Capítulo 45:¿Traición?
Cuando Kingsley, Harry, Ron y Hermione –los tres últimos en pijama –se aparecieron en el hall de hall de San Mungo, en lugar era un auténtico caos. Civiles corrían tropezando y empujándose hacia la puerta que había tras los recién llegados, arrollando a los que cojeaban o a los más pequeños en su huída desesperaba. Al fondo del pasillo se escuchaban crueles carcajadas seguidas de destellos de colores que siempre hacían blanco entre los indefensos enfermos.
Hermione se vio separada de inmediato de sus amigos, arrastrada por las personas que intentaban alcanzar la salida. La golpearon con fuerza en un hombro y no pudo evitar ser llevada por la marea de personas durante un par de metros. Oía la voz de Harry llamándola, gritos de pánico y risas macabras. Aferrando su varita con fuerza, Hermione se colocó de lado para ocupar el menor espacio posible y trató de caminar en dirección contraria al río de enfermos que escapaban, aterrados. Logró avanzar un par de metros y se puso de puntillas a tiempo de ver como un rayo de luz verde golpeaba a un hombre con la cabeza envuelta en vendas, robándole la vida. Conmocionada, logró salir de la marabunta llegando al extremo del pasillo donde Kingsley y Harry luchaban contra cuatro mortífagos enmascarados. Ron en cambio, había sorteado a los combatientes y corría escaleras arriba llamando a Devany a gritos.
-¡Relaskio! –lanzó un mortifago con un poderoso mandoble. Un rayo de luz anaranjada salió directo hacia Kingsley.
-¡Salvio Hexia! –conjuró el auror y un escudo invisible se irguió con una película transparente y acuosa frente a él, absorbiendo el hechizo del mortífago.
Otro chorro rojo fuego voló como una fecha hacia Harry, que logró esquivarlo lanzándose hacia un lado. La maldición impactó contra la pared cercana a Hermione horadando el hormigón y llenando el pasillo de esquirlas y polvo. Hermione se vio arrastrada por la onda expansiva contra una camilla con ruedas que había junto a las escaleras. Irguiéndose rápidamente, esquivó un Avada y apuntó a la camilla.
-¡Agachaos! –gritó y descargó su varita como si fuera una espada en dirección a la camilla -¡Oppugno!
Con un chirrido, la camilla se elevó por los aires y salió volando hacia los mortífagos. Pasó por encima de la cabeza de Harry, rozó una de las orejas de Kingsley, e impactó de lleno contra tres magos tenebrosos estampándolos contra la pared. El cuarto mortífago, viéndose superado en número, echó a correr hacia las escaleras pero un Petrificus Totallus de Kingsley, lo hizo caer como una piedra sobre los peldaños. Rebotó rígidamente por los escalones hasta quedar extendido al pie de las escaleras. Hermione lo saltó a la carrera para subir al siguiente piso, seguida de Harry y el auror. Subió el primer tramo de escaleras, voló sobre el rellano y tomó los últimos diez peldaños llegando a la primera planta del edificio. Por el impulso de la carrera, Hermione irrumpió corriendo en el amplío pasillo de la planta y un Desmaius perdido le hubiera dado de pleno en el pecho si una mano no hubiera tirado de su camisa –la camisa de Draco en realidad –arrojándola al suelo. Ahogando un gemido, Hermione cayó sobre el suelo brillante que despedía un fuerte olor a desinfectante y miró al hombre que había a su lado. Era un señor de mediana edad, con el pelo canoso y despeinado, redondos ojos marrones que a Hermione le resultaron familiares, y un chándal acompañado de unas sandalias con calcetines.
-Muchacha¿has visto a Devy? –la interpeló el hombro, sujetándola por los hombros con desesperación –mi hija trabaja aquí, no lo logró encontrarla.
Algún lugar de la mente de Hermione asoció sus palabras con la medimaga. Debía ser el padre de Devany, pero si la memoria no le fallaba, el hombre era un squib. No podía usar la magia para pelear, ni siquiera para defenderse.
-Acabo de llegar –dijo Hermione viendo por el rabillo del ojo como Harry pasaba corriendo a su lado y volcaba una camilla, colocándola frente a ellos para protegerles de los hechizos y maleficios que volaban en todas direcciones –pero seguro que su hija está bien. Yo iré a buscarla, usted salga de aquí lo antes posible…
-No sin mi hija –dijo el hombre decidido. En ese momento, un hechizo golpeó la camilla, abriendo un gran boquete en el centro, como si le hubieran arrojado algún ácido corrosivo. Hermione comprendió que no disuadiría al padre de Devany y que no tenía tiempo para intentarlo, así que decidió encargarse de protegerlo. Sujetando su varita con fuerza, se asomó por encima de la camilla y lanzó un Everte Statum apuntando al primer mortífago que vio. Volvió a agacharse para ocultarse tras la precaria protección que ofrecían los restos de la camilla y miró al padre de Devany.
-Escúcheme bien, tenemos que salir de aquí –le dijo con seriedad –no se aparte de mi y esté atento.
