Serie de la Conquistadora

Cuento Dos: Pétalo de Rosa

Por LJ Maas

Titulo Original: The Petal of the Rose

Copyright de la Traducción: ©2019 .::MoOnMaStEr::.

AVISO: Xena, Gabrielle, Argo, etc. son propiedad de ©copyright MCA/Universal and Renaissance Pictures. No son mias, sólo juego con ellos por un tiempo y, como la buena chica que soy, los pongo en su sitio cuando termino... vale, se desgastan un poco, pero oye... ¡juego duro! Absolutamente ninguna violación de los derechos de autor está prevista en la escritura de esta ficción. Todos los demás caracteres que aparecen son propiedad de ©copyright LJ Maas. Esta historia no puede ser vendida o utilizada con fines de lucro de ninguna manera. Se pueden hacer copias sólo para uso privado y le agradecería que se incluyeran todos los avisos de derechos de autor y esta cláusula de exención de responsabilidad.

ADVERTENCIA DE VIOLENCIA: Hay violencia (vamos, es la Conquistadora). La naturaleza de la historia no es tan oscura como algunas obras de ficción sobre La Conquistadora; más bien explora la relación alterna y amorosa que existe entre Xena la Conquistadora y su antigua esclava, Gabrielle.

CRONOLOGÍA: Mi propia creación. Xena es la Señora Conquistadora de Grecia, pero tiene casi cuarenta y cinco años cuando conoce a la esclava, Gabrielle. Muchos de los malos caminos de Xena han sido sedados, pero no todos. A esta Xena la concidero "la Conquistadora, la pensadora". Es una mujer que quiere hacer lo correcto, pero no siempre sabe cómo hacerlo.

SEXO: Sí, tomaré un poco, gracias. ¡Ooops! Quiero decir, sí lo hay. Después de todo, son nuestras dos almas gemelas favoritas. No es gratuito, pero es bastante explícito cuando se pone en marcha. Esta historia muestra amor consensual, sexo y sí, incluso algo de luz BDSM entre dos mujeres adultas.

ADVERTENCIA: Me amenazaron a punto de perder la vida si no empezaba a poner este descargo de responsabilidad en algunos (¿todos?) de mis trabajos. De ahora en adelante calificaré la angustia con caras tristes, una siendo la más baja y cuatro la más alta. Esta historia se gana: (2 caras tristes para los que no tienen fuentes)

ADVERTENCIA: Hey, la Corte Suprema dijo en Reno vs. American Civil Liberties Union (1997) que las leyes en contra de poner a disposición, en línea, ciertos materiales "indecentes" para los menores de 18 años eran inconstitucionales... ¡investigadlo! Además, esto es perfectamente "decente".

Nota de la Traducción: La presente traducción fue hecha con el único afán de entretener a los lectores, así como de satisfacer a mi propia curiosidad por saber la continuidad de los acontecimientos de esta magnifica historia de la cual quede enganchada después de leer El Final del Viaje, versión traducida por ©Alatía. Cabe mencionar que no soy lo suficientemente diestra en el leguaje original como para que todo el merito fuese mío, eche mano en muchas ocasiones de traductores como ©Google y ©DeepL, así que hechas todas las aclaraciones correspondientes, espero que disfruten esta historia tanto como la disfrute en el largo camino que fue esta traducción.

Prologo

Ella detiene mis manos errantes, finge que salta de mi regazo, y luego me aleja las manos sin entusiasmo, diciéndome que prometí escribir esta noche. Con un suspiro exasperado, dejo de intentar seducirla. Esperaba que hubiera olvidado la promesa que le hice anoche.

Es la víspera de mi boda. Dioses, he existido en este reino mortal durante cuarenta y cinco veranos y me voy a casar por primera vez en la vida, mañana al atardecer. ¡Hablando de una solterona! Le prometí que aceptaré la tradición que rodea a un matrimonio real, lo que significa que pasaremos esta noche separadas y no nos veremos hasta la ceremonia de mañana por la tarde en el Gran Salón. Dado que mi naturaleza más carnal aparece cada vez que ella está cerca, no pude evitar intentar seducirla cuando me dio un beso de buenas noches.

