Harry Potter y la Frontera Final (1)
(2da. Edición)
Por edwinguerrave
Copyright © J.K. Rowling, 1999-2008
El Copyright y la Marca Registrada del nombre y del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como de todos los símbolos y elementos relacionados, para su adaptación cinematográfica, son propiedad de Warner Bros, 2000
Algunos capítulos incluyen extractos de los "fan fic" 'Harry Potter y la Orden del Fénix', © "Daniela Linx", y 'Harry Potter y el Círculo Secreto', © "jesterdead".
Capítulo 31:
En mi hora más oscura (2)
Comenzaron a caminar, con Harry, Ron, Ginny y Hermione por delante; Harry intentaba recordar cuál fue el camino exacto por el cual entró al bosque, viendo los árboles, hasta que encontró un camino que le recordó el momento en que, musitando "Ha llegado mi fin", lograra abrir la primera snitch que capturó en Hogwarts, encontrando en ella la Piedra de la Resurrección.
—Por aquí —señaló, y comenzó a caminar con paso acelerado, obligando a los demás a apurar su ritmo. Apenas giraba la cabeza para ver que Ginny se mantenía junto a él, seguidos muy de cerca por Ron y Hermione. Unos diez minutos más tarde, llegaron a un área muy espesa, que Harry y Ron reconocieron como el sitio donde encontraron el viejo Ford Anglia del señor Weasley, convertido en un habitante más del bosque—. Atentos, estamos cerca. Sí, allá vienen unos centauros —dijo, señalando a dos de los centauros que se acercaban, y los saludó al reconocerlos—. Bane, Magorian, ¿Cómo están?
—Joven Potter, jóvenes, profesores —saludó Bane, con voz grave y molesta—. Ustedes también vienen a sacar a quienes profanan nuestro bosque, ¿no?
—Eso esperamos —respondió Harry—. Creo que estamos cerca, ¿verdad?
—Sí —afirmó Magorian—, ya algunos magos adultos están al otro lado del "claro de las arañas", donde se ocultan los enemigos de la luz.
—Muy bien, gracias por su apoyo —les dijo Harry a los centauros, para luego voltearse y decirle a sus compañeros—: distribúyanse en parejas, y vamos a crear una barrera para que no pasen, yo voy con…
—¡Conmigo! —saltó Ginny, acercándose.
—Ok, con Ginny —ratificó Harry, ante la risa de varios, incluyendo a Ron y Ernie—. Ron con Hermione, Neville con Hannah, Padma y Zacharias, Parvati y Lavender, no sé los demás, creo que ustedes se conocen mejor… Lo importante es que nos movamos, ya por ahí debe venir el ataque aéreo. Saben cuales son las posiciones que vamos a asumir, ¿no?
Efectivamente, en el momento que Harry dijo eso, vio el celaje de una escoba pasar sobre sus cabezas, y dedujo, por la larga cabellera negra trenzada, que era Dil.
—¡Vamos, rápido! —apuró Harry al grupo, que se dispersó rápidamente, y comenzó a moverse, acercándose al "claro de las arañas", una hondonada rodeada de telarañas quemadas o llenas de polvo. A lo lejos, Harry logró ver una cabeza con cabellera rojiza, lo que hizo que le dijera a Ginny—: Ya los demás están del otro lado, voy a entrar para crear la distracción, cúbreme, amor, confío en ti —para luego de un beso, acercarse al camino, entrando al claro de la misma forma en que lo hiciera casi un año atrás. En ese momento, vio hacia arriba, donde vio a Krum, Seamus, Dennis, Dil y Madame Hooch entre otros, volando en silencio sobre sus escobas, esperando.
Los mortífagos no los habían oído llegar, por lo que se sorprendieron cuando oyeron la poderosa voz de Harry hablarles:
—Hey, ¿ustedes no me estaban buscando? Ya estoy aquí.
En ese momento, cuando los mortífagos voltearon, y se dieron cuenta que estaban rodeados, intentaron atacar a Harry, comenzando una rápida refriega, en la cual Krum desmayó a dos mortífagos en rápida secuencia, y Dil fue derribada de la escoba. Harry y Ginny, al defenderse de un ataque, vieron como caía, pero no la vieron golpear el suelo, sino transformarse en una especie de felino, que rápidamente atacó a uno de los mortífagos más cercanos, quien intentaba aturdir a Fleur; en el momento que otro lanzaba el Avada Kedavra contra ese felino, éste se transparentó, asumiendo consistencia de sombra, por lo que la maldición asesina no dio de lleno contra él, pero hizo que Dil reapareciera desmayada.
