Harry Potter y la Frontera Final (1)

(2da. Edición)

Por edwinguerrave

Copyright © J.K. Rowling, 1999-2008

El Copyright y la Marca Registrada del nombre y del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como de todos los símbolos y elementos relacionados, para su adaptación cinematográfica, son propiedad de Warner Bros, 2000

Algunos capítulos incluyen extractos de los "fan fic" 'Harry Potter y la Orden del Fénix', © "Daniela Linx", y 'Harry Potter y el Círculo Secreto', © "jesterdead".


Capítulo 11:

En la Ciudad de la Furia (2)

El 29 de agosto, mientras Harry, Ron y Ginny desayunaban y pensaban ir a visitar a Hermione, mediante los polvos Flú, una lechuza parda entró por una de las ventanas de la sala-recibidor.

—¿Y esa lechuza? —se preguntó Ginny.

—Debe ser de Hogwarts —respondió Harry, mientras tomaba el grueso sobre que traía en el pico—. Sí, miren el sello.

Abrió el sobre y notó tres sobres en su interior, identificados para cada uno. Los abrieron simultáneamente, y Harry leyó, mientras la señora Weasley se acercaba desde la cocina:

Estimado señor Potter,

Debido a los acontecimientos del año anterior, y por decisión de la Directora Minerva McGonagall, se le informa que ha sido usted admitido de vuelta en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, con el fin de culminar su último año escolar.

Por ello, se le ruega tenga la amabilidad de presentarse junto con el resto de sus compañeros de clase el día quince de Septiembre, a las once de la mañana, en el andén 9 y 3/4 de la Estación King's Cross.

Adjunto la lista de útiles que necesitará para este año.

Atentamente.

Filius Flitwick

Director asistente

• Libro reglamentario de hechizos, curso siete

• Transformación, nivel avanzado

• Líquidos Mágicos del mundo, de Charles Schulz

Guía de la Autoprotección contra el Mal, Anónimo

• La magia de las plantas, de Moon Le Noux

—¡Wow! —dijo Ron, al ver la carta—. El profesor Flitwick subdirector… ¿Y quién quedará como jefe de Gryffindor?

—Vaya, buena pregunta, tendría que ser quien sustituya a McGonagall en Transformaciones —respondió Harry—, porque me imagino que su condición de directora se lo impedirá.

De pronto un swoosh, proveniente de la chimenea, dejó salir a Hermione, con su cabello revuelto, y su carta de Hogwarts.

—¡Llegaron las cartas! ¿Cuándo vamos al Callejón Diagón a comprar los libros? ¡Me dieron el "Premio Anual"!

—¡Hola, Hermione, felicitaciones! –saludó Harry, mientras Ron la abrazaba y besaba—. No sé, si quieres podemos ir en un rato, ¿qué le parece, señora Molly?

—Ay, bueno, yo tengo que pasar por Gringotts a sacar dinero para comprarle los libros y túnicas nuevas a Ron y a Ginny. Terminen de desayunar, estás invitada, Hermione, ¡y felicitaciones!…

—Gracias, señora Weasley.

—Para ti, también soy Molly, ¿ok?

—Está bien, señora Molly.

El resto del desayuno pasó en discutir quienes serían los profesores que faltaban: Defensa contra las Artes Oscuras, como todos los años cursados por Harry, Ron y Hermione; Transformaciones, ya que McGonagall había asumido la dirección, y Pociones, si Horace Slughorn se retiraba del puesto. Cuando terminaron de desayunar, se dispusieron a aparecerse en El Caldero Chorreante, excepto Ginny y la señora Molly, quienes fueron mediante Aparición Conjunta, ya que la pequeña Weasley no había presentado aún el examen de aparición.

Cuando llegaron, y los brujos que estaban en el local vieron a Harry, prorrumpieron en una salva de aplausos que hizo que éste enrojeciera y les pidiera calma:

—Gracias, gracias, aunque en serio, yo no hice mucho.