Desgraciadamente, mi futura Reina es una mujer fuerte con una voluntad igualmente fuerte. Francamente, hace que mi terca y testaruda naturaleza parezca mansa en comparación. Es sólo que mi encantadora dama es más sutil al respecto. Así que me siento aquí, con la pluma en la mano, para continuar con la promesa que le hice varias lunas atrás, de que revelaría algo de mí misma para la posteridad.

Lo admito, al principio pensé que la idea era bastante estúpida. No soy ni bardo ni poeta. Estoy lejos de ser un historiador magistral, tengo tendencia a recordar las cosas de una manera bastante parcial, sobre todo cómo las cosas giraban a mí alrededor. Me encanta leer, prefiriendo historias y estratagemas de guerra a los escritos floridos de Pindar e Ibycus. Los filósofos son mis favoritos. Sócrates y Pitágoras podían entretenerme durante días, pero fueron los Diálogos de Platón, los que capturaron mi mente. Su conocimiento de la realidad me fascinó. Tal vez por eso le perdoné la vida.

Resulta irónico, cómo las cosas que sucedieron cuando era muy joven, aparecen frescas en mi mente tantos años después. Fue justo después de conquistar Atenas, cuando destruí la mayoría de la ciudad, sobre todo por lo que Pericles hizo a mis tierras natales durante la Guerra del Peloponeso. Era tan tonta en esos días, matando para hacer valer mi punto de vista que bien podría haberlo enfatizado con la misma fuerza sin la necesidad del derramamiento de sangre.

Critias y Charmides eran los dos únicos a los que buscaba ese día. Eran extremistas a los que no podía permitirme dejar vivir después de tomar Atenas. Fue lamentable que Sócrates estuviera tan estrechamente relacionado con ellos. Tuve que ejecutar a los tres. Recuerdo cuando trajeron a Platón, en ese entonces discípulo de Sócrates, ante mí. Me impresionó bastante el joven, y créanme, tenía que ser bastante extraordinario para hacer eso en aquellos días. Era de buena familia, incluso sirvió en la Caballería para su servicio militar. Me pareció que sus puntos de vista sobre la vida en general eran refrescantes e ingeniosos. Quizás fue el mero hecho de compartir su cama con hombres y no con mujeres lo que nos hizo llevarnos tan bien. No había tensión sexual entre nosotros y creo que eso, sumado al ingenio rápido y poco común del hombre, fue lo que le salvó el cuello ese día. Comenzó una academia después de la reconstrucción de Atenas. A menudo he recibido invitaciones para visitarlo, pero nunca he ido. Duele demasiado volver a ese lugar donde destruí tanto. Tal vez ella desearía ir. Dioses, sé que estaría en el Elíseo por entrar en esa academia y hablar con uno de los filósofos más grandes que Grecia ha conocido. Lo tendré en cuenta, ya que hay tantos lugares que quiero mostrarle.

Bueno, he dejado que mis recuerdos del pasado me lleven lejos, pero eso es lo que ella tenía en mente cuando me puso la pluma en la mano por primera vez. Me siento aquí y sonrío cuando pienso en la forma atractiva en cómo me coaccionó para que hiciera algo que yo hubiese hecho por ella de todos modos.

– ¿Xena?

– ¿Mmm?

– ¿Xena? – La voz de Gabrielle sonó más fuerte esta vez.

Sabía que estaba esperando que levantara la vista del pergamino que estaba leyendo. Ella detestaba hablar con la parte superior de mi cabeza, inclinada sobre un pergamino tal como lo estaba durante nuestra comida matutina. Normalmente esta hora del día se la dedicaba a mi Consorte, pero tenía un día completo de audiencias que presidir y estaba tratando de adelantar el trabajo.

– Puedo leer y escuchar al mismo tiempo, pequeña – respondí, levantando finalmente mi rostro para mirar a los inteligentes ojos verdes que están frente a mí.

–Lo sé – sonrió – pero me gusta mirar tu hermosa cara.

Siento el comienzo de un rubor subiendo por mi cuello y le ofrezco una sonrisa torcida a cambio. Su comentario atrevido me pone nerviosa. Sabe lo que me provoca cuando dice cosas así. Por supuesto, creo que por eso las dice la mitad del tiempo. Dejé mis pergaminos a un lado y tomé su mano en la mía desde el otro lado de la mesa.

– Muy bien, mi amor, ahora que tienes mi hermosa atención, ¿qué puedo hacer por ti?

