Muchas gracias a todos los que todavía se aparecen por aquí, la verdad no pensé tardar tanto en actualizar, pero la vida real y de adulto es aterradora y exigente. Siento que el cap quedó corto, pero bueno :3 Aclaró muchas cosas, pasan muchas cosas... MUCHAS COSAS. Vayan a leer y no me odien. A cualquiera que se le ocurra decir algo sobre las parejas como queja, puede darse por bloqueado. Hoy no estoy de buen humor en lo absoluto, así que agradezcan que conteste Los comentarios ayer, y agradezcan a mi Beta, que a pesar de todo me ha entregado el capítulo hoy.

Guest. Lamento haber tardado tanto, gracias por comentar.

velarumblack. Gracias.

Death-sama. Ups... Los mangas shoujo suelen hacer eso, lamento que la realidad golpeara. Muchas gracias por quererme y no odiarme. Dumbledore es el malo aquí :)... Regulus no está feliz de ser llamado madre, insisto y se retuerce en su tumba cada vez que lo dices. La muerte aquí está solo presente, ella no piensa en Zander más que en otro humano en lo absoluto. Me encanto la info que juntaste de la luna negra, lo juro. Muchas gracias por comentar, de verdad, y lamento la tardanza, pero la vida real... ya sabes.

BlancaBunny. Muchas gracias por volver, ahora yo he vuelto también. Yo no he tocado a Reg, toda la culpa es de Moody ;A;. A Sirius vamos a verlo ahora mismo. Muchas gracias por tus palabras, y de verdad espero verte aquí hasta el final. Feliz año.

Historia beteada por G. Mauvaise.

Nana compuesta por G. Mauvaise.


8. Lazos y enlaces.

Malfoy Manor, 1° de agosto de 1988.

El periódico anunciaba la muerte del menor de la familia Black con un titular escandaloso y con una nota que informaba la muerte de Regulus como un accidente por incompetencia en el trabajo. Severus había lanzado un Incendio al periódico en la mesa, asustando a los niños y logrando que Lucius lo mirara con desaprobación. Pero, tan furioso como estaba y con las emociones tan descontroladas a causa de la muerte del hombre que amaba, así como la revelación que había tenido sobre su hijo, no logró preocuparse demasiado por las reacciones de los demás.

—Papá… —susurró el pequeño moreno con lágrimas colgando de sus pestañas.

Severus sacó al niño de la silla junto a él y lo puso en su regazo, sus brazos aparentándolo junto a su cuerpo. Sería un día extremadamente largo. Después del desayuno Lucius lo acompañaría a San Mungo para recoger el cuerpo de Regulus, y a medio día el funeral se llevaría a cabo. Los niños se quedarían en Malfoy Manor al cuidado de los elfos, Severus en definitiva no quería que Zander viera el cuerpo de Regulus antes de que pudieran prepararlo.

Zander no comió nada más. Tampoco Severus, y Lucius y Draco terminaron muy a duras penas lo que tenían servido en los platos, pero cuando Severus quiso bajar a Zander, el niño se había aferrado a él cual koala y se negaba a dejarlo.

Por un instante Severus se sintió enfermo. En su mente podía perfectamente imaginarse a la borrosa figura parada detrás de él, pero resistió con toda su fuerza de voluntad el girarse. Sabía que no podría verla, así que abrazó al niño con fuerza.

—Zander, ¿ella está detrás de mí? —susurró en su oído y el pequeño cuerpo en sus brazos se congelo un instante. Luego, el niño miró sobre el hombro de su padre para esconder su rostro casi de inmediato en la camisa negra del hombre negando con la cabeza. Con el corazón latiendo con fuerza y sintiéndose como si hubiera saltado desde la torre más alta de Hogwarts, Severus colocó su mano bajo la barbilla de su hijo y lo obligó a mirarlo a los ojos. Esos hermosos ojos con un color verde demasiado brillante, demasiado claro… demasiado familiar—. Ella no está, entonces te prometo que voy a volver, ¿de acuerdo?

Cuando Zander asintió el agarre empezó a aflojarse un poco, así que el hombre suspiró ligeramente y, acariciándole el cabello, se alejó de su hijo. Sería un día duro, y casi podía imaginarse a sí mismo y a Zander rompiéndose en el camino, pero trataría de seguir con todas sus fuerzas.

(…)

—Papá me dijo que va a meter al hombre que le hizo eso a Tío Reg a Azkabán… —susurró el rubio cuando Zander se quedó totalmente quieto, olvidando por completo su juego de Snap explosivo.

Los ojos verdes se fijaron en los grises de Draco.

El más chico sabía que era Azkabán, y sabía que cuando alguien hacía algo muy, muy malo era enviado allí con los Dementores, pero eso no significaba nada para él. Sí, ese hombre se merecía el peor castigo, pero lo único que Zander quería en ese momento era a su papá de vuelta.

