SCARE
By: Vainiella
CAPÍTULO III
Instituto Odaiba, Campo de Football.
Miércoles, 9 de abril del 2012.
Hora: 9:42 am.
Mimi Tachikawa casi no respiraba por temor a que sea escuchado el aire atravesando sus pulmones. El rubio seguía presionando con fuerza su mano contra sus labios, como si la sombra del atacante en el umbral no fuera suficiente motivo como para ahogar cualquier palabra. Sus uñas rosas y prolijamente limadas se enterraron en el brazo del rubio, sintiendo como el terror acrecentaba sus latidos.
Voy a morir, pensó, y pronto toda su vida empezó a abarcar cada uno de sus pensamientos. Sus padres, quienes quedarán devastados al perder a su única hija, eran la única razón por la cual rezaba por seguir viva. Siempre había sido una niña malcriada y odiosa, lo admitía, cuya vida artificial se había enfocado en ser la más aplicada del instituto, la más popular y la más hermosa. Tener un novio al que no ama, tener amigos que realmente están con ella por puro interés, todo era para mantener una fachada. No obstante, no era tan egoísta como para olvidarse del auténtico amor que le tenían sus papás, y como el morir allí mismo, en ese momento, sería lo peor que pudiera pasarles.
El atacante abrió un poco más la puerta con la punta de su arma. Yamato y Mimi tuvieron que presionarse más contra la pared, para no dejar en evidencia su ubicación. Por suerte la puerta no abrió lo suficiente como para rebotar contra sus cuerpos, pero estaba claro que si el atacante ingresaba no habría forma de ocultarse.
Cuando todo indicaba que estaban perdidos, un sonido peculiar de lo que parecía ser un Walkie Talkie resonó en la estancia. Un segundo después, se escuchó una voz del aparato.
—Aquí Vampiro, ¿Dónde estás, Knife? Cambio.
El atacante tardó un poco en contestar.
—Aquí Knife. Aún en el campo de football. Me retuvo una perra que trataba de escapar. Cambio.
Yamato seguía observando la sombra como si pudiera ver las facciones del asesino, imaginándolas malévolas ante aquellas sombrías palabras. Más era la sorpresa de saber que el atacante no actuaba solo, y que en realidad había dos, ¿O más? Fue cuando pudo atar cabos, pues cuando había hablado con su hermano había dicho que el atacante estaba cerca, y el campo de football estaba al otro lado del instituto.
Subió la mirada al techo, esta vez rogando en su fuero interno que su hermano menor esté a salvo. Sin embargo, mientras dos asesinos sigan vagando por el instituto nadie puede estar a salvo, por lo que con desesperación rezó para que el atacante se fuera, y así ir en busca de su hermano.
—Muévete, creo que ya llamaron a la policía. Ya estoy llegando al ala este. Cambio.
—Vale, nos vemos allá. Cambio y fuera.
Tanto el rubio como Mimi contemplaron en silencio como la sombra se alejaba más y más. Finalmente, tras unos interminables segundos de angustia, parecía que el asesino se había ido en camino a la cafetería, como bien había dicho por Walkie Talkie. No obstante, hasta que no estuvieron del todo seguros, Yamato no soltó a la castaña ni Mimi se separó del rubio. Fue luego que se dieron cuenta del contacto físico, haciendo que se separaran de un golpe como si sus pieles quemaran, sorprendidos por la cercanía que habían adquirido con tal de sobrevivir.
—¿Cómo sabremos si realmente se ha ido? —susurró ella.
Yamato también se preguntó lo mismo. No había otra forma de averiguarlo más que el asomarse.
—Iré a ver —el Ishida salió detrás de la puerta, con intenciones de asomarse.
—¡No! —susurró desesperada Mimi, tomando su muñeca con fuerza—, Te verá.
Esa era una probabilidad, por supuesto, y cuya consecuencia es bastante similar que la de Natsuki. Pero el hecho de saber que su hermano estaba en peligro hizo que ignorara la advertencia de la castaña, soltándose de su agarre para luego asomarse con sumo cuidado en el umbral de la puerta.
