

—¡Avada Kedavra! —gritó una voz que Draco conocía pero no acertaba a identificar. Tal vez la furia con la que se pronunciaron esas palabras o la conciencia de que si ese hechizo había acertado habría alguien muerto a unos metros de él, fue lo que logró que Draco saliera poco a poco de su semiinconsciencia.

Intentó moverse pero la espalda le dolía demasiado y sintió como si le hubieran atravesado el abdomen con dos espadas. Supuso que tenía un par de costillas rotas pero su preocupación inmediata era recuperar su varita, que había perdido durante la caída, para averiguar qué coño estaba sucediendo.

Sintió revuelo no muy lejos de él y concentrando todos sus esfuerzos, logró discernir a tres figuras enfrentadas. Bellatrix lanzaba hechizos y encantamientos escudos con tanta rapidez que su varita parecía estar en todas partes, mientras alzaba su otra mano en el aire moviéndose con cada hechizo como si estuviera dirigiendo su rumbo. Frente a ella, Tonks y Bill resistían sus ataques, repeliéndolos con hechizos u ocultándose detrás de alguna de las estatuas de bronce que representaban a los antepasados Malfoy que se repartían por el jardín.

Más allá, otro mortífago, Orson, estaba rodeado por los gemelos Weasley y Hestia Jones, y junto a la fuente de las serpientes Kingsley se enfrentaba a Yaxley.

Había dos cuerpos en el suelo. Uno caído sobre el banco de piedra en el que su madre solía sentarse y aunque Draco no pudo reconocerlo, por su túnica negra supo que se trataba de un mortífago. Dos metros más allá, aplastando los rosales de Narcissa, Ronald Weasley yacía aparentemente inconsciente. Potter trataba de llegar hacia él, pero Snape lanzaba Bombardas que pasaban peligrosamente cerca de él levantando docenas de guijarros y gravilla, sin dejar de repeler los hechizos de Moody.

Draco se arrastró con esfuerzo hasta su varita justo en el momento en que Ojoloco Moody caía inerte a unos centímetros de él. Con un estremecimiento de horror, se preguntó si estaría muerto pero cuando iba a alargar una mano para comprobarlo, los finos labios de Moody que hacían que su boca pareciera tan sólo una raja en la corteza de un árbol, se movieron.

—¡No te descuides, necio! –gruñó —¡Alerta permanente!

Draco se sobresaltó al escuchar el áspero gruñido del anciano, pero reaccionó rápidamente y tomando su varita, logró, tambaleante, ponerse en pie. Justo en ese instante, un chorro de luz verde pasó tan cerca de él, que su cabello se agitó por la onda expansiva. Aterrado, miró en dirección a Bellatrix que había logrado dejar fuera de combate a Bill y le dedicaba una sonrisa rabiosa.

—¡Eres una vergüenza para la familia! —le gritó repeliendo un hechizo de Tonks sin mirarla siquiera —pero limpiaré el nombre de las Black aunque para eso tenga que acabar con las bastardas de mis hermanas y su denigrante prole.

Draco arrugó los labios con asco cuando escuchó la palabra bastarda en referencia a su madre y se juró de nuevo que mataría a su tía. Furioso, le lanzó un Cruciatus con toda la rapidez y potencia de la que fue capaz, pero el esfuerzo, el dolor que se expandió por su espalda y que parecía tratar de partirle la cabeza en dos, no valió para nada porque Bellatrix rechazó su ataque con un simple golpe de varita.

—¿Un Cruciatus? —preguntó Bella al tiempo que le lanzaba a Tonks un Sectusempra dedicándole únicamente una mirada de soslayo —No tienes lo que hay que tener para usarlo —acto seguido lanzó un Engorgio a su sobrina que le dio en un hombro. La varita de Tonks salió por los aires y ésta cayó al suelo de rodillas. A Draco le pareció oír la voz de Potter gritando pero estaba demasiado tenso, preparado para atacar o morir como para reparar demasiado en ello —Tienes que desearlo, saborearlo, sentir los gritos mudos y las convulsiones en tu pecho, su gusto dulce en la lengua. En cambio tú eres demasiado burdo, demasiado endeble y cobarde como para...

—¡Cruciatus! —rugió Draco. Y Bellatrix, tan embebida en su discurso, no fue capaz de repeler el hechizo por el margen de un segundo. La golpeó en el pecho y la hizo retroceder un par de pasos, con una expresión de sorpresa en el rostro que parecía habérsele quedado fijada, como una máscara. Draco concentró todos sus esfuerzos en retenerla, en causarle dolor, pero no logró que a Bellatrix se le doblaran las rodillas o que la expresión de su rostro cambiara.

