O eme ge.

No nos hemos visto por estos lares en un tiempo mis adorables mortifagos y tiernos sangre puras, y no me disculpo porque los lideres de la oscuridad no se disculpan ante nadie y... Vale, no, me detengo ¿Por qué tardé? Porque una de las escenas me costó todos los meses en escribirla, pero al fin salió. Se suponía que este iba a ser Encabezados pt. 2, pero hubiera quedado al doble y nadie quiere eso, créanme, porque no habría estado hoy.

Capítulo dedicado con todo mi amor al más hermoso marido, sin el este chap no estaría publicado hoy, porque él fue quien me lo recordó, te amo Mi Always.

BlancaBunny: Sip, es ella. Las cosas nunca van a ir muy bien aquí, así que mejor no empezar a pensar que si. Mucha suerte con ese Sev. Gracias por seguir leyendo y comentando. Besos~

Annie: Quiero responderte todo, pero lo primero se aclara en este capítulo, para saber porque Zan se ve tanto en los espejos puedes leer el fic "El reflejo en el espejo" ahí está la respuesta de por qué se mira tanto. Sobre la edad de Zan no lo responderé, siento que se arruinaría la sorpresa. Gracias por leer de verdad y no te preocupes que aunque tarde tanto el capítulo va a salir en algún momento. Besos~

Ya terminé con mis pendejadas, vayan a leer.

Capítulo sin betear.


10. Mitades y vacíos.

La Hilandera. 29 de noviembre 1991.

Cuando llegaron a la sala de estar Severus lo bajó con cuidado al suelo con miedo de que cayera a causa de la forma en que se retorcía. Zander estaba histérico y el hombre no podía entender que era lo que sucedía, no era la primera vez que lo cargaba a través de Flu, cuando los pies de niño estuvieron firmemente sobre el suelo, Severus se arrodilló frente a él y lo sostuvo con fuerza de los hombros, mientras Zander gritaba y luchaba por liberarse y lanzarse a la chimenea.

—¡Zander! ¡Zander!

—¡Tengo que ir! ¡Ella! ¡Papá, ella!

Los ojos verdes llenos de lágrimas y llenos de horror lo observaron suplicantes, su corazón latió acelerado. Sabía de qué hablaba, pero su cerebro se rehusaba por completo a asimilar lo que significaba, aun así, se suponía que él era el adulto, su obligación era encargarse de que Zander estuviera bien, antes que cualquier otra cosa.

—¡Kreacher! —llamó en un grito sobre la voz de Zander. El elfo apareció, pero no hizo absolutamente nada más allá de mirar la escena con los ojos enormes por la impresión— ¡Poción calmante, ya! —Kreacher desapareció al instante, incluso antes de reaccionar conscientemente a la orden, su magia acatando la orden antes que el mismo, solo un segundo después le entregó el vial al hombre.

Severus sacó el corcho con los dientes y forzó el cristal dentro de la boca de Zander, que tosió ahogándose un poco, pero al final su cuerpo se relajó de forma inevitable.

El hombre le tendió el vial de vuelta a Kreacher que desapareció sin decir una sola palabra, y observó a Zander, retirándole suavemente el cabello del rostro. La expresión del niño era ligeramente ausente, y sus parpados caídos, la poción lo mandaría a dormir en poco tiempo, después de todo había estado durmiendo solo unos momentos antes.

—Hijo ¿Quién la tenía? —susurró y Zander abrió la boca, frunció el ceño y negó con la cabeza.

—N-no estoy se-eguro —hipó ligeramente mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas.

—Entraré a ver ¿De acuerdo? —Severus no esperó por una respuesta, simplemente se sumergió dentro de la profundidad de esos ojos verdes.

Los bordes estaban borrosos, y tal como las demás veces, el mirar hacia ella era terriblemente difícil y no conseguía una imagen real, pero ya conocía su presencia, aun así, su corazón se encogió y después de observarlos, salió de la mente de Zander, que se balanceo y cayó hacia adelante, directamente a sus brazos. Severus lo levantó, subió las escaleras, caminando directamente a su habitación y dejando a Zander en su cama en lugar de la del chico, le quito los zapatos y transformo su ropa en un pijama.

Accio Clab —un desgastado peluche entró volando a la habitación, Severus lo atrapó en el aire y lo colocó en la almohada a un costado del niño dormido. No estaba seguro de cómo iban a superar eso, tenía que encontrar la manera de mantenerlos a salvo. De verdad se preocupaba por los Malfoy y no sabía que tanto afectaría a Zander pasar por eso de nuevo.

Cubrió al niño con cuidado y se levantó de donde estaba sentado al borde de la cama, para girarse y encontrarse con Fenrir recargado en el marco de la puerta, observándolo fijamente.

