Las Magicat salieron de la habitación de Catra, hablando animadamente, cuando se cruzaron con Scorpia, que hablaba con algunos miembros de la banda. La chica escorpión que se quedó en shock por unos segundos. Por un momento pensó que Catra se había multiplicado.
—¿Qué está pasando? ¿Sienna eres tú? — Scorpia no dejaba de gesticular con sus pinzas. La aludida sonrió sonrojada. No estaba acostumbrada a personas tan efusivas—. Ais que orejitas más monas —dijo señalando emocionada las orejas de Sienna para luego estrujar con sus tenazas a la chica más pequeña que se dejaba abrazar con torpeza.
Catra empezó a reír ante la escena que tenía delante. ¿Así era como se ve ella cuando la abrazaba Scorpia? Era bastante cómico verlo desde fuera. No sabía por qué, pero Catra tenía la sensación de que ese iba a ser un buen día. De repente, notó que algo enorme se le abalanzaba. Scorpia había aprovechado para abrazarla a ella también.
—Oh, es genial verte tan feliz, Catra.
La gata se sonrojó muchísimo. Se estaba empezando a acostumbrar a eso de ser feliz, pero aun necesitaba tiempo para demostrárselo a los demás. Quizás el darse cuenta al fin que tenía a Scorpia, que no la abandonaría, y, posiblemente, a una nueva amiga, llenaba su vida una cierta sensación de esperanza que no estaba tan mal.
Las chicas llegaron a la sala principal de la nave y le contaron a Scorpia todo lo que había pasado desde que ella se fue a dormir la noche anterior. La chica se quedó fascinada escuchando aquella historia, aunque un poco triste al ver que, posiblemente, Catra y Sienna eran las únicas Maficats que quedaban. El ambiente se quedó un poco tensa hasta que Sienna les sugirió de hacer una improvisada excursión a un asentamiento que había cerca.
—Es el mejor sitio para pasárselo bien, os lo prometo.
Sin saber muy bien que hacer, las dos amigas aceptaron la oferta de Sienna. Tampoco es que tuvieran nada mejor que hacer. Además, tenían curiosidad por saber qué sitios divertidos había en ese desierto que siempre habían creído deshabitado. Así que se encaminaron por el desierto hasta un gran agujero en la tierra.
—Bienvenidas al Valle de los Perdidos— anunció finalmente la gata más joven como si estuviera presentado el mejor espectáculo del mundo.
Pero, cuando vio que sus compañeras no estaban para nada entusiasmadas, señaló al interior del agujero. Ambas se asomaron y vieron construido una especie de pueblo aprovechando los distintos niveles de ambos lados de la piedra que se iban uniendo con puentes. En ese momento, las dos amigas soltaron la exclamación de asombro que Sienna estaba esperando.
—Espera— dijo Catra de repente. Se la notaba algo molesta—. Si ha habido aquí un pueblo todo este tiempo. ¿Por qué demonios hemos tenido que arriesgar nuestras vidas a diario buscando comida?
—Créeme, Catra—le contestó Sienna, orgullosa de saber más que ella—, es más fácil cazar lo que quieras antes que conseguir lo que estos comerciantes piden por sus productos.
Sin más, la pequeña Sienna se adentró en aquel extraño poblado seguida de sus dos nuevas compañeras. Para sorpresa de las dos exsoldados, era una zona bastante animada. Llena de tiendas en las que los mercaderes vociferaban lo bueno que eran sus productos, veían alguna que otra pequeña pelea o un pequeño robo, algunos bares y todo tipo de personas entrando y saliendo de ellos.
Guiadas por Sienna, acabaron en un abarrotado bar al final de una de las calles. Las chicas se sentaron en la barra. Catra y Scorpia se encontraban un poco fuera de lugar. La primera y última vez que entraron en un bar, solo se dedicaron a amenazar gente y hasta ellas sabían que eso no era lo que se debía hacer en los bares. Pero, por suerte, tenían a alguien que las ayudaría a encajar. Sienna les sonrió y, haciendo señas al camarero, pidió bebidas para las tres.
—Venga, probadlo, seguro que os gusta.
Las dos amigas no estaban muy seguras de probar aquella bebida anaranjada que tenían delante. Se miraron sin saber qué hacer y ambas accedieron a darle una oportunidad. Después de llevarlas hasta allí no querían hacerle el feo a la gatita. Para disfrute de Sienna las reacciones no pudieron ser más diferentes: Catra empezó a olfatearlo y sacó la lengua para probarlo. Se relamió un poco y se bebió el vaso entero, pidiendo otro más al camarero. Scorpia por su parte, dio un pequeño sorbito y casi vomita todo lo que había comido en esa semana. Las dos gatas empezaron a reír y el camarero le puso otra bebida a Scorpia.