El hombre asintió sin decir palabra y Hermione le hizo señas para que la siguiera. Lanzando una mirada fugaz al pasillo, corrió hacia una habitación con la puerta abierta que tenían a la derecha. El squib la siguió en el momento en el que un Bombarda hacia añicos lo que quedaba de camilla. Entró en la estancia vacía detrás de Hermione, con sus calcetines blancos destellando tras las sandalias. Sin perder tiempo, Hermione se asomó a la puerta para evaluar la situación. El pasillo estaba lleno de aurores y mortífagos, y algunos enfermos que trataban de alcanzar la salida y o las escaleras al siguiente piso. Uno de ellos, afectado sin duda por algún maleficio, se movía por el pasillo agitando los brazos en círculos como si estuviera nadando, golpeando por igual a mortífagos y a aurores. No había rastro de Ron, pero Kingsley y Harry se habían mezclado con los aurores de túnicas plateadas y les hacían frente a los mortífagos.
-Devany no está en esta planta –murmuró la chica volviéndose hacia el señor Apeldty –lo que significa que ha de estar en la segunda o más arriba. Trataré de llevarle sano y salvo hasta las escaleras, tenga cuidado.
El Señor Apeldty asintió con una fregona que debía haber encontrado en el servicio de la habitación en las manos. Preocupada, Hermione se preguntó si estaría haciendo lo correcto, y sin pararse a pensarlo, salió de nuevo al pasillo.
-¡Incarcerus! –gritó sin dejar de correr hacia el grupo que batallaba. Unas gruesas sogas blancas aparecieron de la nada y ataron a uno de los mortífagos, que cayó pesadamente al suelo, inmovilizado -¡Lacarnum Inflamarae! –apuntó y una línea de llamas surgió del suelo y prendió la túnica de un mortífago. En un primer momento, el mago oscuro no se percató pero las llamas treparon con rapidez por su túnica hasta llegarle a la cintura. Lanzando un alarido de dolor, el mago salió corriendo, chocándose con otro mortífago al que contagió de fuego. No obstante, no se detuvo y siguió corriendo a toda velocidad hacia Hermione y el Señor Apeldty. Ella alzó su varita pero antes de poder atacar al mortífago, el señor Apeldty ya lo había derribado de un golpe seco con la fregona. Una vez en el suelo, el padre de Devany se lió a fregonazos con el mortífago caído.
-¡Esto te enseñará a no molestar a mi hija, sarnoso! –gritaba el Señor Apeldty enfurecido, descargando la fregona, que parecía un arma mortal en sus manos, sobre la espalda del mortífago en llamas. Decidiendo que el padre de Devany no necesitaba ayuda, Hermione se centró de nuevo en la pelea. Un chorro azul voló en su dirección, pero lo detuvo en seco con un encantamiento escudo. Unos metros más allá, Kingsley luchaba solo contra tres mortífagos, procurando no pisar los cuerpos inertes de dos aurores. Harry, había logrado dejar fuera de combate a un mortífago y se enfrentaba a otro, ayudado por una anciana que lanzaba orinales desde la puerta de su habitación, llamando a los mortífagos "sinvergüenzas y alborotadores".
-¡Cruciatus!
-¡Carpe retractum! –gritó Hermione a la vez que se agachaba para esquivar la maldición. Su hechizo lanzó por los aires al mortífago que la había atacado, que tiró al suelo a uno de los que luchaba contra Kingsley, abriendo un hueco hasta las escaleras del segundo piso.
-¡Señor Apeldty! –le llamó Hermione. El squib seguía aporreando al pobre mortífago -¡Sígame!
El hombre asintió gravemente con el rostro sudoroso por el esfuerzo de apalear al mortífago, e irguiendo su fregona chamuscada como una lanza, echó a correr detrás de la muchacha, derribando a todos cuantos se pusieron al alcance de su improvisada arma.
Hermione pisó la mano de unos de los mortífagos caídos que trataba de recuperar su varita y saltó sobre los primeros peldaños de la escalera. El Señor Apeldty hundió la fregona en el rostro del mago tenebroso y después comenzó a ascender tras la chica. A medida que subían los escalones, Hermione podía escuchar gritos y explosiones en el piso superior. Lo primero que vio al salir disparada al pasillo fue a un grupo de niños amontonados tras un grupo de camillas que hacían las veces de barricada, llorando y temblando desesperadamente cada vez que un hechizo golpeaba la barrera.
-¡Cave Inimicum! –gritó Hermione haciendo una floritura en el aire y un manto invisible pareció caer sobre el grupo de niños, como una protección transparente que absorbía los hechizos. Buscó con la mirada al mortífago que atacaba a los niños, pero el Señor Apeldty se le había adelantado y corría hacia el hombre enarbolando su humeante fregona.
