Nota de Beta: me merezco la muerte. ¿Lex dijo que actualizaría tarde? Yo no lo dije, pero me demoré más de lo que debía por algo literalmente llamado "me quedé dormida" *cora roto* Okay, aquí les traigo cap del bebé de mi esposa. Ojalá lo disfrutéis tanto como yo.


Bien, he actualizado un… poquito tarde ¡Pero sólo un poquito! De verdad lamento no haber actualizado el martes, ni el miércoles… —A muchos se lo prometí cuando les respondí los comentarios—, pero se me ha atravesado la vida como no tienen idea. Ahora mismo o estoy volando a NY o ya he llegado, no tengo idea de cuándo estarán leyendo esto exactamente, porque mi hermosa nena G es quien ha subido el capítulo por mí, dado que yo no podría haberlo hecho y me sentía muy mal por hacerlos esperar otro día más. En todo caso… este capítulo está para todos aquellos inconformes con el que me saltara algunos detalles en el chap anterior.


Death-sama: ¿Estás mejor? *dudosa* Regulus no sería feliz de oírte llamarlo madre, yo solo digo… Eehh… Yo nunca dije NADA de nigromancia, hablé de otras formas de obtener inmortalidad, quiero dejar eso claro. Sirius apareció porque es auror y estaba trabajando en ese momento *risa nerviosa*. Veo que se te han ocurrido MUCHAS cosas, pero no, de verdad no es por los shinigamis de ningún anime, simplemente veo el verde del Avada como el color de la muerte, y Zander no es un shinigami ni mucho menos, simplemente es un niño que ve a la muerte. No te confirmaré ni negaré nada más sobre tus teorías, pero no. Zander no habla parcel, él no es Harry. Harry está muerto y el fragmento del alma que vivía en el niño regresó al Lord, ese es por qué Voldemort tuvo ese subidón de poder. No te disculpes por tu dramatismo, me habría sentido mal si no te doliera el que hirieran a Reg. Muchas gracias por comentar ¡Besos!
Nancy: No sé de qué poder oscuro me hablas, así que si puedes explicármelo mejor te lo agradecería vidas ¡Besos!


Historia beteada por G. Mauvaise.


6. Sangre Black.

Whitehall, Londres, Inglaterra. Febrero 1982.

Sirius salió del Ministerio de Magia soltándose el cabello, dando un masaje en su cabeza. Había mantenido su cabello recogido por las veinticuatro horas que duraba su turno y, francamente, estaba un poco harto por esas tontas regulaciones que lo obligaban a mantener su cabello fuera de su rostro. El nuevo jefe del departamento de Aurores era un maldito dictador que en más de una ocasión había hecho comentarios despectivos hacía él por su apariencia, por su personalidad y por su familia. Ya habían sido varias veces que algunos de sus compañeros habían tenido que sostener su brazo para que no levantara la varita a su superior. Si McGonagall no había podido domarlo cuando era un adolescente, un viejo amargado y mucho menos intimidante no lo haría, en lo más mínimo.

Caminó por las calles de Londres, disfrutando del aire helado de invierno con un cigarrillo en la boca.

Era temprano por la mañana y el sol apenas empezaba a salir, por lo que no había apenas movimiento de personas saliendo rumbo al trabajo o a la escuela. Hizo su recorrido de costumbre, compró una taza de café en la destartalada cafetería muggle de siempre y un bagel en la panadería más cursi de toda Inglaterra, atravesó un parque para perros y justo al llegar a su edificio del otro lado de la calle se detuvo completamente helado.

Miró a su alrededor y se acercó con pasos largos y apresurados al joven hombre recargado en la pared de la entrada a su departamento. Lo tomó del brazo con fuerza y lo empujó dentro del edificio lo más rápido que pudo.

—Me estas lastimando —se quejó el chico tirando de su brazo, pero Sirius ni lo miró mientras lo arrastraba por las escaleras de emergencia, y al final lo obligó a entrar en su departamento con un empujón antes de cerrar la puerta—. Estas sobre reaccionando —gruñó Regulus, lanzándole una mirada entre diversión y fastidio.

—Se supone que estas fuera del país, tienes que mantenerte seguro —susurró el mayor, poniendo sus manos en los hombros de su hermano, mirándolo unos segundos antes de atraerlo a un abrazo.

