Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, son propiedad de sus creadoras Kioko Misuki y Yumiko Igarashi

Me Estoy Enamorando

By Rossy Castaneda

Capítulo Dos

—¿A que debo tantas muestras de amor? —su asistente comenzó a reír.

—Raquel, mi visita a la ciudad de New York fue todo un éxito y de no haber sido por la fenomenal idea de Karen y la pronta movilización suya para organizar todo, jamás lo hubiese conseguido.

—Me da gusto saber que todo salió tal y como lo deseabas Terry, es la primera vez en años que te veo realmente feliz.

—Y como no estarlo mujer, por fin la vida me pondrá frente a la joven que me robó el corazón en mis tiempos como estudiante Universitario.

—Lo que no comprendo Terry, es ¿por qué nunca le dijiste lo que sentías y por qué dejaste pasar tanto tiempo para buscarla?

—Porque soy un idiota Raquel, todos estos años creí que se había casado con un desabrido güero que llegó un día a la Universidad buscándola y se presentó como su prometido.

—¿Y no se te ocurrió investigar sobre ella durante todos estos años?

—No tenia caso hacerlo, pues como te lo he dicho antes, la creí felizmente casada —suspiró —bueno pero eso es pasado y ahora debo vivir mi presente y enfocarme en mi futuro, y este sin duda implica que canceles todos los pendientes que tenga durante mi ausencia.

Raquel rió

—A Susana le dará una crisis de histeria cuando se entere que no asistirás con ella a las reuniones pactadas.

—¡Bah! Por mi que se compre un bosque y se desaparezca en él .

Ambos comenzaron a reír.

—Sonaste igual que tu amiga Karen.

—Oh no mi querida Raquel, yo he sido benevolente, ten por seguro que Karen la hubiese metido al horno de fuego donde metieron a los tres jóvenes Hebreos de la Biblia durante el Imperio de Babilonia del Rey Nabucodonosor y te aseguro que Karen no se hubiese movido de la puerta hasta asegurarse que Susana terminara hecha cenizas.

Ambos comenzaron a reír

—Es que realmente, fuera de las cámaras, la muchacha cae tan mal como una patada de mula directo al hígado, es insoportable y creo que las fickers perciben eso, —rió —Pequeña Pecosa es una muestra y la aceptación de las lectoras en cambiar a la protagonista es la cereza del pastel; Susana es bonita, eso no se discute, pero carece de talento y para variar no conecta 100% con todas las personas, de no haber sido por ti, la cinta de El Magnate jamás habría tenido la aceptación y el éxito que tuvo y sigue teniendo hasta el día de hoy, Karen era la actriz indicada para el papel protagónico, hasta hoy sigo sin comprender como demonios Robert le dio el protagónico a esa desabrida muchacha.

—Recuerda que el padre de Susana era en aquel entonces el socio de Robert y eso mi querida Raquel, fue de gran peso para que a Susana le dieran el protagónico aún cuando no lo merecía.

—Bueno en eso tienes razón, pero debo reconocer que la muchacha a mejorado como actriz estos últimos años.

Dos meses mas tarde...

—Terry, en la maleta pequeña te he colocado todo lo que me pediste.

—Gracias Raquel, eres la mejor —depositó un beso en su mejilla —ahora comprendo las palabras de mi madre cuando me dijo que no encontraría otra asistente mas eficiente que tu.

—Eleonor es una exagerada —rió —yo solo cumplo con mis obligaciones como tu asistente, al igual que lo hice con ella antes que se retirara.

—No seas modesta, acepta que eres la mejor de las asistentes y espero que en mi ausencia no te dejes convencer por Karen, sé perfectamente que te ha insistido que trabajes para ella.

—Claro que no —respondió Raquel con una sonrisa —jamás cambiaría al actor mas guapo de Hollywood —le guiño un ojo.

—Eso espero —Terry rió —bueno, te veré en dos semanas y deséame éxito en esta aventura de la vida real.

—Lo tendrás, eso ni lo dudes.