-¡Señor Apeldty! –chilló desesperada e alzó su varita para atacar al mortífago, pero antes de empezar a murmurar el hechizo, supo que no le daría tiempo a frenar al mago tenebroso -¡Desm…
-¡Petrificus Totallus! –gritó otra voz. Un cuerpo cayó al suelo petrificado, pero no era el del Señor Apeldty, sino el del mortífago. Asombrada, Hermione vio a Ron apareciendo tras el caído, con la varita firmemente sujeta en una mano y el pantalón de su pijama rojo y demasiado corto, desgarrado en las rodillas.
-¡Ron! –exclamó Hermione corriendo hacia él -¿estás bien?
-¡Chico! –el Señor Apeldty ya había llegado junto al pelirrojo -¿Has visto a mi hija¡Se llama Devany y…
Ron asintió silenciosamente, con el rostro arrugado en una mueca de dolor y apuntó una habitación a su izquierda. El Señor Apeldty siguió la dirección del dedo de Ron y miró la puerta entreabierta, paralizado por el miedo. Algo le había pasado a Devany.
-Ron¿qué… -murmuró Hermione mientras el padre de la chica arrojaba la fregona y corría hacia la habitación, blanco como la tiza.
-Estaba evacuando a unos niños –dijo Ron con la voz estrangulada. Hermione se dio cuenta de que tenía los ojos llenos de lágrimas y temblaba nerviosamente –cuando un mortífago la atacó por la espalda…yo… no pude hacer nada…no llegué a tiempo…
Hermione abrió la boca, sin el valor suficiente para preguntarle si la muchacha estaba muerta.
-¡Avada Kedavr…
-¡Everte Statum! –gritó una voz y el mortífago que estaba lanzando la maldición mortal colisionó contra la pared más cercana, agrietando la pintura. Sobresaltada, Hermione vio a Sean Fawcett corriendo hacia ellos con el rostro inexpresivo pero los ojos ardiendo de furia -¡Este no es el mejor lugar para charlar!
Reaccionando, Hermione agarró a Ron por la muñeca y tiró de él para llevárselo a un lado del pasillo, apartándolo de la línea de fuego. Empujó al pelirrojo dentro de la habitación donde estaban Devany y el Señor Apeldty, y pudo ver fugazmente a la muchacha tendida sobre una camilla, con el rostro oscurecido por el polvo de alguna explosión y una mano pendiendo inerte por un costado de la cama. El Señor Apeldty la agitaba por los hombros, sin duda tratando de hacerla despertar. Negándose a interiorizar lo que acababa de ver, se volvió de nuevo hacia la batalla y rabiosamente, comenzó a lanzar maleficios codo con codo con el profesor de Defensa contra las Artes Oscuras.
-¿Qué hace usted aquí? –preguntó, esquivando un hechizo que pasó tan cerca de ella que su melena se agitó.
-Soy auror y no andamos sobrados de personal precisamente –respondió él realizando un complicado movimiento de varita en cuatro fases que envió una potente bola de luz violeta a los mortífagos que había al fondo del pasillo, derribándolos.
En ese momento, se oyó un plop en un rincón del pasillo y los gemelos Weasley y Tonks aparecieron.
-¡Montis Occultus! –gritó Tonks agachándose para salir de la trayectoria de una maldición -¡Están atacando Montis Occultus¡San Mungo es un señuelo!
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Remus abrió los ojos lentamente y miró hacia la puerta de las cocinas. Llevaba un buen rato montando guardia en el hall para evitar que Draco Malfoy saliera de la casa y sabía que tarde o temprano lo intentaría. En un primer momento, después de que Kingsley se llevara a los tres muchachos, Malfoy le había enviado al cuerno cuando se negó a dejarle salir de la mansión sin presentar pelea, y después había desaparecido escaleras arriba. Remus había aprovechado la ocasión para conectarse a la Red Flu y alertar a los Weasley del ataque al hospital mágico. También se había puesto en contacto con Bill y Fleur, Hestia y Ojoloco. Posteriormente, había salido de nuevo al recibidor, convencido de que tarde o temprano, Malfoy intentaría salir de la casa de nuevo. Estaba seguro de que la única salida era la puerta de entrada, porque se había ocupado de embrujar la mansión para impedir la huída en cuanto se había quedado a solas. Pero al verle, Malfoy se había limitado a mirarle con odio y los ojos sanguinolentos, y había entrado en las cocinas cerrando de un portazo.
De eso había pasado al menos una hora. Remus tenía una idea aproximada de lo que el muchacho estaba haciendo ahí dentro, pero por respeto a su dolor no intervino. Después de todo sabía perfectamente lo que se sentía al tener que quedarse en la casa cuando todos los demás salían a pelear y a arriesgar sus vidas, incluida la mujer a la que quería. Además, la madre del chico estaba en San Mungo y no tenían ni idea de si estaba viva o muerta.
Por eso, cuando la puerta de las cocinas se abrió y Draco apareció bajo su umbral, Remus se limitó a mirarle con compasión, recostado contra la puerta de entrada -y salida –de la mansión Black.