—Lucius me aseguró que han dejado de perseguir a los mortífagos, y yo no tengo la marca, lo sabes.

—Eso no significa que no los apoyaras. ¿Sabes lo que daría Scrimgeour por tenerte en su sala de interrogaciones?

—Lu-...

—¡Malfoy no es a quien deberías de escuchar! —Sirius lo empujó lejos de su cuerpo, mirándolo con puro resentimiento en el rostro—. Arriesgué mi carrera por ti, Regulus… Preferí advertirte antes que ir por Harry…

Regulus mordió su labio.

—Esa noche te vieron en el caldero… Ellos saben que no fuiste tú quién delató a los Potter, eso también te salvó a ti… y de todas formas tú no me contestas las cartas que te mando con los elfos. Sólo puedo confiar en Lucius para enterarme de lo que pasa en el mundo mágico —reclamó el chico, dejándose caer en el maltratado sofá de cuero negro de su hermano—. ¿De verdad esperabas que me encerrara eternamente en Yakutsk? Ya no tengo once años, y ya no pueden decirme que hacer con mi vida. Yo también puedo tomar mis decisiones.

Sirius miró a su hermano, sintiendo muchas ganas de golpearlo.

No era la primera vez, y podía jurar que no sería la última en lo absoluto, así que cerró sus manos en puños fuertemente apretados por unos segundos antes de suspirar y sacarse la chaqueta de cuero.

—No viniste sólo para decirme hola, nunca me buscas solo para decirme hola, así que… ¿qué es lo que quieres, Regulus? —Sirius se dejó caer a su lado y dejó que su mano se dirigiera al cabello corto de su hermano. Era algo que siempre había amado hacer desde que eran niños.

Regulus le sonrió con repentina timidez y Sirius se dio cuenta de que a lo mejor no quería saber que era lo que su hermanito tenía para decirle. Regulus no lo miraba con esa cara a menos que fuera a contarle que había hecho algo que no debería haber hecho, así que detuvo sus dedos, que estaban acariciando los suaves rizos, y se preparó mentalmente para el golpe.

—¿Te gustan los niños, cierto? Yo sé que te gustan, pero… ¿Te gustan, cierto?

Sirius lo miró sin entender del todo. Sí, le gustaban los niños, pero no estaba del todo seguro de que le gustarán los pequeños rubios consentidos.

—Depende el niño —contestó después de algunos minutos. No tenía intenciones de cuidar ningún niño, si era lo que Regulus buscaba. Seguro que Regulus se dio cuenta de sus pensamientos porque lo miró como si fuera un idiota; de hecho, a veces se sentía como uno cuando hablaba con su hermano menor.

—Lucius nunca dejaría que te acercaras a Draco, lo sabes perfectamente. No importa que seas familia.

—Ese mortífago no es familia, Reg —contestó alejando la mano de la cabeza del chico por completo, sus ojos helados y apretando la mandíbula.

Regulus de pronto sintió que probablemente no debió de haber ido a verlo.

—Yo habría tom-...

—No lo digas, Reg… Podemos hablar porque no pasó.

El menor desvió la mirada. Él conocía perfectamente a Sirius, era su hermano después de todo, pero nunca pensó que realmente el hombre pensará en alejarse por completo por un tatuaje. Quizá había sido demasiado ingenuo, en esos momentos él no tenía la marca y no la tomaría al menos hasta después del verano, pero Regulus confiaba en que serviría a la causa. Por sus venas corría sangre corrupta y dentro de él no había luz, solo perpetua oscuridad, así cómo en Sirius, era sólo que él lo aceptaba y abrazaba por completo. Sirius siempre había temido ser exactamente como sus padres habían deseado, y se había limitado y herido a sí mismo en el proceso. Esa era la razón por la que Sirius había terminado en Gryffindor y no en Slytherin… Su hermano mayor no tenía el más mínimo instinto de supervivencia.

No tenía sentido mantenerse cerca de Sirius, no cuando el Lord había vuelto y él se uniría a la causa. Aunque el mundo mágico no lo supiera, Lord Voldemort había vuelto y estaba trabajando con más ganas que nunca en lograr cumplir su sueño. El de todos los que estaban en la causa.