Zander abrazó con fuerza el Clabbert de peluche y Draco levantó su mano para alejar los largos cabellos negros del rostro del menor y ponerlos detrás de su oreja, en un gesto que había copiado de su padre.

—Yo nunca te voy a dejar —juró el rubio, su frente apoyándose en la del moreno.

Los ojos verdes brillaron y se dejó caer en los brazos de Draco cuando las lágrimas empezaron a brotar por si solas. Zander no estaba muy seguro de que Draco pudiera cumplir su promesa. Después de todo, Regulus había prometido muchas veces siempre estar con él… pero de momento eso le servía un poco para adormecer su corazón roto.

(…)

En definitiva, Zander no recordaría mucho de ese día en un futuro, todo para él pasaba ligeramente borroso entre las lágrimas que inundaban constantemente sus ojos y la falta de alimento que lo hacía sentir mareado pero, simplemente, no podía dejar de llorar y no se sentía con mucho apetito, ni siquiera le interesaban las ranas de chocolate que Draco le había estado ofreciendo durante todo el día.

Severus le había puesto un suéter y unos pantalones negros de vestir. Lucius había tratado de atarle el cabello, pero había renunciado fácilmente al ver que las sedosas y lisas hebras negras les ofrecían un refugio a sus ojos. Draco se había puesto una elegante túnica negra al igual que los dos adultos.

Lucius había insistido en que el funeral fuera como las tradiciones sangre pura dictaban, pero Severus se había negado por completo, así que al final solo fueron los Malfoy, Avery, Severus y Zander. El hombre no tenía la más mínima intención de hacer de la muerte del hombre que amaba un circo de tres pistas; esas cosas simplemente no iban con él y por mucho que el rubio quisiera, la realidad era a Regulus no podría haberle importado menos. Sí, el hombre había seguido las reglas, pero solo hasta el momento en que su madre murió, pero nada más ni nada menos, y Lucius honestamente tampoco se sentía con muchos ánimos para ser un anfitrión, porque Regulus descansaría en los mausoleos de Malfoy Manor.

Severus simplemente no quería volver a Grimmauld Place y ni Lucius ni Aitor podían culparlo por ello, así que el pequeño y horrible cementerio detrás de la casa Black no sería una opción.

Cuando el atardecer llegó y el viejo mago terminó el ritual de transición que acostumbraban los magos durante sus funerales para que el alma pudiera viajar al otro lado, Zander se aferró a su pierna con fuerza mientras miraba al vacío.

Severus sintió la bilis subir a su boca y casi de inmediato su mano se posó sobre los ojos de su hijo. Ella definitivamente estaba ahí, y mientras el dolor le atravesaba el alma a la vez que el ataúd era levitado por Lucius hacía el mausoleo, su mente buscó una manera de proteger a la persona más importante en su vida, porque no podía siquiera imaginar lo que era verla a ella.

(…)

Cuando Draco se rehusó por completo a dejar a Zander solo al finalizar la cena Severus los acompañó a ambos a su habitación y los arropó, quedándose con ellos en la habitación hasta que ambos se quedaron dormidos.

Salió de la habitación y fue directamente al despacho de Lucius.

Entró sin llamar a la puerta y sus pies lo llevaron sin dudar por un instante al bar en el fondo de la habitación, tomó dos vasos, una botella de Wiski de fuego y se sentó junto al hombre sentado en el sofá junto a la chimenea.

—¿Has pensado que vamos a hacer con Black? —preguntó Lucius después de un largo tiempo mirando las llamas, pero Severus simplemente se encogió de hombros y se bebió el contenido de su vaso de golpe— Lo empezaran a buscar pronto, lo sabes y no es un secreto exactamente que él vino a la mansión hace dos dí-…

—No me interesa que pasé con él… —gruñó el moreno. No se sentía exactamente con ánimos de discutir sobre el futuro de su cuñado. Lucius lo miró fijamente por unos momentos antes de simplemente negar con la cabeza. A él tampoco le importaba mucho el futuro de Black, pero definitivamente no podían solo abandonarlo en los calabozos de Malfoy Manor indefinidamente. El hombre era un Auror y, si no lo echaban en falta ya, lo harían pronto.

—Entonces me ocuparé de ese asunto según me parezca.

Severus ni siquiera se dignó a contestar, simplemente llenó los vasos de whiskey y le tendió uno a Lucius, que lo tomó sin decir ni una palabra. Ambos bebieron en completo silencio, cada uno con sus mentes en lugares muy diferentes. El mayor por momentos miraba a Severus, preguntándose como el hombre podría reaccionar a los planes que su mente estaba elaborando, así que cuando su mirada se alejó del fuego y sus ojos claros se encontraron con los oscuros se sobresaltó ligeramente, pues le sostuvo la mirada sin dudarlo por un segundo, curioso sobre lo que pasaba por la mente del maestro de pociones.

Sabes… dónde conseguir joyería sobre pedido —susurró Severus y Lucius asintió a pesar de que no era una pregunta.

