El resto del día trascurrió con bastante tranquilidad para las nuevas habitantes del desierto. Scorpia había convencido a Catra de que si decoraban la nave que ahora era su base, se sentiría mejor. Como en casa.
A regañadientes, como era todo con Catra, acabó accediendo a ayudar a la chica escorpión con aquella tarea de decoración. Las dos amigas salieron al desierto como hizo Scorpia antes para buscar cosas que les pudieran servir. Ahora tenían mucho más que decorar. Catra no sabía realmente que es lo que hacía falta, así que le preguntaba a Scorpia si las cosas que encontraba eran útiles o no. Pero, aun así, ambas trabajaron muy duro para hacer de aquella nave el lugar más acogedor para vivir.
Con diferentes telas, restos de otras naves destrozadas y la ayuda, a veces forzada, de los miembros de la banda, consiguieron convertir aquella destartalada nave en una auténtica base central.
Cuando acabaron la decoración, llamaron a los miembros de la banda para organizar las habitaciones que tenía la nave. Más o menos, había una habitación para cada cinco personas, solo Catra y Scorpia tenían habitaciones individuales. Ya estaba todo listo para empezar una nueva vida en condiciones en aquella rehabilitada nave.
Poco a poco, la vida en el desierto se empezó a convertir en la normalidad para las antiguas miembros de la Horda. Catra ejercía su papel de líder con mucha eficacia y, poco a poco, comenzaba a recuperar aquella sonrisa que tanto había conmovido a Scorpia el día que llegaron. Catra había nacido para ser una líder y Scorpia lo sabía. Lo que pasaba es que llevaba toda su vida intentando liderar lo que no era para ella.
Realmente no hacían nada especial en el desierto. Era raro para ellas contar con tiempo libre de verdad por lo que no podían evitar matar el tiempo entrenando de vez en cuando, cuando no hacía demasiado calor. En más de una ocasión, los miembros de la banda que había por la zona se reunían a su alrededor para disfrutar de aquel espectáculo. Ver a aquellas dos entrenar era una delicia, como ver una coreografía en lugar de una pelea.
Por otra parte, la mayoría de las noches, las fiestas eran lo habitual en aquella nave abandonada. No eran nada del otro mundo, pero servía para que todos se evadieran de las adversidades del desierto.
—Tengo que admitir que… tenías razón, Scorpia— le confesó Catra una de aquellas noches—. No se está tan mal aquí.
A la chica escorpión le pilló por sorpresa aquella declaración. Había vuelto a ver feliz a Catra y eso era recompensa suficiente para ella. Sin pensarlo dos veces, se acercó a darle a su amiga el mejor de los abrazos. Catra ya no rechazaba sus muestras de cariño, al contrario, ahora parecía a su manera, agradecer el cariño de la persona que siempre había confiado en ella.
Catra había empezado a abrirse, se mostraba más sincera con Scorpia y su relación parecía más una verdadera amistad. Scorpia estaba en el séptimo cielo. Al final, la decisión que había tomado era correcta. Así que se permitió disfrutar realmente de aquella fiesta.
Las dos amigas empezaban a cogerle gusto a eso de las fiestas. Los de la Horda no tenían ni idea de lo que se estaban perdiendo en su aburrida rutina militar. Varios miembros de la banda tocaban música mientras otros bailaban y bebían todo tipo de bebidas. A esas horas de la noche ya se veía como algunos ya estaban con varias copas de más, haciendo el ambiente más festivo todavía. Catra y Scorpia nunca antes habían bebido de esas bebidas que vuelven loca a la gente, pero les hacía muchísima gracia ver como los miembros de la banda se volvían super raros. Entre aquellas personas disfrutando de la fiesta, las chicas pudieron ver a Sienna bailando alegremente un grupo de personas.
La chica con la capucha notó que la estaban mirando y con una alegre sonrisa les hizo señas para invitarlas a bailar. A pesar de las múltiples fiestas que habían organizado en aquella base, Catra y Scorpia siempre se habían quedado en un segundo plano. Viendo como los demás disfrutaban ya que no sabían mucho sobre las fiestas y preferían quedarse al margen, analizando qué es lo que se esperaba que debían hacer.
—Anda ve, no te preocupes por mí— leyendo la mente de su amiga al ver el brillo en sus ojos, Catra le dijo a Scorpia que podía irse.
Quizás Catra se veía como una persona poco divertida, pero sabía que Scorpia disfrutaría aquella diversión de la que aún no sabían mucho. A diferencia de Scorpia, ella necesitaba más tiempo para integrarse por completo. Con una media sonrisa, vio como Scorpia se acercó a la chica que acababan de conocer y empezó a intentar moverse como ella.
—No tienes que imitarme— le dijo Sienna entre risas—. Muévete como te haga sentir la música.
Intentó hacerle caso y empezó a dejarse llevar por la música. Bailar en el Páramo no era como bailar en los eventos de las princesas. Todo era más espontáneo y nadie te juzgaba si hacías las cosas a tu manera. Era muy divertido. Poco a poco, Scorpia comenzó a sentir el ritmo de la música y a bailar junto a Sienna y todos los demás. Se sentía genial. Ojalá Catra se pudiera unir también. Giró la mirada para ver a su felina amiga, que la seguía mirando divertirse con cierta dulzura. Quizás en un futuro, Catra se uniría a la fiesta con ellas.
