o0o Recomendación musical: Adagio for Strings - Samuel Barber

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Una pieza clásica mágnifica. Ya la recomendé en L&T, es simplemente genial.


Capítulo 39: Imperius y Veritaserum

Hermione observó los fragmentos de porcelana desperdigados por la encimera de la cocina con frustración. Con manos temblorosas de los nervios, sacó su varita del bolsillo trasero del pantalón y recompuso la taza llena de tila que se le había caído.

Un vano intento de tranquilizarse al garete. Pensó en prepararse otra infusión para calmar sus nervios, pero no se veía con la paciencia suficiente para esperar a que estuviera lista y templada. Y ya había comprobado que eso no la distraía.

Limpiando con un trapo los restos de la bebida -prefería limpiar manualmente pues la mantenía más ocupada que la magia- Hermione maldijo una vez más a Harry y a Draco, para a continuación, pedirle a Merlín que volvieran a casa a salvo. Ellos y el resto de la Orden.

Hacía unos diez minutos que los había visto salir por la puerta, uno a uno, sin saber si volvería a verlos, quedando relegada a la misión de esperar en una enorme casa vacía a excepción de un elfo doméstico que se había amotinado en el ático y que no la tenía en alta estima.

Le dolían los músculos del cuello y la espalda de la tensión permanente en la que se hallaba, las manos le temblaban leve pero constantemente y tenía la sensación de que le faltaba aire a cada instante. Estaba más nerviosa y tensa que en su vida.

Por eso, cuando escuchó un sonido en la ventana, dio un respingo y el trapo se escurrió entre sus dedos. Había una lechuza al otro lado del cristal con una nota de pergamino atada a una de sus patas.

Con torpe celeridad, Hermione abrió la ventana y el ave entró revoloteando para posarse sobre el grifo. Hermione reconoció la anilla de platino con la marca de la famosa lechucería londinense que Viktor había contratado la vez anterior para enviarle el mensaje. Por eso, cuando desplegó la nota, ya sabía que era él quien la había escrito.

"Hermione,
mañana regreso a Bulgaria, contigo o sin ti. Necesito verte ahora y conocer tu respuesta. Es importante.
Viktor".

No había nada más en la nota, pero Hermione releyó las palabras de Viktor unas tres veces. ¿Era su imaginación o parecía molesto con ella? Miró la lechuza, que continuaba posada sobre el grifo enfocándola con sus enormes ojos, y se mordió el labio inferior con ansiedad, preguntándose que se suponía que debía hacer.

En ese momento, cuando sólo podía pensar en lo que estaría sucediendo en Malfoy Hall, Viktor no era una de sus prioridades. Pero por otra parte se sentía culpable por tenerle esperando una respuesta que desde el principio había sabido, y aunque sospechaba que Viktor también la intuía no podía dejarle irse así, sin una palabra. Por encima de todo era su amigo y Hermione lo apreciaba.

Así que tenía dos opciones: irse a verle mientras la Orden estaba fuera y evitarse así dar explicaciones, o esperar, atender a todos y pelearse con Draco para finalmente, no acabar yendo.

Seguramente, la Orden tardaría un rato en regresar y si ella se aparecía en el hotel de Viktor, hablar con él sólo le llevaría unos minutos.

Para ser sincera adoraba y detestaba a partes iguales la idea de marcharse. Una parte de ella quería salir de ahí, de su ominoso silencio, de la lúgubre tranquilidad, del vacío que hacía que cada pensamiento pareciera intensificarse y prolongarse en el espacio. Iba a volverse loca. La otra parte, prefería quedarse allí porque no podía soportar la idea de que la Orden regresara a la casa y ella estuviera fuera.

Miró el reloj muggle de su muñeca e hizo ademán de morderse el labio pero se dio cuenta de que no había dejado de hacerlo. Desde luego, quedarse parada en medio de la cocina como una mema no iba a ayudarla en nada, y cada segundo perdido la convencía más de que lo mejor era quedarse.

Pero si lo hacía, era prácticamente imposible que pudiera ver a Viktor antes de que se marchara. Y no sabía si podría vivir con eso porque se sentiría eternamente culpable si le permitía irse de esa manera.

Tomando una resolución repentina, Hermione salió al hall, cogió su chaqueta del perchero y se dirigió a la puerta.

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No se molestó en hablar con el recepcionista cuando se apareció en el hall del hotel y ninguno de los huéspedes que por allí pululaba pareció sentirse sorprendido por ver a alguien materializarse junto a un tiesto. Decidida, entró en el ascensor mágico con un matrimonio brujo y sus hijos, y prácticamente se arrojó fuera de él cuando llegó a la planta de Viktor. Se acercó a la puerta, tomó aire y llamó.

Contó mentalmente seis segundos hasta que la puerta se abrió y Viktor quedó ante sus ojos. Parecía normal, aunque estaba muy serio y la miraba lúgubremente. Hermione lo atribuyó a que Viktor ya había adivinado cual sería su respuesta e ignoró el escalofrío que lamió su columna vertebral cuando entró en la habitación y escuchó la puerta cerrarse tras ella.

-Has venido rápido –dijo Viktor.

-Viktor... –comenzó Hermione con decisión, pero se interrumpió, buscando algo que decir –en realidad, sólo estoy de paso.

-Lo sé –respondió él avanzando hacia ella. Hermione no pudo explicarse por qué, pero se sintió extrañamente alarmada cuando vio a Viktor aproximarse. Bruscamente, se giró cuando él estaba a un par de pasos de ella y se sentó sin invitación en el sillón donde había estado la primera vez que entró en ese cuarto.

-Ya sabes a qué he venido –dijo a Hermione, a medio camino entre una afirmación y una pregunta. Viktor asintió, parado de pie a menos de un metro de ella, pero Hermione tuvo la sensación de que en realidad no la veía. Sin decir nada, él le dio la espalda y se acercó a una cómoda que había no muy lejos de la cama, llena de útiles de aseo, pergaminos, plumas y algún libro sobre quidditch.

Hermione suspiró y cerró los ojos por un momento. Podía ser que Viktor supiera que iba a rechazar su proposición, pero estaba claro que no iba a ponérselo fácil. Ella iba a tener que decírselo, palabra por palabra.

