Soy el colmo de la irresponsabilidad ajaja les juro, les juro que me estoy colocando al día con el desafío :(
Día 4. Chico malo y chica buena (Debo confesar que adoro los cliché, pero me costó escribir este, razón por la que me retrasé)
"Miedo"
…
.
"¿Acaso tienes miedo, Hyuga?"
Era difícil creer que una pregunta tan simple hubiese sido capaz de desencadenar tanto.
O al menos en ello pensaba Hinata, cada vez que en silencio reflexionaba sobre los inesperados giros que habían acontecido en su vida durante el último año.
Aún recordaba claramente como su yo de entonces -quién ofendida por el deje burlón que acompañaba la pregunta- se había decidido a demostrar que no era ninguna cobarde. Ahora, en cambio, aquella joven le parecía solo un lejano recuerdo. Como una figura fantasmal, atrapada en el interior del espejo, incapaz de dañarla, porque ella había aceptado tomar su mano y todo lo que aquello implicaba.
Saboreando el aire de la noche, invocó silenciosa el recuerdo de su salvador. O, mejor dicho, del demonio que la había seducido.
Sin quererlo sonrío ante aquella idea.
Para ella, que había sido educada bajo los más altos estándares con el fin de convertirse en la señorita ideal, la intrusión de Naruto Uzumaki había significado un cambio radical en su vida. Él había llegado para colocar de cabeza su mundo, con su cabello revoltoso -que a su padre le hacía pensar en un yanki-, sus tatuajes y el ligero aroma a tabaco que solía emanar.
Solo cerrando los ojos, ella podía evocar cada uno de esos detalles a la perfección. Podía sentir la textura de la chaqueta de cuero que siempre lo acompañaba, una herencia de su padre; la sensación rasposa en su mandíbula, a causa de la barba que jamás terminaba de crecer; el calor de su cuerpo, tan reconfortante en aquellos instantes en que él la abrazaba; y su sonrisa desafiante, la misma que le había dirigido en aquel inesperado encuentro que habría de marcar un antes y un después en sus vidas.
El haber quedado encerrada en la bodega de almacenamiento con el muchacho más prepotente, obstinado, irrespetuoso y arrogante de la preparatoria parecía solo algo sacado de la trama de una comedía romántica. No en vano todo el mundo conocía su reputación en la escuela. Incluso Hinata, quién no solía prestar atención a los rumores, había escuchado una o dos cosas sobre él. Y de pronto, se había visto encerrada en su compañía, por culpa de un profesor descuidado que no había comprobado que la bodega estuviese vacía antes de colocar el candado.
"¡Esto ha de ser una broma!". Y seguramente él había pensado lo mismo. Solo fue la forma en que la miró, con cierta expresión de repulsión que no pudo contener, como si se sintiera asqueado de tener que compartir el espacio con ella.
En ese instante, Hinata lo detestó. Sin conocerlo, se sentía segura de que los rumores sobre aquel muchacho debían ser ciertos, e incluso llegó a temer por el hecho de verse atrapada a solas con él. Sin embargo, tras media hora de un silencio hostil, pronto se había visto obligada a conversar con él, buscando una solución al dilema que los atormentaba. Para cuando por fin consiguieron coordinarse para que ella subiera sobre sus hombros y saliera por la pequeña ventana superior -Hinata había tenido que regresar para romper el candado y sacar a Naruto por la puerta- era de noche.
Iluminados por las luces que provenían del interior de la piscina de su escuela, caminaron a lo largo del borde, observando el agua calmada. Incluso libres de la asfixiante bodega, la noche continuaba siendo agobiante, a causa de la ola de calor que había golpeado su ciudad. La idea de sentarse en el borde de la piscina y dejar que sus pies se hundieran en el agua -que prometía ser refrescante- atravesó fugazmente a la joven, antes de desvanecerse. No, no sería correcto, sobre todo viniendo de la futura presidenta del centro estudiantil.
Por supuesto, aquella idea ni siquiera parecía ser un impedimento para el estudiante más problemático de la escuela.
- ¿Saltarás en la piscina? -aún recordaba su tono repleto de pánico al verlo deshacerse de los zapatos y su camisa.
- Bueno, considero que me lo he ganado -fue su respuesta, sencilla y honesta-. Además, siempre he querido hacerlo, ¿tú no?
- ¡Claro que no! -expresó ella, indignada. No era del todo cierto. El incesante calor de aquella noche no la dejaba pensar en otra cosa más que en lo refrescante que sería el agua. Naruto debió notarlo, pues negó con su cabeza, riendo para sí mismo-. ¿Qué? -repuso ella, de inmediato ofendida.
- Nada, solo… es obvio que lo quieres hacer -él soltó una risa-. Venga, vamos, nadie sabrá que hemos sido nosotros.
- No es correcto. Y tú tampoco deberías hacerlo.
- Entonces podrías, ya sabes, ofrecerte a supervisarme mientras lo hago -ofreció, alzando sus cejas. Hinata sintió la sangre inundar sus mejillas.
- ¡Eso no es…! -y entonces, aquella sonrisa desafiante surgió, evitando que pudiera terminar su frase. Una mano extendida frente a ella, como si se tratara de una invitación para escapar. O al menos así lo sintió ella.
