Harry Potter y la Frontera Final (1)
(2da. Edición)
Por edwinguerrave
Copyright © J.K. Rowling, 1999-2008
El Copyright y la Marca Registrada del nombre y del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como de todos los símbolos y elementos relacionados, para su adaptación cinematográfica, son propiedad de Warner Bros, 2000
Algunos capítulos incluyen extractos de los "fan fic" 'Harry Potter y la Orden del Fénix', © "Daniela Linx", y 'Harry Potter y el Círculo Secreto', © "jesterdead".
Capítulo 27:
Hombres al límite (2)
Las clases se agolparon, por lo que la cosa iba de mal en peor. Harry, Ron, Hermione, Dil y todos los estudiantes de séptimo se preparaban con sus mejores herramientas para superar con la mejor calificación posible los ÉXTASIS. Por ello, volvieron a presentarse conflictos entre Ginny y Harry, e inclusive entre Ron y Hermione, más por impaciencia de ellos que por apoyo de ellas, aromatizado por el cúmulo de adrenalina que se iba presentando en cada uno de ellos.
Una tarde, luego de una particularmente difícil clase de Defensa contra las Artes Oscuras, donde Krum había hecho que los estudiantes intentaran leer la mente de su compañero, mientras éste se resistía, algo que Harry dominaba bastante bien, a pesar de sus terribles clases secretas de Oclumancia en quinto año, y que había generado un montón de situaciones embarazosas en la clase, como que se develaran deseos ocultos, algunos secretos muy personales y ciertos traumas; Harry, Ron, Hermione, Dil y Ginny, quien a su vez había tenido una clase bastante difícil de Pociones, regresaban a la Sala Común, luego de cenar en silencio, cuando estalló la polémica:
—Hermione —comentó Ron, mientras la veía con mucha preocupación—. ¿Por qué nunca me dijiste que Krum había vuelto a hablar contigo, luego de Navidad?
—¿Y se puede saber cómo lo supiste? —replicó, furiosa.
—Cuando estábamos haciendo la legeremancia, me enteré de eso… —respondió Ron, irritado, para luego volver a preguntar—. ¿Entonces no me lo ibas a contar?
—Sí, amor —intentó defenderse Hermione, viendo la ira en el rostro de Ron, lo que la hizo preocuparse—. Te lo iba a contar, pero sabes que las clases y los estudios para los ÉXTASIS no nos han dejado conversar.
—¿Y se puede saber que le dijiste al "profesor" Krum? —preguntó nuevamente Ron, siendo sarcástico al llamarlo "profesor".
—Le dije que yo ya estaba comprometida contigo, que te amo y que me voy a casar contigo, no me importa que tanto insistiera, que entendiera que mi vida está solo para ti… —le dijo entre lágrimas de molestia, lo que hizo decirle a Ron:
—Mione, lo siento —buscó abrazarla, pero ella se apartó—. De verdad, amor, lo siento… Yo también te amo, pero me molestó ver que no me lo contaras…
—¡Confianza, Ronald Weasley! —estalló Hermione, con los ojos llenos de lágrimas—. Eso es lo único que te pido, que confíes en mí, no quiero que te vuelvas a ir por desconfiar de mi, como en el Bosque de Dean… —se tiró a los brazos de Ron y lloró amargamente. Ahí Harry comentó, en tono sombrío:
—No es que quisiera ser curioso, Ron, pero ¿tú llegaste a creer realmente que Hermione y yo tuvimos algo mientras estábamos buscando los horrocruxes? ¿O fue sólo la influencia del guardapelo de Slytherin? —esto hizo que Hermione se incorporara, y mirara a Ron con ira contenida. Ron, dadas las circunstancias, sólo atinó a decir:
—Emmmm… sí, llegué a pensarlo, pero fue la influencia del guardapelo… discúlpame, Mione, y tú también, Harry, hermano…
—Por mí no hay problema, no sé que dirá Hermione…
—Yo también te disculpo, amor.
—Wow —sólo atinó a decir Ginny—. Como que el profesor Krum les exprimió la mente, ¿no?
—Sí, Ginny… —respondió Harry, quien luego se dirigió a Dil—: Dil, disculpa, pero logré ver en tu mente a alguien que te protegía a ti de niña y a una señora de un ataque, ¿quién era esa persona?
—¡Harry! —exclamó Ginny, sorprendida, pero Dil, en silencio, le hizo señas para que la escucharan.