-Apártate de la puerta, Lupin –dijo Draco. Tenía los ojos inyectados en sangre y brillantes como si momentos atrás hubieran estado llenos de lágrimas, teñidos de un gris casi translucido. El pelo rubio estaba revuelto como si se hubiera tirado de él y los nudillos estaban en carne viva, posiblemente debido a los golpes que Remus había escuchado.
-No puedo dejarte salir, Malfoy –respondió el licántropo serenamente.
-¿Sabes? No eres el único que muerde –le amenazó Draco, dando un paso tambaleante hacia él. Se apoyó contra la pared mascullando un taco, sin lugar a dudas mareado, y la camisa negra sin abrochar que llevaba se abrió aún más, mostrando las cicatrices de su pecho.
-Los aurores te buscan desde hace meses y San Mungo está plagado de ellos, ir allí sería como personarse en el Ministerio. No durarías ni cinco minutos antes de ser detenido o algo peor.
-Me da igual –replicó Draco con tono desgarrado y a la vez infantil. Se irguió de nuevo, y dio un par de pasos hacia la puerta, enfocando a Remus con dificultad –yo no soy un cobarde y no pienso quedarme aquí como un perro dócil –le espetó con desprecio. Aún desde la distancia, a Remus le llegó al olor a whisky de fuego de su aliento - Mi madre y Hermione están allí.
-También Tonks lo está –repuso Remus, sereno y triste –pero tenemos que quedarnos aquí. No podemos comprometer a la Orden, es algo que aceptamos cuando nos unimos a ella.
Sintió una punzada de dolor en el pecho porque esas mismas palabras se las había dicho innumerables veces a Sirius cuando vivía y se pasaba los días encerrado en la Mansión, reducido al papel de esperar y esperar. A pesar de las diferencias físicas, por unos instantes, a Remus le pareció ver los orgullosos rasgos de su amigo muerto en las facciones del muchacho.
-Por mí, la Orden y tú podéis iros a la puta mierda –anunció Draco con sentimiento, deteniéndose frente al licántropo –y ahora vas a apartarte y dejarme salir, o tendré que quitarte de en medio yo mismo.
-No puedo permitir que salgas –repuso Remus lentamente –y Hermione quiere que te quedes aquí.
-¿Hermione? –se mofó Draco con los ojos húmedos –Me importa un bledo lo que ella quiera. Me prometió que no se separaría de mí y se ha largado. Voy a ir a San Mungo, así que hazte a un lado.
-No.
-Tú lo has querido –Draco se encogió de hombros, cerró la mano en puño y lanzó un golpe apuntando a la barbilla del hombre lobo. Afortunadamente, su puntería estaba entorpecida por el alcohol y Remus se apartó sin dificultad de la trayectoria del puño del chico, que golpeó el aire. Draco se desequilibró por el golpe errado y cayó pesadamente contra la puerta de entrada. Furioso y aturdido por el alcohol, se giró de nuevo hacia el licántropo y lo miró con odio.
Tomó impulso y se arrojó sobre él para darle un puñetazo. Remus tan sólo tuvo que ladear la cabeza para evitar el golpe pero Draco cayó sobre él por el impulso tomado. El hombre lobo retrocedió un par de pasos hasta que logró estabilizarse y sujetó con fuerza al muchacho para evitar que se escurriera y cayera al suelo. Se tensó, preparado para esquivar otro golpe, pero Draco se quedó inmóvil, atrapado en esa especie de abrazo, con sus brazos apoyados sobre los hombros del licántropo y las manos laxas. Derrotado.
Remus aflojó el apretón cuando lo sintió temblar frenéticamente y comprendió incómodo, que el chico estaba llorando. Draco hundió el rostro en su propio brazo, sobre el hombro izquierdo de su antiguo profesor, y rompió a llorar. Su pecho se agitaba convulsivamente y de vez en cuando aspiraba desesperadas bocanadas de aire, como si se quedara sin respiración. Remus le dio suaves y rítmicas palmaditas en la espalda, recordando escenas similares sucedidas tiempo atrás con Sirius. Y de algún modo, esa noche sintió que Sirius Black volvía a estar en su casa.
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Una calma sepulcral se había apoderado de San Mungo. El hospital había quedado seriamente dañado, las tres primeras plantas semiderruidas, las paredes agujeradas por hechizos perdidos, los suelos cubiertos de astillas, polvo, pedazos metálicos de camillas y cuerpos. Un reducido grupo de aurores ayudaba al personal de hospital y a todos aquellos magos que habían acudido a colaborar al oír la noticia del ataque, a recoger a los heridos y a los caídos. Alguien había hecho un montón con los cuerpos de los mortífagos muertos al que nadie prestaba atención. Los supervivientes trabajaban en silencio, tratando de acomodar a los heridos y enfermos en las habitaciones que habían sido menos dañadas. De vez en cuando, desde la sala de espera, se organizaban grupos de enfermos que eran trasladados a un hospital Saint Kevin en Gales.