-Mira, yo... lo siento, pero no puedo aceptar tu propuesta. Te lo agradezco mucho, pero no puedo marcharme de aquí y además, esa otra persona de la que te hablé... –hizo una pausa para buscar fuerzas para seguir. Si Viktor la estuviera mirando en lugar de darle la espalda, quizás le hubiera resultado más sencillo hablar en lugar de tener que hacerlo con su nuca –bueno, estoy con él.

Silencio. Viktor seguía removiendo las cosas que había sobre su cómoda, sin dar ninguna muestra de haber escuchado nada de lo que Hermione había dicho. De hecho, parecía ajeno a la presencia de la chica en su habitación.

Hermione se preguntó si sería su modo de asimilar la noticia o si simplemente estaba tratando de castigarla por no querer irse con él. Fuera como fuera, a cada segundo que pasaba, se iba sintiendo más nerviosa. Parte de ella seguía en Grimmauld Place esperando a que Draco y todos los demás regresaran sanos y salvos. ¿Habrían vuelto ya? No habían pasado ni diez minutos desde que se había ido, pero era posible que hubieran regresado. Si algo había ido mal...

Expectante, consultó su reloj y volvió a mirar a Viktor. Él seguía sin moverse y ella no tenía más tiempo que perder, de hecho, comenzaba a pensar que nunca debería haber abandonado la Mansión Black. Era evidente que allí la necesitaban más que en ese hotel.

-Viktor –dijo con decisión, poniéndose en pie –en realidad, tengo que irme. Así que si no vas a decir nada, lo mejor será que...

-No –respondió él y se volvió al final hacia ella. Hermione se dio cuenta de que tenía la varita en la mano y de que sus ojos eran más oscuros que nunca. Aún no era capaz de comprender qué estaba sucediendo, pero sentía una incómoda sensación de alerta. De peligro.

-¿No? –repitió la chica -¿No qué?

-No vas a irte –anunció él con una voz tan impersonal que a Hermione no le pareció la suya.

-¿De qué estás hablando? Mira, Viktor, no tengo tiempo para...

-¿Morir?

Hermione se sintió como si alguien la hubiera arrojado de pronto a una de esas películas de psicópatas desquiciados, en el centro del escenario perfecto para un crimen. Sola en una habitación de hotel con alguien que acababa de preguntarle si tenía tiempo para morir. Alguien con quien había tenido un romance unos meses atrás.

Su parte racional le decía que nada de aquello tenía ningún sentido. Era Viktor, Viktor Krum. Su primer amor, su primer beso. Él nunca le haría daño.

Aunque sus ojos negros, crueles, lo desmentían. La miraban de manera impersonal, tan fría y desapasionada como nunca lo habían hecho, ni siquiera antes de que hablaran por primera vez. Y el hecho de que estuviera alzando la varita para apuntarle directamente hacia el pecho no le daba precisamente una imagen de inocencia.

Si eso era una broma, no tenía ninguna gracia.

-Viktor –pronunció Hermione con voz temblorosa, mientras retrocedía instantáneamente un par de pasos -¿de qué estás hablando¿qué es lo que pretendes?

-¿No es evidente? –repitió él con esa voz tan desapasionada, tan incapaz de transmitir cualquier sentimiento que no parecía humana –Voy a matarte.

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La puerta de Grimmauld Place número 12 se abrió y dos hombres vestidos con túnicas negras, atados y encapuchados con sacos mágicos que les impedían oír y escuchar cayeron sobre la polvorienta alfombra. Fred y George se abrieron paso sobre ellos, teniendo cuidado de pisarles un pie o un codo. OjoLoco Moody, renqueando, pero rechazando la ayuda de la Señora Weasley se adentró en el hall tras ellos, golpeando rítmicamente el suelo con su pierna de madera astillada en la pelea.

Tras ellos, un Bill algo aturdido que se apoyaba en el brazo de su esposa Fleur precedió a Arthur, que guiaba a Kingsley. Hestia Jones hizo aparecer un amplío sofá por arte de magia en una esquina del hall y le lanzó una mirada asesina a Mundungus cuando se dejó caer en él. No hizo falta que Lupin lo echara para hacerle un sitio a Tonks, la cual se agarraba el brazo herido, pues Dung se puso en pie al ver la mirada ceñuda de Molly.

Devany entró después, acompañando a Harry y Ron, y se precipitó con rapidez sobre su maletín, olvidado sobre el paragüero de pierna de troll, para examinar a los heridos.

Draco fue el último en entrar, casi arrastrándose y cagándose en todo. Los golpes que se había llevado le dolían más ahora que el momento de tensión había pasado y él se había enfriado. Molly acudió a cerrar la puerta por él después de que Draco tratara de hacerlo apoyando en ella el peso de su cuerpo, y cuando la Señora Weasley le miró, Draco vio en sus ojos un brillo desconocido. Algo así como orgullo.

-¿Te encuentras bien, cielo?

La Señora Weasley ya le había llamado antes cosas como cariño o querido, pero parecía algo más automático que afectuoso. No obstante, esa vez a Draco le sonó diferente, como si se lo hubiera dicho a uno de sus hijos, a Harry o a Hermione. Y se dijo que se estaba volviendo un mariquita porque esa simple palabra le hizo sentir un poco mejor.

-Sí –respondió cuando se dio cuenta de que la mujer le observaba fijamente, seguramente preguntándose si se había quedado retardado a consecuencia de algún golpe. Incómodo, apartó la mirada y la fijó en la congregación de gente buscando a Hermione.

Ojoloco discutía con Devany en un extremo del diván de Hestia, alegando que se encontraba perfectamente y negándose a las atenciones de la medimaga. A su lado, Bill consentía pacientemente que Fleur le limpiara la sangre seca del cuello y el hombro, sonriendo de vez en cuando al escuchar un par de palabras que sonaban mal hasta en francés. Arthur apretaba un paño húmedo contra la herida de la frente de Kingsley mientras le preguntaba cosas para asegurarse de que no tenía ninguna conmoción cerebral. A su lado, Tonks tranquilizaba a Lupin sobre el estado de su brazo, y finalmente, apoyado sobre el reposabrazos, Ron comprobaba las marcas que las espinas del rosal en el que había caído habían dejado por su cuerpo. Harry y los gemelos vigilaban a los mortífagos capturados. Se trataba únicamente de Orson y Yaxley, pues Whitty había muerto durante la batalla.

Pero no había rastro de Hermione por ninguna parte.