La cabeza le dolía cada vez más y su mano temblaba como una rama de sauce sacudida por el viento. Y entonces, con impotencia, Draco empezó a comprobar que las comisuras de la boca de Bellatrix comenzaban a elevarse hacia arriba y que sus brazos empezaban a moverse, luchando contra el hechizo.

Una explosión a unos metros de ellos destrozó por completo la fuente de las serpientes y cuando Draco miró hacia allí como acto reflejo, Bellatrix rompió el hechizo, empujando los brazos hacia fuera con energía, como si se hubiera librado de una camisa de fuerza invisible. Soltó una risotada salvaje mientras alzaba su varita para apuntar a Draco.

—¿Eso ha sido todo? —Bellatrix río y su pecho se agitó convulsivamente —Muy patético y decepcionante. Te enseñaré cómo se hace.

Dolor. Antes de haber visto el rayo de luz acercándose hacia él, Draco ya casi lo pudo sentir, horadando su piel, tironeando de sus tendones, calándose en sus huesos, royendo sus órganos. Un dolor punzante, constante, palpitante que parecía querer separar su cuerpo en partículas con una lentitud insoportable. En medio de las brumas del dolor, incapaz de gritar, incapaz de hacer algo más que convulsionarse, Draco recordó una escena similar en la que era Voldemort el verdugo mientras caía al suelo como un saco.

—¿Te gusta, Draquito? Eso es lo que se siente cuando el...

—¡Cállate de una vez! —gritó Tonks y balanceó en el aire la pesada cabeza bronce de una estatua caída que representaba al tatarabuelo de Draco para hacerla impactar contra la espalda de su tía. Bellatrix cayó hacia delante, y se quedó extendida en el suelo, bocabajo, boqueando. Tonks dejó caer la cabeza de la estatua con su brazo bueno y ésta se hundió pesadamente en la gravilla cuando ella avanzó hacia Draco.

Lo primero que Draco pudo ver con claridad cuando las lágrimas que atiborraban sus ojos se disiparon un poco, fue el jovial rostro de Tonks mostrándole una sonrisa.

—No sé a ti, pero a mi estaba poniéndome de los nervios con todo ese rollo del orgullo familiar y los Cruciatus —dijo tendiéndole, una mano para ayudarle a levantarse. Draco la tomó, demasiado aturdido y dolorido para decirle que ponerse en pie era una de las últimas cosas que le apetecían, y ayudado por su prima logró levantarse.

—¡Cuidado! —gritó Ron. Tonks le empujó y Draco volvió a caer el suelo ahogando una maldición. Despatarrado, débil y mareado, vio como un rayo de luz verde pasaba volando frente a sus narices y unos centímetros por debajo de la Tonks.

Ron se acercaba cojeando y lanzando hechizos a Bellatrix, que luchaba por ponerse en pie, tambaleándose pero sin dejar de atacar a sus sobrinos. Fred acudió tras su hermano y lanzó un Bombarda que apunto estuvo de arrancarle la mano de cuajo a Bellatrix. Viéndose superada y sola –pues ahora que Draco se fijaba, no escuchaba el sonido de más batallas –Bellatrix le lanzó una mirada de profundo odio y después, con la agilidad de un gato, se arrojó por el hueco en la piedra de la valla que algún hechizo había hecho, saliendo fuera de los límites de la Mansión. Antes de desaparecerse, mientras los hechizos de Fred y Ron se colaban por el agujero tras ella, todos la oyeron gritar.

—¡Esto no quedará así!

Y el suave plop les hizo saber que Bellatrix ya no estaba allí.

—¡BASURA!

La pequeña congregación se volvió hacia el jardín al escuchar el desgarrador grito de Harry. Siguiendo la dirección en la que él había empezado a correr, vieron a Snape alejándose a la carrera por uno de los laterales de la casa. Orson y Yaxley estaban inertes en el suelo y George cerraba con su varita las heridas del hombro de Bill. Kingsley, sentado contra el muro, sangraba copiosamente por la frente pero parecía consciente.

—No pueden desaparecerse en la Mansión —comprendió Draco al ver a Snape dirigiéndose hacia las cancelas de la entrada en la oscuridad. Pero Harry ya parecía haberse dado cuenta de ello y corría como si la vida le fuera en ello tras Snape, como había hecho unos meses atrás después de que éste matara a Dumbledore. Dolorido y próximo a desmayarse, Draco echó a correr tras Potter para impedir que cometiera alguna locura.