—¡Cubran a Dil! —gritó Harry a Paul Austen y Piotr, quienes petrificaban al mortífago agresor, en el momento que una flecha zumbaba cerca de su cabeza y se clavaba en la pierna de otro mortífago. Algunos intentaron desaparecerse, pero el escuadrón aéreo los retenía en tierra, por lo que pronto fueron reducidos.
Dil se reincorporó en el preciso instante en que otro mortífago intentaba aturdirla, volviendo a asumir la forma de felino de sombras, por lo que el ataque no la afectó. Recuperó la consistencia física, saltó sobre ese mortífago, y de un zarpazo le quitó la máscara, desmayándolo del golpe. Harry quedó de una pieza al ver la cabellera rubia platinada.
—¡¿Draco Malfoy?! —pero no pudo decir más nada, pues debía protegerse de los diversos ataques que venían de un trío de mortífagos que salían de la cueva donde vivía Aragog, hasta que Seamus les lanzó una especie de bomba incendiaria, que provocó un pequeño incendio al frente de los atacantes, quienes, al descuidarse, fueron reducidos por Bill, el señor Arthur y Kingsley.
—¡Ríndanse, en nombre del Ministerio de Magia! —les gritó Kingsley, pero algunos mortífagos, que seguían luchando, se burlaron de él diciendo:
—Tendrás que matarnos si crees que te vamos a dar ese gusto.
Los mortífagos atrapados eran atados y entregados a los centauros, quienes los sacaban del claro, donde junto a Neville, Hannah, Parvati, Lavender, Padma, Zacharias y Susan, los custodiaban.
El final de la batalla llegó cuando una fuerte llamarada, de un hechizo incendiario lanzado por Seamus, salió desde la cueva de Aragog, espantando a unos cuatro o cinco mortífagos que se habían escondido allí. Al reunirse las fuerzas, vieron que todos estaban bien, salvo algunos raspones, contusiones, y que Dil estaba bastante débil, por lo que al llegar a donde estaba el grupo, cayó de rodillas, sosteniéndose el costado. Hermione, con una herida en el antebrazo izquierdo, se acercó rápidamente:
—Dil, ¿estás bien? ¿Qué te pasa?
—Que ya estoy vieja para estos chistes —comentó adolorida, pero sin perder su humor. Mientras tanto, Kingsley interrogaba a uno de los mortífagos:
—Callahan, vas a pasar mucho tiempo en Azkabán, así que no te va a importar decirnos si ustedes son todos los que estaban aquí.
—Pues como no me importa —le respondió, retador—, no te voy a decir nada, Ministro de juguete.
—Señor Ministro —se acercó Dean, con Susan y Luna, quien cojeaba seriamente—. Encontramos esto en el suelo, cerca de uno de los mortífagos —y le acercó un paquete, que Harry encontró ligeramente más pequeño que el que vio sacar a Hagrid de la cámara 713 de Gringotts antes de entrar en primer año.
Kingsley tomó el paquete, lo abrió y bufó, antes de comentarle a Harry y a los demás:
—Aquí está la causa de los problemas —y se volteó hacia el mortífago, mostrándole la piedra transparente—. Tú, ¿de dónde sacaron este Ojo de dragón?
—Ese no es tu problema, Ministro de pacotilla —insistió el mortífago, a lo que Kingsley, sin darle importancia, respondió a las miradas atentas de los aurores, profesores y estudiantes:
—Esta partida tenía un Ojo de Dragón, por eso lograron pasar las barreras mágicas sin verse afectados, y podían pasar inadvertidos. Esta pieza es de un tamaño tal que... Sí, puede transformar a alguien en otro por media hora, desilusionarlo por casi dos horas y potenciar un hechizo hasta más allá del castillo. Por eso pudieron atacarte tan fácilmente, desde aquí podían alcanzar el campo de quidditch. Bueno, a este grupo se les acabaron sus días de fechorías.
—Vamos —les indicó fieramente Krum a los mortífagos, mientras los profesores los rodeaban. Atrás, Dean ayudaba a Luna a moverse, pero debido al dolor que mostraba en su rostro, Harry sugirió:
—Que Dennis lleve a Luna en su escoba, para que no asiente mucho el pie, vayan directo a la enfermería. Hermione, ¿cómo estás tú?
