Capitulo 1. Al Margen de la Oscuridad

La noche había caído y con ella el sonido de los grillos entre los verdes prados entonan su sonata nocturna, una ligera neblina se dejaba caer con sutileza en aquel paisaje verde y con olor a humedad de árboles.

Entre la oscuridad apenas se podía ver una silueta femenina como si fuese un fantasma divagante, su largo vestido y capa negra la camuflajeaban con la noche estrellada pero no lo suficiente para iluminar el sendero. En sus ojos oscuros no se notaba emoción alguna.

Instantes más tarde llegó hasta un claro iluminado por esas lánguidas estrellas, flores de color rojo encendido que contrastaban con un cristalino y azulado lado cual solo se movía ligeramente en ondas apenas perceptibles que el viento pudiera mover, ahí esa figura fantasmagórica se detuvo de manera abrupta quedando frente al lago hasta que los ligeros y casi felinos pasos de un hombre, por ese porte varonil y formal, alcanzaron a la hermosa y joven mujer; a quien con delicadeza y mucha familiaridad le tomo sus hombros a la par.

- Mi bella musa, diosa de la noche y el silencio, mi alma gemela al fin haz llegado - susurro con voz solemne y profunda al oído cubierto por una fina capucha que a la mujer le cubría la cabeza.

Ella permanecía ahí inerte, absorta en sus pensamientos sin prestar atención a las palabras del joven hombre que la acompañaba hasta que de pronto volteo hacia él mirándolo con sus enormes ojos que ahora si expresaban emociones.
- Hoy no estuviste en la reunión de la tarde - en sus ojos un halo de tristeza se asomaba al tiempo que mostraba una pelea con la resignación - El rey hoy designó a la esposa para el príncipe heredero...

Guardo silencio y bajó su simétrico rostro pálido ocultando una lágrima. -Estoy enterado de todo lo ocurrido y por eso no pude estar ahí, simplemente no lo soportaría, ¡yo no puedo perderte!- en tono un poco alto por la rabia que al parecer está decisión ocasionaba en su corazón.

-Pero te necesitaba conmigo, simplemente estaba ahí parada frente al rey y tu hermano sin poder decir una sola palabra, mi madre a lado vanagloriaba la sabía decisión de tu padre y yo... - En ese momento aquel misterioso joven reaccionó rápidamente y tomó la barbilla de la dama con los dedos clavando su intensa mirada en los ojos oscuros y tristes que ahora derramaban unas lágrimas. -¡Tú siempre vas a estar conmigo!.

Acercando sus labios fríos y cerrando los ojos para poder depositar un beso desesperado y melancólico en los labios carmesí de ella. Al juntar sus labios cerro los ojos con cierto temor hasta que sucumbió al abrazo protector de su amante, recibiendo el calor de su cuerpo; después solo lo miró aún entristecida.

- Prométeme que nunca me olvidarás So porque yo jamás lo haré- esas palabras sonaron como una despedida para el joven caballero quien abrió los ojos de par en par y con sumo desespero se aferró al cuerpo de la dama otra vez.
-¡Jamás voy a dejarte, no permitiré que te cases con él!

-Pero es un decreto real, ¿Cómo puedes evitar eso?

So seguía abrazándola ahora un poco más fuerte -Por ti soy capaz de ir en contra de mi padre y del mundo, pelearé para tenerte a mi lado y buscaré un lugar donde solo tú y yo podamos estar Sonja.

Sonja sintió un pequeño brote de esperanza germinar en su corazón y tomó del cabello a su amado para acariciarlo, luego busco sus labios fríos por el viento y los humedeció con un beso tímido pero que poco a poco se torno apasionado y desesperado, So lleno de emociones en su corazón siguió el ritmo de ese beso cayendo ambos lentamente en un sentimiento llamado pasión, sin importar el frío sus cuerpos se desvanecieron uno sobre otro en el césped, deteniendo el tiempo entre sus caricias...

A varios metros de distancia, en lo que son los jardines del palacio otra figura delicada y femenina vestida de blanco caminaba entre los pinos verdes y olorosos que se movían con gracia al compás del viento.

- Sonja ¿dónde te encuentras?- pensaba muy afligida al llevarse las manos al pecho.

