Hola, hola, amigos Candy fans, como había prometido les traigo esta nueva historia la cual se encuentra en proceso, espero que sea de su agrado pues aunque nuestra pareja favorita tendrá su parte la pareja principal serán Stear y Paty, es de tipo universo alterno y de época actual.
Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, son de Keyko Nagita.
Historia sin fines de lucro.
Y así... surgió el amor
Capítulo 4
A partir de hoy
El sonido insistente de un teléfono cerca de su oído sacó a Paty de un placentero sueño donde el protagonista principal era un guapo moreno.
Estirando el brazo derecho, pero sin abrir los ojos todavía la chica buscaba sobre el pequeño buró que estaba junto a su cama el aparato infernal que la sacó de tan hermoso sueño, al encontrarlo puso el auricular en su oído para contestar a la persona al otro lado de la línea la cual era nada más y nada menos que su abuela.
- Ummm- balbuceo todavía adormilada
- ¿Cómo que ummmm? Patricia 0'Brien ¿qué maneras son esas de contestar querida? - la voz inconfundible de la abuela Martha hizo que Paty aún en el estado que se encontraba, o sea entre dormida y despierta, sonrió al escucharla- ¡tienes que contarme todo! Candy me envió unas fotos, por cierto, te veías preciosa- la abuela se escuchaba tan entusiasmada que Paty sonrió aún sin entender de qué hablaba- ¿quién es el chico?, ¿está guapo?, se ve muy alto, ¿cuánto mide? ¿dos metros?, ¡Oh por dios! ¿está ahí contigo?, ¿interrumpo algo?
- ¿QUE? - Paty se sentó intempestivamente en su cama, no entendía de lo que estaba hablando su abuela, pero la última pregunta la sacó de un golpe de su adormecimiento- abuela ¿de qué estás hablando?,¿qué chico?, ¿de qué me hablas?, ¡Por dios!, ¡YO NO ESTOY CON NADIE!
Paty respiraba agitada después de contestar a su abuela con otras preguntas.
-Oh lo siento querida no te pongas así, si ese guapo joven te acompaña no me escandaliza, son otros tiempos y yo entendería que…
- ¡Abuela! - interrumpió Paty más escandalizada que Martha- ¡que no estoy con nadie! - Paty se dejó caer de nuevo sobre la cama, ahora le tomaría horas convencerla que estaba sola.
En el piso de arriba un joven médico y exsoldado aprovechaba al máximo su día libre, habituado al orden desde muy temprano se dispuso a desempacar las pocas pertenencias que tenía, acostumbrado desde que se enlistó a vivir sin lujos ni comodidades no necesitaba de mucho, compró lo estrictamente necesario, una cama, un par de burós, una cómoda era todo lo que tenía en su habitación, abrió un par de cajas y mientras sacaba las cosas no podía evitar los recuerdos que cada una de ellas le traía, unas buenas otras malas y otras dolorosas como la que tenía en sus manos en ese momento, una fotografía de él junto con el equipo médico y el pelotón que los acompañaba, observaba los rostros ahí plasmados, entonces recordó las palabras de Paty la noche anterior "eres mi héroe" le había dicho.
-¡Si supiera!- susurró con tristeza rememorando el suceso que vivió meses atrás y por el cual tuvo que regresar a casa- no creo ser el héroe de nadie no después de no haber podido ayudar a todos, aunque una medalla me diga que sí yo...no creo ser merecedor de nada- concluyó dejando el retrato sobre uno de los burós, en ella se podía vislumbrar las caras sonrientes de cinco hombres además de él, dos mujeres y el camión de transporte a sus espaldas de aquel equipo sólo quedaban otros tres, los demás...ya no estaban en este mundo y él se culpaba por ello.
En el Mercy hospital una rubia enfermera cumplía con su guardia matutina, para su buena fortuna esa mañana estaba tranquila en el ala de emergencias, aunque era enfermera quirúrgica le tocaba rotar turnos igual que todas sus compañeras, para esa hora de la mañana ya había acabado la primera ronda, curaciones a algún imprudente que conducía en estado de ebriedad y acabó en una zanja, analgésicos para una pequeña que se creyó Superman y quiso volar desde la mesa y se lastimó un brazo, dolores de panza, una mano quemada al preparar hotcakes, en fin, lo de siempre.
