SCARE
By: Vainiella
CAPÍTULO II
Instituto Odaiba, Baño de Damas, Pasillo Oeste.
Miércoles, 9 de abril del 2012.
Hora: 9:34 am.
La mirada de la pelirroja se encontraba fija en algún punto muerto de la puerta de su cubículo, sintiendo como un espeluznante escalofrío calaba sus huesos hasta el punto de inmovilizarla. No quería creerlo, era inconcebible la idea de que aquel ruido habían sido disparos. El sonido seco, los gritos de terror, el silencio mortal tras ello, ¿Cómo pudo haber ocurrido algo semejante en el Instituto Odaiba? Repleto de niños y adolescentes que jamás podrían escapar de las balas.
Sintiendo como temblaba, se subió su ropa interior con torpeza para luego terminar de vestirse, debatiéndose internamente si salir del baño o no.
¿Y si el atacante estaba en el pasillo?
No, no podía salir.
Habrán pasado un par de minutos, cuando en eso se volvieron a escuchar más detonaciones, haciendo que Sora se agarrara la cabeza y reprimiera un grito, temiendo lo peor, ¡Se escucharon tan cerca!
Con los nervios entorpeciendo sus movimientos, buscó con desesperación su celular en el bolso hasta encontrarlo en un bolsillo interno. Al sacarlo verificó que tenía batería y señal, y sin dudarlo un segundo marcó a su madre, más no obtuvo respuesta. Por la hora seguro estaba abriendo la floristería.
Volvió a intentarlo, pero de igual forma no contestó.
—¡Ay, mamá!
Si bien las detonaciones cesaron y el baño de damas parecía ser el sitio más seguro para resguardarse, Sora se sentía igual de expuesta al estar sola. Aprovechó para meterse en Whatsapp y buscar a Koushirou, escribiéndole sin dudarlo con la desagradable sensación de que jamás volvería a verlo en línea, no obstante, de los nervios se le cayó el celular al suelo, recogiéndolo de inmediato con el alma casi saliendo de su cuerpo. Temía que el ruido evidenciara su escondite.
Retomó su atención al Whatsapp, ¿Debería llamar a Koushirou? ¿Y si el atacante estaba cerca y lo exponía? No, no podía llamarle, pero el ver que su última conexión había sido hace una hora hacía que Sora temiera lo peor.
—No…Ay, Kou.
En ese momento, escuchó a alguien caminar en el pasillo, haciendo que dejara de mirar su celular para luego volver a ver la puerta. Con un tiroteo reciente nadie caminaría tan relajado, a juzgar el sonido de cada paso, así que solo podría tratarse del atacante. Tragando seco empezó a temblar. Que no entre aquí, que no entre aquí, rogaba internamente, pero tuvo que dejar de respirar cuando, para su desgracia, esa misma persona había ingresado al baño de damas.
—¿Hay alguien aquí?
Podía ser otro estudiante, pero su instinto le dijo que estaba en peligro, por lo que calló y como pudo levantó los pies del suelo para no ser vistos tan fácilmente, asegurándose de ser muy silenciosa. Sora sabía que la persona no se había ido, y lo confirmó cuando pudo escuchar como removían lo que parece ser un bolso, para luego prevalecer un extraño ruido de plástico, metal y después como si algo encajara.
Seguía sin respirar, y se contuvo un poco más cuando empezó a oír los pasos alejarse.
Sin embargo, el sonido de una llamada entrante en su celular rompió con el silencio absoluto del baño de damas, haciendo que Sora abriera los ojos con profundo terror al verse expuesta. Sin darle tiempo si quiera de poder acallar el aparato, una ráfaga de disparos azotó contra la estancia, quebrando las cerámicas con cada impacto y agujerando los cubículos en cuestión de segundos. Sora cayó al suelo agarrándose la cabeza como escudo, como si sus brazos fueran a protegerla de las balas. Sintió las cerámicas de las paredes caer sobre ella mientras podía escuchar el zumbido de cada bala pasar cerca. Pensó que era mejor no gritar, pues así el atacante podría darla por muerta, pero un sonido gutural salió de su garganta cuando sintió una de las balas rozar su pierna, y otras estrellándose contra el inodoro y haciéndolo explotar.
Una de las filosas piezas de cerámica hirió el brazo que cubría más su rostro, y pronto una cascada de agua mezclada con su orine la bañó por completo, llevándose los restos por delante junto con la sangre de sus heridas.
Y entonces se detuvo.