—Ya que está en la cama supongo que no podremos utilizarla.

Severus inclinó la cabeza hacia un lado y se acercó al hombre, cuando estuvo a su lado le indicó con un gesto que lo siguiera.

Apenas estuvieron lo suficientemente lejos de la habitación y en el pasillo, Fenrir rodeó con su brazo los hombros de Severus y bajaron hasta la pequeña sala de estar de esa manera hasta que se sentaron en el sofá, donde el hombre lobo obligó al hombre a prácticamente sentarse en su regazo.

—Ha tenido uno de sus episodios… —susurró el hombre de cabellos negros, dejando que su cabeza se fuera hacia atrás y se apoyara cómodamente en el hombro del mayor.

Fenrir permaneció callado, sus enormes y fuertes manos acariciando los costados de Severus. No tenía idea de que decir, no era como que él supiera demasiado sobre el problema del niño. Solo había presenciado uno de los episodios del chico y no se había sentido nada cómodo lidiando con las alucinaciones y el estado medio histérico del niño, pero Severus había actuado rápidamente, forzándolo a dormir con un hechizo aturdidor y llevándolo a casa desde Knockturn. Esa había sido la última vez que el supiera, que Zander había tenido contacto con el mundo mágico o con alguien más que no fueran los Malfoy o los niños muggles del barrio.

—Puedes irte, hoy dormiré con Zander, cuando despierte estará muy asustado…

—Me quedaré aquí, si no me dejas dormir en la cama me quedaré en el sofá.

Severus suspiró y se enderezó en su posición, para mirar al hombre lobo a los ojos.

—De verdad no estoy de humor para hacer na-

—Dije que dormiré en el sofá —gruñó Fenrir cubriendo la boca del hombre con su mano. Severus tomó la muñeca del lobo y alejó la mano de su rosto—. Me quedaré en caso de que necesites ayuda… —el moreno observó al hombre lobo. No necesitaba leer la mente del hombre para saber qué haría lo que estuviera en sus manos, pero que preferiría que nada sucediera.

—Bien… Si tienes que irte en algún momento usa la chimenea —Severus se puso de pie y le pasó una manta que Zander utilizaba para acurrucarse a estudiar, estaba lo suficientemente limpia y era lo bastante grande para cubrir al hombre. Fenrir la olfateo ligeramente y sonrió mientras se acomodaba en el sofá, cubriéndose con la tela verde.

—La manada puede sobrevivir una noche sin mí.

—Estoy consciente de ello —río Severus, se inclinó y besó a Fenrir en los labios, un contacto casto decía más que cualquier palabra que el hombre fuera capaz de pronunciar—. Me voy a la cama, descansa —Severus subió las escaleras, se cambió de ropa y se metió en su cama. Acaricio el cabello de Zander y cerró los ojos.

No tenía sueño, y no tenía la menor intención de dormir. Con un suspiro se giró en la cama y observó la oscuridad con la culpa corroyéndolo. Alguien iba a morir, y él no podía mover un dedo. Nadie podía cambiar el destino, y no podía arriesgarse a que nadie supiera el secreto de Zander, era lo que Regulus haría, podía confiar en los Malfoy cualquier cosa, pero no la vida de su hijo.

Regulus lo entendería, y mientras esa idea daba vueltas en su mente se dio cuenta de que no soportaba estar solo. Suspirando salió de la cama y fue hasta la sala de estar, donde Fenrir se encontraba lanzando una de las pelotas de Zander al aire.

—El sofá no es muy cómodo... — susurró Severus y Fenrir rió por lo bajo.

—Tu cama es más cómoda, si —Severus no necesitaba acercarse a él, o verlo a la cara para saber que tenía en sus labios esa sonrisa presumida y de colmillos brillantes.

—No despiertes a Zander —se giró y subió las escaleras, pero fue alcanzado a la mitad, los fuertes brazos de Fenrir rodeándolo y acercándolo a su cuerpo.

El hombre lobo hundió su nariz en el cabello de Severus y aspiró el aroma por un momento antes de separarse de él, permitiendo que el hombre siguiera su camino a la habitación. Al entrar al cuarto Fenrir miró al niño en la cama y a Severus subiendo a ella, normalmente se acurrucaba con los cachorros de la manada si ellos lo querían, pero eso era en el suelo junto a la hoguera, o en la cueva.

La cama le parecía tan personal que de alguna manera lo intimidaba, pero mientras Severus se acercaba a Zander y se aseguraba que las mantas cubrieran al niño en esa fría noche de otoño, su instinto le gritaba que se metiera ahí y les diera el calor que necesitaban. Fenrir era incapaz de ignorar sus instintos, y la realidad era que no quería hacerlo. Se sacó la camiseta y se acomodó del otro lado del niño, sorprendiéndose cuando Zander, se alejó de Severus y se acurrucó en su pecho.