Se encontraba llenando las formas de los pacientes en la central de enfermería cuando escuchó alboroto, no prestó atención pues lo más probable era que alguien había llegado para ser atendido así que ella siguió en lo suyo.
- ¡ujum, ujum!- se escuchó un carraspeó.
Candy distraída no se dio por aludida y siguió en lo suyo hasta que…
- ¿Qué tiene que hacer uno para que lo atiendan aquí? - inquirió una voz cerca del oído de la rubia enfermera.
-¡Ahhh!- fue el grito de la chica al tiempo que llevó una mano a su pecho, lo que la hizo soltar intempestivamente el bolígrafo con el que estaba escribiendo y este a su vez salió volando directo a la cara del interlocutor, ella al querer recuperarlo levantó las manos tratando de capturar en el aire el proyectil que fue a parar como dardo buscando la diana directo al ojo de la persona causante de tal acontecimiento- ¡Santo dios!- exclamó asustada de haber lastimado a la persona- ¡Señor, señor!, ¿ está usted bien?- inquirió al ver al hombre llevarse las manos a la cara
-La próxima vez que te hable tendré que usar una careta enfermera pecas- afirmó un guapo castaño frente a ella- o me expongo a quedar ciego- finalizó mientras se tapaba el ojo que había sido picado con un bolígrafo.
- ¿Señor Graham?, ¿qué hace aquí? - inquirió la rubia enfermera.
-Pues venía por un dolor de cabeza, pero ahora creo será una operación de cambio de córnea- respondió el aludido mientras se tapaba el ojo que había sido lastimado.
- ¡Oh por dios! - exclamó la rubia- discúlpeme por favor, pero es que usted me espantó, venga, voy a revisarlo- manifestó mientras lo tomaba de la mano para llevarlo a una camilla cercana y poder revisarlo- es la segunda vez que me asusta, ¿cómo quiere que reaccione? - regañaba la chica mientras lo sentaba, le quitó las manos de la cara disponiendo a revisar la parte afectada.
-Le juro que no lo vuelvo a hacer enfermera pecas- afirmó el hombre que, aunque con escasa visibilidad debido a su ojo lastimado no pudo evitar quedarse mirando, aunque sea borrosa la cara de la rubia.
-No me parece gracioso, pude haberle sacado un ojo- manifestó Candy- pero no tiene usted nada, solo fue el piquete, de nuevo le pido disculpas, pero no vuelva a asustarme ¿eh? - dijo la chica señalándole con el dedo- ahora...usted dijo venir por un dolor de cabeza, así que dígame ¿qué tal se siente? - preguntó al hombre sentado frente a ella.
-Lo olvide- contestó Terry perdido entre los ojos verdes de la rubia.
- ¿Lo olvidó?, ¿cómo pudo haberlo olvidado?, no es normal, no después del golpe que tuvo esta semana si mal no recuerdo, pero…
-lo olvidé, ahora me duele más el ojo que la cabeza- interrumpió.
Candy no pudo evitar soltar una carcajada ante la ocurrencia del castaño.
Para Terry escuchar su risa cantarina fue un golpe directo a su estómago, una sensación de hormigueo que invadió su cuerpo y se quedó instalado en su corazón.
-Cena conmigo esta noche- pidió el castaño tomando su mano.
Candy fue aplacado su ataque de risa, le miró los ojos como buscando una señal de burla, pero no, el hombre estaba muy serio mirándola lo que la hizo ponerse nerviosa.
- ¿Está de broma?
-No, no bromeo.
-Bueno yo...no lo creo señor Graham.
-¡Por favor!- pidió el joven- además me la debes, casi me sacas el ojo, y mira que son los únicos que tengo y si me quedo sin ellos no podría mirarte- concluyó mirándola fijamente.
Candy se perdió por un momento en su mirada, se tomó su tiempo para observar bien cada rasgo, el hombre era guapo, eso no cabía duda, su cabello castaño un poco largo, ni lacio, ni rizado enmarcando su rostro varonil, de cejas delineadas, sus pestañas oscuras largas y volteadas, sus ojos, hermosos pozos azules en los que se podría perder, su nariz recta, sus labios, ¡Ahhh! suspiró sin darse cuenta al verlos carnosos, sensuales, que cual manzana madura invita a morder.
