Para Siriela, porque después de tanto tiempo, volvimos a encontrarnos.


Capítulo 43: De licántropos y reyertas

La mañana siguiente al ataque a Hogwarts, la Señora Weasley se presentó en la Mansión Black, blandiendo un ejemplar de El Profeta con enfado. Aparte de besar en la mejilla a todos –incluido Draco que se sintió tremendamente violento cuando la mujer se disculpó por haberle manchado de pintalabios y frotó su mejilla con un pañuelo como si fuera un niño pequeño –no dijo palabra hasta que se sentó en un taburete de las cocinas.

-¿Qué es lo que pasa, mamá? –preguntó Ron, que también tenía una mancha de carmín en la mejilla izquierda.

-Esto es lo que pasa –respondió la Señora Weasley arrojando el ejemplar de El Profeta sobre la mesa. Hermione lo cogió adelantándose a sus amigos y miró la primera página. Había una gran fotografía que ocupaba la mayor parte de la primera plana en la que el cuerpo de Aurores del Ministerio, ataviado con sus túnicas plateadas, posaba con gesto duro y eficiente. Sobre ellos, en letras grandes y gruesas, se leía el titular: "El cuerpo de Aurores del Ministerio: los héroes de Hogwarts".

Normalmente, Hermione hubiera leído en voz alta el artículo para que Harry, Ron y Draco se enteraran también, pero la indignación que sintió la dejó sin habla. Básicamente, el artículo narraba una muy distorsionada versión de la realidad en la que los Aurores habían salvado Hogwarts del ataque de las huestes de Lord Voldemort. Según el reportaje, previendo el ataque, el cuerpo de Aurores se había trasladado al colegio por orden del Ministro, donde habían preparado todo lo necesario para evacuar al alumnado en caso de ser necesario y habían protegido el castillo y sus terrenos con poderosos encantamientos y criaturas. Finalmente, relataba el modo en el que los Aurores habían aplastado a los mortífagos y licántropos y habían hecho huir a los gigantes. Resaltaba el número de detenidos y mortífagos muertos, y recalcaba el hecho de que el Ministerio no había sufrido ninguna baja. Y a excepción de una muy breve mención a una profesora muerta de la que ni siquiera decían su nombre, en ningún momento hablaban de Mungundus o los ocho alumnos que habían fallecido protegiendo el colegio.

-¡Todo esto es mentira! –exclamó Hermione enojada, y lanzó el periódico a la mesa de nuevo. Harry y Ron, tras un breve forcejeo, empezaron a leerlo sujetándolo cada uno por un extremo mientras Draco les observaba con desdén, tratando disimuladamente de leer por encima de ellos.

-¿Qué los Aurores salvaron Hogwarts? –repitió Ron, colorado de rabia a medida que sus ojos se movían por el papel-¡pues yo sólo vi cuatro aurores en la batalla: uno del colegio y otros tres de la Orden!

-Pero Scrimgeour no iba a perder la oportunidad de atribuirse el merito –repuso Harry con frialdad –no sólo no ha reconocido su error que pudo haber costado docenas de vidas, sino que además se aprovecha del ataque a Hogwarts para que su imagen salga reforzada.

-Exacto –dijo la Señora Weasley, enfadada –Según Arthur, el Ministro supervisó personalmente la edición de El Profeta antes de que saliera publicada para asegurarse de que no aparecía ni un poco de lo que realmente sucedió en el colegio. Ha enviado comunicados de presa a las emisoras mágicas, advirtiéndoles de lo que deben contar y ha preparado panfletos informativos que el Ministerio repartirá entre la población hablando de los logros de Scrimgeour y sus aurores.

-Toda una farsa –masculló Hermione arrugando la nariz con enfado de ese modo que tanto le gustaba a Draco –Si la cárcel del Ministerio está llena de mortífagos es gracias a nosotros. En todo caso, lo único que ha hecho Scrimgeour es censurar a los medios de comunicación, manipular la opinión pública y desoír las advertencias del ataque a Hogwarts. Parece colaborar con Voldemort en lugar de proteger al pueblo.

-¿No estará… bajo un Imperius? –preguntó Ron vacilante.

-No lo creo, Scrimgeour es así de gilipollas de forma natural –apuntó Draco con desprecio.

-De todos modos, no sé a quién piensa que va a engañar con esta basura –continuó Hermione indignada –ocho alumnos han muerto y la gente lo sabe, por mucho que El Profeta "se olvide" de mencionarlo.

-Cierto –dijo la Señora Weasley con tristeza –y eso puede traer problemas al colegio, algunos padres ya han acudido a sacar a sus hijos de Hogwarts. Ya no lo consideran un lugar seguro.

-Pues Hogwarts es el único sitio donde sus hijos podrían defenderse de un ataque –dijo Harry –y ya se ha demostrado.

-Minerva me ha dicho que mientras algún alumno quiera estudiar, Hogwarts permanecerá abierto. Ginny quiere quedarse y me ha dicho que los alumnos de séptimo, mayores de edad, se han negado a marcharse. Supongo que aunque sea con un puñado de alumnos, el colegio seguirá en marcha.

La Señora Weasley tenía razón. En los días que siguieron al ataque a Hogwarts, los padres de los alumnos, alertados por ellos de lo que verdaderamente había sucedido, acudieron en masa a sacar a sus hijos del colegio. Algunos alumnos lograron convencer a sus padres para quedarse, los mayores de edad permanecieron en el colegio ejerciendo su libre elección, y otros se negaron tan obstinadamente a marcharse que sus progenitores desistieron. El Ministro, empeñado en continuar aparentando normalidad y eficiencia, designó a un grupo de aurores para proteger permanentemente el colegio, lo que tranquilizó a unos cuantos padres. Finalmente, Hogwarts acabó con la mitad de estudiantes que había tenido el año anterior, pero aunque las clases de las cuatro casas se juntaron, el colegio siguió adelante.

