Capituló 7

Amor se retiró del lugar con un hueco en el corazón y de alguna manera sintiéndose culpable por no decir la verdad a Inuyasha de sus verdaderos sentimientos, se alejó lo más que pudo y encontró ungüentos lugar en donde podía vestirse y así lo hizo de la manera más rápida que pudo, de nueva cuenta tomó el rumbo hacia la aldea ya que tenía deberes pendientes.

Al llegar a la aldea se encontró con su amiga Sango quien estaba con un grupo de niños entrenando defensa personal. Espero a que su amiga diera la indicación a sus pequeños pupilos para descansar y de esa forma tener un poco de tiempo para desahogar sus sentimientos

-Aome que bueno que vienes- le dijo su amiga con una enorme sonrisa

-Sango necesito hablar contigo, es sobre Inuyasha- dijo con un halo de tristeza

-Entiendo…- le dijo a su amiga – niños eso es todo por hoy, vuelvan a casa y los veré mañana a la misma hora- dirigiéndose a sus pupilos

Cuando los niños se dirigieron a sus casas Sango y Aome se retiraron del lugar hacia la cabaña de Aome para poder hablar de forma más tranquila y cómoda. La cabaña de Aome lo era como las demás que se encontraban en la aldea, está contaba con algunas cosas más modernas para la época, muchos de los artículos con los que contaba la cabaña habían sido construidos con la ayuda de Miruku, los aldeanos y de una persona que en ese momento era especial para ella.

-Siéntate Sango…- ofreciéndole asiento a su amiga quien se acomodó en uno de los sofás que tenía la cabaña.

-Aome dime qué sucede… Miroku me contó lo qué pasó cuando te reencontraste con Inuyasha… ¿estás bien? –

-No Sango… me siento confundida, sabes que al principio la pase muy mal- dijo con lágrimas en los ojos

- Lo se amiga yo estuve contigo apoyándote y sigo aquí- dijo abrazándola

-Y no sabes cómo lo agradezco Sango… agradezco que Miroku, tu, la anciana Kaede, Rin, y….el estuvieron apoyándome para no derrumbarme… pero…- dijo soltando una lágrima – aun siento cosas por Inuyasha –

-Amiga… se que es difícil y que es un cambio brusco pero… ¿que es lo que en realidad sientes?¿Amor?-

-No lo se… eso es lo que me tiene así, no puedo negarte que cuando lo vi sentí unas ganas inmensas de correr a abrazarlo y decirle que lo he extrañado… pero también sentí un rencor, ya que gracias a su abandono la pase muy mal- dijo sin poder contener las lágrimas

-Tranquila- dijo Sango – Entiendo lo difícil que puede ser, creo que ahora solo necesitas enfocarte en tus actividades, deja pasar el tiempo tal vez eso te ayude a tomar una decisión clara acerca de tus pensamientos-

-Creo que necesito ser clara con ambos – dijo Aome -tengo entendido que hoy vendrá a ver a Rin, hablaré primero con él, es más maduro y creo que tomará las cosas con mayor calma y entenderá-

-Aome… ¿has pensado como decírselo a Inuyasha?- dijo sería Sango

-En realidad no… lo había pasado por alto para ser sincera. Desde la llegada de Inuyasha tengo el mundo de cabeza, nunca pensé que tendría que darle explicaciones de lo que ha sucedido.- Solo espero que no tome decisiones tontas – pensó con preocupación.

-Bueno siendo así… te deseo toda la suerte amiga, me voy porque quiero hablar con Miroku, no vaya a ser que comente algo frente a Inuyasha acerca de este tema- dijo Sango retirándose de la cabaña de Aome

-Gracias Sango por estar siempre apoyándome –

Aome decidió que debía cambiarse de ropa ya que no podía parar en shorts por la aldea, tomó de un pequeño armario su traje de sacerdotisa para ponérselo ya que ahora ese era su papel en la aldea. Tomó un pequeño bálsamo de labios con sabor a cereza, lo unto de forma generosa resaltando sus labios, era una mujer hermosa, no necesitaba más maquillaje por lo que se dirigió hacia la cabaña de la anciana Kaede la cual ahora estaba acompañada de la joven Rin.

-¡Señorita Aome!- dijo un chico de unos 13 años -¿se dirige a casa de Rin? – preguntó un poco sonrojado –

-Así es Haru – respondió con una sonrisa

-Podría… solo tal vez … - dijo apenado el niño

Miro unas flores silvestres que tenía en su mano por lo que supuso que serían para Rin

-No te preocupes Haru, con gusto se las haré llegar a Rin- dijo con una hermosa sonrisa la cual hizo que el joven tomara el color de un tomate

-Gracias señorita Aome… podría por favor decirle que es una niña muy linda-

-Por supuesto Haru, ya verás que le gustarán mucho más que las de la semana pasada- animo al chico

Se despidió de Haru y retomó su camino hacia la cabaña en donde la esperaban la anciana Kaede, Rin y Seshomaru.