Candy sentía que su trasero se partiría, las largas horas de vuelo desde New York a Venecia se le hicieron eternas, pero finalmente ya estaban en aquel maravilloso lugar.

Sus ojos verdes se maravillaron al contemplar cada uno de los paisajes que quedaban a su paso, los castillos eran realmente unas verdaderas obras de arte, sus habitantes eran personas con una calidez la cual ella jamás había visto.

Se reprendió a si misma el no haber visitado aquella hermosa ciudad antes, pero la verdad que escuchar que era la ciudad ideal para los enamorados, había terminado desanimándola cuando su hermano le propuso visitaran durante sus últimas vacaciones y en su lugar terminaron yendo a las praderas Africanas.

—Al fin hemos llegado —dijo Annie en el momento en que el auto se detuvo frente al hotel donde se hospedarían.

—¡Oh Dios mio! Todo en este lugar es hermoso —Dijo Patty mientras salía del auto.

—Debo reconocer que la ciudad es hermosa y se respira una paz y una tranquilidad incomparable —dijo Candy mientras tomaba una bocanada de aire.

—Vamos chicas, debemos ingresar ahora —Stair y Archie las animaron, tenemos solo tres horas para instalarnos en el hotel y luego salir nuevamente y tomar el crucero.

—No hay manera que yo me quede en la quietud de este maravilloso lugar y disfrute mi estancia a plenitud?

—Olvídalo Candy, tu eres después de todo la ganadora de este viaje y nosotros solo somos tus acompañantes, por lo tanto debes venir con nosotros a no ser que quieras que desperdiciemos el resto del premio —dijo Stair.

Annie y Patty la miraron con ojos suplicantes.

—No claro que no —respondió ella —no les dañaré sus vacaciones.

—Gracias Candy —Annie y Patty la abrazaron.

Horas mas tarde y ya abordo del crucero, Candy caminaba distraídamente por la proa del barco, de pronto su cuerpo chocó contra una roca andando y terminó de bruces en el suelo.

—Lo la..men... —Candy tuvo dificultad para completar la frase y de pronto fue invadida por una vergüenza monumental que la hizo enrojecer hasta la raíz del cabello, frente a ella vestido de la misma manera como lo describió en uno de sus fanfics, se encontraba nada mas y nada menos que Terruce Graham, su actor favorito y el protagonista de sus historias, vistiendo en short de color azul tan intenso como sus ojos, playera desmangada color blanco y una zapatillas masculinas a juego con aquel short que dejaba ver sus hermosas pantorrillas y marcaba el músculo de sus bien formadas piernas y estaba segura que la vista trasera era mejor que la delantera.

—Hola —Saludó él con una sonrisa arrolladora extendiendo su mano para ayudarla a ponerse de pie aguantando de manera sorprendente las ganas de reír.

—Te...Te ..—Candy fue incapaz de articular su nombre.

—Vaya al parecer te han comido la lengua los ratones Pequeña Pecosa, sigues siendo la misma joven que recuerdo —respondió

—¡Eh! —masculló ella al tiempo que recordaba a una persona que le llamaba de aquella manera y a quien no volvió a ver el mismo día que mandó al infierno a Anthony..pero aquello era imposible, eran dos personas muy distintas.

—Hay cosas que nunca cambian —pasó sus dedos entre sus castaños cabellos —tus pecas son una de ellas, siguen moviéndose alrededor de tu nariz como solían hacerlo en el pasado.

—¿Pequeño Nerd? —dijo Candy incrédula.

—Finalmente te recordaste de mi —le guiñó un ojo de la manera que ella recordaba.

—Como es posible que hayas cambiado tanto en tan poco tiempo, yo te recuerdo con unos frenillos, unos espantosos espejuelos y tu rostro lleno de espinillas.

—Bueno, debo admitir que todo aquello era solo un pequeño truco de maquillaje y un poco de camuflaje para evitar el asedió de las chicas, no tienes idea lo insoportable que es que no te dejen ni respirar.