Hermione caminaba silenciosamente por los corredores, acompañada por los gemelos, buscando supervivientes entre los escombros. Harry se había quedado con Ron, en la habitación de Devany, la cual iba a ser próximamente trasladada a Galés, herida pero estable. Antes de ser atacada, la joven medimaga había conseguido evacuar a un grupo de enfermos al ministerio, entre los que se encontraba Narcissa Black y los Longbottom. Hestia Jones le había asegurado a Hermione que la madre de Draco se encontraba en perfectas condiciones, pues ella había estado en el Ministerio, recibiendo a los evacuados.
No obstante, Hermione sentía una profunda opresión en el pecho que apenas le dejaba respirar. En el ambiente flotaba el luto, la pérdida y la desesperación. A esas alturas, ya todos sabían que el ataque a San Mungo había sido una mera distracción, una manera de dirigir la atención del Ministerio y la población mágica mientras la verdadera batalla había tenido lugar en Montis Occultus. De vez en cuando, llegaban a San Mungo aurores que trasmitían noticias a Kingsley y a Tonks, todas ellas aciagas. Una veintena de mortífagos habían quedado atrapados en los laberintos y diversas trampas que protegían la prisión, pero un grupo había llegado hasta el último nivel y había liberado a todos los presos, ya fueran mortífagos, hombres lobo o simplemente delincuentes. Dada la obsesión de Scrimgeour con la protección de la prisión, a pesar de las medidas de seguridad impuestas había designado a gran parte de la elite de los aurores al lugar. Las noticias hablaban de masacre y de la presencia del mismo Voldemort en la cárcel. Aún no se conocían los nombres de todos los mortífagos que habían logrado escapar, pero de algún modo, Hermione presentía que Lucius Malfoy lo había hecho. Oyó el nombre de Snape en los labios de Sean Fawcett –el cual había abandonado con celeridad San Mungo para ayudar en Montis Occultus –y llegó a la conclusión de que el mortífago había estado en el ataque a la prisión. Estaba demasiado aturdida y afectada por todo lo ocurrido esa fatídica noche para profundizar en el asunto, pero una parte de ella pensaba que si Snape hubiera estado realmente de su lado, hubiera tratado de avisarles del ataque a la prisión para que pudieran impedirlo. Vagamente, se preguntó qué pensaría Harry al respecto, pero su mente funcionaba lentamente, como si estuviera sedada, así que no dio más vueltas al tema.
Buscó heridos como una autómata en cada habitación del hospital, durante horas, perdida ya toda noción temporal. De vez en cuando escuchaba a gente hablar a su alrededor, pero no era consciente de lo que decían. Por eso, se llevó una gran sorpresa cuando se dio cuenta de que ya había amanecido. Alguien le puso una mano en el hombro, y volviéndose, Hermione vio a la Señora Weasley con los ojos llenos de lágrimas. La mujer la abrazó y Hermione sintió su calidez, horadando la capa de extenuación emocional y shock traumático en la que parecía hallarse inmersa. Sabía que Molly le estaba hablando en tono maternal y cariñoso, pero Hermione no era capaz de entender lo que decía, sólo oía palabras sueltas. Cuando la mujer la soltó, Hermione vio a Harry, abatido, con el rostro manchado de polvo y surcado de estelas limpias allí por donde las lágrimas habían caído. Murmuró algo sobre volver a casa y a Hermione asintió, aún atontada.
-Ron –murmuró, buscando al pelirrojo con la mirada.
-Se ha ido al hospital de Saint Kevin con Devany y el Señor Apeldty –dijo Harry que estaba junto a la Señora Weasley–aquí ya no hay nada que podamos hacer.
Hermione no dijo nada y tomando la mano que el moreno le tendía, ambos desaparecieron.
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Harry y Hermione se encontraron a su antiguo profesor dormido en el último peldaño de las escaleras que daban al hall de Grimmauld Place. Tenía la cabeza apoyada contra la pared, la boca levemente entreabierta y expresión atormentada. Dio un respingo y abrió los ojos sobresaltado cuando la puerta de la mansión se cerró, y miró a todas partes, alerta, hasta que encontró a los chicos.
-¡Harry!¡Hermione! –se puso en pie rápidamente y se acercó a ellos -¿estáis bien?¿Qué ha pasado?
Hermione dejó que fuera Harry el que le explicara lo sucedido al licántropo, y silenciosamente, comenzó a subir las escaleras en busca de Draco. Lo encontró en su habitación, tirado en la cama, bocabajo, con el rostro ladeado sobre la almohada y un brazo colgando hacia la alfombra. Un profundo olor a alcohol llegó hasta a Hermione mientras cerraba la puerta de la habitación y se aproximaba silenciosamente a él. Las luces del alba se colaban entre los pesados cortinajes permitiéndole vislumbrar el perfil del muchacho. Tenía los ojos cerrados pero Hermione podía percibir los párpados hinchados y las manchas grisáceas que había bajo ellos. Aún conservaba sus lustrosos zapatos negros puestos, como si se hubiera caído en la cama y dormido instantáneamente. Hermione lo descalzó con cariño y después le apartó un par de mechones rubios del rostro dormido. Finalmente, demasiado cansada para ducharse, se encogió en el espacio de la cama que Draco no ocupaba, con el cuerpo orientado hacia él y la frente apoyada en su espalda, y se quedó dormida rápidamente, tan extenuada que no tuvo tiempo de pensar en los horrores que había presenciado horas atrás.