– Cuando lo dices así, creo que puedes hacer cualquier cosa por mí – contestó tímidamente. Aún no me había dado cuenta del peligro que corría.

– Lo haría – respondí sin dudarlo.

– Me gustaría que escribieras tus pensamientos, una especie de historia de tu vida – dijo en voz baja, en un tono entrecortado.

– No – aun así sonreí.

– Pero acabas de decir...

– Mentí, escoge otra cosa. Algunos vestidos nuevos...

– Xena...

– Algunos pergaminos nuevos, tal vez un estuche para llevarlos en...

– Xena... – dijo ella más suavemente esta vez, en un tono más bien susurrante.

– Tal vez un caballo propio...querías aprender a montar... – Me callé, mirando a los ojos que parecían como si se pusieran llorar en cualquier momento. ¡Dioses, es buena!

Estaba sentada allí, su delicada mano dentro de la mía, con una pequeña expresión infantil en su cara. No tenía que decir una palabra más, ambas sabíamos quién iba a ganar esta discusión.

– Oh, vale – cedí.

Así que, como una batalla temible, fui derrotaba con facilidad, pero es un ejemplo de lo que veo para mi futuro como mujer casada. Ella tiene la habilidad de hacerme sentir tanto, una sensación que me es nueva. Ya sea en nuestra cama o sentada a mi lado en una cena formal, ella infunde en mí una mezcla de sentimientos de amor y deseo, familia y hogar. Descubrí que había estado buscándola toda mi vida y ni siquiera lo sabía, y ahora que la tengo a mi lado, nunca me arriesgaré a perderla.

Ya lo he dicho antes, pero las palabras nunca fueron más ciertas que en este momento. La historia de la Conquistadora no comienza hasta que ella entra en mi vida. Porque, la historia de la Conquistadora no puede ser contada con exactitud sin hablar de Gabrielle.

Capítulo 1: "¿Dónde lo dejé?, déjame empezar de nuevo"

– Xena... ¿estás bien, amor?"

Gabrielle me encontró en la habitación exterior, mirando por la ventana, mirando hacia el jardín.

– Sí, amor – respondí distraída.

Deslizó su brazo alrededor de mi cintura y me percate de que mi cabeza estaba muy lejos de ahí. – Lo siento, esta mañana tengo la mente en otra parte –

– Puedo ver eso por tu ceño fruncido – contestó Gabrielle, elevándose en puntillas para poner un beso en mi mejilla.

Lo admito, eso me hizo sentir mejor y mi sonrisa así se lo dijo.

– ¿Por qué frunces el ceño y por qué tan temprano? –

– No tiene nada que ver con nosotras, mi amor – Le besé la frente y la apreté más contra mí – Tenemos una visita – Hice a un lado el tapiz para revelar a un joven que paseaba por el jardín de abajo.

Caminaba de un lado a otro, sentándose en un banco durante unos cuantos latidos del corazón, y luego volvía a levantarse como si simplemente no pudiera contener tanta energía. Era alto, con una cintura delgada y hombros anchos. Su largo cabello oscuro caía sobre sus ojos y cuando movió la cabeza hacia atrás, reveló unos hermosos ojos azules brillantes. La mayoría diría que tiene diecinueve o veinte veranos, pero yo sabía que tenía veintitrés; de hecho, recordaba el día en que nació con una claridad sorprendente.

Gabrielle miró al hombre y luego a mí, y supe que era lo que se lo estaba preguntando.

– Xena... ¿conoces a ese joven? – preguntó finalmente.

Le sonreí, dejando caer el tapiz para cubrir la ventana una vez más.

– Sí – respondí – Es mi hijo.

– Me lo suponía – contestó ella. – El parecido es asombroso.

Tuve que seguir sonriendo; nada parecía afectar a mi amante. Debería estar sonriendo simplemente porque esta es casi la primera vez que pienso en Gabrielle como mi amante, mi futura Reina, en vez de referirme a ella como mi esclava. Incluso en mis pensamientos, siempre fue una esclava, pero ya no.

Sentí su mano en mi antebrazo, despertándome de mi introspección.

– Xena, no sabía que tenías un hijo.

– Ese era el plan – respondí crípticamente. Me alejé de la ventana y regresé junto a Gabrielle – Lo siento, amor, no quiero esconderte esto, pero yo también me siento sorprendida por este giro de los acontecimientos. Nunca esperé que apareciera en mi puerta.