—¿Cómo que no? —comentó Tom, el atento encargado de El Caldero Chorreante. Te encargaste de Tú-sabes-quien en persona, y lo disolviste en la nada, ¡eso es demasiado!

—Sí Tom, pero no lo hubiera hecho si muchos otros magos y brujas no me hubieran apoyado, comenzando por estos cuatro —dijo, señalando a Ron, Hermione, Ginny y la señora Molly, quienes en ese instante se acercaban desde el área de aparición dentro del local—. Si nos permiten, aún nos queda un año por cursar en Hogwarts.

—Sí, sí, por favor, no faltaba más –dijeron los diversos magos y brujas que se habían aglomerado para ver a Harry, creando un "pasillo de honor" por el cual pasaron, bajo los aplausos de la concurrencia.

Al llegar a la pared de acceso al Callejón Diagón, Harry les comentó a los demás:

—Este año va a ser sumamente largo, se los garantizo.

Al cruzar, vieron los diversos cambios que estaban dándose en el callejón: tiendas que habían sido clausuradas por los mortífagos estaban abriendo sus puertas, nuevas tiendas surgían sustituyendo a otras, y un movimiento efervescente de personas que se desplazaban por el callejón. La señora Molly comentó:

—Bueno, tenemos que pasar primero por Gringotts —Esto trajo temores a Harry, Ron y Hermione, quienes recordaban la incursión hecha a principios de ese año, cuando buscaban las reliquias que contenían trozos del alma de Voldemort. Harry comentó:

—Emmm… Chicos, ¿por qué no nos esperan en la heladería de Florean Fortescue? No creo conveniente que entremos todos al mismo tiempo, no sé cómo nos tratarán los duendes.

—Cierto —ratificó Ron— Vamos, Ginny, Hermione…

—Pero es que yo necesito cambiar dinero muggle —rogó Hermione, a lo que Harry respondió:

—Déjame preguntar en cuanto están cambiando las libras, y yo te hago el cambio, no te preocupes. Pidanle a Florean lo que quieran tomar, que yo lo pago —cuando Ron iba a protestar, Harry le señaló diciendo—: Ni se te ocurra negarte, que el tuyo sea doble.

—Gracias, Harry… —Hermione le sonrió a su amigo—. Nos vemos en lo de Florean.

Entraron a Gringotts y cada uno se dirigió a un estante desocupado en donde un duende de aspecto serio y malhumorado contaba galeones y los pasaba de un lugar a otro; cuando Harry llegó al que lo iba a atender, el duende lo miro de reojo sin ningún tipo de asombro, y dijo:

—Bienvenido de nuevo a Gringotts, señor Potter, ¿en qué puedo ayudarlo?

—Emmm. Vengo a retirar un poco de dinero de mi bóveda, si es posible —respondió Harry, un poco impresionado.

—Por supuesto, señor Potter, permítame su llave.

Harry saco la llave de la bóveda de su bolsillo y se la entrego al duende, quien inmediatamente cerró su libro de cuentas y le señalo a Harry un pasillo al lado del estante. Harry, quien no sabía cómo actuar, siguió al duende hacia los carritos que se movían a alta velocidad por el laberinto de cuevas y pasadizos, y sin tener ninguna intención de hacerlo, pregunto al duende:

—¿Cómo ha estado el ambiente en el banco, si se puede saber?

El duende, lo miro de reojo y contesto:

—Bastante seguro desde su última visita, señor Potter, si a eso es a lo que se refiere.

Harry sintió la necesidad de excusarse y murmuró un "lo siento", bastante sincero.

—¡Oh! no tenga cuidado, joven, los duendes nunca habíamos tomado partido en las guerras de los magos, pero como se vio, ese asqueroso mago nos obligo a rendirle cuentas; no lo juzgamos por eso, señor Potter, pero hubiera sido de gran ayuda que nos avisara que destruiría nuestras instalaciones.

