o0o Recomendación musical: You and me - Lifehouse
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Ultímo capítulo. Sólo falta el epílogo.
Gracias a todas las personas que habéis llegado hasta aquí, dejando constancia o en las sombras.
De verdad, gracias...
Capítulo 51: La promesa
Lo supo en cuanto las últimas nubes de los sueños se esfumaron. Lo supo antes de abrir los ojos comprobando que la cama estaba vacía. Lo supo antes de extender la mano para palpar su frío lugar.
Él se había ido.
Le había mentido, la había dejado sola para enfrentarse a su destino.
Mientras las lágrimas acudían a sus ojos y se encogía sobre sí misma, enredándose en las sábanas como si quisiera percibir el tacto de él en ellas, Hermione trató de odiarle. Sintió una repentina arcada, como si el corazón quisiera salírsele por la boca, demasiado afectado para seguir funcionando. Intentó tomar aire desesperadamente, pero sus pulmones no parecían llenarse y sus dedos se cerraron rígidamente sobre las sábanas. Sentía el pulso latiéndole en las sienes y tenía los ojos nublados por lágrimas que sabía, él no hubiera deseado que derramara. Pero eso ya le daba igual, porque Draco ya no estaba con ella.
Hundió el rostro en la almohada y sollozó su nombre. Y trató de culparle por su decisión, por abandonarla. Por dejarla sola.
Pero sencillamente no podía porque sabía que había hecho lo correcto, porque había aprendido a no esconderse de sus problemas en lugar de afrontarlos. Porque había sido un valiente.
Pero esa vez, sólo por esa vez, ella hubiera preferido que no lo fuera.
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Hermione no salió de la habitación de Draco en todo el día. Se negó a bajar a comer y no tocó la bandeja que Harry le llevó. La idea de probar bocado le daba nauseas y sentía que su estomago se había cerrado para siempre. Sus ganas de contacto humano eran nulas, y lo único que quería era echarse en la cama y llorar y llorar hasta que Draco regresara a su lado.
Hacia la tarde, Harry, Ron y Ginny se plantaron en su habitación contándole y tratando de consolarla diciéndole que Draco quedaría en libertad. Pero Hermione estaba convencida de que no sería así. Conocía lo suficiente a Marsden y la política de actuación del Ministerio con los prisioneros de guerra. Crouch había encarcelado sistemáticamente a docenas de mortífagos y Marsden no parecía ser mucho más blando que él. Después de que sus tres amigos se quedaran sumidos en un silencio incómodo al no saber cómo ayudarla, Hermione les pidió que la dejaran sola.
Cogió la butaca donde tantas veces se había sentado Draco, donde había dormido ella aquella primera noche del rubio en Grimmauld Place, y la arrastró junto a la ventana por la que él solía mirar, como si de algún modo esperara verlo reflejado en el cristal, o tal vez caminando por la calle.
Él no estaba allí, pero las calles no estaban en absoluto tranquilas. Familias enteras de magos vestidos con túnicas y gorros puntiagudos, corrían sobre la nieve lanzando chispas doradas al cielo con sus varitas. Alguien llevaba una corneta mágica que no paraba de sonar y arrojar confeti sobre las blancas aceras. Los magos abrazaban a los peatones muggles que se encontraban por la calle, cruzaban la acerca sin mirar para encontrarse con amigos o conocidos y gritaban jubilosos que Lord Voldemort había caído. La población mágica estaba de fiesta, y Hermione comprendió que el mundo seguía adelante aunque para ella se hubiera acabado, y la arrastraba con él lo quisiera o no.
El Profeta había publicado la noticia de que Draco Malfoy se había entregado a la justicia y había sido encarcelado de inmediato en Montis Occultus al igual que su padre. Distintos miembros de la Orden, en especial Kingsley, Tonks y Molly se pasaban por la casa para traerles noticias varias veces al día.
Al Señor Weasley y a Jada Shackelbolt les darían el alta en un par de días, y Kingsley estaba presionando a algunos amigos miembros del Wizengamot para que liberaran a Remus Lupin. Si bien el licántropo no había sido llevado a Montis Occultus como todos los mortífagos supervivientes, Marsden había ordenado encerrarle en las prisiones preventivas para hombre lobos donde lo marcarían con la famosa L para indicar su condición.
A Grimmauld Place no dejaban de llegar lechuzas cargadas con cartas y regalos de agradecimiento para Harry por haber derrotado al Señor Oscuro. Por supuesto, ninguna de ellas mencionaba a la Orden del Fénix a excepción de las de algunos compañeros del colegio que habían estado en la batalla. A Harry no le extrañó demasiado pues en todas las tiradas de El Profeta, los panfletos y los libretos informativos que comenzaron a publicarse masivamente acerca de la batalla final y la caída definitiva del Lord Oscuro, no se mencionaba jamás la existencia de la Orden del fénix y su contribución en la lucha. Apenas nombraban a Harry y en líneas generales aseguraban que Lord Voldemort había caído gracias a los esfuerzos conjuntos de los distintos miembros del cuerpo de Aurores, las medidas de seguridad del Ministerio y la pequeña colaboración de algunos funcionarios y un insignificante puñado de civiles. Marsden, por supuesto, había tenido un papel determinante en la victoria liderando a su equipo de aurores. Sobra decir que Ginny quemó unos cuantos ejemplares en la chimenea de Grimmauld Place y que los gemelos usaron sus hojas como papel de regalo para envolver sus productos.