- ¿Acaso tienes miedo, Hyuga?
Si estaba asustada o no -al menos para el muchacho resultaba obvio que sí lo estaba- nunca llegó a responderlo en voz alta. Su única acción fue deshacerse de sus zapatos, sin quitar la mirada indignada de Naruto, antes de aceptar su mano.
Hinata no recordaba otro momento en que se hubiese divertido tanto que en el instante en el que el chico tiró de su mano, fuertemente tomada, y corrió en dirección al borde. Estaba segura de que no habría tenido el valor suficiente de hacerlo por sí sola de no ser por aquella acción tan temeraria.
Incluso ella se lo preguntaba en ocasiones, ¿cómo había podido enamorarse de un muchacho así? Que sin ninguna delicadeza había tomado la iniciativa de arrojarla al agua.
Naruto era sin duda el joven problemático y peligroso. Todos lo sabían, y habían recibido alertas sobre su mala reputación. A causa de ello, solían evadirlo y excluirlo de cualquier actividad. Hinata lo notó. Y fue la única, también, en notar otras cosas. Como el hecho de que Naruto solía tararear cuando creía que nadie más estaba cerca, cuidaba voluntariamente del jardín de la escuela -en lugar de tratarse de un castigo, como cualquiera a quién se le hubiese preguntado hubiera afirmado- y tenía un gusto secreto por la poesía. Incluso fuera de su preparatoria, ella averiguó sobre su trabajo de medio tiempo en una tienda y de las buenas acciones que lo había descubierto haciendo. Aún recordaba como había terminado espiándolo por accidente, mientras el joven se detenía para ayudar a una niña perdida a encontrar a sus padres.
Supo entonces que se había enamorado de él. Y cuando por fin tuvo el valor de confesar sus sentimientos, se encontró con la sorpresa de que él sentía lo mismo desde el instante en que la había visto -con su gesto caprichoso, como le describió- quitarse los zapatos en un silencio hostil.
Por supuesto, descubrieron, iniciar una relación resultó imposible.
En el momento en el que Naruto había terminado de colocar un pie en su hogar, Hiashi Hyuga había tomado la determinación de interponerse entre ambos. No importaba lo mucho que se hubiese preparado para ello -incluso había elegido una camisa, en lugar de su chaqueta de cuero-, con solo verlo el joven se había transformado en "un delincuente yanki que solo quiere arruinarte la vida, ¡y yo no lo permitiré, Hinata!".
Porque, como había descubierto aquella tarde, ella no era más que la perfecta y educada primogénita de los Hyuga, quién debía darle el ejemplo a su pequeña hermana y demostrar que estaba a la altura de su apellido.
Descubrió que odiaba eso.
Aquella imagen perfectamente esculpida que la representaba. Detestaba sentirse atrapada por aquella figura fantasmal, que se cernía sobre ella para asfixiarla.
Noble, correcta, pura… aburrida. Como si el propósito de su existencia fuese ser una decoración más en su hogar, como las hermosas flores del salón que alguien cambiaba cada cuatro días.
Con Naruto, en cambio, se sentía lo opuesto. Era común, atrevida, desafiante, incluso divertida.
Con él, se convertía en una criatura sensual, que luego se sentía atraída por su curiosa galantería, solo para terminar siendo estrechada entre sus brazos mientras le susurraba sus propios poemas de amor inventados.
Justo como en ese instante.
Frente a ella un par de pasos resonaron. En unos segundos alguien se elevó por el otro lado del balcón, asomándose. Hinata distinguió el aroma a cigarrillos y colonia surcar el aire en su dirección, y tras un par de segundos Naruto emergió, trepando cuál príncipe de cuentos de hadas.
O, más bien, cuál íncubo seductor.
En el instante en que la rodeo entre sus brazos la besó con intensidad, probablemente golpeado por la adrenalina de saber que estaba haciendo algo prohibido. Cruzando los límites impuestos por la autoridad para pasar algunos minutos con ella.
- ¿Quieres pasar? -preguntó ella, contagiada por su entusiasmo.
- ¿Qué hay de tu padre?
- Seguramente durmiendo, en el primer piso -sonrió. Tiró de su mano, más Naruto se mostró inseguro. Como cada cierto tiempo sucedía, las dudas sobre si merecía el amor de la joven lo asaltaban, asustado de estar arruinando su futuro tal y como le había acusado el padre de esta.
- Pero…
- ¿Acaso tienes miedo, Uzumaki?
De inmediato cualquier atisbo de duda desapareció de su rostro, quizás recordando el instante en que su romance inició o a causa de sentirse desafiado por sus palabras. Ella no lo supo. En un momento el chico había cruzado el umbral que daba paso al balcón, internándose en el cuarto, dejándose llevar por ella mientras se fundían en un profundo beso, que entremezclaba el dulce perfume de lilas con el intenso aroma del tabaco que él solía fumar de vez en cuando. La chaqueta de cuero cayó sobre la alfombra y sus tatuajes -que Hinata trataba de memorizar- quedaron al descubierto.
Pronto no hubo más que caricias, poemas inventados y sus planes para el futuro. Pero no, no había miedo.
...