Mimi volvió a susurrar con desespero, pero el Ishida hizo caso omiso.
Al asomarse, la luz cegadora del sol impactó contra sus pupilas, haciendo que frunciera el ceño. Primero miró a la derecha, no encontrando nada más que un corredor de concreto, césped y arbustos. Luego volteó a ver hacia la izquierda, y fue cuando encontró el cuerpo de la pelinegra, una desagradable chica con la que cursa Historia, y a quien había descubierto una vez follándose al profesor.
Tuvo que desviar la mirada cuando vio su rostro. Aquella era una imagen que nunca podrá sacarse de su cabeza.
Yamato volvió a entrar al depósito, cerrando un poco la puerta tras de sí. Temía que la castaña también viera lo mismo, y estaba seguro que con su apariencia frágil quedaría devastada de ver a su amiga en ese estado.
—¿Natsuki…?
La expresión del rubio fue la respuesta que Mimi temía. Natsuki está muerta.
—No hay nadie —dijo entonces el Ishida, sacándola de su trance—. Podemos salir.
—¿Q-Qué? —casi chilló—. Estás loco. No podemos salir.
—Oye, si quieres tú no salgas, pero mi hermano está en la biblioteca tan expuesto como nosotros. No pienso quedarme aquí de brazos cruzados.
—Te van a matar, y será peor. Lo mejor es quedarnos ocultos.
—Iré en busca de mi hermano. Tú quédate aquí y no te muevas hasta que llegue la policía.
Yamato le dio la espalda, dispuesto a irse. Mimi, bajo un impulso, saltó hacia él aferrándose a su sweater, con las lágrimas acumulándose en sus ojos.
—¡No! No, por favor —susurró—. No me dejes sola.
El Ishida era muchas cosas.
Era rebelde, introvertido e indiferente. Odiaba el instituto. No tenía amigos, y desde hace tiempo le parecía innecesario tenerlos, por lo que podría decirse que era un lobo solitario. La antítesis de una chica como Mimi Tachikawa, siempre rodeada de amigos. Más sabía la clase de amigos que tenía ella, pues conocía a Natsuki, y todos en el instituto sabían que estaba enredada con el novio de la castaña. Prefería mil veces estar solo que mal acompañado.
Sí, Yamato era muchas cosas, pero no era un patán, y al ver a la castaña a punto de desplomarse supo que no podía dejarla sola.
Pero si salía y veía a su amiga…
—Vale —dijo entonces, dándose la vuelta para encarar a la castaña—. Pero será peligroso.
Mimi simplemente asintió, mirando el suelo.
—Me vas a seguir en completo silencio, ¿De acuerdo? —volvió a asentir—. Y hagas lo que hagas, cuando salgamos, no abras los ojos hasta que te diga que lo hagas. Tachikawa, mírame, que voy en serio —la castaña correspondió su mirada, intimidada una vez más por sus intensos ojos azules—. No abras los ojos, ¿Vale?
—Está bien.
El rubio rodeó el cuerpo de la chica, pasando su brazo por encima de sus hombros de forma protectora. Mimi se encogió bajo su abrazo, tratando de no entorpecer los movimientos del Ishida.
—Andando.
La castaña cerró los ojos con fuerza, siguiendo el paso de Yamato quien había empezado a correr. Por sus movimientos supo que habían agarrado hacia la izquierda, y que el concreto pronto lo sustituyó algo suave, como césped. Parecían rodear algo. El Ishida volvió a mirar el cuerpo inerte de Natsuki, esperando algún indicio de vida, más supo que era imposible. Se aseguró de que Mimi seguía teniendo los ojos cerrados, temiendo que la imagen del cadáver en aquel charco de sangre pueda ser demasiado para ella.
Instituto Odaiba, Biblioteca.
Miércoles, 9 de abril del 2012.
