o0o Recomendación Musical: Pieces - Sum 41
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Este capítulo va para Earwen Neruda (leedla!), ella sabe por qué. Te quiero.
También va para Holofernes (leedla!) por los buenos ratos charlando juntas.
Va por Esmeralda, Amber y Sweet por encargarse del foro en mi ausencia.
Por Desi por ser tan dulce y tan mona. Por Elea, porque la echo de menos por aquí.
Por Soe, por acordarse de mi con sus pms, y por Sara (simplemente yo) por sus siempre alentadoras palabras.
Y por ti, que estás leyendo esto.
(Sí, estoy en mis días y estoy sensible. No preguntéis)
Capítulo 40: Planes y trasladores
-¿Ya te han convencido de que no te convengo?
Hermione cerró la puerta sonriendo y miró a Draco. Estaba de pie, de espaldas a ella, absorto en la contemplación del paisaje nocturno que se vislumbraba a través de la ventana de su cuarto. Las vistas reflejaban apenas una línea de apretados y envejecidos edificios salpicados por la luz de diversas farolas. Nada interesante.
Pero un pretexto perfecto para no mirarla. Y Hermione sabía que bajo esa apariencia tranquila e indiferente, bajo ese tono despreocupado e incluso burlesco, estaba inquieto y posiblemente asustado. Y sin duda, todavía enfadado por su escapada al hotel de Viktor Krum.
-Eso ya lo sabía cuando me metí en esto -respondió ella, avanzando hacia él. Draco no se giró hacia ella, ni siquiera se movió cuando Hermione le abrazó desde atrás y apoyó la frente en su espalda. No hizo nada para apartarse, pero tampoco le devolvió el gesto, ni cubrió con sus manos las de Hermione en su cintura. Se limitó a tensar el abdomen allí donde el calor de los dedos de la chica traspasaba la tela y parecía querer colarse entre su piel, como su maldito aroma a caramelo -¿por qué no dejas que te eche un vistazo? –pidió ella con suavidad, susurrando a su espalda.
-La Señora Weasley dijo que me curaría –repuso él con ironía, pero su voz sonaba demasiado seria, demasiado dura. A Hermione no le resultaba complicado entender el motivo.
Cuando casi toda la Orden se había ido al Ministerio o a sus respectivas casas, el Señor y la Señora Weasley se quedaron un poco más en las cocinas.
-Draco, querido¿por qué no vas a esperarme a tu habitación? Iré enseguida a curarte –le había dicho la Señora Weasley.
Draco había sabido tan bien como el resto de los presentes, que eso no era más que una excusa para que pudieran quedarse a solas con Hermione. Sin duda, para darle una charla acerca de las docenas de razones por las que no debería estar con él, salpicadas de unos cuantos "no te merece" y aderezadas por un par de advertencias fúnebres de su futuro juntos. Había salido de las cocinas enfadado y asustado, porque cada oposición, cada nuevo obstáculo, podía quitársela. Sólo era cuestión de tiempo que ella se diera cuenta de que era un miserable –como todos estaban encantados de recordarle –y acabara dejándole. Porque él no era lo suficiente bueno para ella, y no importaba lo que hiciera, nunca lo sería.
Él no tenía nada que perder: ya lo había perdido todo. Pero Hermione tenía amigos que la apreciaban y que se preocupaban por ella. Amigos que se oponían de plano a que ellos estuvieran juntos y que podían obligarla a elegir. Amigos que tenían algo que darle cuando él no tenía nada.
Mas, tal vez, si hubiera tenido unas orejas extensibles para escuchar por debajo de la puerta lo que había sucedido en el interior de las cocinas, los miedos de Draco se hubieran disipado. Porque Hermione había despachado con amabilidad la preocupación de los Señores Weasley, les había asegurado que no había sido hechizada, drogada, coaccionada, manipulada y/o condicionada por su soledad durante la ausencia de Harry y Ron, el miedo y desconcierto constante en los que vivía la gente en tiempos tan aciagos como esos, o su juventud. Había respondido con sequedad a las esporádicas intervenciones de un malhumorado Ron y por último se había despedido de todos, y los había dejado allí, en las cocinas, mientras ella iba en pos de Draco.
-La Señora Weasley se ha ido –murmuró Hermione devolviéndole al presente y soltándole –me encargaré de curarte yo.
-¿Cómo se te da reponer fracturas? –preguntó Draco volviéndose hacia ella para mirarla con una ceja alzada –Porque si no es tu fuerte, prefiero esperar a Apeldty.
-Puedo hacerlo yo –repuso ella, algo molesta. Draco sonrió de lado cuando ella le tomó un brazo y tiró de él para sentarlo en la cama –Quítate la camisa.
-Ahora no tengo ganas de… -dijo socarrón y dejó el resto de la frase en el aire, pero Hermione había comprendido a qué se refería. Para él era evidente que era una mentira: siempre tenía ganas, pero ese simple comentario bastó para irritar a Hermione. Y no estaba seguro de porqué, pero le apetecía hacerla rabiar, enojarla, fastidiarla. Tal vez, para que sintiera una mínima parte del horror que él había vivido no sabiendo donde estaba, tal vez para vengarse de ella por hacer caso omiso de sus advertencias y encontrarse con ese gilipollas con escoba arriesgando estúpidamente su vida.
-Yo tampoco, idiota –repuso ella, ofendida –pero necesito que te quites la camisa para examinarte.