- ¿Qué dices pecas?, ¿me harías el honor de cenar conmigo? - inquirió el castaño ante el silencio de la chica.
-Si yo fuera treinta años menor aceptaría inmediatamente- sugirió una mujer en la cama continua.
-pero yo...no creo que…
-Me la debes, ojo por ojo y diente por diente...o en este caso, ojo por cena.
A Candy le daba vueltas la cabeza, miró detrás del castaño a la mujer que le había dicho aquello, era una mujer mayor, de unos sesenta años, la miraba sonriendo, volteó a su izquierda y sus compañeras en la central de enfermería le hacían señas con las manos y la cabeza afirmando y luego las manos de Terry que sujetaban las suyas haciéndole una leve caricia a su dorso con los pulgares llevando un torrencial de sensaciones a su anatomía, suspiró con resignación, miró al joven y asintió con la cabeza dando a entender con ese hecho su aceptación a la petición de Terry.
-Excelente, paso por ti a las seis.
- ¡Tan temprano! - exclamó la rubia.
-Sí, también te llevaré al teatro, serás mi invitada, hoy reanudamos funciones, por el accidente se suspendieron unos días, pero hoy habrá, después de la función iremos a cenar- y diciendo esto se llevó las manos de Candy a los labios para depositar un galante beso en ellas- nos vemos más tarde pecas.
-De acuerdo señor Graham.
-Terry, el nombre es Terry, no lo olvides- le dijo el castaño.
Candy asintió ante la petición para algarabía de sus compañeras y la dulce anciana situada frente a ella.
- ¿A dónde paso por tí? Inquirió el joven ya de pie junto a ella, pero sin soltar sus manos
-yo...vivo cerca... permítame- dijo haciendo notar que necesitaba sus manos.
El castaño la soltó renuente, la calidez de las manos de Candy eran una sensación indescriptible, como si así debiera ser, como si así hubiera sido siempre.
Candy escribió su dirección en una hoja que sacó de la bolsa derecha de su bata médica, con manos temblorosas debido al nerviosismo que sentía se la dio al castaño, este la tomó no sin antes tocar sus manos de nuevo.
-Nos vemos más tarde Candy- dijo con voz suave mirándola a los ojos.
-Hasta más tarde Terry- contestó la rubia sonrojada por el contacto de las manos del joven con la suya.
Terry encaminó sus pasos a la salida, al llegar cerca de la central de enfermería les dedicó una encantadora sonrisa a las chicas que desde ahí estaban atentas, les hizo un guiño y salió rumbo a la calle tal y como entró.
Candy lo vio caminar hasta la salida sosteniendo la respiración, ¿pero qué rayos había hecho?, miró a la viejecita la cual seguía muy sonriente y luego a sus compañeras las cuales estaban como bobas viendo hacia la puerta de cristal, el andar cadencioso del guapo actor, suspiró resignada, ya habría tiempo de recriminar después por sus acciones, ahora debía terminar su turno y pensar, lo primero era...hablarle a Paty y solicitar su ayuda.
Después de casi dos horas de hablar con su abuela Paty se dispuso a levantarse de la cama, ya era casi medio día y ella no había comido nada, fue a su cocina para ver qué podría prepararse y se encontró con la sorpresa de que no tenía nada más que un poco de pan y mantequilla de maní, dio un resoplido al recordar que el día anterior debió haber ido al supermercado pero como anduvo con su abuela casi todo el día y luego la reunión no le dio tiempo, así que comió lo poco que tenía y decidió ir enseguida por su despensa o ya no podría acudir hasta el próximo sábado y moriría de hambre toda la semana.
A Paty no le gustaba salir de casa, menos en días como este, había un poco de calor y era horrible salir a la calle, pero no le quedaba de otra ya que entre semana se le haría más complicado.
Después del desayuno rápido, se vistió con unos shorts, playera y sandalias de piso, se recogió el cabello en una coleta alta, sin maquillarse, se miró al espejo y sonrió al verse, parecía una chiquilla, pero ¡en fin!, había que ir por víveres.
