Apuesto a que nadie, y digo absolutamente nadie se esperaba esta actualización, pues dejen que les diga ¡que yo tampoco me lo esperaba! Tenía un tiempo atorada en este capítulo por un montón de razones que sí les interesan, se las dejaré en una nota al pie, pero de momento sólo los dejaré tranquilos para que vayan a leer, y sí no recuerdan en qué nos quedamos... Vayan a leer por favor xd

Este capítulo es un regalo para ti cielo ;A; qué siempre me dices que es tu fic favorito*corazones* Te amo, gracias por apoyarme, porqué sin ti diciéndome cuanto te gusta lo que escribo, probablemente no tendría la fuerza para seguir con mis longfics 3

Capítulo sin betear.


11. Encabezados pt. 2

Malfoy Manor, 30 de noviembre 1991.

Draco bajó de los brazos de Sirius en cuanto aparecieron frente a su casa, corrió atravesando la enorme reja, y todo el camino de entrada. Sirius observó el cabello rubio agitarse con el frío aire otoñal, y caminó detrás de él para entrar en la mansión.

Cuando llego a la puerta principal, se recargó en el marco al ver a Draco envuelto en los brazos de su padre, y Sirius sintió una mezquina ola de satisfacción al ver que Draco controlaba sus lágrimas lo mejor posible, tratando de ser el heredero sangre pura que se esperaba que fuera. No era que le gustara que se reprimiera de esa manera, menos aun cuando estaba seguro que estaba a nada de romperse por completo, pero solo a él le mostraba como era en realidad, sin máscaras, sin miedos, cuando aún frente a su padre actuaba como se esperaba y no con la naturalidad que iluminaba los normalmente grises días de Sirius.

—Gracias, Black —susurró Lucius, lanzando una mirada agotada—. Remus está en el cuarto de los niños, puedes subir si crees que el lobo no te arrancara la cabeza —gruñó con resentimiento empujando el cabello de Draco fuera de su rostro—. Dile que Draco está en casa.

Sirius apretó sus manos en puños, pero el hombre guio a Draco fuera del vestíbulo susurrando apresuradamente. Lucius Malfoy siempre era así de arrogante, pero no solía ser despectivo con Remus.

El lobo.

Sirius maldijo en voz alta y subió corriendo las escaleras.

(...)

Draco escuchó a Sirius maldecir desde el vestíbulo, pero lo ignoro cuando su padre lo guio a uno de los salones y cerró la puerta detrás de ellos.

—¿Papá? —preguntó Draco nervioso, cuando Lucius lo obligó a sentarse.

—Debes beber la poción —ordenó colocándole un vial de cristal en las manos—. Severus aseguró que hará que la viruela de dragón no haga demasiado daño —su padre se detuvo, y hasta que Draco no sacó el corcho y se hubo bebido hasta la última gota del líquido de color azul marino, Lucius no abrió la boca de nuevo—. Los cachorros están estables por ahora, solo un poco, Remus está con ellos.

—Iré a verlos —no pudo ponerse de pie, porque Lucius lo tomó de los hombros, obligándolo a mantenerse sentado.

—No puedes, Draco —Lucius lo miró con ojos duros solo unos momentos antes de ablandarse por completo—. Remus no está muy bien en estos momentos, se encerró en el cuarto con los cachorros, y le arranco un par de dedos a Dassy cuando fue a preparar a tu hermana, no voy a dejar que te acerques a él hasta que se recupere.

Draco miró a su padre, repitiendo las palabras en su cabeza una y otra vez, su rostro tomando cada vez un tono más enfermizo, y entonces las lágrimas se derramaron.

—N-nec-cesito a S-Sirius —Lucius asintió y llamó a un elfo para que fuera por el maldito perro.

(...)

Cuando Draco estuvo más tranquilo fue llevado a la oficina de Lucius, donde se acurrucó en las piernas de Sirius, mientras Zander del otro lado del sofá abrazaba a Clab. Su padre había hablado de mandarlo a casa con Fenrir, pero el hombre lobo no había tenido viruela de dragón nunca y lo que menos necesitaban era más complicaciones o causar una epidemia que acabará con la mitad de la manada de Fenrir.

Sirius acariciaba la espalda de Draco con una mano, mientras que con la otra cepillaba los sedosos cabellos negros Zander, apenas es capaz de controlar el temblor de su pierna debajo de la cabeza de su sobrino y la necesidad de tomar a Draco en sus brazos y llevarlo lejos de Remus lo abruma. Hay tantas cosas que podrían salir esa noche… desde Remus matando a un elfo o a cualquier mago en esa casa, podría terminar incluso volviéndose salvaje, con Greyback incapaz de acercarse siquiera a la mansión estaban solos para arreglar las cosas esa noche.

Fue entonces que la puerta del despacho se abrió, y Severus entró dirigiéndose directamente a revisar la temperatura de Zander.

—Los elfos consiguieron noquear al lobo, lo tiene retenido en uno de los calabozos al menos hasta que se calme —susurró tomando al niño en sus brazos, asegurándose que de no despertarlo—. Dejaré a Zander con los cachorros para que llosa elfos los vigilen hasta que terminemos con todo ¿te quedaras con Draco? —como única respuesta Draco abrió los ojos, mirándolo fijamente mientras se aferraba con fuerzas a Sirius. Severus no se molestó en decir nada más, simplemente salió de la oficina.

