Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, son propiedad de sus creadoras Kioko Misuki y Yumiko Igarashi

Me Estoy Enamorando

By Rossy Castaneda

Capítulo Tres

Final

Los días siguientes Candy, haciendo uso del auto control que había perdido los últimos días, paseó junto a Terry todas las tardes, en donde él le contó cómo había llegado a Hollywood.

Candy reía a todo pulmón con las ocurrencias de Terry.

—Permite que todas tus fans te conozcan tal y cual eres, porque he visto muchas de las entrevistas que te han hecho y realmente no muestras ni la milésima parte de quien realmente eres.

—No —respondió él —es mejor así.

—¿Por qué no? —preguntó ella —creo que a tus fans les encantará conocer esta otra parte de ti, eres un excelente actor y ellas lo saben, muéstrales un poco mas de ti, se tu mismo mas a menudo y... —Candy se dio la vuelta, sujetó sus manos en el barandal del barco y observó el azul de las aguas.

Mientras ella seguía hablando, Terry la observaba detenidamente sin pestañar siquiera.

Ser yo mismo —pensó —el momento de ser yo mismo ha llegado —se animó.

Lentamente, Terry fue extendiendo sus manos y las posó una a cada costado de ella, atrapándola entre el barandal del barco y sus fuertes brazos.

—¿Que haces? —preguntó ella dándose vuelta con rapidez.

Sin dar lugar a que ella reaccionara, Terry acercó sus labios a los de ella, al principio fue solo un roce.

Los ojos de ella se abrieron como platos, pero fue incapaz de decir una sola palabra.

Conforme él aumentaba la presión en aquel primer roce, Candy sintió que los cerrojos en donde tenía resguardado su corazón, comenzaban a ceder, y antes que el último de ellos cediera, recuerdos de la traición y los años de infelicidad invadieron su mente, dando paso a un miedo de permitirse sentir nuevamente lo que era amar.

El corazón de Terry palpitaba al punto que parecía que iba a salir de su pecho, estaba tan entregado a aquel beso hasta que sintió como ella luchaba por liberarse hasta que finalmente lo consiguió.

El sonido de una fuerte bofetada impactada en una de sus mejillas lo hizo volver del mundo de ensueño en donde se encontraba.

—¿Por que lo has hecho? , lo has echado todo a perder —los ojos de ellas estaban nublados por las lágrimas que retenía.

—Me dijiste que fuera yo mismo y eso es lo que he hecho —la sujetó de sus manos —Me he callado todo lo que siento desde hace mucho tiempo y desde que comencé a leer los Fanfics que escribías fuiste metiéndote en mis pensamientos, durante cada historia que leía fui relacionándote a ella, el nombre de usuario, el color y la forma de tu cabello, el color de tus ojos, la similitud del diminutivo en el nombre de la protagonista y el tuyo, acaricié la idea que fueran la misma persona y no me equivoqué.

Me puse en contacto con un viejo amigo y aunque no pudo descodificar tus datos reales, me dijo que Pequeña Pecosa escribía desde alguna parte de New York.

Viaje a New York días mas tarde y para mi sorpresa me encontré con Stair y Archie, y fue a través de ellos que lo descubrí todo y ...

—Eres un idiota igual que Anthony —lo interrumpió ella adivinando el resto de la historia.

—No te atrevas a compararme con él —respondió él apretando la mandíbula —no existe punto de comparación.

—Me engañaste, traicionaste mi confianza al igual que él lo hizo.

—Yo no te he engañado ni he traicio...

Ella alzó la mano para hacerlo callar.

—Ah, no! Y como le llamas al hecho de haber inventado un estúpido sorteo para escritoras de fanfics que sorpresivamente "yo" —dijo haciendo un ademan de entre comillas con sus dedos —gané y no solo uno sino cinco boletos con los gastos pagados a Viena, te has estado vistiendo de la misma manera como he descrito en mis fanfics a tu personaje —apretó los dientes e inhaló profundamente en un fracasado intento por contener el caudal de lagrimas que comenzaron a surcar de sus ojos verdes —no te atrevas siquiera a negarlo, de verdad creíste que no me había dado cuenta.

—Lo hice por amor, Candy —dijo extendiendo su mano hacia ella —no sabía como acercarme a ti y fue lo único que se me ocurrió

—¡Por Amor! —dijo ella esquivando su mano —dudo mucho que conozcas el significado real de esa palabra, he seguido tu carrera sin saber que eras el mismo Terry a quien conocí años atrás, y me queda claro que eres un excelente actor, así que no vengas a decirme que no sabias como acercarte a mi, tu mejor que nadie sabes lo mucho que odio las mentiras, lo sabías y no te importó valerte de ellas.