Hora: 9:44 am.
Jou miró el techo sintiendo como la vida se iba de su cuerpo poco a poco. El pánico de morir pronto fue sustituido por una misteriosa paz, como la calma luego de la tormenta.
¿Es esto morir?
Estudiar medicina siempre había sido su sueño, y con la ayuda de los libros de su hermano mayor se dejó seducir por la pasión de salvar vidas, aprendiendo desde hace un par de años todo sobre cómo mantener con vida a alguien. No obstante, no había leído nunca sobre la paz que lo embargaba en ese momento. Era como si no le importara morir, como si no fuera tan malo.
El techo de pronto empezó a brillar más y más. Si cerraba los ojos por un momento, no pasaría nada, ¿Cierto?
—Eh, eh, Jou. Quédate con nosotros —un par de palmadas en su rostro hizo que volviera a abrir los ojos—. No es hora de dormir. Tienes que mantenerte despierto.
Jou volvió a mirar al rubio que lo observaba intensamente. Sus ojos eran redondos, brillantes, casi infantiles, y de un azul cristalino. Nunca lo había visto antes, pero resultaba ser un chico bastante agradable.
—Ya vienen en camino —dijo la joven de cabellos cortos tras colgar por teléfono.
Mientras Jou había hecho un breve viaje al limbo la castaña había llamado al 119 desde el celular de Tk rogando por una ambulancia, dando una clara descripción de las heridas del Kido. Había sonado bastante urgente cuando pidió que mandaran a alguien a la biblioteca del instituto, desconociendo por completo todas las llamadas que estaban recibiendo emergencias en ese instante, realizadas por alumnos y profesores tan desesperados como ella.
Por el momento solo queda presionar para aminorar el sangrado.
—¡Jou, no te duermas! —volvió a despertar el rubio al Kido, quien había cerrado los ojos de nuevo.
—Necesita un médico ya —dijo en un susurro la joven de cabellos cortos, quien observaba a Tk con preocupación—, ¿Qué haremos?
Tk desvió la mirada, buscando en su cabeza cual puede ser el siguiente paso. Hikari tenía razón, Jou necesitaba un doctor cuanto antes. De lo contrario va a morir, aunque es algo que no puede decir en voz alta. Es como hacer tangible sus pensamientos, y no quería ver morir aquel desconocido peliazul.
El sonido de unas alarmas hizo que el corazón del rubio se acelerara. Se escuchaban lejanas, pero parecían acercarse más y más.
¡La policía!
—No podemos sacarlo de aquí —dijo Tk meditando—. Tenemos que traer ayuda.
—Ya la policía sabe que estamos en la biblioteca.
—Sí, pero como tú has dicho, saben que hay más heridos, y la biblioteca está más alejada que todo lo demás. Tardarán.
Hikari se mordió los labios, frustrada.
—¿Qué haremos?
—En el Ala Este hay una salida de emergencia. Puedo salir y traer a los paramédicos.
La expresión de Hikari fue de profunda preocupación.
—Takeru, no podemos salir de aquí. La chica de emergencias dijo que tenemos que mantenernos ocultos.
—Sino hacemos algo Jou morirá —susurró Tk, desesperado—. Tengo que buscar ayuda. Tú te quedarás con él para mantenerlo despierto.
—Pero…
Tk agarró la mano de la joven, dándole un fuerte apretón.
—Tranquila, estaré bien.
Y sin más ni más, el rubio se levantó del suelo con unas enormes manchas de sangre en sus pantalones, y todo porque se había mantenido de rodillas junto a Jou. Le dedicó una última mirada a Hikari, de esas que duran solo un par de segundos, pero fue más que suficiente para que el joven decidiera que, tan pronto termine esa pesadilla, le pediría una cita, sin importar cual sea su respuesta.
Desconociendo por completo que ella le diría que sí.