– Lo sé, me lo dirás cuando estés lista – respondió Gabrielle con paciencia.

Sonreí y llevé su mano a mis labios, girando su mano hacia arriba para poder besar su palma – Voy a bajar a encontrarme con él. ¿Por qué no te vistes y bajas cuando estés lista? Te prometo que después, cuando estemos a solas, te lo explicaré todo.

Gabrielle asintió y me dirigí hacia la puerta. Volviéndome hacia ella una vez más, la dedique un último pensamiento, que en ese momento era bastante injusta con ella.

– Gabrielle, una cosa más. Solan no sabe que es mi hijo y el honor me obliga a mantenerlo así – Me di la vuelta y entré por la puerta antes de que la expresión confusa de Gabrielle me obligara a quedarme y explicarme.

El jardín de rosas parecía un lugar demasiado alegre para reunirse con alguien, incluso cuando ese alguien era mi único hijo. No tenía ni idea de por qué Solan aparecería sin avisar. ¿Sería personal o tal vez una petición oficial de Kaleipus? ¡Centauros! Los hombres son hombres; no importa cuántas patas tengan, aparecen inesperadamente. No había estado en la Nación Centauro en casi quince veranos. Oh, bueno yo había estado cerca en el área entre una campaña y otra, pero había una cosa que siempre me impedía visitar el lugar...tenía miedo.

La primavera en que Solan cumplió ocho años, un mensajero llegó a Corinto, llevando una carta de Kaleipus. Me habló de muchas cosas, pero sobre todo me habló de mi hijo. Hasta ese momento, estaba decidida a actuar como si nunca hubiera tenido un hijo. Algunos días funcionaba, otros no. Los días se convirtieron en estaciones y la conquista el Mundo Conocido consumió la mayor parte de mi tiempo, sacar el tema de mi mente se volvió considerablemente más fácil. Kaleipus explicó en esa carta que era hora de que los dos renunciáramos a nuestra disputa. En ese momento, tenía el poder que deseaba y había abandonado la búsqueda de piedras e iconos que las brujas y hechiceras me prometieron que me entregarían el mundo. Para ese entonces, ya estaba en camino de poseerlo.

Aun así, las cosas que dijo Kaleipus me dejaron fría. Aunque yo era la Señora Conquistadora, el centauro una vez prometió que si alguna vez intentaba venir por Solan, toda la nación centauro se levantaría en mi contra. Kaleipus dijo que sería bueno para mí conocer al chico. Nunca pensé en llevarme a mi hijo, no porque temiera a una buena batalla, sino porque sabía la verdad. Solan nunca se convertiría en un joven fino y honorable si hubiese sido criado como mi hijo. Si pudiera protegerle de mis enemigos, y viviera lo suficiente, llegaría a ser como yo. Y si no estaba dispuesta a pronunciar esa sentencia sobre mi enemigo más odiado, mucho menos sobre mi propio hijo.

Por lo tanto, devolví la carta de Kaleipus, reconociendo su generosidad, pero rechazando la oferta. Intercambiamos muchas cartas esa temporada hasta que finalmente cedí, aceptando un viaje a su aldea cerca de la frontera del territorio amazónico, otro de mis lugares menos favoritos. Sólo consentí el viaje y lo admito, por mi propia curiosidad quería saber cómo era Solan. Creo que Kaleipus estaba dispuesto en ese momento a decirle la verdad al pequeño, aunque le doliera. Había criado al niño como si fuera su propio hijo, y aunque intentó ocultarlo, pude ver la angustia en su cara. Ese día gané un nuevo respeto por el centauro.

Si me lo hubiera permitido ese día, habría tomado a Solan en mis brazos y nunca lo habría dejado ir, pero el tiempo para eso ya había pasado. Era inteligente, guapo y atlético, todo lo que yo era a su edad. Además, estaba tan enojado como yo. Vivía con una fijación perpetua por ser soldado, al igual que yo. Le habían dicho toda su vida que Borías, su padre, era un amigo y un héroe para los centauros. Los rumores que conoció, a medida que fue creciendo, le informaron que la Conquistadora había matado a sus padres. En realidad, lo hice. Esa noche maté a Borías tan cierto es como si lo hubiera golpeado y le hubiera clavado la espada en la espalda yo misma. Maté a la madre de Solan la noche que entregué a mi bebé a Kaleipus, para que lo criara como si fuera suyo. Sobra decir que cualquier afecto que pudiera haber existido entre el niño y yo durante esa reunión era totalmente unilateral.