—Era mi papá… —comenzó a decir, con lágrimas corriendo lentamente por su rostro. Dil solía acordarse mucho de él, Dhissem Sadjib—. Había sido el custodio del Corazón de Shivá, un enorme cristal, de poder tan destructor como protector.
—Por eso mencionas tanto "por Shivá, el terrible", ¿no? —preguntó Ron, luego que Harry mencionara la contraseña y entraran a la sala común.
—Sí, recuerda mi ascendencia… —confirmó Dil, suspirando—. El Corazón de Shivá… Un día, unos hombres encapuchados, y vestidos de negro habían asaltado la casa. Mi padre nos había protegido detrás del cristal y de sí mismo. Ahí nos refugiamos de los continuos Avada Kedavra que los encapuchados nos estaban lanzando. El cristal vibraba… no aguantó mucho más: se quebró en miles de fragmentos, y al mismo tiempo, hirieron de muerte a mi papá. Los encapuchados recogieron los trozos más grandes y desaparecieron. Nosotras caímos desmayadas, y ellos creyeron que estábamos muertas. Por eso nos salvamos. Yo tendría como seis o siete años, y nunca he dejado de pensar en mi papá…(3) —terminó su relato sumida en un llanto silencioso, pero sumamente sentido.
—Cuánto lo siento, Dil, no quise ser curioso ni grosero… —dijo Harry, mientras colocaba su mano sobre el hombro de su nueva amiga. Ésta se volteó y, mirándolo directamente a los ojos, le dijo:
—Está bien, pero como se los pedí cuando nos conocimos, permitan que yo comente esto a quien yo considere que lo merece, ¿sí?
Todos asintieron en silencio, mirándose hasta que Harry comentó:
—No sé ustedes, pero yo estoy demasiado cansado para hacer la tarea de Transformaciones, creo que la podemos hacer mañana… Estas experiencias de explorar la mente ajena y evitar que le exploren la propia agotan…
—Estoy de acuerdo —ratificó Ron, volteándose a ver a Hermione y Dil—. ¿Qué dicen ustedes?
—Sí, vamos a dormir, yo tampoco tengo cabeza, y también tenemos que hacer otra traducción de runas antiguas —dijo Hermione, aún con el rostro bañado en lágrimas. Dil y Ginny sólo asintieron en silencio, por lo que después de breves besos y largos abrazos, se fueron a sus respectivas habitaciones.
Al siguiente día, ya repuestos del "varapalo" provocado por Defensa contra las Artes Oscuras, el profesor Flitwick les anunció un nuevo tipo de encantamiento: "El Hechizo de los Tres Poderes", pero le costaba atraer la atención de los estudiantes de séptimo, especialmente de los Gryffindor, quienes hablaban en susurros sobre el juego final de quidditch y de los "atentados" contra Harry.
—Agrúpense de tres en tres —indicó Flitwick, pasándole unos enormes frascos transparentes—. Apunten con la varita a los frascos y pronuncien el siguiente hechizo: ¡Triptium!
De la varita del Profesor Flitwick salieron unas cuantas chispas, pero nada más sucedió. Los alumnos se quedaron decepcionados.
—Vamos, chicos —repuso el profesor—. ¿Por qué creen que se llama Hechizo de los Tres Poderes? Yo solo no puedo, ahora bien, si la Srta. Granger y alguien más me acompañaran…
—¿Para qué sirve, profesor?
—Thomas, creo que no estabas prestando atención, ¿verdad?
—En realidad, no. Nadie —murmuró Seamus por lo bajo.
—Lo dije al inicio de la clase. —dijo el Profesor Flitwick, entornando los ojos—. Es un hechizo muy difícil, recuerden que este año tienen los ÉXTASIS y que deberán esforzarse más que nunca, y…
—Eh, bueno. ¿Pero para qué sirve? —interrumpió Dean.
El profesor se sentó en el escritorio, apoyó la cabeza entre las manos y se le oyó murmurar "¿Por qué, por las barbas de Merlín? Estos muchachos… no prestan atención a nada…"
—Profesor, ¿Qué era lo que teníamos que hacer? —preguntó Hermione.
—¡Ah, sí! Acércate tú y… Potter, tú también.
Harry se levantó de la mesa, extrañado. Flitwick le indicó por señas que se acercara.
—Ahora chicos, apunten con la varita hacia el tarro. A la cuenta de tres. Uno… dos… tres… ¡Triptium!