Regulus se puso de pie y Sirius lo siguió casi al instante, así que lo rodeo con los brazos y apoyó su frente en el hombro de su hermano mayor. Tal vez no habían tenido una muy buena relación, y de hecho a veces pensaba que podían repararla, pero ese era el final. Al menos, para él.

—Voy a tener un bebé. De Severus —informó, mientras se alejaba de su hermano.

Sirius no lo miraba. Sus ojos se mantenían fijos en el suelo y de hecho sus manos se mantenían totalmente alejadas de él.

Tal vez era el final para ambos.

(…)

Hog's Head. Marzo 1982.

Remus sostuvo alejó lentamente el periódico de la vista de Sirius cuando el hombre terminó la botella de Whisky de fuego frente a él. Odiaba ver a su mejor amigo así. Desde que recibió la visita de Regulus, casi un mes antes, no había parado de beber. Estaba a nada de ser despedido del Ministerio y la verdad era que el hombre también estaba por acabar consigo mismo. Esa mañana un pequeño artículo en primera plana anunciaba que Regulus Black y Severus Snape habían entregado los papeles para registrar su matrimonio en el ministerio. La periodista especulaba qué, como todo había sido rápido y sin recepción, sólo podía tratarse de un matrimonio de emergencia. Incluso decía que la figura de Regulus no era la misma de siempre. En un montón de palabras y frases elaboradas, Rita Skeeter anunciaba al mundo que Regulus Black se casaba con Severus Snape por haber terminado embarazado, y la verdad era que Remus se veía muy inclinado a creer en lo que la maldita arpía decía.

Durante dos años había visto a Regulus loco por Severus, y por siete años había visto a Snape suspirar por la hermosa Lily. En su opinión, Regulus había jugado sus cartas perfectamente para atrapar al hombre que había deseado por años, pero no tenía el corazón para decirle eso a Sirius. El hombre nunca había tolerado a Snape en lo más mínimo durante sus años de escuela, y ese obvio desprecio se había convertido en odio puro cuando les llegaron rumores acerca del hombre tomando la marca de los mortífagos. No podía siquiera imaginar lo que su único amigo estaba sintiendo en esos momentos, sólo podía estar para él.

—Esa asquerosa serpiente… —gruñó Sirius, arrastrando las palabras a causa del alcohol—. Sólo lo ha hecho para joderme, te lo juro Remus —el hombre lobo lo miró con una sonrisa divertida en el rostro.

—Oh, ¿de veras? —preguntó con genuina curiosidad sobre lo que pudiera decir después de esa declaración. Algunas veces no terminaba de creer cómo Sirius era capaz de hacer que todo fuera sobre él. El hombre no había madurado prácticamente nada desde la escuela, a excepción de que era un poco más resentido con la vida desde que James y Lily habían muerto y le habían arrebatado la custodia de Harry, pero no lo podía culpar, no cuando él mismo a veces sentía que quería morder a alguien para que su manada creciera y fuera sanada.

—¿Sabes que Reg ha estado enamorado de Snivellus por años? —inquirió con amargura, mirando atentamente los sorprendidos ojos color ámbar—. No creo que ese cabrón sienta nada por Reg, él siempre ha estado enamorado de Lily… pero ahora está muerta, así que ya puede follarse a mi hermanito —el castaño no podía creer que Sirius lo supiera, así que sostuvo la muñeca de su amigo cuando se llevó el vaso a la boca.

—¿Lo sabías?

Sirius rió oscuramente y se soltó de un tirón, derramando la mitad del whisky por la mesa y su túnica, para luego beber el resto.

—Conozco bien a mi hermano.

Remus le sonrió con tristeza.

—Entonces debes saber que seguramente Reg se embarazó para atraparlo.

La verdad era que Remus se había imaginado que el comentario no le haría mucha gracia. Pero nunca pensó que le fuera a reventar el sucio vaso de vidrio en la cabeza.

(…)

Después de Aberforth los sacará de su taberna a empujones, Sirius y Remus se miraron el uno al otro con los ojos muy abiertos por unos momentos antes de empezar a reír como locos. Sirius estaba muy borracho, y era la primera vez que a Remus lo sacaban de algún local de esa manera. El sangre pura se acercó a su amigo con la varita en la mano y con un movimiento de su varita sacó los cristales que aún estaban incrustados en la sien del hombre lobo.