A medida que el chico se alejaba, Hikari Yagami lo observó irse en silencio, rogando en su mente que nada malo le ocurriese. No a él, que con aquella sonrisa llena de esperanza ha mantenido con vida a Jou en estos minutos. Que con sus ojos de un azul cristalino la ha hecho sentir bien, a pesar de las circunstancias. Por favor, por favor, imploró en su mente. Y todo porque desde ese momento Takeru dejó de ser el simpático gamer de su clase, para volverse simplemente en Takeru, el buen chico con quien sobrevivió aquella tragedia.
—No creo que…aguante más —dijo Jou con voz entrecortada. Hikari se aterró ante sus palabras. El peliazul se ponía cada vez más pálido.
Las palabras del rubio hicieron eco en su cabeza, debía mantener con vida a Jou a toda costa. Fue entonces cuando tomó fuertemente ambas manos del joven, cuya contextura alta y apariencia desgarbada dejaba en evidencia la clara diferencia de edad.
—Estarás bien, Jou. Saldrás de esta, ya verás, y podrás cumplir tu sueño de ser un gran doctor.
A Jou no le quedó de otra que esforzarse por recobrar la conciencia para devolver el apretón de manos a la chica. Era como si la castaña brillara, y al igual que el rubio le devolvía la vida al Kido, a pesar de estar al borde de la muerte.
Entonces el sonido de una llamada entrante hizo que ambos jóvenes se sobresaltaran. Hikari miró a su alrededor buscando el teléfono que no paraba de sonar, temiendo que revelara su escondite al asesino. Jou trató de incorporarse un poco, reconociendo el tono de llamada.
—Es mi…cellular —Hikari lo retuvo—. Está en…mi bolso.
—¿Tu bolso?
La Yagami elevó un poco la cabeza, asomándose por encima del carrito para libros. Sino mal recordaba el peliazul estaba cerca de la entrada antes del ataque. Eso significaba que tenía que salir de su escondite, exponiéndose.
El celular seguía sonando.
¡Es muy ruidoso! Sino lo busco va a hacer que el asesino venga, pensó aterrada Hikari. Pero si salía y el asesino llegaba, la mataría. De eso no cabe duda. Sea como sea, ambos escenarios eran un pésimo desenlace para sus vidas.
—¿Cuál es tu bolso? —preguntó la castaña con urgencia. Jou le dijo a duras penas un par de características básicas, como su color y el tamaño, y tan pronto Hikari pudo armarse de valor salió de su escondite en búsqueda del bolso.
El celular seguía sonando, y la Yagami se acercaba lo más rápido que podía mientras gateaba hacia la mesa más cercana a la entrada. Decir que hace unos minutos el asesino había estado en el umbral de la biblioteca, y que justo Jou había estado en el peor lugar. Para su sorpresa el celular había dejado de sonar, pero antes de que pudiera respirar aliviada había empezado a sonar de nuevo, alarmando a Hikari. Era evidente que las heridas de Jou eran muy graves y que solo un milagro podría mantenerlo con vida por más tiempo. No obstante, si el asesino regresa por el ruido morirían más pronto, y necesitaba darle más tiempo a Takeru, quien había ido por ayuda.
Empezó a gatear más rápido. No le costó mucho distinguir el bolso de Jou desde donde estaba. Sus rodillas estaban llenas de sangre al igual que sus manos, y había tropezado con la pierna de un cadáver, que era un chico voluptuoso que había visto un par de veces en la cafetería.
Con movimientos torpes finalmente alcanzó el bolso, pero justo antes de que se diera la vuelta para regresar con Jou notó una figura masculina erguirse en el umbral de la entrada. Por sus zapatos supo que no era Tk.
Tragó en seco, sintiendo como se le iba el alma del cuerpo.
Instituto Odaiba, Salón A-3, Pasillo Oeste.
Miércoles, 9 de abril del 2012.
Hora: 9:43 am.