-¿Dónde está Hermione? –preguntó Draco sintiendo que el corazón comenzaba a latirle pesadamente en el pecho.

Era extraño que no hubiera aparecido todavía. De hecho, era demasiado raro que no estuviera esperándoles en el hall o la cocina, atenta a cualquier sonido para acudir a ellos.

-A lo mejor está arriba –sugirió Devany, pero parecía ser la única que consideraba esa opción posible.

-Habría bajado en cuanto nos hubiera oído –dijo Ron, pálido.

Las palabras de Bellatrix acudieron de nuevo a la mente de Draco como bofetadas "¿Dónde está tu pequeña sangre sucia¿la has dejado solita?". Y un miedo terrible, paralizante, doloroso, le dejó anclado en el suelo, incapaz de decir o pensar nada. Limitándole a sentir pánico, reduciéndole a un amasijo palpitante de terror y urgencia.

Si le había pasado algo a Hermione, él...

-Tiene que estar en la casa –aseguró la Señora Weasley con un ligero temblor en la voz –Fred, George, id a comprobarlo.

Pero no iban a encontrarla, Draco lo sabía ya mucho antes de que los gemelos regresaran, pálidos y serios, interrumpiendo el tenso y ominoso silencio en el que la Orden se había sumido.

-No está en ninguna parte.

-¡Pero eso no puede ser! –dijo Ron con enfado, mirando a Fred cómo si él tuviera la culpa de la desaparición de Hermione -¡la dejamos aquí cuando nos fuimos!

-Tal vez salió a alguna pagte –sugirió Fleur con serenidad.

-¿Y a dónde coño iba a ir? –preguntó Draco con aspereza. Hermione no tenía ninguna razón para salir de la casa.

-Kreacher –murmuró Harry –tal vez él sepa algo. ¡Kreacher! –llamó.

Durante unos segundos no pasó nada, pero de repente, el demacrado y maloliente elfo se materializó en el centro del recibidor.

-Kreacher –dijo Harry con voz autoritaria -¿has visto a Hermione? Creemos que ha salido¿sabes a dónde pudo haber ido?

-Kreacher no sabe nada –respondió el elfo desdeñosamente y continuó murmurando por lo bajo –Kreacher no ha visto a la mugrienta impura desde hace días y no quiere verla.

Era pequeño, le odiaba y había llamado a Hermione mugrienta impura. Era todo lo que Draco necesitaba para lanzarle una maldición.

-Repite eso, saco de basura –siseó apuntando con su varita al pecho esquelético del elfo doméstico –e irás hacerle compañía a la sebosa de tu ama.

-Malfoy, cálmate –intervino Harry con voz autoritaria, bajando la varita de Draco con una mano –Sé que estás preocupado, pero no ganarás nada maltratando a Kreacher –se volvió hacia Kreacher, que les observaba encogido y añadió -Kreacher, márchate.

-Como el amo (el mocoso traidor) quiera –murmuró y desapareció con otro "¡plop!".

-Me voy a buscarla –anunció Draco y se dio media vuelta para abrir la puerta. No podía pensar con claridad, y no le importaba lo que su deteriorada razón le decía. Tenía que hacer algo para encontrarla.

-Malfoy, espera –Harry se apoyó en la puerta para cerrarla con el peso de su cuerpo cuando Draco la había abierto apenas unos centímetros –estás herido y te recuerdo que no puedes salir de la Mansión.

-¡Tampoco ella, maldita sea! –gritó Draco descargando el pie contra la puerta. Posiblemente se fracturó un par de dedos, pero esa era la última de sus preocupaciones. El dolor que sentía avivaba su rabia, y prefería sentirse rabioso antes que aterrado. Necesitaba sentir algo, lo que fuera, que le impidiera pensar que Hermione podía estar muerta en cualquier parte.

En un impulso desesperado, golpeó la puerta con una mano, como si estuviera llamando, llamándola a ella en realidad. Pero no obtendría respuesta.

Derrotado, apoyó la frente contra la puerta, temblando rabiosamente.

-Escucha –dijo Harry, preocupado e incomodo por la manifestación de rabia del rubio –Hermione ha debido salir por su propia voluntad, por alguna razón que desconocemos. Nadie nuevo puede entrar a esta casa si yo no le abro la puerta, y todos los que tenemos acceso estamos aquí a excepción de Snape. Y ya sabemos dónde estuvo él. Así que podemos descartar un ataque. Seguramente le surgió algo, pero Hermione es muy inteligente. No sé pondrá en peligro.

Las palabras de Potter sonaban muy bien, e incluso podría habérselas creído si no hubiera visto a Bellatrix esa noche. Pero ahora no sabía nada. No sabía si creer a Potter, a su intuición o a su miedo.

La había dejado sola para protegerla. Y tal vez, la había perdido para siempre por ello.

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Hermione cayó de espaldas sobre la cama, con tanta fuerza que los muelles del colchón chirriaron, y su cuerpo rebotó brevemente. Ahogó un gemido y automáticamente, giró sobre si misma para tratar de incorporarse, pero sintió una mano grande y fría cerrándose como una garra en torno a su brazo. Tironeó histéricamente, con los dientes apretados y los ojos llenos de lagrimas, mientras gritaba pidiendo auxilio, hasta que Viktor la tumbó de nuevo y la aplastó con el peso de su cuerpo.

-Ahorra, vas a callarrte, pequeña zorra –dijo Viktor con voz serena y acercó una mano hacia el rostro de Hermione. Ella chilló y trató de resistirse, pero los dedos de Viktor apretando su mandíbula la inmovilizaron. Presionó con ellos hasta que Hermione pudo sentir cada yema hundiéndose en la carne y apretando el hueso en medio de una agonía insoportable.

Ignoró el dolor y trató de gritar de nuevo, pero la presión de la varita de Viktor en su cuello, le hizo saber que le había lanzado un encantamiento insonorizador. No importaba lo que se esforzara, ni lo mucho que le dolieran los pulmones por ello, no era capaz de emitir un sonido. Sólo podía boquear en el aire, como un pez sin voz fuera del agua.

Aterrada, trató de revolverse pero Viktor era tan grande y pesado que no lograba apartarle ni un poco. Era como si le hubieran atado cada miembro al cuerpo con una camisa de fuerza invisible, porque por mucho que se esforzara, no era capaz de desplazarle ni un poco.