—Bien, sólo fue un raspón que me di al caerme, nada grave.
—¿Dil?
—Ya estoy mejor –dijo ésta, mientras arrastraba su escoba, lo que hizo que Harry le pusiera mala cara, y le dijera—. Bueno, está bien, ayúdame a llevarla, estoy algo débil, y me duele el costado.
En ese instante, Harry fijó la vista en Malfoy, quien había permanecido callado. Éste, luego de verlo, bajó la mirada y comenzó a caminar, obligado por la profesora Polly, por lo que Harry no pudo decirle nada.
Caminaron hasta el castillo, de cuyos ventanales y balcones se asomaban los estudiantes, quienes al ver que los combatientes regresaban bastante enteros, salvo Luna, en la escoba de Dennis, Dil, ayudada por el señor Arthur, Susan, con cara de mareada, apoyada por Hannah y Neville, y tanto Hermione como Piotr con los brazos en cabestrillo, y con Parvati, Lavender, Padma y Zacharias escoltando a la partida de mortífagos detenidos; comenzaron a aplaudir y enviar chispas al aire del atardecer, como fuegos artificiales.
Al llegar al castillo, los heridos pasaron directamente al ala de enfermería, donde Madame Pomfrey, diligente, los atendió. Mientras tanto, el resto, junto con los capturados, entraron al Gran Comedor, donde ya la profesora McGonagall había habilitado la chimenea detrás de la mesa de Ravenclaw para que, mediante polvos flú, aurores y prisioneros se fueran al Ministerio donde inmediatamente serían juzgados. Antes de comenzar a irse, Kingsley notó que Harry estaba incómodo:
—Potter, ¿quieres decir algo?
—Sí —respondió, sombrío—. ¿Puedo hablar un momento con Malfoy hijo?
Draco abrió los ojos, pero no dijo nada. Ron, se acercó a Harry y le preguntó en susurros:
—¿Qué vas a hablar con esa rata inmunda? Vistes que casi aturde a Hermione, y trató de matar a Dil.
—Lo sé, Ron, sólo quiero preguntarle algo.
—Podemos darle unos minutos —indicó Kingsley—, mientras sacamos al resto de esta escoria del colegio. Yo me lo llevo personalmente, me imagino que estará disfrutando su regreso a Hogwarts.
Harry lo tomó por el brazo, ya que estaba atado, y se sentaron en un banco de la mesa de Gryffindor. Ahí le preguntó:
—¿Qué estabas haciendo ahí? ¿Tú crees que estaban jugando?
—Intentaba limpiar el honor de mi familia, Potter —le respondió desafiante, aunque con voz llorosa—. Quería vengar la deshonra que ha caído en los Malfoy.
—Y creías que terminando conmigo, Voldemort iba a regresar, ¿verdad? —insistió Harry, molesto—. Levanta tu rostro, tus ojos, y dime, ¿quién te crees que eres? (3)
—No sé, Potter, mi familia está desintegrada. Mis padres se separaron cuando regresamos de aquí en mayo pasado, sólo buscaba reunirlos… No sé que estaba pensando, estoy en mi hora más oscura.
—Pienso que crees que no tienes futuro si no es haciendo fechorías, por que para eso van a quedar los mortífagos, para hacer revueltas y desastres por ahí… Eres mucho mejor que eso, Malfoy, y lo sabes.
—¿Y tú aún crees en mí, Potter, después de todo esto? ¿Después de todos estos años? —le preguntó de una manera que daba la impresión que estuviera al borde de las lágrimas.
—Sí, y sobre todo creo que eres capaz de mejorar, confío que así sea. Negocia un acuerdo con el Ministerio, para que tu estadía en Azkabán sea corta.
—Gracias, Potter… Pensaba que nunca podría darte las gracias por algo.
—No necesito tu agradecimiento sino tu promesa que vas a mejorar.
—Lo intentaré.
—Bueno. Al menos ese es un buen inicio.
—Vamos, Malfoy —dijo Kingsley, acercándose. Malfoy se levantó en silencio, inclinó su cabeza ante la profesora McGonagall y Harry, antes de desaparecer en una llamarada verde.