—Tienes razón, me equivoqué y asumo mi responsabilidad, es por eso que estoy aquí, frente a ti abriendo mi corazón.

—No me interesa tu corazón —respondió ella temblando de impotencia, se sentía traicionada —no quiero que te vuelvas a acercar a mi.

Aquellas palabras se incrustaron como dagas en el corazón del guapo actor.

—Escúchame bien Candy —comenzó a decir sujetando su brazo y obligándola a verlo —hace unos minutos me pediste que fuera yo mismo y esto es lo que soy, un hombre con defectos y virtudes que se valió de una mentira para poder estar aquí junto a la mujer que ha amado desde su juventud y a quien embromaba cada que tenía tiempo, porque no encontraba la manera ni el tiempo correcto para confesarle lo que sentía realmente.

Terry estaba dispuesto a jugar su última carta, había sentido como ella cedía al beso, la sintió temblar, sabía que en el fondo de su corazón, ella tenía miedo de abrirse al amor nuevamente y salir lastimada una vez más.

—Suéltame Terry me haces daño —dijo ella con voz temblorosa.

—Mañana es el festival de San Valentin en las calles de Venecia, esperaré por ti en el lobby del hotel, si no bajas entenderé que todo está perdido y te juro que aunque se me vaya la vida, te arrancaré de mi corazón en donde has permanecido todos estos años y jamás volveré a cruzarme en tu camino —aflojó el agarre, se dio media vuelta y la dejó sola.

Candy cayó de rodillas y comenzó a llorar amargamente.

Sus amigos sin proponérselo siquiera fueron testigos de toda aquella escena.

—Candy —Annie y Patty se agacharon hasta ella.

—Ustedes lo sabían —dijo mirando a Stair y Archie.

—Perdónanos Candy —atinaron a decir ambos jóvenes.

—Vamos a la habitación Candy, llegaremos al puerto en unos minutos y debemos prepararnos para desembarcar —Patty la rodeó con sus brazos.

El corazón de Annie y Patty se estrujó al ver a Candy en aquel estado, habían pasado 6 años desde la ultima vez que la vieron así.

Sin saber que hacer o que decir, permanecieron en silencio, permitiéndole desahogarse.

Minutos mas tarde el barco llegó a tierra firme, tras desembarcar, los cinco amigos se dirigieron al hotel en donde Candy se encerró en su habitación por el resto de la tarde.

Sus amigas fueron por ella a la mañana siguiente, la invitaron a dar un paseo por la ciudad para tratar de re animarla, pero una vez más, ella se negó a salir.

Por la noche, una vez más sus amigas llegaron a su habitación y la encontraron en total oscuridad.

—Candy —Annie encendió la luz, se acercó a ella y la abrazó —no sabes cuanto nos duele verte en este estado.

—Por que me engañó —Candy comenzó a llorar en el hombro de su amiga.

—Llora Candy, desahógate —Annie acarició su espalda.

—Candy, imagino lo mal que te sientes, pero trata de entender a Terry —Patty se acercó a ella.

—¿Y quien me entiende a mi? —arremetió ella alzando la mirada.

—Amiga creo que ya es hora que dejes ir el pasado, si te duele el,hecho que Terry se haya acercado a ti con mentiras, es una clara señal que te interesa —Patty sabía que estaba siendo dura con su amiga, pero tenia que intentar hacerla entrar en razón.

Candy comenzó a sollozar.

—No sé que es lo que pasa conmigo cuando él está cerca —confesó —es todo tan extraño, algo que no sentía en carne propia desde hace tantos años, mi corazón se acelera, mi respiración se agita, mi cuerpo tiembla, mis pensamientos se aturden, y me embriaga su aroma masculino —sus sollozos aumentaron —creo que me estoy enamorando de Terry —confesó con voz temblorosa —increíble ¿verdad? —dijo limpiando sus lagrimas —Yo que tanto decía que jamás me volvería a pasar.

Annie y Patty la abrazaron para reconfortarla en esos momentos tan difíciles para ella

—Candy, ya era hora que dejaras atrás el pasado y le abrieras las puertas de tu corazón al amor y quien mejor que Terry para entrar en él, y si te soy sincera creo que has estado enamorada de él desde siempre y no te habías dado cuenta —le dijo Patty.