Sumida en sus pesados sueños, Hermione sintió una presión dolorosa en las muñecas y cómo alguien le subía las manos por encima de la cabeza. Se removió, incómoda y aún dormida, cuando alguien le mordió el labio inferior, hundiendo los dientes en él. Una mano ávida bajó por su cuerpo, apretando y tocando, tomando a placer, y una boca se apretó contra la suya rudamente. Semidormida, aún sin abrir los ojos, Hermione reconocía su tacto, su manera de tocarla, la dureza de sus labios. Inconscientemente abrió la boca y una lengua se introdujo violentamente en ella, buscando la suya con urgencia. La encontró, lamió y atacó, devastándola, revolviendo algo en las entrañas de Hermione.
-¿Y mi madre? –preguntó él contra su boca, lamiéndole los labios.
-Está bien –logró articular Hermione antes de que volviera a besarla.
Trató de tocarle, pero él le sujetaba las manos con la suya, ejerciendo una presión constante y dolorosa. Las aplastaba con su cuerpo impidiéndole cualquier movimiento más allá de los de la lengua en su boca. La dominaba, la tocaba sin que ella pudiera retribuírselo. Y justo en el momento en que Hermione suspiró en su boca, rendida, él se apartó. La soltó y salió de la cama, dejándola aturdida y mareada. Desconcertada, Hermione abrió los ojos y vio la silueta alta y alargada de Draco recortándose contra la brillante luz que entraba por la ventana. Vio sus ojos grises, inexpresivos y tormentosos fijos en ella, tan fríos, tan gélidos y enrojecidos, que Hermione se estremeció levemente.
-No vuelvas a largarte sin mí –le ordenó con un tono autoritariamente aterrador. Hermione se incorporó, demasiado abrumada para responder, y le miró. Titubeó unos instantes, librando una silenciosa lucha interior. ¿Debía darle la noticia de la fuga en masa de los mortífagos de Montis Occultus¿Debía decirle que su padre había escapado aunque aún no estuviera totalmente segura?
-Draco –murmuró –tenemos que hablar de algo. Será mejor que te sientes.
Él se mantuvo inexpresivo, pero se sentó en una butaca tapizada de terciopelo verde botella. Hermione abrazó sus rodillas, reuniendo fuerzas para hablar, con los ojos fijos en los dedos de sus pies.
-El ataque a San Mungo era sólo una trampa, una manera de distraernos de lo verdaderamente importante. Mientras un grupo de mortífagos atacaba el hospital, otro entró en Montis Occultus y liberó a casi todos los presos –alzó los ojos hacia Draco que estaba pálido pero impasible –todavía no sabemos con exactitud quienes han huido pero… es bastante probable que tu padre sea uno de ellos.
La noticia pareció obrar un efecto extraño en Draco. De repente había cuadrado los hombros, sentado rígidamente en la silla, con el porte típico de los Malfoy y el rostro afilado y duro. La miró con una frialdad y una falta de sentimientos tal, que a Hermione le recordó al Draco Malfoy que la llamaba sangre sucia cada vez que se la cruzaba por uno de los pasillos del colegio.
-Déjame solo –dijo secamente, como si ella fuera un molesto elfo doméstico y él su señor. Hermione salió de la cama tratando de mostrarse comprensiva y no sentirse dolida. Él estaba afectado por la noticia y era normal que quisiera estar solo para asimilar lo sucedido. Le daría tiempo, esperaría a que quisiera compartir lo que sentía con ella. Se acercó a él, con intención de besarle levemente y desaparecer, pero Draco giró el rostro hacia la ventana y se comportó como si ella no estuviera allí.
Hermione apretó los labios dándose por enterada y salió de la habitación, cerrando la puerta tal vez demasiado fuerte.
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El agua caía cálida y purificadora sobre la espalda y el rostro de Hermione. Sentada en el suelo de la bañera, las gotas se mezclaban con sus lágrimas. No estaba segura de si llevaba diez minutos o una hora encerrada en el baño pero no le importaba demasiado. Se sentía totalmente desolada. Su pecho acumulaba y contenía tantas sensaciones diferentes que apenas podía respirar. Se sentía hueca y vacía, como aquella ocasión en la que los dementores irrumpieron en el Expreso. Imágenes de lo sucedido se repetían en su mente como si estuviera viendo una película. Hechizos, explosiones, gritos, muertes, heridos. Y al final, la última imagen de cada secuencia, la ocupaba el rostro duro e inexpresivo de Draco, que la miraba como si de repente fueran extraños.
Entonces escuchó unos golpes en la puerta y volvió su mirada hacia allí.
-La Orden está aquí, tenemos reunión –le gritó la voz de Harry desde el otro lado de la hoja de madera.