A pesar de los folletos del Ministerio y de las noticias manipuladas, el pueblo mágico era consciente de que las cosas en Hogwarts no habían sucedido tal y cómo las habían contado y podía hablarse de un descontento general. Los padres pedían medidas más fuertes y la opinión pública presionaba al Ministro para que reforzara la seguridad y cambiara de estrategia. La gente, cansada de vivir asustada esperando un nuevo ataque, exigía al Ministerio que pasara a la acción y atrapara a Voldemort en lugar de limitarse a repeler sus ofensivas.

En medio de este clima de miedo, descontento y frustración, el Decreto contra la Licantropía entró en vigor. Después de la participación de los hombres lobos en el ataque a Hogwarts, el odio y miedo hacia los licántropos se había multiplicado en la población mágica, por lo que la gran mayoría de la gente acogió la noticia con agrado. Los licántropos debían acudir al Ministerio para ser registrados y marcados. Así como antiguamente los muggles habían marcado a los piratas con una P en la muñeca o los granjeros marcaban el ganado, el Ministerio decretó que los licántropos debían llevar una L tatuada en el antebrazo para que la gente reconociera de inmediato a aquellos que eran hombres lobo. Además, debían llevar pulseras localizadoras, que mediante un mecanismo similar al del Mapa de los Merodeadores, indicaba en qué punto de Gran Bretaña se encontraba cada licántropo con exactitud. Las noches de luna llena debían acudir a una prisión del Ministerio preparada exclusivamente para este fin, donde los hombres lobos eran encerrados para "no ser un peligro para la comunidad mágica y muggle, ni para ellos mismos" según testimonio del un tal Marsden, portavoz del Ministro.

Aunque surgieron voces de protesta y hubo un par de dimisiones en parlamento mágico de políticos que no estaban de acuerdo con esta medida, la mayor parte del mundo mágico apoyaba el nuevo decreto. Harry, Ron y Hermione mantuvieron intensas conversaciones sobre el tema, que Draco solía escuchar en silencio.

-¡La gente se ha vuelto loca! –solía exclamar Ron, indignado.

-Todos estamos asustados, pero eso no es razón para tratar como si fueran animales de circo a personas afectadas por algo que no pueden controlar –decía Hermione.

-Es como cuando metieron a Stan Shumpike en la cárcel diciendo que era un mortífago –apuntaba Harry –la toman con personas inocentes para aparentar que hacen algo.

-¿Inocentes? –dijo Draco una noche que no pudo aguantar más escuchar los mismos comentarios ineptos –Yo no diría que un licántropo sea inocente, y muchos menos inofensivo. ¿Acaso no conocéis a Greyback?

-Los tipos como Greyback son excepciones –replicó Hermione.

-¿Y qué son entonces todos los licántropos que casi nos echan el diente en Hogwarts¿Dóciles perritos? –repuso él con sarcasmo –la gente está asustada y con razón. Los licántropos son muy peligrosos…

-Ellos no tienen la culpa de lo que les pasa –terció Harry con sequedad –y no es algo que puedan controlar.

-Precisamente por eso –respondió Draco –necesitan ser controlados, si es que eso es posible. Hay tipos como Greyback que logran convertirse cuando quieren, no sólo cuando hay luna llena. E id a decirles a las familias de esos niños que devoraron que los hombres lobo son sólo víctimas de su condición, seguro que os dan la razón.

-Es cierto que hay licántropos asesinos –cedió Hermione –pero otros son sólo personas normales que una vez al mes son poseídos por un animal. No es justo que paguen por crímenes que ellos no han cometido.

-Además, a mi hermano Bill le mordió Greyback, pudo haberle matado, pero no por eso vamos exigiendo que envíen a todos los licántropos a la cárcel –señaló Ron con gesto triunfal.

-Pero no todo el mundo es tan… benevolente como tu familia, Weasel –repuso Draco con altivez –hay gente que desea venganza y otros que tienen miedo a los licántropos. Y sí queréis mi opinión, hacen bien en temerles.

-Lupin es un licántropo y jamás le ha hecho daño a nadie –dijo Harry fríamente –luchó en Hogwarts contra los hombres lobo y ha ayudado a salvar la vida de cientos de personas.

-Lupin en sí no es peligroso pero una parte de él sí lo es –replicó Draco con aspereza –y aunque su parte humana sea todo bondad, su parte animal no dudaría en devorarte si tuviera la oportunidad. Acéptalo, Potter.

-Lo mismo podría decir de ti, Malfoy. Hoy estás de nuestro lado pero mañana podrías intentar traicionarnos, y en cambio no te he enviado a la cárcel.

Harry y Draco se observaron mutuamente, en un duelo de miradas. Draco estaba furioso aunque nada en su rostro lo delataba. Alguien que no le conociera demasiado lo habría tomado como un ejemplo de indiferencia y aburrido desdén, pero Hermione podía ver el brillo furioso en los ojos, la tensión en los dedos blancos que se aferraban a la mesa de la cocina, la rigidez de sus mandíbulas.

-¿Y a qué esperas, Potter? –le increpó levantándose del taburete en el que hasta entonces había estado sentado.

-Realmente no lo sé –replicó Harry con gesto adusto y las facciones endurecidas.

-Chicos … -intervino Hermione con tono angustiado, pero ninguno de los dos pareció haberla oído.

-¿Qué se siente, Potter? –continuó el rubio -¿Qué se siente al saber que si San Potter ha salvado Hogwarts ha sido gracias al ruin Draco Malfoy? Porque, reconócelo, sino me hubiera ofrecido como cebo en Malfoy Hall, no hubierais sabido lo del ataque a Hogwarts. Y todavía mejor¿qué se siente al delegar el trabajo sucio en el despreciable de Snape?¿Qué se siente al enviarle a una misión suicida?¿Al estar en vilo sin saber si te traicionará o no? Nunca habéis considerado a Snape lo suficiente digno para confiar en él, pero sí es lo suficiente bueno para que se juegue el culo por ti¿verdad, Potter?

