Era arriesgado, muy muy arriesgado, podía suponerle el acabar por completo su amistad con Catra, pero sabía que era lo correcto. No quería volver a verla sufrir. No se lo merecía. Catra era su amiga y Scorpia estaba dispuesta hasta a sacrificar su amistad por ella. Porque esa era la clase de amiga que era.
Antes de dejar la habitación de la durmiente jefa del Páramo, cogió la espada de She-ra que Catra había dejado en una esquina de la habitación. Con sus tenazas era más complicado de lo que parecía cargar con ese trasto brillante, pero consiguió sacarla con el máximo sigilo posible. Aunque tenía que admitir que un par de veces se le había resbalado aunque la cogió antes de que tocara el suelo. El más mínimo ruido podía despertar a aquella bella durmiente que había empezado a roncar como los ángeles. Caminando con cuidado de que nadie la viera ni oyera, se dirigió hacia la improvisada prisión de la nave. Ahí estaba Adora, intentando escapar incansablemente.
Scorpia indicó al guardia de turno que se retirara y se quedó vigilando a Adora. Tenía miedo de estar equivocándose demasiado. Aún estaba a tiempo de dar marcha atrás y hacer todo lo que Catra le decía, como siempre. Pero esa sonrisa de Catra disfrutando de su primera fiesta apareció en su mente y le dio las fuerzas necesarias para dar el paso. Con sus tenazas, cortó las cuerdas que retenían a Adora y le tendió la espada. Ya no había marcha atrás.
—Ahora podrás salir sin problemas, no habrá nadie vigilando la entrada.
—¿Por qué? — Adora estaba confusa. No sabía si confiar o no en la chica escorpión que parecía haber ocupado su lugar al lado de Catra.
—A diferencia de ti— dijo Scorpia con desprecio—, yo me preocupo por Catra. Y mantenerte lejos de ella es lo mejor.
Las palabras de Scorpia habían herido a Adora más de lo que la rubia pudiera admitir. Quizás Scorpia tenía razón, quizás ella le hacía daño a Catra. Pero no tenía tiempo para discutir esas cosas. Por desgracia, no era el momento de arreglar las cosas con Catra. Tenía que huir. No volvería a tener una oportunidad como esa. Así que, rápidamente, cogió la espada y huyó tanto como sus piernas adormecidas le dejaban. No sabía cómo volver a Luna Brillante, pero eso era un problema para la Adora del futuro.
Scorpia suspiró profundamente mientras veía como Adora se marchaba. Ya estaba hecho, no había marcha atrás. Ahora tocaba enfrentarse a la ira de Catra cuando esta se enterara de lo que había pasado. Esa noche, Scorpia no durmió nada, solo esperaba que Catra apareciera en cualquier momento, hecha una furia preguntando donde estaba Adora. Ese inevitable momento llegó una vez ya había amanecido. Un estruendo metálico despertó prácticamente a todos los que seguían dormidos tras la gran fiesta de la banda.
Los gritos desesperados de Catra buscando a Adora desgarraban el alma de cualquiera que los escuchara. Era el momento. Scorpia no lo demoró más tiempo, había que salir y enfrentarse a esa gata salvaje.
