Harry Potter y la Frontera Final (1)

(2da. Edición)

Por edwinguerrave

Copyright © J.K. Rowling, 1999-2008

El Copyright y la Marca Registrada del nombre y del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como de todos los símbolos y elementos relacionados, para su adaptación cinematográfica, son propiedad de Warner Bros, 2000

Algunos capítulos incluyen extractos de los "fan fic" 'Harry Potter y la Orden del Fénix', © "Daniela Linx", y 'Harry Potter y el Círculo Secreto', © "jesterdead".


Capítulo 29:

El cielo puede esperar (2)

Ginny, cuando bajó de su habitación, notó extrañada que Harry, Dil y Hermione estaban sentados frente a la chimenea, conversando relativamente animados, aunque aún en pijamas.

—¿Y qué pasó aquí? —preguntó entre preocupada y molesta, con los brazos en jarra.

—Ginny, amor —dijo Harry, acercándose a abrazarla—. Tuve una pesadilla y cuando bajé a la sala común, porque no pude volver a dormir, me encontré a Dil y Hermione conversando de un mal sueño de Dil, y notamos que son complementarios… Estábamos esperando para ir a hablar con la profesora McGonagall.

—Pero… —se quedó en una pieza—. ¿No que ya no tenías pesadillas?

—Se suponía —respondió Harry, mientras se acercaban a las chicas—. Pero entre las cosas que me han pasado y estudiar para los exámenes, había estado durmiendo sin soñar; anoche fue la primera noche en mucho tiempo que soñaba.

—¿Y qué soñaron? —preguntó Ginny. Dil se apresuró a contar su sueño, y Harry completó el relato contando el suyo, para que luego interviniera Hermione:

—Por eso estábamos esperando que amaneciera, para ir a hablar con la profesora McGonagall a la hora del desayuno.

—Pero no pretenderán ir así —comentó Ginny al verlos aún en pijamas, entre risas—, ¿o sí?

—Oh, no, ¡por supuesto que no! —se rió Dil, levantándose—. Vamos a asearnos y cambiarnos, ¡ya venimos!

Luego de asearse y cambiarse, se reunieron con Ginny y Ron, quien se había extrañado que su amigo no estuviera en su cama, y bajaron al Gran Comedor; a la entrada se encontraron con las profesoras McGonagall y Polly, quienes conversaban con Neville sobre la posibilidad de ser nombrado Jefe de la Casa Gryffindor al incorporarse el próximo año como profesor a tiempo completo.

—Neville, no tengas miedo, tu tienes la pasta para ser Jefe de Casa —le decía la profesora Polly, colocándole la mano en el hombro.

—Recuerda que eres un verdadero Gryffindor —le ratificó la profesora McGonagall—, lograste invocar la espada en un momento de urgencia, y la espada vino a ti.

—Si, profesoras, pero igual no puedo dejar de pensar en lo torpe que soy por naturaleza —porfiaba Neville, a lo que la profesora McGonagall le respondió:

—Sí, Longbottom, eso lo sabemos, pero como profesor te vas a encargar de una sola materia, que es la que dominas excepcionalmente… Lo de la Casa es algo administrativo, y creo que vas a contar con mucho apoyo de la profesora Polly y mío propio. Ahora anda a desayunar —le dijo al ver al grupo de Harry, Ginny, Ron, Hermione y Dil—, porque creo no equivocarme si supongo que Potter y sus amigos quieren hablar con nosotras.

Neville se alejó, y Harry y los demás se acercaron, preguntando si podrían conversar en privado. McGonagall se extrañó, pero los invitó a acompañarlas a la dirección. Cuando entraron, Harry notó que muchos de los artilugios y máquinas que poseía el antiguo propietario de la oficina, el profesor Dumbledore, habían sido sustituidos por jaulas con diversos animales, tanto comunes como mágicos, y montones de libros adicionales. Fawkes, el fénix, aún permanecía en su percha.

—Muy bien —dijo la profesora McGonagall luego de acercar con un movimiento de su varita un grupo de sillas para que los chicos y la profesora Polly se sentaran, y ella misma tomar asiento en la butaca del director—. Espero que tengan una muy buena razón para hacer retrasar mi desayuno y el de la profesora Polly.