—¿Necesitas algo en especial? —pregunto simplemente por decir algo, pero Severus pareció pensar por unos momentos que responder, por lo que se sintió realmente curioso por la respuesta que le fuera a dar al final.

Severus giró el vaso en sus manos, sus finos dedos siguiendo los patrones grabados en el cristal. Se mantuvo callado por tanto tiempo que Lucius pensó que no respondería, pero cuando al final se dejó caer por completo en la comodidad de sofá, soltando un largo suspiro supo que tendría una respuesta.

—Necesito unos pendientes para Zander… A Regulus le gustaban… y discutimos en varias ocasiones sobre eso… —la voz se le fue apagando poco a poco y Lucius sintió su pecho apretarse. Era incapaz de imaginarse lo que era perder a la persona con la que pensaba pasar el resto de su vida.

Con Narcissa las cosas no habían sido así en lo absoluto. Había sido un matrimonio concertado, y más allá de sentir un ligero aprecio, nunca había sentido nada demasiado profundo, así que cuando pasó lo de Draco no sufrió por la pérdida de su esposa tanto como lo había hecho por lo sucedido a su hijo. Sin embargo, era capaz de ver el dolor crudo y lacerante brillando en los ojos negros, y solo eso fue más que suficiente para incitarlo a estirar los brazos y tirar del cuerpo de Severus al suyo en un apretado abrazo. El moreno por un momento se quedó totalmente quiero, incapaz de reaccionar al hecho de que Lucius lo estaba apretando contra su cuerpo, sin importarle que algo de costoso Whisky se había derramado en el sofá de fino material. Pero, cuando su cerebro proceso el hecho, sus brazos lo rodearon de vuelta, su frente apoyándose en el hombro del hombre siendo aún incapaz de derramar una lágrima. Simplemente se aferró a él, y cuando Lucius lo alejó de su cuerpo y sus labios se posaron en los suyos, reclamándolos con violencia, simplemente se dejó hacer.

Un sentimiento se alojó en su pecho y por un sólo segundo pensó que era culpa, pero no era nada parecido. Era simplemente una extraña paz, una simple sensación de consuelo, porque por un momento no se estaba concentrando en el dolor sordo en su pecho, ni en la horrible idea de que su hijo estaba maldito y condenado a una vida con la muerte siempre presente. No estaba perseguido por los avistamientos de un futuro que se presentaba más negro que nunca en cada rincón y cada esquina, simplemente estaba sintiéndose en una sorda realidad en la que todo pesaba detrás de sus hombros mientras Lucius lo besaba.

La mano de Lucius se enterró en sus cabellos, sus dedos fuertes y atentos, y las de Severus se aferraron a su túnica mientras se deslizaban hasta recostarse en el sofá, la violencia del beso disminuyendo a una suavidad ruda, una persistencia a la que Severus no opuso resistencia alguna, pudiendo sentir en la piel y en la carne el consuelo mientras Lucius acariciaba su cuerpo, mientras él mismo le acariciaba la piel blanca, tersa bajo sus dedos e inesperadamente diferente a la de Regulus, haciéndole apartar de la mente todo lo que significaba su dolor, su agonía persistente en cada latido acelerado mientras Lucius tocaba cada centímetro de su cuerpo, arrancándole retazos y retazos de dolor a gemidos, mordidas y besos. Nada en esos toques era similar a Regulus, nada en aquellos toques era algo que él hubiera sentido o esperado sentir, la rudeza y determinación de un Malfoy abriéndose un lugar entre sus muslos y mordiéndole los labios con la sensación de sal, quizá proveniente de sus propios ojos o del sudor que perlaba su frente con cada dura embestida, deshaciéndolo en labios mordidos con sabor a alcohol la desazón, la desesperanza, el miedo, destruyéndolo y rearmándolo, dándose el lujo de perderse de la realidad y a la vez siendo un total participante activo de la misma, su lengua entre los dientes de Lucius, sus dedos aferrándose a sus brazos y su espalda, gemidos roncos muriendo en su garganta áspera.

Con movimientos toscos y pensamientos embotados, llegando al clímax Severus percibió en toda su amplitud como el dolor jamás había desaparecido, sólo había permanecido aislado en su pecho. Dejándose llevar por la inconsciencia noble de una oscuridad que no era ni tan placentera ni tan agobiadora, supo que el dolor por la muerte de Regulus siempre permanecería en su pecho, pero no torturándole ni acosándole como un fantasma vengativo, sino diciéndole que había sido capaz de amar y ser amado con la intensidad suficiente para que, incluso después de la muerte, el sentimiento no muriera con él.

(…)

Cuando a la mañana siguiente Severus despertó un ataque nauseas lo golpeó. La culpa había llegado con toda su fuerza, golpeándolo sin piedad alguna, pero cuando Lucius abrió los ojos y simplemente le acarició la cabeza como si fuera un niño toda culpa desapareció porque no era como si tuvieran una relación, o como si fueran a tenerla en algún momento. Él no había traicionado a Regulus ni sus sentimientos por él, porque había sido un simple acto de consuelo.