Si no fue por la corriente de agua y sangre que salió de su cubículo probablemente sus llantos contenidos evidenciaron su ubicación. Él atacante ya sabía que estaba allí, y no solo lo escuchó aproximarse, pues de repente la puerta de su cubículo fue fácilmente abierta gracias a que los impactos de bala habían deformado el material, dando con ella.
Sora solo pudo subir la mirada temerosa, sintiendo que podía desmayarse en cualquier momento. Pero tal fue su sorpresa al reconocer que el atacante era un estudiante, y precisamente uno que era un grado por debajo del suyo.
Espera, ¿Él no es…?
No tardó mucho en reconocerlo. Hace unas semanas lo había ayudado cuando el mismo grupo que atormentaba a Koushirou lo atosigaba en las gradas. No tardó en buscar a un profesor y avisarle. Aún podía recordar su expresión llena de agradecimiento, cuando el docente había regañado a Yano y J, mandándolos a Dirección, acabando momentáneamente con el bullying.
Una enorme ametralladora que colgaba del brazo del chico terminó por distraer a Sora, regresándola al presente.
La voz de otro chico resonó en la estancia a través de lo que parecía ser un Walkie Talkie.
—Aquí Knife. Listo campo de football. Le he dado como a 10 —la voz sonaba extasiada—, ¿Ya terminaste con la biblioteca y los salones del pasillo oeste? Cambio.
Por Kami, pensó la pelirroja.
—Aquí Vampiro. También le he dado a una cucaracha en el baño de damas. Cambio.
—Excelente. No pierdas tiempo. Ya voy en camino al ala este. Cambio.
—Nos vemos allí. Cambio y fuera —Sora lo miró con un ruego escrito en sus ojos avellanados. Voy a morir, voy a morir aquí y ahora, más el chico simplemente bajó el arma, y la miró como se mira a un perro callejero con tres patas—. Perdón, no sabía que eras tú.
¿Eso debía reconfortarla?
—No te preocupes, sobrevivirás. Pero no te muevas de aquí o si no te mataré, ¿De acuerdo?
Casi con horror, asintió. Sora observó como el chico volvía a cerrar la puerta de su cubículo en silencio y se marchaba de la estancia, como quien no hubiese intentado matarla hace unos momentos. Y fue al oírlo correr por el pasillo que la pelirroja se permitió romper en llanto, deseando con todo su corazón estar entre los brazos de su madre.
Instituto Odaiba, Biblioteca.
Miércoles, 9 de abril del 2012.
Hora: 9:36 am.
—¡Al suelo!
El grito de Tk fue lo que hizo que la castaña de cabellos cortos reaccionara y se tirara al piso, mientras que los gritos de los demás chicos y las explosiones de cada disparo acabara por completo con la paz de la biblioteca. Más que estudiantes ahora eran un puñado de humanos que luchaban por sobrevivir en ese preciso instante, sin saber el motivo del ataque. Los pocos que pudieron alcanzar a ver al atacante solo les tomó un segundo para reconocerlo, más las balas en sus cuerpos habían sido lo suficientemente mortales como para callarlos para siempre, sin poder entender qué estaba ocurriendo.
Apenas Hikari se tiró al suelo su compañero de clases no dudo en alcanzarla y tomarla del brazo, y así luego jalarla hacia él para así cubrirla con su cuerpo. Ella simplemente se aferró a su camisa entre sollozos, y Tk no pudo hacer otra cosa más apretar los dientes mientras aguardaba a que se acabaran los disparos. Por la velocidad supo que se trataba de un arma de alto calibre, pero temía que si abría los ojos para comprobarlo el atacante lo vería, y por consecuente ser el siguiente blanco.
Hikari detuvo su llanto cuando el chico la apretó más fuerte.
Y entonces cesó.
No supo cuánto tiempo había transcurrido realmente, pero para el momento en que los disparos habían terminado a Tk le costó muchísimo poder moverse debido a la tensión de cada uno de sus músculos. Al reconocer su entorno se percató de que no tenía visibilidad hacia la salida de la biblioteca, donde había estado el atacante. Sillas caídas, cuerpos en el suelo e incluso aún sentados con sus cabezas reposando en las mesas, funcionaron como una muralla que milagrosamente los protegieron de las balas. La chica que estaba sentada en la mesa de enfrente, una niña voluptuosa de lentes, ahora se encontraba tirada sobre un charco de sangre, y Tk supo que estaba muerta al detallar el vacío que opacaba sus pupilas.