Dejaría a Zander en mano de los elfos mientras él se encargaba de terminar la base de Matalobos que conservaban en Malfoy Manor desde que Lupin había aparecido en la ecuación, Fenrir estaría insoportable cuando se diera cuenta que había preparado ese "veneno" de hombres lobo, pero no iban a arriesgarse, y por mucho que Severus pensara que el maldito lobo debía sufrir el mismo destino que Narcissa, no podía ignorar que Lucius era su pareja acoplada.

Cuando entró a la habitación que Zander solía ocupar justo en frente de la de Draco, los otros dos tres niños ya estaban acomodados en una enorme cama junto a la de Zander. No iban a dejar a los niños en su cuarto, a pesar de que ya habían trasladado el cuerpo de Jussie a otra habitación. Acomodó a su hijo con cuidado, ajustando con un hechizo rápido la esencia de lavanda, para que fuera más tenue. Zander le había asegurado que ella se había ido al final. Estaban a salvo al menos por el momento, y en esa situación Severus casi agradecía que Zander tuviera la capacidad de decirle que lo estaban.

Miró por la ventana, observando el oscuro cielo y la luna menguante brillando en su ascenso desde el horizonte. Iba a ser una noche larga, esperando a que la poción estuviera terminada. Salió de la habitación, pasándose las manos por el cabello con clara frustración, quizá conseguiría dormir un poco entre ingredientes y mezclas, pero solo conseguiría salir más cansado, simplemente más le valía no dejar que el agotamiento llegara.

Ignoró de forma consiente la luz que salía debajo de la puerta de Draco, no tenía tiempo para preocuparse por esas cosas, sí Lucius deseaba mantener una barrera entre esos dos como era su costumbre, tan sencillo que le habría sido ordenar a los elfos los vigilaran. Caminó con rapidez por los pasillos, agitando su varita de forma nerviosa, toda esta situación era un recuerdo demasiado vivido de lo sucedido con Regulus ¿cómo podría no serlo? Cuando una familia estaba destrozada y pendiendo apenas de las hebras de cordura que le quedaban al Lord Malfoy mientras organizaba el funeral de su única hija, la primera niña Malfoy nacida en siete siglos.

Cuando llegó al laboratorio debajo de las cocinas de Malfoy Manor, no se sorprendió de encontrar a Lucius rebuscando en el armario de pociones.

—Las drogas más peligrosas están en mi casa, lejos de las manos de cualquier Malfoy necesitado —Lucius se giró para mirarlo con una ceja perfectamente arqueada, que carecía absolutamente de efecto cuando la mitad de su frente estaba rasgada, Severus maldijo en voz alta y se apresuró a empujarlo lejos del armario, para conseguir un pequeño frasco con Esencia de Díctamo—. Fuiste a ver al maldito animal —prácticamente ladró, mientras tiraba del rubio al viejo sofá pegado a la pared.

—Tenía que intentarlo, el enlace es demasiado poderoso —murmuró con una mueca cuando un hechizó de brillante color amarillo impactó en la piel sangrante.

—No hay forma de que un mago normal se enfrente a un lobo, pareja o no.

—Sí, tu lobo te lo ha dejado claro… —Severus se rehusó a reaccionar, mientras se encargaba de unir la piel cuidadosamente con la contra maldición del Sectumsempra antes de verter unas gotas de díctamo, con la esperanza de que no quedaran cicatrices, y de todas formas ¿qué se suponía que respondiera a eso? Claro que esa certeza venia de Fenrir, quien le había asegurado que no importaba en lo más mínimo si alguna vez Severus quería unirse a él o no, si no era un hombre lobo no había gran diferencia, y como Severus no tenía pensado convertirse en lobo, y mucho menos establecerse realmente con alguien estaban en punto muerto, felices o al menos satisfechos con lo que tenían, sin demasiadas promesas que ninguno de los dos estaría dispuesto a cumplir.

—El enlace con Lupin no significa nada Lucius, lo sabes hace tiempo —fue lo único que atinó a decir mientras examinaba la piel bajo la luz de su varita.

—Es mi pareja predestinada —susurró Lucius, mirándolo desde abajo, directamente a los ojos—. Sí en algún momento aparece a tuya, no tendrás más opción que rendirte… Así no quieras a nadie más que ocupe el lugar de Regulus, aunque Zander luche con uñas y dientes, tendrás que unirte.

El dolor que esa declaración le causó fue fácil de tragar, casi ningún mago encontraba a su pareja predestinada, podían pasar cientos de vidas y reencarnaciones antes de que fueran capaces de siquiera estar en el mismo país, pero Lucius había tenido la mala fortuna de encontrarlo.

—Terminé —le informó dando un paso atrás, solo para ser atrapado por los brazos de Lucius que lo rodeaban por la cintura, mientras apoyaba la cabeza en su estómago.

—No vamos a poder salir de esto… Sí Remus no lo consigue sin Matalobos sus instintos se perderán, y tendremos que mandar a los cachorros a la manada para que el lobo no los mate la próxima luna llena —si no lo hubiera estado sosteniendo de esa forma, Severus jamás habría notado el ligero temblor que recorrió el cuerpo de Lucius a pesar de que había logrado mantener su voz en perfecta tranquilidad.

Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que el hombre rubio lo había tocado más allá de un roce, o un apretón de manos, después de todo Remus era territorial, e incluso habiendo pasado años, era capaz de entender lo que Lucius le comunicaba con su magia. Podía sentir la necesidad cruda y lacerante hundiéndose a través de la tela hasta su piel. Sí Draco sentía, Lucius hacía sentir, y no, Severus no se había engañado con los toques fugaces, siempre había habido algo más

Lucius Malfoy amaba su familia, y aunque era feliz rodeado de sus hijos el ser atado sin más a un hombre como Lupin no podía satisfacerlo. Eran polos opuestos, que habían pasado su tiempo juntos chocando en opiniones, estilos de vida, en la crianza de sus hijos… y reconciliándose en la habitación, porque más allá de esa insana y mágica atracción no había nada.

Severus sabía que lo que Lucius sentía por él no era en lo absoluto amor, pero había complicidad y confianza, una atracción natural que había sido cuidadosamente evitada desde que el rubio sabía de los sentimientos de Regulus, hasta el momento que el joven Black había sido asesinado. Severus podía desear no recordar el consuelo que sintió en los brazos de su viejo amigo esa noche porque a veces se preguntaba que habría dicho Regulus, pero había sido su salvavidas, más allá de cualquier cosa… había conseguido que sobreviviera a esa oscura y aterradora noche.

—La vida nos ha jodida de muchas maneras —sus manos acariciaron el sedoso cabello rubio con confianza, a la vez que una carcajada seca y sin una pizca de humor brotó de lo más hondo del pecho de Lucius.

La oscuridad se apagó apenas, retrocediendo cada vez que Severus movía sus manos en su cabeza ¿Cómo podía ser posible que fueran la salvación del otro, pero no fueran almas gemelas? Mientras sus dedos jugaban empujando un par de mechones, un suspiro escapó de los labios del moreno. No entendía cuál era el plan que la magia tenía reservado para ellos, sí es que acaso existía alguno, pero al menos sabían que no estaban del todo solos.

(…)

Zander abrió los ojos y miró a su alrededor confundido, tardando un poco más de lo normal en distinguir exactamente donde se encontraba, pero el viejo espejo de plata en la pared y las enormes cortinas de color azul le dijeron que se encontraba en su habitación de Malfoy Manor, aunque no estaba muy seguro de porque había otra enorme cama junto a la suya, ni porque los elfos estaban atrincherados en un rincón cuchicheando con las cabezas juntas.

—¿Dobby? —susurró jalando las mantas más cerca de su cuerpo al tiempo que el elfo saltó en el rincón y corrió de forma apresurada a los pies de su cama— ¿Dónde está papá? —un silencio incomodo lleno la habitación, aunque Zander no lo notó exactamente, pero se dio cuenta de que los elfos se miraron los unos a los otros en busca de una respuesta— ¿¡Dónde está mi papá!? —insistió levantando la voz.

Los elfos abrieron enormemente los ojos y corrieron hacia los cachorros, asegurándose de que no habían sido despertados, luego la elfina más vieja se acercó a la cama de Zander con un vaso de leche caliente recién invocado.

—El Amo se encuentra con el Maestro de pociones en el laboratorio, están ocupados con cosas que el joven Amo no tiene que preocuparse —Zander tomó el vaso de leche mirándola con desconfianza, pero incluso aunque quería reclamar algo se contuvo. Batty era la elfina que se había encargado de darles galletas a Draco y él cuando jugaban en el jardín, además siempre era linda con él y nunca lo trataba como un bebé.

—¿Y Draco? —con todo lo que estaba pasando en la mansión Zander se negaba a creer que Draco lo dejaría solo, así como así, a él y a sus hermanos.

—El amo Draco se encuentra en sus habitaciones con el Señor Black ¿El Joven Amo quiere que Batty deje un mensaje con los elfos cuando el Amo Draco despierte? —Zander sabía que la intención de la elfina era buena, y que era obvio que no despertaría a Draco sólo por él, pero también estaba implícito en sus palabras que no tenía permiso para moverse de esa habitación, ni siquiera para ir con Draco.

Mordió sus labios y entrego el vaso de cristal sin haber bebido un sorbo.

¿Por qué las cosas eran así? Su padre estaba ocupado con su tío Lucius, haciendo esas cosas que hacían los adultos para arreglar cuando alguien moría. Draco estaba con Sirius, y apesara de que Sirius era su tío directo él prefería estar con Draco siempre… Incluso si Remus hubiera estado ahí, Zander no habría importado mucho ¿verdad? Remus estaría ocupado con sus propios hijos.

Los ojos se le llenaron de lágrimas… No era la primera vez que extrañaba a su papá, ni la primera vez que se daba cuenta que, aunque estaba siempre con un montón de gente sentía que le faltaba algo.

Simplemente cerró los ojos y se escondió debajo de las mantas aferrándose a su Clab de peluche, no quería que los elfos lo vieran llorar y lo tratarán como un bebé que necesitaba mimos, simplemente se sentía muy solo.

(…)

El entierro de Jussie al medio día fue un evento enorme, con una multitud de magos y brujas de familias antiguas, así como trabajadores del ministerio, desde oficinistas que buscaban congraciares con la familia Malfoy, hasta el mismo Ministro de Magia, y mientras él y Lucius se encargaban de dar la bienvenida y charlar con diferentes grupos de invitados, Severus no dejaba de sorprenderse la facilidad con la que todos ellos se deshacían de sus obligaciones diarias para asistir a un entierro el mismo día que se les notificaba.