Se vistieron como si nada hubiera pasado, con algo de tensión entre ellos, y cada uno se dirigió a su habitación a arreglar el desastre que eran. No tenían intención de que los niños los pudieran ver en una situación tan comprometedora, así que cuando ambos aparecieron en la habitación de Draco para despertarlos y llamarlos para desayunar ambos actuaron como si nada hubiera pasado realmente.

Todos desayunaron tranquilamente, algunos con más ánimos que otros, pero cuando los platos estuvieron vacíos la marca en los brazos de ambos ardieron.

La mirada oscura de Severus se cruzó con la clara de Lucius, ambos sintiendo la llamada con fuerza.

Lucius colocó su mano en el hombro de Draco, que se había dado cuenta de que algo sucedía con los adultos.

—Severus y yo tenemos que irnos. ¿Crees poder cuidar a Zander hasta que volvamos? —Draco miró a su padre con una expresión que dejaba muy en claro lo que pensaba sobre sus dudas. Ellos se quedaban solos constantemente cuando Regulus tenía que trabajar. Claro, algunas veces había tutores, pero más que seguido eran ellos solos debido a que los elfos no contaban en lo absoluto, pero aun así asintió a la pregunta, mientras Zander saltaba a los brazos de su padre y apoyaba su barbilla en su hombro.

El moreno contuvo un suspiro y simplemente besó la sien de su hijo antes de bajarlo cuando el agarre se aflojó ligeramente.

—Volveremos pronto, lo sabes —susurró mirándolo a los ojos.

Los ojos verdes brillaron con ansiedad, pero aun así asintió.

—Papá… Te amo… —Zander besó a su padre en la mejilla y le dio un abrazo antes de ser devuelto a su silla.

Ambos hombres se pusieron de pie y salieron de la habitación con prisa para atender el llamado de su Lord.

(…)

Aparecieron justo fuera de la sala de reuniones y abrieron las puertas mientras se colocaban las máscaras.

El Lord estaba sentado en su trono y había un hombre tirado en el piso frente a él, pero nada más. Severus miró el cuerpo con curiosidad, pero lo ignoró olímpicamente en cuanto estuvo a la distancia correcta para arrodillarse ante Voldemort.

—Me alegra ver que a pesar de lo sucedido siguen acudiendo a mi llamado. Lamento mucho la pérdida de un activo como lo era Regulus, Severus —el tono de voz del hombre era casual, como quien habla del clima, y Snape sintió cómo el dolor lo golpeaba, pero simplemente agachó la cabeza. No podía esperar mucho más realmente, para el Lord eran activos, algunos más valiosos que otros, pero sin duda alguna el hombre buscaría una venganza satisfactoria para todos por la muerte de Regulus, y no había ni una sola duda de que él estaría más que dispuesto en ser partícipe de ello.

—Apreciamos sus palabras, Mi Lord —respondió Lucius por ambos.

Voldemort los observó atentamente, una suave sonrisa en sus labios, sus ojos rojos brillando en su apuesto rostro, su cabeza apoyada en su mano.

Desde que había vuelto con su nueva apariencia Lucius no se había preguntado ni una sola vez como era posible de porque todas las personas que alguna vez habían sido buscadas para unirse al lado oscuro habían aceptado sin miramientos. El hombre era cautivador, prácticamente perfecto, y el poder que exudaba era algo sin comparación.

—Ahora quiero hablar con ustedes sobre cómo vamos a lidiar con la falta de un espía bien colocado en el ministerio, pero gracias a Lucius ese problema se ha resuelto casi de inmediato.

Severus levantó su cabeza y miró a Lucius un momento sin comprender en lo absoluto. Lucius nunca entraría al ministerio en ninguna posición, todos sabían que había sido mortífago y el hombre encontraba el trabajo de oficina francamente detestable.

Voldemort río.

—Veo que no estás enterado de esto, Severus. Te lo explicaré con más detalle —Voldemort se puso de pie y caminó hacia el hombre acurrucado en el suelo totalmente inconsciente —. Crucio —un grito desgarrador hizo eco en la habitación y Severus se paralizó, reconociendo la voz al instante. El Lord detuvo la maldición y el hombre se quedó en el suelo, respirando erráticamente pero muy despierto—. Creo que todos aquí son familia, así que los dejare solos por unos momentos, tengo algunas cosas de las que ocuparme… Ah, y Severus… Necesito esa provisión de pociones lo antes posible, tendremos una redada en el barrio de Moody dentro de muy poco tiempo —el apuesto hombre salió de la habitación y cuando la puerta se cerró Severus se volvió furioso a Lucius.

—¿¡En qué demonios estabas pensando!? —sus manos se aferraron a la túnica negra de Lucius, sacudiéndolo con fuerza. El rubio solamente se sacó la máscara con un movimiento de la varita, sus ojos claros viéndose determinados.