Paty caminaba por los largos pasillos del supermercado, uno por uno, desde el primero hasta el último, aunque no necesite nada de alguno, tenía cierta manía de ir en orden cada que iba.
Mientras empujaba el carrito, miraba los estantes deteniéndose a observar las tasas en el pasillo de trastos, le gustaba revisar minuciosamente, con el tiempo se había convertido en una coleccionista, actualmente tenía como veinte tazas diferentes, sin contar las que había roto por dejarlas en la orilla de la mesa de trabajo de su departamento, avanzó un poco y observó algo de su agrado, se detuvo para ver lo que llamó su atención cuando sintió el choque de un carrito contra el suyo.
-Disculpe señorita, no la vi- dijo una voz con pena al darse cuenta de lo que había hecho.
- ¡Oh, está bien! - exclamó Paty volviendo la vista hacia la derecha de dónde provenía la voz apenada de un hombre.
- ¿Paty? - inquirió Alistear Cornwell al mirar de frente el bonito rostro de la castaña- ¡Hola!, Disculpa, estaba distraído- contestó el moreno un tanto apenado.
- ¡Oh no!, No te preocupes, no pasó nada, yo también estaba distraída- declaró la chica sonrojada al ver de quién se trataba- y… ¿Qué haces aquí? - preguntó nerviosa.
-Bueno yo...vine a hacer despensa, me dieron el día para terminar de instalarme así que vine a comprar algunas cosas, pero ando perdido.
- ¡Oh! bueno...si gustas te puedo ayudar, también vine a hacer compras- Paty ofreció su ayuda sin pensar, siempre amable y con ánimos de ayudar a quien lo necesitará a pesar de la pena que. Le causaba debido al atuendo que portaba.
- ¡Gracias!, este lugar parece un laberinto- confesó el moreno.
-Entonces vamos, tengo un método cada que vengo de compras- dijo avanzando indicando al moreno que la siguiera
-de acuerdo, gracias Paty- agradeció el guapo Alistear pues en realidad se sentía algo perturbado con tanta gente y ruido en el supermercado.
Al cabo de unas horas Candice Ardley después de concluir su día de trabajo llegó a su casa en…antes de hacer cualquier otra cosa le llamó a su muy querida amiga Patricia la cual no contestó.
-Paty ¿por qué no contestas?- preguntó al aparato telefónico como si él supiera la respuesta- ¿Ahora qué voy a hacer?, si le digo a Annie Archie lo sabrá y se pondrá como loco de que voy a salir con un desconocido, pero si no le digo quién me ayuda a escoger que ponerme, no puedo ir de jeans y zapatillas deportivas, aunque sea muy cómodo- decía la rubia deteniéndose pues estaba dando vueltas en su recámara- ¡Por dios Candy!, es solo una cena y al teatro, no es nada del otro mundo, solo es un chico, que no conoces, que fue tú paciente y además es el hombre más guapo que hayas visto jamás- ahí de pie junto al espejo se miró de arriba a abajo, estaba descalza, todavía con el uniforme blanco y el cabello recogido, sin casi nada de maquillaje, hizo una mueca- ¡soy un desastre! pero… ¿por qué rayos me invitaría a salir?, Y yo… ¿por qué le dije que sí? - concluyó para luego dejarse caer sobre su cama.
-Está bien, un último intento con Paty- dijo mientras marcaba por quinta vez el número telefónico de Patricia- de nuevo el buzón de voz, ¿dónde te has metido Patricia? - se preguntó en voz alta- está bien, no caeré en pánico, veamos qué hora es…- dijo mientras miraba su reloj de pulsera- ¡rayos! ¡ya son las cinco!, se me hará tarde!, vamos Candy, tú puedes así que apúrate o llegarán por ti y todavía estarás en el baño- de un salto se levantó de su cama para dirigirse al baño, en el camino fue soltando su larga y rizada cabellera pues ya le dolía el cuero cabelludo de haber tenido las horquillas todo el día.
En punto de las seis de la tarde un auto deportivo rojo aparcaba en la entrada de una bonita casa de dos plantas, con un enrejado blanco y un pequeño y bien cuidado jardín, del vehículo descendió un joven hombre de cabellos castaños ataviado con unos jeans y playera oscura, chaqueta clara y mocasines negros, rodeó el vehículo para acercarse a la verja, la abrió para luego caminar hacia la puerta de entrada, subió los escalones y tocó el timbre, estaba algo nervioso pues nunca había hecho algo así, invitar a una chica sin conocerla, sin embargo, estaba decidido, algo en su interior le decía que era lo correcto y que no la dejará escapar.
