SCARE

By: Vainiella


CAPÍTULO V


Instituto Odaiba, Pasillo Oeste, Biblioteca.

Miércoles, 9 de abril del 2012.

Hora: 9:53 am.

Taichi siguió corriendo a pesar de la resistencia de la Takenouchi. No paraba de implorarle que regresara y detuviera al pelirrojo, mas no podía hacerlo, por mucho que lamentara la decisión del Izumi. A medida que corría su mente le jugó una mala pasada haciéndole sentir como un verdadero fiasco de ser humano, de estar en la posición de Koushirou, ¿Sería capaz de ir a alertarle a Yano o a J, sabiendo que sus vidas peligraban? O viceversa. La respuesta fue simple: No. Y entonces entendió lo lejos que estaba de tener un amigo como el Izumi, a quien había visto en silencio como sus amigos lo atormentaban todos los días, sin hacer nada.

¿Cómo pudo haber sido tan ciego? ¿Tan idiota?

Sora volvió insistirle en regresar, pero la ignoró cuando descubrió que estaban cerca. No podía regresar por Koushirou, ya no, no cuando estaban tan cerca de la biblioteca en donde podrían ponerse a salvo finalmente, o al menos hasta que llegara la policía.

Ya estaba a dos metros del lugar cuando en eso un chico alto y de cabellos rubios atravesó el umbral, sorprendiendo al Yagami. Lo reconoció, y por alguna razón supo que él rubio no estaba detrás de aquella masacre. Intercambiaron una mirada llena de intensidad, demasiado concentrados en sus misiones como para detenerse. El Yagami por resguardarse, y Yamato por encontrar a su hermano, todo mientras Sora ocultaba su rostro en el cuello del moreno para ahogar sus llantos de frustración.

Una vez en el umbral de la biblioteca lo primero que vio fue a Mimi Tachikawa, quien entró en su campo de visión al estar cerca de la entrada. Tanto Tai como Mimi se sorprendieron de verse en ese instante, y un enorme alivio corrió en sus venas al saberse a salvo. Con todo lo que había ocurrido se habían olvidado por completo. Mimi fue la primera en reaccionar, a pesar de aún sentir un vacío en el pecho por ver partir al Ishida, como si esa fuera la última vez que lo vería. Ignorando el mal presentimiento, saltó hacia Taichi apenas ingresaron a la biblioteca, notando entonces a una chica que cargaba en su espalda y cuyos cabellos rojizos le resultaban particularmente familiar. Al ver la sangre en sus cuerpos intentó ayudar a su novio, espantada.

—¡Tai! —corriendo a su encuentro, apoyó una mano en su brazo, viendo sus ropas manchadas de rojo como también sus rostros—, ¿Estás bien?

No lo abrazó, ni le dio un beso. Eran novios, sí, pero no era el momento para demostraciones superfluas de cariño, que eran más una fachada para la sociedad y un apaciguador de instintos adolescentes. Vio con preocupación a la Takenouchi que seguía llorando en su hombro, con el rostro aún enterrado en el cuello del moreno. Sus heridas fueron evidentes, así que lo primero que hizo fue acariciar el brazo de la chica para impartirle apoyo. Un segundo luego Sora subió la mirada para encontrar unos brillantes ojos color miel sobre ella. También la reconoció. Decir que habían sido mejores amigas cuando niñas, y que sin razón alguna se habían distanciado al crecer.

—Sora.

—Yo estoy bien, pero ella sí está herida —agregó Taichi, terminando de ingresar a la biblioteca junto con Mimi.

—¡Hermano!

Hikari saltó de su escondite para correr hacia el moreno. Las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas por el alivio y la alegría de verlo a salvo. Lo agarró por la ropa, angustiada con la sangre que pintaba su vestimenta.

—¿Estás…?

—Estoy bien.

Tras asegurarse de que tanto su novia como su hermana estaban en perfecto estado buscaron un escondite, a pocos metros de donde estaba el Kido. Mientras colocaba gentilmente a la pelirroja en el suelo con ayuda de su hermana miró a Mimi con seriedad.

—Cierra la puerta de la biblioteca con cuidado —la castaña corrió a por ello. Taichi miró una vez más las heridas de Sora. Seguía sangrando— ¿Estás bien?

—Sí —respondió con voz cortada, cansada por los llantos silenciosos y la sangre perdida.

—Tranquila, Izumi es un chico inteligente. Tendrá mucho cuidado.

Entonces Taichi miró al joven de cabellos azules que estaba acostado en el suelo, cerca de ellos.

—Se llama Jou Kido —dijo Hikari respondiendo su duda mental—. Está muy grave. Tk ha ido por ayuda.