Antes de que pudieran hablar, el rubio fue asomándose poco a poco, sin causar ni el más mínimo ruido. Hikari estaba petrificada, sin moverse del extraño refugio que le ofrecían los brazos del chico. Aunque Takeru sabía que podía exponerlos tenía la ligera sospecha de que el atacante simplemente se había ido. No tardó mucho en comprobarlo, pero de pronto el alivio fue sustituido por el horror cuando a su alrededor yacían los cuerpos sin vida de varios chicos. Al igual que la chica, sus ojos abiertos y expresión neutra significaba que ya era muy tarde para ellos. Todos estaban muertos.
—Ya se fue —entre susurros, Tk tomó de los brazos de la chica, apretándolos un poco—. Tranquila, se ha ido. Estamos bien.
Ella solo asintió entre temblores.
Esta vez el rubio intentó asomarse un poco más, buscando algún rastro de vida. Le tomó un par de segundos notar como se movía la mano de un joven que justamente estaba en la mesa más cercana a la entrada.
—Hay alguien herido —Tk volteó a ver a Hikari—. Iré a ver.
—N-No. No me dejes.
—Necesita ayuda, debo ir.
—Iré contigo.
—El atacante puede volver.
—Iré contigo- insistió.
Tk sabía que estaba en shock, pero temía que dejarla sola fuera peor. Además, puede que necesite ayuda, así que no volvió a discutir. Asintió decidido para luego salir de su escondite junto con su compañera de clases, ambos corriendo silenciosamente hacia el sitio donde estaba la persona herida. Un joven de cabellos azules botaba sangre por la boca mientras que con una de sus manos intentaba detener la sangre que brotaba de su pecho.
El rubio empezó a jalarlo desde los hombros para darle un mejor ángulo a la chica y así poder cargarlo entre los dos, sintiendo como el sudor corría por sus espaldas por el latente temor de que el atacante pudiese regresar. Lo arrastraron hasta que volvieron a escuchar detonaciones, y muy cerca, haciendo que se agacharan atormentados por el sonido.
Al cesar Hikari miró con espanto a Tk.
—Está cerca.
Takeru miró su entorno, y pensó que lo mejor sería ocultarse hasta que llegue la policía. Arrastraron al peliazul hasta uno de los pasillos llenos de libros de la biblioteca, y apenas dejaron de estar a la vista Tk rezó para que el atacante no regresara, pues la larga mancha de sangre que dejó el estudiante al ser arrastrado revelaba su ubicación.
—Voy a morir.
Aquel había sido el peliazul. Sus lentes redondos estaban torcidos y tenía una mirada tan aterrada que removió a Hikari por dentro. Aquello fue lo que la sacó de su modo automático, y sin dudarlo tomó la mano del chico con fuerza.
—No digas eso. Estarás bien —no obstante, intercambió una mirada insegura con el rubio en el momento que había dicho aquello—. Tenemos que hacer algo con su herida, se va a desangrar.
Takeru solo se sacó su sweater para luego hacerlo una bola y presionarlo contra el agujero por donde entró la bala.
—Haz presión aquí —la castaña asintió, haciendo exactamente lo que le pidió. El joven aprovechó la oportunidad para sacarse el celular de su bolsillo y marcar el primer número que se le ocurrió.
Se sintió como una eternidad, pero a su hermano le tomó menos de cinco segundos para contestarle.
—¡Tk! ¿Estás bien? ¿Dónde estás?
—Estoy bien. En la biblioteca —vacilando—. Se fue hace un momento. Todos están muertos.
—No te muevas de allí. Ya la policía viene en camino —una discusión del otro lado del teléfono hizo que Takeru se alarmara.
—¿Hermano? ¿Estás ahí? —pero un forcejeo casi inaudible hizo que Tk se agarrara la frente—, ¿Matt?
Más simplemente dejó de hablarle, haciendo que el pobre chico sudara frío mientras pensaba lo peor. Unos segundos después su hermano cortó la llamada.
—¡Matt! —le llamó asustado entre susurros. Pensó volver a marcarle, pero asumió que el que su hermano cortara la llamada abruptamente solo podría significar que el atacante pudiera estar cerca de él.
O que el atacante ya lo había encontrado.
—Takeru, ¿Qué haremos?
El chico se sorprendió de que ella lo llamara por su nombre, más no le dedicó más de un segundo al pensamiento pues el peliazul estaba cada vez más pálido y con más sangre desbordando sus heridas.