—Patty tiene razón Candy, tu corazón siempre lo supo pero tu razón se negaba a aceptarlo, tal vez por eso escribías esas historias de ficción tan hermosas.

Permanecieron en silencio por unos minutos.

—Irás con nosotras al carnaval de San Valentin? —preguntó Annie.

—No —respondió ella —vayan ustedes, yo necesito estar sola y pensar que voy hacer ahora con esto que siento.

—No lo pienses tanto y actúa Candy —reconvino Patty —habla con Terry y dile lo que sientes, sé que aguardará por ti en el lobby del hotel esta noche, no te niegues ni le niegues a él la oportunidad de amar.

—No sé si tenga el valor para hacerlo.

Los ojos de Terry se entristecieron al ver a Annie y Patty llegando al lobby.

—¿Y Candy, no vendrá?

Cuando ambas chicas negaron con la cabeza, Terry se dejó caer en una de las sillas de la sala de espera.

—Todo se acabó antes siquiera de empezar —musitó el castaño cubriendo su rostro.

—Si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma —dijo Stair —ve por ella Terry.

—Stair tiene razón Terry, ve y convéncela que es momento de mirar hacia delante —Patty lo animó.

—De acuerdo, haré mi último intento —dijo dándose media vuelta y dirigiéndose a la habitación de ella.

Candy abrió su laptop y comenzó a leer la historia que él le había dicho días atrás era su favorita, tan sumida estaba en la lectura que no escuchó cuando la puerta se abrió.

—Terry, mi pequeño nerd, no sé cómo pasó, pero poco a poco te fuiste metiendo en mi corazón, ahora me doy cuenta que el dolor que sentí cuando vi a Anthony la ultima vez no fue por él, sino porque fue la última vez que te vi, te marchaste de mi lado cuando mas te necesitaba, sin decir una sola palabra, me hiciste tanta falta me sentí tan sola, te soñaba cada noche y despertaba cada mañana preguntándome que estaba pasando conmigo y la respuesta era tan obvia, yo me había enamorado de ti sin darme cuenta siquiera que lo había hecho, yo que tanto decía que jamas me volvería a pasar, me he enamorado de ti con desesperación y ahora no sé si tendré el valor para decírtelo frente a frente, soy una cobarde —dejó salir sus lágrimas —dime que voy hacer ahora con este amor que me mata y la vez me ha mantenido con vida todos estos años y lo he escondido entre las líneas de las historias que he escrito pensando siempre en ti...

—Vivirlo Candy —respondió Terry a espalda de ella con la voz entrecortada por el tumulto de emociones que sentía, su corazón latía a todo galope.

—¡Terry! —dijo ella en un hilo de voz —yoooo...

—No digas nada Candy, ya lo has dicho todo, ahora yo te diré la razón porque me marché aquella tarde sin despedirme de ti —dijo él poniéndose de rodillas y tomando sus manos —Yo iba no solo a declararte mi amor aquella tarde, si no que iba dispuesto a jugarme mi futuro, de tu respuesta dependía si permanecía en New York o regresaba a Londres para asumir el roll que me correspondía en la familia Grantchester, cuando me topé con él y me preguntó por ti, mi corazón se partió en mil pedazos cuando dijo que era tu prometido, me di cuenta entonces que no había oportunidad para mi, y aquella tarde al igual que a ti te pasó fue la tarde mas triste de mi vida.

Como te comenté en el barco, regresé a New York años mas tarde, sin imaginar que uno de mis sueños se cumpliría cuando menos lo esperaba, pero aún me quedaba uno sin cumplir, y creí que jamás lo cumpliría hasta hace dos meses cuando por cosas del destino, Robert llegó a mi y me comentó sobre un blog donde fans compartían fanfics, me sorprendí cuando escuché el nombre del usuario, pues era el mismo apodo que yo mismo te di, el día que nos conocimos —sonrió —yo te llamé Pequeña Pecosa y tu me llamaste Pequeño Nerd ¿lo recuerdas?

Candy asintió ..

—Desde ese día mi curiosidad aumentó y cuando llegué a casa, abrí una cuenta, seguí el perfil de Pequeña Pecosa y comencé a leer cada una de las historias, las cuales eran capaces de transportarme a lugares mágicos y me permitían imaginar que la protagonista era aquella Pequeña Pecosa que se robó mi corazón en mi juventud y se quedó con él.