Harry subió a la enfermería, acompañado por Ginny, a ver cómo estaban los lesionados. Dil dormitaba en una camilla, mientras Hermione, acompañada por Ron, y Piotr tenían el brazo vendado y tomaban una poción que aromatizaba el área; Luna, quien se había fracturado el tobillo, era atendida por Hannah Abbott, y Susan Bones, cuidada por Seamus, tenía una bolsa de hielo en la cabeza, porque había chocado con una rama baja al intentar protegerse de un hechizo lanzado por un mortífago, además de varios mallugones.
—Dil, ¿cómo te sientes? —preguntó en voz baja Ginny, quien le había tomado un gran afecto.
—Sabrosita —respondió incorporándose lentamente—. Como si me hubieran pegado con todos los árboles del bosque (4) —dijo, pero al intentar reírse, el dolor en el costado la hizo quejarse.
—Vaya, Dil, pensaba que no lo contarías cuando te vimos caer de la escoba —dijo Harry, a lo que Ron asintió, mientras acariciaba el cabello de Hermione.
—Bueno, dicen que los gatos caemos siempre con las patas hacia abajo —respondió Dil, tratando de acomodarse.
—Hablando de gatos —preguntó Hermione—. ¿No me dirás que eres animaga? Por que… ¿de dónde salió ese lince, Dil?
—Bueno… —respondió, incómoda—. Sí, soy animaga. Aún no me he registrado en el Ministerio porque pensaba hacerlo al salir del colegio. Y mi animal es un "lince de sombra": es normal de día y de noche se vuelve sombra a voluntad.
—Ajá, pero —insistió Harry—, ¿cómo podías volverte sombra si aún era de día?
—Quizás porque en ese sector el bosque era muy tupido, y parecía de noche, quizás por eso el Avada Kedavra me golpeó más de lo debido —reflexionó, sobándose el costado—. Por favor, tampoco comenten esto a todo el mundo, ¿sí?
—Esta bien, pero, ¿que hay que hacer para ser animago? —se interesó Ron.
—Ron, nosotros vimos esa clase con Snape —lo regañó Hermione, con tono de exasperación—. ¿Recuerdas, cuando Lupin no nos pudo dar clase?
—Cierto —ratificó Harry—. Y también McGonagall nos lo explicó.
—Bueno, yo puedo porque mi papá era animago. A veces, el poder es hereditario.
—¡Hereditario! —saltó Harry en su asiento. Ginny lo vio preocupada.
—No creerás que tú también puedes ser animago, ¿verdad? —le preguntó angustiada—. ¡Eso es lo que me falta!
Todos se rieron de la ocurrencia de Ginny, pero Harry se quedó pensando en eso, y en algo que Sirius le había comentado una vez: "Cuando me quiero convertir en perro, me concentro mucho en eso", por lo que comentó:
—Nada me cuesta probar, pero no hoy, no quiero causar algún desastre aquí; claro, si pudiera transformarme.
—Verdad, ¿Por qué no pruebas? —insistió Dil, pero Harry se negó.
—No, Madame Pomfrey me correría a patadas, mejor espero a ver si en la vieja Sala de Menesteres puedo probar.
—Suponiendo que la hayan reconstruido —planteó Ginny, sin estar muy convencida de la idea.
Notas al pie:
(1) Iron Maiden: "The Final Frontier" (álbum editado en 2010) © Iron Maiden Holdings
(2) Megadeth (Dave Mustaine, David Ellefson): "In my Darkest Hour", editado en el álbum "So Far, So Good… So What!", de 1987 © Megadeth. Disponible en: watch?v=dgUVA6eQD9I
(3) En el original en inglés: … raise your face, your eyes. Tell me, who do you think you are?
(4) Este comentario está inspirado en "Cantaclaro", novela del escritor venezolano don Rómulo Gallegos, pues Florentino (el protagonista), a una pregunta similar, responde: "Sabrosito, como si me hubiesen dado con todos los palos del monte".
Buenos días desde Venezuela, feliz día de Acción de Gracias retrasado y productivo "Black Friday"!Personalmente me gustó desarrollar este capítulo en el primer momento que escribí este relato, imaginarme a Draco dando un giro a su existencia, lo que después desarrollé en Yo creo en los Milagros y luego en Retomando el control. Por supuesto, la edición fundamental, además de la ubicación temporal, fue la revisión de los participantes en la refriega, especialmente las Patil, Zacharias (en esa versión de Misila que considero canon porque se tenía que decir y se dijo!), Luna y Hannah, a quienes asigné situaciones distintas a las de la edición original. De cualquier forma, espero que lo disfruten, lo comenten y estén atentos a los próximos capítulos... Salud y saludos!