El tarro se llenó con una sustancia extraña, entre liquida y gaseosa, que se arremolinaba dentro, cambiando de rojo-dorado a azul-transparentoso o a totalmente plateado. Flitwick se apresuró a cerrarlo y luego se dirigió a Dean.
—Si te interesa, Thomas, puedes encerrar tres poderes de la naturaleza en el frasco, como antes lo hicieran los Anillos Élficos, que ya no existen en el mundo. Estos son: Agua, aire y fuego. Cada uno de los tres magos que realicen el conjuro, deberá elegir uno de los elementos y podrá manejarlo a voluntad. Aunque, claro, deben ser magos muy poderosos. De lo contrario, no le obedecerán y terminarán escapando aunque hayan logrado encerrarlos en el frasco.
Los chicos salieron de la clase bastante animados, todos comentaban la clase e interpretaban de manera diferente las palabras del profesor:
—¿Hasta dónde llegará el control sobre el elemento?
—Obviamente, Ron, se refería a que… sabes, no lo sé. Puede tener muchas interpretaciones… —dijo Hermione, pensativa.
—Hermione Granger, ¿te sientes bien? Porque para que no sepas algo… —le dijo Ron riendo. Hermione se rió también, pero luego se quedó pensativa.
—¿Qué serán los Anillos Élficos? Voy a tener que…
—Ir a la biblioteca —completaron a coro Harry y Ron, riéndose a mandíbula batiente, y dejando a Dil extrañada y a Hermione sonrojándose de la rabia.
—¿Cómo es eso? ¿La biblioteca?
—Claro —dijo Ron, tratando de frenar sus carcajadas—. Cuando a Hermione le asalta una duda, corre a la biblioteca, ¿verdad, amor…? —pero, al ver el rostro contraído de ésta, cerró rápidamente la boca.
—Sí —respondió, señalando a un tiempo a Ron y Harry—, cosa que ustedes deberían hacer cuando tengan… ¡Cuidado, Harry! —gritó al ver como una de las armaduras, con la espada alzada, lo atacaba por la espalda.
Harry, al voltear y ver el sorpresivo ataque, sólo atinó a saltar hacia un lado, esquivando por muy poco el mandoble, pero chocando de lleno contra la pared de piedra, lo que le hizo trastabillar y caer, quedando a merced de la armadura encantada, la cual intentó partirlo a la mitad con un terrible golpe, que falló cuando Harry se movió hacia un lado, para caer rodando por las escaleras, impulsado por el peso de su bolso, el cual no había tenido oportunidad de soltar.
Mientras Ron y Hermione corrían para intentar ayudar a Harry, quien se había detenido en un rellano de las escaleras, quejándose de un fuerte dolor en el hombro; Dil, quien ya había anulado el encantamiento de la armadura, miraba rápidamente a todos lados, buscando al posible culpable.
—Harry, ¿estás bien? —gritó Hermione varios escalones antes de llegar al caído.
—Realmente no —respondió entre quejas, intentándose levantar—. No puedo afincar el pie, y creo que me partí el hombro. Además me duele demasiado la cabeza.
—¿La cicatriz? —preguntó Ron, ya intentando ayudarlo.
—No sólo la cicatriz, creo que cuando me vine por las escaleras me di varios golpes… No aguanto… —en ese momento se desvaneció, provocando un grito de terror de Hermione, y la rápida acción de Dil, quien ya había llegado a su lado:
—Ven, vamos a ayudarlo. Ron, agarra su bolso. Levicorpus. Vamos rápido a la enfermería. Hermione, avísale a la profesora Polly, o no se…
—¿Qué pasó, señorita Sadjib? —preguntó, como salida de un cuadro, la profesora McGonagall. Hermione le explicó rápidamente lo que sucedió, mientras corrían a la enfermería, donde Madame Pomfrey recibió a Harry, haciendo que los demás esperaran afuera.
De pronto, un grito les hizo voltear. Ginny venía corriendo, con los ojos arrasados de llanto, y si no es atrapada por Ron en un abrazo protector, hubiera corrido a tumbar la puerta de la enfermería.
—Ron, déjame —le gritó, golpeándole e intentando soltarse, lo que sorprendió a todos—. ¿Qué le pasó? Los vi justo cuando venían corriendo, y quiero verlo… ¡Déjame!
—Tranquila, Ginny, ya lo vamos a ver, espera que Madame Pomfrey haga su labor.
—No puedo, Ron, lo vi muy mal, le pasó algo muy malo, y no me quieres decir, ¿verdad?