No tienes idea la alegría que sentí cuando les pregunté a Stair y Archie por ti, y ellos me dijeron que seguías soltera y sin compromiso alguno, ese día supe por ellos lo que realmente pasó aquella tarde cuando creí que te había perdido para siempre, sin tenerte siquiera.

—Si te hubieras quedado un poco mas de tiempo te habrías enterado de lo que pasó luego —Candy cerró los ojos y los recuerdos de aquella tarde vinieron a su mente —Mientras escuchaba lo que decía, alguien me llamó y me alejé un poco, cuando regresé iba dispuesta a perdonarlo, yo ya no lo amaba y estaba segura de ello, quería cerrar ese ciclo en mi vida y comenzar de nuevo, darme la oportunidad de amar y ser amada, pero él estaba en una llamada telefónica con ella, diciéndole que la amaba y que pronto regresaría a Chicago, —apretó la mandíbula —me invadió la rabia, porque, ¿como era posible que minutos atrás estaba rogándome que lo perdonara y que le diera una oportunidad y solo bastó que me alejara unos minutos para llamarla a ella? —la ira fue mas fuerte que la razón, yo traía en mis manos un botiquín de primeros auxilios que acababan de darme, lo golpeé tan fuerte en la cabeza que cayó al suelo y le grite lo mucho que lo odiaba y lo despreciable que era, de no haber sido por Annie y Patty que se acercaron y me llevaron con ellas, lo hubiera seguido golpeando hasta cansarme, te busqué para refugiarme en tus brazos pero ya no estabas, te habías ido sin despedirte siquiera, la ira invadió mis entrañas y desde ese día juré que no volvería a enamorme de nadie, que todos los hombres eran iguales y que ninguno merecía una sola lágrima mía porque al final todos me traicionaban.

—Candy, no te niegues ni me niegues la oportunidad de demostrarte que el amor es un sentimiento real que puedes vivir en tu vida diaria y no en las fantasías de un historia de ficción, permíteme mostrártelo —Yo te amo Candy, y siempre has permanecido en cada rincón de mi corazón, cada película que he protagonizado lo he hecho imaginando que tu eres la actriz principal, e imaginado que son tus labios los que beso en cada escena de amor, e invocado tu rostro cada vez que debía declarar mi amor detrás de una cámara, he buscado tus ojos, tus pecas en el rostro de cada protagonista.

—Terry, tengo miedo —musitó ella.

—No temas, amor mío, yo cuidaré de ti, sé lo mucho que sufriste en el pasado y estoy dispuesto a transformar cada lágrima y recuerdo amargo en una sonrisa y en el mejor de los recuerdos.

—Enséñame a amar nuevamente.

—Ya lo haces Candy, es cuestión que dejes que ése sentimiento fluya.

—Ayúdame —suplicó.

Terry se puso de pie y la ayudó a que ella hiciera lo mismo, acarició con ternura el rostro bañado en lagrimas, acercó sus labios y bebió cada una de aquellas gotas saladas que surcaban sin control alguno, descendió hasta llegar a los labios de ella, rozó estos de manera suave.

—Te amo Candy —susurró al tiempo que sus labios comenzaron a moverse.

Adquiriendo vida propia, las manos de Candy rodearon el cuello masculino y poco a poco fue uniéndose a aquel beso.

La joven sintió como el último cerrojo que resguardaba su corazón se rompió en mil pedazos y pegó su cuerpo al de él.

Al sentir su respuesta, una parte de la anatomía de Terry despertó de tal manera que creyó que rompería la cremallera de su pantalón.

—Candy, debemos detenernos ahora o no seré capaz de hacerlo luego —musitó él pegado a sus labios con la voz entre cortada.

—No quiero que lo hagas Terry —respondió ella con la respiración agitada —quiero hacer realidad contigo las escenas de amor que plasmé en cada una de mis historias donde sin darme cuenta tu eras el verdadero protagonista.

—¿Estas segura? Porque una vez que crucemos esa linea no habrá marcha atrás.

—Completamente —respondió ella arqueando su cuerpo y ofreciéndole a él que hiciera con ella todo cuanto quisiera.

Los labios de Terry besaron el blanco cuello de ella y poco a poco descendieron hasta el nacimiento de sus senos en donde se detuvo, alzó la mirada para pedir su aprobación, la cual obtuvo con un asentimiento de cabeza.