Tai contempló su alrededor, notando los cadáveres de algunos jóvenes y adultos, que no eran muchos, pero que le helaban el alma. Por Kami, ¿Cuántas personas más se habían cobrado esos malnacidos?

—Lo vimos —dijo entonces Sora, mirando a la chica con preocupación—. Fue directo hacia el ala este. Mi amigo Koushirou ha ido tras él para advertirle que los atacantes están en ese lugar.

—¿Qué? —Hikari sintió que le faltaba el aire.

Taichi se había aproximado al Kido. Aún respiraba.

—¿Quién ha sido el chico que acaba de salir de la biblioteca? —preguntó mientras revisaba sus heridas.

—Su hermano.

—Por Kami, los tres se están metiendo en la boca del lobo —bufó Taichi.

En eso, interrumpiendo aquel silencio mortal, unas nuevas detonaciones hicieron que chillaran y se encogieran del miedo, haciendo que todos miraran hacia la entrada de la biblioteca, ya cerrada, con el temor esclavizando sus cuerpos. A pesar de que estaban en la biblioteca seguían estando expuestos, y seguirán estándolo mientras esos demonios sigan sueltos en el instituto. Un segundo después Taichi había corrido hacia una mesa para luego elevarla por sí solo, como si pesaran gramos en vez de kilos, regresando a la entrada para colocar el mueble de tal forma que bloqueaba las puertas. Debían ganar tiempo mientras llegaba la policía, y dificultarles el acceso a los atacantes les serviría.

—Tai, ¿Qué estás haciendo? —le preguntó Mimi, aproximándose.

—Los atacantes están cerca, Mimi —dijo el moreno con voz tensa—. Tenemos que bloquear la puerta, o si no estamos muertos.

—Pero, hermano, los chicos… —preguntó Hikari desde la distancia, abrumada.

La voz alarmada de Sora interrumpió el debate.

—¡Koushirou me acaba de escribir! —todos voltearon a ver a la pelirroja con una mezcla de sorpresa y alivio— Dice que está junto con Tk en un cuarto de limpieza, ocultos.

—¿Qué hay de Yamato? —Mimi miró a Sora sintiendo la angustia crecer en ella. No haber escuchado sobre el paradero del rubio era una mala noticia—. Por favor, pregúntale por Yamato.

Podría estar muerto.

Sora siguió las instrucciones. Unos segundos después leyó el mensaje con pesar.

—No responde —se mordió los labios.

La castaña sintió que le faltaba el aire.

Ciertamente no conocía a Yamato Ishida, en lo absoluto. Pero le había salvado la vida. Cuando había considerado seguir a su amiga para detenerla él la retuvo con ella, evitando que tuviera el mismo destino que Natsuki. Y en todo el camino hasta la biblioteca Yamato no soltó su mano ni un segundo, aun cuando eso lo volvía más lento y más vulnerable.

No, no sabía quién era Yamato Ishida, pero estaba viva gracias a él. Y saber que ahora su vida estaba en peligro inquietaba enormemente a la castaña.

Disparos volvieron a escucharse, y esta vez se escucharon más cerca. Bajo un inesperado impulso, Mimi saltó hacia la puerta con intenciones de salir, pero Taichi la detuvo en el acto, tomando fuertemente su brazo.


Instituto Odaiba, Pasillo Este.

Miércoles, 9 de abril del 2012.

Hora: 9:59 am.

Todo transcurrió en cámara lenta para Yamato Ishida.

Finalmente había llegado al pasillo Este, esperando poder dar con su hermano de una vez por todas. Había escuchado las detonaciones hace unos momentos y por supuesto sabía que se estaba exponiendo de forma suicida, pero el hecho de saber que Tk estaba tan expuesto como él lo alarmó, y era lo que alimentaba la adrenalina por correr en esos inhóspitos pasillos en busca de su hermano menor.

—Tk —volvió a susurrar mientras se adentraba al pasillo—, ¡Tk!

El silencio era toda respuesta, con tantos significados que el Ishida no sabía asimilar.

¿Estará escondido?

¿Los asesinos lo habrán descubierto?

¿Estará muerto?

Respiró de forma entrecortada, temiendo siempre lo peor.

—Tk.

Y como si sus plegarias hubieran sido respondidas, escuchó una puerta abrirse a cinco metros, y del lado derecho del pasillo contempló una figura asomarse. No hace falta decir el enorme alivio que sintió al reconocer a su hermano, a salvo, pero con sangre en sus ropas. Por un instante creyó que estaba herido, pero aquella sonrisa particular de él le removió aquel peso en sus hombros, y entonces supo que su hermano estaba bien.