- ¿No sabes que al entrar el anochecer nadie puede andar por los jardines sin vigilancia?, pude haber dado la orden de aniquilarte inmediatamente - decía con cierto sarcasmo un joven de gran y majestuoso porte al saber exactamente de quién se trataba la silueta femenina frente a él y que aún no se percataba de su presencia por estar absorta en sus volteo y sonrió ligeramente haciendo una reverencia con el vestido ante él.- Usted puede dar la orden que más le convenga príncipe heredero, nadie sobre sus dominios se atrevería a negarse o cuestionarle.

El joven monarca, príncipe heredero por designio de su padre el rey se sentía complacido al oír de sus labios tales palabras que reafirmaba su dominio, parado frente a la indefensa mujer clavó su mirada en ella buscando sus ojos negros, - de todas las mujeres en el mundo, tú eres la que no siente temor hacia mí y sin embargo me obedeces, ¿cómo puedo recompensar tal lealtad ?.

- Solo haga feliz a Sonja su alteza, si usted quisiera recompensarme esa sería mi petición - dijo la joven sin mirar al príncipe heredero y en completa solemnidad, algo que con la tenue luz de las estrellas se podía notar.

- ¿Esa es tu petición?, ¿Cuándo dejarás de preocuparte por los demás? - dijo el príncipe algo molesto y levanto la vista al cielo ante la muestra de amor que ella ofrecía a su hermana. - luego simplemente volvió a buscar la mirada de su acompañante dejando un halo de frialdad, el silencio los envolvió por un largo instante sin que ella levantará la mirada.

- Cuando me casé con tu hermana vendrás a vivir a mi palacio - exclamó el príncipe heredero en un tono algo posesivo y sin esperar afirmación por parte de ella pero al oír esa oración, Nicolette no pudo evitar levantar la mirada en señal de reproche al monarca; él tomó fuertemente su barbilla y clavó sus ojos fríos en los ojos llenos de frustración de la mujer, - Esa expresión tuya me hace ver lo mucho que me estás odiando en este momento aunque no lo digas.
Nicolette solo pudo bajar nuevamente la mirada pues desde muy niña fue educada estrictamente en los principios de la nobleza y guardó silencio cosa que al parecer Zheng disfrutaba sin embargo se dio media vuelta para retirarse a sus aposentos.

- Te veré mañana princesa Nicolette, no tardes en volver a tu habitación o los guardias te llevarán a ella.

Pero justo en ese momento se escuchó el galopar de un caballo, lo cual llamó la atención de los guardias por la hora, Zheng también distrajo su atención a ello y los temores de Nicolette se hicieron presentes.

-¡Hermana!- pensó para si abriendo los ojos de par en par muy asustada por lo cual lo único que se le ocurrió fue tocarse el pecho como si le doliera, -¡Príncipe Zheng!.

Dijo la princesa suplicante haciendo que esté volteara solo para verla desvanecerse en el suelo, sorprendido y preocupado corrió hasta ella tomándola entre sus brazos y evitando la caída abrupta, -¡Nicolette!, ¿que te pasa?- exclamó preocupado al verla inconsciente, -¡Nicolette!.

La cargó y llamó a sus guardias para traer al médico real, llevándola entre sus brazos al interior del palacio, ella de reojo alcanzo a ver cómo entre los arbustos se escabullía la figura fantasmagórica de Sonja, haciéndola sentir un poco más tranquila pues esta escena daría tiempo a su hermana para no ser llevó a la princesa a su habitación mientras el médico preparaba sus instrumentos para atenderla, el príncipe se notaba intranquilo hasta que el médico le dijo que no presentaba ningún signo de enfermedad y se retiró.

El príncipe heredero y los guardias no tardaron mucho en salir para dejarla descansar, no sin poner una escolta que la cuidara toda la noche, en su camino se topó con su hermano So quien le saludó con una reverencia, notando también los guardias que custodiaban la habitación de la princesa Nicolette.

-¿Paso algo alteza?.

- La princesa está un poco indispuesta.

- Comprendo, deseo se recupere pronto - mencionó el joven príncipe haciendo una reverencia para despedirse.

*FIN DEL CAPITULO*