La radio mágica hablaba a todas horas de la noticia y los magos salían a las calles olvidándose de la discreción y montando juergas improvisadas para celebrar la desaparición del mago tenebroso. Los funcionarios del ministerio vieron multiplicado su trabajo al tener que modificar las mentes de muchos muggles que presenciaron demostraciones de magia, pero la reconstrucción del Ministerio avanzaba a pasos agigantados gracias a la colaboración de los magos y brujas voluntarios.
Y dos días después del fin de la guerra tuvieron lugar los funerales.
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Hermione lloró cuando el juez recubrió mágicamente la tumba de Ojoloco Moody, aunque no estaba segura de si había parado de hacerlo desde que Draco se había ido. Todos los miembros de la Orden, un buen puñado de alumnos y casi el pleno del cuerpo de Aurores acudió al funeral del hombre que tanto les había enseñado. Luna Lovegood dejó un puñado de flores silvestres sobre su tumba y Scrimgeour, que había sido liberado por Marsden ante la disconformidad del Wizengamot con su detención, dio un discurso sobre Alastor, el mago que había adiestrado a varias generaciones de aurores y detenido a más mortífagos que nadie a lo largo de las dos guerras. Después, todos se retiraron lentamente, hasta que sólo quedaron los miembros de la Orden, aguardando a Tonks. La aurora discípula de Ojoloco, su favorita, la hija que nunca tuvo, se arrodilló junto a su lápida y le dijo unas palabras de despedida que nadie oyó, llorando y sonándose la nariz ruidosamente hasta que Molly fue a buscarla.
-Anímate –le había dicho George –estará por ahí, con los otros héroes caídos, haciendo estallar contenedores de basura celestiales o algo por el estilo.
Y aunque sólo fuera fugazmente, Tonks sonrió, porque en el fondo creía firmemente que George estaba en lo cierto.
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Esa misma tarde se celebró el entierro de Severus Snape. Nadie se había atrevido a tocar el cuerpo desde que Draco lo cubrió con una sábana y después de mucho pensarlo, Harry decidió que su antiguo profesor debía ser enterrado en Hogwarts, junto a Dumbledore, a quien tanto sirvió. Así pues, la Orden del Fénix, los miembros del profesorado, Grawp, Nott y un par de alumnos más de Slytherin le dieron su último adiós en los terrenos del colegio en el que tantos años de su vida pasó.
Hagrid sollozaba ruidosamente en un enorme pañuelo lleno de remiendos y a Ron le pareció percibir el brillo de lágrimas tras las gafas cuadradas de McGonnagall, pero la directora se las apañó para permanecer templada. Harry, con su mano enlazada con la de Ginny, observó como el juez colocaba la lápida sobre el lugar en el que yacía el héroe y cuando el pequeño mago dio por finalizada la ceremonia, soltó a su novia y se acercó a la tumba. Sacó su varita del bolsillo y grabó unas palabras que le salieron del alma.
"Severus Snape, leal a Dumbledore más allá de la muerte".
Después regresó junto a Ginny, le tomó la mano y por alguna razón sintió el impulso de mirar al cielo. Aunque sólo fue durante unos segundos, a Harry le pareció ver un ave de colorido plumaje atravesando las nubes y pensó en Fawkes. De algún modo supo que Dumbledore había enviado a su fénix allí para despedirse de Snape, y volviendo su vista hacia Hogwarts, Harry prometió que lograría que todos sus alumnos recordaran al profesor de pociones como lo que había sido: un héroe.
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Los acontecimientos que siguieron fueron sólo una maraña confusa para Hermione. Siguió enclaustrada en la habitación de Draco, negándose a probar bocado y llevando siempre puesta alguna de sus camisas que olían a él. Cerraba los ojos hinchados por el llanto y jugaba a imaginar que él estaba a su lado. Podía percibir su aroma y sentir cosquilleando en el estomago la sensación que la poseía cada vez que le veía. Pero la ilusión sólo duraba unos segundos y cuando abría de nuevo los ojos, él no estaba allí. Y entonces volvía a llorar y se sentía estúpida, y le odiaba por marcharse. Por momentos sentía accesos de rencor hacia él hasta que la razón se imponía y le decía que él había hecho lo que debía hacer. Pero simplemente le echaba tanto de menos que no sabía qué hacer sin él, parecía faltarle una parte de ella y no sabía cuando la iba a recuperar. No era capaz de conciliar el sueño y se limitaba a dormitar, soñando que Draco regresaba, que nunca se había ido, para despertar de nuevo a la dura y solitaria realidad.