—Yo creo que es muy buena razón, profesora… —inició hablando Harry. Luego que él contara su sueño, y Dil contara el suyo, la profesora McGonagall, quien había escuchado atentamente los relatos, indicó a la profesora Polly:

—Laura, necesitaré que los demás jefes de casa se reúnan conmigo lo antes posible, y también el joven Longbottom; si va a ser el jefe de Gryffindor, debe aprender a manejar situaciones como estas. Voy a comunicarme con el Ministerio de Magia; Kingsley Shacklebolt debe conocer esto. Desayunaremos aquí.

Con un movimiento de varita acercó una mesa auxiliar al centro del corro formado por los chicos y el asiento desocupado por la profesora Polly, e invocó una buena cantidad de comida, jarras de jugo, té y café, y sugirió (aunque parecía una orden) al grupo que desayunaran. Luego, se inclinó a escribir una nota, la cual entregó a Fawkes, quien desapareció envuelto en llamas. Como Harry se extrañó, le dijo:

—Es mucho más rápido con él que con una lechuza, y en unos segundos debe venir la respuesta.

Al terminar de decir esto, se sentó con los chicos a desayunar, pero apenas tomó un sorbo de café, cuando simultáneamente reapareció Fawkes por la ventana de la oficina, y un poderoso swoosh, proveniente de la chimenea, le indicó a todos que Kingsley, en persona, se había transportado desde su oficina mediante polvos Flú.

—Profesora McGonagall, chicos —saludó con su característica voz de barítono—, me acaba de informar que es posible que un grupo de mortífagos estén planeando atacar el colegio nuevamente.

—Sí, señor Ministro —le respondió la profesora McGonagall al tiempo que la puerta del despacho se abría, permitiendo el paso de los profesores Polly, Flitwick, Slughorn y Sprout, además de Neville, más pálido de lo normal, y Hagrid—. Ya que están todos aquí, me gustaría que escuchen los relatos del señor Potter y la señorita Sadjib. Tú también, Longbottom, necesitas acostumbrarte a estas situaciones —le dijo al verlo preocupado.

Harry y Dil, por cuarta vez, contaron sus sueños, lo que hizo que algunos de los presentes efectuaran ruidos de exclamación, entre ellos Neville y Slughorn. Al terminar, la profesora McGonagall le preguntó directamente a Kingsley:

—Señor Ministro, ¿no habían logrado anular a todos los mortífagos?

—Al menos habíamos logrado reducir a muchos de ellos, porque murieran en combate o al atraparlos, pero siempre se escaparon algunos, especialmente los que no teníamos ubicados y de los grupos que atacaron los otros colegios. Lo que me extraña es ¿cómo ese grupo está dentro de los límites mágicos de Hogwarts, y no había sido detectado?

—Buena pregunta, señor Ministro —respondió McGonagall, con rostro de preocupación—. Apenas se concluyeron las reparaciones del castillo, se aplicaron los encantamientos protectores usuales, e incluso se reforzaron, ¿verdad, Filius?

—Por supuesto, Directora —aseguró el profesor Flitwick, hinchando el pecho—. Yo mismo me encargué de reforzar las medidas mágicas de protección.

—Entonces, no debe haber duda que ese grupo agresor está aquí desde septiembre —reflexionó Kingsley—. Lo que me lleva a pensar que probablemente está siendo ayudado desde el castillo… Consciente o inconscientemente —agregó luego de oír varios bufidos de rechazo—, de acuerdo a lo que entiendo del sueño de la señorita Sadjib.

—Pero entonces —preguntó, con su practicidad característica, la profesora Sprout—, ¿por qué esperar tanto para intentar incursionar en el castillo?

—Quizás —reflexionó el profesor Slughorn—, porque esperan contar con suficiente fuerza dentro del castillo, dominando con la maldición Imperius a todos los que puedan.

—El detalle sería saber cómo lo lograrían —intervino Harry, reflexionando lo conversado—, tendrían que tener alguna forma que el Imperius llegue a alguien dentro del castillo sin que ellos sean vistos.