-Ahora salgo –musitó ella, en voz tan baja que posiblemente Harry no la escuchó. Fuera como fuera, el muchacho no volvió a llamar a la puerta y Hermione salió de de la bañera lentamente. Se secó, se vistió y se frotó el pelo con una toalla para quitarle la humedad, pero no se molestó en peinarse. Salió al pasillo y pasó por delante de la habitación de Draco que seguía herméticamente cerrada. Sintiendo un peso mudo en el corazón, Hermione bajó las escaleras para llegar a la cocina donde se hallaba reunida la Orden. Ron y Devany no estaban entre los presentes, pero el resto de la Orden se encontraba allí, reunida a la mesa. Hermione les saludó con un movimiento de cabeza y tomó asiento junto a Harry.
-Scrimgeour no durara mucho –estaba diciendo Kingsley –en esos momentos en Wizengamont se encuentra reunido para formalizar su deposición y nombrar un nuevo sustituto para el cargo.
-Que sin duda será Marsden –dijo Tonks con desprecio –mañana a estas horas ya será Ministro oficialmente.
-Ese hijo de mala bludger –masculló Ojoloco –si Scrimgeour es un imbécil esperad a conocer a éste.
-Pero… ¿no hay otros candidatos? –preguntó Molly.
-En tiempos de guerra, el Wizengamont es el encargado de decidir quién sustituirá al Ministro depuesto, dimitido o muerto –explicó Kinsgley –y la mayor parte de sus miembros son amigos de Marsden. Son un montón de antiguallas con ideologías conservadoras que han estado de acuerdo con todas las medidas propuestas por Marsden. Ahora que casi todos los presos se han fugado de Montis Occultus están nerviosos y asustados, necesitan un líder con carisma que impida que cunda el pánico y sin duda consideran a Marsden el más adecuado.
-¿Qué va a pasar con Montis Occultus?¿Y con San Mungo? –preguntó George.
-Los pocos detenidos que conservamos o que atrapamos en los ataques de anoche han sido trasladados provisionalmente a unas de las cárceles habilitadas para los licántropos mientras se reconstruye la prisión de Montis Occultus. A pesar de haber demostrado no ser inexpugnable, por el momento es el lugar más seguro que tenemos.
-Pues si eso es seguro… -masculló Fred por lo bajo.
-¿Ya se sabe qué mortífagos han escapado? –preguntó Hermione débilmente. Kingsley la miró con comprensión.
-Todos los que capturamos en Hogwarts, en distintas incursiones y en el Ministerio, hace dos años. Dolohov, Rookwood, Malfoy, Goyle, Crabbe, Nott…
Hermione asintió en silencio. Ya tenía la respuesta que había buscado, que había presentido desde el principio.
-En cuanto a San Mungo –intervino Tonks –hoy mismo han comenzado las obras para reconstruir y reparar el hospital y devolver allí a los enfermos.
-¿Cómo está Devany? –inquirió George.
-Ron ha escrito –explicó Arthur –dice que se pondrá bien pronto. Seguramente él regresará a Londres esta noche.
-¿Y qué hay de Snape? –preguntó Fleur, apoyada contra una de las encimeras de la cocina -¿No estaba en el ataque a Montis Occultus?
-Sí.
-¿Eso significa que es un tgaidog?
Todos miraron a Harry esperando que él emitiera una sentencia. Estaba claro que cada miembro de la Orden ya había tomado una decisión respecto a las verdaderas lealtades de Severus Snape, pero puesto que era Harry el que le había dado un voto de confianza, esperaban su opinión.
-No lo sé –reconoció el muchacho, cansado. Harry se sentía culpable y abrumado. Cada día que pasaba el número de muertes aumentaba y no podía evitar sentirse responsable de ellas. Había encomendado la misión de destruir el último horrocrux a alguien que podría salvarles o venderles. El futuro de la población mágica estaba en manos de alguien que en quien no sabía si podía confiar.
-Que haya formado parte del grupo que atacó Montis Occultus no tiene por qué significar que no cumplirá con su palabra –dijo Remus, posando una mano en el hombro de Harry alentadoramente –después de todo, tiene que hacer creer a Voldemort que está de su lado¿no?
-Sí, pero¿por qué no nos avisó? –cuestionó Bill –se las apañó para avisarnos del ataque a Azkaban y a Hogwarts. Anoche se produjeron dos de los ataques más graves desde que la guerra comenzó, si nos hubiera alertado podríamos haber salvado muchas vidas…
-Tal vez el riesgo fuera demasiado grande –sugirió Hestia, pero a nadie parecía convencerle demasiado esa opción.
-Sea un traidor o no, no hay nada que podamos hacer al respecto –murmuró Hermione.
-Pero si lo es, le he dado información que le será útil a Voldemort –masculló Harry llevándose las manos a la frente, arrepentido.
-El tiempo lo dirá –dijo la Señora Weasley sabiamente.
Cuando la reunión de la Orden del Fénix se disolvió, Remus preparó algo de comer para él y los muchachos. Harry apenas probó bocado y Hermione se limitó a jugar con la comida, removiendo las espinacas con desidia de un lado a otro por el plato.