-Vas a tener que hacerlo tú, me duele todo –dijo él con tono convincentemente inocente y hastiado, mientras se recostaba un poco apoyando su peso en la palma de las manos. Hermione dejó escapar aire entre los dientes con exasperación y acercó sus manos con brusquedad a los primeros botones de la camisa de Draco. Pero fue increíblemente suave colando cada botón de ébano labrado por el ojal, descubriendo progresivamente más de la piel blanca del dorso de Draco. Estaba seria mientras soltaba un botón tras otro, más bien tensa, como reflejaba la rigidez de sus hombros. Nerviosa a juzgar por el modo en que sus dedos temblaban levemente al soltar cada botón, por el modo en que su respiración se volvía más superficial cada vez que el pecho de Draco se henchía bajo sus manos. No le miraba a los ojos porque sabía que él estaba mirándola, fijamente, sin pestañear, esperando que se atreviera a enfrentar sus ojos para atraparla. Y entonces ella olvidaría que debía curarle y que estaba molesta con él.
Cuando llegó a los últimos botones, Hermione ya estaba completamente rígida. Se trabó con el último y tuvo que intentarlo cuatro veces antes de lograr pasarlo por el ojal. El muy capullo parecía estar aliado con su dueño para hacerla sufrir. Demasiado nerviosa para tener delicadeza, Hermione apartó la camisa abierta del pecho de Draco y la replegó hasta la mitad de sus hombros con un par de tirones bruscos.
Draco no se movió, sabía que si lo hacía, si intentaba el movimiento más simple, sus manos acabarían sobre el cuerpo de Hermione. Y aunque lo deseaba, una parte de él –más débil cada vez –trataba de aferrarse a su rencor para seguir torturándola.
No obstante, tomó aire como si le hubieran golpeado en pleno pecho cuando sintió los dedos cálidos de Hermione deslizarse por sus cicatrices, como si pudiera borrar las huellas de su pasado tan sólo con su tacto. Las delineó y contuvo el impulso de besarlas, de arrojarse sobre él y abrazarle, de estrecharle hasta acallar su temblor y calmar el miedo que había pasado esa noche, por él, por ella, por la idea de que no volvieran a verse, pero se recordó a tiempo que él era un terco insufrible y que estaba herido.
Recurriendo a toda su fuerza de voluntad, deslizó las manos hasta sus costillas y las palpó, explorándolas hasta localizar el punto en su espalda en el que se habían roto. Draco no se movió, ni emitió ninguna queja pero se mantenía tenso, con la respiración contenida, y Hermione no sabía si era por ella o por el dolor. Nerviosa, apartó una mano para coger su varita y golpeó suavemente con la punta allí donde el hueso había sido dañado. Un par de chispas blancas manaron de la punta de madera y parecieron ser absorbidas por la piel.
Y de pronto, desprovista ya de toda función, Hermione se quedó paralizada. Él estaba sentado, ella de pie, rodeándole con ambos brazos. Sólo hubiera tenido que alejarse un poco y bajar la cabeza para besarle, y eso sería tan... Molesta consigo misma, se apartó.
-Ya está –murmuró Hermione y le sorprendió lo débil que sonó su voz, como si el ambiente estuviera demasiado cargado para poder hablar.
-No –dijo él con voz ronca y Hermione se atrevió a mirarle a los ojos. Se veían más oscuros, como el gris de una tormenta apunto de descargar, que hacía presagiar que tras esa mirada se ocultaba un auténtico caos de violentos sentimientos.
-¿No? –repitió Hermione tontamente, estremecida por su mirada.
-No.
Draco se puso en pie en un movimiento enérgico y elegante, como una pantera, y antes de que Hermione pudiera apenas ni coger aire, la atrajo hacia él y acalló su gemido de sorpresa con su boca. La estrechó, apretándola contra él como si necesitara sentir sus latidos golpeándole el pecho. La besó bruscamente al principio, acariciando el interior de sus labios, buscando su lengua, mordiendo su boca. Y cuando Hermione se aferró a su cuello, débil, mareada y dúctil, cambió el ritmo del beso a algo más lento, más sutil, más provocador. A ese tipo de besos que nunca parecen saciar, que siempre dejan con ganas de más.
Por eso cuando Draco la hizo girar sobre sí misma y la empujó con suavidad hacia la cama, cuando cayó sobre ella y continuó besándola, Hermione apenas fue consciente. Era sorprendente el modo en que dejaba de pensar, de analizar y racionalizar cuando él la besaba, reduciéndola tan sólo a un ser elemental poseído por sus instintos.
Rendida, tanteó su espalda con las manos, deslizando las yemas por cada depresión, cada curva, cada músculo en tensión, enviado descargas ardientes y electrizantes a través de la columna de Draco. Él dejó su boca y cerró los ojos con fuerza, tratando de contenerse, tratando de batallar con las sensaciones que ella, su cuerpo, sus manos, su boca, le despertaban, anegando su mente. Porque la necesitaba.
La besó en la barbilla y bajó por su cuello rumbo a uno de sus oídos, simplemente porque no podía resistirse a tocarla, pero concentraba todos sus esfuerzos en lo que tenía que hacer.
-Hermione –llamó roncamente a su oído para después atrapar el lóbulo con los dientes y presionar sobre la tierna carne. Hermione ahogó un gemido y se arqueó bajo él, hundiendo los dedos en su espalda sin dar muestras de haberle oído.
-Hermione –repitió, esta vez con un tono más apremiante.