—Es demasiado fácil —susurró Severus a nadie en particular negando con la cabeza, con la sombra de una sonrisa queriendo asomarse en su rostro mientras cerraba los ojos.

El hombre lobo lo miró fijamente por un tiempo antes de suspirar y rodear al niño con sus brazos. Zander siempre tenía frio, o al menos que el supiera siempre buscaba la manera de mantenerse caliente, y él podría mantenerlo caliente como si fuera su cachorro.

(…)

—… pero ella se los va a llevar, papá solo déjame ver a quien podemos…

—Zander, no podemos. Sabes que no podemos detenerla.

Fenrir se mantuvo respirando lentamente, fingiendo que dormía. Era demasiado raro verlo molesto con el niño, nunca había escuchado que le hablara de forma tan dura a Zander en el tiempo que llevaba conociéndolos, nunca se imaginó que escucharía a Severus decirle algo con la voz tan helada. No era normal, tampoco era normal la manera en que podía sentir el pequeño cuerpo temblar en la cama, podía oler la sal de las lágrimas del niño y el terror y dolor crudo inclusive por sobre el olor de la lavanda que siempre lo rodeaba.

—No quiero que ninguno se muera —sollozó Zander.

Sabía que cuando Zander tenía uno de sus episodios, las alucinaciones eran malas, pero nunca pensó que se tratara de visiones de gente muriendo, no le interesaba saber demasiado.

—¿Morir? —preguntó sentándose en la cama, bostezando y levantando sus brazos sobre su cabeza— ¿Quién va a morir?

Severus se puso pálido de golpe y el niño abrió la boca como si quisiera decir algo y no pudiera, pero él los ignoró y salió de la cama después de patear las mantas.

—Te voy a preguntar los números mientras comemos —amenazó y los ojos verdes se abrieron un poco más y Zander salió corriendo del cuarto, Fenrir supuso que a su cuarto para buscar las notas—. Todavía no se sabe los números —gruñó y se acercó a Severus.

El hombre seguía sentado en la cama, tan pálido que podría pasar por un muerto, pero Fenrir se inclinó hacía él y mordió su nariz de forma ligera antes de besarlo con fuerza. La respuesta tardó en llegar, pero cuando los afilados dientes del hombre lobo atraparon su labio inferior, la respuesta fue inmediata. Las manos de Severus fueron al cabello corto del hombre lobo, enredando sus dedos en las gruesas hebras castañas mientras el enorme y fuerte cuerpo del hombre lobo lo empujaba para recostarse en la cama, fuertes manos se deslizaron debajo de la camiseta que usaba para dormir, largas uñas raspando la piel de su espalda mientras Severus se abría de piernas y Fenrir se colocaba entre ellas.

—Tenemos tiempo suficiente —la voz ronca de Fenrir llenó la habitación cuando Severus lo empujó, apartándolo apenas de su cuerpo—. Démosle al chico la oportunidad de estudiar antes de que tenga que bajar a desayunar —los labios del hombre lobo se deslizaron por el cuello de Severus, dejando besos violentos y mordidas gentiles. Fenrir sabía que solo debía presionar un poco más y Severus se rendiría, podía sentirlo duro contra él y por más comprensivo que se hubiera mostrado la noche anterior, la realidad era que había ido a verlo por una razón muy específica, y podía sentir como toda resistencia iba desapareciendo poco a poco.

—¡Papá, no tenemos chocolate! —ambos se detuvieron y se separaron cuando pasos apresurados se escucharon subir las escaleras.

—Le tienes que quitar el azúcar a ese pequeño demonio —gruñó Fenrir y con un último beso en los labios a Severus se quitó de sobre su cuerpo. El moreno le sonrió ligeramente y se puso de pie a tiempo para que la puerta se abriera de golpe.

—¿Vamos a Malfoy Manor? Tío Lucius me dará chocolate —Severus miró los brillantes ojos verdes y los restos de cenizas en el pijama de su hijo. Zander había tratado de ir por sí mismo a través de Flu a la casa de Lucius.

—Te ayudaré a cambiarte —susurró el hombre empujando al niño fuera de la habitación—. Busca tus deberes primero.

Zander sonrió y corrió directamente a su habitación, mientras Severus se giraba a ver al hombre lobo.

—Volveré pronto —gruñó el castaño, después de ver la suplica en los hombres del moreno—, pero me debes una.

—Seguro, pero tengo que encargarme de él hoy —aceptó con un suspiro.