—Lo encerramos en los calabozos de Malfoy Manor, mucha gente sabía de su aparición en la fiesta de Zander, personas de ambos bandos que podrían decir lo que fuera conveniente para sus respectivos líderes. Lo único que pude hacer fue ofrecérselo al Lord como seguidor, es un trato que nos conviene a todos. Obtenemos un espía y nadie nos encierra en Azkabán por secues-…

—¡No podemos confiar en él! ¡Podría ser una maldita trampa! ¡No gana nada, y no es alguien en el que podamos confiar! —Lucius permitió que dijera todo lo que quiso y, después y con mucho cuidado, puso sus manos en las mejillas de Severus, sosteniendo su rostro para que no alejara la vista de la suya.

—Él solamente quiere formar parte de la vida de Zander.

Severus abrió la boca en shock, antes de alejarse de golpe, empujando a Lucius con toda su fuerza.

—No tienes derecho a ofrecer a mi hijo como moneda de cambio.

—No es-…

—¡Es justamente eso lo que hiciste! ¿Crees que puedes manejarnos a tu antojo? ¡No te voy a permitir esto!

—¡Fue la última voluntad de Regulus! —el moreno se detuvo de golpe, mirando atentamente a Lucius, quien decidió que podía seguir hablando sin que lo interrumpiera—. Te conozco lo suficiente para saber que no le negarías eso al hombre que amas más que a tu propia vida.

Severus giró la cabeza, apretando los labios con fuerza, negándose en redondo a mirar al hombre que lentamente daba un paso hacia él y resistiéndose a darle la razón, pero Lucius sabía que esa discusión había terminado, así que simplemente se inclinó sobre él sin importarle nada y lo besó.

Severus suspiró, sin alejarse ni responder, simplemente cerró los ojos.

El grito de incontrolable furia de Sirius llenó la sala de reuniones del Lord.

(...)

Severus estaba sentado junto a Zander en el sofá del salón de té de Malfoy Manor, y Draco del otro lado.

El pequeño rubio le señalaba imágenes en su libro y Zander, acurrucado en el costado de su padre, esperaba pacientemente a que Lucius apareciera con Black que había sido lanzado a los elfos para ser atendido y arreglado al menos un poco antes de ser presentado a Zander.

A Severus no pudo haberle importado menos la apariencia del hombre, pero Lucius había insistido en que Zander simplemente se sentiría más incómodo ante la apariencia de un hombre torturado por días por lo que había tenido que ceder, porque no había manera de que él quisiera causarle a su hijo un momento difícil de nuevo.

—Papá... ¿Él es bueno? Porque Draco dijo que su ma-…

—¡Yo no dije nada! —chilló el niño, mirando a su primo con su mirada más furiosa que consiguió callando a Zander, y miró a su padre con una mueca en los labios.

—¿Es bueno? Es el hermano de papá... pero yo no lo había conocido antes —el hombre observó los brillantes y atentos ojos verdes.

—Es el hermano de Regulus, y él... lo quería —gruñó en voz baja y Draco lo miró curioso, mientras que Zander lo hacía con recelo.

—¿Tú lo quieres?

Severus prácticamente se ahogó con la pregunta, mordiendo su lengua para evitar decir nada inapropiado. Regulus siempre había sido muy firme con mantener un lenguaje sano frente a Zander y no pensaba empezar a cambiar ciertas cosas, así que simplemente negó con la cabeza, mientras deslizaba sus dedos por el sedoso cabello negro.

—No es mi hermano.

—Tampoco mío.

La respuesta llegó, rápida y afilada, y Severus sonrío real y honestamente por primera vez desde que Regulus murió. Estuvo tentado a llamar a uno de los elfos para que le llevara una caja de ranas de chocolate, pero en ese momento la puerta se abrió, y por ella entraron los dos hombres.

Severus podía sentir la tensión en el cuerpo de Zander pero no dijo nada, no lo incitó, pero tampoco lo retuvo mientras el niño observaba atentamente a su tío.

(...)

Old Park Lane, Londres, Inglaterra. 20 de agosto de 1988.

—Me odia.

Remus miró a Sirius desde el sofá, sin decir nada mientras dejaba el periódico sobre la mesa de café.

—Hace dos días me dijiste que las cosas estaban mejorando.

—Snivellus lo está envenenando en mi contra, lo sé... Zander no quiere nada de mí porqu-…

—Tú y yo sabemos que no es cierto, ambos hicieron un juramento… —Remus bajó la voz mientras Sirius se llevaba la mano a su antebrazo con una mueca de dolor.

—Es hora. ¿De verdad quieres hacer esto, Moony? —preguntó Sirius acercándose, arrodillándose frente a él, sus manos en sus rodillas. El hombre lobo simplemente alzó las cejas y sonrió un poco.

—Alguien tiene que cuidar que no te mates.

—¡Pero tendrás que pelear por la causa!