Privada de todo movimiento, de la capacidad de gritar, Hermione sintió cómo el pánico se apoderaba de ella. Viktor iba a matarla, podía verlo en sus ojos. Podía sentirlo en la determinación con la que hundía la varita en su cuello, podía percibirlo en su falta de sensibilidad.

Su primer amor iba a asesinarla.

Pero ese no era Viktor Krum. Tenía su cuerpo, su apariencia, su acento. Mas no su mirada, el timbre tosco de su voz, la torpeza de sus gestos. Era como si estuviera poseído.

O bajo los efectos de una imperdonable.

Los últimos rastros de razón de la mente de Hermione que no habían huido bajo el peso de un miedo primigenio le chillaron la explicación. Viktor actuaba bajo los efectos de un Imperius.

Por eso quería matarla, por eso sus ojos la miraban sin reconocerla. Hermione trató de analizar fríamente la situación. No podía moverse y no podía hablar. Y no tenía tiempo.

-Serría más divertido si pudieras chillarr –dijo Viktor aumentando la presión sobre su barbilla con el mismo tono que hubiera usado para afirmar que la Espada dorada era la mejor escoba del mercado –Es una pena.

Su varita. Hermione necesitaba su varita. La había dejado guardada en el bolsillo trasero de su pantalón y podía sentirla hundirse en la curva de su espalda. Sus manos estaban atrapadas a cada lado de la cintura, aplastadas por el peso de Viktor pero aunque no podía liberarlas, con esfuerzo, podría deslizarlas sobre la resbaladiza colcha de la cama.

Fijó sus ojos anegados de lagrimas en los de Viktor, aunque para ella sólo eran una mancha negra. Sintió cómo él aflojaba la presión en su mandíbula y deslizaba la mano sobre su rostro, para llegar a su pelo enmarañado. Entonces Viktor enredó los dedos en un mechón y tiró de él con fuerza, haciendo que Hermione lanzara otro grito mudo.

Pero lo había logrado. Había aprovechado el movimiento de su cabeza al sentir el tirón para disimular el de su mano, cerrándose en la varita, bajo su espalda.

No obstante, sacar la varita de su espalda para poder apuntar a Viktor era demasiado arriesgado. Y no tenía tiempo para intentarlo. Tendría que embrujarse a ella misma.

-Adiós, Herrmione –murmuró Viktor hundiendo la varita en su cuello -¡Avad...

Wingardun leviosa. Hermione murmuró el hechizo en su fuero interno con todas las fuerzas de que disponía. El resultado fue inmediato. Su cuerpo se elevó sobre la cama con tanta fuerza que Viktor cayó sobre la mesilla arrojando la lámpara de noche al suelo.

Trató de ponerse levantarse, pero para cuando se volvió hacia Hermione, ella estaba en pie sobre el colchón, apuntándole con el pelo revuelto y los ojos llenos de lagrimas que caían discretamente sobre sus mejillas.

-Suelta la varita, Viktor –dijo con voz seca aunque temblorosa.

Viktor aferró su varita con más fuerza dirigiéndole una impasible mirada.

-He dicho que sueltes la varita, Viktor –repitió Hermione con más dureza –Tú no quieres hacer esto.

Él no habló. Como toda respuesta, alzó su varita hacia Hermione y apuntó a su pecho.

-Debo a matarrte, Herrmione.

-No tienes que hacerlo –insistió Hermione, llorando más intensamente –Soy yo, Hermione, y tú eres Viktor. Querías llevarme contigo a Bulgaria para protegerme, querías que estuviéramos juntos.

Viktor la miró unos instantes, parpadeó y agitó la cabeza como si quisiera librarse de las brumas de un sueño. Cerró los ojos unos instantes y volvió a abrirlos, enfocando a Hermione. Sujetó la varita con más fuerza y tragó saliva.

Hermione podría haberle desarmado o atacado, pero no quería. Sabía que Viktor estaba ahí, luchando contra la maldición para volver con ella, y si le atacaba no podría liberarle de la imperdonable. Tenía que hacerlo él.

-Recuerda, Viktor –le instó ella con voz más calma –recuerda esos días de verano después de la boda de Bill y Fleur... recuerda el Baile de los Campeones y aquella vez en qué te sentaste a mi mesa en la biblioteca.

Viktor se golpeó la frente con una mano como si quisiera obligarse a centrarse. Sacudió los brazos para relajarse y se frotó los ojos. Parecía confuso y perdido cuando volvió a mirarla y Hermione tuvo la sensación de que sus ojos ya no eran tan oscuros.

-Viktor –repitió.

Y entonces él parpadeó, se miró las manos, la miró a ella y soltó la varita.

-Herrmione –gimió llevándose las manos a la cabeza.

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El hall de la mansión Black parecía haber sido atacado por un tornado. La pesada y vieja alfombra estaba arrugada y deformada en un rincón, el paragüero de pierna de troll caído y el perchero se reducía a un montón de astillas de diferentes tamaños. Molly había tratado de repararlo al principio, pero después de que Draco lo destrozara por tercera vez, desistió en sus intentos y por mucho que su instinto maternal se negara, optó por dejarle solo y reunirse con el resto de la Orden en las cocinas.

Y no es que hubieran pasado más de veinte minutos desde que habían regresado de Malfoy Hall pero para Draco estaban siendo los más largos de su vida. La Señora Weasley y Tonks finalmente le habían convencido de esperar una hora por si Hermione regresaba, después de prometerle que si vencido el plazo ella no había vuelto, irían a buscarla. Él también.

Pero el tiempo parecía relativo y caprichoso en esos momentos. Se había lentificado para joderle, para desesperarle. Para volverle loco.

Por eso cuando sintió la puerta de la mansión abrirse y vio a Hermione aparecer, despeinada y temblorosa, creyó que estaba teniendo alucinaciones.

-¿Her...mione?

-Sí –murmuró ella aliviada al comprobar que estaba sano y salvo. Avanzó hacia él para abrazarlo, pero algo en la mirada de Draco la detuvo. Parecía furioso.

-¿SE PUEDE SABER DÓNDE COJONES ESTABAS? –le gritó -¿A dónde fuiste¿Por qué has salido¿Has perdido la maldita cabeza¡Joder! –se interrumpió histérico y se tiró del pelo con una mano de pura impotencia y cólera -¡Maldita sea! –y a continuación, procedió a patear el fragmento más grande de perchero que pudo encontrar, para luego aporrear la pared con los puños soltando maldiciones y palabrotas a toda velocidad.