—Eh —dándole una palmadita en la mano, Tk miró con esperanza al joven—, ¿Cómo te llamas?
—Jou…Kido.
—Bien, Jou. Te pondrás bien. Ya la ayuda viene en camino, pero tienes que ser fuerte. Anda, que ya eres todo un hombre, ¿Te gradúas este año?
Con temblor asintió.
—¿Y ya decidiste qué estudiar?
—Medicina.
—¡Vaya, que bien nos vendría ahora que seas un doctor! —dándole otras suaves palmadas en su mano—. Así que no puedes morirte, porque en algún lugar del mundo habrá una persona que pasará por lo mismo, y tú estarás allí para salvarlo, ¿Vale?
Hikari tenía las manos llenas de la sangre de Jou, que gracias a la presión que ejercía con el sweater de Tk pudo detener un poco la hemorragia. Sintió que no estaba del todo perdido, y pronto descubrió en el chico friki de su clase a un joven que, a pesar de tratarse de un completo desconocido, estaba lleno de esperanza.
Instituto Odaiba, Campo de Football.
Miércoles, 9 de abril del 2012.
Hora: 9:37 am.
Yamato Ishida fue el primero en buscar donde esconderse, y Mimi no tardó en perseguirlo tan pronto se dio cuenta que eran un blanco fácil en donde estaban. Tomó la mano de su amiga Natsuki y corrieron tras él, solo un par de metros, ya que el primer escondite que encontraron fue un depósito donde se suele guardar todos los utensilios de deporte, bien sean pelotas, mallas, etc, y todo mientras los disparos continuaban esparciendo terror en el campo de football.
Estaba oscuro, y solo podía entrar la luz a través de la rendija de la puerta. Yamato la cerró cuidadosamente para evitar cualquier ruido que pueda exponerlos. Por otra parte, Mimi miraba su entorno con terror, notando entonces a su amiga Natsuki en estado de shock mientras se agarraba la cabeza. Fue entonces que cayó en cuenta, ¿Qué rayos estaba pasando? Pensó en ese instante en llamar a su papá, pero al tocar su cuerpo recordó que vestía el uniforme de porrista y que su celular estaba en su bolso, justo donde habían masacrado a sus compañeras segundos antes. Descubrió al Ishida con el rostro iluminado por la pantalla de su celular, y pensó en pedírselo tan pronto terminara.
—Los han matado, ¡Los han matado a todos!
Natsuki parecía fuera de sí, y Mimi no tuvo más remedio que aproximarse a ella e intentar calmarla.
—Tranquila, Natsuki. Respira.
—Sí, oiga, necesitamos ayuda —aquel había sido el Ishida, quien en ese instante había empezado a hablar con alguien por teléfono. Mimi asumió que había llamado a emergencias—. Hay una persona disparando en el Instituto Odaiba. No. Estamos escondidos.
—¡Mimi, los han matado a todos!
—¡Calla, que puede estar cerca! —la chica no paraba de moverse, y tenía la mirada perdida. Mimi temió que su histeria los dejara en evidencia—. Mírame. Tienes que calmarte.
—Naoko, Sarah, Mizuki, ¡Todos!
—Oye, haz que se calle. Nos matarán por su culpa —Yamato las miró con desesperación—. Sí, aquí estoy. N-No, no puedo quedarme en línea. Debo llamar a mi hermano, también estudia aquí.
Miró a Yamato dubitativa si pedirle el teléfono o no. Si sus padres llegaran a ver las noticias se alarmarán, y necesitaba decirles que estaba a salvo. Sin embargo, Natsuki no paraba de moverse y de balbucear incoherencias, completamente sumida en la histeria.
—Debo salir de aquí… Vendrá por nosotros.
—No nos pasará nada. Estamos seguros aquí.
—¡Nos matarán!
—¡Natsuki! Por favor, te lo ruego, ¡Cállate!
En el momento en que Yamato hablaba con su hermano supo que no podía seguir reteniendo a su amiga. Estaba fuera de control. Trató de agarrarla del brazo cuando empezó a forcejar nuevamente, pero un fuerte empujón contra su pecho hizo que Mimi perdiera el equilibrio y se fuera hacia atrás, donde estaba el Ishida, y quien sostuvo a la castaña en el aire justo antes de que terminara en el suelo. Natsuki salió corriendo hacia la puerta y la abrió sin dudarlo, siendo la perfecta oportunidad para escapar dado que el único que obstaculizaba el acceso era el rubio. Solo le tomó dos segundos ver hacia ambos lados antes de salir corriendo nuevamente. Mimi intentó llamarla, y por un pequeño instante también pensó en seguirla, pero Yamato la retuvo en el segundo en que unas nuevas detonaciones resonaron a pocos metros.