Del otro lado de la puerta Candy daba vueltas buscando uno de sus zapatos, en su prisa por estar lista tropezó con la cama y sus zapatos salieron volando, igual a como lo hizo su bolígrafo en la mañana, dio tremendo salto del susto al escuchar el timbre, se puso de pie miró a su alrededor y encontró el escurridizo zapato bajo la mesita de noche, lo tomó en sus manos junto con el par, se miró al espejo y suspiró al verse, no le gustaba mucho el maquillaje así que solamente se puso un poco de polvo, delineador negro en los párpados, máscara para pestañas haciéndolas ver todavía más largas, un poco de color en las mejillas y brillo labial rosa, se dejó el cabello suelto pues no quería recogerlo como todos los días que iba a trabajar, escogió un lindo vestido veraniego con estampado de flores amarillas en un fondo color crema, escote redondo no muy pronunciado, sin mangas, ajustado a su cintura y la falda circular que le daba un toque de volatilidad cada que se movía, un cinturón delgado en color nude, como accesorios portaba un bonito crucifijo de oro y su inseparable reloj de pulsera, regalo de su padre en su graduación, sus zapatillas de tacón bajo del mismo color que el cinturón que todavía no se ponía renuente a usar calzado alguno, suspiró, era lo mejor que podía hacer por ella misma, si Paty le hubiera contestado e ido en su ayuda seguramente estaría con un peinado sofisticado, un vestido elegante y recatado y tacones tan altos que no podría caminar sin caerse o torcerse un tobillo como los de la noche anterior, y si le hubiera dicho a Annie, ni siquiera estaría vestida porque Archie la estaría regañando, en fin, desde su punto de vista no estaba tan mal, saltó de nuevo cuando volvió a escuchar el timbre, tomó su bolso que estaba sobre su cama para salir de su recámara sin ponerse los zapatos todavía, era hora.
Desde la ventanilla de la puerta de entrada, Terry la vio bajar corriendo las escaleras, con sus zapatillas en una mano y un bolso en la otra, se detuvo al pie para ponerse los zapatos, se veía tan graciosa corriendo que no pudo evitar una sonrisa.
La puerta se abrió permitiendo así que los dos jóvenes pudieran verse frente a frente, al mirarse a los ojos se perdieron un momento uno en la mirada del otro, ambos aguantando la respiración, con los corazones latiendo de prisa.
-Este... !buenas tardes enfermera pecas!- saludó Terry sonriendo después de un leve carraspeo para aclarar su garganta pues había quedado perplejo al ver a la chica, si cuando la vio la primera vez al despertar de la inconsciencia pensó que era un ángel, al verla con ese vestido, el cabello completamente suelto dejando caer sus rizos dorados le pareció un sol, un hermoso y resplandeciente sol que le hizo sentir aquel hormigueo en el cuerpo para luego instalarse en su estómago.
- ¿Pecosa yo? - pregunto la chica confundida y un tanto nerviosa ante la imponente figura del hombre al pie de su puerta.
-Lamento mucho decírtelo pequeña, pero eres muy pecosa- señaló Terry ampliando su sonrisa, no pudo evitar su respuesta ante la cara de indignación de Candy.
-! eso a mí no me importa, me gustan mucho las pecas! - contestó la chica enojada poniendo los brazos en jarras.
-Entiendo ¡por eso las coleccionas! - incordio de nuevo el castaño.
- ¡Sí!, ¡y últimamente estaba pensando conseguir más!, ¡Estás celoso porque no tienes ninguna! - respondió furiosa la rubia por las burlas de Terry.
El chico se llevó una mano a la frente mientras silbaba, no se esperaba una contestación así por parte de ella, pero le encantó por lo cual no pudo resistirse a la tentación de seguir haciéndole rabiar y ver esas muecas graciosas que hacía.
- ¡Entonces también estarás orgullosa de tu naricita! - le dijo señalando con su índice frente a los ojos de la rubia.