Hermione se quedó tan impactada por su reacción, que no fue capaz de articular palabra durante unos segundos. La apertura repentina de la puerta de la cocina, la liberó de la obligación de decir algo.

-¡Hermione! –gritó la Señora Weasley corriendo hacia ella con los brazos abiertos. Antes de que la muchacha pudiera hacer o decir nada, se sintió envuelta y atraída hacia el pecho de la mujer como si la Señora Weasley hubiera pensando que intentaría darse a la fuga. Aturdida, se dejó acunar por Molly y sintió varios pares de manos tocándole el pelo y los hombros.

-Nos has dado un susto de muerte –murmuró alguien a su derecha.

-Parece que está bien –dijo otra voz por detrás de la Señora Weasley.

Abrumada, Hermione echó una mirada a su alrededor para ver la mayor parte de la Orden del Fénix. No había rastro de Ojoloco y Mundungus, y Ron esperaba bajo el marco de la puerta de la cocina. Tampoco él parecía muy contento con ella.

-¿Estáis todos bien? –preguntó Hermione mirando a la Señora Weasley -¿ha habido alguna... baja?

-Oh, no, querida, todos estamos bien. Ojoloco, Bill, Kingsley y Tonks están un poco magullados pero nada serio. Y creo que Draco tiene un par de costillas rotas, pero no ha permitido que Devany lo cure todavía.

Hermione miró a Draco, pero él no la miraba a ella. Había apoyado una mano en la pared y tenía la cabeza bajada, los ojos ocultos tras la cortina platino de su flequillo.

-¿Dónde estabas? –preguntó Harry cogiéndola por un codo para llamar su atención.

-Es una larga historia, os la explicaré más tarde –repuso Hermione con tono cansado –ahora, por favor¿podríais dejarnos a solas?

No dijo el nombre de Draco, pero todos sabían a quién se estaba refiriendo al hablar en plural. A regañadientes, Harry asintió y se encaminó a las cocinas, seguido del resto de la Orden.

-Cuando acabes –dijo George mirando a Draco con desconfianza y luego a Hermione con reproche –baja a las cocinas. Tenemos reunión.

-Lo haré –prometió Hermione, con tono paciente. Finalmente George desapareció tras la puerta de la cocina y el hall se quedó vacío a excepción de Draco y ella. Era curioso cómo ahora que estaban a solas, el lugar le parecía enorme y hostil.

Estaba muy cansada y aún tenía los nervios destrozados, pero sabía que debía hablar con Draco. Cuanto antes mejor.

-Draco –susurró a una distancia prudencial. Él no respondió, pero se apartó de la pared, le dio la espalda y le arreó una patada al paragüero caído.

Hermione bajó los hombros y le miró afligida.

-Draco –repitió a media voz –tenemos que...

-¿Dónde estabas? –preguntó él, aún dándole la espalda. Hermione podía percibir la tensión en su espalda rígida, en el modo en que sostenía la cabeza bien alta, en el tono acerado y contenido de su voz.

-Al poco de que os fuerais recibí una carta –explicó. Sabía que Draco se iba a poner furioso cuando supiera la verdad, pero no podía mentirle –era de Viktor. Me decía que mañana regresaba a Bulgaria y que necesitaba verme antes de irse. Estaba preocupada y nerviosa, no sabía que hacer... y pensé que no pasaría nada si iba un momento a despedirme de él.

Hermione hizo una pausa esperando que Draco dijera algo, lo que fuera, pero él permanecía de espaldas, impidiéndole ver su rostro o saber lo que pensaba.

-Cuando llegué –continuó, incapaz de soportar más el silencio –noté que Viktor estaba extraño. Apenas me habló y cuando quise irme me dijo que no podía hacerlo. Intentó... –la voz de Hermione tembló un poco de la emoción y se apretó la boca con una mano tratando de calmarse –intentó matarme. Tenía ordenes de hacerlo.

Hermione no quería dar detalles de lo ocurrido, pero ese silencio, el maldito silencio que Draco mantenía, estaba volviéndola loca. Había esperado que la insultara, que le chillara o la enviara al cuerno. O todo a la vez.

Pero no ese mutismo.

-Como habrás notado, no lo hizo. Logró reaccionar y sobreponerse al imperius que le habían lanzado. Fue Bellatrix, Draco, ella lo hizo. Viktor me dijo que lo último que recordaba era que una anciana vestida de negro se había presentado en el hotel. He estado pensando cómo Bellatrix pudo saber que Viktor estaba en Londres o establecer relación entre él y yo –hablaba a toda velocidad, desesperada por llenar el silencio –creo que fue aquel día en el puente. Debió escucharnos decir su nombre.

Él asintió, mudamente, siempre dándole la espalda. Hermione se retorció las manos angustiada, necesitaba que él le hablara.

-¿No...vas a decir nada? –preguntó vacilante.

Escuchó el aire que salió de la boca de Draco cuando él sonrió desdeñosamente, girándose hacia ella para mirarla con unos ojos que a Hermione nunca le habían recordado tanto al hielo. Duros y fríos.

-¿Qué quieres que te diga, Hermione? –preguntó él con voz seca y desapasionada -¿Qué me he jugado la vida para protegerte y mientras tú has corrido a los brazos de Krum¿Quieres que te recuerde las veces que te he advertido que no salgas de la mansión porque estás en peligro¿Quieres que te explique con pelos y señales que he pasado la peor media hora de mi jodida vida esperándote sin saber si estabas viva o muerta? No creo que sea lo que quieres escuchar, porque todo eso ya lo sabes.

Estaba realmente enfadado con ella y Hermione no se veía con fuerzas para tratar de razonar con él.

-Draco –murmuró –lo siento.

-¿Lo sientes? –se mofó él con agresividad -¿Lo sientes? –repitió subiendo el tono- ¡Pues no me importa! –caminó de un lado al otro de la alfombra, furioso -¡Joder! –espetó con violencia.