Fenrir se acercó a él y lo besó de nuevo, sujetándole el rostro con las manos mientras reclamaba su boca con fuerza hasta que las rodillas de Severus cedieron levemente y él se sintió satisfecho.

—Recuerda esto hasta que vuelva —Severus alzó las cejas ante la sonrisa de Fenrir, luego solo lo observó salir de su habitación antes de dirigirse a su propio guarda ropa, en busca de algo que ponerse.

(…)

Parados frente la chimenea encendida, Severus tomo a Zander de los hombros y lo obligó a que lo mirara a los ojos. Zander estaba terriblemente ansioso, sudaba ligeramente y sus manos temblaban cuando no las apretaba en puños.

—No puedes decirles nada, y tienes que actuar como siempre —Zander abrió la boca para reclamar, pero Severus se le adelantó—. Nadie puede enterarse de esto, Zander, o me obedeces o te ataré la lengua permanentemente —sus ojos negros observaron con dureza como el niño apretaba los labios, resistiendo el impulso de responderle, pero se rindió cuando las cejas de su padre se alzaron.

—Harás algo, ¿verdad?

La voz suplicante le rompió el corazón a Severus, ambos sabían que no podría hacer nada, era imposible ir contra el destino.

—Zander ¿De verdad quieres hacer esto? —acarició los largos cabellos negros fuera de su rostro y dejó su mano ahí, por un momento Zander miró detrás de él, hacía la chimenea encendida con el miedo haciéndole estremecerse, pero al final asintió— De acuerdo, si quieres volver a casa, solo tienes que decirlo.

Zander asintió, Severus usó la manga de su suéter para limpiarle el rostro, y tomándolo de la mano se metieron en la chimenea rumbo a Malfoy Manor.

(…)

Salieron de la chimenea en el salón y esperaron por unos minutos, pero nadie apareció para recibirlos. Severus no necesitaba más confirmación de que algo muy malo había pasado.

—¿Papá? —susurró Zander, aferrándose a su mano con las suyas— ¿Dónde está Dobby?

Severus tomo aire y tiró de su hijo fuera de salón, deteniéndose en el pasillo, no había ruido proveniente del comedor y a pesar de haber vivido varios años ahí, no se sentía lo bastante cómodo como para subir directamente a las habitaciones cuando era claro que algo andaba mal, menos aun sabiendo lo que se vendría muy pronto, pero no necesitaron esperar demasiado, porque un par de minutos después, Lucius bajó las escaleras con el cabello atado en una coleta alta y vistiendo pantalones de vestir muggles en lugar te su túnica habitual.

—¿Zander está bien? —preguntó el hombre rubio acercándose al niño y empujándole el cabello fuera del y colocando su mano en su frente— Tampoco está verde… —suspiró Lucius con alivio mientras acariciaba la cabeza de Zander, que se aferró a él por la cintura en un apretado abrazo— Los cachorros están realmente mal —agregó mirando a Severus a los ojos.

—La viruela de dragón no suele ser tan agresiva —respondió sin necesidad de que Lucius agregará nada más, pocas enfermedades ponían verde a los magos y, en definitiva, pocas enfermedades eran capaces de alterar tanto a Lucius. A pesar de no haber tenido una relación perfecta con su padre, el hecho de que el hombre había muerto a causa de la misma enfermedad que tenían sus hijos, no podía ser nada agradable.

—Remus dice que es por sus genes de lobo.

Severus se pasó las manos por la cara.

—¿Qué dijo el medimago? —susurró, aunque sabía que Zander escuchaba cada palabra atentamente.

—Necesito que prepares un filtro de paz con acónito, pensaba ir a buscarte, pero no sabía si el lobo… —Lucius lo miró fijamente a los ojos y Severus se vio obligado a apartar los suyos, incapaz de sostenerle la mirada.

—Sabes que puedes llamarme ¿Crees que Zander pueda entrar a ver a los cachorros? —necesitaba saber cual de los cuatro estaba en peor estado— Si la consigue ahora sería una preocupación menos para el futuro.

—Si se mete en la cama con Dazther, quizá consiga mantenerlo tranquilo ¿quieres verlos antes o me llevo a Zander?

Severus meditó la idea por un momento. Confiaba plenamente en que Zander estaría bien con Lucius en cualquier situación, menos en esa. No sabía como reaccionaria al verla, mucho menos al enterarse cual de los niños moriría de forma eventual.

—Solo un momento ¿si no te importa?

