DISCLAIMER: Todos los personajes de «Harry Potter» le pertenecen a J.K. Rowling.
AVISO: Este two shot es mi regalo de AI de San Valentín para SlyPrincess07.
NAT: Aunque no pediste algo concreto, me dio gusto que fueras mi asignación (porque te amo, lo sabes) y espero sinceramente que disfrutes tu regalo, a pesar del empalago. Aunque, ¡vamos! que de eso se trata este día.
Capítulo I
«Nunca sabes lo que tienes hasta que lo tiras de su escoba»
Pansy no tenía idea de que practicar hechizos en el campo de quidditch fuera algo estúpidamente peligroso hasta el día en que, en un descuido, terminó atacando a uno de sus compañeros. En San Valentín.
Y resultó que, si había un momento en el que el tiempo se hacía extremadamente lento, era justo cuando sucedía una calamidad (una extremadamente grande) que había involucrado nada más y nada menos que a Harry Potter, su adorable tormento.
El accidente ocurrió tan rápido que no le dio tiempo de pensar, pues, en un parpadeo, el muchacho (que había llegado volando al campo de quidditch para entrenar en solitario, seguramente) había caído de su escoba, ocasionando que se golpeara estruendosamente contra el suelo (una suerte que ya hubiera estado descendiendo) sin que ella pudiera hacer nada al respecto.
No obstante, Pansy corrió tan rápido como pudo para corroborar su estado de salud, tropezando con sus propios pies, y aterrizando de bruces al lado del cuerpo de Harry, cuyo pulso comprobó que estaba débil, así como su cabello oscuro cubierto de sangre, sus gafas rotas por el impacto y su brazo derecho torcido en un ángulo imposible.
«Por lo menos está respirando», se dijo a sí misma para tranquilizarse, comprendiendo en el acto que, de haber muerto Potter, sería una asesina y una viuda al mismo tiempo.
—¡Mierda! ¿Por qué tenías que ser precisamente tú, idiota? —renegó, antes de sentarse, estropeada por el golpe que ella misma se había ocasionado, tratando de pensar qué hacer con él.
«¿En qué momento apareció, si había comprobado varias veces que el lugar estaba solo?», maldijo internamente, mientras contemplaba los ojos cerrados de Harry Potter, cuya presencia jamás había estado tan cerca de ella hasta ese día.
«Al menos no lo maté». Volvió a decirse, tratando de insuflarse valor antes de levantarse, tomar su varita (la misma que había arrojado al carajo por la impresión) y levitar el cuerpo del muchacho para llevarlo a la enfermería. Sabía que iba a tener que dar muchas explicaciones una vez se dirigiera al lugar, pero, ahora mismo (y aunque le costará aceptarlo), le preocupaba mucho más lo que hubiera podido pasarle al chico.
Para su suerte (y quizás por la cara de pocos amigos que llevaba con ella), nadie hizo preguntas, aunque escuchó todo tipo de comentarios en voz baja a los que no dio mayor importancia por lo imperativo de la situación, y, una vez llegó a la enfermería, respiró un poco, a pesar de que madame Pomfrey la recibió con un gesto de incredulidad que le sugirió que no creyó una palabra de la explicación que le dio respecto del accidente.
Sin embargo, aquello no fue suficiente para que se largara pitada, y, en cambio, se quedó al lado del chico durante el tiempo que duró la revisión de la enfermera que concluyó una fractura en su brazo derecho, una pequeña cortadura en su cuero cabelludo, una contusión leve (algo increíble dado el porrazo que se dio) y unas gafas que debían ser reemplazadas seguramente.
—¿Ya diste aviso a sus amigos? —preguntó la mujer, llamando la atención de Pansy, que estaba convencida de que todavía dudaba de su palabra (como si quedarse allí no fuera prueba de que no había tenido intención de lastimarlo).
—No —respondió ella, secamente. Aquello ni se le había pasado por la cabeza con tanto rollo.
—Le recomiendo que lo haga, señorita Parkinson. Voy a necesitar alguien que me colabore un poco con el señor Potter y no hay nadie mejor que sus amigos para eso.
—Yo puedo ayudar —soltó antes de ser consciente siquiera de que había hablado.
¿Qué mierda estaba diciendo? «¿Yo puedo ayudar?». «Si, porque Harry Potter va a estar contento de verte cuando despierte».
Madame Pomfrey le dedicó una mirada de sorpresa, pero no dijo nada, y, antes de que Pansy pudiera arrepentirse, conjuró algunos vendajes, un cabestrillo y algunas pociones y ungüentos para ayudar al muchacho a sanar.
Lo siguiente que sucedió fue que, con su ayuda (y gracias a que Harry Potter había recuperado un poco la consciencia, a pesar de balbucear incoherencias), logró que tomara una poción para el dolor y otra para reparar el hueso roto de su brazo, así como vendar su cabeza luego de limpiar toda la sangre y arreglar sus gafas que sí tuvieron remedio después de todo. Pansy no fue demasiado consciente de ello, pero había estado conteniendo el aire de sus pulmones, el cual soltó con alivio una vez que vio que su trabajo había surtido un efecto positivo en él.
—Muy bien, señorita Parkinson. Ahora, si me disculpa, el señor Potter debe descansar —dijo la mujer y Pansy asintió, retirándose. No era como que deseara encontrarse con Granger y Weasley ahora mismo, aunque se prometió a sí misma que volvería horas después, sólo para comprobar que Harry Potter no hubiera muerto.
«¡Sí, cómo no!»