Al menos lo vi, y desde ese momento envié dinero y regalos a Kaleipus para el niño. Debería haber seguido adelante y haber olvidado al hijo que tuve, al cual renuncié a mi derecho de reclamarlo, pero algo dentro de mí no me lo permitía. Solan se convirtió en nuestro punto de encuentro. La criatura que yo consideraba un enemigo, pronto se convirtió en un aliado, si no en un amigo. Kaleipus y yo hablamos a menudo a lo largo de las estaciones, pero nunca regresé a la Aldea Centauro, ni volví a ver a Solan. Creció, y mientras aún mantenía cierta enemistad hacia mí por los rumores que le habían contado, Kaleipus le explicó y finalmente convenció al joven de que yo era un amiga de sus padres, no el monstruo imaginado que él creía.

El sonido de uno de los guardias de mi palacio aclarando su garganta me liberó de mis pensamientos del pasado. Sentado en la cómoda silla que me servía de trono, me negué deliberadamente a levantarme cuando el guardia condujo a Solan a la Gran Sala. Como no conocía la naturaleza de su visita, decidí recibirlo como la Conquistadora, no como la amiga de su padre.

– Señora Conquistadora – Solan se inclinó torpemente.

Lo reconocí asintiendo con la cabeza, notando la rigidez de su postura. Mi naturaleza observadora me llevó a aprender mucho más sobre mi enemigo de lo que ellos sabían de mí. Me gustaba mirar a la gente y a una edad temprana, me di cuenta de que era muy extraño, la manera en que podía predecir las acciones futuras de un hombre observándolo tan intensamente como en el presente. Lo que descubrí cuando vi a Solan fue que no era un hombre que se inclinaba a menudo, ni le gustaba hacerlo. Observé la forma en que se mantenía en mi presencia, su postura, sus ojos, lo que hacía con sus manos. Todos los gestos y movimientos sutiles me dijeron qué clase de hombre había llegado a ser mi hijo, todo ello sin que él pronunciara una sola palabra. Fue desafortunado que tuviera razón porque parecía que el niño se había convertido en un mojigato arrogante.

– Mi nombre es So...

– Sé quién eres – interrumpí – Ahora dime algo que no sepa.

Decidí jugar su juego, dándome cuenta con más alegría de la que probablemente era necesaria que tenía la oportunidad de bajare los humos a este cachorro. Me dio un pergamino, sellado con el familiar anillo de corteza de cedro que Kaleipus siempre usaba.

– Vengo como un emisario de la Nación Centauro – dijo, a la vez que me ofrecía el pergamino en su mano extendida.

Ahh, la psicología del poder, sonreí de oreja a oreja dentro de mi propia mente. Hacía demasiado tiempo que no tenía a nadie con quien disfrutar de una buena dosis de superioridad en este palacio. No cuento a Gabrielle; ella lo hace con conmigo y con demasiada frecuencia. Creo que me estaba entusiasmando la perspectiva.

Solan levantó el pergamino, lo suficientemente lejos como para que yo tuviera que levantarme o al menos moverme de mi asiento para agarrarlo. No me moví, sentada con los codos apoyados en el brazo de la silla, con las manos juntas hasta que sólo se tocaron las yemas de los dedos. Le arqueé una sola ceja al joven y la sonrisa fija de su cara se desvaneció un poco. Se movió rápidamente para cerrar la distancia entre nosotros, haciendo que el pergamino se pusiese directamente en mis manos. Sospecho que no esperaba quedar atrapado en su pequeño juego, por lo que palideció un poco al pensar que yo conocía sus intenciones y lo que estaba haciendo. ¡Hades! Cómo no iba a saber lo que estaba haciendo... ¡el chico era yo a su edad!

Lo ignoré mientras abría el sello, leyendo la carta de Kaleipus. Admire la forma en que estaba allí, esperando pacientemente. Tenía más diplomacia de la mía a su edad, pero cuando yo tenía veintitrés veranos, el mundo era un lugar diferente.

Pensé que había perdido la cabeza al leer las palabras de Kaleipus; o eso o que el centauro había perdido el dominio de sus propias facultades. Oh, Kaleipus...no, no, no, no... Sigo leyendo, tratando de evitar que mi creciente miedo y agitación se filtre a través de mi cara así como cualquier tipo de expresión que Solan pueda descifrar.