Lucius negó con la cabeza y tomando de la mano a Zander los llevó al primer piso, mientras caminaban por los pasillos hasta el ala de las habitaciones todos permanecieron en silencio, cada uno de ellos con sus pensamientos alrededor de los cachorros, los tres de ellos atormentados con la idea de perderlos. Lucius se aferraba a la pequeña mano en la suya como si fuera un salvavidas. El horror helando la sangre en sus venas y quemando su alma ante la simple idea de perder algo de nuevo, de ser herido una vez más, de perder a su familia de nuevo. Zander acaricia con su pulgar el dorso de la mano del hombre, y luego la aprieta cuando se acercan a la habitación de los cachorros, el terror de saber lo que va a encontrar ahí adentro lo consume, pero tal vez su padre pueda hacer algo, él siempre tiene una poción para lograr que todos se pongan mejor, así que cuando entran a la habitación cierra los ojos por unos segundos, suplicando a todos los dioses que ella no esté, y que si lo está, puedan encontrar la manera de librarse de ella.

(...)

Severus observó por unos momentos a Remus tratando de mantener a los cachorros en sus camas con ayuda de los elfos mientras ellos lloraban y tosían chispas a cada tanto, antes de dirigir su mirada a su propio hijo. La respiración del niño estaba siendo cada vez más rápida y, dando un paso asustado hacia atrás, Severus se adelantó rápidamente para ayudarlo, pero casi al momento Lucius tenía a Zander en sus brazos y Zander su rostro hundido en el cuello de Lucius.

Lucius le sonrió ligeramente a Severus y fue entonces que el infierno se desató.

Los cachorros esquivaron a sus cuidadores, y mientras Dazther salió corriendo de su cama a cuatro patas, los otros dos niños se balancearon a causa de la fiebre, pero aun así lograron de forma torpe sobre sus pies, Jessie por el contrario saltó de la cama y llegó a su padre antes que sus hermanos.

—¡Zander! —chilló tirando del pantalón de Lucius, a la vez que sus hermanos la alcanzaban y se aferraban a las piernas de su padre, pero Zander se aferró al cuerpo de Lucius con brazos y piernas, negando con la cabeza cuando el hombre trato de bajarlo.

Los cachorros lo llamarán una y otra vez, pero Zander se negó a salir de la seguridad que le ofrecerán los brazos de Lucius a su alrededor.

Severus respiró profundamente y luego se colocó a un lado de Lucius, acercando su rostro para susurrarle a Zander en un oído, sus manos acariciando la espalda de su hijo con movimientos lentos. Lucius lo miró extrañado, pero aun así le sonrió apenas a Severus cuando el agarre alrededor de su cuello se aflojo lo suficiente para alejar a Zander de su cuerpo y mirarlo a la cara.

—De verdad no quieres enfermarte ¿cierto? —Zander miró con sus enormes y verdes ojos llenos de lágrimas, luego miró a su padre que le empujó el flequillo fuera del rostro.

—Zander, viniste a jugar con ellos ¿recuerdas?

Severus le sostuvo la mirada, su corazón latiendo muy rápido en su pecho sintiendo como poco a poco Zander se alejaba más de la realidad, conforme su mirada se volvió más vidriosa, pero entonces Roux empezó a toser de forma descontrolada. Chispas de fuego saliendo se su boca y el verde en su piel volviéndose más enfermizo con cada intento que hacía por respirar.

Lucius no necesitó demasiado tiempo para entregar a Zander en brazos de Severus e inclinarse por su propio hijo. Remus estuvo a su lado en un segundo, sus manos recorriendo al cachorro y acercando su cuerpo al hombre tanto como podía.

Severus dio un paso atrás, sus brazos aferrándose a Zander que había girado la cabeza para mirar a Roux con los ojos bien abiertos. Ni siquiera preguntó, simplemente se posó sus labios en la frente de Zander, avanzando hacia la cama más cercana y dejando al niño que se acurrucó contra la cabecera, manteniendo sus ojos fijos en un punto en el vacío.

—Zander —susurró, girando la cara de su hijo hacía la suya, para que lo mirara a los ojos—, no la mires —ordenó, a la vez que Lucius acostaba al Roux en la cama de al lado y él sacaba su varita. Zander asintió, aferró la túnica de Severus por el pecho mientras su padre recitaba un hechizo y el olor a lavanda lo rodeo, volviendo su vista borrosa por los bordes, pero haciéndolo sentir mejor al tiempo que la ligera ceguera y el olor le aseguraban que al menos no podría verla mirándolo con esos ojos vacíos— ¿Mejor? —Zander asintió, sus ojos llenándose de lágrimas cuando los otros tres cachorros se subieron a la cama con él— Sabes que solo debes frotarlo para que salga más, debo ir a preparar la poción para ellos ¿de acuerdo?

—Papá… ¿Volverás por mí? —preguntó aferrándose con más fuerza aun cuando Severus trató de alejarse. El hombre sonrió apenas y se sentó a su lado en la cama.