—Sirius... la única causa por la que puedo pelear es por mi manada, y tú eres lo único que me queda... —Sirius abrió la boca, pero Remus se apresuró a interrumpirlo—. Además soy un hombre lobo, el lado de la oscuridad no me ofrecerá menos que el lado de la Luz, supongo que es algo que nos beneficia a ambos.

Sirius miró fijamente esos claros ojos dorados y le sonrió de vuelta cuando el hombre lobo le mostró una cálida sonrisa. Se puso de pie y Remus con él.

—¿Listo? —Remus asintió y rodeó con sus brazos el cuello de su mejor amigo, que los desapareció a ambos de su sala.

(...)

Remus observó a su alrededor mientras daba un pasó lejos de Sirius.

Había varios adolescentes en la habitación, todos vistiendo túnicas negras sencillas como el, luciendo nerviosos e incómodos.

—Tengo que dejarte aquí, no permite que nadie se quede, cuando te marca te quiere a ti para él... quiere que le ofrezcas todo lo que tienes, pero si al-… —Remus sonrió y a pesar de que estaba francamente aterrado, solo puso su mano sobre la boca de Sirius, con la intención de pararlo.

—Vete, no tengo cinco años —Sirius frunció el ceño, pero se inclinó y lo estrechó contra su cuerpo.

—Será malo, sólo por un momento... después de que los marque y termine todo vendrás conmigo a Malfoy Manor y-…

—Snape se encargará de la marca, lo sé. Ya hemos hablado esto varias veces, todo estará bien, Padfoot.

Una puerta del otro lado de la habitación se abrió, y Sirius se desapareció antes de que Remus pudiera siquiera girarse. Iba a suceder. Realmente iba a convertirse en Mortífago ese día.

(...)

Zander estaba sentado frente al piano de la sala principal cuando la chimenea se encendió en llamas verdes. Ni siquiera se molestó en girarse, sabía qué su tío llegaría a casa con un viejo amigo, se lo había estado contando por días, eso realmente a él no le podía interesar menos… pero cuando un gemido de dolor llegó a sus oídos sobre las escalas que estaba practicando se giró de golpe.

Un hombre se encontraba en los brazos de su tío, prácticamente desmayado, por un segundo el pánico lo inundó, pero casi al instante se tranquilizó; ella no estaba ahí. El sujeto se pondría bien, pero aun así lucia horrible.

—Kr-Dobby —llamó en voz alta y el elfo apareció.

—¿Que puede hacer Dobby por el Joven Amo Zander? —el niño lo miró sin llegar a creer que estuviera preguntando, normalmente Kreacher solo aparecía y se encargaba de la situación, pero no podía llamarlo, su padre le había dicho que el elfo tenía que estar solo.

—¡Llama a papá! —gritó y el elfo desapareció de inmediato.

—Tranquilo, Zan… Está un poco lastimado, pero todo estará bien —Sirius le sonrió a su sobrino, pero el pequeño observaba todo sin moverse del banquillo, una ensayada expresión en blanco en su rostro. Odiaba esa expresión. Era la que ponía Regulus en casa cuando eran niños, o cuando iban a reuniones sociales con otros sangre pura de grandes fortunas. Zander era prácticamente una copia perfecta de Regulus, pero sus cabellos eran totalmente lisos, sin ni una sola onda en las puntas, y sus ojos eran de un verde brillante y perturbador. Algunas veces, cuando lo miraba, casi podía imaginarse que Harry sería una perfecta copia de James, tal como Zander lo era de su hermano.

La puerta se abrió de golpe y Snape entró en la sala luciendo furioso.

—Te dije que se aparecieran —gruño furioso mientras atrapaba al niño que corrió directamente a sus brazos.

—No iba a traerlo así, hoy estaba furioso. ¡Mató a Cruciatus a un chico!

Zander jadeó y se hundió en el pecho de su padre. Alguien había muerto.

—Ve a jugar con Draco —ordenó el Severus bajándolo al suelo, empujándolo hacia la puerta.

—Papá me hacía practicar a esta hora... —respondió Zander, negando con la cabeza, aferrándose a los brazos de Severus con fuerza.

El hombre maldijo internamente a Sirius, lanzándole una mirada envenenada.

—De acuerdo —Severus llevó al niño de vuelta al enorme piano gris—. Si te vas a quedar, tienes que practicar. Voy a poner un hechizo para que no te moleste lo que decimos, pero yo podré escucharte, ¿de acuerdo? —los ojos verdes brillaban con lágrimas a punto de derramarse—. Zander… —Severus se acercó a él y habló apenas en un susurro— ella no está detrás de mí, ¿verdad?

Zander miró detrás del hombro de su padre, pero sólo estaba la puerta abierta, así que negó con la cabeza. Severus le sonrió ligeramente y luego se alejó murmurando un Muffliato por lo bajo.