Las lágrimas no paraban de correr por sus mejillas. Puede que el atacante no la haya matado, pero estaba tan aterrada del miedo que no podía moverse. La sangre seguía escurriendo de su cuerpo, y ahí sola, emparamada y herida, se sentía desfallecer, ¿Por qué está pasando esto? Intentó incorporarse, pero su mano rozó con otro pedazo de cerámica, pinchándola hasta hacerle sangrar. Reprimió un chillido de dolor, temiendo que el atacante regresara o el otro la descubriese, sea donde sea que esté. Al final logró apoyarse un poco con la otra mano, pero solo para buscar su celular. Palpó en varias partes del suelo esperando dar con él, hasta que en eso el sonido de unos pasos ingresando al baño hizo que se privara del terror, pensando lo peor.
Ha vuelto. Ha regresado para matarme.
Ya estaba teniendo un ataque de ansiedad cuando una cabellera marrón se asomó en el cubículo.
—¿Sora?
Taichi Yagami la observaba desde arriba con una expresión pasmada, como si no pudiera creer que la pelirroja siguiera con vida. Tirada en el suelo, herida y cubierta de sangre y agua, parecía desentonar su mirada aliviada entre tantos agujeros en las paredes y casquillos de balas. Tan pronto comprobó que la chica seguía con vida, el Yagami se lanzó a ella mientras se sacaba el sweater deportivo del instituto para luego cubrirla. Un segundo después se asomó otra persona en el cubículo, y en esta ocasión Sora sintió un real alivio al ver quien era.
—¡Koushirou! —el pelirrojo se acercó también, pero era Tai quien había ayudado a incorporar a la chica para colocarse su sweater sobre sus hombros—, Estás vivo.
—¿Dónde te ha dado?
Sora señaló su pierna. La bala había dejado su huella con una fea marca, y aunque era solamente un roce igual se veía doloroso. Por suerte ya la sangre no estaba emanando de la herida, lo cual era buena señal.
—Vi quien era —dijo luego la chica, con temor—. Creo que está en un curso por debajo del nuestro.
—¿Te vio?
—Sí, y decidió no matarme.
Taichi y Koushirou se miraron.
—Pero son dos —continuó con los nervios en su voz—. Aunque el que estuvo aquí fue uno solo, el otro habló por una especie de walkie talkie. Dijo que lo esperaba en el ala este del instituto.
—Tenemos que advertir a las autoridades —dijo Tai. Koushirou asintió para luego llamar a emergencias.
Mientras el pelirrojo hablaba por teléfono Taichi volvió a dedicarle su atención a Sora. Esta vez optó por revisar la herida en su brazo, cual tenía peor pinta. No sabía mucho de medicina, pero a simple vista estaba claro que necesitará unos cuantos puntos. Takenouchi, por su parte, aprovechó la distracción del moreno para observarlo, ¿Qué demonios hacía Taichi Yagami con su vecino? Koushirou era el blanco de sus burlas diariamente, bueno, el de sus amigos, pero Tai era tan culpable como los otros imbéciles. Decir que de niños había conocido a Taichi jugando soccer, pues para ese entonces ella disfrutaba también de ese deporte, y simplemente eran dos niños sin prejuicios que jugaban a la pelota, ¿En qué momento el Yagami se descarriló?
Entonces Tai descubrió la mirada discreta de la pelirroja. Ella lo disimuló mirando el suelo.
—¿H-Hay muertos?
Tai correspondió su mirada, sintiéndose repentinamente abatido.
—De nuestra clase solo quedamos vivos siete.
—¡Oh, no!
Se tapó los labios conteniendo las ganas de llorar. En su clase eran 23 estudiantes. No era posible tal barbaridad, ¡Han muerto más de la mitad!
—Dicen que ya vienen en camino. Que nos quedemos aquí.
Taichi arrugó el ceño.
—No podemos quedarnos aquí, estamos muy cerca del Ala Este.
—Pero…Probablemente ya no regrese —dijo Sora, dudosa.