—No, Ginny, se llevó un fuerte golpe, y creo que se fracturó algún hueso, pero nada que Madame Pomfrey no pueda arreglar —intentó calmarla Hermione, aunque poco convencida, por la forma en que la usualmente inconmovible Ginny estaba actuando en ese instante.
—No me mientan, Harry no está bien, yo lo presiento, Harry está mal… —y volvió a hundir su rostro en el pecho de su hermano, llorando silenciosamente. En ese momento, Madame Pomfrey y la profesora McGonagall salieron, y al ver la situación, que mostraba no sólo a Ron abrazando a Ginny, sino a Dil y Hermione tomadas de las manos, angustiadas, y detrás a un buen grupo de Gryffindors, y estudiantes de otras casas, con cara de preocupación; provocó que la directora dijera:
—Tranquilos, Potter está consciente, pero necesitará descansar, tuvo varios golpes fuertes, creo que una ligera conmoción, y fracturas en la clavícula y el tobillo, ¿no, Poppy?
—Sí, Minerva —ratificó la enfermera, mirando desaprobatoriamente al grupo—. Voy a permitir que pasen en grupos de tres personas, sin hacer escándalos, señorita Weasley, y sólo cinco minutos por grupo, ¿entendido?
—Sí, madame Pomfrey, y discúlpeme —asintió Ginny, sonrojada y secándose el rostro.
—Sabemos que se preocupa por él, señorita Weasley, pero también debe saber que éstos son los riesgos de ser mago, como supondrá —le dijo, en tono de consejo, la profesora McGonagall.
—Sí, directora, pero es que esta vez fue serio, y me preocupé…
—Sí, profesora —ratificó Hermione, acercándose a las profesoras—. Tuvo que ser un encantamiento muy poderoso para que una armadura desconociera a un estudiante y lo atacase, ¿no?
—Bueno, ese es otro tema para revisar… Me preocupa que la seguridad del castillo esté en riesgo, ya son dos ataques a Potter dentro del castillo —analizó la profesora McGonagall, haciendo énfasis en las tres últimas palabras—. Voy a convocar a una reunión urgente con los jefes de casa. Los que no vayan a visitar a Potter, vayan a su sala común. Sugiero —le dijo a Madame Pomfrey—, que alguien se quede con Potter esta noche, y una poción tranquilizadora para la señorita Weasley, la noto muy angustiada todavía. ¡Vamos!
La mayoría de los estudiantes se retiraron, quedándose Ron, Hermione, Ginny, Dil, Neville, Hannah, Parvati y Lavender, por lo que los tres primeros entraron; Ginny reinició el llanto cuando vio a Harry con el brazo derecho en cabestrillo, el pie izquierdo entablillado y una venda en la cabeza. Éste, al verla llorando, le dijo:
—Tranquila, amor, ya pasó, fue un accidente, mañana estaré de nuevo en la lucha.
—No, Harry —le comentó Hermione, mientras Ron la abrazaba, y Ginny, llorando, se sentaba al lado de la camilla—, sabes que no fue un accidente, esa armadura estaba encantada para que te atacara, nos ignoró a nosotros y te atacó directamente a ti.
—Pero, ¿quién pudo haberla encantado?
—Buena pregunta —terció Ron—, tiene que haber sido un mago muy poderoso, porque esas armaduras saben quién es alumno y quien no; de hecho, McGonagall está muy preocupada.
—Y tú, ¿cómo te sientes? —preguntó Ginny, con la voz congestionada por el llanto.
—Como si me hubiera peleado con el "Sauce Boxeador", no entiendo cómo me caí por esas escaleras… Me golpeé como seis veces en la cabeza, por eso cuando Ron me habló, y le respondí, sentí como que hubiera tenido la cabeza metida en la campana del colegio… Pero del dolor de cabeza ya estoy mejor —aclaró al ver la cara de Hermione.
—La profesora McGonagall autorizó para que alguien se quede contigo… —comentó Ron, lo que hizo que Ginny exclamara:
—¡Yo! ¡Yo me voy a quedar con Harry!
—Sí, está bien, pero no grites —le dijo Harry, intentando agarrarla con su mano libre—. Aunque estoy mejor, todavía me duele la cabeza.
—Ay, amor, lo siento —dijo Ginny, al momento que Madame Pomfrey entraba con dos tazas, una de una poción para Harry, y otra de chocolate para Ginny.