-Yo no le he obligado a nada –se defendió Harry fríamente –él hizo su elección.

-¿Cuál era la alternativa¿La cárcel o tal vez una muerte rápida? –replicó Draco crudamente –Te crees una especie de héroe trágico, el baluarte de la bondad, oh, San Potter, el elegido que se sacrifica por los demás, cuando en realidad siempre has hecho lo que todos esperaban que hicieras, cuando nunca has tenido que elegir, cuando no tienes ni puta idea de lo que es ir por libre.

Harry se limitó a observarle impasiblemente. Draco, cabreado, salió de la cocina dando un gran portazo que amortiguó el llamado de Hermione. La chica, dividida y acongojada, se dispuso a seguirle cuando la voz de Ron la paró.

-¿Vas a irte con él? –preguntó con tono acusador. Hermione se volvió y miró a sus amigos, Harry no la miraba pero Ron la observaba con claro reproche en los ojos. Y se preguntó con cansancio, cuantas veces tendría que elegir entre la persona a la que amaba y sus mejores amigos desde que era una niña.

-Creo que él me necesita más –respondió con cautela y miró a Harry esperando que dijera algo, pero el moreno se limpiaba las gafas con tanta furia que ni siquiera parecía haberla oído.

-Muy bien, entonces márchate–dijo Ron con enfado –nosotros no te necesitamos.

Hermione observó a Ron con algo parecido a súplica en los ojos, pero el pelirrojo simplemente se giró en su taburete hacia Harry, dándole la espalda. Bajando los hombros, Hermione salió de las cocinas para buscar a Draco sin pronunciar palabra.

Podía ser que sus amigos aceptaran que estuviera con Draco, pero eso no significa que lo aceptaran a él. Y para ser sinceros, Draco tampoco les profesaba un gran afecto.

Harry y él se ignoraban la mayor parte del tiempo, pero Ron y Draco solían pelearse una docena de veces al día por cualquier tontería, y obligaban a Hermione a ejercer de juez o a tomar parte. Ella trataba de escabullirse como buenamente podía, pero siempre había momentos, como ése, en los que no podía evitar tomar partido implícitamente. A veces tenía la sensación de que si los cuatro seguían viviendo juntos en la misma casa, alguno acabaría muerto. Posiblemente ella, cansada de estar partida en dos.

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Draco no estaba en la habitación, sino en la biblioteca, lo que le dio a Hermione una idea de lo enfadado que estaba. Subiendo hasta la biblioteca le había dejado claro que no tenía ganas de hablar y que quería estar solo, pero a pesar de saberlo, Hermione no podía evitar tratar de reconfortarle.

Él estaba sentando en un sillón, observando con furia el fuego que ardía en la chimenea, fuego que él había encendido momentos antes. Y se sentía colérico. Porque estaba harto, hasta los huevos de tener que demostrar día a día que no era un traidor, de estar a prueba de manera permanente. De las dudas y recelos que en todos surgían cuando él proponía algo, de la manera disimulada en que ciertos miembros de la Orden le vigilaban.

¿Traicionarles¿Cómo coño iba a traicionarles? No le convenía, y aunque quisiera hacerlo, sencillamente no podría. Para empezar, si intentara comunicarse con algún mortífago o con Voldemort, acabaría muerto antes de poder abrir su maldita boca. Era un desertor, estaba la lista negra de todos. Y además, estaba Hermione. A esas alturas, todos deberían haberse dado cuenta ya de que era como un quinceañero enamorado, de que nunca haría nada que pusiera en peligro la seguridad de la chica. Y aunque no tenía ninguna intención de hacérselo saber a todos, aunque prefería la imagen de cabrón insensible que tenían de él a la de tonto enamorado, sentía rabia porque sabía que nunca le considerarían lo suficiente bueno para Hermione. Porque sabía que todos esperaban que le hiciera daño y se portara como un cerdo con ella para poder darle palmaditas en la espalda y decirle "te lo dije".

-¿A qué has venido? –preguntó con brusquedad, volviéndose hacia la chica que caminaba silenciosamente hacia él.

-Pensé que te vendría bien hablar –murmuró ella con cautela.

-Pues pensaste mal –resopló él –Vete a consolar a Potty, sin duda él lo necesitará más.

-Oye, Harry no piensa realmente que vayas a traicionarnos. Simplemente estaba molesto por lo que dijiste de Lupin y…

-Perdona –la interrumpió él con acritud- pero¿acaso tengo pinta de que me importe lo que ese retaco desnutrido piense? Y lo mismo va para ese zanahorio mendigo con el que comparte su media neurona.

-Draco, no hables así de ellos –le pidió Hermione con paciencia.

-¿Vas a negármelo acaso? Si gritaras dentro de sus cabezas sólo oirías eco.

-Escucha –dijo Hermione, comenzando a molestarse –sé que Harry y Ron no te gustan, del mismo modo que tú tampoco les gustas a ellos, pero te voy a pedir que no hables así de ellos delante de mí.

-¡Eso es! –exclamó Draco con rabia –Ponte de su lado. Dime¿tú también piensas que soy un traidor?

-No me estoy poniendo de parte de nadie –dijo ella secamente –y tu pregunta es ridícula. ¿Crees que si pensara eso estaría contigo?

-Tal vez no me consideres un traidor, pero sí piensas que no soy lo suficiente bueno para ti –aseguró con rencor –Vi cómo me mirabas cuando dije que los licántropos debían ser controlados. Del mismo modo que cuando dije que me importaban un pimiento los hijos de muggles o que los elfos domésticos están en el mundo para servir a los magos. Te crees moralmente superior a mí¿verdad? Me juzgas de acuerdo con tu bondadosa y desinteresada escala de valores y siempre llevo las de perder.