—Sabemos que hay otro atacante, ¿Y si él viene en lugar del que te dejó vivir? —Koushirou miró su entorno, buscando en su mente una forma de salir con vida de aquel lugar—. Taichi tiene razón, estamos expuestos.
—¿Y a donde iremos entonces?
Nadie dijo nada, y al final el plan de salir de allí ya no era tan buena idea, sino había a donde ir. Sin embargo, como si fuera una señal, el celular de Taichi vibró en su bolsillo. Al revisar un mensaje de su hermana indicando que estaba a salvo en la biblioteca hizo que se le prendiera un bombillo en su cabeza.
—La Biblioteca —Koushirou lo miró y frunció el ceño—. Mi hermana está allá. Sabemos que el lugar es enorme y que podemos ocultarnos sin problema.
—¿Y si los atacantes nos agarran en el pasillo?
—Mientras lo debatimos el tiempo se agota. Si no nos movemos ahora ya luego será tarde.
Entonces agarró su franela y cortó un pedazo largo en el borde inferior, consiguiendo una tira de tela que empezó a amarrar en el brazo de Sora, haciendo presión.
—¿Estás seguro?
—Es nuestra mejor opción —entonces miró a Sora—. ¿Puedes caminar?
Ella asintió, pero cuando se levantó con ayuda de Tai reprimió un chillido al pisar con la pierna herida.
—Taichi, es imposible salir de aquí con Sora en ese estado.
—Espera —entonces Tai se agachó en frente de la chica, de espaldas a ella—. Móntate.
Sora miró a Koushirou con duda, y este, igual de sorprendido, simplemente asintió. Koushirou no era el más indicado para la tarea, siendo más bajo y delgado que la Takenouchi. No obstante, Taichi, alto y fornido, apenas Sora se montó en su espalda la elevó como una pluma, haciendo que la chica se sonrojara un poco al sentir como el moreno abrazaba sus muslos por debajo y la apretaba fuertemente contra su cuerpo, sosteniéndola.
Al abrazar su cuello y oler su perfume Sora sintió que el corazón se le aceleraba.
Sora, contrólate. No en un momento así, por favor.
—Vamos.
Los tres salieron del baño, no sin antes fijarse en el pasillo, un lado y el otro. La soledad y el silencio mortal hacía de aquel escenario una película de terror. Sora abrazó fuertemente el cuello del moreno para sostenerse, sintiendo cada rebote un poco de dolor. Pero peor fue cuando vio su salón de clases, aún con la puerta abierta, y descubrir a varios jóvenes en el piso inmóviles y al profesor con una mirada vacía, mientras sus cuerpos estaban en una posición completamente anormal.
Cerró los ojos con fuerza, y metió la cabeza en el cuello del Yagami. Él sintió como su cuerpo se tensaba.
—Tranquila —dijo en un susurro.
Notas de la Autora:
Hello hello!
¿Cómo están por aquí? No, no los he abandonado. Sigo en acción, solo que de forma intermitente.
¿Qué les pareció este capítulo? Un poco corto, pero recuerden que Scare es así. Aviso y anuncio que ya esta historia está terminada, será publicado todos los viernes hasta su conclusión, ¡Así que estén atentos!
Las parejas evidentemente son Mimato, Taiora y Takari. Tenía tiempo que no protagonizaba otras parejas que no sean Mimato, y la verdad es que lo estoy disfrutando.
En cuanto a mis otras historias, Instituto Hokkaido también ha sido actualizado, al igual que Stepmom's Recipe. Y...tantantan, encontrarán publicada una nueva historia. Se llama Encrypted y son cordialmente bienvenidos, ¡No me odien por montar tantas historias en proceso! Es que prefiero que estén publicadas que agarrando telarañas en la computadora...
Anyway, espero que les haya gustado este capítulo, y que estén atentos al próximo. Por favor, reviews con sugerencias, opiniones y críticas, serán tomados de la mejor manera para que esta historia no los decepcione.
¡Nos vemos pronto, mis pequeños saltamontes!
Atte.
Vai