Hermione se acercó a él y se interpuso en su camino, para obligarle a frenarse. Draco la miró como si quisiera besarla y estrangularla a la vez, y finalmente optó por rodearla, pero Hermione se lo impidió agarrándole por un hombro. Draco no tuvo tiempo de desdeñarla porque Hermione le echó los brazos al cuello y hundió la nariz fría por las lagrimas, en el hueco de su garganta.

Durante unos segundos, Draco pensó en apartarla, pero temblaba tanto que se aferró a ella, incapaz de soltarla. Inhaló con desesperación el olor a caramelo que desprendía la maraña de su pelo, hundió los dedos en su espalda y trató de absorber el calor, la vida de su cuerpo, porque él se sentía helado y mareado. Sentía tanto y tan intensamente, que aún con los ojos fuertemente cerrados, notaba el hall dando vueltas a su alrededor. Quería llorar, quería reír y quería gritar. Quería besarla y quería enviarla al demonio. Quería atarla a él con unas esposas mágicas para asegurarse de que nunca volvería a hacer una gilipollez semejante. Quería cargarse a Krum y torturar a Bellatrix hasta la muerte.

Quería... ni siquiera lo sabía. Pero sí estaba seguro de que no podría sobrevivir a otro susto como ese.

-Perdonad la interrupción –dijo una voz cercana con timidez –pero me han enviado a llamaros.

Draco notó como Hermione se removía entre sus brazos, pero no permitió que se apartara de ella. Miró a Apeldty, la cual les observaba cohibida y colorada bajo el marco de la puerta de la cocina y estrujó con más fuerza a Hermione.

-Diles que vamos ahora –dijo.

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-¿Vas a decirnos por qué razón dejaste escapar al capullo de Snape? –preguntó Fred. Los mortífagos capturados estaban encerrados en la despensa, el resto de la Orden se sentaba alrededor de la pesada mesa de madera de los Black. Todos miraban a Harry, situado a la cabeza.

-Hice un trato con él.

-¿Qué clase de trato¿le perdonaste la vida a cambio de que se lavara el pelo? –preguntó George, claramente descontento.

-Le perdoné la vida a cambio de que él matara a Nagini.

-¿Qué? –balbuceó Ron apartando bruscamente el brazo que Devany le estaba examinando para poder gesticular con él -¡Pero si él es un traidor, Harry!

-Snape tenía otra versión –explicó Harry con cansancio. Ahora que la tensión de la pelea había pasado, empezaba a preguntarse si no había cometido una auténtica estupidez al dejarle ir –dijo que Dumbledore le ordenó matarle para salvar a Malfoy y lograr que Voldemort confiara plenamente en él. Así Snape podía averiguar cosas útiles para la misión que Dumbledore me confío y...

-Un momento –le interrumpió Tonks -¿Snape conocía la naturaleza de la misión que Dumbledore te encargó¿esa misión tan secreta que ni siquiera nosotros podemos conocer?

-Sí –respondió Harry, sintiéndose un poco menos inseguro. Snape sabía lo de los horrocruxes y sólo podía saberlo si Dumbledore se lo había revelado. Y lo cierto es que le había dado información sobre el paradero de la copa de Hufflepuff –de hecho, trató de ayudarme a cumplir la misión.

-Yo no me lo trago –aseveró Fred, enfadado –ese tío es un asesino.

-Y un guarro –apuntó George.

-Eso no es relevante –señaló la Señora Weasley con el ceño fruncido, después se volvió hacia Harry suavizando la expresión –Harry, querido¿estás seguro de que podemos fiarnos de Snape?

-No –reconoció –pero no tenemos nada que perder.

-¿De verás lo crees, muchacho? –preguntó Moody que hasta entonces había permanecido en silencio, clavando su ojo mágico en Harry, que cambió el peso de pie, incómodo –Si es un traidor como las evidencias señalan, a estas alturas ya le habrá contado a su señor que vamos tras Nagini. Y eso no nos conviene.

-Reforzara la seguridad –se lamentó Kingsley –y seguimos sin saber dónde se oculta o qué trama.

-Sabemos algo –se defendió Harry, colocándose bien las gafas –Snape dijo que Voldemort planea atacar Hogwarts en dos días.

La bomba había sido soltada. Inmediatamente, todos empezaron a murmurar y cuchichear entre ellos, a excepción de dos personas. Harry y Draco.

-Eso es un tanto descabellado¿no creéis? –habló Hestia Jones con gesto altivo después de haber estado murmurando con Arthur –Hogwarts es prácticamente el lugar más seguro de todo Reino Unido, no creo que quien ya sabéis vaya a tratar de apoderarse del colegio.

-Desde luego, un puñado de mortífagos no podrían romper las barreras desde fuera –comentó Bill.

-Y con las medidas de seguridad que ha puesto el Ministerio, sería una locura pretender entrar por la fuerza en el colegio –apuntó Kingsley.

-Os recuerdo que hace unos meses los mortífagos entraron en el colegio –repuso Draco malhumorado –y sí no creéis a Potter, en la despensa hay dos mortífagos que podemos interrogar, a no ser que pretendáis dejarlos con las conservas eternamente.

Las palabra de Draco cortaron el chorro de quejas y murmullos de la Orden.

-El chico tiene razón –dijo Arthur, claramente alterado por la posibilidad de que Hogwarts fuera atacado -¿Habéis traído el Veritaserum? –preguntó dirigiéndose a Tonks y Kingsley.

-Yo lo tengo –dijo Devany con timidez mientras rebuscaba en su enorme maletín –Kingsley me lo dio antes de que saliéramos para Malfoy Hall –y posó dos redomas de cristal llenas de una poción incolora.

Lupin se puso en pie y ayudado por Bill, se dirigieron a la despensa y sacaron a los dos mortífagos atados y encapuchados, que se removían inútilmente tratando de liberarse.

-Guardad a uno –ordenó Ojoloco –será mejor interrogarles por separado. Hay métodos para burlar un Veritaserum.

Lupin envío a un mortífago dentro de la despensa –y a juzgar por el sonido de tarros de cristal rompiéndose dentro del reducido cuarto, el mortífago se había caído –y lanzó un hechizo al otro para cegarle. Después, Bill le retiró la capucha y lo obligó a sentarse en un taburete.

-Convendría que después modificáramos su memoria –dijo Kingsley –no creo que al ministerio le guste saber que hemos interrogado a los prisioneros primero.

-Aún así, mejor que no vea nada –sentenció Ojoloco –los recuerdos se pueden recuperar. Toda precaución es mínima.