- ¡Claro que sí! - le respondió la chica haciendo más gestos muy graciosos olvidando por completo su nerviosismo.
Tan solo un momento después estallaron en carcajadas, sintiéndose unos niños de quince años peleando, cuando pudieron aplacar el ataque de risa Terry habló.
- ¿Estás lista? - preguntó el castaño no sabiendo qué más decir.
-Sí- contestó la rubia, tímida a pesar del ataque de risa de hacía un momento, intimidada por la imponente personalidad del castaño.
-entonces adelante- señaló Terry con la mano cediendo el paso.
Candy cerró la puerta con llave para luego dar vuelta y bajar la escalinata junto con Terry que no podía apartar la mirada de su figura grácil y las marcas rosas en sus hombros descubiertos preguntándose hasta dónde más las tendría, sintiendo una necesidad casi incontrolable de tocarlas; sacudió la cabeza para alejar esas ideas, la tarde era joven y tenía muchos planes para ambos.
En el edificio Waller Paty y Stear llegaban después de hacer las respectivas compras, ya un poco más en confianza debido a la ayuda mutua entraron al edificio platicando pues Paty le explicaba algunos detalles de la lavandería, el elevador y los vecinos.
-Es mejor los lunes o los domingos- decía la chica refiriéndose a la zona de lavado del edificio- si vas el viernes la lavandería está a reventar porque la mayoría prefiere ese día, antes también lo hacía así, pero me tocaba a las dos de la mañana, entonces empecé a venir otros días hasta que me di cuenta cuál era el mejor horario y desde entonces así lo hago.
-Gracias por la recomendación, la tendré en cuenta, aunque con los horarios en el hospital no sé si pueda hacerlo, mañana comienza mi turno de seis a seis, pero si surge alguna emergencia grave no tendré horario, esta semana hubo un caso urgente y regresé a casa a eso de la una- comentó el joven suspirando al recordar a la persona que llegó en mal estado debido al accidente en auto que sufrió.
-Bueno, eso sí no se puede controlar, mis horarios no varían mucho, cuando mucho a las seis ya estamos cerrando el edificio y a menos que vaya con mí abuela seis treinta ya estoy en casa, pero siempre hay algo que hacer pues me traigo expedientes para revisar- explicaba Paty mientras subían las escaleras a su piso- todos los días hay solicitudes nuevas de niños, me gustaría poder darles un lugar a todos, pero no sé puede, debo priorizar quien lo necesita más- concluyó la chica con voz triste.
-Te entiendo- afirmó Stear- a nosotros también a veces nos toca decidir quién necesita atención más pronta, aunque en el hospital no es lo mismo que en el campo, ahí era la vida de uno o de otro- declaró el muchacho bajando la mirada, recordar las cosas que vio e hizo, le dejaban una sensación amarga ante la crueldad del hombre contra sí mismo y que él vio y sufrió en carne propia.
Llegaron al departamento de Paty y la chica lo invitó a pasar pues vio su semblante triste, sintió su corazón estrujarse al verlo así y no quiso dejarlo ir.
Stear entró y observó a su alrededor, el departamento de Paty tenía la misma distribución del suyo en el piso superior sólo que la de ella si tenía muebles, a la izquierda había una salita con un bonito sofá doble en color amarillo, un par de sillones individuales en color gris claro, la mesita de centro sobre un tapete estampado, al fondo un par de muebles a juego con la mesa de centro todos en madera color natural, el ventanal que daba al balcón tenía unas cortinas en azul turquesa que hacía juego con los cojines, a la derecha un comedor para cuatro personas, todo en blanco con base de madera sobre un tapete afelpado gris claro como los sillones de la sala, del techo colgaban unas lámparas blancas, en el centro la puerta de la única habitación del departamento, al fondo siempre del lado derecho la barra desayunador que separaba la cocina del comedor todo en amarillo con blanco al igual que las paredes; los tonos claros le daban una sensación de amplitud.
Todo en el departamento le infundía calma, no había nada de más o de menos y a Stear le agradó esa sensación.
- ¿Quieres comer algo? - preguntó Paty sacando a Stear de sus pensamientos- puedo preparar espagueti- dijo la chica sonriendo dulcemente.