—No debes hablar mal Reg —le advirtió con una enorme sonrisa en la cara.

—No debes estrellarme vasos en la cara —habló el hombre de cabellos castaños, haciendo una mueca cuando el hechizo para limpiar la herida sacó burbujas en su piel—, menos vasos tan sucios como los de Aberforth. ¿Acaso quieres matarme?

—Sólo a veces… pero tú sabes cómo es esto.

Remus sabía exactamente a qué se refería, así que cuando Sirius terminó de cerrarle los cortes estiró los brazos y lo abrazó con fuerza. Era duro para ambos todavía, pero confiaba en que pronto podrían superarlo. Después de todo aún se tenían entre ellos. Eran familia, eran una manada que nunca se rompería, no mientras él pudiera evitarlo.

(…)

Old Park Lane, Londres, Inglaterra. 1 de agosto de 1982.

Era tío.

Sirius sostuvo la carta en su mano, sus ojos fijos en las letras, pero su mente a kilómetros de distancia. Por momentos una sonrisa vaciló en sus labios, pero esta desaparecía casi al momento. El día en que su adorado Harry cumplió sus dos años, su sobrino había nacido, y se sentía incorrecto de tantas maneras alegrarse por el nacimiento del hijo de Regulus cuando Harry estaba lejos del mundo mágico, que Sirius se sintió enfermo.

Sus dedos se apretaron de forma compulsiva en la carta, arrugándola cada vez más, pero trató con todas sus fuerzas de no levantarse e ir a buscar una botella de Whisky… Le había prometido a Remus alejarse todo lo posible del alcohol, pero la pequeña foto que descansaba en su regazo lo estaba llevando al límite.

El hijo de Regulus, Zander, era idéntico a su hermano. Sirius no podía ver nada de Severus Snape en el rostro del recién nacido que se revolvía dentro de las cobijas y bizqueaba en la foto a blanco y negro. Era pequeño y se veía increíblemente frágil y él solo podía desear con todas sus fuerzas sostenerlo; pero de nuevo, sus pensamientos iban directamente a Harry y su corazón se rompía, porque todo dentro de él le gritaba que era un maldito traidor por pensar sólo en sus deseos. Pero era cierto que Regulus le había enviado la carta solo para informarle sobre el nacimiento de Zander, en ningún lugar se daba a entender que deseaba que fuera a verlos, y lo más seguro era que siguieran en Malfoy Manor, así que era obvio que no sería bienvenido… pero el Gryffindor tenía la certeza de que Snivellus se lo había dejado saber a Regulus.

Perdido entre la ira y el dolor, se puso de pie y salió del edificio.

Era temprano por la mañana, pero estaba seguro de que podría encontrar algún pub por ahí en el cual olvidarse de todo.

(…)

Grimmauld Place, Londres, diciembre de 1985.

Sirius miró desde los arbustos en dirección al edificio de departamentos, apoyando su cabeza sobre sus patas.

Llevaba varias horas acostado esperando a que hubiera algún movimiento dentro de la casa, y había oscurecido una hora atrás. Sabía que Regulus aparecería esa noche en la que una vez fue la casa de ambos.

Una enfermera le había comentado, mientras le regresaba un gran pedazo de musculo a su brazo, que el elfo de su familia había aparecido el durante la mañana solicitando atención para su ama con unos modales francamente desagradables hasta que un Sanador había decidido acompañarlo. Su madre estaba muy enferma y teniendo en cuenta la impresión que Kreacher les había dado, el hospital había decidido enviar una carta a su hermano menor, informándole de la salud de su madre. Todo el mundo mágico sabía que Sirius se había distanciado de su familia —escándalos de las familias sangres puras siempre habían sido un tema popular en los periódicos—, así que no era extraño que no le informaran a él y lo asignaran como el responsable de la mujer. La enfermera era demasiado joven y estaba claramente interesada en él, así que había tratado de llamar su atención dándole información privilegiada, pero lo único que había conseguido era que Sirius saliera lo más pronto posible del hospital y se fuera a atrincherar fuera de Grimmauld Place.

Sus orejas se levantaron de golpe cuando un chasquido interrumpió el silencio de la noche, pero no se movió de su lugar. De un callejón cercano salieron dos altas figuras encapuchadas, una de ellas con un niño en sus brazos. Atentamente los observó caminar por la acera hasta que entraron en el Número doce cuando la puerta fue abierta por Kreacher.