—Bueno, jóvenes, ya están terminando sus cinco minutos. Toma, Potter, tómate esto, te ayudará a reparar los huesos rotos, y a aliviar el dolor —acercándole la taza de poción, mientras Ginny y Ron lo ayudaban a incorporarse—. Y usted, señorita Weasley, tómese esto, el chocolate caliente alivia los dolores del alma y el corazón. ¿Ya decidieron quien se queda con Potter?
—Sí —respondió Hermione—. Se va a quedar Ginny, es su prometida.
—Mmm, ya entiendo —expresó sombríamente Madame Pomfrey—. Muy bien, creo que hay otros visitantes que quieren verte, Potter.
—Nos vemos mañana, hermano —le dijo Ron, haciendo un gesto con la mano.
—Traten de descansar –les dijo Hermione, lanzándole a ambos un beso.
Luego de entrar Dil, Neville y Hannah, y luego Parvati, Lavender y Seamus (aún con la cara chamuscada luego de que tuviera problemas para controlar el Hechizo de los Tres Poderes), se asomó Hagrid, quien de por sí ocupa el espacio de tres personas, permaneciendo más de diez minutos, hasta que Madame Pomfrey le pidiera que saliera para que Harry, y Ginny a su lado, intentaran descansar.
Mientras Harry intentaba conciliar el sueño, sintiendo cómo Ginny retenía su mano libre, reflexionaba sobre las múltiples veces que había estado en la enfermería, como paciente o como visitante, y sobre todo, las visitas que se habían multiplicado en este año escolar.
Luego de dos días, en los que Ginny no quiso despegarse de su lado, Harry salió de la enfermería, aún con un leve dolor de cabeza, producto de la fuerte conmoción al caer por las escaleras. Lógicamente, se les habían acumulado tareas y horas de estudio, que intentarían recuperar esa misma noche, luego de una dura clase de Pociones, en la cual Slughorn probó a los estudiantes de séptimo, al develar dramáticamente una lista de instrucciones que anotó en la pizarra y preguntar a la clase:
—¿Qué poción se hace con estos materiales? No espero que alguien lo sepa, así que al finalizar la clase, la probaremos… —Dil, que en esta clase trabajaba con Hermione, había estado mirando detenidamente el pizarrón. Y levantó la mano. Slughorn, sorprendido, le preguntó—: ¿Si, señorita Sadjib?
—Esa poción se llama Edeaveda. La medicina Ayurveda era famosa en la India. Esta poción en pequeñas dosis, y diluida, cura los efectos físicos de la maldición Cruciatus. Pero en una dosis más concentrada y alta, se utiliza para dar una muerte lenta; tan dolorosa o más que la misma maldición.
—¡Excelente! ¡Maravilloso! —exclamó contento Slughorn—. ¡Tienes toda la razón! Lo que faltaba mencionar es que a partir de hoy comenzaremos a trabajar con pociones que llamaríamos "extranjeras", y ésta es una de las más complicadas. ¡Cinco puntos para Gryffindor! Comiencen a trabajar en parejas, ¡Vamos!
—Era mi orgullo el que estaba en juego —le comentó Dil a Hermione, Harry y Ron, quienes trabajaban al lado—. Ustedes saben que yo era la mejor de Humstall en Pociones, y esa poción la hacía mi mamá en la casa… De hecho, se mucho de pociones por mi familia.
—Vaya, pero esa poción es bien enredada, parece una multijugos para hacer en dos horas —comentó Ron, quien ya comenzaba a sudar copiosamente.
—¿Esa no sería la poción que me dio Madame Pomfrey cuando me caí? —preguntó Harry, al ver los ingredientes—. Tiene menta y sándalo, y juraría que percibí esos sabores y aromas cuando me tomé la poción el miércoles.
—Es probable —meditó Dil—. Recuerda que la Cruciatus deja como secuela daños cerebrales, como cuando te golpeas el cráneo.
Dicho esto, se concentraron en preparar la poción, la que el dúo de Hermione y Dil lograron en una hora, ganando otros diez puntos para Gryffindor. Luego, Slughorn le pidió a Dil que lo ayudara a evaluar los calderos de las demás parejas. Harry y Ron no estaban muy alejados del resultado final deseado, mientras que Neville y Seamus, por primera vez, lograban un aceptable acercamiento a la poción sin derramar el contenido del caldero o hacerlo explotar, lo que les dio cinco puntos extra. Cuando Dil se acercó al caldero de Franz Sellers y Gregory Goyle, el cual emitía un apestoso olor a caucho quemado, su ex compañero de Humstall le dijo en susurros:
—Que bajo has caído, ahora de cortesana del "caracortada" y la sangre sucia; pensaba que tenías más orgullo, pero que va…
—No voy a soportar que me trates así, miserable —le respondió Dil, conteniendo la ira, y cuidando que el profesor estuviera alejado—. Ya veré cómo quedan ustedes cuando les aplastemos en el quidditch. Ahora —levantando la voz, para llamar la atención al profesor Slughorn—, respecto a esta poción, no la probaría ni en mi peor enemigo —y volviendo al susurro—, es decir, en ti… La que usaría gustosa es la veritaserum.