La situación distaba mucho de lo que había sido el funeral de Regulus años atrás, una ceremonia que había sido oficiada de forma privada, y no de esa manera, que casi le parecía un evento social. Los más bajos trabajadores del ministerio iban de grupo en grupo buscando conexiones, mientras las viejas brujas con velos negros que caían de sus horribles sombreros cuchicheaban sin descanso sobre el último escandaló de una chica embarazada en Hogwarts, así como de la notable ausencia de Remus en el funeral.

Al final habían conseguido que se tomara la poción Matalobos, pero había caído dormido y ni siquiera la poción pimentónica que habían forzado por su garganta había logrado mucho más que hacerlo abrir los ojos. Fenrir le había dicho que posiblemente se había retraído, que lo mejor era solo dejarlo ser y descansar, ofreciendo pasar por los cachorros la próxima semana cuando dejaran de ser contagiosos para pasar la luna llena con la manada.

Severus suspiró y cuando se cruzó con Draco, que permanecía pegado al costado de Sirius le acaricio la cabeza.

No había les dicho ni una sola palabra desde el día anterior, pero Sirius les había asegurado que él mismo había ordenado a los elfos que túnicas conseguirles esa mañana, así que suponía que más que una regresión de cualquier tipo, simplemente estaba demasiado triste para socializar con cualquier persona, y sólo buscaba consuelo en la única persona que vería por él antes que ninguna otra.

Mientras caminaba por los jardines dejó su copa de vino en una charola que flotaba alrededor de los invitados y se coló dentro de la casa, sintiéndose agobiado por la cantidad de personas que se había visto obligado a saludar. Habían pasado la noche en vela, y aunque el mismo estaba totalmente destrozado, Lucius había lucido fresco como una lechuga después de darse una ducha. Estaba tentado de ir a dormir una siesta de un par de horas, pero se había comprometido para ayudar así que estaba fuera de discusión. Aun así, podía tomarse un momento lejos de todos para ir a revisar a Zander y los cachorros, a pesar de que la falta de noticia por parte de los elfos indicaba que seguían dormidos a causa de las pociones.

¿Qué se suponía que haría con Zander si las cosas seguían así? Un escalofrío recorrió su espalda, y si los cuadros de los ancestros Malfoy no hubieran desaparecido para llorar su perdida, le habrían insultado por correr en los pasillos.

Necesitaba sostener a Zander.

Necesitaba hacer algo para arrancarle esa maldición antes de que ambos se volvieran locos.

(…)

La Hilandera, 6 de junio 1992.

HOGWARTS, SIN DUMBLEDORE. HEREDERO LONGBOTTOM MUERTO.

El mundo mágico busca respuestas sobre preguntas que nunca se ha hecho… ¿Por qué no han querido, o porque no han podido?

No ha sido sólo el consejo de padres, sino el consejo mundial de estudio, quien ha decidido que Hogwarts ya no es lugar para Albus Dumbledore. Y muchos dirán, ¿cómo, ¿cuándo, por qué motivo? No será la primera vez en este humilde periódico que anunciamos sobre Harry Potter y, aunque se llegue a pensar que ambas ideas no están relacionadas en absoluto, todo acabó por salir a la luz con la desaparición del Niño-qué-vivió y la muerte del heredero Longbottom la madrugada del pasado viernes al intentar llegar, en compañía de una alumna nacida de muggle, a la piedra filosofal que se encontraba escondida en el colegio. Dumbledore: ¿héroe, mártir, o criminal? ¿Qué se esconde detrás del hombre afable en el cual todos confían? La pregunta de esta periodista sería, mejor, ¿qué no se esconde? Tratos con antiguos criminales de guerra, manipulación de los fondos escolares, inscripción al colegio de alumnos no preparados, discriminación a alumnos sangres pura en lo referente a sus clases y obligaciones, arriesgar la vida de sus alumnos … Ampliaremos en la página 7.

Severus se quedó helado con el periódico en las manos, incapaz de notar como Zander y Fenrir peleaban con los tenedores por la última rebanada de tocino.

Sabía que el consejo se había reunido el día anterior temprano por la mañana y desde entonces no le habían visto un pelo a Lucius ni siquiera en su propia casa, pero Draco había asegurado en sus cartas por la tarde que se había acercado a él durante la hora del té a desearle feliz cumpleaños en persona, para después volver a encerrarse en el despacho del director con los demás miembros del consejo, se había imaginado que tenía algo que ver con el plan del Lord para conseguir la piedra filosofal que había salido terriblemente mal, después de todo había notado como la marca quemaba en su brazo a causa de la ira de Voldemort, pero nunca jamás se imaginó que algo así fuera a pasar.

No la destitución de Dumbledore como director del colegio, y definitivamente no la muerte del chico Longbottom.

Ni siquiera se dio cuenta del momento en que sus manos empezaron a temblar, porque si el chico Longbottom estaba muerto, significaba que Harry había sido el bebé de la profecía. Si Longbottom estaba muerto… ¿Zander era el niño de la profecía? Sintió nauseas, pero la mano de Fenrir en su hombro lo devolvió a la realidad, alejándolo de todos sus pensamientos fatalistas casi al instante.