—¿Está detrás de mí, Zander? —Severus le sonrió al niño cuando negó con fuerza con la cabeza. Él tenía la seguridad de que no moriría ese día por lo menos, el destino no era tan cruel y la muerte no podía ser tan perra, él llegaría a ver a Zander graduarse de la escuela, quizás casarse y si tenía verdadera suerte hasta conocería a sus nietos, así que no, ese día no moriría— Prepararé algunas pociones y luego iré a casa por Clab si quieres quedarte ¿de acuerdo? —no esperó una respuesta y tomó las manos de su hijo fuera de su ropa, tenía cosas que hacer.

Zander se giró hacía la otra cama y a los cachorros, tratando de ignorar la figura borrosa que no se suponía estuviera ahí, sus ojos verdes se posaron en Remus, quien observó con el ceño fruncido como Lucius salía de la habitación con su padre, a Remus no le gustaba mucho su papá, pero le gustaba bastante él, así que no tenía muchos problemas con el hombre lobo, también era buen amigo de Sirius y había sido muy bueno con Draco siempre.

—Zander ¿tú no puedes hacer que brille? —el niño miró como Jussie forzaba un poco de tos para lanzar chispas, solo para ser imitada por Dazther y Gilbert.

Una sonrisa apareció en sus labios cuando el aire se llenó de chispas, y rio un poco cuando los elfos saltaron apurados hacía ellos para desaparecer todas y evitar que cayeran en las sabanas, pero su risa murió cuando los tres empezaron a toser fuera de control. Remus corrió a ellos y les lanzó un hechizo rápido que los hizo detenerse casi al instante, pero verse mareados y con un gesto de dolor.

—¿Les duele porque son lobos? ¿Me dolerá igual? —preguntó con miedo tomando de la mano a Dazther, que se acurrucó sollozando a su lado.

—Es porque son lobos, tu estarás bien —le aseguró con voz tensa, luego miró la puerta de la habitación, y de regreso a Zander— ¿Crees poder quedarte con ellos unos minutos? Te hacen más caso que a mí —Zander se encogió de hombros y se recostó en la cama, Jussie y Gilbert acomodándose junto a él, quedando rodeado por los niños— No tardaré demasiado, solo diles a los elfos si necesitas que vayan a buscarme.

—Si Remus.

—Eres un gran niño Zander, no tardo demasiado —el hombre lobo se inclinó y besó la frente de sus hijos y revolvió el cabello de Zander, luego se giró y salió de forma apresurada de la habitación, dejando a Zander solo con los cachorros en la cama, y los elfos parados cerca de la pared sin tomarse la molestia de desaparecer.

Jussie se arrastró en la cama para acurrucarse a su lado y tomar su mano en la suya, Gilbert los miró y gruñó, pero al no tener fuerzas para nada más simplemente tomó la otra mano de la niña, Dazther por el contrario solo se acurrucó a apoyando su cabeza en el hombro de Zander.

—¿Quieren que les cuente un cuento? —gruñó cerrando los ojos cuando Roux empezó a toser en la cama de al lado. Jussie se revolvió mientras chillaba, su voz un poco ronca, los otros niños no dijeron una palabra, pero Zander se rehusó a abrir los ojos, aunque sintió a Dazther asentir contra su brazo, así que simplemente abrió la boca y empezó a contarles la historia de "Los tres hermanos" en un francés que se le atoraba en la lengua cada tanto, y las lágrimas que se derramaban de sus ojos.

Algunas veces soñaba que tenía seis años de nuevo y convencía a Regulus de no salir por esa puerta, cuando los abría ella se había ido. Estaba muy seguro de que cuando abriera los ojos ella seguiría de pie junta a la cama, negándose a irse.

(…)

Zander se revolvió en la cama y se sentó tan pronto como un ataque de tos le impidió continuar respirando, parpadeo confundido, todo a su alrededor borroso y confuso cuando se dio cuenta de que estaba solo en la cama. Se frotó la cara con las manos y cuando su cabeza dejo de girar por haber tomado una siesta apenas después de haber despertado, se giró a mirar las otras tres camas.

Su padre estaba inclinado sobre Roux, vertiéndole la poción en la boca mientras Remus sostenía al niño contra su pecho. Gilbert permanecía acurrucado sobre un montón de mantas y cojines a los pies de Lucius, quien sentado en la mecedora sostenía a Dazther en sus brazos, y finalmente la pequeña Jussie estaba dormida en su cama.