-Hmmm –logró musitar ella para hacerle saber que le escuchaba, pues en esos momentos, era incapaz de hablar.
-Quiero que me prometas algo –murmuró Draco, deslizando una mano por la curva de la cintura de la chica para buscar el final de su suéter y colarse bajo él.
-Qué –articuló Hermione enredando los dedos de una mano en su cabello.
-Prométeme que si la Orden va a Hogwarts la noche del ataque, tú te quedarás aquí, a salvo.
Las palabras de Draco y sus implicaciones tardaron unos segundos en penetrar en la plácida nube que oscurecía y enturbiaba la mente de Hermione, anulándola. Pero cuando al fin comprendió lo que él le estaba pidiendo se sintió como si le hubieran arrojado agua fría por encima, que mataba cruelmente la calidez en la que momentos antes había nadado. Soltó a Draco y le miró a los ojos con los labios aún húmedos y las pupilas dilatadas.
-¿Qué? –repitió con incredulidad. Draco trató de volver a besarla, pero Hermione apartó su boca y le miró con seriedad -¿qué es lo que has dicho? –insistió poniéndole las manos en el pecho para apartarle.
-Quiero que te quedes aquí –dijo él con su tono más autoritario apartándose de ella para tumbarse a su lado y mirarla, apoyado en un codo, con expresión irritada. Debió haber supuesto que no sería tan sencillo convencerla, con ella nada era sencillo –Bellatrix estará allí sin duda y ya ha intentado matarte dos veces. Hoy casi lo consigue.
Hermione se incorporó, quedando sentada en la cama, y miró a Draco con expresión neutra.
-También ha intentado matarte a ti, Draco –dijo seriamente –y seguirá intentando matarnos a ambos, pero no pienso quedarme aquí encerrada mientras la gente que quiero se juega la vida. Hoy lograste que me quedara, pero no pienso volver a hacerlo.
-No lo entiendes –repuso él, enfadado, incorporándose también para quedar a la misma altura que Hermione –No va a parar hasta matarte.
-En realidad, eres tú el que no lo entiende –dijo Hermione ásperamente –no puedes encerrarme en una jaula de cristal eternamente. Estamos en guerra, todo el mundo está en peligro. Y cualquier miembro de la Orden corre aún más peligro, pero es algo que aceptamos al unirnos. La guerra no se acabara, Voldemort no caerá, si simplemente nos mantenemos aquí escondidos.
-¡Ya lo sé, maldita sea! –espetó él, furioso. Se levantó de la cama y se llevó una mano al pelo, desesperado y frustrado -¿Por qué sino crees que me he jugado el culo esta noche?
-Pues entonces, no entiendo tu petición –replicó Hermione sin conmoverse –esperas que me quede aquí mientras tú arriesgas la vida. Sé que no quieres que me pase nada, pero yo tampoco quiero perderte a ti y sin embargo no te chantajeo, manipulo u obligo a esperar encerrado en Grimmauld Place mientras yo me enfrento a un grupo de mortífagos.
Draco abrió la boca para decir algo, lo que fuera, pero no encontraba ningún argumento para contrarrestar el de Hermione. No era capaz de convencerla intimidándola, coaccionándola o doblegándola por medio de ninguna artimaña. Ella estaba siendo lógica, jodidamente lógica como siempre, pero él estaba demasiado loco por ella para poder ser razonable.
-Pero yo no soy tú –escupió furioso. ¿Por qué no podía, por una puñetera vez, hacerle caso sin discutir absolutamente todo? –No soy un héroe trágico como tu querido Potter, ni un valiente como los miembros de la Orden. Me trae sin cuidado la guerra mágica y me importan un bledo los muggles, los hijos de muggles y los traidores a la sangre. Lo único que me importa es que tú y yo salgamos bien parados de esto, joder.
Hermione le miró de arriba abajo como si lo viera por primera vez, y era evidente que lo que veía no le gustaba.
-Draco, yo soy hija de muggles –dijo con frialdad –y si es eso lo que piensas, supongo que Ron tiene razón y no te mereces estar en la Orden. Puedes quedarte aquí, a salvo, y esperar a que otros arreglen tus problemas. Yo no voy a pedirte nada.
Y sin decir nada más, salió de la habitación de Draco, dejándole a solas.
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Estaba hecho polvo y sin embargo, Draco no fue capaz de pegar ojo esa noche. Estaba demasiado furioso, demasiado herido y asustado para hacerlo. No podía dejar de dar vueltas en la cama, buscándola inconscientemente aunque sabía que no estaba allí. Sólo quedaban las sábanas que olían a ella como un cruel recordatorio de que Hermione dormía en su propia habitación por primera vez en días.
Maldita fuera.
Sí, era una hija de muggles -¿en qué momento había dejado de usar la expresión sangre sucia?- pero que la quisiera a ella no significaba que fuera un amante de los impuros. Ella era una excepción, no era vulgar, ni ignorante, ni inferior como el resto de los hijos de muggles.
Vale, ya no opinaba que había que exterminarlos, que eran el cáncer de la sociedad mágica, ni que habían nacido para ser pisoteados por aquellos que les eran superiores. Su tío Marcus siempre los había considerado inferiores pero a la vez sentía compasión por ellos, razón por la que se había mantenido haciendo equilibrios sobre la frágil línea del orgullo familiar y los ideales elitistas.
