Capítulo 3
Había pasado apenas unas horas desde que había llegado a su época, estaba cansada, fastidiada, enojada con la vida, en fin que podría hacer más que darle la frente a la situación y seguir con su vida. Decidió que sería mejor darse una ducha y descansar un poco antes de hacer sus deberes. Tomo toalla y se dispuso a entrar al baño en busca de una refrescante ducha.
-Espero que todos en la aldea se encuentren bien durante mi ausencia- dijo pensando en voz alta
Hacia semanas que no visitaba su casa a su madre, abuelo y hermano. Se dispuso a abrir el agua caliente para llenar la tina, recordó que tampoco había disfrutado de un buen baño sin tener que estar a la defensiva por si algún pervertido se le ocurría espiarla en los baños termales. Se desvistió poco a poco hasta quedar totalmente desnuda, con el dorso de la mano tocó el agua para corroborar que la temperatura fuera la apropiada y así al comprobar su agradable sensación se dispuso a entrar.
Mientras tanto Inuyasha se encontraba fuera de la habitación de Aome posado en una rama del árbol sagrado pensando en alguna estrategia para que Aome lo escuchara sin protesta, así fue como decidió que de una vez por todas lo escucharía sin poner resistencia alguna.
Se dirigió hacia la habitación de la azabache mirando por la ventana la figura de aquella mujer que hasta hace algún tiempo había sido su mejor amiga, después compañera y ahora desconocida.
-De verdad que ha cambiado- dijo para si en voz baja
Y era cierto Aome había madurado ya no era aquella joven de escasos 16 años de edad si experiencia alguna de la vida, ahora era una mujer en todo el sentido de la palabra, su mentalidad era más madura, por lo que había escuchado también sus habilidades como sacerdotisa habían crecido notablemente y ahora comprobaba que también su cuerpo había cambiado completamente.
No pudo entrar a la habitación solo se dispuso a disfrutar de la vista que le proporcionaba Aome mientras entraba a su habitación para poder vestirse.
Al día siguiente Aome se ocupó e sus deberes en casa, al finalizar salió rumbo al centro comercial a hacer algunas compras que le ayudarían en la aldea.
-¡Aome!- se escuchó el grito de una chica a lo lejos
Aome miró hacia la dirección donde la llamaban y visualizó a tres chicas que corrían hacia ella
-¡chicas qué gusto verlas!
-Que bien que te encontramos- dijo Eri -conocimos a un chico guapísimo y le hablamos sobre ti y al parecer está interesado – dijo su amiga con entusiasmo
-primero deberías considerar si Aome está dispuesta Eri- dijo Ayumi
-Pues libre está desde hace 4 años- remarcó Yuca
-ademas ya es tiempo de que se olvide de aquel desgraciando que solo le hizo promesas de amor- prosiguió Eri
-Ademas es guapo, atlético, educado…- dijo Yuca
-rico, amable, divertido..-continuó Eri
-Chicas- dijo Ayumi -No creo que sea un buen momento- continuó cuando vio que Aome tenía la cabeza baja
-Estoy bien Ayumi es solo que no creo tener tiempo para salir con algún chico, estoy muy ocupada en el templo ayudando a mi abuelo y mi madre- mintió – ademas solo estoy de visita por dos días, no creo que pueda- dijo Aome
-mmm que más da Aome- dijo Eri con resignación – De todas formas te enviaré su contacto por si cambias de opinión-
-Si amigas, muchas gracias por preocuparse por mi. Ahora me retiro ya que tengo que hacer unos encargos de mi abuelo- dijo Aome con una sonrisa fingida
Al llegar al centro comercial paso por una librería en donde compro algunas revistas de cocina, revistas científicas, y algunos cuentos y libros para colorear.
Posteriormente se dirigió a la farmacia en donde compró los insumos necesarios para curar las heridas que tenían algunos aldeanos, compró vitaminas para niños y para mujeres embarazadas las cuales eran de gran ayuda para las jóvenes de la aldea.
Continuó con su camino y erró a un centro comercial en donde había rebajas de ropa y aprovechó algunas ya que se encontraban a mitad de precio, compró un poco de ropa para su pequeño sobrino, y para Rin que ahora vivía en la aldea.
Al pasar por el mercado recordó que algunas siembras no se pudieron lograr debido a una de las batallas contra un demonio que se encontrara a fuera de control, por lo que decidió llevar un poco de víveres enlatados para que sus pequeños de la aldea no sufrieran hambre, se dispuso a llevar frutas que no eran comunes en la aldea, verduras de gran variedad y algunos paquetes de Ramen, además se le coló por ahí una que otra bolsa de frituras y golosinas las cuales daría de recompensa en sus clases.
Agradecida por todo lo que pudo comprar se dispuso a tomar un taxi para dirigirse de nuevo al templo, sin saber qué alguien le seguía los pasos muy de cerca.