En ese clima, Hermione apenas fue capaz de alegrarse cuando una emocionada Tonks fue a verla para contarle que Remus había sido puesto en libertad, a pesar de llevar la pulsera localizadora dictada por la ley y la L tatuada. Al día siguiente, un día antes de fin de año, Kingsley llamó a su puerta y entró en la habitación, con expresión seria y disgustada. Hermione escuchó, apática y entristecida, como el auror le informaba que al día siguiente tendría lugar el juicio contra los Malfoy. No habría jurado mágico y no se permitía la asistencia de civiles ni funcionarios, tan sólo la de Marsden y los miembros de la cúpula del Wizengamot. Tampoco aceptarían declaraciones de testigos, ni defensores.
-No será un juicio justo –le había dicho Kingsley y Hermione ya había sabido, antes de verlo en los ojos marrones del auror, que Draco no volvería junto a ella esas Navidades.
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A pesar de saber que no le permitirían asistir al juicio, Hermione decidió presentarse en el ministerio a la hora pactada para la vista de los Malfoy. Harry, Ron, Ginny, Tonks y la Señora Weasley la acompañaron.
Así, el día de fin de año, se personaron en el Ministerio de Magia, bajaron en ascensor hasta la novena planta, pasaron frente al departamento de Misterios y accedieron al pasillo donde se encontraban las Salas del Tribunal. Dos aurores apostados a ambos lados de una rústica puerta de madera oscurecida delataron la Sala en la que tendría lugar el juicio. Las paredes del pasillo en el que se encontraban eran de piedra y el lugar estaba iluminado por antorchas que ardían con fuego mágico. No había sillas ni bancos para esperar, así que Hermione permaneció en pie, plantada frente a la puerta de los Aurores con el corazón latiéndole en el pecho, la garganta y las sienes. Estaba histérica a pesar de tener el presentimiento de que Draco no quedaría libre, pero demasiado deprimida para moverse de un lado a otro como lo hacía Ron. Harry y Ginny esperaban discretamente en un rincón, Tonks trataba de sacarles información a los aurores y la Señora Weasley, se aferraba a su bolso lanzando a Hermione miradas de preocupación.
Después de unos largos minutos en tenso silencio, Molly se acercó a Hermione y le pasó un brazo sobre los hombros acercándola a su pecho con aire maternal. Ella deseó que no lo hubiera hecho porque el nudo de lágrimas que le impedía hablar pareció disolverse y fluir hasta sus ojos, y pensó en su madre y en lo que daría por poder abrazarla en esos momentos. Se quedó allí parada, rodeada por los amorosos brazos de la Señora Weasley, con su abrigo de vestir, medias y zapatos negros, como si asistiera a un funeral. Y en cierto modo, un pálpito en su pecho parecía redoblar por ello.
Los aurores de la puerta le dijeron a Tonks que el juicio había comenzado unos minutos atrás y que el Ministro, los miembros del Wizengamot y los Malfoy estaban dentro. No soltaron prenda por mucho que Tonks trató de sonsacarles información, así que al final, la aurora se unió a Ron en sus frenéticos paseos de un lado al otro del pasillo. El sonido de sus pisadas era lo único que se oía en los pasillos de piedra. De vez en cuando, Ginny se acercaba a la puerta y trataba de escuchar algo disimuladamente, pero la sala debía estar insonorizada y los aurores que la guardaban le lanzaban miradas poco amistosas.
El tiempo parecía haberse distorsionado y funcionar en otra dimensión. Los minutos no se componían de segundos, sino de horas, y las horas de días. El corazón le dolía tanto que Hermione sentía que se iba a desmayar. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que aparecieron en el Ministerio, pero cuando la puerta de la Sala del Tribunal se abrió, Hermione sintió como si alguien tirara de ella para devolverla al presente.
Marsden salió en primer lugar con gesto satisfecho y miró a Hermione y a la Señora Weasley con desagrado. Le seguían de dos magos ancianos del tribunal y tras ellos cuatro aurores rodeando a un hombre. Lucius Malfoy era más alto que todos ellos y su cabeza erguida sobresalía entre las de los aurores. Caminaba rígido y altivo, con las manos sujetas por unas esposas doradas y el rostro endurecido e imperturbable. Miró a Hermione, pero se mantuvo inexpresivo cuando ella le devolvió la mirada, y siguió caminando guiado por los aurores hacia el fondo del pasillo. Dolores Umbridge salió de la sala después y a continuación otro grupo de aurores rodeando a un segundo preso.
-Draco –susurró Hermione y cuando vio sus ojos grises mirándola a ella como si estuvieran acariciando cada una de sus facciones, regresó a la vida y olvidó su letargo.
Él también tenía esposas en las manos y un auror le sujetaba por cada brazo como si temieran que fuera a huir, pero Draco no se removió. Al contrario, caminaba tranquilo, con la serenidad que le daba hacer lo correcto. Su ropa no estaba inmaculada y su pelo estaba revuelto, la piel más pálida de lo normal marcada por la oscuridad de unas ojeras. Pero su expresión era de paz.