Draco se sentía en ese punto. Había visto a mortífagos torturando cruelmente, sin remordimientos, a muggles e hijos de muggles, como si fueran cucarachas, y se había sentido asqueado. No compartía la causa del Señor Oscuro, ni sus ideales. Empezaba a sentirse incluso tolerante ante la idea de que los hijos de muggles recibieran la misma educación mágica que los sangre pura porque a fin de cuentas, aunque inferiores y molestos, eran magos.
Pero eso no significaba que estuviera dispuesto a arriesgar su vida por ellos. Y en realidad no era una cuestión de prejuicios o ideales, tampoco se jugaría la vida por los puros. Le importaban una mierda los ideales de cada bando, lo único que quería que se acabara esa jodida guerra.
Quería, puestos a pedir, volver a poder salir a la puta calle, ver a su madre y que su padre saliera de la cárcel. Quería volver a ser ese muchacho indolentemente despreocupado cuyos mayores problemas consistían que rivalizar con el imbécil de Potter, tratar inútilmente de superar a la sabelotodo de Granger y torturar a unos cuántos alumnos por semana para mantener su fama de chico malo. Pero nadie le había preguntando lo que quería, simplemente todos habían dado por sentado que haría lo que esperaban de él.
Ahora estaba actuando por libre, estaba tratando de salirse de las directrices que siempre habían guiado su vida, pero joder, no era fácil. Porque ella lo complicaba todo.
Porque había aparecido en su vida para remover todos sus cimientos y dejarlo desorientado, tambaleante. Porque estaba obsesionado con ella hasta tal punto que no era capaz de conciliar el sueño sabiendo que estaba enfadada con él.
Hermione le había dicho que no iba a pedirle nada. No hacía falta que lo hiciera, porque él ya se lo había dado todo.
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-¿Qué pasa? –preguntó Hermione al entrar en la cocina y ver a sus amigos con las cabezas pegadas para leer a la vez un pedazo de pergamino de color rojo tomate.
-¡Es un mensaje de Kingsley! –dijo Ron tan alterado, que hasta parecía haberse olvidado de que estaba enfadado con Hermione –¡Dice que el primer borrador contra los Licántropos ha sido aprobado!
-¿Qué? –repitió ella con incredulidad, acercándose a ellos con rapidez para echar un vistazo a la carta.
-Si finalmente entra en vigor, los licántropos estarán controlados –dijo Harry con desprecio –el Ministerio pretende ponerles un localizador mágico para saber dónde están en cada momento y los días de Luna Llena deberán acudir a una de las cárceles del Ministerio donde les encerraran hasta "que no representen una amenaza para la sociedad mágica y muggle" –leyó.
-¡Pero eso es horrible¡Son personas, no animales! –exclamó Hermione indignada, y les arrebató de las manos la carta para leerla con sus propios ojos como si no pudiera acabar de creérselo. Pero la carta no contenía sólo información acerca de la Ley de Regulación de la Licantropía, sino que añadía que era necesario convocar una reunión urgente de la orden –Scrimgeour no ha creído a Kingsley –anunció Hermione con voz temblorosa –van a atacar Hogwarts y el Ministerio no piensa hacer nada al respecto.
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-Scrimgeour cree que es una pista falsa, una trampa. Piensa que Voldemort espera que movilice todas sus defensas a Hogwarts y así deje desprotegida la cárcel de Montis Occultus.
-¿La cárcel de Montis Occultus? –repitió Devany desconcertada.
-Es la nueva cárcel que habilitaron para trasladar a los mortífagos. Azkaban no era segura como ya se demostró –explicó Kingsley –Scrimgeour sabe que Voldemort está tratando de descubrir dónde se encuentra, si es que no lo sabe ya, para liberar a todos los mortífagos que están presos y reforzar su ejército. El Ministro está obsesionado con que no escapen, las detenciones de mortífagos hechas son lo único que aún da cierta sensación de credibilidad y seguridad al Ministerio.
Hermione miró a Draco, que escuchaba la conversación desde un rincón de la cocina, apoyado en una encimera, con los brazos cruzados y la cabeza agachada de tal modo que el flequillo le ensombrecía la cara. Y a pesar de su aspecto indiferente, Hermione supo que estaba pensando en su padre.
Y se sintió un poco más culpable por lo que le había dicho el día anterior. Él ni siquiera la había mirado cuando ella había ido a informarle de que la Orden estaba reunida y no lo había hecho ni una vez desde que había entrado en la cocina.
-Scrimegour nos llevará a la ruina –barbotó Ojoloco ofendido –ha sido imposible razonar con él. Está desquiciado y no sería capaz de ver un dragón aunque apareciera y le mordiera en el culo.
-Si no piensa defender Hogwarts, al menos evacuará el colegio¿no? –preguntó la Señora Weasley angustiada.
-Precisamente ha partido hacia Hogwarts hace una hora –explicó Tonks –pero sin duda su intención es vetar la evacuación del alumnado. Prefiere arriesgarse a perder Hogwarts antes que darle a la población mágica la sensación de que realmente estamos en guerra.
-Ese canalla –escupió Fred –Mamá, tenemos que sacar a Ginny de allí.
Harry observó a los Weasley con el corazón latiéndole en la garganta.
-Ginny no va a querer abandonar el colegio –dijo George con desanimo.
-Iremos a buscarla –aseguró Molly frunciendo el ceño –Ginny es menor de edad, tendrá que hacer lo que Arthur y yo digamos y Scrimgeour no puede impedir que los padres saquen a sus hijos del colegio si así lo desean.
