Scorpia se despertó esa mañana sintiendo que algo cálido la abrazaba por la espalda. Era agradable. Algo pequeñito, como un peluche. Pero no recordaba tener ningún peluche en su nuevo hogar. Extrañada, se giró con cuidado. Cuando había llegado al otro lado de la cama, notó como el corazón se le iba a salir por la boca.
Era Catra. Catra estaba dormida en su cama y la estaba abrazando. ¿Qué había pasado? Cuando ella se fue a dormir, Catra seguía en la fiesta. ¿Por qué fue a su habitación? No entendía nada de lo que estaba pasando y su mente tenia tantos pensamientos a la vez que no la dejaban reaccionar.
Se quedó mirándola. Como dormía, los pequeños ronquidos que salían de su delicada boca. Estaba relajada, se había relajado a su lado. Era tan raro verla así, incluso en el desierto, no podía evitar que las responsabilidades la tensaran. Verla tan relajada hacía que Scorpia se sintiera bendecida. No quería levantaste, pero era raro quedarse demasiado tiempo mirando a Catra dormida. Se quiso levantar, pero el abrazo de los bracitos de Catra la retuvieron en la cama un poco más.
Finalmente, Catra se levantó y se sobresaltó al ver que, en sueños, había abrazado a Scorpia.
—Lo siento— dijo con un leve sonrojo—. Sienna estaba muy pesada. Había bebido demasiado y le dejé durmiendo en mi habitación. Estaba súper pasada. No podemos dejarla beber más. Siento haber entrado sin permiso.
Era tan raro ver a Catra pidiendo perdón que le costó llegar a entender que quizás la extraña actitud de Sienna podía ser uno de los planes que le había dicho que estaba dispuesta a planear para acercarla más a Catra. Definitivamente esa gatita se había tomado muy en serio el ayudarla. Tenía que aprovechar la oportunidad. Aunque no sabía realmente como.
—No tienes que disculparte, wild cat. Sabes que, como tu mejor amiga, siempre estoy para lo que necesites.
Scorpia era genial. Era una amiga de verdad y Catra estaba empezando a reconocerlo y agradecerlo. Las chicas pasaron el día tranquilo en la nave haciendo todo tipo de cosas. Fueron inseparables durante todo el día. No hicieron nada especial, pero a Scorpia le encantaba pasar el tiempo con ella.
Ya por la tarde, después de un día de trabajo duro, las dos salieron un rato a ver la puesta de sol en el desierto.
—Es precioso— dijo Catra, hipnotizada por el brillo del sol en su caída.
Era tan diferente al sol en la Horda. Más bonito, más brillante, más esperanzador. Pero Scorpia no tenía tiempo para apreciar la belleza del sol. Ella, por su parte, estaba embelesada por una belleza que consideraba mil veces más preciosa que la del sol.
—¿Eres feliz aquí?
Hacía mucho que Scorpia quería hacerle esa pregunta. Necesitaba saber que Catra no se arrepentía de haberse quedado en el desierto.
—No lo sé. Supongo que sí. Tampoco es que antes supiera muy bien lo que era ser feliz. Pero ahora no me siento como en la Horda. Así que sí. Supongo que esto es felicidad.
Los ojos brillantes de Catra dejaron de mirar el sol que ya había desaparecido, para fijar su mirada en Scorpia.
—Y es todo gracias a ti.
—¿Qué? ¿Pero qué dices? Si yo no he hecho nada— las pinzas de Scorpia no dejaban de moverse de un lado a otro, restándole importancia.
—Si no fuera por ti, había vuelto a la Hora. Pero tú me convenciste de que aquí íbamos a estar mejor. Y tenías razón. Quizás si te hubiera hecho más caso, las cosas hubieran sido mejor.
—No digas eso, Catra. Si ahora estas bien, es lo único que importa.
—Lo digo en serio. No soy la persona más fácil del mundo. Y aun así tú has seguido a mi lado. ¿Por qué?
Catra se estaba sincerando con ella y quizás ella también debería hacerlo. Pero ¿qué debía decir? No se le daba muy bien hablar en esas situaciones. Hacía mucho tiempo que había sentido algo por Catra, pero ni ella se había dado cuenta de lo que eran esos sentimientos hasta hacia demasiado poco. Por dentro temía que eso que ella sentía por Catra era lo que la gata podía seguir sintiendo por Adora. Se sentía insegura pero las palabras de Sienna no dejaban de resonar en su cabeza: "Adora no está aquí y tú sí". Tenía una oportunidad para hablar con Catra de todo corazón.
—Es algo difícil de explicar wild cat. Pero solo quiero que seas feliz.
Se hizo entonces el silencio. El tiempo se detuvo mientras las dos se miraban a los ojos fijamente, con miedo a perder aquel duelo de miradas con un simple parpadeo. Poco a poco, sus cuerpos se acercaban más y más, presas por completo del momento. Se dejaban llevar sin saber que podía llegar a pasar.
No sabía cómo se podía sentir Catra, pero el corazón de Scorpia le iba a mil. Todo lo que suponía estar más y más cerca de Catra la emocionaba. Podía notar su olor dulce, sentía su cálida respiración. Quería más de eso. Eso lo tenía claro.
Estaban tan cerca que sus respiraciones chocaban. Tan cerca que la colisión de ambos pares de labios parecía inminente. Tan cerca que no parecía realidad. Y no lo fue.
Con sus labios casi rozándose, un estruendo que tambaleó la tierra, las forzó a separarse. Vieron entonces como uno de los miembros de la banda se acercaba corriendo hacia ellas visiblemente preocupado.
—Jefa, jefa— vociferó en cuanto vio a Catra—. Una extraña nave acaba de aterrizar al lado de la base. Los forasteros quieren hablar con usted.
Catra se levantó y su cara volvió a endurecerse, mostrando la cara de la líder que ya se había acostumbrado a ser. Y dejando atrás a Scorpia. Pensando en lo que podría haber llegado a pasar si no las hubieran interrumpido.