El hombre lobo lo miró con el ceño fruncido por la preocupación, y casi se sintió avergonzado de haberse dejado dominar por el pánico, pero había aprendido a confiar tanto en Fenrir que simplemente se encogió de hombros.

—Un chico de primer año murió en el colegio —susurró en voz tan baja como le fue posible, mostrándole el periódico. Con un poco de suerte Fenrir pensaría que le había entrado terror al pensar que Zander podría morir en Hogwarts también.

Fenrir miró el periódico y su rostro mostró sin censura lo sorprendido que estaba, luego miró a Zander antes de mirar a Severus.

—¿No estarás pensando en educarlo en casa verdad? —Severus frunció el ceño, claramente ofendido. Había pensado en educar a Zander en casa, pero eso había sido desde antes de leer el periódico esa mañana. Fenrir negó con la cabeza doblando el periódico con los ojos entrecerrados— No lo vas a educar en casa ¡El cachorro se volverá loco!

—Ya estoy loco —interrumpió Zander, bajando su tenedor y mirándolos fijamente—, pero voy a ir a Hogwarts, no me importa cuántos niños mueran.

Severus lo miró a los ojos con el corazón latiendo desbocado.

Sólo la semana pasada Zander había la había visto tres veces… En el Caldero Chorreante, en Diagon y en la tienda de víveres calle abajo… Severus era incapaz de recordar el número exacto de veces que había aparecido desde la muerte de Jussie, y aunque no dudaba que Zander llevaba una cuenta perfecta, no tenía el corazón para preguntarle ¿acaso había necesidad de atormentarlo con detalles? Zander le decía cuando lo necesitaba, pero no podía evitar que le doliera hasta el alma ver como poco a poco esos brillantes ojos verdes perdían su inocencia.

—Iras a Hogwarts —confirmó para tranquilizar a Fenrir. Zander no necesitaba que se lo aclarara, después de todo era incapaz de negarle cualquier cosa que lo hiciera sentirse un niño normal—. Si terminaste tus deberes pueden irse, pero por favor, asegúrense de regresar sin pulgas o ambos dormirán en el jardín —suspiró agitando su varita, y mandando los platos en dirección al fregadero donde empezaron a lavarse por sí solos.

—Podríamos acampar en el jardín.

—Podríamos acampar en el jardín.

Apretándose el puente de la nariz, Severus los ignoró a ambos, no estaba del todo seguro de si Zander era una mala influencia para Fenrir, o sí era al revés, pero mientras el hombre lobo mantuviera a su hijo haciendo algo, y Zander mantuviera a Fenrir lejos de su trasero cuando tenía trabajo las cosas funcionarían.

(…)

Malfoy Manor, 20 de junio 1992.

—No pude ver el cuerpo, de hecho, nadie lo vio —susurró Draco haciendo una mueca—, pero algunos Gryffindor de tercero estuvieron diciendo en la cena que habían encontrado a la sangre sucia bañada en sangre… qué era tanta que, seguro que el cerbero lo había destrozado, pero nadie está seguro que sea la verdad ¿quién metería un cerbero al colegio? —Zander le habría creído la farsa de indiferencia si no lo hubiera conocido de toda la vida, pero ahí, escondidos debajo de las frescas sabanas en la cama de Draco, podía sentir como se estremecía ante la imagen mental, él mismo encontraba la idea de alguien siendo atacado por un enorme perro de tres cabezas muy perturbadora.

—Pero ¿ella no dijo nada? ¿no les contó a sus amigos? —la mueca burlona de Draco fue tan esclarecedora como su respuesta.

—Longbottom era su único amigo —el rubio sacudió la cabeza— ¡Es insoportable! ¡Ni en su casa la quieren! Te juro que nunca, nunca, nunca conocí a alguien tan fastidiosa ¡Y tengo cuatro herma-! —cerró la boca de golpe, sus ojos llenándose de lágrimas.

Zander apretó los labios y tiró de Draco a sus brazos, y así, acurrucados, mientras Draco lloraba en su pecho se quedaron dormidos… Iba a ser un verano largo en Malfoy Manor.

(…)

—Yo también quiero una varita para mí —Draco rio encantado como toda respuesta, mientras le enseñaba un complicado movimiento de muñeca.

—Hasta los once años Zander —respondió Severus sin levantar la vista del enorme tomo en griego que leía desde el otro lado de la biblioteca.

—¡Pero faltan siglos! —gimoteó el niño— ¡Al menos préstamo tu varita para jugar con Draco!

—No voy a darte mi varita para que vayas corriendo por ahí, y aprendiendo lo que Draco te enseñe, tienes tu varita de práctica, es solo un año —zanjó el tema poniéndose de pie y mirando a los niños—. Draco ¿dioses antiguos?

—Tercer librero desde el fondo, los estantes de arriba si son magia oscura —Zander observó a su padre alejarse con el ceño fruncido, hasta que lo perdió de vista y se giró a Draco con su mejor gesto suplicante—. Puedes hacer bastantes hechizos con la varita de práctica, no te voy a dar la mía.

—¡Sólo puedo hacer los hechizos que ya se! —gruño con frustración mirando el pedazo de madera que tenía en sus manos.

