Harry Potter y la Frontera Final (1)

(2da. Edición)

Por edwinguerrave

Copyright © J.K. Rowling, 1999-2008

El Copyright y la Marca Registrada del nombre y del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como de todos los símbolos y elementos relacionados, para su adaptación cinematográfica, son propiedad de Warner Bros, 2000

Algunos capítulos incluyen extractos de los "fan fic" 'Harry Potter y la Orden del Fénix', © "Daniela Linx", y 'Harry Potter y el Círculo Secreto', © "jesterdead".


Capítulo 7:

Donde sea que pueda vagar (2)

—¡Por las barbas de Merlín! —gruñó Ron al levantarse de su asiento en el avión, luego de aterrizar en Sydney—. Si me hubieran dicho que este viaje es tan largo, no lo hubiera hecho. Esas turbulencias al volar sobre Nueva Guinea me tenían realmente mal.

—Bueno, Ron, ya estamos aquí, vamos a registrarnos en la Aduana, y en el Ministerio, recoger las maletas y ubicarnos en la ciudad —dijo Hermione, cada vez más entusiasmada, esperando a Harry, que había quedado en un asiento varias filas detrás.

—Vaya, prefiero un millón de veces volar… —decía Harry, cuando la mirada expresiva de Hermione le indicó que era mejor cerrar la boca antes de decir "volar en escobas" .

Pasaron tranquilamente por la Aduana, y cuando les estaban chequeando los pasaportes, una funcionaria, muy educada, les dijo:

—Señores Potter y Weasley, y señorita Granger, ¿me pueden acompañar a esta oficina? —Harry, Ron y Hermione se vieron los rostros, preocupados, pero la funcionaria, atendiendo a esa actitud, les dijo—. No se preocupen, estamos al tanto de sus diligencias en Australia.

En ese momento, los muchachos se movieron, relativamente más tranquilos, hacia la oficina que les indicaba la funcionaria, quien, invitándoles a sentarse, les dijo:

—Soy Katherine Hackman, funcionario de inmigración del Ministerio de Magia de Australia, a la orden, y como les comenté, estamos al tanto de las diligencias que necesitan hacer acá en Sydney. El oficial de campo del Ministerio, asignado para asistirles en lo que requieran se llama Salvador Hernandez, es un venezolano muy locuaz, pero excelente mago; lo pueden ubicar en la, ¿cómo es la cosa?, Ah, sí, "Venezuelan Foods and Arepas", en esta dirección —le acercó a Hermione una hoja de pergamino, con una dirección anotada—, el les facilitará los recursos necesarios para mantener contacto con Londres.

—Maravilloso —expresó Hermione, confiada. Harry y Ron se inclinaron a ver la caligrafía, pulcra y clara, y asintieron en silencio.

—Si no tienen más preguntas —continuó Katherine—, me permito sugerirles que vayan a descansar, siempre estos vuelos desde cualquier parte del mundo, especialmente desde Inglaterra, son agotadores, y es casi medianoche. Ya mañana, más descansados, contacten a Salvador y, bueno, les deseo todo el éxito posible.

Estrecharon la firme mano de Katherine, salieron de la oficina a buscar las maletas y, luego de cambiar libras esterlinas por dólares australianos, abordaron un taxi rumbo a la ciudad, para registrarse en un hotel de Sydney, y pasar la primera noche en Australia.

—Vamos, muchachos, ¡levántense! —Hermione llamaba emocionada a la puerta de la habitación de los muchachos, quienes aún dormían plácidamente en la habitación contigua a la suya.

—Ya va, mamá, ya voy a desgnomizar el jardín —espondió Ron en sueños, mientras Harry se estiraba, cuan largo era, luego de dormir su primera noche fuera de Inglaterra.

—Ronald, ¿Que vas a hacer qué? —gritó Hermione, aporreando la puerta por primera vez—, ¡Vamos, levántense!

—¡Ahí vamos, mujer! —respondió Harry, entre risas y bostezos, mientras sacudía a Ron, que insistía en desgnomizar el jardín en sueños, hasta que despertó asustado.

—¡Ah, ah!

—¿Qué fue? ¿Espantaste los gnomos?

—No, soñé que se convertían en arañas —Harry recordó la fobia por excelencia de Ron, las arañas.

Luego de bañarse y vestirse, salieron al soleado, pero frío, mediodía de Sydney, lo que los sorprendió, pues habían salido de Londres en una muy cálida tarde de verano. Tomaron un taxi, que los llevó a la dirección que les dio Katherine, que resultó ser un local de "curiosidades" venezolanas, con carteles chillones que identificaban productos que en su vida habían oído mencionar, en un idioma del que nunca habían oído de su existencia.