El camisón que servía como única barrera cayó al piso.

Terry se apartó un poco para contemplar su cuerpo, quería grabar en su memoria, cada línea, cada detalle y guardarlo como el mas preciado tesoro.

Candy se acercó a él y de manera lenta, comenzó a desabrochar cada botón de la camisa de él, de manera suave, acarició su torso desnudo, provocando con aquel inocente toque que Terry gimiera de placer, sus manos eran una especie de fuego que lo estaba consumiendo lentamente.

Las manos de ella bajaron hasta el pantalón de el, el broche cedió al igual que lo hizo la cremallera.

Cuando la prenda cayó, Terry sacó uno a uno sus pies para quedar así liberado completamente, vistiendo únicamente su ropa interior al igual que ella.

Si decir una sola palabra, el guapo actor la alzó en brazo y caminó con ella hasta la cama, se sentó en esta y colocó a Candy a horcajadas entre sus piernas, deslizó sus manos desde los hombros de ella hasta la mitad de su espalda donde se detuvo y soltó los broches de su sostén.

Sus ojos azules resplandecieron como dos inmensas llamaradas al ver la perfección de aquellos dos hermosos montes blancos, los cuales comenzó a estimular uno a uno primero con sus manos y luego con su lengua.

Candy retorcía su cuerpo ante tanto placer, provocando que la entrepierna de él creciera a su punto máximo.

—Candy, has hecho esto antes —preguntó él luego de desnudarla y desnudarse completamente.

—No —respondió ella con el rostro sudoroso —es mi primera vez.

La entrepierna de Terry dio un saltito de alegría al saberse el primero en explorar aquel cuerpo.

—Sabes que por muy húmeda que estés te dolerá ¿verdad?

—Lo sé —respondió ella —y estoy preparada para soportarlo, porque sé que pasará pronto —besó sus labios —hazlo —susurró en su oido.

—Aférrate a mi y no te sueltes, lo haré rápido para que el dolor pase pronto.

Terry alzó las caderas y en una envestida entró completamente en ella

—¿Estas bien? —le preguntó al sentir el temblor en su cuerpo.

—Ya está pasando —respondió ella dejando salir dos lagrimas contenidas ante la punzada de dolor.

—Perdóname por lastimarte —limpió sus lagrimas con sus labios.

—Descuida, sé que si hubiera estado en tus manos evitarme este pequeño dolor, lo habrías hecho, pero es parte de la naturaleza y sé perfectamente que solo dolerá la primera vez —respondió ella al tiempo que movía sus caderas debajo de él indicándole que el dolor había pasado.

Terry comenzó a moverse en el interior de ella, entraba y salía lentamente, dándole el tiempo necesario a que el cuerpo de ella se acostumbrara a su ritmo.

Las caderas de Candy comenzaron a moverse al compás que el marcaba, mientras el salía, ella iba a su encuentro.

Las envestidas de él comenzaron a ser mas violentas, Candy sintió que se partía en mil pedazos, el climax llegó a ella, arrastrándola a aquel maravilloso lugar el cual conocía solo a travez de sus escritos mas no en la vida real.

—Terry —dijo ella entre jadeos.

—Candy —respondió el envistiéndola una vez mas antes de explotar dentro de ella llenándola por completo con su simiente.

Permanecieron unidos por unos segundos hasta que ambos se recuperaron.

—Te Amo Terry, siempre lo hice sin darme cuenta, en el pasado llegaste a mi cuando mas te necesitaba y ahora años mas tarde vuelves a mi para devolverme mi corazón el cual te llevaste aquella tarde.

—Te Amo Candy, has sido la única dueña de mi corazón, tu y solo tu has sido y serás mi Pequeña Pecosa, mi segundo y el mas importante sueño alcanzado —besó sus labios —sigue escribiendo esas maravillosas historias, y si algún día te falta inspiración yo estaré ahí junto a ti, para ayudarte a que la inspiración regrese a ti, pondremos en práctica en la comodidad de nuestra recámara lo que desees plasmar en letras.

Aquellas palabras fueron mas que suficientes para que la llama que comenzaba a disiparse se encendiera de nuevo.

Fin

Nota...

Hemos llegado al final de esta historia, y les confieso hay mucho de mi aquí, pero no entraré en detalles para no romper la magia y que todo quede en la imaginación de cada una de ustedes.

No escribiré Epílogo en esta historia, se quedará así, tal cual ;)

Feliz día de San Valentin