Kingsley asintió y Bill cogió una de las redomas con Veritaserum. Sujetando a Yaxley por la frente, Bill le echó la cabeza hacia atrás y le arrojó la poción en la boca. Yaxley tragó sonoramente y después comenzó a toser bruscamente durante unos segundos.

Moody se puso en pie y se acercó con lentitud, marcando el paso con su pata de madera, como los redobles de tambores previos a una ejecución. Yaxley, percibiendo su presencia, dejó de toser y se tensó en el taburete, mirándole sin ver y con un rictus de terror en los labios.

-Bien¿cómo te llamas? –preguntó Moody.

-Albert Thomas Yaxley –respondió el mortífago con una voz impersonal que no correspondía con la expresión de miedo de su rostro. Parecía que sus labios se movían de manera independiente al resto de él.

-¿Dónde se esconde Voldemort?

-Cambia de localización cada semana. Sólo unos pocos saben donde va –replicó Yaxley con el mismo tono impersonal.

-¿Dónde está esta semana?

-No lo sé.

-¿Qué planea?

-Sólo sus más allegados conocen por completos sus planes. Los demás sólo conocemos pequeños fragmentos. Yo sólo sé que está desplazando a un grupo de gigantes hacia Hogsmeade. Llegarán mañana. A mi he encargado la misión de ir modificando la memoria de las personas que los han visto.

-¿Qué pasará la noche del jueves?

-No lo sé, pero he oído que el Lord nos convocará a todos esa noche.

Moody hizo una mueca de molestia con la boca y después colocó la capucha de malas maneras sobre la cabeza del mortífago. Se volvió hacia la Orden del Fénix y habló:

-Parece que Snape no mintió. Va a atacar el colegio con un ejercito de mortífagos y gigantes dentro de dos noches.

-De cualquier modo, deberíamos interrogar al otro –dijo Mundungus después de tragar en grueso –tal vez él sepa algo más y no sea Hogwarts su objetivo.

Moody clavó su ojo mágico en Mundungus que cerró la boca y se arrebujó bajo su cochambroso abrigo plagado de bolsillos, y cojeando abrió la despensa, arrojó a Yaxley dentro y sacó a Orson. Lo sentó en el taburete, le arrancó la capucha y le hizo las mismas preguntas que con anterioridad le había hecho a Yaxley.

Orson no arrojó mucha más luz sobre los hechos, a excepción de una leve mención un grupo de licántropos que Voldemort había enviado tras los pasos de los gigantes.

-¡Gigantes y hombres lobo! –exclamó la Señora Weasley consternada.

-Sí los licántropos atacan Hogwarts, el borrador de la Ley contra la licantropía que saldrá mañana en el Ministerio será aprobado sin duda –dijo Tonks con angustia, tomando la mano pálida de Lupin.

-Creo que tenemos preocupaciones más inmediatas –señaló Remus con suavidad, dando una palmadita en la mano de Tonks –por lo pronto, debemos pensar qué hacer con esta información. Deberíamos dar parte al Ministerio.

-Yo me encargaré –dijo Kingsley –pero no sé si lo tomaran en cuenta. Scrimgeour anda muy nervioso últimamente, ha recibido varios falsos soplos y no creerá que Voldemort vaya a atreverse a atacar Hogwarts.

-Tampoco creían que atacaría el Callejón y lo hizo –repuso Fred secamente.

-Pero hay evidencias de que lo que dijo Snape es cierto –comentó Hermione con angustia –quiero decir, a parte del testimonio de los mortífagos sólo hay que mirar las noticias últimamente. Los licántropos que atacaron a los niños de esa aldea estaban cerca de Hogwarts, y los gigantes que fueron avistados por un par de muggles también.

-Es un poco difícil mover a un grupo de gigantes por toda Gran Bretaña sin que nadie los vea –apuntó Ron.

-Ya oíste a Yaxley, Ron –replicó Hermione –él se encargaba de borrar la memoria de quienes los habían visto. Sin duda viajaran de noche y ocultos por trucos de magia negra.

-Peguo¿paga qué iba a quegueg Voldemogt Hogwagts? Quiego decig, el colegio no es paga tanto... –señaló Fleur.

-¿No lo entendéis? –intervino Draco, irritado –Si consigue hacerse con Hogwarts, el baluarte de la seguridad británico, cundirá el pánico en la sociedad mágica. Será el terror. Tendrá como prisioneros a todos los jóvenes magos del país y con ellos, la herramienta ideal para extorsionar y chantajear al ministerio y a los padres de todos los estudiantes. Por no hablar de un refugio seguro. Sería el golpe de gracia, el paso previo a la conquista del Ministerio.

Todos se quedaron callados, meditando interiormente las palabras de Draco y las repercusiones que tendría que Voldemort se apoderara de Hogwarts.

-Creo que lo primero será llevar a los mortífagos al ministerio –dijo Kingsley al cabo –le contaré a Scrimgeour y averiguaré que piensa hacer al respecto. Pero si el ministerio no hace nada, tendremos que encargarnos nosotros.

-Escribiré a Minerva alertándola –dijo Molly –así podrá reforzar las defensas de la escuela.

-Señora Weasley –habló Devany, colorada cuando todos los ojos se posaron en ella –conozco al profesor de Artes Oscuras del Ministerio, es Sean Fawcett, un amigo mío. Es auror y trabaja para el Ministerio, podría serle útil a McGonagall.

-Se lo diré a Minerva –aseguró Molly con voz trémula -¿creéis que deberíamos evacuar el colegio? Hay tantos niños allí...

-McGonagall no puede tomar esa decisión sola –explicó Hestia –El Ministro tiene derecho a voto en caso de emergencia. Evacuar el colegio o no dependerá de la credibilidad que le dé Scrimgeour al ataque de quien ya sabéis.

-Pues encarguémonos de que se entere cuanto antes –gruñó Moddy –Kingsley, Tonks, llevemos a esos dos al Ministerio. Scrimgeour era mi subordinado en el pasado, voy a tener unas palabras con él.