-¿Y Malfoy? –preguntó Remus.
-No creo que baje a comer –respondió Hermione, clavando la vista en las espinacas. Y aunque miraba fijamente los vegetales, sabía perfectamente que Remus y Harry la habían mirado para después intercambiar una mirada de compresión. No obstante, agradeció que no le hicieran más preguntas.
Después de un rato, cansada de fingir que comía, Hermione se retiró de la cocina, dejando a su amigo y al hombre lobo comentando la nueva edición de El Profeta a media voz. Subió las escaleras pesadamente y se detuvo frente a la puerta cerrada de la habitación de Draco, debatiéndose entre dos opciones. Sabía que a Draco no le apetecía verla y Hermione quería darle su espacio porque comprendía que deseara estar solo, pero por otro lado, se moría de ganas de ver cómo estaba, de abrazarle y tratar de ofrecerle consuelo. Suspirando, Hermione dejó caer los hombros y se marchó a su habitación, decidida a darle más tiempo.
Una parte de ella se sentía inquieta respecto a la reacción que Draco podía tener si ella entraba en la habitación. Desconocía que sentía Draco exactamente acerca de la fuga de su padre de la cárcel, pero intuía que era un tema muy delicado y profundo. Lucius estaba ahora en el bando de los mortífagos, Draco en la Orden del Fénix. En ejércitos contrarios de una misma batalla.
El padre de Draco había dejado de estar al margen, ahora era un peón más en el tablero.
Hola!
Aquí estoy con otro capítulo, me he dado prisa para actualizar porque me marcho mañana a pasar unos días en la casa de la playa de una amiga (aunque a estas alturas del año no nos bañaremos xD) y no tendré acceso a internet hasta el domingo por la noche. Pero yendo el capítulo, espero que os haya gustado porque a mi me ha encantado escribirlo. Otra escena de lucha -me estoy aficionando- Narcissa está bien, pero Devany ha salido herida...y no me he podido resistir a meter a su padre. Como Tonks les informó, el ataque al hospital era sólo una maniobra de distracción para apartar la atención del Ministerio de lo verdaderamente importante: el ataque a Montis Occultus. Snape no fue allí por iniciativa propia, fue con todos los mortis bajo ordenes de Voldemort. El propio Voldemort estuvo allí y ha liberado a todos los suyos, reforzando su ejército para la batalla final que se avecina. Total, que Lucius está fuera y la Orden tiene dudas de la verdadera lealtad de Snape... Draco por su parte se ha emborrachado y hubiera cometido alguna locura si Remus no se lo hubiera impedido -disfruté mucho escribiendo esa escena- y ya veis cómo ha reaccionado al saber lo de su padre...aviso que esto traerá cola! Y por última, Scrimgeour será con toda probabilidad depuesto y Marsden ocupará su lugar...-música de tensión-.
Y decir, que quedan más o menos 4 capítulos más el epílogo para que se acabe la historia. He notado un descenso en el número de reviews desde hace unos capítulos (no me estoy quejando, si lo parece tenéis permiso para lanzarme objetos punzantes) pero eso me hace pensar que estoy cansando, lo cual es normal. Lo bueno si breve, dos veces bueno y ya voy un poco mal en eso de ser breve xD así que 50 capítulos casi seguro será a lo que llegará este fic :) queda poco, aguantad!
También quería daros las gracias por todos los ánimos. Parece que las cosas me van mejor y estoy mucho más contenta :D gracias por todo!
Ya, ya me callo :)
Mis agradecimientos especiales para aquellas que dejaron review en el chap. anterior :)
Kastillito, Vangu, Rominita Moon, Andrux, Katurix, Sami Maurader Girl, Sakura Granger, Beautifly92, Amber, Little Pandora, Sra. Danvers, Dayah, Willow Anne Summers, irianna07, lauriska malfoy, Olguiita, chepita 1990, Lyan Jade, Lara Evans, Sectusempra, Hydria13, Selegna, Nathy2691, gloria, arsami, Mago, Neran, Kris Hart, Danny, Tonkstar, Zorion, Patricia21, Annie 18.13, amandapdt, Siriela, tinnay, Isa Malfoy, Roumad Kenyon, pia.88, Vicky (Cereza), Cedrella Lyssandra, danymeriqui, Sonylee, Cristhine, Nimue Tarrazo, Pau Malfoy, Saraddc, Loree, Desi, Arania, Antea, Ear :), Lalix, Pau Malfoy, Xms. Felton, Mari Mione, Mi, Cris Granger, Sandylicious, Erendira, Vero.Sasuke.Uchiha, umiko, Ale Malfoy, Emily Dumbledore, Blandy, Angeles Radcliffe, Kapu Way y Lunita :)
Muchisimas gracias por todo, de verdad :), cuando todo lo demás va mal, esta historia y vosotros/as siempre estáis. Y eso es algo muy importante para mi. Un beso enorme.
Con cariño, Dry!!!
PD: Click a "Go" para que Draco (o X) te despierte como despertó a Hermione xp