Zander sonrió un poco cubriéndose la boca con las manos cuando chispas verdes salieron y entonces se quedó helado por completo. Severus se acercó a él casi al instante, dejando la botella de cristal vacía en la mesita de noche, las manos de Severus volaron a su frente controlando su temperatura, y fue en ese momento que se rompió. Empezó a temblar y trató de gatea fuera de la cama, pero su padre lo retuvo en su lugar antes de que siquiera llegara al borde de la cama. Las manos de Severus tomaron la temperatura de su frente, mientras el luchaba por salir de sus brazos.

—Zander, quédate quieto, no tienes apenas fiebre, pero no has comido nada y no te puedo dar la poción así —Zander ni siquiera se molestó en responderle, solo luchó en los brazos de su padre, hasta que solo se quedó quieto, fueron solo unos segundos, pero bastaron cuando no pudo ver su pecho moverse.

Simplemente se echó a llorar.

Severus lo sostuvo en un confundido abrazo por unos instantes, y luego sus ojos recorrieron a los cachorros en la habitación, sintiendo como Zander se estremecía entre gritos y sollozos. Solamente tres de los cachorros se movieron a causa del escándalo.

Se levantó de la cama y dejó a su lloroso hijo en la pierna libre de Lucius que abrió la boca para preguntar lo que sucedía, pero se detuvo por completo cuando Severus se acercó al pequeño e inmóvil cuerpo.

—¿Severus? —susurró temeroso viendo como el hombre de cabello negro tomaba la diminuta muñeca y luego le ponía un par de dedos en el cuello con la clara intención de sentir el pulso. Durante solo unos segundos que parecieron una eternidad para todos en la habitación Severus se mantuvo con sus dedos contra la piel de su muñeca, luego levantó la cabeza y negó.

—Lo lamentó, no tiene pulso.

Fueron solo unos instantes, pero para Zander fueron una eternidad de confusión en la cual solo había una certeza y era que el mundo se estaba rompiendo con cada latido de su corazón. No supo en qué momento fue puesto en el suelo con Dazther en sus brazos, ni siquiera es capaz de asimilar porque su padre da un paso atrás con las manos levantadas cuando Remus se lanza sobre él y apenas es detenido por los brazos de Lucius, solo que de pronto Remus dejó de pelear para llegar a Severus y girarse para la lanzarse sobre Lucius, quien solo hizo una mueca de dolor cuando los puños con fuerza de licántropo se estamparon contra su cuerpo.

Forcejearon un par de segundos, hasta que los cachorros despertaron y se lanzaron a la cama de Jussie olfateando ansiosos ante el extraño olor de su hermana.

Remus se apartó de golpe del cuerpo de Lucius, y rodeo a los cachorros con sus brazos, atrayéndolos a su cuerpo olfateando el aire a su alrededor en un intento de captar el aroma de sus cachorros, pero incapaz de hacerlo con la luna llena tan lejana. Lucius dio un paso hacia su familia, pero Remus cubrió a los cachorros con su cuerpo, envolviéndolos en sus brazos y poniéndolos fuera del alcance de Lucius, luego miró al hombre a los ojos y gruñó en clara amenaza.

La habitación se hundió en silencio, los adultos tensos e incapaces de moverse, Zander acurrucado en el suelo al pie de la mecedora. Nunca había visto a un hombre lobo ponerse violento, pero una sombra parpadeaba en la esquina de la habitación queriendo tomar forma cada vez que Lucius parecía tomar la decisión de acercarse, para luego pensarlo un momento más y evitar mover cualquier músculo. Unos segundos, quizá minutos o hasta horas después Lucius dio un paso atrás y se giró para salir de la habitación sin mirar Severus o a Zander que estaban prácticamente en su camino a la salida.

Severus le lanzó una mirada llena de odio a Remus y luego siguió a Lucius, tomando en sus brazos a Zander. No entendía al maldito lobo, nunca lo haría, no entendía los instintos de un animal, pero para el serio hombre de cabello negro no había nada peor que impedirle a un padre abnegado a su familia que tocara a sus propios hijos. Salieron de la habitación, Zander rodeando el cuerpo de su padre con brazos y piernas, mirando fijamente sobre su hombro, su corazón latiendo de forma acelerada mientras escudriñaba cada centímetro del pasillo vacío que dejaban detrás en su camino a la oficina de Lucius.

Cuando llegaron a la oficina del hombre lo encontraron en el suelo, de rodillas y con la cabeza dentro de la chimenea dando órdenes apresuradas, antes de salir y mirarlos con ligera sorpresa antes de llamar a un par de elfos y mandarlos a la habitación de los niños a preparar a Jussie y a otro a la casa del Sanador para que fuera a dictaminar la hora, y solo entonces que el último elfo desapareció el hombre se dejó caer en el viejo sofá donde muchos años atrás Severus había dejado que el hombre borrara su dolor.