—Eres un pretencioso —Candy rió abiertamente tras recuperarse de la impresión recibida.

—No es pretensión Pequeña Pecosa —dijo ofreciendo su brazo para que ella se apoyara en él y juntos caminaran por la proa del barco —la verdad antes que tu llegaras a la Universidad fui víctima de acoso entre mis compañeras y por esa razón me vi obligado a tomar un receso y regresé justo cuando tu llegaste, y lo hice de la manera como me conociste, y vaya que funcionó —rió a todo pulmón.

—Pero como fue que terminaste siendo actor de Hollywood, si hasta donde recuerdo estudiabas la carrera de derecho junto a Stair y Archie.

—La verdad la abogacía no era lo mío, lo hice solo para darle gusto a mi padre —suspiró —mi verdadera vocación era la actuación, uno de mis sueños era convertirme en un gran actor como lo fue mi madre.

—Y lo lograste —dijo ella con una amplia sonrisa.

—Solo uno de ellos —respondió con una sonrisa.

—¿Y cual es tu otro sueños pequeño nerd?.

—Conocer en persona a la mejor escritora de fanfics —sonrió —una que se hace llamar Pequeña Pecosa ¿la conoces?

—¡Oh no! —Candy escondió entre sus manos su enrojecido rostro —lo sabes.

—Me he leído todas tus historias y una es mejor que la otra, pero debo confesar que mi favorita es "La preferida del Magnate"

Las mejillas de Candy se encendieron aún más.

—Dime una cosa Candy, la protagonista de ese Fic eres tu ¿verdad?.

—Como crees —rió nerviosamente.

—Sabías que tus pecas se mueven cuando mientes —tocó su pequeña nariz pecosa —Andy, Candy, suenan similar los nombres, ¿no te parece? —entrecerró sus ojos azules — cabello rubio ensortijado, ojos verdes, grandes y expresivos, nariz pequeña salpicada por unas diminutas manchitas marrones.

—yoo...yoo... debo marcharme ahora —dijo alejándose con sorprendente rapidez.

—Te tengo en mis manos Pequeña Pecosa —dijo él riendo entre dientes.

El resto del día, Candy se la pasó encerrada en su camarote, no se le apetecía salir y encontrarse con Terruce Graham quien resultó ser para su sorpresa un viejo conocido quien había descubierto no solo su identidad secreta sino que la protagonista de las historias que escribía, era ella misma.

A la mañana siguiente, Candy se levantó mas temprano de lo usual y se dirigió al comedor para tomar el desayuno, rogando al cielo no encontrarse con Terry, pero,sus ruegos no fueron escuchados.

—Buenos días Candy —la voz de Terry a espalda de ella le hicieron dar un respingo.

—Te...rry —sus mejillas se enrojecieron —bu... buenos días —balbuceó —¿que le estaba pasando, por qué la cercanía de Terry la ponía tan nerviosa? —¡Dios! Aquel pequeño nerd y su actor favorito eran la misma persona, aquello era una locura total, algo que aun no lo asimilaba, el actor que personificó a El Magnate era quien le inspiraba a escribir aquellas historias tan, pero tan...no tenía la palabra correcta para describir lo que escribía, bueno si la tenia pero no quería reconocerlo, porque todo aquello era amor, ¡Por Dios! Para que se seguía engañando, El actor Terruce Graham quien resultó ser el Pequeño Nerd, se convirtió en su amor platónico.

—¿Que tal tu noche?

—Bien —musitó.

—¿Que harás durante el día?

—Descansar, supongo —sonrió nerviosamente.

—¿Te gustaría almorzar conmigo?

—Quedé de hacerlo con los chicos —respondió con una leve sonrisa.

—Puedo unirme a ustedes, claro si no te incomoda.

—¿Por que habría de incomodarme?

—No lo sé —se encogió de hombros —te veo muy nerviosa y juraría que tratas de evitarme —tomó una de sus manos —te ofrezco una disculpa si mi comentario de anoche te sonó impertinente.