-Os acompañaré –gruñó Ojoloco –ayudaré a Minerva. Tenemos que preparar Hogwarts para el ataque.
-Yo también voy –dijo Harry con seriedad. Y Hermione sabía que quería ver a Ginny y asegurarse de que abandonara el colegio.
-También yo puedo acompañaros, tal vez pueda serle de utilidad a Minerva –se ofreció Lupin.
-De eso nada –dijo Tonks con seriedad –acaban de aprobar el borrador contra los Hombres Lobos, no creo que sea una buena idea que Scrimegour vea al licántropo que dio clase en Hogwarts allí cuando éste está amenazado.
-Si quieres ayudar, ven conmigo –dijo Kingsley –he dado al Departamento de Rastreo de Criaturas Mágicas el soplo de que los licántropos que mataron a esos niños de Dunalastair se ocultan en los alrededores de Hogsmeade. Seguro que puedes sernos útil para encontrarlos. Si damos con ellos antes del ataque, mejor que mejor.
-¿Y los demás que hacemos? –preguntó Harry.
-De momento, esperar, chico –dijo Ojoloco.
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Cuando Tonks, Hestia y Arthur regresaron al Ministerio, Ojoloco, los Weasley y Harry partieron rumbo a Hogwarts, Kingsley y Lupin hacia Hogsmeade y el resto regresaron a sus respectivos hogares o trabajos, el número 12 de Grimmauld Place se quedó casi vacío. A excepción de dos personas. Draco y Hermione.
Draco había abandonado las cocinas en cuanto los primeros miembros de la Orden comenzaron a salir, sin decir una sola palabra. En realidad, no había abierto la boca durante la reunión y tampoco había mirado a nadie. Se había mantenido silencioso y taciturno en un rincón, como un mueble más.
Hermione quería hablar con él, pero no sabía que decirle. En realidad, él no le había dicho nada que ella no supiera. Sabía que se había metido en la Orden principalmente por ella y para vengarse por los perjuicios que los Malfoy se habían llevado en guerra. Tenía motivos para desear que Voldemort cayera pero eso no significaba que hubiera renunciado a todas las creencias que desde pequeño le habían inculcado. Continuaba creyéndose superior a media mitad del universo, Harry y Ron permanecían sin duda en su lista negra y no se podía decir que hubiera dejado de ser grosero e irónico.
Pero ella le quería a pesar de eso y sabía que él la quería a ella contrariamente a lo que cabría esperar. Si había sido capaz de hacer una excepción con ella, tal vez, algún día sus ideas podrían cambiar. No obstante, no iba a lograr nada presionándolo.
Y resultaba increíblemente aterrador que esa noche tan sólo hubiera sido capaz de dormir entrecortada y superficialmente porque él no estaba para arrinconarla en una esquina de la cama, únicamente con su brazo mediando entre ella y una caída inevitable.
Resuelta a no posponer más su conversación con Draco, Hermione se puso en pie y fue a buscarle hasta su cuarto. Draco no estaba allí, ni tampoco en el salón, así que Hermione subió hasta la biblioteca.
La puerta estaba entreabierta cuando llegó hasta allí y empujándola levemente, pudo ver la figura alta y delgada de Draco, paseando entre los pasillos flanqueados de docenas y docenas de libros con un par de ejemplares bajo el brazo.
Intrigada, Hermione se coló dentro de la biblioteca con sigilo. Draco se había detenido al principio de una estantería y observaba con el ceño fruncido un par de tomos del estante más alto. Lucía un gesto agrió y serio y un par de mechones del flequillo platino le caían sobre un ojo.
Concentrado, alargó una mano y bajó uno de los libros, especialmente magullado por el paso del tiempo como reflejaban las grietas y arañazos en la encuadernación celeste. Hermione pudo leer con dificultad el titulo que atravesaba su lomo: "Lugares mágicos ocultos de Gran Bretaña".
No necesitó más para saber que Draco estaba buscando información sobre el lugar en el que estaba encerrado su padre y se sintió conmovida y aún más culpable.
Podía ser que él no luchara por grandes y nobles causas como la libertad e igualdad del pueblo mágico. No obstante, él luchaba por otras más pequeñas pero no menos importantes: los suyos.
-¿Qué quieres?
Hermione había estado tan concentrada observándole que no se había dado cuenta de que él se había percatado de su presencia y la miraba seriamente. No parecía enfadado, sólo cansado y triste.
-¿Estás buscando información sobre Montis Occultus en esos libros? –preguntó ella con suavidad. Draco la miró unos instantes con los ojos grises inexpresivos y finalmente asintió torciendo el gesto. Después se acercó a una mesilla donde posó los libros y se quedó parado junto a un sillón, mostrándole su perfil a Hermione. Posó una mano sobre el respaldo del asiento y Hermione vio como hundía las puntas de sus dedos en el relleno, con las mandíbulas tensas.
-¿Crees… -se aclaró la garganta y endureció el gesto –¿Crees que allí habrá dementores? –dijo.
Hermione se acercó hasta él con gesto triste y posó una de sus manos sobre el sillón, justo al lado de la de él.
-Creo que no. El ministerio ya sabe que no son de fiar. Seguramente la cárcel esté protegida únicamente por guardias y hechizos mágicos. Dentro de lo posible, tu padre estará bien allí –murmuró.
-¿Bien? –repitió él con una sonrisa irónica –Sin contar con que lleva año y medio sin salir de una celda y que ni siquiera ha de saber que mi madre ha perdido la razón, yo diría que está genial.
