Como en lo profundo del mar, que esconde el misterio de lo desconocido. Sus pensamientos son lo mismo, pero más complejo.


"Perdóname... Lo que te espera será duro, lo sé. Pero, eres la única esperanza. Por favor, salva, protege y guía a todos a un nuevo mundo, uno en el que puedan vivir pacíficamente", la voz del anciano estaba desgastada, señalando con sus manos hacia un recién nacido, una luz brillante iluminó su cuerpo para desaparecer en un destello fugaz.

Lo que hizo, podría considerarse cruel, sabía el peligro de su encargo y aun así lo hizo.

Como si hubiese corrido por todo el mundo sin descansar, su respiración se aceleraba. Sus piernas no resistieron el cansancio, cayendo al suelo. Los años pasaban en él y reclamaban su vida. En su último aliento, quiso desear no volver a encontrar al niño, pero sabía que sería imposible.

Resignado espero el final de su vida, también lo hizo de forma triste...

xXx

Paso… Paso… Paso…

La escena frente a él fue agradable y a la vez no. La razón era desconocida.

El color amarillento de su cabello resaltaba sus ojos azules y siendo tan joven las preguntas acechaban su mente como una plaga interminable. Caminando por el lugar, la sombra provocada por las luces no le permitía pensar con claridad.

Las estrellas se condensaban y se alargaban como líneas delgadas de luz. Y viajaban hacia el lado opuesto a él. Tan rápidas para el ojo humano y tan interminables como el universo no dejaban de correr.

Un sobresalto atacó su cuerpo al escuchar voces distorsionadas a su alrededor. Todo tipo de lamentos y risas envolvían su mente y lo dejaban desconcertado. No tenía entendimiento de nada pero algo le decía que provenían de aquellas luminiscencias.

Señalaba con su dedo de repente, tocando e interrumpiendo el paso de las rayas. Rompiéndolas al instante como frágiles porcelanas.

No sentía dolor. En cambio un sentimiento de familiaridad rompía las barreras de su corazón. Llamándolo con tanta libertad y confianza.

Repentinamente las imágenes empezaron a transcurrir como una remembranza que lo hacía padecer.

Tan fuerte que sintió un dolor en su cabeza que punzaba como agujas. Retrocediendo por instinto y agarrando su cabello como si quisiese romperlo. Esa sensación extraña caía como una lluvia de pensamientos sobre él.

"¿Por qué yo…?"

Respiró con fuerza y después con calma. No sabía lo que le estaba pasando porque la ansiedad no lo dejaba emitir un juicio lógico de su situación. Más aun, después de haber visto lo que sea que fuera… eso.

Sus piernas temblaron como gelatina derrumbando su cuerpo poco a poco hacia el suelo. Miro sus manos y después a sus costados.

El mundo en su entorno era como un espejo que reflejaba como una superficie de cristal reverberando los objetos que tenía delante. Algo traslucido y limpio que retrataba la trasparencia del alma.

La verdad y no la mentira.

Sus ojos marinos se encontraron con otros ojos iguales, que se asomaban entre las aberturas estrechas dejadas por las estrellas.

Y cuando vio la figura que imitaba su postura, lo entendió.


YugenShoganai