—No puedes solo llegar gritando que alguien está muerto —el rostro de Snape estaba distorsionado por la ira, sentía unas enormes ganas de maldecirlo hasta que muriera, pero tenían un trato—. Déjalo en el sofá.

Sirius le lanzó una mirada a Zander mientras colocaba a Remus con cuidado en el sofá. Zander era demasiado callado, serio y obediente, y la verdad era él no le gustaba mucho a Zander, pero Zander tampoco le gustaba demasiado a él.

Era incómodo.

—Lo marcó al final, pero al final sólo él y otros dos chicos estaban de pie.

—La iniciación normalmente no es agradable, lo sabes, y la semana pasaba murieron tres Mortífagos durante el ataque al pueblo de Moody. No está de buen humor porque Dumbledore sacó a Moody de su casa, como si nos estuviera esperando.

Sirius abrió la boca para reclamar, pero entonces Remus abrió los ojos.

—Moony… ¿estás bien?

—Como si fuera la mañana después de la luna llena...

Severus estrechó la mirada y se inclinó sobre el hombre con la varita levantada, pero Sirius se mantenía constantemente sobre el hombre lobo, hablándole y tocándolo.

—Muévete, no puedo hacer nada si no te quitas y no tengo razones para quererte en esta casa más tiempo del necesario.

Sirius rió amargamente.

—Por supuesto que no me quieres en la casa de tu amant-…

No lo vio venir, de hecho, nadie lo vio venir, simplemente un hechizo rojo hizo caer de rodillas a Sirius antes de que terminara de hablar. Severus miró a la puerta, desde donde Lucius miraba todo con la varita en la mano aún levantada.

—Difícilmente puedo llegar a ser considerado un amante, pero soy un amigo de la familia y te agradecería que cerraras tu sucia boca… Zander nos está mirando.

Los tres hombres miraron al niño que se veía claramente perturbado.

Severus resistió las ganas de gritar, pero entonces Lupin tosió y la sangre brotó de su boca atrayendo su atención. Lucius de inmediato caminó hacia él niño y lo obligó a mirar hacia el piano.

—Él está herido y tiene miedo, ¿recuerdas la canción que Regulus tocaba cuando tenías miedo? —Zander miró a Lucius y lo tomó de la mano, tirando de él hacia abajo, acercándolo para susurrar en su oído.

—Cuidarás que no le hagan nada a papá, ¿verdad? No le gustan, Draco me lo dijo el otro día...

Lucius apretó los labios intentando ocultar la sonrisa, no se suponía que Draco aprovechara de su habilidad para leer la magia en esas cosas, pero estaba orgulloso de eso, y por sobre todo de la confianza de Zander hacia él.

—Tú toca, yo me encargaré de que no pase nada con tu padre, ¿de acuerdo? —cuando el niño sonrió y se puso a tocar le revolvió el pelo y caminó hacia el sofá.

Las notas empezaron a sonar y Sirius se acercó a Zander con pasos lentos, Lucius, Remus y Severus ignorando por completo al hombre.

Las primeras notas sonaron lentas, suaves y tristes en los torpes dedos de un niño de seis años.

—Esa... esa canción... —Zander le lanzó una mirada de reojo a su tío, antes de detenerse un poco.

—Papá la cantaba para mí por las noches... le pregunté a papá por ella... pero...

—Regulus dijo que nunca la iba a cantar de nuevo.

—¿Qué?

—Sni... Tu padre no la sabrá... Está canción es una vieja cosa de familia...

—Nosotros somos familia… ¿verdad? —los ojos verdes anclaron los ojos grises de su tío, quien sintió que su pecho se apretaba ¿lo eran? Zander era hijo de su hermano, era su sobrino, pero seguía sintiendo que las cosas no encajaban como deberían, y aun así insistió— La sabes... ¿La cantarías para mí?

Sirius miró al niño, mirándolo con enormes ojos verdes brillando debajo de sus pestañas Sumamente adorable, y era como si de verdad mirara Regulus suplicarle por que le cantara la canción como cuando eran niños y se acurrucaban juntos en Grimmauld, así que asintió inevitablemente, se sentó junto a Zander y mientras los dedos de su sobrino empezaron a acariciar las teclas él empezó a cantar en voz baja, ligeramente desafinada.

In a corner of the starry sky

there is a little light

which shines, which shines;

which shines, which shines.

In a corner of the starry sky

there is a little star

that laughs, that laughs;

that laughs, that laughs.

Little star, little light,

never stop smiling,

never stop shining.

Little light, little star,

never stop shining,

never stop smiling.

In a corner of the sky are clouds,

black clouds we cannot push away.

Do not let them cover your laughter, your light!

Little star, little star.

In a corner of the sky are storms,

powerful storms that will fall.

Don't let the rain soak your joy!

Little star, little star.

Little star, little light,

never stop smiling

never stop shining

Little light, little star,

never stop shining,

never stop smiling.

In a corner of the starry sky

is a constellation of stars.

Your family will always be with you!

Little star, little star.