Al entrar, se encontraron en un local a mitad de camino entre un restaurant y un abasto, con mesas de un lado, y estantes del otro, todo cubierto con los colores de la bandera venezolana, amarillo, azul con siete estrellas y rojo, y con una pared donde reposaban un enorme afiche de un jugador de fútbol, identificado como "Juan Arango", con un uniforme que Harry supuso de su selección nacional, camiseta color grana, al lado de otro, que portaba un extraño uniforme a rayas que decía "Rockies", y un bate mucho más grande que el que usaban los golpeadores de quidditch; sobre la figura de ese hombre, sólo decía "Big Cat". Junto a esos, un tercer afiche mostraba un paisaje selvático, con una enorme caída de agua, cuyo tíulo lo llamaba "Salto Ángel", y que atrajo por completo la atención de Harry.

Hermione caminó resuelta hacia el mostrador, donde una joven señora, con una franela color vino, con un escudito con los colores similares a la bandera, y que se parecía a la que vestía el "Arango" del afiche, les sonreía.

—Buenas, estamos buscando al señor… Salvador Hernandez, ¿se encuentra?

—Sí, como no, denme un segundo —les dijo sonriente, para asomarse a la ventanilla de la cocina y gritar, en español, por lo que los muchachos no la entendieron—, ¡Salvador, te buscan! ¡Creo que son los chicos que dijo la gente del Ministerio que venían de Inglaterra! (3) —para luego volver a dirigirse al trío—: ¿Desean café, una soda?

¡Ahí voy, diles que me den un minuto! —gritó Salvador desde la cocina, en español.

—Ya viene; si lo desean, pueden sentarse en una mesa.

—Gracias, ¿nos da tres cafés, por favor? —respondió Harry, acercándose a la mesa más próxima. Luego de sentarse, le comentó a Ron y Hermione, en baja voz—. Espero que ese Salvador sea de fiar.

—Espero —ratificó Ron, mientras recibían las tres tazas de café.

—Disculpen la tardanza —sonó la alegre voz de Salvador, al acercarse limpiándose las manos en el delantal. Era un hombre en sus treinta y tantos años, moreno, cabello negro, que vestía una camisa blanca de rayas azules, parecida a la del "Big Cat", diferenciándose de aquella, en que sólo mostraba un escudo al lado izquierdo del pecho, una M amarilla sobre un barco parecido a un bergantín pirata visto desde la popa—. Bueno, bienvenidos a Sydney, Soy Salvador Hernández, para servirles.

—Yo soy Harry Potter —le dijo mientras estrechaban las manos, notando inmediatamente como la mirada de Salvador subía desde sus ojos hasta su cicatriz—. Ellos son Ron Weasley y Hermione Granger.

—Un placer… —estrechó las manos de Ron y Hermione, y luego de sentarse a la mesa, dijo, con un toque de emoción—. Muchacho, tu historia es leyenda, están del otro lado del mundo, literalmente, y aquí llegó la noticia de tu victoria sobre el "cara de culebra"… —expresión que causó las risas de Ron—. De verdad, si no me crees, llamo a María, para que lo confirme —señalando a la barra con el pulgar.

—No, tranquilo, sé muy bien que el mundo mágico celebró por todos lados —comentó Harry, esperando que fuera cierto y que no tuviera que llamar a María.

—Con decirles que mi familia en Venezuela me preguntó si sabía que había pasado, porque a mi tío Francisco le salió en un tabaco que estaba leyendo, que un niño que había sobrevivido había matado al demonio que lo había intentado matar primero… Por supuesto no entendieron, pero mi cuñado Adalberto, que es babalawo, echó los caracoles y salió lo mismo, y que no había sido en Venezuela, sino en la "isla de la Reina", entonces si no era aquí, era allá en Inglaterra, por eso me llamaron…

—Wow –dijeron a coro los tres. Hermione quedó intrigada de cómo era posible "leer el tabaco": "¿será como leer las hojas del te?", se preguntaba en silencio, mientras Harry fruncía las cejas: "¿Niño? ¡Ya tengo 18 años!".

—Pero, ¡miren que hora es! Me imagino que tienen hambre, ¿verdad? —dijo Salvador al ver el reloj; los tres asintieron casi al mismo tiempo, lo que provocó la sonrisa de Salvador—. les invito el almuerzo, van a probar el plato típico venezolano, el "pabellón", para que lo disfruten… —diciendo eso, y volteándose hacia María, la joven de la franela vino tinto, le dijo en español—. Sírvenos cuatro pabellones y trae una jarra de papelón, porfa.

Seguro —respondió María desde la barra. Luego de unos segundos de reflexión, donde se miraron los rostros, Hermione comenzó a hablar:

—Disculpe, señor Salvador… —siendo interrumpida por la mano y la sonrisa de éste.

—No, para ustedes soy Salvador, sólo Salvador, ¿ok?

