No puedo creer que sea el día dos y ya esté destiñendo ajaja, un poco apresurado.

Muchas gracias por sus comentarios para el primer episodio!

Día 2. Viajes en el tiempo (quise probar con algo diferente, aunque no sé como habrá resultado. Algo muy raro sin duda ajaja)


"El plan"

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Hinata respiró profundo, antes de inclinarse contra el borde del muro para espiar.

Solo le bastó un segundo. Enseguida dio un respingo y regresó a su lugar, asustada de su propia acción.

- Hey, Hinata, ¿viste algo? -la voz de su acompañante, ansiosa, sonó a solo unos centímetros de su oído-. ¿Los viste?

Negando con su cabeza rápidamente, combatió contra la inminente sensación de ahogo que la invadía. Estaba al borde de un ataque de pánico, y si no se tranquilizaba terminaría por provocar un desastre de consecuencias incalculables.

- No puedo hacerlo -fue su respuesta, apoyando su cabeza contra la fría pared de piedra. Más que una pregunta, se trataba de un hecho. ¡Seguramente ella lo arruinaría todo!

- Hinata, ¿de qué hablas? ¡Claro que puedes hacerlo! -las palabras de su acompañante estaban marcadas por la urgencia, a raíz de la situación en la que se encontraban-. Y tiene que ser ahora, ¿entiendes?

- Pero, pero… -por fin se atrevió a voltear su rostro hacía él, siendo interrogada por aquellos ojos azules con quienes no se atrevió a entablar contacto más que un par de segundos-, pero quizás podríamos o deberíamos…

- No hay otra opción -repitió, lo que en realidad ambos ya sabían. La joven arrojó un ruido de desesperación, acorde a como se sentía-. Hinata, por favor, no podemos perder la oportunidad… tienes que hacerlo tú y tiene que ser ahora.

- Pero, pero… ¿por qué tengo que ser yo? -él la miró como si no pudiera creer que, a esa altura, ella estuviese preguntando lo mismo nuevamente.

- ¡Soy su maldito hijo-ttebayo!

- ¿Hola? ¿Hay alguien allí? -la calmada voz masculina interrumpió su pequeña discusión. Le siguió la voz de una chica.

- Te digo que he visto a alguien-ttebane.

- ¿Crees que deberíamos llamar a algún adulto?

Ella tuvo un sobresalto. A su lado Naruto se pegó contra la pared, como si quisiera desaparecer fundiéndose en ella. El plan que tan cuidadosamente habían armado estaba a punto de irse por la borda.

La joven respiró profundo, maldiciendo su timidez y su cobardía. Era cierto que el muchacho a su lado no podía tomar su lugar para la siguiente parte de su misión. Tal y como había dicho, era su hijo, e incluso si ellos no lo sabían nada les aseguraba que no sospecharan de aquel extraño adolescente salido de la nada que, además, poseía demasiadas similitudes con ambos. Lo mejor, como habían acordado ya, era que Hinata los abordara.

- ¡Lo siento! -gritó en voz alta, antes de salir de su improvisado escondite. Dio un par de pasos, alejándose de la esquina.

Los dos niños a los que se encontró la observaron con sorpresa y, tras reponerse del sentimiento, evidente sospecha. Detuvieron su avance, lo que le dio tiempo de sobra para observarlos. El niño rubio llamó su atención, solo por su evidente parecido con Naruto. Hinata vio con asombro la versión pequeña de Minato Namikaze, con el mismo rostro calmado que conservaba en su edad adulta. A su lado estaba quién -en el futuro- sería la madre del joven, Kushina, mirándole con el ceño fruncido.

Pequeños, quizás solo un par de años menores que ella, ambos la miraron intentando decidir si era alguien peligrosa o no. Hinata pensó que, de estar en su situación, también dudaría de la extraña adolescente que salía de la nada, sobre todo si tenía la expresión de alguien que estaba en medio de una crisis nerviosa.

No era para menos. Ella aún se preguntaba cómo era que había terminado en esa situación.

Mentira, ella sabía exactamente cómo había terminado en esa situación. Simplemente lo sabía, ¡sabía que había sido una mala idea entrar en el laboratorio y manipular el experimento en el que estaba trabajando su hermano! ¿Por qué se había dejado convencer por sus amigas?

¡"Será solo un juego" y una mierda! ¡Malditas Ino y Sakura!

Había entrado en la aterradora maquina a causa de ellas y, antes de darse cuenta, estaba rodeada del aún más aterrador ruido que indicaba que algo no iba bien. La luz blanca que la había enceguecido y, lo último que recordaba, era la voz de Naruto, llamándola a gritos y tratando de sacarla de la maquina por la fuerza. Para cuando ambos despertaron, lo hicieron en un campo vacío a kilómetros de la ciudad. Les tomó horas convencerse de que no se trataba de una mala broma de sus amigos, sino que de verdad se encontraban en el mismo terreno que, dentro de los siguientes años, se convertiría en la universidad local. Cuando por fin pudieron salir de la incredulidad -a ratos Hinata volvía a sentir que todo se trataba de una pesadilla y que pronto despertaría- emprendieron el paso a la ciudad y se dispusieron a resolver el misterio que los rodeaba. No está de más decir que, en cuánto vieron un periódico y averiguaron la fecha, casi perdieron la consciencia.