-Draco…
-Seguro que está tan bien como tus padres, de vacaciones en algún lugar de Europa –continuó cargado de hiriente sarcasmo –Es muy fácil ser noble y preocuparse por los demás cuando los tuyos están a salvo, pero a mí lo único que me queda eres tú. Así que perdóname por no querer que te pase nada.
-Draco –le llamó ella con tristeza, cubriendo su mano la de Draco que reposaba sobre el respaldo del sillón –siento lo que te dije ayer.
-Si lo sientes, quédate –exigió él.
-Eso es chantaje emocional –señaló ella con cansancio –Escúchame, Draco, siento haberte hablado de ese modo y haber dicho que no merecías estar en la Orden. Claro que lo mereces y lo has demostrado pero yo también formo parte de ella y no puedo quedarme en casa cuando suceda algo que requiera nuestra participación. Mañana iré a Hogwarts, lo quieras o no, y no me gustaría marcharme estando tú enfadado conmigo.
-¿Es mi imaginación o eso ha sonado como si yo no fuera a ir? –preguntó él apartando su mano de la de Hermione y retrocediendo un par de pasos para mirarla con enfado.
-Bueno, es evidente que tú no puedes ir –explicó Hermione con paciencia –El Ministerio te está buscando y todos los alumnos de Hogwarts, piensan que eres un mortífago. Y si testifican que te vieron con algún miembro de la Orden cualquiera de nosotros podría ser culpado de esconderte y obstaculizar a la justicia.
-Eso me importa un rábano –dijo él con sequedad –Una horda de gigantes, licántropos y mortífagos va a atacar Hogwarts y a ti te preocupa que algún miembro de la Orden o yo acabemos en la cárcel. Deberías preocuparte primero de que salgamos vivos de esta.
-Pero…
-No pierdas el tiempo, si tú vas, yo voy –replicó él en un tono que decía a las claras que no pensaba cambiar de opinión.
Hermione bajó los hombros derrotada y soltó un largo suspiro. Estaba claro que no iba a lograr convencerle y no tenía ganas de seguir discutiendo con él. Lo único que quería era abrazarle para tratar de aplacar un poco el miedo que la llenaba cada vez que pensaba en lo que iba a suceder a la noche siguiente.
-Está bien –cedió y se acercó a él. Draco la observó con recelo mientras ella se aferraba a su camisa y hundía el rostro en su pecho, y durante unos segundos, luchó denodadamente contra el impulso natural de abrazarla. Pero cuando Hermione deslizó las manos por su pecho para rodearle la cintura, Draco finalmente la estrechó con sus brazos.
Porque en el fondo, él también estaba asustado.
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-¡ESE CABRÓN! –gritó Ron dándole una patada a la alfombra del hall -¿PERO QUIÉN SE HA CREÍDO QUE ES¡NO PUEDE HACER ESO!
-Ya lo sé –masculló Harry cerrando la puerta de la mansión con tanta fuerza que podría haberla hecho giratoria –Scrimgeour es un cobarde y un…
-¿Qué pasa? –preguntó Hermione bajando las escaleras a toda velocidad. Draco la seguía con total tranquilidad y expresión indiferente.
-¿Que qué ha pasado? –bramó Ron ensañándose con la alfombra -¿Quieres saber lo que ha pasado? –Hermione asintió enérgicamente -¡Harry, cuéntale lo que ha pasado!
-Scrimgeour no ha permitido que la Señora Weasley y los gemelos se llevaran a Ginny.
-¿Qué? –repitió Hermione sorprendida –Pero él no puede…
-¡ESO ES LO QUE YO DECÍA! –aulló Ron.
-De hecho, no se trata sólo de Ginny –continuó Harry ignorando la intervención de su amigo –ha prohibido que los padres saquen a los estudiantes del colegio salvo en casos de enfermedad grave o pérdida de algún familiar.
-Pero el Ministro no tiene poder para ordenar lo que se puede o no se puede hacer en Hogwarts –dijo Hermione con el ceño fruncido –Es McGonagall la que…
-En realidad, sí puede –explicó el moreno con enfado –en caso de guerra el Ministerio está autorizado a tomar la autoridad de Hogwarts.
-Pero no entiendo que pretende al encarcelar a los estudiantes…
-Si todo el mundo empezara a sacar a sus hijos del colegio, la comunidad mágica le daría credibilidad al ataque del Lord Tenebroso a Hogwarts, y Scrimgeour está empeñado en creer que ese rumor no es cierto –intervino Draco desde lo alto de las escaleras, apoyado contra la pared en una pose de aburrimiento que no encajaba con su tono de irritación.
-Y por supuesto, habrá vetado la evacuación de los estudiantes –dijo Hermione enfadada.
-¡No lo dudes! –espetó Ron -¡Si fueran sus hijos o familiares los que estuvieran esperando en el colegio a que quien ya sabéis y su ejército acaben con ellos seguro que vería las cosas de otra manera¡Pedazo de mamón! –y a continuación el pelirrojo se sumió en una extensa disertación que compendiaba todas las maldiciones y palabrotas que había escuchado durante su vida, dedicadas a Scrimgeour.
-¿Pudisteis ver a Ginny? –preguntó Hermione en un susurro, a una distancia prudencial de Ron.
-Sí –dijo Harry con las mandíbulas apretadas y gesto serio –nos dijo que no nos preocupáramos. En realidad, antes de que Scrimgeour interviniera, dijo que no pensaba abandonar Hogwarts –Hermione se percató de que su amigo apretaba la varita en su mano derecha con tanta fuerza que tenía los nudillos pálidos como la nieve –dijo que quería luchar.