—Bueno, Salvador, este… disculpe nuestra ignorancia, pero, ¿Qué es el "pabellón"?

—¡Ah! Ya van a ver, ya van a ver, es la representación de nuestra patria en la comida —dijo, mientras se relamía sobándose las manos. Justo en ese momento llegó María con los cuatro platos. Al colocarlos frente a cada uno, vieron un espectáculo de colores y aromas que hizo rugir el estómago de Ron, lo que genero una sonora carcajada de Salvador—. Este plato refleja el mestizaje en Venezuela: el arroz representa a los conquistadores españoles, la carne "mechada", o desmenuzada, al pueblo aborigen, las caraotas negras, o "frijoles", a los esclavos venidos de África y las tajadas de plátano frito al principal alimento que conocieron los españoles en América, aparte de la "arepa" de maíz. Buen provecho.

Comieron en relativo silencio, pues Salvador, tal como les había dicho Katherine, era un hombre de conversación fácil, y no dejaba de parlotear mientras comía, generalmente sobre cosas relativas a su país:

—Tienen que conocer mi país: Canaima, La Gran Sabana, los Llanos, Mérida, Margarita…; Los Roques se lleva por delante a la Gran Barrera de Coral, eso sí es playa de verdad…

—¿Y eso que ustedes están acá en Australia? —preguntó Ron, luego de pasar con dificultad una tajada casi entera, lo que provocó una mirada agria por parte de Hermione.

—Problemas, Ron, problemas… Mi país es hermoso, pero el gobierno lo está manejando terriblemente… ¿Qué les pareció el "papelón", esa bebida que están tomando?

—Es deliciosa, es como melaza diluida, pero con un toque ácido muy sabroso.

—Buena comparación, Hermione, es muy parecida a la melaza, pero viene de una planta llamada "caña de azúcar", y es la primera etapa de producción del azúcar refinada, que llamamos "Papelón". Lo que hacemos es raspar un bloque de papelón, le agregamos agua y hielo, y zumo de limón, podemos decir que es nuestro jugo de calabaza.

Luego de terminar de comer, y disfrutar un "quesillo", típico postre venezolano, comenzaron a hablar de lo que les había llevado a cruzar medio mundo, los padres de Hermione.

—Muy bien, los señores Granger, o Wilkins, están siendo "escoltados", sin que lo sepan, por nuestros agentes del Ministerio, quienes se reportan conmigo aquí, de hecho, ya debe venir Matías, que debe haberle entregado la guardia a Wladimir.

Justo en ese momento, entró al local un joven que no debía ser mayor a Percy, pero con el estilo de Lee Jordan: De raza negra, alto y delgado, y con trenzas al estilo "rastafari", se acercó a la barra y le preguntó algo en español a María, quien señaló la mesa donde estaban Harry, Ron, Hermione y Salvador. El joven se acercó a la mesa, y luego de saludar a Salvador en español, y ver la cara de sorpresa del trío, empezó a hablar en inglés:

Hola, Salvador, ya Wladimir está en su puesto… Ah, disculpen, soy Matías Suárez.

—Harry Potter —presentó Salvador al trío, y Harry notó la característica reacción de las personas al oír su nombre—, Ron Weasley y Hermione Granger.

—Mucho gusto —repitió Matías cada vez que estrechó la mano de los mencionados.

—¿Cómo dejaste a nuestros amigos dentistas?

—En su rutina típica, a esta hora deben estar abriendo su consultorio, ahí van a estar hasta las cinco, cuando salgan a su casa.

—¿Cuándo podremos ir a verlos? —preguntó ansiosa Hermione, a lo que Salvador respondió, sonriendo:

—Tranquila, chiquilla, tenemos todo fríamente calculado; vamos a llamar para pedir una cita para una joven que va por primera vez a la consulta, esa vas a ser tú, y ahí, ¡zuas! —con un movimiento de manos reforzó el comentario—,haces tu magia y recuperas a tus papis…

—¿Y si la cosa falla? —preguntó sombríamente Matías, lo que generó un estremecimiento en Hermione, quien respondió:

—Espero no fallar, no me lo perdonaría nunca.

—Por el reporte que me enviaron desde Londres, me dicen que tú eres excelente con los encantamientos, así que no deberías fallar.

—Gracias, Salvador —respondió Hermione, mientras sonreía algo temerosa.

—Vamos a llamar para pedir la cita, y así te enfocas en lo que viniste a hacer, ¿te parece? —propuso Salvador, y al Hermione asentir, se levantaron los cinco de la mesa, y dejaron a Matías en ella, dispuesto a almorzar, acercándose a la barra, donde ya María esperaba al lado del teléfono—. Llama —le indicó simplemente.

Acordaron una cita, lo que alegró y preocupó a partes iguales a Hermione.