No fue consciente, ni le importó demasiado, si alguien más le seguía. Su único objetivo era evitar que Potter matara a Snape, porque Draco sabía –en realidad lo había comprendido cuando le había dejado escapar de Voldemort –que Snape era uno de los "buenos". Seguía siendo un espía, seguía sirviendo a Dumbledore a pesar de su muerte.

Aunque estaba hecho polvo, las zancadas de Draco eran más largas que las de Potter y Snape parecía estar herido por el modo en que cojeaba mientras corría y por el hecho de que no se molestara en repeler los hechizos de Harry, limitándose únicamente a esquivarlos, así que a cada paso, les ganaba terreno.

Faltaban apenas un par de metros para que Snape llegara a las puertas de la mansión cuando uno de los hechizos de Harry le golpeó en plena espalda, logrando que se desplomara en el acto sobre la blanda hierba.

—¡Potter! —llamó Draco, pero Harry estaba demasiado furioso para escucharle o detenerse. Tenía a Snape al fin, a sus pies, herido, sometido y con la varita fuera de alcance.

—¿Y ahora qué, Snape? —gritó Harry a su antiguo profesor de pociones, que se había vuelto en el suelo para quedar boca arriba y poder mirarlo a la cara—Te tengo herido y desarmado a mi completa disposición como tú tuviste a Dumbledore, y debería matarte con la misma sangre fría con la que tú acabaste con él.

—¡Potter! —repitió Draco llegando hasta él. Ese jodido de Potter, para ser relativamente bajo y tan flacucho, corría bastante rápido cuando quería. Él apenas si podía respirar.

—¿Qué quieres? —le preguntó Harry, con sequedad sin quitar los ojos de Snape, que parecía tranquilo e indiferente. De hecho les observaba a ambos como si se estuviera aburriendo.

—No le mates, Potter —dijo Draco con el tono más autoritario que pudo usar.

—¿Por qué no? ¿Qué harás si lo intento, Malfoy? —replicó Harry, furioso —¿Tú también eres un traidor como Snape?

—No te enteras de nada, Potter —repuso Draco con acritud. Si hubiera sido un jodido traidor seguramente en ese momento no tenía un par de costillas rotas, un chichón en la cabeza y los rastros del dolor de una maldición imperdonable por el cuerpo —Snape está de tu lado.

—¡Él mató a Dumbledore! —gritó Harry colérico —¡Es un maldito asesino!

—No lo niego —siseó Snape desde el suelo, con una voz que el reflejo de la pura tranquilidad y falta de remordimientos —pero a Dumbledore lo maté por qué él me pidió que lo hiciera, aunque como tu padre, eres demasiado egocéntrico para ver más allá de tus narices.

—¡Mientes! —espetó Harry con violencia y apuntó con la varita al pecho de Snape —¿Pretendes que me crea que Dumbledore te pidió que lo asesinaras?

Snape hizo una mueca de impaciencia y expulsó aire con hastío.

—¿Por qué crees que tenía tanta prisa en enseñarte todo lo que sabía? —Snape vio el brillo de duda en los ojos de Harry y continuó hablando, con más fiereza salpicada de un toque burlón y vengativo —Sí, querido Potter, sé todo lo que Dumbledore te mostró, los recuerdos que te enseñó, sus conjeturas. Por eso, Dumbledore comprendió que era esencial que el Señor Oscuro confiara completamente en mí, para así poder averiguar el paradero de más. No olvides que te di una pista.

Para ser sincero, Draco no se había enterado de la mitad de lo que Snape había dicho, pero Potter parecía sentirse afectado por sus palabras. Tenía toda la pinta de ser alguien a quien se le estaba derrumbando un edificio frente a los ojos.

—Estás mintiendo —acusó, pero con tono más bajo esta vez —Dumbledore no se hubiera sacrificado solamente para que tu señor confiara en ti...

—No se trataba sólo de eso, inepto —escupió Snape con desprecio —también de la vida de Draco y de tu misión. Cuando te enseñó todo lo que sabía, Dumbledore supo que su misión había acabado y que con su muerte ganaríamos más que con su vida.

—¿Y qué ganamos?

—La vida de Malfoy y la confianza definitiva del Señor Oscuro. Información sobre cómo destruirle desde dentro. Algo que con su vida no hubiéramos podido lograr —miró fijamente a los ojos a Harry y añadió — Se sacrificó para que pudiéramos ganar la guerra.