Porque la miraba a ella.
-Draco –repitió Hermione y se apartó de la Señora Weasley para acercarse a él. Sorteó a Umbridge y a un par de aurores, pero un tercero agarró por un brazo, impidiéndole acercarse más al chico. Él trató de aproximarse, pero los aurores lo sujetaron con más fuerza y le obligaron a andar hacia el fondo del pasillo, en dirección contraria a Hermione.
-¡Suélteme! –exigió Hermione enloquecida al auror que la sujetaba, tirando de su brazo para poder correr detrás de Draco.
-Es un criminal, chiquilla –dijo el auror con tono condescendiente pero sin aflojar un ápice la presión en torno al brazo de Hermione –ha sido condenado a cinco años de prisión por su militancia como servidor de quien ya sabes.
Hermione dejó de forcejear momentáneamente, aplastada por el peso de sus palabras. La voz del auror se repetía en su mente como un cántico. Cinco años, cinco años, cinco años…
-Suéltala, Dowd –Tonks se plantó frente al auror y le miró con expresión desafiante. El auror titubeó –siempre fuiste algo imbécil¿sabes? Mi primo es inocente y ni siquiera ha tenido un juicio justo.
-Yo lo sólo cumplo órdenes –se excusó el auror irguiéndose, incómodo.
-¿Y nunca las cuestionas¿Eres un mago o un mono adiestrado? –le aguijoneó la chica, y el auror soltó a Hermione, enrojeciendo. Ella salió de su sopor y no se paró a mirar a Dowd o a Tonks, simplemente se giró y echó a correr hacia Draco, que ya desaparecía al fondo del pasillo, arrastrado por los aurores. Tenía que alcanzarle, tenía que impedir que se fuera… No podían separarles así…
-¡Draco! –le llamó gritando. Él se revolvió por primera vez y forcejeó con los aurores, no para liberarse, sino simplemente para volverse hacia ella. La miró, sereno y grave, firmemente asentado en el suelo a pesar de los tirones y forcejeos de los aurores, y Hermione supo que se estaba despidiendo de ella. Y sintió tanto dolor que todo comenzó a dar vueltas a su alrededor y las lágrimas llenaron sus ojos.
-¡Hermione!
Ella oyó como Harry, o tal vez Ron, la llamaba, pero no sabía quién de los dos había sido, ni lo cerca o lejos que se encontraban de ella. Por eso, se sintió aturdida cuando unas manos la sujetaron gentil pero firmemente, frenándola en su carrera.
-¡No! –gimió, pero su voz no tenía fuerza. Unos brazos la rodearon, deteniéndola por completo, y Hermione se rindió, incapaz de seguir luchando. Se dejó sostener por Harry y hundió el rostro en su pecho, llorando ahogadamente. No podía soportarlo más.
-Conseguiremos sacarle de allí –le susurró la voz de Ron desde algún lugar cercano a ella –te lo prometo.
Hermione cerró los ojos y deseó creerle con todas sus fuerzas.
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Parecía lógico pensar que inmediatamente después de ganar la guerra vendrían tiempos mejores, pero todos en Grimmauld Place, en la sociedad mágica en general, comprobaron que las cosas no eran tan sencillas. Marsden llenaba toda Gran Bretaña con periódicos comprados y folletos propagandísticos ensalzando la labor del Ministerio para vencer a Lord Voldemort, ocultando información y modificando descaradamente la realidad. La población mágica dudaba, pero no tenían otras fuentes de información que les rebatieran.
Ginny había regresado a Hogwarts y el número 12 de Grimmauld Place estaba relativamente tranquilo. Hermione ya no salía de la habitación de Draco, así que Harry había empezado a ocuparse de llevarle algo de comer a Kreacher. Había descubierto que el elfo salía a menudo del trastero aunque nunca bajaba a las plantas inferiores de la casa para no encontrarse con nadie. Después de darle muchas vueltas al asunto, Harry había tomado una decisión respecto a qué hacer con él ahora que la guerra había acabado y ya no era peligroso no tenerlo en Grimmauld Place.
-Kreacher –le saludó, entrando en el trastero. El elfo escondió rápidamente a su espalda algo que había estado observando cuando Harry abrió la puerta. El chico se quedó mirando a la pequeña criatura sintiendo compasión por ella y tratando de encontrar la mejor manera de comunicarle su decisión.
-La joven hija de muggles llora cada noche, Kreacher la oye –murmuró el elfo y Harry pudo ver como el elfo escondía con cariño una foto en un marco de plata dentro de su madriguera, creyendo que él no le veía.
-Lo sé –respondió el muchacho, notando que el elfo la había llamado "hija de muggles" y no "asquerosa impura" como solía hacer. Notó una punzada en el pecho al darse cuenta de que hasta Kreacher había sentido pena por su amiga. Incómodo y deprimido, Harry carraspeó –Verás, Kreacher, he venido para proponerte algo.