-Eso son estupideces –replicó Hermione ofendida –y sinceramente, no entiendo a que viene todo esto.

-Viene a que tu querido Potter me ha insultado y tú no has abierto la boca para defenderme ni quitarle la razón, en cambio yo no puedo decir nada de tus adorados amigos sin que la remilgada que llevas dentro salga a la luz.

Hermione abrió la boca para coger aire, afrentada.

-¿La remilgada que llevo dentro? –repitió con indignación -Traté de intervenir en la discusión pero ni tú ni Harry me hicisteis caso, además, no me pareció que necesitaras ayuda para defenderte. Y te recuerdo que he venido detrás de ti en lugar de quedarme con Harry y Ron, tan sólo para intentar que te sintieras mejor.

-¿Te he pedido ayuda? –replicó él impasible –No necesito consuelo, ni hablar sobre el tema. Eres tú la que ha venido aquí a molestarme cuando era evidente que quería estar solo así que por mí bien puedes irte con ese par de imbéciles.

-Bien, pues quédate solo si tanto lo deseas. Te libro de la remilgada que llevo dentro –espetó ella con enfado, y dándose media vuelta, salió de la biblioteca cerrando de un portazo tan violento que uno de los cuadros de la pared tembló y se cayó al suelo. Cuando sintió sus sonoros pasos descendiendo las escaleras, Draco soltó una maldición.

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Hermione y Draco no volvieron a hablarse durante el resto del día. De hecho, Hermione no habló con nadie. Ron estaba molesto con ella, Harry indiferente, Hermione estaba enfadada con Draco y él posiblemente también con ella.

No bajó a cenar y durmió sola en su habitación esa noche. Aunque hablar de dormir, sería exagerar. Más bien se limitó a dar vueltas entre las sábanas, tratando de contener las ganas de llorar.

No había manera posible de salir airosa de un enfrentamiento entre Draco y sus amigos. Si se quedaba con Harry y Ron, Draco se enfadaba, y si se iba con Draco, Harry y Ron hacían lo propio. Además, ni siquiera irse con uno o con otros le garantizaba buenas relaciones con ninguno de los tres. Draco tenía la desagradable costumbre de pagarlo con ella cuando se encontraba malhumorado, deprimido o enfadado, al igual que Ron. Y la fría indiferencia de Harry no era mucho mejor. Estaba harta de estar en medio y pagar los platos rotos de todos.

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La comida siguiente fue de lo más tensa. Esa mañana, la Señora Weasley se había pasado a llevarles noticias y algo de comida casera –"estáis quedándoos en los huesos" había dicho- por lo que los cuatro se vieron obligados a comer al mismo tiempo y en el mismo lugar, antes de que el pollo asado se enfriara. Molly les había contado que en el Ministerio andaban bastante inquietos porque uno de los guardias de MontisOccultus había desaparecido, y se habían producido dos detenciones de licántropos que se había negado a acudir al Ministerio para ser marcados.

La mención a los licántropos había hecho que los ánimos de los cuatro jóvenes volvieran a enturbiarse, recordándoles lo sucedido el día anterior. Ninguno había hablado demasiado en presencia de la Señora Weasley, pero cuando la madre de Ron se fue, el enfado y la animosidad se hicieron patentes en el ambiente. La tensión era tal, que Ron parecía temer darse un cabezazo con ella si se movía, a juzgar por la rígida inmovilidad con la que comía. De vez en cuando, lanzaba miradas desdeñosas al antiguo Slytherin. Harry parecía completamente abstraído, como si su mente no dejara de dar vueltas a la noticia de las detenciones. Draco ignoraba a todos, centrado en su plato, y Hermione se sentía obligada a hacer algo para romper ese ambiente enrarecido. Aún estaba molesta por lo sucedido el día anterior, pero encontraba la situación ridícula e insoportable.

-Chicos, creo que tenemos que hablar –dijo después de unos minutos de absoluto silencio.

-Yo no tengo nada que decirle a ese lechoso egoísta –farfulló Ron.

-¿Lechoso yo¿Tú te has mirado a un espejo, Weasel?¿o eres tan pobre que te miras en los charcos? –replicó Draco.

-Malfoy, déjale en paz o… -comenzó Harry.

Hermione abrió la boca, no estaba segura de si lo hacía intención de poner paz o de enviarles a todos a la mierda, pero en ese momento se oyeron unos fuertes y rápidos golpes en la puerta de entrada, que ahogaron su voz. Todos se miraron unos instantes, y después Harry y Ron se levantaron para ir a abrir. Hermione lanzó una mirada a Draco que la observó impasible, y se fue tras sus amigos. Llegó al hall en el momento en el que los gemelos entraban, llevando a rastras un cuerpo maltrecho. Hermione tardó unos segundos en darse cuenta de que la persona que estaban sosteniendo a pulso, era Remus Lupin. Tenía una gran costra de sangre seca cerca de la coronilla, un ojo completamente hinchado y amoratado, y sangraba por la boca y la nariz, con el rostro lleno de cortes y cardenales que Hermione no hubiera podido decir si estaba consciente o no.

-¡Remus! –exclamó Harry acercándose a toda prisa a los gemelos para ayudarles a sostenerlo. Fred tenía el pelo revuelto y George lucía un labio partido. Ambos tenían aspecto desarreglado y alterado, con las ropas sucias y estiradas, y los rostros tensos, mientras sostenían como podían al hombre.

-¿Qué ha pasado? –preguntó Hermione, asustada, cuando Lupin soltó un gemido ahogado que le hizo saber que estaba consciente a pesar de todo.

-Un puñado de magos gilipollas le dieron una paliza en el Caldero Chorreante –dijo Fred con desprecio.