Harry se quedó callado y Hermione pudo imaginar sin dificultad en lo que estaba pensando.
-…le metería una escoba por el culo si no se la hubieran metido ya en cuanto nació…-barbotó Ron entre un montón de insultos más.
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El día del ataque, el ánimo de los habitantes de Grimmauld Place era lúgubre. Lupin pasó a visitarles a primera hora de la mañana para informarles de que después de horas de rastreo, sólo habían encontrado a cuatro licántropos ocultos en una cueva cercana a la que Sirius había usado una vez como refugio.
-Pero estamos seguros de que hay muchos más –había dicho Remus, serio y con aspecto enfermizo –Kingsley ha tratado de interrogarlos pero los del departamento de Rastreo apenas nos permitieron hacerles un par de preguntas antes de llevárselos al Ministerio. No sé si serían los licántropos que atraparon a esos niños, pero a Scrimgeour no le importará demasiado. Los enviará a la cárcel y dirá a la prensa que ha resuelto el caso.
Sobre el medio día, más miembros de la Orden comenzaron a llegar a Grimmauld Place y se fueron reuniendo en las cocinas, tensos y serios. La Señora Weasley tenía los ojos enrojecidos y los gemelos tenían pinta de necesitar asesinar a alguien urgentemente. Tonks estaba preocupada por el débil aspecto de Lupin –esa noche era luna llena –y Ojoloco estaba furioso porque Scrimgeour le había escrito para prohibirle expresamente regresar a Hogwarts, sin duda informado de su visita a la escuela del día anterior.
-Ese inepto se cree que puede darme ordenes –masculló Ojoloco golpeando el suelo con su pierna de manera –Yo le enseñé todo lo que sabe, pero está claro que ha olvidado la lección más importante. ¡Alerta permanente! –gritó de repente y Draco y Ron dieron un respingo en su asiento –no le enseñé a manipular a la gente y a ignorar el peligro.
-¿Y ahora que vamos a hacer, Señor Moody? –preguntó Devany, encogida en su taburete y evidentemente asustada, como demostraban sus nerviosos ademanes para encajarse aún más su gorrito de lana sobre las cejas.
-Por supuesto desoír las advertencias del insensato de Scrimgeour –dijo el ex-auror arrojando una bota de goma vieja que parecía haber pasado varios años en el fondo del mar sobre la mesa –iremos a Hogwarts.
-¿Eso es un traslador? –preguntó Hermione contrariada –En Historia de Hogwarts dice que es imposible trasladarse…
-Dentro o fuera de Hogwarts –recitaron los gemelos y Ron al unísono. Hermione les dedicó una mirada fulminante, pero Lupin sonrió con indulgencia.
-Y no se puede –dijo Ojoloco –normalmente. Minerva y yo lo preparamos todo para que nos traslademos a su despacho en –echó un vistazo a su reloj –diez minutos.
-¿No es un poco pronto? –preguntó Hestia –se supone que Kingsley, Tonks, Arthur y yo tenemos que estar en el Ministerio en media hora.
-Tendremos que faltar al trabajo, Hestia –explicó Arthur con amabilidad –no sabemos a qué hora se producirá el ataque y tenemos que ayudar a preparar las defensas de Hogwarts. Minerva y los profesores lo han estado haciendo en secreto, creemos que algunos estudiantes de Slytherin informarían a Voldemort si se enteraran de que sabemos lo del ataque.
-¿Peguo entonces los estudiantes no saben que Hogags va a seg atacado? –preguntó Fleur.
-No, Scrimgeour le prohibió a McGonagall hablar sobre ello –dijo Kingsley –y creímos que mantenerlo en secreto sería lo mejor para evitar que se filtrara la información a los mortífagos. De cualquier modo, McGonagall ha inutilizado la lechucería y confiscado temporalmente las aves de los estudiantes. Por supuesto, todo ello después de que Scrimgeour se fuera. Ha dejado a Fawcett, ese auror que da Defensa Contra la Artes Oscuras, al cargo de informarle de cualquier inconveniente pero McGonagall cree que podemos fiarnos de él.
Devany asintió fervientemente y Ron la miró de reojo. No parecía contento.
-Bien, entonces preparémonos –dijo la Señora Wealey sorbiéndose de la nariz. Todos los miembros de la Orden se levantaron y apelotonaron en la mesa en torno a la bota de goma, incluido Draco. Molly lo miró con preocupación, aunque nadie más pareció encontrar nada extraño en que él fuera a Hogwarts.
-Draco, querido –dijo la mujer -¿no crees que sería mejor que te quedarás aquí? El Ministerio te está buscando y no es muy prudente que te dejes ver por Hogwarts…
Palabras ácidas brotaron hasta la boca de Draco, pero se contuvo, incómodo. La Señora Weasley parecía realmente preocupada por él, de un modo casi maternal. De un modo que le abrumaba un poco.
-Eso ahora no tiene importancia –dijo finalmente incómodo.
Molly apretó los labios, evidentemente en desacuerdo, pero como nadie más dijo nada, guardó silencio.
-Tocad el traslador –ordenó Moody con su áspera voz, un ojo puesto en el reloj y otro en la bota. Todos obedecieron y el antiguo auror comenzó la cuenta atrás –Tres…dos… ¡uno!