Sin embargo, sus emociones se mezclaron con el terror y el pánico al ver que, al final del pasillo, otra figura masculina también se asomaba, pero esta última con un arma colgando de su mano que no tardó en elevar y apuntarles, haciendo que Yamato palideciera. Automáticamente un sonido gutural salió de la garganta del Ishida, al no tener tiempo siquiera para formular una advertencia y de esa forma prevenir a su hermano, que se ocultara, que corriera, ¡Que se diera cuenta del peligro! Pero ya era tarde.

Y entonces empezó la pesadilla.

Lo primero que sintió fue un vacío en el estómago, en el alma, en el centro de su ser, cuando vio como las primeras balas impactaron contra su hermano haciéndolo contorsionarse en el aire para luego caer como un muñeco de trapo al suelo. Luego sintió unos golpes en su cuerpo. En su brazo, en su hombro y e incluso en su pecho, junto con un dolor agudo en los lugares donde sintió los golpes. Ya cuando estaba de rodillas en el suelo con la sangre escurriendo por su brazo entendió que no habían sido golpes, sino balas atravesándolo, y que al igual que su hermano menor había sido el otro blanco del asesino, quien no desperdició ninguna bala, usándola todas en ellos.

Y después todo se puso nubloso.

Más detonaciones resonaron en aquel pasillo, pero esta vez parecían venir de todos lados, junto con el eco de gritos de varias personas. Ya se había dejado caer al suelo, con la vista hacia su hermano, ignorando por completo lo que acontecía a su alrededor. No podía quitar los ojos sobre él, esperando ver algún atisbo de movimiento, viendo sus dedos, su cabeza y sus pies. No puedes estar muerto, pensó con horror, pero la inmovilidad mortal era reconocible, y pronto se volvió una imagen que jamás en la vida podrá sacarse de su mente.

—Tk…

Mientras el cuerpo de atacante era acribillado por las balas de una misteriosa procedencia, Yamato solo podía pensar en una cosa mientras la vida también se escapaba de su cuerpo, ¿Habían matado a su hermano por su culpa? Estaba oculto, a salvo, seguro, y había salido solamente porque lo había escuchado, ¿De no haber sido por él, su hermano seguiría resguardado en esa habitación? Sintió entonces como alguien tocaba su cuello y su muñeca, y luego vio como unas figuras oscuras aparecían en su campo visual para seguir el recorrido que él estaba haciendo, adentrándose al pasillo con armas apuntando hacia el otro atacante que había elevado las manos.

Primero todo fue en cámara lenta, y luego fue como si adelantaran una película en la velocidad más alta.

No dejó de ver a su hermano hasta que fue elevado del suelo en una especie de camilla. Mientras lo alejaban de él sintió lágrimas correr por sus mejillas, repitiéndose una y otra vez en su cabeza que habían matado a su hermano por su culpa. Cerró los ojos por unos segundos, que en realidad habían sido minutos, para huir de la realidad, pero tuvo que abrirlos cuando sintió que algo apretaba fuertemente su mano.

—¡Matt!

Al abrirlos encontró unos ojos color miel mirándolos con intensidad, poblado de lágrimas. Era la misma chica bonita de cabellos castaños del depósito del Campo de Football, ¿Cómo era que se llamaba? Mimi. Mimi Tachikawa. Tomaba su mano con fuerza mientras le rogaba que se mantuviera despierto, que todo estaría bien. Pero Yamato bien sabía que estaba mintiendo, que nada podría estar bien cuando la persona más importante de su mundo había muerta. Y todo por su culpa.

No agradeció que ella se montara en la ambulancia con él, ni dijo palabra alguna a pesar de mirarse mutuamente por un par de minutos más.

Solo quería morir, y así volver a estar con su hermano.


Notas de la Autora:

Hello hello!

No me odieeeeeen.

Que risa me dio el RR de AbyssMo con lo de "O sea Vai...Mataste a TK!". Esperé esa clase de reacción pero no me imaginé que me iba a dar risa, ¿Eso me hace cruel y con tendencias psicópatas? Bueno, soy maniática del orden. Una colega que estudió Psicología me dijo que los Asesinos en Serie tienen un poco de eso. Quién sabe.

Estoy jodiendo. Para los que no me conocen, lo hago mucho. Me falta un tornillo.

Anyway, ¿Qué les ha parecido este capítulo? Damas y caballeros, aviso que estamos a finales de la Liga con Scare. Este es el penúltimo capítulo. Como había dicho sería una historia corta, y su trama se enfoca más que nada en el suceso. Así que el próximo viernes nos despediremos de Scare *secándose una lágrima*.

Pero no se preocupen, que Encrypted solo empieza, y con Stepmom's Recipe vamos viento en popa. Y no nos olvidemos de Instituto Hokkaido y su actualización todos los miércoles. Hay Vai para rato.

Por cierto, búsquenme por Facebook como Vainiella Fanfiction para estar al tanto de mis actualizaciones.

¡Gracias por leer!

Atte.

Vai