-Esperad –pidió Hermione al ver que Tonks y Kingsley se dirigían a la despensa para coger a los presos –hay algo que debéis saber. Bellatrix se está moviendo por Londres bajo el aspecto de una anciana. Sabemos que ha visitado San Mungo para ver a Narcissa –y al ver la mirada de interrogación y miedo de Devany, asintió –Devany la ha visto. Viktor Krum vino a Londres hace unos días y Bellatrix descubrió dónde se hospedaba, le lanzó un imperius y le ordenó... –titubeó al ver todos los ojos puestos en ella y sentir la rigidez de Draco, sentado a su lado –matarme. Esta noche Viktor me dijo que necesitaba verme urgentemente y bueno...fui –la Señora Weasley ahogó un ruidito –no sucedió nada, yo estoy bien y él también. Le he enviado de nuevo a Bulgaria y le he dicho que se oculte por una temporada. No creo que Bellatrix tenga interés en volver a utilizarlo, pero creí que el Ministerio debía saber bajo que apariencia se oculta. Ella puede ser uno de los agentes que rondan San Mungo por si alguno de nosotros va a parar por allí.

-¿Tú la has visto, Apedlty? –preguntó Hestia poniéndose en pie, la medimaga asintió –entonces ven conmigo al Ministerio, haremos un retrato mágico de inmediato y lo distribuiremos por todo el país.

-¿Y nosotros que hacemos? –cuestionó George viendo que parte de la orden se dirigía a la salida.

-De momento esperar –respondió Kingsley desde la puerta de la cocina–mañana al mediodía deberíamos volver a reunirnos y forjar en plan en base a lo que decida el Ministerio. Si Scrimgeour no ayuda, lo único que se interpondrá entre Voldemort y Hogwarts, seremos nosotros. La Orden del Fénix.

Y dicho esto, salió de las cocinas, dejando a todos sumidos en el peso de su última frase.


Hola!

Lamento el retraso pero he sufrido un bajón creativo con ese capítulo y así ha quedado. Si se os ha hecho aburrido será con razón, pero bueno, era necesario. En primer lugar ya hemos descubierto qué quería Bellatrix de Viktor y que le hizo aquella vez que fue a visitarle. Hermione acudió inocentemente a verle y se encontró con Viktor bajo un Imperius que intentó matarla, pero afortunadamente, salió bien de la situación. Creo que peor que ella lo pasó Draco ese rato que no supo dónde estaba y se decidó a cargarse todo el hall -¿no es adorable?-pero por suerte llegó sana y salva para ver otra reunión de la Orden. Ya han descubierto que es un hecho que Voldemort va a atacar Hogwarts, de hecho ha enviado gigantes y licántropos hacia la escuela para hacerlo. Veremos si el Ministro se lo cree y evacuan la escuela o refuerzan las medidas de seguridad mágicas. Siempre he pensado que a Voldemort le gustaría hacerse con Hogwarts, pues como bien dijo Dumbledore, es lo más parecido a un hogar que conoció y sabemos que es algo mitómano, así que se sentiría algo así como su heredero por descender de Salazar, blabla.

No tengo muy definido en mi mente el siguiente capítulo así que puede que tarde algo más, pero en esta semana estará seguro. A partir del día 10, empiezo a trabajar en una ludoteca y no voy a tener mucho tiempo -por no decir ninguno- para escribir así que posiblemente tarde más en actualizar. De todos modos, calculo que a la historia ya no le queda mucho -siii, pronto os libraréis de mi-.

Ahora una recomendación y un poco de autobombo:

- La recomendación: como no, de Holofernes. Es un oneshoot levemente Lily/Sirius -y que pedazo de Sirius- con otra pareja oculta que se situa la noche en que Sirius deja su casa para siempre y con ron de por medio, se profundiza en la relación Sirius/Regulus y Lily/Petunia. Una obra de arte, está en mis favoritos y se llama "We can't go home again". Igualmente dejo el link pero no estoy muy segura de que os valga, porque me elimina las barras bajas y sin ellas la dirección no entra: http:// www.fanfiction. net/s/3695605/1/ Wecantgohomeagain (insertar una barra baja entre cada palabra del "We cant...".

-El autobombo: el otro día, en bajón creativo dorminiano, escribí una historia sobre los gemelos Weasley, a modo de homenaje. Contiene Spoilers del 7º libro, así que quienes no lo hayan leído y no quieran saber qué pasa, que se abstengan. Para quienes les apetezca leer algo aburrido y emotivo, se llama "Con una Sonrisa" y lo podréis encontrar en mi profile.

Y ya os dejo por hoy. Sólo daros las gracias como siempre y desearos mucha suerte en vuestros exámenes a las que los tengáis!!! Mis gracias especiales en este capítulo van para Lalita Malfoy por el fan art inspirado en Dormiens que me mostró, y para tods quienes me dejastéis review en el anterior:

Ista, Adi Felton, Cris Granger, kastillito, chepita1990, alella, harrymaniatika, VkM;), Maki, Annemarie Hutt, lava evans, Iamalonefordanny-9, Kris Hart, Geishy, tonkstar, Veroli, Darkriku008, Merodeadora-Chii, Little Pandora, Andrux, Pia.88, Rosario, umiko, Isa Malfoy, nanai Malfoy, Sami-Marauder Girl, Antea, Desi ;), Rominitap Moon, Sra. Danvers :), kapu way, kgee, MarauderDesire, El collar de Perlas, angels46, mariapotter2002, Selegna, Dauphinita, naru, Weasley Girl, dayis, Saraddc (gracias por todo, linda), galleta, pekelittrell, ZhirruUrie, Kamie.Punkie, Lore :), yeeeya, dany :), Alevivancov, melaniablack, priinciipessa, Psicodelyccorpe, tiffany, Erendia, Willow Anne Summers, PaolaDunkelheit, irianna07, Nimue-Tarrazo, Emily Dumbledore, Noooott :D, Jowi, Sortilegios Weasley, malfoygirl, Nathy2691, Aliena, Pansy Greengrass (cómo vas a aburrirme, linda:), Esmeralda :), NanitaPotter, cindy :), Sandra, ivtacroa osnaleg, Angie 41, Paola Lissete, Thea, akiko, katdra malfoy, Pami Li :), sonylee, lunasel, mi, JulesRichards, Arte, Elena, maria, karina wilkins, lauriska malfoy y Larita Tonks :).

MUCHAS GRACIAS POR TODO!!!

Con mucho cariño, Dry!

Pd: Click a "Go" para que Draco (o X) te abrace como si la vida le fuera en ello, no sabiendo si besarte o estrangularte.