—Uy, que susto —le respondió Franz sarcásticamente, aún en susurros—, me tendré que cuidar de tu tirria por el resto de mi vida, inmigrante.
Dil suspiró fuerte, miró a Franz de forma asesina, y se alejó para seguir supervisando el trabajo de los estudiantes durante unos cinco minutos más, hasta que la campana señaló el final de la clase.
Al salir, Harry notó que Dil temblaba de ira, lo que le llevó a decirle, aunque sonara como una idea para todos:
—¿Qué les parece si damos un paseo antes de sentarnos a trabajar con esa tarea de Krum? Creo que la clase de pociones estuvo explosiva, que poción, ¡mi madre!
—Vamos —dijo Ron, que había hecho señas a Ginny, quien venía de los invernaderos, para que se acercara. Luego de saludarlos, le preguntó a Harry, después de besarlo:
—¿Cómo te sientes?
—Bien, aunque agotado… La clase de pociones de hoy fue dura…
—Sí, ¿y ustedes? ¿qué tal?
—Preferiría no comentar —respondió Dil, aún molesta—. Pero sé que el miserable de Sellers se va a delatar en cualquier momento, lo sé.
—Ay, Dil —le dijo Hermione, tratando de calmarla—. Déjalo quieto, que esas cucarachas miserables como Sellers y el resto de Slytherin no merecen que perdamos el tiempo en ellos…
—Es verdad —dijo Harry, tomando de la mano a Ginny—. Debemos enfocarnos en nosotros, ellos que se las arreglen. Tú lo dijiste la otra vez, como no es el foco de atención, quiere serlo, y para eso te va a estar fastidiando la existencia.
—Sí —ratificó Ron, quien miró el reloj principal del castillo, junto con los relojes de arena que contaban los puntos de cada casa—. Slytherin nos aventaja por 120 puntos. Habrá que ver cómo está el conteo antes del juego contra ellos, para saber por cuanto necesitamos ganar.
—Esos no van a poder con nosotros, vas a ver —dijo Dil, aún resoplando, lo que le indicó a Harry que no había funcionado la idea de caminar. Regresaron al castillo, cenaron y se dispusieron a estudiar los contenidos de los ÉXTASIS.
Hermione seguía dándoles la lata con el estudio, de forma aún más intensiva. Hostigaba sobre todo a Dil, por ser la nueva en el grupo. Aceptó que estudiaran afuera durante el fin de semana; luego de almorzar habían sacado un montón de libros de la biblioteca, lo que aprovecharon hasta el lunes en la noche. Inclusive los días en que no había práctica de quidditch eran aprovechados por Hermione para mantener al grupo inmerso en sus apuntes, y los días de práctica, apenas llegaban a la Sala Común, los esperaban al menos dos horas de estudio.
Notas al pie:
(1) Iron Maiden: "The Final Frontier" (álbum editado en 2010) © Iron Maiden Holdings
(2) Iron Maiden (Blaze Bayley, Janick Gers): "Man on the Edge", editado en el álbum "The X Factor", de 1995 © Iron Maiden Holdings. Disponible en: watch?v=cYPWPkeQqeY
(3) Eventos que narro en mi primer acercamiento a la "Magia de la India", El Corazón de un Guerrero, que tuve el gusto de presentar en el reto "Más Allá del Reino Unido" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black", entre febrero y marzo de 2014, inspirado en este personaje original de Daniela Lynx, y al cual, como siempre digo, espero haberle hecho justicia.
Buenas tardes desde San Diego, Venezuela! Un capítulo en el cual sí hay cambios relativamente importantes, y están relacionados al conjunto de situaciones que se narran; especialmente porque en éste capítulo menciono los hechos que narro en uno de mis relatos más queridos, mi acercamiento al mundo mágico y sociocultural hindú. Saludos a todos quienes están leyendo este relato, lo comentan, lo siguen o lo tienen marcado como favorito... Salud y saludos!