Kreacher se volvió hacia él, esquelético y sucio, y le miró a los ojos, nervioso.
-Sé que eres infeliz aquí –comenzó Harry –y Narcissa, una de los últimos Black, está enferma. La han trasladado a Malfoy Hall, ya sabes dónde está…y bueno, he pensado que tal vez te gustaría ir con ella para cuidarla. Si lo deseas, te liberaré –finalizó incómodo.
Kreacher tomó aire y Harry pudo ver como sus pupilas verdes se amplificaban por las lágrimas mientras se retorcía el viejo paño que usaba como ropa, emocionado.
-Harry Potter es el amo de Kreacher –dijo el elfo sorbiéndose la nariz e hizo una pronunciada reverencia. Pero esta vez no murmuró por lo bajo improperios ni palabras despreciativas, simplemente se irguió de nuevo y miró a Harry, con algo que de no tratarse del elfo, podía haber tomado como agradecimiento –Kreacher sirve a su amo… pero si el amo quiere que Kreacher cuide a la Señora Black, Kreacher hará. ¡Sí¡Kreacher hará!
-Muy bien, Kreacher, eso es lo que quiero que hagas. Ve a Malfoy Hall y cuida de Narcissa Black –dijo Harry, aliviado.
Kreacher asintió e hizo otra reverencia, y Harry, algo incómodo por la situación, abrió la puerta del trastero dispuesto a marcharse. Antes de salir, se volvió hacia el elfo.
-Pero recuerda que esta es tu casa, Kreacher, puedes volver cuando quieras –dijo.
El elfo asintió enérgicamente y en sus ojos las lágrimas se multiplicaron. Algo violento, Harry salió del trastero y tiró de la puerta. Antes de que ésta se cerrara pudo escuchar el ¡plop! que hizo Kreacher desapareciéndose rumbo a Malfoy Hall. Rumbo a una vida mejor para él.
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-Tenemos que hacer algo cuanto antes –murmuró Devany dejándose caer en uno de los taburetes de la cocina. Ron, a su lado, asintió apenado y le tomó una mano, ofreciéndole consuelo. Devany se puso colorada, pero la apretó con fuerza y se miraron con la extraña timidez que les poseía desde que Ron le había pedido que saliera con él y ella había aceptado. Lo cual resultaba curioso teniendo en cuenta que Ron se había declarado en San Mungo, delante de toda su familia, cuando Devany había ido a interesarse por su padre. Sobra decir que Fred y George no se cansaban de representar la escena una y otra vez.
-¿Cómo está? –preguntó Molly con preocupación. El resto de la Orden del Fénix, incluido el Señor Weasley que ya había dejado San Mungo, Charlie que había decidido quedarse una larga temporada en la Madriguera y Percy que había dimitido y regresado a casa con su familia, estaban reunidos en las cocinas.
-De momento no es nada grave, pero si Hermione sigue sin comer y sin dormir, terminará enfermando. Le he traído pociones para dormir sin sueños, pero no sé si se las tomará.
-Aún está todo demasiado gueciente –dijo Fleur negando con la cabeza.
-Yo digo que actuemos cuanto antes –Tonks dio un puñetazo en la mesa, enojada –ya han pasado dos semanas y el Ministerio no ha aceptado el recurso que Kingsley presentó para que se repitiera el juicio de los Malfoy. Por la vía legal no van a dejarnos hacer nada.
-Además, el Callejón Diagon está lleno de esta basura –Fred arrojó sobre la mesa un taco de panfletos de distintos colores ilustrados con fotos de los mortífagos detenidos en la guerra, encabezados por los Malfoy, detallando las condenas y crímenes de cada uno.
-La gente no es tonta –dijo Lupin –ya no creen la mayoría de las cosas que dice el Ministerio, pero siguen sin saber la verdad.
-Si El Profeta no estuviera comprado… –se lamentó el Señor Weasley.
-Bueno¿qué hay de El Quisquilloso? –preguntó Ron mirando a Harry –ya funcionó una vez. Seguro que al padre de Luna no le importaría publicar un par de verdades entre sus investigaciones sobre la localización de los snorklacks de cuerno arrugado.
-Ese periódico no tiene demasiada credibilidad –señaló Bill, dudoso.
-Pero es lo único que tenemos –Harry se puso en pie y comenzó a caminar de un lado a otro de la cocina, pensando –cuando Voldemort regresó y Fugde se encargaba de tapar todas las noticias, El Quisquilloso publicó una entrevista donde yo contaba la verdad. No todo el mundo me creyó, pero sí les hizo dudar y con el tiempo se demostró que yo no mentía y que Voldemort había vuelto.
-Entonces¿cuál es tu plan? –preguntó Charlie, animado.