—Muy bien, entonces, mañana a esta misma hora, nos vemos aquí, ¿les parece? Almorzamos y luego salimos a hacer lo nuestro. Tenemos tres días para que ustedes conozcan sus movimientos y puedan hacer sus ajustes.

—Me parece bien… Salvador, ¿cómo puedo hacer para comunicarme con Londres? Tú sabes, mágicamente, para avisar que estamos bien y que mañana comienzo el rescate de mis padres.

—Ah, ok, pasen por acá —les señaló una puerta que resultó ser la cocina, caminaron entre las diversas piezas y llegaron a otra puerta, que ocultaba una chimenea, que a Ron le resultó parecida a la de La Madriguera. Saben hablar usando los polvos Flú, ¿no? —al ver que los tres asentían, Salvador les encendió la chimenea con un golpe de su varita y les dijo—. Hablen todo lo que necesiten, voy a estar en la cocina.

—Gracias —musitaron a coro los tres, pero Harry, pensando un poco, comentó:

—Hey, recordemos que debe ser medianoche en Londres.

—Cierto… ¿Cómo podemos hacer, Salvador? —preguntó nuevamente Hermione.

—Les pueden enviar una carta mediante los polvos flú, escríbanla y ya les digo como enviarla, ahí tienen pergamino y tinta.

Se acercaron a una mesa, donde consiguieron los útiles, y redactaron la siguiente carta:

Querida familia Weasley

Llegamos bien a Australia, ya estamos en Sydney y dentro de tres días podremos rescatar a mis padres, y eso me tiene muy emocionada. Está haciendo un clima frío por acá, pues es invierno en estos lados.

Ya contactamos con el Ministerio australiano de Magia, y nos están ayudando, denle gracias a Kingsley de nuestra parte. El enlace es un mago venezolano, medio loco, pero muy atento. A Ginny le caería bien.

Por la diferencia horaria, va a ser difícil que conversemos en persona, si desean enviarnos algo, lo pueden dejar con Salvador Hernández, que es nuestro contacto acá, usando los polvos flú.

Estaremos viniendo todos estos tres días, pues vamos a ver un poco la rutina de los papás de Hermione para que la transición sea más suave. Y lo que dice Harry es verdad, Salvador está medio loco, pero es muy buena persona.

Escribimos mañana. ¡Saludos a todos!

Harry

Ron

Hermione

Luego de cerrar la carta y colocar la dirección de Grimmauld Place, Harry llamó a Salvador.

—Ok, esto es lo que vamos a hacer, uno de ustedes va a convocar los polvos flú como si fuera a hablar con alguien: toman un puñado, lanzan el polvo al fuego y dicen la dirección, al cambiar las llamas de color lanzan el pergamino, y el viaja hasta la dirección que dijeron, ¡recuerden decirla claramente!

Harry recordó su primer viaje por chimeneas, antes de comenzar su segundo año, cuando al enredarse, salió en la chimenea de "Borgin & Burkes", en pleno callejón Knockturn, por lo que sugirió:

—Mándala tú, Ron, a la oficina de Percy.

—Sí… —y luego de hacer lo indicado por Salvador, la carta se disipó con un ¡plop!

—Bueno, muchachos, si quieren podemos ir a ver dónde queda el consultorio de los Granger —dijo Salvador, sonriendo, lo que Hermione asintió entusiasmada, y salieron de ese cuarto oculto.


Notas al pie:

(1) Iron Maiden: "The Final Frontier" (álbum editado en 2010) © Iron Maiden Holdings

(2) Metallica (James Hetfield y Lars Ulrich): "Wherever I May Roam", editado en el álbum "Metallica (Black Album)", de 1992 © Metallica Inc.

(3) A partir de este momento, los diálogos en "inglés" se quedarán en texto normal, y los que son en "español" estarán en cursiva.


Buenas tardes desde San Diego, Venezuela!Un nuevo capítulo, que recibió muy pocas correcciones, y que presenta a quien, de alguna manera provocó que comenzara mi aventura expansionista: Salvador Hernández, un mago venezolano radicado en Sydney, Australia, y que además de tener este negocio de "exquisiteces" venezolanas, es jefe de un equipo de campo que trabaja junto con la Oficina de Aurores y otras dependencias del Ministerio australiano de Magia. Si quieren saber más de él, su familia tanto en Venezuela, Sydney y Minnesota, les invito a leer en mi perfil los relatos de "Magia Venezuelensii" (especialmente el long-fic "Desde Venezuela hasta Australia", donde varios de ellos están compilados), y para conocer más esta vertiente del Potterverso Sorg-expandido, nada mejor que visitar el "Foro de las Expansiones" acá mismo en ffn; ahí esta todo lo que hay que saber de la Magia Hispanii y sus creadoras, quienes inspiraron, de alguna manera, esta locura que de vez en cuando me impulsa... Salud y saludos!