In a corner of the starry sky

is the place where we will always see each other

Just raise your head and we'll be by your side

Little star, little star.

Little star, little light,

never stop smiling

never stop shining

Little light, little star,

never stop shining,

never stop smiling

Little star, little star.

Little star, little star.

Severus le lanzó una mirada al piano. Zander tocaba torpemente mientras Sirius cantaba algo en voz baja; conocía la melodía, demasiado bien de hecho, pero la letra no. Regulus siempre se había sentido torpe haciendo ciertas cosas enfrente de él, había cosas que solamente compartían Zander y Regulus, y nunca le había molestado. Pero, en ese momento, sentía que había cosas que él no podía darle a Zander por más que tratara.

Sacudió su cabeza y se volvió hacia Remus y Lucius, y mientras veía como el rubio se encargaba de cerrar una herida abierta en el hombro del hombre lobo se dio cuenta que su vida había cambiado de forma terrible y aterradora, pero al menos Zander no estaría del todo solo.

(...)

Anden 9 3/4, King Cross, 1° de Septiembre de 1991.

Zander sujeto con fuerza la mano de Dazther mientras esquivaba el montón de cuerpos de adolescentes en los pasillos del tren.

El pequeño niño rubio tropezaba cada tanto, pero Zander tenía que encontrar a Draco rápido y entregarle el paquete que llevaba en la otra mano antes de que el tren se marchara.

—Dazh, sabes… si caminas más rápido podremos regresar a comer ranas de chocolate —lo animó con una sonrisa, pero el niño de dos años cada vez arrastraba más los pies, así que se detuvo y suspiró cansado—. Por eso te dije que te quedaras abajo con los adultos, anda... te llevare, pero tienes que cargar el regalo de despedida de Drake —el niño le puso el paquete en las manos y luego lo levantó apoyándolo en su cadera.

Sabía que también había sido su culpa por haber decidido subirlo al tren con él, cuando tanto Lucius y su padre habían insistido en que lo dejara, pero Zander simplemente no tenía el corazón para decirle que no cuando lo miraba con sus enormes ojos llenos de amor, así que caminó por un par de vagones más hasta que se chocó directamente con Draco, que corría en su dirección.

—Severus me mando por ustedes, no puedo creer que lo subieras al tren contigo —se quejó el rubio mientras le quitaba al infante de los brazos a Zander.

—Pensamos que ya no bajarías del tren, y yo tenía que darte esto de parte de Sirius —Zander observó como Draco besaba la mejilla de su hermano, y le tendió el paquete—, sabes cómo se pone cuando quiere algo, y me miró con esos ojos... —Zander lo miró, imitando perfectamente la cara que Dazther utilizaba y Draco sonrió.

—Eres un blando —Draco metió el paquete en su túnica y tomó la mano del moreno en la suya—. Tienen que bajar ya del tren, y yo tengo que decirle a padre que no te deje cargar con él en todos lados.

Zander sonrió y dejó que Draco lo arrastrara por el tren.

—Sirius dijo que lamenta no poder despedirse de ti, pero tenía que trabajar hoy y...

—No me importa que no viniera —lo interrumpió mientras bajaban del tren.

—Entonces devuelve el regalo.

—Zander, que no me importe si viene o no, no significa que no quiera todos los regalos que pueda conseguir de su parte —su tono de voz dejaba muy en claro que lo consideraba un idiota, pero Zander sólo rodó los ojos y dejó ir el tema. Casi llegaban a donde estaban sus padres cuando Zander vio una sombra de negro pasar por su lado.

Se detuvo de golpe, aunque se controló de inmediato, respirando profundamente el olor a lavanda y evitó girar la cabeza. Si trataba de ignorarla sus ojos la verían como una persona más.

—¿Zan? —lo llamó Draco, mirándolo curioso. El niño sonrió, negando con la cabeza y caminando de nuevo.

—Creo que vi a alguien con una playera de rock muggle —inventó rápidamente y Draco rodó los ojos.

—Camina, Dazh pesa cada día más gracias antojo el chocolate que tú y Remus le dan.

Zander río divertido y caminó de la mano con Draco hasta donde estaban parados Severus, Lucius, Remus y tres pequeños y ruidosos niños. Soltó la mano del rubio y se lanzó directamente a los brazos de su padre, observando como Draco ponía a Dazther en brazos de Remus con una mueca de fastidio.

Draco podía quejarse lo que quisiera, pero amaba a su familia.

Extrañaría demasiado a los tres pequeños revoltosos y a la adorable Jussie con toda su alma, por no mencionarlo a él. Seguro volvería para Yule, pero sería la primera vez que estarían tanto tiempo separados en todo lo que llevaban de vida, y recién en dos años más sería su turno de irse al colegio donde podría ponerle fin a sus meses de soledad lejos de Draco.

Lo bueno era que tenía lo que quedaba su familia y, tomando la mano de Severus, Zander supo que eso no lo cambiaría por nada.