Todo lo que Severus supo hacer justo en ese momento fue entregarle a Zander y sentarse a su lado mientras el hombre rubio abrazaba a su hijo con fuerza, respirando el aroma de su cabello y acariciando la pequeña espalda cada tanto mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas.

(...)

Oficina del Director, Hogwarts. 30 de noviembre 1991.

Sirius se mantuvo quieto bajo la mirada fija de Dumbledore, el anciano había sido especialmente difícil los últimos meses desde que Sirius había hecho una escena por la desaparición de Harry, lo vigilaba más de cerca y le exigía que se reportara a su servicio más que a cualquiera de los demás miembros de la orden. Sabía que estaba en la cuerda floja con el viejo mago, pero cuando Lucius le había llamado para pedirle y no ordenarle, que fuera por Draco a Hogwarts y lo llevara a casa para despedirse de su hermana y el funeral, no pudo importarle menos que el viejo mano tuviera algún tipo de sospecha de él.

—Una verdadera tragedia, pero a veces creo que el destino castiga a aquellos que solamente hacen daño a los demás —Sirius apretó los dientes. Era la hija de Remus, era la pequeña prima de su sobrino, y era la hermana pequeña de Draco. Si abría la boca estaba seguro que el hombre no llamaría a Madame Pomfrey para que le cosiera la lengua de nuevo.

Solo se quedó quieto, recargado contra la pared a un lado de la puerta, ambas manos apretadas en un puño dentro de los bolsillos de su chaqueta de cuero, mirando la estantería frente a él hasta que la puerta se abrió y Draco entró, viéndose claramente nervioso, y muy confundido de encontrarlo ahí.

—¿Me... me llamó, Director? —preguntó en voz baja, sus ojos fijos en los de Sirius, su mano cerrandose alrededor de su varita con fuerza, mientras con la otra se aferró a su túnica.

—Joven Malfoy, el Señor Black ha venido para llevarlo a casa un poco antes de las vacaciones de invierno, puede tomar los exámenes cuando vuelva para el siguiente trimestre, ahora iré a buscar a un elfo para que recoja sus cosas —Dumbledore se puso de pie y al pasar a su lado le dio un par de palmadas en el hombro a Draco y salió de su despacho.

Draco se quedó de pie ahí donde el anciano mago lo dejó, sus ojos fijos en el suelo, tratando de mantener la calma.

No podía mirar a Sirius, algo muy malo había pasado podía verlo en la magia de un enfermizo tono azul retorciéndose y pinchando el aire alrededor de Sirius.

Había visto la magia de todos enloquecer así cuando algo malo sucedía. Estaba más aterrado que nunca en su vida, y por una vez, deseo que fueran sus padres quienes lo fueran a buscar, de no haberse colgado tanto de Sirius, solo para saber que ellos estaban bien, pero cuando Sirius se arrodilla frente a él y lo abrazo con fuerza supo que de no verlo ahí, lo más probable habría sido que se habría vuelto loco sin saber si algo le había pasado. Tenía solo once años, pero podía ver la magia y podía entender a Sirius.

—¿Papá está bien? —susurró contra el hombro de Sirius aferrándose a su espalda, olvidando por completo que estaba molesto por haber sido ignorado al inicio del ciclo escolar.

—Tu padre está bien, Dragón —le aseguró acariciando su cabello—, pero algo paso en casa y me pidió que te llevara con ellos.

Draco se alejó un poco de él y lo miró a los ojos.

—Sabes que puedo ver cuando me mientes —Draco acarició la mejilla de Sirius con la punta de sus dedos mientras sus propios ojos se llenaban de lágrimas— ¿Alguien murió? —Sirius sonrió de forma triste y asintió

—Los cachorros consiguieron viruela de dragón —murmuró y Sirius observó atentamente como la expresión de Draco se llenaba más y más de dolor conforme pasaban los segundos—. Jussie murió hace un rato, tu padre me pidió que re lleve a casa —Sirius acarició el cabello rubio fuera de la cara de Draco y cuando las lágrimas rodaron fuera de sus ojos lo atrajo a su cuerpo y se puso de pie con el niño en sus brazos.

Draco se aferró a Sirius con fuerza y sollozó en su cuello murmurando una serie de cosas que Sirius fue incapaz de entender.

—Te llevaré a casa Draco —susurró besando la oreja del niño, y mientras lo sostenía con un solo brazo levantó la varita con la mano libre y lanzó un hechizo al baúl que en algún momento había sido dejado junto a la puerta de entrada al despacho. El baúl se encogió y Sirius lo colocó en su bolsillo y se metió en la chimenea con su destino en brazos.


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Besos~