Veinticinco años. Habían retrocedido veinticinco malditos años. Hinata solo tenía ganas de maldecir a su hermano mayor. ¿Cuándo era que había pensado contarle que había descubierto los viajes en el tiempo?

Como si eso no fuera suficiente, se enfrentaban a las desventajas de vivir en un pueblo pequeño, en dónde daba la casualidad de que conocían a casi todas las familias que lo habitaban. A lo largo de los casi tres días que llevaban allí, se habían topado con un montón de rostros conocidos con los que tenían que lidiar, mientras hacían esfuerzos sobrehumanos por recordar las anécdotas de sus padres respecto a cómo habían sido sus infancias. En un pueblo tan pequeño como el suyo, la llegada de extraños solo atraía la atención, y ellos debían hacer lo posible por pasar desapercibidos.

Justo como en ese preciso instante, en que se encontraba de pie frente a los padres de uno de sus mejores amigos, con la boca seca y aterrada de que ambos pudieran descubrir su identidad.

¡Joder, joder, joder, joder! ¿Por qué seguía creyendo que en cualquier momento despertaría de una pesadilla?

Ciertamente, a esta altura lo único que la mantenía en pie era saber que su hermano pronto iría a rescatarlos. Neji podía simular no sentir preocupación por ella, pero si a los nueve años había dado vuelta el centro comercial buscándola cuando se había perdido, Hinata no veía motivos para que no debiese modificar un par de leyes del tiempo y el espacio con el fin de rescatarla de un fallido y accidental viaje en el tiempo. Ella no sabía exactamente cómo, pero él tendría que hacerlo. Así que, hasta entonces, los jóvenes se había impuesto la misión de no modificar nada que pudiese resultar en una catástrofe como sería, por ejemplo, eliminarse a sí mismos de la existencia. Por tal motivo, su plan de supervivencia en esa situación tan surrealista, incluía la prohibición de interactuar con cualquiera de sus familiares.

- ¿Te conozco de algo, por casualidad? -los ojos azules tan familiares de Naruto la observaron desde el rostro del pequeño Minato Namikaze. Hinata no pudo evitar el salto ante su pregunta. El padre de su amigo siempre había tenido el don de saber cuando ella estaba mintiendo, ¿su yo más joven podría adivinarlo también?

- ¡Minato, no la espantes! -el regaño de la chica a su lado le provocó otro sobresalto. No pudo contenerse, examinó su rostro convencida de estar viendo un fantasma, segura de que aquella niña de cabello pelirrojo y ojos violetas nunca sería capaz de comprender la razón por la cuál estaba tan estresada.

- ¿Acaso eres familiar de Hiashi Hyuga?

- Sí, algo así -confesó. Ambos sonrieron.

- Ah, ¡ya te veía el parecido-ttebane! -aseguró Kushina, con un brillo de emoción en su rostro. Minato la secundó con un asentimiento de cabeza-. ¿Estás aquí por la fiesta del Cometa? No me sorprendería, ¿sabías que viene cada veinticinco años y que este es uno de los pocos lugares desde dónde puedes verlo?

- Shh -la voz del niño la silencio. Una mirada de reproche que significaba "guarda silencio".

El Cometa. Y a la cabeza de Hinata vino la gran celebración que había en su pueblo el día del accidente -razón por la que, en primer lugar, había visitado a su primo en la universidad- mientras que volvía a preguntarse que tan relacionado estaría un cuerpo celeste que volvía cada veinticinco años con el hecho de haber viajado, precisamente, veinticinco años en el tiempo. Increíblemente, había sido Naruto el primero en hacer aquella conexión, por lo que ahora se encontraban recopilando información para dar con alguna pista que no conocieran. Por el momento, todo lo que habían averiguado, era que faltaba una semana para la celebración que, en ese momento, ya era una tradición en su pueblo.

Naruto, y la joven recordó que el muchacho solo se encontraba a un par de metros de ellos. Procediendo con el plan, aclaró su voz y se presentó como una prima lejana de Hiashi Hyuga, recordando que, en esos años, su padre casi no se relacionaba con otros niños de su edad, por lo que sería difícil que averiguaran que se trataba de una mentira. Tras aquello les consultó sobre el meteorito y la celebración que se realizaría, recopilando la información que, sabía, sería muchísimo más difícil de obtener de los adultos. Tras haber contestado sus preguntas y conformes con su historia, los pequeños Minato y Kushina se despidieron, dieron media vuelta y se alejaron para seguir su camino. Hinata esperó a que hubiesen desaparecido de su vista antes de volver sobre sus pasos al improvisado escondite.

Naruto la esperaba. Estaba sentado, apretándose las manos contra el pecho, los ojos cerrados e intentando controlar su acelerada respiración.

Ella lo entendió, después de todo, el joven no conocía a su madre. Había muerto poco después de que él naciera, por lo que siempre había significado una ausencia en su vida, un fantasma que todos recordaban con amor y que él, desgraciadamente, jamás podría conocer.