¡Dios! Toda ella tembló cuando sintió su cálida mano sosteniendo la suya, Terry pudo sentirlo y cubrió la mano de ella con su mano libre.

—¿Te sientes bien? ¿tienes frío?

—Estoy bien —sonrió —ahora si me disculpas —liberó su mano —debo regresar a mi habitación.

—¿No tomarás tu desayuno?

—No, se me fue el apetito —Respondió dándose media vuelta —te veo luego —se despidió.

Terry se quedó observando su andar, Candy estaba muy nerviosa, sonrió de medio lado al imaginar que ella no era inmune a sus encantos después de todo.

No es que fuera un pretencioso, pero con el pasar de los años, había aprendido a leer las reacciones de las jóvenes cuando estaban cerca de él y a Candy sin duda le afectaba su cercanía.

Los ojos de Patty y Annie estuvieron a punto de salir de sus cuencas cuando vieron al actor Terruce Graham de pie frente a ellas, saludando a sus novios de la manera mas natural posible.

—¿Ustedes se conocen?

—Claro —respondió Archie —y ustedes también lo conocen.

—Claro que lo conocemos pero solo a travez de sus películas —respondió Annie sin salir de su asombro.

—Hola Annie, hola Patty.

—¡Por Dios! —sabe nuestros nombres —Patty se abanicó el rostro.

—Por supuesto que lo sabe —respondió Stair rodando los ojos —Es Terry.

—¡Terry! — te refieres a Terruce Baker.

—El mismo —Terry les dirigió una sonrisa.

—¡Ay por Dios! Necesito mis sales —Annie abanicó con mayor fuerza su rostro.

Candy apretó los labios para no reír, pues un día antes ella tuvo la misma reacción.

—Es impresionante como el pequeño nerd ha cambiado ¿verdad?

Ambas chicas asintieron

—Jamás lo hubiera imaginado —repuso Patty.

Mientras cinco jóvenes recordaban entre charla sus tiempos como Universitarios; Candy mantenía una charla interna mientras observaba a Terry sin pestañar siquiera.

¡Dios mío! ¿que es esto que me está pasando? No puede ser amor, o ¿si? Es acaso que me estoy enamorando? No, no, no, es imposible, yo me juré que eso no me volvería a pasar.

—Candy, ¿te sientes bien? —Terry pasó su mano frente a su rostro para llamar su atención.

—Lo lamento, no me siento bien —respondió poniéndose de pie —me duele un poco la cabeza, voy a regresar a mi habitación.

Terry se puso de pie.

—Te acompañaré —ofreció su brazo.

—No hace falta, puedo ir sola —respondió dando el primer paso, pero sintió que el piso dio vueltas alrededor de ella.

—Creo que si necesitas que te acompañe —respondió él sujetándola por la cintura evitando su caída y sintiendo un temblor en el frágil cuerpo de ella ante su contacto.

—Está bien —respondió liberándose —aceptaré tu compañía —su sonrisa era tensa.

Candy aceptó la mano de él y emprendieron la marcha.

—Gracias por tus atenciones Terry.

—No es nada, lo hago con el mayor de los placeres —depositó un beso en el dorso de su mano —¿Te sientes mejor?

—Si, gracias.

—¿Podemos cenar juntos?

—No...—prefiero descansar un poco.

—¿Te veré mañana? Aun debemos ponernos al corriente

—Si claro —respondió ella abriendo la puerta de su habitación

—Hasta mañana entonces —dijo él acercándose a ella y besando su mejilla, sabiendo que, el día de decirle la verdad se acercaba.

Candy cerró la puerta, apoyó su espalda en esta, llevó una de sus manos a la mejilla donde Terry acababa de depositar un beso, cerró sus ojos color esmeralda y acarició su mejilla con el dorso de su mano y llevo su caricia hasta la comisura de sus labios, preguntándose que se sentiría hacer realidad todo lo que plasmaba en letras en cada una de sus historias en donde evidentemente ella era la protagonista.

Continuará...