No podían ver nada, estaban justo detrás de la puerta entreabierta y solo atinaron a escuchar el sonido seco de alguien cayendo al suelo. Ambos jóvenes sabían que había sido Natsuki, y que muy probablemente haya sido porque el atacante la ha pillado. Entre gritos y sollozos la chica empezó a arrastrarse por el piso, rogando al cielo que la dejaran vivir. Mimi se llevó las manos a los labios, sellando un llanto que amenazaba escapar. Yamato apretó fuertemente su brazo para luego jalarla hacia él en completo silencio, cerrándola en un abrazo, que lejos de ser consolador era más bien como una jaula, quizás temiendo que la castaña haga lo mismo que su amiga. La voz de su hermano no paraba de llamarle a través del teléfono. No le quedó de otra que colgarle y esperar a no ser encontrados.
—Silencio —susurró el rubio al oído de la chica, esta vez sintiendo un profundo terror al escuchar pasos acercándose.
—Por favor, ten piedad.
Natsuki no pudo arrastrarse más por el temor circulando en sus venas, y no pudo más que elevar ligeramente las manos mientras imploraba entre lágrimas que la dejara vivir. Yamato entonces logró atisbar la silueta del atacante a través de la rendija de la puerta, una línea de visión casi mísera interrumpida por bisagras, pero suficiente como para ver como levantaba la metralleta hacia la chica. Pudo haber utilizado cualquier otra arma, o simplemente dejarla en paz, que con tanta sangre perdida era imposible que sobreviviera. No obstante, usó la misma metralleta para destrozar su cabeza, y en ese momento Yamato solo pudo pensar en que los padres de aquella pobre chica no podrán hacer un velatorio, no cuando su rostro había quedado con tantos hoyos.
Mimi cerró sus ojos con fuerza, sintiendo como sus piernas no paraban de temblar. No podía ver nada, pero el cese de los llantos de Natsuki y aquellos disparos solo podían significar que la habían matado, y que el asesino estaba tan cerca que podía oírlo. Además, la respiración acelerada de Yamato, que podía sentir perfectamente por su espalda presionando contra el pecho del chico, le transmitía un profundo miedo. Y aquel temor alcanzó una nueva escala al ver como una sombra en el umbral de la puerta empezó a acercarse. Era su ubicación la que les permitía ver quién podía entrar, y solo algo mucho más grande que ellos podría ocultarlos de tan evidente escondite.
Instituto Odaiba, Salón A-3, Pasillo Oeste.
Miércoles, 9 de abril del 2012.
Hora: 9:35 am.
Koushirou tenía los ojos desorbitados, con la respiración acelerada y con indicios de asma. Estaba acostado en el suelo en posición fetal mientras se repetía en su cabeza lo que había ocurrido, ¿Qué había ocurrido? Lo primero que venía a su cabeza no eran imágenes, sino el ruido. Las estruendosas explosiones de las balas al ser disparadas hicieron eco en aquel pequeño espacio, escuchándose como si la muerte misma gritara en sus oídos. Vio las balas atravesar el rostro de una de las chicas que hace tan solo un momento se había burlado de Sora, y luego vio como el profesor se agarraba del pecho y caía entre convulsiones y sangre en el suelo. Luego se nubló todo, pues entre las balas atravesando el resto de sus compañeros, el ruido y la sangre, Koushirou se tiró al suelo por puro instinto, adoptando aquella patética posición mientras escuchaba como sus compañeros eran masacrados sin piedad.
Una vez más volvió a preguntarse, ¿Qué había ocurrido?
Fue el silencio mortal lo que hizo que Koushirou saliera de su estado de Shock, respirando entrecortadamente. Era su respiración lo único que se escuchaba en toda la estancia, volviendo sus oídos más sensibles. Pronto los llantos suprimidos y los susurros atemorizados acompañaron el sonido de su respiración, cual cada vez se ponía más y más difícil de llevar a cabo. Tenía un ataque de asma. Ahora, justo ahora, su vida peligraba en más de una forma. Estuvo a punto de moverse y buscar su bolso para tomar su medicina, pero justamente volvió a escuchar el mismo estruendo, el mismo sonido retumbante y ensordecedor de antes, y que solo podía significar que la persona que había entrado a dispararles está haciendo lo mismo en otro salón.