- Listo, tengo la información que nos faltaba -prometió. Él la observó con una sonrisa triste, como si no estuviera exactamente seguro de qué cosa debía sentir.

- ¿Qué clase de maldita locura es esta? -fue lo que finalmente dijo. Al hablar su voz se rompió. Hinata tomó asiento a su lado, sintiendo como su corazón se estrechaba al verlo tan vulnerable-. ¿Acaso soy el maldito Marty McFly en Volver al futuro? ¿Tendré que asegurarme de que mis padres terminen juntos o algo? ¡Que extraño, ¿no?! -lanzó una risa y apartó la mirada con prisa. De todas maneras, ella había conseguido distinguir las lágrimas que comenzaban a formarse en sus ojos.

Sin decir nada, apartó también su mirada para que él pudiera quitarlas en silencio. Sabía perfectamente que él detestaba que lo vieran llorar, pensó en que el muchacho necesitaba un tiempo a solas y, cuando se disponía a levantarse, Naruto dejó caer su cabeza sobre su hombro, sin aviso, descansando por un instante. Hinata respiró profundo, luchando contra el nerviosismo que se había instalado en su estómago. Siguiendo el repentino impulso que la invadía, estiró su mano para tomar la del joven, quién correspondió a aquella muestra de cariño y apoyo sosteniéndola de vuelta. Ella deseó poder transmitirle algo de seguridad y calor, entre tanta incertidumbre que los rodeaba.

- Podría ser peor -aseguró. Él se separó un segundo, solo para mirarla con su ceja alzada, en un gesto de desafío ante su osado comentario-. Podrías ser Jonas, en Dark, y tener que evitar una explosión nuclear que mate a todos tus seres queridos.

Naruto comenzó a reír. Fue un momento agradable en comparación a la tensión y el nerviosismo que los había inundado desde que fueran conscientes de su situación.

Hinata imaginó lo especialmente difícil que debía de ser la situación para el muchacho. Seguramente lo que más quisiera él en aquel instante era poder interactuar con quienes en el futuro serían sus padres, pero resultaba que Naruto era prácticamente una copia de ambos. Si algo había notado Hinata con solo el par de minutos que había podido compartir con Minato Namikaze y Kushina Uzumaki, era lo físicamente similar que era el joven con su padre, y todos los gestos y expresiones que compartía con su madre, incluyendo su forma de hablar. Incluso si, de milagro, él pudiese pasar desapercibido ante ellos, seguramente terminaría por llamar la atención de los adultos.

Imaginaba que a pesar de ser consciente ello, Naruto debía seguir hambriento de aquella interacción. La ansía por verlos era tan visible en sus ojos que se volvía incluso dolorosa.

- A tu madre le brillan los ojos cuando mira a tu padre, ¿sabes? -contó, como si se tratara de un secreto-. Creo que está enamorada de él.

El muchacho la miró sorprendido, antes de desviar su mirada, avergonzado. Tras un par de segundos, ella pudo ver una leve sonrisa surgir.

- ¿Ah sí? -y su voz volvió a adquirir ese tono emocionado.

- Sí, y es idéntica a ti. Justo como tu padre siempre dice -él volvió a reír-. Y usa una expresión, como la tuya, me recuerda tu padre nos habló de…

- Hinata, gracias por estar aquí -él musitó entonces, interrumpiéndola. Mostraba ahora una mirada seria, como pocas veces solía enseñar, mientras observaba hacía el frente-. Yo no podría hacer esto solo, ¿sabes?

- ¿De qué hablas? Si has sido tú quién me ha intentado rescatar, yo debería darte las gracias. Y, además, estoy segura de que encontrarías la manera de hacerlo si yo no estuviera aquí.

- Bueno, entonces puedo decir que me alegra que seas tú quién esté aquí -ante la mirada sorprendida de la joven, se dispuso a aclarar lo dicho rápidamente-. ¡No es que el resto me caiga mal! Bueno, solo el estúpido de Sasuke, y ya vimos que lo ha sacado de su padre, me refiero a que… a que…

Ella sonrió.

- Lo entiendo -aseguró, y él se mostró mucho más aliviado. Permanecieron en silencio unos segundos más, sin percatarse de sus manos aún tomadas, mientras disfrutaban de aquella pausa. Pronto sería momento de ponerse en marcha, por lo mismo, debían apreciar aquel instante.

- ¿Crees que mi padre siente lo mismo por ella? -la pregunta del joven la tomó desprevenida-. Él decía que no comenzaron a salir sino hasta que fueron adultos, pero…

- A mí me pareció muy protector con ella -recordó. Él sonrió-. Quizás solo… los sentimientos están allí y toma tiempo que los noten.

Añadió lo último en un susurro bajo. Si Naruto lo escuchó o no, no dio señales de ello. Sin embargo, pronto recibió un nuevo apretón en su mano, que le hizo recordar que no se encontraba sola.

El sentimiento cálido la invadió, una vez más, y casi deseó que ese momento pudiera ser eterno.

Por primera vez desde que hubiesen llegado, Hinata se descubrió deseando no despertar de aquel extraño sueño.

...