Un dolor como de un martillo golpeándole sin piedad la cabeza, despertó a una muy desorientada Catra. Sentía como si sus ojos estuvieran pegados con pegamento y tuviera que hacer un terrible esfuerzo para lograr abrirlos. Estaba en su habitación, pero ¿cómo? Lo último que recordaba era estar en ese bar, bebiendo esa bebida rara y luego… No recordaba nada de lo que hubiera pasado ni de cómo había vuelto a su cama. Notaba su cuerpo cansado y cuando intentó levantarse, su estómago empezó a revolverse dándole unas nauseas que no le dejaron abandonar su cama.
La felina se dejó caer de nuevo sobre el colchón y cerró los ojos, intentando recuperarse un poco, pero no tuvo tanta suerte. No sabía qué hora era, pero parecía que todos en la nave ya estaba despiertos y no tenían nada mejor que hacer que mover ruidosas cosas de un lado a otro o caminar por los pasillos hablando a voces entre ellos. Cualquier sonido que llegaba a sus sensibles oídos hacía que la cabeza de Catra le recordara las terribles consecuencias de beber en exceso.
No iba a poder descansar. Desde luego que no. Así que decidió salir de su habitación. Quizás si mandaba callar a todo el mundo tendría algo de tiempo para descansar. Con pesadez, levantó su cuerpo y abrió la puerta de su habitación justo cuando se chocó con lo que juraba que era un muro.
—¡Buenos días, gatita! —la voz estridente de Scorpia nunca le había resultado tan molesta—. Al fin te has despertado, dormilona. Espero que hayas descansado. Toma, te traigo el desayuno. Necesitas energía después de un día tan ajetreado.
Entre las pinzas de Scorpia se tambaleaba una especie de plato con un desayuno de frutas del desierto.
—La cabeza me está matando. Baja el volumen Scorpia.
—Ups lo siento, lo siento —la chica dejó la bandeja al lado de Catra—. Será mejor que te tomas el día con calma y descanses.
—Gracias.
La puerta de la habitación se volvió a cerrar y, junto a la bandeja, Catra volvió a su cama. Tenía la esperanza de que Scorpia mantuviera a sus matones en silencio. Silencio. Era lo único que realmente necesitaba: calmarse y volver a sentirse mejor. El descanso y la comida de Scorpia fueron la mejor medicina contra la resaca. Finalmente se sentía ella misma.
Cuando su cuerpo dejó de culparla por beber en exceso, decidió salir de su habitación y ver qué estaba pasando en su banda. Todo parecía tranquilo. Un par de matones por ahí, otros cuantos por allá. Todos intentando mantener el mayor silencio posible. A veces esos matones eran más disciplinados que los soldados de la Horda.
Los pies descalzos de Catra la llevaron a vagar por la nave hasta que, sin nada a la vista para entretenerla, decidió explorar los alrededores. No quería morir de aburrimiento ahora que se encontraba mejor.
Justo cuando salió de la nave, un extraño brillo llamo su atención. Era blanco, brillante, pequeño, de forma indeterminada y parecía pegado a la pared. Normalmente lo hubiera ignorado, pero algo en su interior le hizo abalanzarse sin piedad sobre aquella cosa.
Cuando pensó que lo había atrapado, aquella cosa desapareció y volvió a aparecer en una de las alas medio enterradas de la nave. Catra se preparó para atacar, pero, en medio del salto, vio como una sombra se precipitaba hacia ella. El golpe con lo que fuera hizo volver el dolor de cabeza que Catra creía haber superado./p
—¿Qué haces? — le preguntó a Sienna, que había caído a su lado y también se lastimaba por el golpe.
—Lo mismo que tú— contestó sin dejar de tocarse la cabeza pensando que el dolor pasaría—, atrapar la luz.
—¿La luz?
—Claro, estoy jugando con Scorpia a atrapar la luz.
Las garras de Sienna señalaron a Scorpia que estaba sentada en una piedra a cierta distancia con lo que parecía un trozo roto de cristal que reflejaba la luz hacia donde estaban. Al ver a Catra, Scorpia la saludó feliz con sus tenazas. Aquella chica siempre estaba tan alegre que era contagioso.
—¿Quieres jugar? — le preguntó Sienna.
—Pff, no quiero jugar a juegos estúpidos.
—No lo parecía hace un minuto— le contestó Sienna con una mirada traviesa—. Pero bueno, tú te lo pierdes.
Haciéndole gestos a Scorpia, Sienna le indicó que podía seguir con el juego. Scorpia inclinó el cristal para que reflejara la luz y Sienna se encaminó a atraparlo. Vaya estupidez. Ahora que sabía que solo era un reflejo, esa luz no tenía ningún atractivo para Catra. Ninguno en absoluto. Pero entonces, ¿por qué notaba que su cuerpo la arrastraba a atrapar ese estúpido reflejo?
Gracias a su entrenamiento en la Horda pudo adelantar fácilmente a Sienna mientras oía la voz irritada de la chica que se quedaba atrás. Obviamente, fue ella la que atrapó antes a la luz. Pero la luz no se dejó atrapar y rápidamente se reflejó en otra parte de la nave.
—¡Eh! La tenía yo.
—Este juego no va de ganar, wild cat— le apuntó Scorpia.
—Va de pasarlo bien— concluyó Sienna.
Catra gruño un poco, pero siguió jugando. Algo dentro de ella la impulsaba a tratar esa maldita luz como una presa. Siguieron jugando hasta que el sol se marchó y les dejó sin una parte fundamental de la diversión. Era hora de volver dentro de la nave y quizás pasar un buen rato con el resto de la banda.