—Respecto a eso, los daños causados al banco…

—No se preocupe usted por eso, el Ministerio de Magia se encargo de eso hace ya un tiempo, como puede ver.

Cuando el duende terminó la frase, el carrito que los transportaba se detuvo frente a la bóveda de los Potter, y luego de bajarse, el duende inserto la llave en la puerta, e invito a Harry a seguir. Harry entró, mirando de reojo, y nuevamente se maravilló con la cantidad de oro; muy seguramente la fortuna de Sirius había sido trasladada a su bóveda cuando acabo la guerra, pues ahora veía casi el triple de oro del que había la última vez que vino hace más de dos años, a pesar de la transferencia que había hecho, a través de Bill, a la bóveda de los Weasley.

Sacó una bolsa llena de galeones, sickles y knuts, e índico al duende que había sido todo, regresando en silencio hasta el salón principal del banco, donde la señora Weasley esperaba; Harry, luego de consultar la tasa de cambio del dinero muggle, se intentó despedir con un apretón de manos del duende que lo atendió, pero éste, con expresión grave le indicó:

—Como ya se imaginará, señor Potter, usted ya está en libertad de disponer de la totalidad de los bienes de su familia que se encuentran acá, junto con la totalidad de la herencia de la familia Black, por disposición de su padrino.

Harry se quedó sorprendido cuando el duende le entregó un grueso rollo de pergamino, en el cual se detallaban los bienes, acciones y propiedades que estaba recibiendo.

—¿Y eso que me lo están entregando hoy?

—Porque no había regresado al banco desde su pasada visita —le respondió el duende, con una sonrisa entre maliciosa y divertida—; luego de enterarnos de su victoria sobre el Innombrable, supusimos que en cualquier momento vendría.

—Próximamente vendré para ponerme al día con esta información —agitando el rollo de pergamino, se despidió, acercándose a la señora Molly, quien lo veía preocupado. Cuando la alcanzó, sólo pudo decirle, apenado—: Asuntos del banco, nada malo.

Cuando regresaron a la heladería de Florean Fortescue, se encontraron con un risueño Neville, acompañado de su abuela, la cual parloteaba orgullosa con Ron, Hermione y Ginny:

—… ¡Imagínense! ¿Quién se iba a suponer que mi nieto-el-torpe iba a colaborar en la destrucción de Quien-ustedes-saben, al cortarle la cabeza al monstruo ese?Y va a regresar a Hogwarts, le están pidiendo que termine el séptimo año para que se quede de una vez como profesor de Herbología… ¡Ah!, sus papás pueden sentirse orgullosos —esta afirmación hizo que Neville enrojeciera hasta las orejas, lo que hizo sonreír a Ginny.

—Vamos, abuela, que tenemos que pasar por la tienda de Ollivander.

—¡Volvió a abrir Ollivander! —dijo Harry contento, y preguntó a Neville, luego de saludarlo a él y a su abuela— ¿Y eso que vas con él?

—Es que quiero comprar una varita nueva, porque la mía se partió en medio de la batalla; y aunque tengo varias de los magos con los que luché, casi una colección, ninguna me hace sentir cómodo, así que prefiero una propia; lo que lamento es que esa era la varita de papá.

—Bueno, Neville, señora Longbottom, nos veremos en el andén 9 y 3/4 el 15.

—Claro, hijo, cuídense, sobre todo tú —respondió mientras le pellizcaba la mejilla a Harry, algo más fuerte que un cariño.

Al alejarse, Hermione no resistió la oportunidad de comentar:

—Vaya, Neville profesor de Herbología, ¿quién se lo imaginaba?

—Bueno, la constancia genera sus frutos, Hermione —comentó Ron-, ¿o no?

—Claro, mi amor.