—Es posible…, pero no creo que ellos lo tengan… —meditó Kingsley, lo que hizo que todos en el despacho lo vieran interesados. Al notar el cúmulo de miradas, continuó—. Nos llegaron reportes al Ministerio de un material novedosísimo, capaz de potenciar las capacidades mágicas de alguien, que había sido descubierto en la India hará cuestión de unos diez u once años; pero, insisto, su uso está muy restringido por el ministerio hindú, y al Ministerio de Magia ingles sólo llegaron tres muestras, una está en el despacho del Ministro, una en el Departamento de Misterios y otra en la Oficina de Aurores, y personalmente sé que las tres muestras se encuentran en sus respectivos lugares, pues lo verifiqué al asumir el cargo.

—Y, ¿qué material es ese, del cual nunca habíamos oído hablar? —preguntó, ceñudo, el profesor Flitwick.

—Lo llaman "Ojo de Dragón", —respondió, calmado, Kingsley—, y es un tipo de cristal muy raro, es capaz de potenciar enormemente el poder de un mago, permitiéndole cruzar barreras mágicas, o asumir la fisonomía de otro mago como si tomara poción multijugos.

—Por eso vi a Sellers ese día en el pasillo de las mazmorras —recordó Dil—, y luego no lo pude ver en el pasillo de la armadura. Señor Ministro, ¿ese cristal permitiría al mago ocultarse, o desaparecer?

—Sí, señorita Sadjib, puede permitirle hacerse el encantamiento desilusionador, que como sabrá, un mago no se lo puede aplicar a sí mismo. ¿Puedo preguntarle por qué piensa eso?

—Porque creo que es posible que quien porte ese cristal esté detrás de los ataques a Harry. Nadie vio quien tumbó la pared de los vestuarios, ¿verdad? —los muchachos asintieron—. ¿Nadie vio quien lanzó la bola de fuego hacia los vestidores? —nueva señal afirmativa—. Yo no pude ver por donde se metió Sellers cuando el armario casi los aplasta, y nadie vio quien encantó la armadura, que como saben, es muy complicada de encantar.

—Eso es cierto, señorita Sadjib, sólo un mago muy calificado puede encantar a esas armaduras —ratificó McGonagall, para luego comentarle a Kingsley—. Señor Ministro, el colegio le brindará todo el apoyo que requieran para atrapar a esos facinerosos.

Todos se sorprendieron por la expresión usada por la profesora McGonagall, pero Kingsley le indicó:

—Muy bien, profesora, me gustaría establecer una sala situacional en el colegio, y traer un equipo de aurores para que reduzcan a esos mortífagos. Necesitaremos el apoyo de los profesores que deseen apoyarnos.

—Nos gustaría ayudar —dijo Harry, siendo secundado por los demás chicos, incluyendo a Neville—, yo sé donde están, Dil sabe cuántos son y que están planeando, y creo que podremos ser útiles.

—Potter, veo que estás ansioso de comenzar tu carrera como auror —le dijo la profesora McGonagall, con un brillo de alegría en los ojos—. Creo que a ninguno de los alumnos presentes les puedo obligar a no postularse, todos son ya mayores de edad, y sé, sin despreciar a la señorita Sadjib, que son excelentes duelistas, Potter hizo un excelente trabajo en quinto con muchos de ellos.

—Gracias, profesora —dijo Harry, sonrojándose, mientras Ginny tomaba su mano.

—Si me permiten —indicó Kingsley—, me gustaría regresar al Ministerio y organizar la partida de aurores que vendremos a reducir a esos mortífagos antes de que causen problemas. Directora, le sugiero minimice la salida de los estudiantes del castillo, al menos hasta que solventemos esta situación. Estaré avisándole cuando estemos listos. Con permiso —y con un leve movimiento de cabeza, caminó a la chimenea, donde luego de invocar los polvos flú, se dirigió al Ministerio. Harry se quedó pensando en lo que había dicho Kingsley, lo que le ratificó la profesora McGonagall:

—Bueno, ya lo oyeron, y yo estoy de acuerdo, tendremos que suspender las prácticas de quidditch… Yo se que te molesta, Potter —le dijo directamente a Harry al verlo suspirar fuertemente—, pero lo primero es garantizar que ningún loco con alguna piedra poderosa quiera causarte daño a ti o a alguien más, ¿sí?

—Esta bien, profesora, pero insisto en que queremos participar en la captura de esos mortífagos. No sé por qué creo que nos encontraremos con viejos conocidos.