-Bueno, se supone que yo soy o era el Elegido¿no? Puede que por una vez eso me sirva de algo. Además si unimos a mi declaración las de Shackelbolt, Tonks o el Señor Weasley, trabajadores y ex trabajadores del Ministerio, tendremos más credibilidad. Y hay docenas de magos que estuvieron en la batalla final y saben la verdad, además de todo el profesorado y el alumnado de Hogwarts. Tal vez a mí solo no me crean, pero a unas cien personas más sí. Contaremos toda la verdad sobre Marsden, sobre los Malfoy, Snape y la guerra. Ya es hora de que el mundo mágico se entere de lo que realmente ha pasado.
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La primera tirada de El Quisquilloso y "La verdadera historia de la guerra mágica" salió al mercado tres días después. Se vendió en menos de una hora y todo el mundo en el Callejón Diagon, Hogsmeade e incluso el Ministerio parecía estar leyendo el periódico. Marsden, furioso, envió a los aurores a confiscar todos los ejemplares que se encontraban en el quiosco de prensa del Callejón Diagon, pero los gemelos siguieron vendiendo el periódico en su tienda a escondidas del Ministerio, y centenares de lechuzas surcaban los cielos llevando El Quisquilloso a los hogares de todas las familias de brujos de todo el país. El Señor Lovegood fabricó ocho tiradas más y publicó un nuevo número para añadir testimonios de más estudiantes y civiles que estuvieron en la última batalla, que cada vez se animaban más y más a hablar. Con el tiempo, la radio mágica se hizo eco de la noticia y en el Canal del Ministerio se prohibió a la población mágica leer el periódico, lo que sólo logró que aumentaran las ventas del Quisquilloso. La credibilidad de Marsden se minaba por momentos, la gente se sentía engañada y manipulada por él, y las primeras voces de protesta se alzaban contra el Ministro.
El Ministro, enfurecido, irrumpió en la casa de los Lovegood, confiscó el equipo de impresión mágico de Xenophilius Lovegood y le envió una citación para una vista por "injurias y calumnias contra el gobierno mágico". Eso fue la gota que colmó el vaso. La población mágica empezó a pedir la cabeza del Ministro, y finalmente, el 8 de Febrero, Edgar Marsden fue destituido a petición general.
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Su mano se deslizaba sobre la sábana, palpando el lado de la cama que él había ocupado tiempo atrás, como si esperara recoger los restos de un calor que hacía mucho que se había apagado. La almohada había dejado de oler a él y sus camisas perdían su aroma por el uso. No era suficiente, no había suficiente fragancia en el frasco de su colonia para poder olerle durante cinco años. No había suficiente medida para cuantificar su dolor. No tenía la suficiente fortaleza para soportar echarle tanto de menos.
Llorando otra vez, Hermione se giró en la cama, dando la espalda al hueco de Draco como si estuviera enfadada con él. Y lo estaba. Enfada y desolada, y hundida y furiosa.
Fijó los ojos en la ventana y observó la oscura noche a través de las cortinas. Podía ver un par de estrellas lejanas, tan lejos como Draco estaba de ella. A años luz.
Sabía que no podía seguir así, encerrada, incapaz de probar bocado o de dormir más de un par de horas seguidas, llorando sin parar y pensando en él todo el día. Harry y Ron se pasaban medio día con ella, tratando de animarla y distraerla, pero Hermione no tenía ganas de hablar, ni de escuchar, ni de jugar al snap explosivo o leer un libro. Su concentración era tan nula que ni siquiera podía leer un párrafo sin perder el hilo e incluso su magia estaba empezando a fallarle a veces. Desde que Ginny había regresado a Hogwarts, Devany iba a verla casi a diario, Tonks y la Señora Weasley también, pero eran visitas cortas e incómodas. Hermione no tenía ganas de estar con nadie, ni siquiera de estar consigo misma.
Resultaba extraño cómo podía echarle tanto de menos, hasta el punto de que sus sentimientos casi se convertían en algo físico. Extrañaba despertarse arrinconada en el borde la cama, con el brazo de Draco impidiendo que se cayera sobre la alfombra. Extrañaba que la abrazara antes de dormirse y que le acariciara el pelo cuando le constaba conciliar el sueño. Extrañaba que la besara y que discutieran a menudo por cualquier tontería. Extrañaba oírle decir palabrotas y su manera irónica de expresarse. El modo en que caminaba como si el mundo le perteneciera o el gesto que solía hacer para apartarse el flequillo de la cara.
Y no podía dejar de preguntarse cómo estaría, encerrado en una celda, solo.
Hermione se secó las lágrimas con una mano y cerró los ojos fuerza, tratando de detener su llanto. Se aferró a las sábanas e intentó dormirse para obtener, aunque sólo fueran por un rato, un poco de evasión. Por eso cuando escuchó la manilla de la puerta girando y pasos en la habitación, supo que estaba soñando. Así no prestó atención a las pisadas que se acercaban a la cama, al chirrido del colchón, ni al sonido de zapatos cayendo al suelo. Por eso le pareció natural sentir un cuerpo pegado al suyo y una mano deslizándose por su cintura, buscando la suya. Le parecía normal que esos dedos se enlazaran con los suyos y que alguien le rozara el hombro con una nariz, inhalando su aroma. Porque estaba soñando, y en sus sueños, él estaba con ella.