Lentamente se puso de pie y estiró sus miembros con pereza antes de cojear mientras se dirigía hacia el camino del edificio. Eso no tardaría demasiado, conocía a su familia lo suficientemente como para saberlo, así que se sentó del otro lado de la verja moviendo la cola al ritmo del último éxito de las Weird Sisters. Esperó apenas poco más de cinco minutos cuando la puerta se abrió y de la casa salió Severus Snape cargando a Zander.

—Señora, Zander —escuchó decir al hombre—. Quien nos abrió la puerta era un elfo doméstico, ya los conoces.

Sirius bufó, ¿los niños realmente confundían elfos con personas? En Malfoy Manor tenían un montón de esas criaturas seguro.

—Ese era un elfo feo, yo digo la señora que estaba con la… ¿Abuela? —Sirius observó como el hombre hacía una mueca, y a pesar de lo que Sirius pudiera sentir por su madre, no podía evitar enfurecerse un poco. Snivellus podía decir lo que quisiera, pero eran familia de Zander, le gustara o no.

—Puedes llamarla Walburga… ¿Qué señora, Zander?

—La señora con… ¡Un perito! —Sirius saltó ligeramente, sorprendido por ser visto en la oscuridad de la noche, pero cuando el hombre bajó al niño, y Zander corrió hacía él, se mantuvo quieto. Tal vez su sobrino no tuviera miedo de él, pero la advertencia de Snape de que no lo tocara le dejó muy claro que podría recibir un hechizo como el niño se acercara demasiado. Pero mientras el infante corría hacia él, no pudo evitar devorarlo con la mirada, absorbiendo todos los detalles que pudo, lamentando la vista en blanco y negro del perro, pero disfrutando del olor dulzón a bebé que alcanzaba a distinguir. Antes de que Zander llegara a acercarse demasiado, la puerta se abrió de golpe y un furioso Regulus salió, sólo para cerrar la puerta con la misma violencia con la que la había abierto.

—Nos vamos —anunció y caminó directamente al niño que se había detenido en mitad de su camino para mirarlo con los ojos muy abiertos, y lo levanto.

Los tres pasaron a su lado, ignorándolo por completo en su camino al callejón donde desaparecieron apenas la oscuridad los cubrió.

(…)

Ministerio de Magia, Londres, Inglaterra. Junio de 1986.

Sirius se quedó helado cuando se encontró frente a frente con su hermano al abrirse la puerta del ascensor.

Regulus había empezado a trabajar en el ministerio en enero, y hasta ese día había tenido mucha suerte de no cruzárselo. No habían hablado ni una sola vez desde el día en que Regulus le había contado del embarazo. Era el tiempo más largo que jamás habían estado sin dirigirse la palabra. Poco más de cuatro años, Sirius ni siquiera había respondido la carta que Regulus le había enviado su hermano seis meses atrás cuando su madre había muerto.

No porque no quisiera a su hermano más, pero él no iba a mover un dedo en favor de Walburga.

Entró en el elevador, le sonrió a la menuda bruja que estaba cerca de la puerta y presionó el botón del piso al que iba. El elevador se detuvo y la bruja salió, con Regulus caminando detrás de ella, pero antes de que la puerta se cerrara su hermano se giró ligeramente y le sonrió, apenas.

Las puertas se cerraron y el corazón de Sirius se apretó con fuerza.

A veces, se sentía muy solo.

(…)

Ministerio de Magia, Londres, Inglaterra. 31 de Julio de 1988.

Sirius bostezó mientras escuchaba el discurso del abogado defensor. Estaba recargado en la pared detrás del público, y francamente estaba aburrido.

Esos chicos habían estado bebiendo en el caldero y se habían involucrado en una pelea. En cualquier otra situación se les habría multado, habrían pagado los daños a Tom y todos se hubieran olvidado del incidente en un par de semanas, pero cuando una de las túnicas de los chicos se habían rasgado y mostrado la marca tenebrosa en su brazo habían sido arrestados y habían sido enviados a juicio cuando no habían conseguido sacarles nada de información a los chicos, ni con Veritaserum.