—Bueno, creo que lo que debíamos discutir ha sido planteado. Recuerden que no pueden salir del castillo; no lo aseguraremos, pero colocaremos guardia doble en las puertas. Apenas el Ministro se comunique conmigo, los volveré a convocar. Señor Potter, me parece que le gustaría incorporar a su antiguo grupo a esta misión —le dijo a Harry, con una mirada brillante.

Al despedirse, y salir de la oficina de la directora, Hermione les dijo:

—Oye, es verdad lo que dice la profesora McGonagall, podemos convocar al "Ejército de Dumbledore", yo todavía tengo el galeón.

—Recuerda que algunos de los que estaban allí ya no están, como Fred y George, aunque a ese uno le dice y se viene con Angelina —comentó Ron, lo que Harry ratificó diciendo:

—Tienes razón, preferiría decirle a los que están aquí: Seamus, Dean, Luna, Hannah, Susan, Parvati, Lavender, Ernie, Justin, Dennis… No usemos los galeones, sólo vamos a ubicarlos y reunirnos con ellos, prefiero hablarlo en persona.

—Dil —preguntó Ginny, extrañada—, cuando nos contaste de tu padre, dijiste que los atacantes se llevaron los trozos más grandes de ese cristal, ¿cierto?

—Sí, del Corazón de Shivá.

—¿Crees que sean esos "Ojos de Dragón" de los que habló el Ministro?, ¿y uno de esos trozos esté acá en el bosque?

—Es probable —comentó sombríamente—, esos atacantes me parecieron muy similares a los que vi en el bosque, pero no sabría decirlo, eso fue hace tanto tiempo, yo tenía seis o siete años… Yo le voy a comentar a algunos de mis compañeros de Humstall, ya que sé como luchan y pueden ayudarnos.

—Me parece bien —aceptó Harry, ante el asentimiento general del grupo.

El resto del día estuvieron contactando a los demás integrantes del "Ejército de Dumbledore" que aún estaban en el colegio, mientras Dil le decía a Alex Scott, Paul Austen y Anne Woolvey, que sabía que habían luchado gallardamente antes de abandonar Humstall; así, al final de la tarde, ya el grupo de estudiantes interesados en capturar a los mortífagos estaba conformado por Harry, Ginny, Ron, Hermione, Neville, Hannah (algo nerviosa por la expectativa de volver a combatir, porque había jurado no volver a usar la varita para agredir a alguien), Seamus, Dean, Parvati, Lavender, Ernie, Susan, Justin, Dennis (quien había comentado que "lo hacía por su hermano"), Dil, Alex, Paul, Anne y Piotr Zabriski, quien estaba con ellos cuando Dil les comentó.

—Bueno, nos reuniremos mañana a la hora del almuerzo, para saber que vamos a hacer —dijo Harry a Hermione, Ron, Ginny y Dil, al entrar a la sala común, y luego comentó sombríamente—. Y yo que quería agarrar estas semanas para practicar, tenemos ese juego contra Slytherin.

—Ya habrá tiempo para ellos —le dijo Dil, colocando su mano en el hombro de Harry—. Primero la obligación y luego la diversión, ese es un lema que mi madre siempre usa.


Notas al pie:

(1) Iron Maiden: "The Final Frontier" (álbum editado en 2010) © Iron Maiden Holdings

(2) Iron Maiden (Steve Harris): "Heaven Can Wait", editado en el álbum "Somewhere in Time", de 1986 © Iron Maiden Holdings. Disponible en: watch?v=AArsTAAQnqE


Buenas noches desde San Diego, Venezuela! No me reclamen, porque no ha terminado el viernes en Venezuela, y por eso les traigo un nuevo capítulo, de los que, por cuestiones de reordenamiento cronológico, está cambiado respecto a la primera edición. Se preparan para una escaramuza que les será interesante leer... Por lo demás, me siento sumamente contento porque mis tutorados, dentro de todo, fueron exitosos, logrando tres Menciones Excelencia de un total de seis Trabajos de Grado tutorados en la Escuela de Idiomas Modernos, además de un aprobado adicional en Psicología (como asesor metodólogo y estadístico). Realmente orgulloso de esta camada de profesionales que conforman la llamada #PromoPornoUAM (por ser la 30ma promoción, la "XXX")... Éxitos y bendiciones!