—Me alegra que hayáis querido venir— dijo Sienna secándose algunas lágrimas causadas por la risa—. Nunca había tenido a nadie con quien hacer esas cosas.
—Oh, pobrecita— Scorpia la abrazó con sus mejores dotes de abrazadora—. Pero no te preocupes, ahora tienes amigas— la escorpión se golpeó en el pecho, orgullosa.
—Suena bien eso de amigas…— Sienna sonrió a las dos chicas, aunque podía ver que Catra no estaba muy contenta con la afirmación. Esta prefería centrarse en el nuevo vaso que tenía delante—. Entonces si somos amigas, deberíais contarme algo de vosotras. Yo ya os he hablado algo de mi vida— sugirió bebiendo un poco de su vaso.
—¡Tienes toda la razón, las amigas tienen que conocerse! ¿Verdad, Catra? — la pobre Scorpia solo recibió gruño como respuesta antes de que Catra volviera a beber—. Pero la verdad es que tampoco hay mucho que contar. Yo nací y me crie en la Horda y hasta hace nada no había salido de allí — empezó a narrar la princesa—. Bueno es lo normal ya que Hordak aterrizó en el reino de mi familia y le cedimos los territorios a la Horda.
—Espera— Sienna se puso de pie— ¿Eres una princesa?
La gatita estaba flipando. No había visto una princesa en su vida y siempre había pensando que eran personas especiales que estaban siempre en lujosos castillos. Que solo brillaban y hacían juegos de luces. Scorpia no parecía ese tipo de princesa para nada.
—Sí, bueno. No entiendo por qué reaccionáis todos así. — la princesa se sentía un poco incómoda—.Pero tampoco es que sea una princesa de verdad, no tengo ni reino ni conexión con mi piedra.
—Guau, pero es genial. Nunca había conocido a ninguna princesa.
—Tampoco te pierdes mucho.
Ambas se giraron para mirar a Catra. Mientras Scorpia estaba hablando, la jefa de la banda se había bebido el segundo vaso que le habían traído además del que Scorpia no había sido capaz de acabarse. Se le notaba la mirada algo perdida y su voz se sentía extraña.
—Esas princesas se creen más que nadie. Se llevan a la gente que te importa y la ponen en tu contra. Menos mal que tú no eres como ellas Scorpia— Catra se abrazó a Scorpia para poder hablar mejor con Sienna—. Guau, eres muy puntiaguda Scorpia— empezó a jugar los pinchos de la chica.
La chica de pelo blanco pareció tener un dejà vu, Catra estaba igual que Adora cuando su espada se infectó. Nunca pensó que la tecnología de los primeros tuviera los mismos efectos que el alcohol.
—También está Entrapta— dijo Scorpia que echaba de menos a su otra amiga.
Entrapta está todo el día con Hordak, no cuenta… Creeme Sienna— la señaló con sus afiladas zarpas—, no ganas nada juntándote con esas princesas.
Catra se empezó a subir en la barra y a gesticular de forma exagerada como eran las princesas con las que se había enfrentado.
—Unas te tiran flores a la cara, te congelan o te tiran purpurina o agua. ¡Agua! Es horrible. Sólo te traerán problemas, se llevan a tus amigas y las convierten en señoras gigantes que brillan. Es mejor que no te acerques a esas personas. Los brillos te harán daño en los ojitos— Catra empezó a hipar mientras Scorpia la convencía para volver a sentarse.
—Vamos, seguro que no todo en tu vida ha sido tan horrible— Sienna intentaba calmarla sin saber que sólo acababa de prender la mecha de una emocionalmente débil Catra.
—Cómo se nota que no has pisado la Horda—se empezó a reír mientras el hipo seguía sin desaparecer—. Sólo estaba rodeada de gente que me odiaba… sólo entrenábamos, la comida era asquerosa pero no lo sabíamos porque no habíamos probado nada más— cada dos palabras, Catra sacaba un pequeño hipo—. Y mi supuesta figura materna no era una maldita bruja que me disfrutaba torturándome y utilizándome como a un juguete anti estrés.
—Vamos Catra, no todo era tan malo cuando eras pequeña. Tenías a Adora.
—¡No me hables de Adora!
Llena de rabia, Catra rompió uno de los vasos antes de caer inconsciente sobre la barra. Era la primera vez que bebía tanto y su cuerpo no parecía haberlo aguantado.
—Creo que va siendo hora de irse— dijo Scorpia cogiendo a Catra en brazos.