Saludos, Señora Conquistadora.

Xena, amiga mía, porque después de todo este tiempo siento que eres una amiga de verdad, ha llegado el momento de que te pida lo que me pediste hace tanto tiempo. Solan ha llegado a un punto en su vida en el que ha aprendido todo lo que yo podría enseñarle. Gobernar la Nación Centauro está ciertamente dentro de su derecho como mi heredero adoptivo, pero como siempre, eso depende un poco más de tus decisiones que de las mías como todo con respecto al niño.

Xena, Solan es tu hijo, y, por mucho que lo intentemos, nada puede cambiar eso. Cada día se parece más y más a ti. Esto, en parte, alimenta mi decisión. En cuanto a si alguna vez decides decirle a Solan que eres su madre, lo dejaré en tus manos. Debes saber que apoyaré cualquier decisión que tomes. Tu corazón siempre ha dirigido hacia el lado del bien en cuanto a donde Solan estaba involucrado. Mi preocupación es que se ha convertido en un joven que ordena, que nunca pregunta. Él espera recibir sin agradecer. No tengo explicación para su comportamiento y me pregunto si no es algo que pudo haber heredado. Entre tú y yo, vieja amiga, se ha convertido en un mojigato arrogante.

Les pido que permitan que Solan viva con ustedes por un tiempo, aprendiendo lo que pueda de alguien que considero es, no sólo el mayor guerrero con quien he luchado, sino también un gobernante que puede estar orgulloso de lo que ha logrado para su patria.

Has cambiado mucho en estas últimas temporadas, Xena, todo para mejor. Creo que Solan podría ser mucho mejor si te imita. Mi deseo es que alguna vez le reveles tu verdadera identidad, pero eso es cosa tuya. Sólo les pido que le enseñen con el ejemplo, que le demuestren que la gente puede cambiar.

Tu amigo y guerrero siempre, Kaleipus

– ¿Sabes lo que contiene el pergamino? – Levanté la vista y pregunté.

– No tengo conocimiento de ello, no, Señora Conquistadora.

– Pero, tienes un presentimiento. Te deben haber dicho algo sobre su viaje hasta aquí.

– Kaleipus me habló de su deseo de que aprendiera a gobernar mejor – dibujo una sonrisa de satisfacción – Lo tomé en el sentido de que el piensa que podría aprender algunas cosas de ti.

– Supongo que crees no necesitas instrucción en esa área – comenté.

Se encogió de hombros – Sin ánimo de ofender, Conquistadora, pero si te ponen a cargo, la gente se ve obligada a obedecerte.

– ¿Y no ves ningún problema con esto?

– Ninguno que no se pueda solucionar al final de una espada – respondió.

Dioses, Kaleipus, ¿qué me has hecho?

– Tal vez vea lo que Kaleipus desea que aprendas. Solan, hay dos formas de tratar con respecto a los súbditos de un gobierno. Obedecerán por miedo o por respeto.

Me levanté y caminé por la habitación, dándole la espalda al joven, sabiendo que acababa de tomar una decisión que probablemente debería haber discutido con Gabrielle primero. Seguí mirando por la ventana hacia el patio soleado, sonriendo a los niños que ya no tenían miedo de jugar delante del castillo.

– No te equivoques, la gente que se ve obligada a cumplir con los deseos y exigencias de un gobernante, a la punta de la espada del soldado, no les respeta. Su obediencia es simplemente un reconocimiento temeroso de que su fuerza es mayor que la de ellos. Confía en mí, aprendí esa lección por las malas – Terminé, hablando casi para mí misma.

– Sin embargo, estoy de acuerdo con Kaleipus – admitió Solan – Acepto la oportunidad de estudiar bajo su tutela, Señora Conquistadora.

– ¿Es eso cierto? – Me volví y arqueé una ceja en su dirección.

– Absolutamente. Por lo menos, agradezco la oportunidad de poner a prueba mi capacidad de lucha contra el mayor guerrero que el Imperio Griego haya conocido.