Para Stear la sonrisa de Paty fue como ver salir el sol, aquel sol resplandeciente que había en el desierto, ese que a veces quemaba pero que también te hacía sentir todavía vivo.
-Tú casa es muy bonita- decía Terry Graham a Candy mientras conducía rumbo al teatro- ¿vives sola? - inquirió tratando de hacerle plática a la chica que miraba por la ventanilla del copiloto y para tratar de sopesar el ahogo que sentía al tenerla tan cerca.
- ¿Eh?, no.…no vivo sola, bueno... por temporadas, mi hermano viaja mucho y mis padres viven en florida- decía la chica nerviosa, realmente la presencia de hombre a su lado le imponía.
Hablaron de cualquier cosa durante los quince minutos de camino hacia The Chicago Theatre donde Terry había dicho que estaba trabajando, el auto aparco en la parte trasera para evitar cualquier inconveniente con la prensa, por eso le pidió a Candy pasar por ella a esa hora, para llegar temprano y nadie los viera.
Como un caballero Terry le abrió la puerta, extendió el brazo para brindarle ayuda para bajar el cual ella tomó dejándose llevar, entraron y caminaron por unos pasillos semi oscuros hasta llegar a una hilera de puertas, el área de camerinos, casi al final se encontraba el de Terry.
Candy sintió un poco de miedo al estar ahí, no había mucha gente y la poca que estaba ya trabajando se le quedó viendo asombrada, dejó de caminar asustada, reflexionando en lo que hacía, ¿Cómo se atrevió a ir con un desconocido?, ¿Y si le hacía algo?, Nadie sabía que había salido con él, le dejó mensaje a Paty, pero no lo había visto todavía o ya le habría llamado.
Terry dejó de escuchar sus pasos tras él, se volvió y la vio de pie mirando para todos lados, con cara de susto, a lo mejor y se equivocó al llevarla ahí tan temprano, pero es que sintió la necesidad de estar con ella ahí precisamente, de mostrarle su espacio sagrado, el que nadie conocía salvo su madre, porque él no permitía a nadie introducirse así estuviera en Nueva York, Filadelfia, Chicago o cualquier parte del país donde anduviera de gira, su camerino siempre había sido un lugar sólo suyo, pero está chica...esa chica era diferente, quería que estuviera ahí, quería mostrarle esa parte tan suya, no sabía por qué pero lo quería, así que cuando la vio dudar sólo pensó en hacer lo posible para que ella no se fuera.
- ¿Qué pasa? - inquirió a la rubia.
- ¿Porque me trajiste aquí? - contestó ella con otra pregunta.
El castaño la miró fijamente, lanzó un suspiro y extendió la mano hacia ella.
-Solo quiero mostrarte lo que soy, así como he visto lo que tú eres, confía en mí por favor- declaró dando un paso hacia ella todavía con la mano extendida.
Candy bajó la vista hacia la mano que Terry le ofrecía, recordó la sensación de ella cuando le tomó las manos por la mañana que fue al hospital, el hormiguero, el calor, la calidez, entonces... se arriesgó...como lo hizo un año atrás con Anthony que, aunque no salió como esperaba tampoco fue tan malo, estiró su mano izquierda para tomar la de Terry, sin pensarlo entrelazo sus dedos con los de él y dio un paso, el corazón retumbando en sus oídos, pero diciéndole que estaba bien.
Así con las manos entrelazadas dieron el primer paso hacia el camerino de Terry, el primer paso hacia algo nuevo, el primero de muchos a partir de hoy.
Continuara...
por: Rosi Kary Primrose
Y así... surgió el amor
Capítulo 5
The greatest showman
Every night, I lie in bed
The brightest colors fill my head
A million dreams are keeping me awake
Y fue en ese preciso momento, en el que escucho su voz vibrar mientras cantaba y lo vio deslizarse con elegancia y soltura al bailar que Candy sintió un vuelco en el corazón, en tan sólo un instante...todo cambió y así... así surgió el amor.
I think of what the world could be
A vision of the one I see
A million dreams is all it's gonna take
A million dreams for the world we're gonna make
For the world we're gonna make
Gracias por leer, hasta la próxima.
Les mando Chorro de besos para todos al otro lado de la pantalla ;)