Está cerca, pensó con terror.
Los disparos cesaron finalmente, pero esta vez Koushirou no tuvo el valor de moverse.
—Eh.
Una mano cubriendo su hombro hizo que se removiera como un animal atemorizado. Para su sorpresa, Taichi Yagami se había arrastrado hasta su lado sigilosamente, calmándolo entre susurros, pero cuando Koushirou lo miró con detenimiento sintió el pánico crecer, al ver su pecho bañado en sangre.
—Estás… —empezó el pelirrojo, mirando también los brazos del chico.
El moreno negó.
—Es de Yano —ambos voltearon a ver lentamente hacia el puesto del pelinegro, encontrando a un joven sin vida en su lugar—. Las balas no me alcanzaron porque él estaba delante de mí.
Koushirou seguía respirando con dificultad.
—¿Tienes algo para eso?
—En mi…bolso.
Taichi asintió, y se arrastró un poco más hasta alcanzar el bolso de su compañero. Rebuscó en su interior, considerando lo indispuesto que estaba el pelirrojo. Le tomó un par de segundos dar con el inhalador color azul y blanco. Sin dudarlo se lo tendió esperando que no agravara su ataque de asma, y tan pronto el pelirrojo tomó la medicina miró hacia el techo, esperando que hiciera lo suyo para recobrar poco a poco el ritmo normal de respiración.
—¿Estás mejor? —Koushirou asintió. Taichi aprovechó para volver a detallar su entorno, buscando una vía de escape—. Tenemos que salir de aquí.
Y antes de que pudiera opinar al respecto, el atacante volvió a disparar en otro lugar, esta vez más cerca que antes, y el sonido retumbante de las explosiones y cerámicas cayendo al suelo dio a entender al pelirrojo que no había sido en un salón, sino en el baño que estaba a dos salones del suyo.
El baño al que, probablemente, haya ido Sora Takeunochi cuando se burlaron de ella.
—Maldición —Koushirou se incorporó un poco, mirando atemorizado hacia la puerta—. Sora.
Taichi leyó los pensamientos del moreno, y no fue difícil hacerlo, pues antes de que empezara aquella pesadilla había sido testigo de la crueldad de Kaoru y las demás cuando se burlaron de Takeunochi, y como ésta había abandonado el aula para correr al baño.
Probablemente el mismo baño en donde estaba el atacante en esos momentos.
Tan pronto dejó de disparar el moreno y Koushirou adoptaron una posición sumisa e incluso similar a la de sus compañeros fallecidos. Escucharon atentos lo que parecía un Walkie Talkie, más no entendieron la conversación dada su ubicación. Unos segundos después, escucharon al atacante correr por el pasillo, e incluso pudieron verlo pasar frente a su salón. Era un adolescente, llevaba una ametralladora en brazos y un gran bolso gastado, ¿Con más armas, quizás?
Taichi tragó seco. El asesino era un estudiante de Odaiba, y probablemente no estaba solo.
Notas de la Autora:
Señoras y Señores, aquí otro capítulo de Scare.
Sigo sin procesar que hago escribiendo algo así, con lo drama-queen que soy. Pero estoy disfrutándolo.
Y bueno, aquí estoy, vivita y coleando. Ya mudada a otro continente, pero feliz con este cambio en mi vida. Ahora viene lo bueno, que es la legalización, encontrar trabajo, estabilidad y etc etc, etc -Con el acento de Hedwig de Split-, así que ya saben, que si me pierdo es porque soy una boluda que no se organiza. Omg, se suponía que entre mis resoluciones del 2019 era cambiar eso, pero que va.
Perdonen algún error. He escrito este capitulo de forma intermitente, así que capaz se me haya escapado algo.
Por cierto, en lo que respecta a los otros fics, ya los verán actualizados. El que está ya publicado es nada más ni nada menos que Instituto Hokkaido. Ajá, lo que escucharon (o leyeron). Hace tiempo me dio por reescribirlo prácticamente, así que poco a poco iré subiendo capítulos. Ahora ya está arriba el prólogo y el primer capítulo, a ver que tal lo reciben, ¡Espero que lo disfruten!
Anyway, ¿Qué tal el capítulo? Estaré encantada de leer sus opiniones, siempre tan presentes, mis pequeños saltamontes, ¡Los extraño un montón!
Atte.
La Vai (Si te metes conmigo te saco la Gillette)
…Omg, me pasé con eso.