-¿Qué¿Por qué? –preguntó Ron, lívido. Draco se quedó bajo el dintel de la puerta de la cocina, observando la escena con aparente indiferencia.

-¿Podemos contároslo luego? –propuso George, recolocando a Lupin para que no se le escurriera –será mejor que lo acostemos en alguna cama.

Harry asintió y los gemelos llevaron al antiguo profesor hasta una habitación de primer piso, libre ya del encantamiento de las camas saltarinas de Kreacher. Lo depositaron con cuidado sobre el colchón y Hermione colocó cariñosamente las almohadas para acomodar mejor la cabeza del licántropo.

-¿A dónde vas? –preguntó Ron al ver que su hermano George se dirigía hacia la puerta de la habitación.

-A buscar a Devany, necesitamos que alguien le cure y San Mungo ya no es seguro. Menos aún para un hombre lobo en estos tiempos.

-Tú quédate, estás herido. Iré yo –propuso el menor de los Weasley. George asintió y lanzando una última mirada de preocupación a Remus, Ron salió de la habitación, chocándose voluntariamente con Draco que había aparecido por la puerta.

Se hizo un silencio espeso en el que nadie habló. Harry lanzó una mirada seca a Draco, como si estuviera desafiándole a hacer algún comentario sobre el herido, pero el rubio permaneció en silencio, inexpresivo. Hermione hizo aparecer un trapo y una palangana llena de agua y se sentó en el borde de la cama para limpiar el rostro del profesor, pero Harry le dio un apretón en un hombro, para relevarla en la tarea. Se sentó junto a Remus Lupin, el último de los Merodeadores, cansado, débil y apaleado, y comenzó a limpiarle la sangre seca de la cara con gesto grave. De vez en cuando, Remus soltaba algún quejido doloroso, pero en líneas generales permanecía semiinconsciente e inmóvil por el dolor mientras Harry iba volviendo su rostro lentamente reconocible.

-¿Y vosotros cómo estáis? –preguntó Hermione, incómoda, como si Draco, los gemelos y ella se estuvieran inmiscuyendo en una escena íntima y familiar.

-No tenemos nada, un par de rasguños –dijo Fred encogiéndose de hombros con gesto duro. Era evidente que estaba furioso.

-¿Qué pasó exactamente? –les interrogó ella, se dio cuenta de que Harry atendía a la conversación. Draco también.

-Bueno, no sabemos con exactitud cómo empezó todo, pero nos hacemos una idea –dijo George –sabíamos que Remus estaba en el Callejón Diagon porque vino a visitarnos a nuestra tienda esta mañana.

-Los ánimos estaban bastante caldeados –continuó Fred –la gente no paraba de hablar de las detenciones de los licántropos que se habían resistido a la justicia mágica.

-Y no es ningún secreto que Remus es un hombre lobo, no después de que Snape lo soltará alegremente a medio Hogwarts. Algunas personas lo miraron mal cuando entró en la tienda y los menos empezaron a murmurar por lo bajo, asustados e indignados porque Remus no llevaba la pulsera localizadora ni tampoco parecía llevar la L tatuada.

-Lo siguiente que supimos fue que Tom, el del Caldero Chorreante, vino corriendo a llamarnos diciendo que en su pub estaban teniendo problemas. Mencionó algo de Lupin, los hombres lobo y el padre de uno de los chiquillos a los que mató un licántropo. De inmediato supusimos que las cosas andaban mal, dejamos a Verity encargada de la tienda y salimos corriendo para allí.

-Cuando llegamos, había un gran corro en la parte trasera del Caldero Chorreante, ya sabéis, frente a la fachada donde está la entrada al Callejón. Había un grupo de magos, rodeando a alguien que no podíamos ver. Le insultaban y abucheaban. Fuimos apartando a gente a empujones y poniéndonos de puntillas pudimos ver a Remus, arrinconado contra una pared, encajando insultos e incluso escupitajos sin moverse.

-Y entonces un tipo esmirriado y más alto que George y yo, le dio un puñetazo, y todo se volvió un caos. La gente empezó a empujarse y a gritarse, unos cuantos arremetieron contra Remus y George y yo empezamos a repartir golpes tratando de abrirnos camino hasta él.

-Dejamos fuera de combate a unos cuantos antes de conseguir llegar hasta Remus, pero cuando le alcanzamos ya estaba así, en ningún momento hizo nada para defenderse –explicó George con tristeza –lo cogimos y escapamos como pudimos de allí, cuando los primeros aurores de los que patrullan el Callejón desde el ataque comenzaron a llegar.

-No sabíamos a donde llevarlo –dijo Fred mirando con compasión al herido –y estamos seguros de que después del altercado, el Ministerio intentará detenerlo para marcarlo y ponerle un localizador. Eso si no envían una temporada a la cárcel especial para licántropos.

-¿Y vosotros? –preguntó Hermione observando las huellas de la pelea en la que se habían metido -¿Creéis que el Ministerio os dará problemas?

-No les conviene –dijo Fred secamente –a Scrimgeour le conviene que nuestra tienda permanezca abierta, es una de las pocas que aún está concurrida. No creo que se meta con nosotros.

-Y en caso de que lo haga, estaremos encantados de presentarle algunas de nuestras últimas invenciones –dijo George con una sonrisa maliciosa.

Nadie volvió a hablar en un rato y los gemelos terminaron por sentarse, inquietos. Draco se fue por donde había venido como si el asunto hubiera perdido todo interés para él y Harry dejó de pasar el trapo humedecido por el rostro de Remus, después de haberlo limpiado innecesariamente una docena de veces. Miraba alternativamente al reloj y a Lupin, preguntándose cuando demonios regresaría Ron con Devany, sin dejar de darle vueltas a lo sucedido en el Callejón.