En opinión de Sirius, los chicos simpatizaban con los ideales de Lord Voldemort y habían encontrado divertido hacerse un estúpido tatuaje, pero no podían ser mortífagos. Tenían menos de veinte años y el maldito loco había desaparecido casi siente años atrás, ni siquiera algo así de loco habría reclutado niños, por no hablar de que las marcas habrían sido vistas en Hogwarts o por sus padres.

Sorbió por la nariz cuando un poco de fluido estuvo por rodar fuera de ella. Estaba ligeramente resfriado y estaba muriendo porque su turno acabara e ir a tirarse en la cama después de tomarse una poción. Moody lo miró con el ceño fruncido desde el otro lado de los asientos del público. El maldito estaba tan amargado por no haber conseguido el ascenso a líder del escuadrón que estaba insoportable, pero a Sirius le alegraba. Moody podía ser buen cazador… pero no era alguien a quien confiarle la vida de otras personas.

Pasó su mano por su cabello, pero al tenerlo recogido firmemente hacia atrás esa acción no consiguió nada más que irritarlo, así que bajo su brazo y metió ambas manos en los bolsillos de su túnica roja. Su mirada vagó por el público que se había reunido en esa ocasión, la mayoría de las veces solo eran los periodistas asignados a cubrir la noticia, pero se había corrido la voz de la marca y ese día había más personas de lo normal, magos y brujas que en su opinión no tenían nada mejor que hacer, pero sus ojos se atoraron en un par de ojos que lo miraban fijamente.

Una sonrisa floja apareció en sus labios. El chico que lo miraba era muy atractivo y en su mirada sólo era capaz de ver deseo. Era joven, probablemente recién graduado del colegio, así que seguramente sería algo de lo que podría disfrutar sin muchos compromisos. El chico le devolvió la sonrisa y entonces todos en la sala se pusieron como locos.

Miró a su alrededor sin saber muy bien que sucedía, pero sólo pudo ver a los chicos que habían estado siendo juzgados salir corriendo por la puerta. El chico desapareció de su mente y entró en modo auror al instante, tomó su varita y trató de salir de detrás del mar de gente que estaba frente a él; cuando logró esquivar a la anciana bruja que abrazaba con fuerza a su gato negro vio a Moody salir de la sala golpeando su pata de palo con fuerza en el suelo y sin dejar de lanzar hechizos. Gruñó frustrado y francamente preocupado de lo que podría llegar a pasar como uno solo de esos hechizos diera en algún civil.

Corrió lo más rápido que pudo, pero cuando cruzó la puerta el mundo pareció empezar a correr de pronto en cámara lenta.

Sus ojos se encontraron con los familiares ojos de su hermano.

Regulus lo miró con una expresión llena de sorpresa que seguramente se reflejaba en la suya.

Era el último día de julio, y Sirius sabía que su hermano había especificado en su contrato que quería descansar fines de semana, días festivos y el treinta y uno de julio. Regulus no debería de estar en el ministerio, tampoco debía de haber estado en ese piso, y definitivamente no debería de estar cayendo al suelo mientras la sangre salía de su cuerpo a borbotones.

En toda su vida Sirius nunca sintió que su cuerpo le respondiera de forma tan desobediente. En su percepción había tardado demasiado en llegar al cuerpo tendido en el suelo.

Tomó a su hermano en sus brazos, apuntando su varita a la herida sangrante, pero los hechizos se atoraron en su garganta cuando una mano se posó en su mejilla.

—C-cu-ida… cuídalo… p-or mí… —susurró su hermano, y luego la mano cayó sin fuerzas en el suelo.


Pues… Sí, de eso trató el capítulo… Creo que aclaré dudas, pero dudo haber complacido a nadie. Todos querían la boda, pero apuesto a que nadie se imaginó que ellos se casarían así, pero es Severus y no me lo imagino ni queriendo casarse en una lujosa ceremonia Sangre Pura, además ya bastante tenían con los chismes sobre el embarazo de Reg. Los amo a todos, de veras, pero no los ilusionaré ni les haré pensar que el martes tendrán chap, ni el próximo jueves… pero trataré con ganas. Esta será una semana un poco complicada para mí, pero no… no dejaré de escribir en lo absoluto. Espero sus comentarios —aunque no pasó mucho en el chap—, porque quería ayudarlos a conocer a Sirius también, será importante.
¡Besos!