Ya habían pasado un par de meses y Catra y Scorpia ya se habían acostumbrado casi por completo a la vida en el desierto. Casi todo les resultaba muchísimo más fácil que en la Horda, menos la comida. En la Horda les daban raciones de comida todos los días, pero en el desierto había que ganarse la comida a diario. Pero gracias a los miembros de la banda y a sus años de entrenamiento, aprendieron a cazar y a buscar alimentos que pudieran cocinar por las noches en las fiestas diarias de la banda.

Scorpia se había vuelto una amante de los bailes y todas las noches bailaba hasta que le quemaban los pies y tenía que irse a dormir, mientras Catra, por su parte, seguía algo arisca con respecto a dejarse llevar por la música, pero le estaba empezando a coger el gusto a aquellas bebidas que le quemaban la garganta y la hacían divertirse más incluso con aquellas fiestas.

Catra nunca pensó que podría llegar a ser tan feliz sin tener nada de lo que había deseado de pequeña. Y, aunque le costara reconocerlo, se había vuelto más cercana con Scorpia. Le debía mucho a aquella chica que nunca se había rendido con ella. También empezaba a entablar cierta amistad con algunos miembros de la banda como las nuevas Kyle y Rogelio, de cuyos nombres originales no se había molestado en recordar. Su nueva vida se había vuelto bastante divertida, no había un día en el que no se lo pasaran bien sobreviviendo en aquella caja de arena gigante.

Pero, por desgracia, aún había cosas que las antiguas miembros de la Horda desconocían.

Parecía una noche más, como otras tantas en la base de la banda. Scorpia bailaba y Catra bebía. Incluso, con unas cuantas copas de más, la líder de la banda se animó a intentar bailar como sus compañeros, que se quedaron en shock unos segundos antes de empezar a animar a su jefa. Al principio y al igual que le pasó a Scorpia en su momento, intentó imitar lo que hacían los demás hasta que se empezó a sentir más cómoda con la música y dejó que su cuerpo se dejara llevar. Bailó con sus amigas e incluso con Sienna con la que había empezado a hablar más. Normalmente no le gustaba bailar, pero con aquella bebida todo parecía más apetecible y divertido.

La fiesta continuó como siempre durante horas hasta que el sol comenzó a aparecer tímidamente y la mayoría de los miembros cansados de la banda empezaron a marchar para intentar dormir un poco.

Catra por su parte se encontraba un poco mareada. Aunque se había acostumbrado a beber, seguía sin gustarle mucho la sensación con la que se quedaba una vez empezaban a desaparecer los efectos divertidos del alcohol. Se dirigió a su habitación con una mano en la pared para evitar caerse cuando empezó a oír muchísimo ruido viniendo de la habitación que estaba frente a la suya.

Molesta, la líder de la banda se acercó para mandar callar a los que estuvieran formando ese escándalo. Los ruidos no le daban más que dolor de cabeza y ella solo quería dormir. Pero cuando entró en aquella habitación, se encontró algo que no se esperaba. Varios miembros de la banda se encontraban rodeando a una aterrorizada Sienna que intentaba evitar que las personas que la rodeaban tiraran de su ropa. Parecía que se burlaban de ella, eran demasiados para que ella se defendiera sola.

—Venga, Sienna, no seas así. ¿Qué puede ser mejor que pasar el rato con nosotros? — le decía un chico mientras babeaba al hablar—. Que esté amaneciendo no significa que haya acabado la fiesta.

No era la primera vez que había habido problemas por personas que se habían vuelto violentos después de beber y Catra lo había resuelto simplemente mostrando su presencia. Le encantaba dar tanto miedo a la gente.

Pero ese momento fue diferente. Nunca antes habían intentado abusar de otro miembro de la banda de esa manera. Siempre habían sido simples peleas de borrachos en las que ambos quería luchar, pero aprovecharse de otros solo porque son más fuertes… Flashes de su traumático pasado acosaron la mente de Catra que se abalanzó sobre ellos sin pensarlo dos veces. En su mente, no intentaba proteger a Sienna, sino intentaba proteger a una pequeña Catra que temblaba de miedo e impotencia en el Reino del Miedo ya que nadie la ayudó nunca.

La felina empezó a forcejear haciendo todo lo que estaba en sus garras para que soltaran a la chica de la capucha. Volaron arañazos, puñetazos y trozos de ropa hasta que, por fin, los atacantes cayeron vencidos, inconscientes en al suelo y Sienna pudo al fin respirar en paz. Ella se había salvado, pero desgracia, su capucha no salió muy bien parada tras la pelea.

Catra se quedó sin aliento, nunca pensó que una prenda de ropa cambiaría tanto su vida. La capucha que siempre llevaba la chica en realidad ocultaba una media melena castaña y par de orejas pardas casi como las suyas, salvo que eran más pequeñas y la derecha parecía haber perdido parte de un lateral por lo que parecía algún tipo de mordisco mientras que la capa escondía una fina cola rayada.

—Eres…como yo…— fueron las únicas palabras que pudo articular la líder del desierto. En su vida había visto a nadie como ella.

Nunca antes se había cuestionado que hubiera más personas como ella, pero ahí estaba, una chica con la que había hablado durante meses. ¿Cómo no se había dado cuenta de lo que había ocultado durante todo el tiempo la característica vestimenta de aquella chica?

—Sí— le contestó Sienna, abrazándose a sí misma mientras aún temblaba—. Creo que te debo muchas explicaciones, jefa— la chica, sumida en la culpa no era capaz de mirar a Catra a los ojos. Su mirada prefería estar fija en el suelo arenoso de la habitación.

Aún estaba asustada por lo que había pasado, pero ella sabía que Catra no iba aquedarse sin saber nada sobre la inesperada revelación que se le había presentado.

—Sí que me las debes— contestó la jefa finalmente. No había salido de shock, pero tenía que decir algo—. Pero ya hablaremos mañana.

Sienna asintió y fue a recostarse en uno de los lados de la habitación en la que descansaban sus agresores inconscientes. Catra chistó la lengua, estaba cansada y le dolía la cabeza, no podía soportar verla así.

—No duermas ahí. En mi habitación estarás más tranquila— señaló la puerta de su habitación—.A veces prefiero no dormir sola— Catra esbozó una melancólica sonrisa que Sienna no fue capaz de descifrar.