Sabía que la gente estaba asustada, que todos vivían con el temor de ver la Marca Tenebrosa aparecer en el cielo o el pánico a sufrir un ataque en el lugar menos esperado. El Callejón Diagon y Hogwarts ya habían sido atacados, por no mencionar los descarrilamientos de trenes, el terrible episodio de la noria de Hyde Park, las desapariciones de funcionarios y los asesinatos de niños. Al no haber crecido en el mundo mágico, Harry no comprendía muchos de los prejuicios que la población de magos tenía. Podía comprender, no obstante, que la gente temiera a los licántropos pues a él mismo se le heló la sangre cuando Remus se convirtió aquella fatídica noche de tercer curso en la que encontró a Sirius y perdió a Pettigrew, pero las personas afectadas por la licantropía sólo resultaban peligrosas una vez al mes. Y en la actualidad existían pociones para evitar la conversión y aliviar los síntomas.

Remus no tenía la culpa de haber sido mordido por un hombre lobo cuando sólo era un niño y sin embargo era algo con lo que había tenido que cargar toda la vida. Le había sucedido a él del mismo modo que podría haberle ocurrido a cualquiera de los que le habían increpado a la salida del Caldero Chorreante. Era un hombre bueno que se había pasado la vida atormentado por esa maldición. Era una persona que jamás haría daño a nadie intencionadamente. La prueba estaba en que ni siquiera se había defendido de los insultos o los golpes, que no había respondido a las provocaciones. Y Harry sabía que en el fondo, Remus entendía y perdonaba las reacciones de sus atacantes.

¿Merecía él ser marcado como el ganado y controlado como un criminal? No, pero eso a nadie le importaba. La gente estaba tan aterrorizada que no era razonable, se volvía primitiva y despiadada en su intento por sobrevivir. La guerra estaba acabando con todos.

Ron y Devany aparecieron en la habitación para sacar a Harry de sus descorazonados pensamientos. La muchacha parecía nerviosa y afligida, y las manos le sudaban tanto cuando vio a Remus que el maletín se le escurrió entre los dedos. Lo recogió, avergonzada, y le pidió a Harry que le dejara espacio para trabajar.

-¿Cómo está? –preguntó el moreno con impaciencia mientras Devany palpaba el cuerpo del hombre que se hallaba inconsciente.

-Creo que tiene un hombro dislocado y se ha dado un fuerte golpe en la cabeza, pero lo demás son sólo magulladuras y arañazos. Se pondrá bien.

-No te preocupes, Harry –dijo Fred poniendo una mano en el hombro del muchacho –ya me encargué del ese tipo esmirriado y malhumorado. Me atrevería a decir que soñará con pelirrojos durante un tiempo.

-Un nuevo miembro para nuestro club de fans –apostilló George, sonriendo a pesar del dolor que eso le produjo debido a su labio partido.

-Posiblemente ese era el padre de uno de los niños muertos en aquella aldea escocesa –murmuró Hermione, que había estado muy silenciosa –la gente, cuando está destrozada por el dolor, reacciona forma irracional. No significa que sea un mal tipo.

-Pero Lupín no tiene nada que ver en lo que le sucedió a esos niños –dijo Ron –yo no intenté pegarle después de que Greyback casi matara a Bill.

-Te repites, Weasley –dijo una voz, con tono hastiado. El pelirrojo miró furibundo hacia la puerta, donde había aparecido Draco. Pero no estaba solo.

Una bala de pelo azul eléctrico irrumpió en la habitación a toda velocidad y se situó, desesperada, tras Devany.

-Remus –murmuró Tonks con el conocido temblor de las lágrimas en la voz.

-Va a ponerse bien –explicó Devany con serenidad –sólo está magullado.

-¿Cómo supiste que Remus estaba aquí? –preguntó Harry mientras Devany aplicaba Dittany sobre los rasguños del rostro de su amigo.

-Mi madre me envió una lechuza. Un par de aurores se han pasado por mi casa para preguntar por Remus y Milton regresó al Ministerio para dar parte de una pelea entre magos y un licántropo en el Callejón Diagon. Sabía que Remus había ido allí a comprar algunos ingredientes para la poción Matalobos así que até cabos. Y con el Ministerio persiguiéndole, no había muchos lugares donde podría ocultarse.

-Creo que sería prudente que Remus no se dejará ver durante un tiempo –dijo Hermione, lógica como siempre –ya sabes que el Ministerio está buscándole. Si detuvieron a esos dos licántropos por no presentarse en el Ministerio el día fijado, sin duda arrestarán a Remus por esa pelea, aunque él no hiciera nada.

-No puede volver a su casa ni tampoco a la mía –dijo Tonks, angustiada –ya le han buscado allí.

-Puede quedarse aquí el tiempo que quiera –aseguró Harry. Tonks le miró con los ojos brillantes de emoción.

-¡Gracias, Harry! –exclamó y se arrojó al cuello del muchacho para darle un abrazo. Harry, evidentemente incómodo, dio unas torpes palmaditas en la espalda de la aurora hasta que Tonks se calmó. Se apartó de él, se limpió las lágrimas de las pestañas con un nudillo y forzó una sonrisa.

-Lo ha estado pasando muy mal últimamente¿sabéis? Con todo este asunto de la Ley contra la Licantropía. Aunque nunca me lo ha dicho claramente, creo que siempre se ha sentido como una especie de monstruo, y está ley se lo ha reafirmado.

-Será sólo temporal –aseguró Hermione con más convicción de la que sentía –no creo que Scrimgeour siga mucho tiempo en el cargo y no pueden poner a ningún Ministro más estúpido que él. Seguro que el siguiente será mucho más razonable.