Su mano inconscientemente descansaba sobre la empuñadura de su espada. Creo que intentó halagarme, pero no pudo ocultar el tono presuntuoso de su voz. Su intención era clara. Deseaba probarse a sí mismo contra mi habilidad, no aprender de mí. Sus palabras me dijeron que pensaba que ya era tan bueno como yo. Te lo garantizo, hijo mío; tus ojos no han visto lo que los míos.

– Y crees que estás a la altura de ese desafío, ¿verdad? – Pregunté, mi sonrisa indicaba que era una pregunta retórica.

Sus ojos miraron rápidamente a la espada de mi cadera. El sol de la mañana brillaba a través de las ventanas y hacia relucir destellante la ornamentada cabeza del León en la empuñadura de la espada. Su mirada fue rápida, pero vi la envidia en sus ojos antes de que tuviera tiempo de apartar la vista de nuevo. Ahora sólo tenía que averiguar si estaba dispuesto a respaldar esa mirada codiciosa con trabajo duro. Muchos hombres miraron mi símbolo, el León de Anfípolis, y lo deseaban para ellos. La mayoría sólo tenía envidia. Me preguntaba si Solan estaba dispuesto a hacer los sacrificios cruciales, principalmente el esfuerzo necesario, para lograrlo.

– Muy bien, cachorro – dije en voz alta, para disgusto de Solan – Enviaré una carta a Kaleipus y le explicaré que te quedarás aquí en Corinto, pero no te equivoques, soy un duro mentor. Espero que hagas exactamente lo que yo diga, cuando lo diga. No debes interferir o expresar tus opiniones a menos que se te pida. Simplemente debes escuchar, velar y obedecer. ¿De acuerdo?

Era obvio que estaba teniendo una lucha interna consigo mismo por la respuesta. Aplaudí silenciosamente porque su deseo de aprender de la mujer que él conocía sólo como la Conquistadora, tenía prioridad sobre su naturaleza orgullosa e inflexible.

– De acuerdo – dijo entre dientes.

Me reí y me alejé de él. – Trata de no hacer que suene como si estuvieras siendo condenado – Al menos esta vez le saqué una sonrisita.

– Gabrielle estará aquí en breve, me gustaría que conocieras a la dama del castillo – dije, insegura sobre cuántos detalles se hablarían en su primera reunión.

– Ahh, sí – contestó – He oído que tienes una concubina compartiendo tu cama. Y una de las más talentosas en ese campo según escuche – dijo con una sonrisa.

Me volví hacia él y me di cuenta por la forma en que tragó y su cara palideció que notó la expresión en mi rostro. Era evidente que se estaba dando cuenta de que había cometido un terrible error. Caminé hacia él lentamente y para darle crédito, sólo retrocedió medio paso.

– Diré esto una vez, Solan, y sólo una vez, y si lo olvidas, estoy segura de que tu mente puede imaginar lo que le puedo hacer a un hombre si tengo que repetirlo por segunda vez. Gabrielle es una dama de nacimiento libre. Ella es mi consorte y, después de nuestro matrimonio, será la Reina del Imperio Griego. Debe ser tratada con el mayor respeto. Posee dignidad y gracia, algo que ha conseguido conservar después de todo lo que ha sufrido, y que ni tú ni yo nos podremos imaginar. ¿Me he explicado bien?

Asintió durante unos cuantos latidos, hasta que pudo encontrar su voz. El incidente demostró que tenía un largo camino por delante, pues mi primer instinto fue soltar a la bestia que sentía arañando mi vientre, y sacarle el relleno al insolente muchacho. La voz que escuché a continuación, sin embargo, de repente hizo que el monstruo que había en mí se disipara en la nada.

– ¿Mi Señora?

Me di la vuelta para encontrar a Gabrielle, con un aspecto encantador, como sabía que estaría. Estaba nerviosa y temerosa de esta reunión, lo pude ver en sus ojos. Pero se comportó como la Reina que pronto sería. Le sonreí, una reacción natural cuando se aparece ante mí, y vi que parte de la tensión salía de su cuerpo. Respiré hondo, caminé hacia ella y la besé ligeramente en la mejilla.

– Gabrielle – tomé su mano, pero me quedé donde estábamos – Permítame presentarle a Solan, un emisario de la Nación Centauro. Se quedará en nuestra casa por un tiempo, con tu permiso, por supuesto.

Me volví e incliné un poco la cabeza hacia ella, con una sonrisa en la cara. Gabrielle parecía tan nerviosa como Solan, pero por una razón diferente. Ella respondió a mi pregunta con su habitual gracia y me devolvió la sonrisa burlona.