Luego de comprar los libros, material de trabajo, repuestos para el kit de pociones de los tres, que Hermione agotó durante la aventura del año anterior, y un juego de túnicas para el colegio, además de saludar a varios de sus compañeros, como Seamus Finnigan, Parvati Patil, Susan Bones (quien lloró al ver a Harry, pues recordó a su madre, asesinada por los mortífagos), Hannah Abbott, quien se sonrojó al ver a Neville saliendo de la tienda de Ollivander, Dean Thomas y Luna Lovegood, quien saludó efusivamente a los chicos; Harry comentó:

—Creo que necesitaré una nueva lechuza… me hace falta Hedwig, y no quiero estar pidiéndote constantemente a Pig, Ron; aparte estoy pensando en una nueva escoba, necesito un buen medio de transporte, y no sé si habrá quidditch este año.

—Pues vamos primero al Emporio de la Lechuza —planteó la señora Weasley.

Al llegar al local, encontraron un enorme surtido de lechuzas, búhos, y otros animales menos atractivos, como murciélagos (que se intentaban esconder de la luz del día), sapos y ratas, lo que hizo gruñir a Ron. Luego de dar varias vueltas, Harry se decidió por una magnífica lechuza color miel, con unos brillantes ojos de color amarillo ámbar, por la cual pagó 15 galeones.

—¿Y cómo la vas a llamar? —preguntó Ginny al verla.

—No sé, no me puedo sacar al nombre de Hedwig de la mente… la llamaré Wighed, ¿Qué te parece, Wighed?

Al escuchar que se dirigían a ella, la lechuza erizó las plumas, se acercó a Harry, y chasqueó el pico en señal de aprobación.

—Como que le gusta ese nombre —dijo Ginny, sonriendo.

Luego cruzaron la calle hasta Artículos de Calidad para el Quidditch, donde vieron la nueva gama de escobas, estaban la Nimbus 5000 limited edition, autografiada por las jugadoras de las Arpías, pero también tenían una nueva marca, que para muchos era la competencia de las Nimbus, la Estratofire 400, autografiada por su nueva imagen, Viktor Krum, hasta que en otro estante Harry encontró lo que estaba buscando, la nueva Saeta de Fuego Turbo, no dudó ni un minuto en pedir una, y pagar los 280 galeones que costaba, a pesar de los reclamos de la señora Molly. "Si voy a jugar quidditch este año lo haré con suficiente estilo", pensó, recibiendo el paquete con la magnífica escoba.

—Bueno, creo que hemos hecho todas las compras, ¿verdad? —preguntó la señora Molly, aún molesta por lo que consideraba "un soberano despilfarro". Harry escondió su intención de obsequiar a Ginny y a Ron con sendas escobas nuevas, idénticas a la recién comprada, más por no molestar a la señora Molly, puesto que en ese momento era lo que más deseaba hacer. Ya se las daré como regalo de Navidad, pensó mientras respondía silenciosamente.

Al hacer todos los chicos señales aprobatorias, se dirigieron a El Caldero Chorreante, donde todos, debido a la cantidad de paquetes que llevaban, incluyendo la jaula de la nueva lechuza y el paquete con la escoba, tuvieron que regresar por polvos flú a Grimmauld Place.


Notas al pie:

(1) Iron Maiden: "The Final Frontier" (álbum editado en 2010) © Iron Maiden Holdings

(2) Soda Stereo (Gustavo Cerati): "En la Ciudad de la Furia", editado en el álbum "Doble Vida", de 1988 © Soda Stereo. Disponible en: watch?v=nDk7WgigT-w

Buenas noches desde San Diego, Venezuela! Otro viernes y otro capítulo! Este con algunas ediciones respecto al original, como la entrega "formal" de las herencias Potter y Black a Harry por parte de Gringotts, y algunos detalles relativos a las compras. Casi (y de verdad es "casi") olvido que hoy es viernes (y el cuerpo lo sabe, pero el bolsillo está confundido, y lo peor, nadie te dice "Ven, vamos a beber, yo invito!"... Ups, perdón!) y hoy, como todos los viernes, tenía que traerles capítulo nuevo... Espero que lo disfruten al ritmo del eterno Gustavo Cerati... Gracias... Totales!