-Yo no estaría tan segura –dijo Tonks con una expresión sería muy poco común en ella –aunque no es oficial, en el Ministerio todos sabemos quién sería el sustituto de Scrimgeour si él es depuesto o dimite. Se llama Marsden y a su lado, Scrimgeour parece una abuelita bondadosa. Es el portavoz, consejero y guardia personal de Scrimgeour y uno de los máximos precursores del Decreto contra los hombres lobo. No le gusta nadie, es cruel y cree firmemente que el fin justifica los medios. Está a cargo del cuerpo de aurores desde que Scrimgeour es Ministro y me odia desde que se enteró de mi relación Remus. Para él sólo hay una cosa peor que los semihumanos: las personas que los quieren y defienden. Después de leer el informe del ataque a Hogwarts, el informe verdadero, se mostró furioso ante la idea de que Grawp y Hagrid, un gigante y un semigigante, estuvieran en un colegio. Hasta el momento Hagrid y su hermano se han librado porque Scrimgeour anda ocupado con cosas mucho más importantes, pero estoy segura de que Marsden no dejará pasar el tema.

-Papá nos ha hablado de ese tipo alguna vez –dijo Ron pensativo –creo que recordar que no tiene en gran estima a los muggles.

-Yo le conozco –dijo Draco sin adentrarse en la habitación –tenía trato con mi padre. Le caía bien porque según mi padre, era el único del Ministerio que no se había convertido en un amante de los muggles y los hijos de muggles.

-Ahora que lo dices, creo que es amigo de Umbrigde –dijo George con una mueca de asco –tenía una foto con él en su despacho.

-Scrimgeour empieza a caerme inexplicablemente mejor –apuntó Fred con aspereza.

Después de eso, nadie volvió a hablar en un rato, de modo que lo único que rompía el silencio era la dulce voz de Devany susurrando algunos encantamientos sanadores. Las heridas estaban cerradas, cubiertas por ditanny sobre la piel blanda, el hinchazón del ojo había desaparecido hasta ser simplemente una mancha violácea en torno al ojo y la herida entre el cuero cabelludo estaba reparada. Remus despertó en algún momento del proceso, pero permaneció inmóvil, con los ojos entrecerrados, evitando todo intento de hablar o te establecer contacto visual con nadie, como si se sintiera avergonzado. Cuando acabó de sanarle, Devany le hizo beber una poción y el licántropo se durmió. Entonces Tonks le quitó la túnica manchada, los zapatos y le tapó con dulzura, con un rostro tan marcado por el dolor que parecía varios años mayor.

-Ahora es vuestro turno –dijo Devany dirigiéndose a los gemelos.

-Estamos bien –dijo Fred desechando la idea de ser curados con un gesto de mano –hace falta mucho más que un grupo de magos histéricos para acabar con los Weasley.

-Igualmente –insistió Devany con seriedad mientras obligaba a George a sentarse –quiero echaros un vistazo.

George se encogió de hombros y dejó que la medimaga le curara el labio, mientras Ron observaba la escena, molesto. Bueno, algunas personas hubieran dicho que se sentía celoso, pero él lo negaría fervientemente.

Como Fred había dicho, él y su hermano no tenían más que un par de rasguños. Después de que Devany los examinara y se diera por contenta con los resultados, los gemelos se marcharon diciendo que ya habían dejado a la pobre Verity al cargo de la tienda demasiado tiempo.

-Yo también debería irme –dijo Devany guardando las últimas pociones en su maletín –me marché de San Mungo alegando una urgencia, estarán preocupados.

-Te acompaño –se ofreció Ron con presteza.

-Yo me encargo –dijo Tonks sin dejar de mirar a Remus –me marché del trabajo sin decir nada. Seguro que Marsden me estará esperando. Lleva tiempo buscando una excusa para despedirme, supongo que estará encantado –suspiró y soltando la mano del licántropo dormido, se dirigió hacia la puerta seguida de Devany –volveré esta noche.

-Yo también –murmuró Devany, enrojeciendo por alguna extraña razón –para ver cómo ha evolucionado –aseguró aunque miró a Ron de reojo.

Después, ambas jóvenes se despidieron y dejaron Grimmauld Place número 12.

Ron, Harry, Hermione y Draco se quedaron solos en la habitación con Remus después de que las dos chicas se fueran. Ahora que habían desaparecido los gemelos, Devany y Tonks, la tensión volvía a vibrar en el aire. Hermione les observaba a los tres, cansada y apática. No soportaba esa situación, pero cuando había intentado arreglarlo, todos se habían puesto a discutir. Tal vez debería hacerse a la idea de vivir enfadada con las personas que más quería. Fuera como fuera, no tenía fuerzas para tratar de poner paz.

-¿Ya estás contento? –preguntó Harry dirigiéndose a Draco, que llevaba un buen rato bajo el quicio de la puerta, sin moverse, en silencio.

-Harry –le reprendió Hermione sorprendida.

-¿Quieres saber si me alegro de que le haya pasado esto a Lupin? –dijo Draco con fiereza –Te encantaría que lo hiciera¿verdad? Así tendrías una excusa para descargarte conmigo, para justificarte. Pues no voy a darte el gusto, Potter. No me alegro de que esto haya pasado, pero era predecible.

-Desde luego que lo era si todo el mundo piensa como tú –intervino Ron, colocándose al lado de Harry –todo ese rollo de controlar a los licántropos es lo que ha llevado a ese gente a darle una paliza a Lupin.

-Si un licántropo hubiera matado a alguien a quien quiero, también yo querría acabar con todos. No es justo, pero tampoco lo es que mueran inocentes –repuso Draco, indiferente.

-¿Ahora vas de justiciero? –lo atacó Ron –No eres el más indicado¿sabes? –se burló –Por mucho que Hermione diga lo contrario, sé que la Orden te importa un pimiento, sólo te has unido a nosotros porque te convie…

-¡Basta ya! –exclamó Hermione pateando la mesilla de noche que había entre ambas camas. Todos se volvieron hacia ella sorprendidos -¡Estoy harta de esta situación! Todos estamos tensos y nerviosos, pero esa no es razón para que os paséis el día peleándonos.