Y, oh, era tan mágicamente real. Su aroma ya no era tan sutil y efímero, era más penetrante y la envolvía como una segunda piel. El calor de su cuerpo se le contagiaba y su respiración le caía en la nuca y la curva de un hombro, despertando un agradable cosquilleo. Y entonces él la estrechó más y Hermione abrió los ojos, porque ya no sabía si estaba dormida o despierta.
-¿Es esto otro de mis sueños? –preguntó en voz baja, porque tenía miedo de despertarse si dormía.
-Eso suelen pensar todas las chicas cuando las toco –respondió él y Hermione no pudo evitar sonreír. Porque su voz vibraba, saboreaba las palabras y las dejaba ir lentamente, dando la sensación de arrastrarlas hasta sus labios. No estaba ligeramente desdibujada como en sus sueños.
-No quiero despertar –murmuró con melancolía, como si el sueño estuviera perdiendo intensidad para dejarla de nuevo sola y triste en una cama vacía.
-Pues yo no quiero dormir –replicó él y la besó en el cuello. Y fue entonces, en ese justo momento, cuando Hermione se dio cuenta de que no estaba dormida, de que él estaba allí en realidad. Delirante, se giró hacia él y le vio ahí, a su lado, tocándola, ocupando el lugar que tanto tiempo había estado vacío. Más delgado, más mayor, más pálido, más ojeroso pero él. Los mismos ojos grises, la misma mandíbula marcada, la misma curva en los labios. Draco.
Con ella.
Él sonrió, esa típica sonrisa de lado, sin mostrar apenas los dientes que decía a las claras "sí, nena, estoy aquí y soy real. Un sueño hecho realidad, dirían muchas" y Hermione le tocó el rostro, como si fuera incapaz de creérselo.
-¿Eres de verdad? –le preguntó con un hilo de voz.
-Sí.
Y ya no pudo preguntar nada más, simplemente le abrazó y se echó a llorar como una idiota. Lloró como los días precedentes o tal vez más, pero lo hizo de un modo diferente, porque ya no lloraba de dolor, sino de alegría. De pura felicidad.
Draco la estrechó contra él con cierta ansiedad y le besó el pelo, enredando sus dedos de él, como tantas veces había soñado en sus horas de encierro.
-¿Cómo… –sollozó Hermione entre lágrimas -¿cuándo…
-No has salido mucho de aquí¿eh? –murmuró él con cariño. Tenía la certeza de que no lo había hecho –Marsden ha sido depuesto por el Wizengamot. Desde hoy, Kingsley Shackelbolt es el nuevo Ministro de Magia. Me ha sacado de la cárcel y a mi padre también, y Lupin me dijo algo sobre la Ley Regulación de Licantropía… creo que Kingsley convocará un consejo mañana para abolirla.
Hermione asintió, y después de unos minutos abrazándole, sintiendo su calidez y sus balsámicas caricias, dejó de llorar. Tomó aire entrecortadamente como una niña pequeña que había perdido la respiración por el llanto, arrancado un par de sonrisas torcidas a Draco, y finalmente logró serenarse.
De repente se sentía cansada y satisfecha, como si hubiera echado fuera todo el dolor que había estado acumulando y ahora pudiera seguir sin él. Sus músculos se habían aflojado, reconociendo la familiaridad del cuerpo de Draco, rindiéndose al consuelo de sus brazos. Los párpados le pesaban tanto que Hermione cerró los ojos unos instantes. Pestañeó con fuerzas al cabo de unos segundos, se obligó a abrir los ojos y se los restregó con una mano tratando de despejarse como una chiquilla somnolienta. Y Draco sintió algo removiéndose en su pecho, como una emoción prácticamente sólida subiéndole a la garganta, al ver ese gesto tan inocente y a la vez tan dulce. La sujetó con suavidad por la barbilla y le alzó el rostro para poder besarla. Y sólo entonces, cuando coló la lengua entre sus labios y encontró la de ella, esperándole con amor, Draco se sintió de nuevo en casa.
Porque el encierro había merecido la pena a cambio de poder volver a Grimmauld Place con ella, a cambio de no tener que esconderse más. Ya no había señor oscuro, ni mortífagos, ni Ministro despiadado que le impidiera estar con ella, que le impidiera hacer nada.
Era libre.
Y por primera vez en mucho tiempo, feliz.
El beso acabó y los dos se miraron a los ojos, diciéndose cosas que las palabras no podían abarcar. Después Hermione posó la cabeza en su pecho, él la rodeó con un brazo y ninguno de los dos habló, porque sencillamente no lo necesitaban.
-Duerme –murmuró él cuando Hermione bostezó por tercera vez.
-Tengo miedo –confesó ella.
-¿De qué?