– Por supuesto – repitió.

Gabrielle trató de mover su cuerpo hacia adelante para saludar al joven, quien, en realidad, era dos veranos mayor que ella, pero yo la sostuve en su lugar con un apretón de manos. Solan rápidamente se dio cuenta de lo que se esperaba de su comportamiento y casi se tropezó consigo mismo para acercarse a la pequeña mujer. No sólo se inclinó esta vez, sino que también tomó la mano que Gabrielle le ofreció y se la llevó a los labios para darle un beso como corresponde a los buenos modales.

– Lady Gabrielle – dijo.

– Será un placer que te quedes con nosotros, Solan.

Pude verlos a los dos, examinándose el uno al otro mientras intentaba parecer que no lo hacían. Era como mirarse en un espejo, al observar a Solan, y me preguntaba cuántos otros rasgos, más allá de los físicos, podrían ser semejantes entre nosotros. Gabrielle...bueno, yo simplemente sabía lo que ella estaba pensando la mayor parte del tiempo porque era como si se hubiera convertido en una extensión de mí misma. No puedo explicarlo mejor que eso. Lo que no pude averiguar es lo que pensaban el uno del otro. Mi mejor suposición fue que Gabrielle tenía una curiosidad natural por el joven al que llamé mi hijo. Me preguntaba si ella notaba las similitudes entre el niño y yo tan fácilmente como me sucedía a mí.

Solan era otro asunto. Aunque era un excelente estudiante de la naturaleza humana y del comportamiento de los hombres, no tenía forma de saber lo que estaba pensando en ese momento. Sin embargo, recordé el tono condescendiente, casi lascivo, de su voz cuando inicialmente llamó a Gabrielle mi concubina. Me preguntaba de nuevo, cuántos de mis apetitos adquirió el niño sólo a través de la sangre. Desafortunadamente, mi impresión de Solan era que se creía superior a los que le rodeaban.

Escuché mientras él y Gabrielle intercambiaban unas cuantas bromas. Era obvio para mí que él la despreciaba y yo simplemente esperaba que Gabrielle no sintiera lo mismo. Una parte de mí no quería ver a la mujer que amo sufrir ningún daño, físico o emocional. Hubo otra parte de mí que se sentía humillada. Pasé mucho tiempo tratando de proteger a Gabrielle de la persona que solía ser, agradeciendo a Athena diariamente por esperar hasta este punto de mi vida para traer a Gabrielle. Después de todo eso, aquí estaba mi hijo, usando los mismos modales insensibles que yo solía poseer.

– ¿Quizás una cena especial, en honor a Solan? ¿Xena?

– Sí... sí, una muy buena idea – le apreté la mano a Gabrielle. Me acabo de dar cuenta de lo que había estado guardando todo este tiempo. Tal vez necesitaba fuerza, justo como la de ella – Creo que a Delia le encantaría una excusa para prepararnos un banquete.

– ¿Lo arreglo, entonces? – preguntó ella.

Sonreí ampliamente. Mi futura novia era toda una actriz, pero la vida que llevaba antes de conocernos lo requería. Esta fue la primera vez que Gabrielle y yo trabajamos como un equipo, dando la bienvenida a alguien. Estoy segura de que todavía se preguntaba qué se suponía que debía hacer, como la Dama de este palacio, y qué se consideraría sobrepasar su repentina y recién descubierta autoridad.

– Absolutamente – respondí – Si hablas con Delia, le daré a Solan un pequeño recorrido por el palacio y arreglaré sus habitaciones.

Así de fácil, nuestro primer encuentro había terminado y ninguno de nosotros se desplomó muerto en el lugar. Puede haber sido tenso, pero no del todo desagradable. Gabrielle ganó un poco de confianza, mantuve mi temperamento controlado, y Solan, bueno, Solan era un hombre joven con muchos hábitos y maneras que tenía toda la intención de eliminar, si podía llegar a hacerlo. Había algo más en sus ojos, pero no pude ponerle el identificarlo. Fue la forma en que me miró. Había más allí, justo debajo de la superficie, pero podría haber sido mi propio malestar reflejado en esos ojos del mismo color que los míos. Cualquiera que fuera la razón, no podía evitar la sensación de que Solan albergaba su propio secreto.