-El rubito es el que ha empezado todo esto…

-¿Por qué, Ron¿Por exponer su opinión? Puede que no piense lo mismo que nosotros, pero eso no justifica que Harry y tú os tiréis a su cuello cada vez que pasa algo y desconfíes de él. Sé que no os gusta pero ha demostrado sobradamente que está de nuestro lado.

-A él la Orden le trae sin cuidado –se empecinó Ron –y la opresión a los hijos de muggles, los licántropos o quien sea.

-Tal vez tenga otros motivos para unirse a la Orden –respondió Hermione, cuando Draco abría la boca para hablar –pero eso no le hace menos válido ni un traidor.

-Claro, tú le defiendes¿lo ves, Harry? Te lo dije.

-¡Déjalo ya, Ron! –exclamó Hermione furiosa -¿No os dais cuenta? Siempre que os peleáis me metéis en medio y me obligáis a tomar partido. Si me voy con Draco, automáticamente estoy dándole la razón, y si me quedo contigo y con Harry, él piensa que me pongo de vuestro lado. Haga lo que haga, alguno de vosotros siempre acaba enfadado conmigo y no puedo opinar sin salir mal parada. Tengo opiniones propias¿sabéis? Es posible que a veces, como ahora, todos me parezcáis unos idiotas. Si queréis seguir peleándonos y tirándoos cosas a la cabeza cada vez que os crucéis por un pasillo, hacedlo, pero olvidaos de mí.

Y apartando bruscamente a Draco del marco de la puerta, Hermione salió de la habitación de Remus, dejando a tres muchachos enfadados y al licántropo dormido a solas.


Hola!

Como siempre, lamento el retraso pero entre la falta de tiempo, ganas e inspiración, me ha costado bastante escribir este capítulo. También estoy un poco atascada con la historia, porque estamos en la recta final pero hay cosas que necesito tiempo para desarrollar...de cualquier modo, no creo que la historia llegue al capítulo 50 (se oyen gritos de júbilo) y dejaré de torturaros ya. Pasando al capítulo, no ha sido un capítulo de tanta acción como los precendentes, pero me ha gustado mucho escribirlo porque me parece muy interesante el tema de la licántropia, los prejuicios de la gente y la relación Draco-Hermione-Ron-Harry. Cuatro adolescentes sobrehormonados viviendo en la misma casa en plena guerra no presagian precisamente tranquilidad y es inevitable que pongan a la pobre Hermione en medio. Veremos como se soluciona esto. Pero quiero llamaros la atención sobre un personaje que valiéndome del ataque a Remus, he introducido. Marsden, un tipo de esos que te hacen pensar que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. Ah, y que no se me olvide, ya véis como el Ministerio se las ha arreglado para llevarse los méritos del ataque a Hogwarts, como era de esperar. No es que Scrimgeour me caiga especialmente mal, pero simplemente, es un político. Y los políticos hacen esas cosas. (que profunda me he puesto xD)

Pasando a otra cosa, muchas gracias por todos los ánimos que me habéis dado. Ya estoy algo mejor, pero estoy en vilo respecto a un aspecto de mi vida, y de ello dependerán muchas cosas. Ya os informaré en la próxima actualización, posiblemente ya sabré algo en claro. Pero vamos, que no os preocupéis :) y muchísimas gracias por todo!

Por cierto, hay varios retos (proposiciones de fics que deben cumplir una serie de características para que quien quiera participar los escriba) en marcha en el foro Dramione (link en mi profile), un reto Dramione de Hallowen, otro de Merodeadores y un tercero respecto a frases que surgieron en uno de los juegos que tenemos en el foro :) estáis invitados/as a participar.

Por último, agradeceros que me hayáis soportado 43 capítulos (soy más pesada que una biblia) y gracias por dejarme constancia de ello. Suerte para todas aquellas personas que estén en exámenes y que acaban de empezar el curso. Y un millón de gracias por los tres mil reviews :me salen símbolos de r&r en los ojos xD: gracias, porque eso significa que la historia os ha merecido la pena como para que me hayáis escrito algo capítulo tras capítulo :)

Mis agradecimientos especiales para quienes dejaron review en el capítulo anterior:

Itsa, Anne Marie Hutt, Loree, Maki, Idune, Allela, Vicky, Lalix, Zorion, Sara :), Arya Black Cullen, Mcflygirl89, kastillito, unkatahe, Selegna, Sra. Danvers, Sami Marauder Girl, Siriela, Nathy2691, ivtacroa osnaleg , Isa Malfoy, Xms Felton, Kris Hart, galletaa, Silver-Plated (no me he quedado dormida y gracias por tus palabras :), beautifly92, annie.1318, Antea, alesiiiitaa, pekelittrell, mi, Paulina Tanimachi Malfoy, Karinita1919(que gusto verte de nuevo!), Angeles Radcliffe, chepita1990, Psicodelyccorpse, Mago, Hydria13, Ear, Lara evans, Tonkstar, Katurix, El Collar de Perlas, Jules San, Ale Malfoy, Andrux, Paulita Granger, Ague Black, Iamalonefordanny-19, umiko, KimmiPotter, Kimi Potter, Patricia21, Roumad Kenyon, Pia 88 (felicidades atrasadas!), Dolce Dea, Tiffany, Lauriska Malfoy, Olguita, Lyssandra Dumbledore, irianna07, Erendira, Marine Granger Noa, Lilitus, Desi, Marceps, Annkora, Amber, Girl Potter, Alejandra1 y Willow Ann Summers.

MUCHAS GRACIAS POR TODOOOO!!! :se arrodilla y os alaba:

Con mucho cariño, Dry!!!

Pd: por ser una ocasión especial, dejo que cada una escoja el soborno que desee :) Yo me pido a los gemelos (sí, me soborno a mi misma).