Todos los miembros de la Orden sintieron la conocida sensación de sus pies se despegándose del suelo y sus estómagos revolviéndose. Y entonces, con lo que a ellos les pareció un gran estrepito, aterrizaron en el despacho de McGonagall.
Estaban en Hogwarts.
Hola!
Aquí estoy con el capítulo 40. Un poco más corto que los que le precedieron pero me da la sensación de que con tanto capítulo largo os estoy aburriendo, así que corto y cambio antes. Además, prefería dejarlo en este punto que no en plenos preparativos para la batalla. Básicamente este capítulo ha tratado sobre lo que precede a la batalla de Hogwarts. Hermione y Draco se han enfadado, y es que, que quede claro que el hecho de que Draco se halla unido a la Orden no significa que de repente sea un remanso de bondad y abrace su causa. Tiene sus razones personales para unirse y ninguna de ellas es liberar a los sangre sucia de la opresión de los sangre limpia. A él sólo le interesa una sangre sucia y su familia. Pasando a otra cosa, Scrimgeour, como era de esperar, no se cree lo del ataque a Hogwarts y no sólo eso, si no que además está metiendo la mano en el colegio para impedir que los padres puedan sacar a los alumnos libremente. También se ha aprobado el borrador de la Ley contra la licantropía y hemos descubierto un poco más sobre la ubicación de los presos que antes estaban en Azkaban. El ataque sobre Hogwarts es inminente, sólo les queda prepararse y esperar. ¿Qué pasará? chum chum -música de tensión -en el próximo capítulo!
Otra cosilla, cuando dije que a la historia le quedaba poco no me refiero a 3 o 4 capítulos. Ya sabéis que soy insufrible y que cuando me meto en historias largas, las hago realmente largas. Simplemente estamos en el último tramo de la historia, aunque la batalla de Hogwarts no es la batalla final. Posiblemente llegue a los 50 capítulos, mal que os pese.
Y ahora, una recomendación y autopublicidad xD
1) La recomendación. Se trata de un precioso y conmovedor fic sobre la relación entre Sirius y Regulus Black, escrito con mucho acierto por Dikana. El fic se llama "Bratja" y os dejaría el link, pero con eso de que ahora al link de la historia se le añade el nombre y la página me come las barras bajas al subir capítulos, es más complicado que lo copieís y peguéis que usar el buscador o buscarlo en mi lista de favoritos (está en el número 11).
2) La autopublicidad. El viernes me aburría, no era capaz de escribir nada de Dormiens que no apestara y abrí el documento de word buscando algo diferente sobre lo que escribir. Me salió una Lily&James, llamado "La rendición de Evans" que para aquellos a quienes les interese encontrarán en mi profile. Muchas gracias a todas aquellas que ya lo habéis leído :)!
Ah! Dunixe, puedes enviarme tu fan art a mi mail dryadeh(arroba)hotmail. cuando quieras :) De paso, aprovecho para pedirle a Lalita permiso para dejaros un link a su fan art para aquellas que habéis manifestado vuestro interés por verlo. Tú decides, linda :)
Creo que eso es todo. Sólo decir que no sé para cuando estará el siguiendo porque ya es oficial que el lunes empiezo a trabajar en una ludoteca, serán 12 horas diarias durante tres semanas, asi que mi tiempo para escribir se reducirá drasticamente -lo que aumentará mi inspiración, así soy yo-. Por cierto, ya tengo nuevo portatil que mi pobre aspect estaba en sus últimas horas, asi que no me quedaré tirada sin ordenador mujajaj :) y a quienes les interese, antes de la entrada actual de LJ, escribí otra acerca de mis musas, como un pequeño cuento. Ahora sí, me callo.
Sólo dar mis agradecimientos especiales para aquellos que se tomaron la molestia de escribirme en el capítulo anterior :) Lamento no tener tiempo y ser bastante vaga cuando lo tengo, para responderos, pero leo y agradezco cada uno de todo corazón :) :
Itsa, Merian Li, Vicky KM, Sra Danvers, Dunixe, galletaa, kastillito, Lyann Jade, Veroli, Amber, Dauphinita, Desi, Adi Felton, Xgirl1, El collar de Perlas, Nimue - Tarrazo, Lara Evans, Hydria13, Katurix, Angels46, allela, Sara ddc, Chepita1990, Arya.Black.Cullen, Naty2691, umiko, beautifly92, Isa Malfoy, Xik l, PsicodelycCorpse, Erendira, Iamalonefordanny-19, Annemarie Hut, Andrux, Pansy Greengrass, tiffany, Antea, tonkstar, pekelittrell, Romi, Willow Ann Summers (por cierto, amo Buffy!), Kapu Way, Karina Wilkins, unkatahe, kgee, Lauriska Malfoy, M.Mago, irianna07, Vero.sasuke.Uchiha, cedrella.lysandra, danymeriqui, pia.88, Roumad, Namelia Phoenix, Priinciipessa, Pau tanamachi Malfoy, Sweet Nini, Weasley Girl, Selegna, waterflai, Alevivancov, Roberta Pardo,Nanitapotter!, Olguita Malfoy, Nuit Noir, Angeles Radcliffe, Hermioncita, Cielo Azul V, minerva, yeeya, Soe, Sonylee y Consue.
Muchas gracias por acompañarme en este viaje. Soy afortunada porque me leaís :)
Con mucho cariño, Dry!
Pd: Click a "Go" para que Draco (o X) trate de convencerte por esos medios de que hagas lo que quiera xD