Era una simple ramita hechizada, era hasta ofensivo que tuviera que pasar un año más aprendiendo hechizos, para repetirlos una y otra vez con un palo que era más útil para picar a Fenrir en las costillas que para lanzarlo contra la pared.

—¿Quieres ver quien cambia de color a más pavo reales? —Zander quiso resistirse, porque de verdad quería aprender a lanzar los hechizos que Draco había estado mostrándole, pero la mano del rubio sosteniendo la suya, y esos ojos grises mirándolo eran mucho más de lo que podía resistir.

—Tu padre nos va a castigar sin postre de nuevo… —murmuró haciendo pucheros. Draco rio.

—Padre siempre nos deja sin postre, pero tu hazle ojitos, seguro lo convences de que no merecemos nuestro castigo.

(…)

La Hilandera. 31 de julio 1992.

UN NUEVO NOMBRE QUE TODOS DEBEREMOS RECORDAR: AITOR AVERY, EL NUEVO ENCARGADO DE LA EDUCACIÓN DE NUESTROS HIJOS. Hogwarts por fin tiene nuevo director.

Extensas deliberaciones después Hogwarts, el lugar donde nuestros niños, el futuro de nuestro mundo, estudiará, tiene nuevo director. No se trata nada más ni nada menos que de Aitor Avery, hasta hace poco miembro principal del Ministerio de Magia en su labor como Inefable, acabándose por decidir en él a la hora de poner la seguridad, educación y atención de nuestros niños mágicos durante nueve meses al año. Aitor ha demostrado ser capaz de mantener la calma en situaciones de estrés, dotado de inventiva para salir de cualquier problemática y, además, de tener el encanto y las palabras precisas para calmar a masas de niños en situaciones de discusiones o caos. Teniendo en cuenta su extensa educación, ¿existe alguien mejor que él para cubrir el puesto que tan mal ha sido empleado durante años por Albus Dumbledore? Muy claramente nuestras encuestas populares han dicho que grandes cosas se esperan de Aitor Avery, solamente deberemos tener paciencia.

—Debemos convencerlo que el año que viene te deje entrar a Hogwarts… ¿Crees que acepte un soborno? —Zander miró a Draco, luego a su nuevo monedero de piel de dragón en su regazo, con un suspiro negó con la cabeza. Había recibido diez galeones de parte de tío Lucius, y en su habitación tenía quizá unos treinta más que había ido ahorrando.

—No creo, me dijiste que para que el primo de Rosier entrara en el ministerio habían tenido que pagar mil galeones.

—Pero Aitor solo tiene que dejarte entrar a la escuela, además nadie en tu familia tiene un asesinato en su expediente —Zander tenía que admitir que eso era cierto—. Yo tengo casi cien en mi cuenta y como unos veinte más en mi baúl ¿Cuánto tienes tú? —insistió Draco y Zander sonrió.

—Le podemos sacar algo a Sirius —el rostro de Draco se iluminó, satisfecho de que al final Zander hubiera aceptado su plan.

—De haber sabido que preferías una carta de aceptación en lugar de un regalo de cumpleaños le hubiera dicho a la vieja McGonagall que me firmara un pergamino —ambos niños saltaron en el sofá y miraron sorprendidos al hombre rubio de pie junto a ellos, el cual sostenía un paquete que solo podía ser una cosa.

—¿¡De verdad me compraste una escoba nueva!? ¡Gracias, tío Ai! —en ese momento todos sus planes de ir al colegio desaparecieron. Se apresuró a darle un abrazo al hombre y tirar del paquete a sus manos.

—Feliz cumpleaños Zander, no podré entrenarte yo, pero estoy seguro que encontrarán a alguien.

—¡Sirius tienes que llevarnos a volar! —chilló Draco mientras Zander arrancaba el papel marrón, perdiéndose en la absoluta belleza de la madera pintada de color negro.

Zander había pasado de apreciar apenas el Quidditch, a convertirse en un apasionado en el momento que había encontrado la medalla de que Regulus había recibido por ser el jugador del año en el escondrijo de Kreacher durante las vacaciones de invierno, al final había obligado a Severus a llevarlo a Malfoy Manor para pedirle a Draco que practicara con él.

Todos entendían perfectamente la necesidad de Zander de acercarse a Regulus, incluso Severus quien era el menos satisfecho con la idea de tener a Zander volando por todos lados, más porque temía que empezara a volar por la casa, que porque creyera que se iba a lastimar, así que cuando Aitor le había preguntado al inicio de verano si podía comprarle una buena escoba por su cumpleaños había asentido resignado, y al ver la sonrisa destellante en el rostro de su hijo no podía llegar a pensar que se hubiera equivocado, quizá incluso podría conseguir mantenerlo ocupado el siguiente año en clases de vuelo y librarse un poco de que el mocoso se muriera del aburrimiento.

—Gracias por el regalo, pero cuando dijiste una escoba no pensé que fueras a conseguir el modelo más reciente —Severus se acercó a ellos, y los ojos de Zander lo miraron enormes y alarmados, ya siendo consciente de lo que su padre iba a decir, era un regalo demasiado costoso, pero antes de que el niño pudiera abrir la boca Aitor sonrió y le revolvió el cabello.