Harry se quedó en silencio unos segundos, tratando de luchar contra la lógica que le decía que las palabras de Snape tenían sentido. No pensaba aceptarlas como ciertas, pero en su fuero interno, una parte de él entendía que lo que decía era posible. No obstante, se animó pues aún había cosas que no encajaban.

—Si eso es verdad, si sabías todo lo que Dumbledore me contó, ¿por qué no has matado a Nagini? Estoy seguro de que has tenido muchas oportunidades.

—Utiliza la cabeza para algo más que para llevar la cicatriz, Potter —farfulló Snape poniéndose en pie con dificultad. Se tambaleó unos instantes pero finalmente quedó en posición vertical, aunque parecía algo mareado. Draco vio que tenía una gran mancha de sangre en un muslo —Nagini debe ser el último en destruirse, si yo hubiera acabado con ella antes de que tú te deshicieras del resto, me habría descubierto y no hubiera podido seguir recabando información. Cada cosa tiene su momento.

—Pues ya puedes hacerlo —replicó Harry con el mismo tono desdeñoso que Snape había empleado para dirigirse a él —el resto han sido destruidos.

Snape miró fijamente a Harry, como si quisiera leerle la mente para comprobar la veracidad de sus palabras, con un rictus amargo en la boca. Algo debió verle que hizo que se relajara lo suficiente para llevarse una mano a la herida de la pierna y presionar allí.

—Vaya, Potter, he de reconocer que me has sorprendido. Pensé que te llevaría mucho más... si es que lo lograbas —apostilló con malicia.

—No estás en condiciones de provocarme y salir bien parado, Snape —amenazó Harry con frialdad —No confío en ti, ni tampoco me fío demasiado de Malfoy... pero si lo que dices es cierto, mata a Nagini.

Podía ser que Draco no hubiera entendido de qué coño estaban hablando al decir que habían sido destruidos y no sabía por qué Nagini era tan importante, pero captaba lo suficiente para saber que si Snape mataba o intentaba asesinar a la serpiente, acabaría muerto. Voldemort no se separaba de ella.

—Pero Snape —intervino Draco y notó con desagrado que sonaba casi tan angustiado como se sentía —Él te matará.

Snape miró fijamente a Draco con un brillo recóndito oculto en los ojos, lo miró de un modo que a Harry le recordó a un padre contemplando a su hijo.

—La guerra exige sacrificios —dijo Snape, despacio.

Draco no dijo nada más pero Harry vio el dolor que su rostro no era capaz de ocultar y se sintió incómodo. Tenía que tomar una decisión importante que hubiera necesitado días para meditar, pero sólo disponía de unos instantes. Podía escuchar al resto de la Orden acercándose, después de devolver a Yaxley a su inconsciencia. Si llegaban hasta ellos tendría que dar explicaciones, responder a demasiadas preguntas y seguramente la lógica acabaría imponiéndose a su intuición.

—Está bien —dijo —Mata a Nagini y tráeme su cuerpo y podrás refugiarte con nosotros. Ya sabes dónde estamos. Volverás a formar parte de la Orden y contarás con nuestra protección.

Snape y Harry se sostuvieron las miradas por un tiempo que a Draco se le hizo eterno hasta que finalmente el primero asintió.

—Sea —dijo y se agachó para recoger su varita con dificultad sin que Harry hiciera nada para detenerlo. Una vez armado, se dio media vuelta y echó a andar hacia la verja de la Mansión, ignorando los gritos de alerta de los gemelos que se acercaban a toda velocidad sin comprender por qué razón Harry estaba dejando escapar al traidor de Snape.

Como si hubiera cambiado de idea, Snape de detuvo a unos pasos de la entrada y giró el rostro hacia Draco y Harry lo suficiente para mirarles de reojo.

—Por cierto, Potter, faltan dos días.

—¿Para qué? —preguntó Harry confundido.

—Para que Voldemort ataque Hogwarts.

Y sin decir más, Snape flanqueó la entrada de Malfoy Hall y desapareció en las sombras.


Hola!