-De que no estés cuando despierte.
-No volveré a irme –musitó Draco, hundiéndole los dedos en la cintura como si quisiera acercarla aún más a él.
-¿Lo prometes? –preguntó Hermione infantilmente.
-Lo prometo –aseguró él con una sonrisa presuntuosa asomándole a los labios. Y Hermione se durmió de nuevo en sus brazos, segura de que él cumpliría su promesa.
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Porque un sentimiento puede permanecer dormido durante años y, cuando menos lo esperas, despertar. Porque una persona puede cambiar para siempre la vida de otra.
Porque en el fondo, siempre fueron ella y él, y el resto de la gente.
Hola...
No sé demasiado bien que decir. Son casi las cuatro y media de la madrugada, hace unos minutos que acabé el último capítulo y estoy haciendo pucheros como una estúpida. El capítulo me ha dado bastantes quebraderos de cabeza porque tenía muchas cosas que cerrar y he intentado hilarlo de forma que no quede cada suceso cerrado fragmentadamente, aunque me ha sido bastante imposible. Los Malfoy no tuvieron un juicio justo, Ojolo y Snape fueron enterrados, Kreacher enviado con la madre de Draco a Malfoy Hall, Devany y Ron salen juntos, Remus fue liberado, Marsden depuesto, Kingsley nombrado nuevo ministro...y Draco al fin puesto en libertad para poder volver junto a Hermione. Aquí cierro la penúltima parte de la historia y ya sólo falta el epílogo. El "capítulo" final. Y hay un montón de cosas más que me gustaría contaros como que Trewlaney en estos momentos les enseña a sus alumnos a usar los chales como armas mortales, que Grawp ya sabe hacer frases de más de cinco palabras y que los gemelos planean abrir otro Sortilegios Weasley en Hogsmeade, para desgracia de Filch, pero simplemente tengo que acabar aquí. Espero verdaderamente que el capítulo no os haya decepcionado, porque es un final ya que muchas tramas de la historia se han cerrado aquí. Yo no puedo mirarlo con perspectiva, simplemente sentí que debía hacerlo así.
Ahora unas cuantas cosas que os quiero decir, a ver si no me olvido de ninguna:
1) He publicado un oneshoot que trata de la amistad de Sirius&James, se llama Al fin del mundo y lo encontraréis en mi profile si os interesa. Es mi regalo de cumpleaños para Earwen Neruda (su cumpleaños es el lunes, felicitadla/ Por cierto, ha actualizado Ice Days y Holofernes M&M).
2) Una millona exhorbitada de gracias por los reviews recibidos en el capítulo anterior. De verdad, me habéis emocionado y llenado mucho...y siento de verás no haber podido responderos. Leo y agradezco todos y cada uno de ellos y confieso que más de uno me humedeció los ojos. Os pido perdón por no haber respondido a casi ningún review a lo largo de la historia, pero no tengo tiempo humano para hacerlo. No obstante, prometo responder a todos los reviews del epílogo por ser el final absoluto de la historia, así me vaya la vida en ello. Gracias por tenerme paciencia y seguir escribiéndome igualmente, muchísimas gracias.
3) Pequeña nota para la enojada!!! (que no se me olvide ninguna exclamación). Tengo un par de cosas que decirte. En primer lugar, que no te gustara lo que hice en el capítulo anterior no te da derecho a hablarme de esa manera, cuestionar mi cordura y ordenarme reescribir el capítulo. Lamento que hayas tenido que soportar guerra y que no actualizara durante un mes, pero tengo vida, me lleva horas hacer cada capítulo y lo primero que hice al regresar de Irlanda fue ponerme a escribir. Si no puedes soportar mi puntual demora y que el fic tenga guerra además de dramione, sinceramente no sé porqué has llegado hasta aquí, pero te agradecería que tuvieras un poco de respeto hacia mi trabajo. Gracias.
4) Recuerdo que este no es el final absoluto, aún falta el epílogo :)
5) Disculpadme, porque dije que editaría para añadir los agradecimientos especiales pero al final no tuve tiempo y no lo hice, lo siento. De paso me disculpo porque es muy tarde y hoy tampoco voy a hacerlo, pero intentaré añadirlos mañana, gracias por la comprensión :)
6) Y de nuevo, y por último, GRACIAS. Muchisimas gracias por seguirme y quedaros conmigo a lo largo de 51 capítulos. Gracias por crecer conmigo en esta historia, por alentarme a ir más allá, a intentar mejorarme. Por la paciencia, por el tiempo que os tomáis en leerme y escribirme, por todo el cariño que me dáis. Gracias por el apoyo recibido, desde el primero hasta el último capítulo. Gracias. Porque Dormiens se hubiera quedado olvidado en alguna carpeta de mi pc si no fuera por vosotros/as. De verdad, me faltan las palabras, gracias...
Os quiere, Dry!
Pd: Click a "Go" para que Draco (o X) se cuele en tu cama y te abrace mientras duermes.