—Acabo de conseguir un trabajo mejor pagado —se encogió de hombros restándole importancia, y Severus se preguntó cuánto realmente ganaba el director del colegio si incluso el puesto tenía un mejor sueldo que el de Inefable. Hasta donde sabía ser Inefable era de lo mejor que podías obtener en dinero, viendo todos los peligros que tenía—, y pronto me llenaré los bolsillos del oro de los niños que traten de sobornarme para tener buenas notas.

Severus se encogió de hombros, y tiró de él hacia la mesa donde Lucius, Fenrir y él habían estado bebiendo. No necesitaba que los chicos de verdad pensaran que eso era posible, no le importaba el soborno, pero no iba a permitir que Zander aflojara en sus estudios porque pensaba que era más fácil sobornar a un amigo de la familia.

(…)

La Hilandera. 31 de diciembre 1992.

—¿Papá? Creo que Nox comió algo raro… —Severus respiró profundo, contó hasta diez y alejó la mirada del libro que estaba leyendo. Frente a él se encontraba Zander, sosteniendo al pequeño gatito negro de ojos verdes en sus brazos, como alguien cargaría a un bebé y una mirada de preocupación que en otro momento le habría detenido el corazón, pero se había acostumbrado tanto a su hijo corriendo de un lado a otro con su nuevo familiar, asegurándole que algo malo le pasaba o que había mordido al gnomo del jardín y seguramente enfermaría de algo horrible, que ya sabía que en realidad no veía la sombra de la muerte por ahí. Simplemente estaba siendo una mamá gallina como nunca había visto a alguien serlo.

—Raro —repitió levantando una ceja, dejándole claro que no se lo tomaba en serio.

Había decidido que no podía mandar a Zander al colegio sólo con la protección de un hechizo e infusión de lavanda para adormecer su visión, y necesitaba más que la mano de Draco en la suya para mantener la calma sí sucedía algo realmente malo. Aitor era un mago formidable, un Inefable más que competente y un amigo de toda la vida, tanto para él como para Regulus, pero no pensaba confiarle algo así, menos aun cuando el Lord podía acceder a sus pensamientos de forma tan sencilla como lo hacía con todos los demás Mortífagos; así que al final habían terminado yendo a una vieja granja al sur del país, donde una pareja de ancianos que bien podrían tener los doscientos años por lo que sabía se dedicaban a la cría de familiares. Habían probado con lechuzas y búhos, pero Zander había pasado de largo al igual que con los crups, y los sapos. Se había detenido por un momento a admirar los cuervos, pero después de un rato observándolo y uno de ellos tratando de arrancarle la serpiente de oro en la oreja, Zander se había girado y caído totalmente por la camada de gatos recién nacidos. Severus no dudaba en lo más mínimo que de haberlo dejado Zander habría cargado con los cinco a casa, pero al final había elegido y los tres habían regresado a casa a prepararse para la cena navideña en Malfoy Manor.

—¡Vomitó! ¡Una bola de algo peludo y horrible!

—Es una bola de pelos Zander, y deberías dejarlo dormir un poco, es casi media noche ¿No se supone que deberías de dormir tu también? —como toda respuesta los dos pares de ojos verdes lo miraron desde debajo de sus pestañas.

Antes de enlazarlos el gato había tenido ojos de un color ámbar común y corriente, pero después del ritual sus ojos habían cambiado y el pelaje negro había adquirido un brillo tornasol que había dejado encantado a Zander y matado de envidia a Draco, pero al final el niño había entendido que de todas formas estarían en la misma casa y prácticamente pasaban las vacaciones juntos, así en sus palabras "lo compartirían".

—Quiero ver los fuegos artificiales, además Fenrir dijo que vendría hoy y no ha llegado ¿se pelearon? —por el brillo en la mirada de Zander, Severus casi pudo jurar que el mocoso sabía lo que sucedía entre ellos, pero lo dejó pasar por el momento. No tenía intenciones de entrar en una conversación sobre algo que ni siquiera tenía nombre.

—Está en una misión —no era algo que normalmente le diría a Zander, pero era tarde, estaba cansado y sí, debía admitir que le preocupaba lo que pudiera pasar con Fenrir esa noche.

(…)

Anden 9 3/4. 1 de septiembre 1993.

Severus miró la enorme maquina roja sintiendo como sí alguien apretara su corazón en un puño. A un par de metros de él, Zander charlaba alegremente con la dulce Astoria colgada de su brazo. Se habían conocido en la fiesta de cumpleaños de Draco y desde que ambos juraban que entrarían a Slytherin juntos se habían vuelto inseparables, cosa que realmente lo aliviaba un poco, Zander merecía más que estar eternamente pegado a las túnicas de Draco, y aun así era él y no su hijo de once años quien estaba por tener un ataque de pánico.

—Le irá bien —para Lucius era fácil decirlo, pensó con amargura. Draco había crecido para ser un perfecto heredero sangre pura; Zander era más bien parecido a Nox, un gato domestico que se roba la comida de los demás y que disfruta acostarse en la alfombra frente a la chimenea a hacer cualquier cosa, y cuando alguien desconocido entra a la casa corre a esconderse ¿cómo se suponía que le creyera?

—Ni siquiera pudo ir al colegio muggle y de ese vuelve a casa para cenar.

—Ningún niño mago debería de ir a un colegio muggle, Severus —y aunque de verdad estuvo tentado a responderle, él mismo sabía que eso era verdad. Zander había tenido más problemas con ocultar su magia que con socializar.