Bueno, aquí está el siguiente capítulo y la primera batalla. Pero iré comentando por partes. En primer lugar ya habéis descubierto cual era el plan de Draco: ponerse como cebo para capturar algún mortífago y sacarle información. Ha exigido que Hermione no vaya para protegerla -cosa que a ella no le ha gustado mucho- y casi se lía a golpes con Ron xD se nota la tensión entre esos dos. Ron se ha largado cabreado y se ha topado con Devany :) -sí, es un personaje de otro de mis fics llamado "Águilas y tejones"- y por último, Harry y en menor medida la orden ha tenido que decidir si se arriesgaban a confiar en Draco o no. Al final han puesto un voto de confianza en él y el chico ha cumplido. Se ha jugado el culo yendo a Malfoy Hall, se ha enfrentado a Bellatrix y se ha visto envuelto en una pelea. Como habréis notado, no soy Rowling y escribo las peleas como el culo, pero en mi defensa digo que es la primera, así que compensad mi carencia con imaginación ;) Lo importante de esto es que Snape le ha contado su versión de los hechos a Harry y es que según él Dumbledore le mandó matarle. Eso es algo que yo llevaba pensando desde poco después de leer el 6º libro y no hago ningún comentario más por no spoilear. El caso es que Harry ha decidido concederle el beneficio de la duda y le ha encargado la misión de acabar con Nagini. ¿Podrá hacerlo Snape? Mientras tanto la Orden tiene a unos cuantos mortífagos a los que interrogar y la bomba que Snape les ha soltado. Que Voldemort piensa atacar Hogwarts en dos días.

Sí, a Hogwarts era a lo que Voldemort se refería cuando dijo aquello de "Pronto será mío" -y sólo le faltó echarse a reír sonoramente como los malos de las telenovelas xD-.

Y ahora comentar un par de cosas:

1) SPOILER DEL SÉPTIMO LIBRO. El momento Dramione que yo veo en el séptimo libro es en la escena en la que capturan a Harry, Ron y Hermione y los llevan a la mansión Malfoy. Allí empujan a Hermione hacia Draco y le piden que la reconozca como amiga de Harry, y Draco sólo dicen un "No lo sé, puede ser". Vale que hace lo mismo con Harry y con Ron también, pero Hermione es sangre sucia y la odia desde siempre y esas cosas. Sí, vale, posiblemente no tenga nada de Dramione pero yo me emocioné -sí, soy una cutre-.

2) Este mensaje va para una persona que acaba de dejarme un comentario en mi LJ firmando como "simplemente yo". Te respondería allí pero no sé si verás mi respuesta, así que lo hago por aquí que creo que hay más posibilidades de que lo veas. Sólo quería darte las gracias por todas las cosas buenas que me dijiste porque sinceramente, me has emocionado y me has hecho sentir muy bien. Usando la palabra desgastada: gracias a ti. Me has hecho sentir bien como escritora y como persona, y eso es muy grande.

Y ya me callo, lo prometo. Sólo dar mis agradecimientos especiales a todas aquellas personas que dejaron review y en el capítulo anterior (en especial para quienes me echastéis de menos : llora de emoción:):

Cris Granger, kastillito, Annemarie Hutt, melaniablack, vangu, Gheisy, lunasel, brujiskatty18, mi Esmeralda (sí, mía! mujajaja), Andrux, Pekelittrell, JulesRichards, Rominitap Moon, , Pansy Greengrass, pia.88, tonkstar, irianna07, Soe ;), Anne Lupin, Lyann Jade, mArTa, chepita1990 (vas bien encaminada en tus suposiciones ;), nazath, yanhira, lara evans, maria, angels46, Sweet Angelix ;), Itsa ;), Arsami, tiffany, Sbossuy, galletaa, ZhirruUrie, Valu86, Maki, Sra. Danvers, unkatahe, dany ;), MarauderDesire, Selegna, Iamalonefodanny-9, Erica, monica, ana karen malfoy, lissandra dumbledore, Litte Pandora ;), Sombrita (felicidades con muuucho retraso!), paulita granger, beautifly92, katty, Isa Malfoy, anassie, sonylee, Daniux, Veroli, asm1966, psycodelic corpse, Annkora, Weasley Girl, Naru, adrina, Harrymaniatica, , Hydria13, Katurix ;), Erendina, kMi, Juneau ;), lalitamalfoy, Nimue Tarrazo, Emily Dumbledore, Lunnaris, Sami Maurader girl y Alevivancov.

MUCHAS GRACIAS POR TODO EL APOYO, LOS ÁNIMOS Y POR ESTAR AHÍ!

Con mucho cariño, Dry!

Pd: Click a "Go" para que Draco (o X) te diga que no quiere perderte y...todo eso.

Pd2: ¡Cómo había extrañado esto!