Como se había prometido, horas más tarde, Pansy volvió a la enfermería para encontrar que Harry estaba solo y despierto, leyendo una revista del montón que estaban al lado de su cama donde también había todo tipo de dulces y flores, y no pudo evitar sentirse estúpida por haber llegado con una caja de grageas Bertie Botts y unas ranas de chocolate, pensando que le harían falta en la presente fecha. Como si no supiera lo mucho que amaban al buscador más joven de Gryffindor.
Pansy esperó que le lanzara toda clase de improperios, que le reclamara haberle causado semejante lesión a días de un partido importante, o incluso, que le exigiera que se largara, pero, en cambio, Harry solo la miró con curiosidad, mientras rascó su frente cerca a la cicatriz en forma de rayo que sobresalía del vendaje. Su rostro estaba un poco pálido y su brazo todavía se sostenía del cabestrillo, pero de resto, lucía bastante bien.
—Creo que te debo una disculpa —dijo, sin poder mirarlo a los ojos. Había pensado que llegaría a visitarlo muy segura de sí misma (porque sentía que tenía el compromiso de hacerlo), pero, encontrarlo despierto la había tomado por sorpresa—. No tuve intención de hacerte esto, pero tú saliste de la nada y luego todo pasó demasiado rápido.
—Está bien —la interrumpió él, con gesto de serenidad—. Creo que también tuve mucho que ver al tomarte por sorpresa.
—Eso no es cierto —aseguró ella, viendo la condescendencia con que le hablaba—. Todo fue mi culpa y tendré que pagarte de alguna forma.
—Eso no va a ser necesario —dijo él, y una leve sonrisa surcó sus labios—. Además, le ayudaste a madame Pomfrey a atenderme.
Pansy lo miró sorprendida. ¿Era posible que se hubiera dado cuenta? No, a pesar de haber estado semiconsciente en ese momento, las tonterías que le oyó balbucear dejaron claro que no sabía ni dónde estaba parado.
Harry, al notar su confusión, agregó: —Ella me lo dijo.
Pansy asintió. Qué bueno que no había visto su gesto preocupado o hubiera pensado que estaba loca porque, ¿por qué molestarse tanto por alguien? A menos, por supuesto, que ese alguien le interesara.
—Era lo menos que podía hacer luego de que yo misma te hubiera ocasionado esto.
Ambos se quedaron en silencio durante un instante en el que Pansy se percató de que todavía tenía los dulces en sus manos.
—Esto es para ti —dijo, sintiéndose un poco tonta mientras dejaba las cajas al lado del resto de los regalos que le habían llevado sus amigos y compañeros—. Y bueno, supongo que querrás descansar.
—No te vayas —pidió él, con una mirada intensa en sus ojos.
—¿Cómo?
—Qué no te vayas —repitió, siguiendo los movimientos de Pansy que, de pronto, se habían vuelto torpes por la impresión—. Quédate un poco más, por favor.
Pansy no pudo (ni quiso) negarse, y, tomando una de las sillas que estaban ahí, la colocó cerca de la cama donde Harry empezaba a dormitar. Ella tardó un rato en ponerse cómoda, pero al ver que la enfermera no le pidió que se fuera, permaneció allí hasta que se durmió.
Lo primero que Pansy percibió al despertar fue el horrible dolor en el cuello que le había dado por dormir en una silla, y luego de eso, la radiante sonrisa que Harry le dedicó al notar que no pudo reprimir un bostezo.
—Buenos días —saludó él—. No te voy a preguntar cómo dormiste porque es evidente que no muy bien.
Pansy sonrió por primera vez desde que había pasado el accidente.
—Y eso es contraproducente, teniendo en cuenta que tendré dos horas de pociones con Snape —respondió ella, levantándose para marcharse a su habitación a prepararse para empezar el día.
—¿Volverás? —se apresuró a preguntar él y ella sintió una emoción en el estómago que no pudo describir. ¿Quería que volviera? Jamás lo hubiera esperado, pero así parecía ser.
Pansy asintió, saliendo de la enfermería sin decir más para volver esa noche, la siguiente y la noche después de esa. Nunca se topó con sus amigos e incluso tuvo la suerte de que, cuando fue dado de alta, estaba ahí para acompañarlo a volver a su sala común.
—Bueno, supongo que eso es todo —dijo ella, una vez llegaron a territorio de los Gryffindor. No le preocupaba ser vista con él (estaba de muy buen humor por haber podido compartir tiempo con el chico que le gustaba como para que algo le afectará, ni siquiera el hecho de que sus amigos se hubieran enterado dónde pasaba parte de la noche), pero quería evitar cualquier enfrentamiento con los amigos de él que todavía la miraban como si lo hubiera hechizado a propósito.
—Cuando quieras podemos quedar de nuevo —se aventuró a proponer, consiguiendo que él sonriera.
—Desde que no sea en el campo de quidditch, todo estará bien. Bueno, a menos que sea porque vas a verme derrotar al equipo de tu casa.
Pansy sonrió también.
—Ya quisieras, Potter, pero estoy de acuerdo con lo de quedar luego —contestó ella.
—Podríamos ir un día de estos a Hogsmeade a celebrar San Valentín —sugirió Harry y Pansy fue consciente de todo lo que había cambiado gracias a que el universo había conspirado para que fuera precisamente ella quien le rompiera la madre al tirarlo de la escoba.
—Eso me encantaría.
Harry Potter, su adorable tormento, le había pedido una cita. ¿Las cosas podían ser mejores? Tendría que averiguarlo cuando sucediera.
N/A: Nat, espero que hayas llegado aquí sin odiarlo. Lo digo: esto estaba escrito hace muuuuucho (casi desde el sorteo) y solo lo retoqué en varias ocasiones hasta que medianamente me convenciera, ¿te convenció a ti? Pues ojalá si, porque hay otro capítulo y es dramione.
Para el resto: ¡Feliz día de San Valentín!