—Le dijiste a Draco que te informara de todo ¿verdad?

—Recibirá cinco galeones extras cada mes, al parecer esos dos están ahorrando para sobornar a su director y conseguir que Zander entre este año al equipo de Quidditch.

—Necesitará más que eso si quieren sobornar al desgraciado.

Lucius escondió su risa detrás de una tos mucho más aceptable en público. Ambos estaban parados junto a los baúles de sus hijos, mientras ellos hablaban de las cosas que harían ese año en la escuela, como si estuvieran planeando irse en una gran aventura en lugar de ir a clases, y aunque Severus estaba aliviado de que hasta el momento Zander no se había cruzado con nadie con una muerte inminente, se ponía más y más nervioso conforme pasaba el tiempo.

—Sí me aburro tendrás que ir a tomar conmigo.

—Todavía tengo tres hijos en casa y un hombre lobo en recuperación encerrado en la mansión, no tengo tiempo para salir a bares muggles contigo. Invita al lobo o algo…

—Desde el ataque en año nuevo lo buscan en el mundo muggle también… Supongo que tendremos mucho sexo.

—Demasiada información ¡Draco! Es hora de que suban los baúles, tengo que ir a ver a tus hermanos.

(…)

Zander apretó con fuerza la mano de Astoria una última vez antes de que subiera hasta el taburete, los nervios le revolvieron el estómago, porque notó perfectamente cuando su nueva mejor amiga apretó los ojos y su rostro se sonrojó a causa del enorme esfuerzo que estaba haciendo para convencer al sombrero. Astoria era astuta y manipuladora, pero también era valiente y terca como Aethonan cuando algo se le metía en la cabeza, pero al final el sombrero gritó lo que él y Daphne estaban esperando.

Una sonrisa enorme apareció en su rostro de muñeca y dirigiéndole una última mirada corrió a sentarse justo a su hermana; mientras tanto, Zander observo como todos los niños a su alrededor. Demasiados Gryffindor, pero en tiempos de guerra —aún sí no era más que política con algunos encontronazos aislados— era normal que sus números aumentaran; según su padre tenía que ver más con padres miedosos diciéndoles a sus hijos que debían ser valientes, más que verdadero valor por parte de los niños.

Al menos él no tenía dudas. Sus padres habían sido Slytherin, y encontraba que el valor era más bien arrogancia; justo como Sirius. Su tío era un hombre poderoso, pero demasiado arrogante y eso mismo hacía que fuera tan fácil de manipular por Draco, todos los Slytherin en su familia sabían perfectamente cómo manejar a Sirius, y en menor grado a Remus, así que cuando Zander escuchó a la profesora McGonagall decir su nombre caminó entre los pocos que aún quedaban para ser sorteados como había visto hacer a varios chicos sangre pura antes de él, luego se sentó en el taburete y dejó que le pusieran el sombrero seleccionador.

Era el momento que había estado esperando los últimos dos años, estaba en Hogwarts, con Draco y Astoria. Aprendería magia de verdad, y con un poco de suerte y ayuda de la biblioteca encontraría la forma de no verla nunca más.

Apenas el sombrero rozó su cabeza, su gritó resonó en el Gran Comedor.

—¡Slytherin!


Ya que han leído... ¡Holi babes! He vuelto mis amores~ Volví para traerles actualizaciones de mis longfics, porque aunque sé que muchos de mis seguidores están por los drabbles, agradezco desde lo más hondo de mi cora que lean mis historias largas... ;A; de verdad son un amor y yo los amo a todos aquellos qué se toman la molestia de escribir un comentario más allá del odioso "conti plz" (Voy a silenciar/bloquear a todos los que dejen ese comentario, bajo aviso no hay engaño).

Honestamente ha sido muy difícil para mi funcionar el último año y piquito desde la última actualización, no estuve en mi mejor momento y aunque todavía no lo estoy, creo que puedo decirles que no es lo peor que he estado, así que continuaré con esto. Yo no voy a dejar mis historias. No lo haré al menos con las historias de Harry Potter, porque es imposible que yo deje de amar HP, así que terminaré todo y de hecho escribiré más aún de esta ship que me da vida, y de muchas otras más que me devuelven la fe en la humanidad.

Ahora pasemos al fic ¿Les ha gustado? ¡Yo siento que he mejorado desde la última actualización! ¿Cómo ven a nuestro bebé Zan? ¿Alguna idea de lo que haré en el siguiente capítulo? Para los que no estén enterados, está historia está planeada de inicio a fin, desde el momento que subí el primer capítulo ¡Así que pueden teorizar todo lo que quieran! Capaz alguno de ustedes le atina xd

¡Por cierto que tengo página en Facebook! ¡Búsquenme como Lexie Snape! En ella estaré poniendo avances, art, y fecha de actualizaciones, así que vayan a darle "Me gusta", porque también regalaré Drabbles a los Fans destacados *brillitosh*

De nuevo muchísimas gracias por leer, el doble de gracias por comentar y mucho amor a todos. Espero que aquellos con pareja la pasen hermoso, y aquellos que no tienen pareja espero que la pasen muy muy bien, y sí les desanima no tener una cita, recuerden que al menos actualicé y ese fue su milagro de San Valentín.

Los amo mucho~ Besitos~ Baibai~