Día 5: Moda AU (Universo Alterno). Como no estaba para nada segura de qué tenía que hacer exactamente, quise probar con esto.


"Delicioso"

.

"Piensa en algo que desees"

Ramen.

¿Ramen?

Sí, ramen.

Su estómago rugió al pensar en el platillo. En el aroma, el sabor del caldo y la textura del cerdo. En los fideos artesanales, que ansiaba devorar como nada en el mundo.

Ramen, pensó sin esfuerzo, escuchando el flash de la cámara, mientras volteaba el rostro para que su lado bueno fuese captado. Sin embargo, pronto notó, que el fotógrafo se había detenido.

- Naruto-san, ¿acaso estás pensando en comida?

La pregunta desató una serie de risas en el estudio. Naruto se sonrojó violentamente, avergonzado de haber sido descubierto y expuesto de esa manera.

- ¡Claro que no! -aseveró humillado, teniendo que soportar las risas de sus compañeros de trabajo. Les tomó más de diez minutos volver a retomar la sesión.

Cuando todo terminó, bajó del escenario con su rostro aún ardiendo. Tras comprobar que su pequeño error no hubiese arruinado las fotografías, se cambió, le dio la gracias al equipo por su trabajo y se retiró.

¿Ramen, en serio? ¡Venga, Naruto, ¿no quisiste pensar en algo más humillante?, la voz de su consciencia le regañó por su falta de profesionalidad en cuanto hubiese salido del estudio. Tuvo suerte de que su agente no estuviera presente, seguramente le habría regañado frente al resto de los modelos.

Suspiró, de pronto cansado.

Eso sucedía cuando te ibas a la cama con el estómago vacío. O, más bien, sucedía cuando te ibas a la cama con el estómago vacío tras ver tutoriales de cocina preparando ramen.

Definitivamente necesitaba parar con aquella tortura que se había impuesto a sí mismo desde hacía una semana. Con justa razón llegaba a soñar con el bendito platillo.

Resultaba curioso. Cualquiera que conociera a Naruto Uzumaki pensaría que para entonces ya se habría permitido ceder a sus más bajos instintos, asaltando el primer restaurante de ramen a su vista, y en otras circunstancias probablemente hubiera sido así. Pero su agente lo había dejado más que claro en la última reunión: un kilo de más y lo sacarían de la pasarela.

Naruto estaba seguro de que se trataba de una amenaza vacía. No en vano se había esforzado en ganar el cariño del resto de los empleados que componían la industria, especialmente la atención de las modelos femeninas, quienes tendían a elegirlo a él para las fotografías -había que ver como su herencia extranjera lo hacía destacar por sobre el resto de sus compañeros-, valiéndole una inesperada popularidad pese a ser un simple modelo masculino. Por ello, era difícil creer que fueran a suspenderlo. Sin embargo, incluso si se trataba de una amenaza sin valor, tener que lidiar con su agente se volvía un peligro lo suficientemente real como para mantenerse a raya de los restaurantes.

Su estómago rugió nuevamente, y Naruto se descubrió odiando una vez más a la industria para la que trabajaba. Por él, se hubiese retirado hacía meses para dedicarse a recorrer el país en búsqueda del mejor restaurante de ramen. Pero no podía negar que la paga que le ofrecían -incluso para ser un simple modelo masculino- era buena, su horario de trabajo se ajustaba a la perfección con el de sus clases y le habían ofrecido la posibilidad de asistir a un desfile de alta costura que se realizaría en los próximos meses. Además de eso, había algo realmente tentador que lo hacía permanecer en la pasarela aún.

Sonrío al verla.

En cuanto bajó del ascensor, la distinguió sentada sobre el escritorio y de espaldas a los ventanales -seguramente aprovechando la luz natural-, con sus piernas cruzadas mientras trabajaba en su libreta de bocetos. El lápiz rodaba entre sus labios mientras fruncía su ceño levemente, decidida a resolver el problema que parecía habérsele presentado. Mientras avanzaba hacía ella, se fijo en que los lentes de marco redondo que llevaba tendían a deslizarse sobre el puente de su nariz obstinadamente, obligándola a corregir su postura de vez en cuando.

A diferencia del resto de las chicas que por allí transitaban -probablemente todas sometidas al mismo régimen que ahora lo atormentaba a él-, la joven llevaba ropa holgada encima, que apenas dejaba unos cuantos centímetros de piel a la vista. Su cabello largo y oscuro, recogido en un simple moño desordenado, le daba un aspecto de holgazanería que contrastaba con el resto de los presentes, enfundados en trajes caros y que seguramente pertenecían a la nueva colección anunciada en la última edición de la revista.

- ¡Hinata, hola! -saludó aproximándose. Su respuesta fue automática: un respingo involuntario al reconocer su voz, mientras se enderezaba a toda prisa en el escritorio.

- ¡Uzumaki-san! -su voz sobresaltada le provocó una sonrisa. Sin dejar de observarla, fue testigo del sonrojo incriminatorio en su rostro, mientras que a toda velocidad intentaba fijar su vista en cualquier otra cosa que no fuera su rostro.

Él no podía cansarse de aquella reacción.

- ¿Cómo estás? -se inclinó hacía ella, disfrutando de su evidente nerviosismo-. ¿Trabajabas en nuevos diseños?

Como si hubiese comprendido su intención de espiar sus bocetos, la joven cerró la libreta con un golpe sordo.

- Uzumaki-san, por favor… -pidió, con un tono de voz que pretendía emplear un aire profesional.

Él alzó su ceja, sin poder evitarlo.

Se conocían desde hace años y su relación no era exactamente lo que alguien -menos la industria- llamaría "profesional", pero Hinata insistía en llamarlo por su apellido, como si fueran un par de extraños. Incluso así, él la comprendía: ese mundo no era fácil, y Hinata era el tipo de chicas que tenía que demostrar a cada segundo que no estaba allí solo por poseer un rostro bonito y un apellido reconocido.

Y es que incluso él, quién la había juzgado por lo mismo en sus primeros días, había terminado cerrando la boca y reconociendo su talento en cuanto se pusiera manos a la obra. Pese a su falta de confianza -sinceramente Naruto todavía no comprendía cómo era que, siendo tan tímida e insegura como era, había conseguido abrirse paso hasta ese nivel- Hinata poseía un excepcional talento. No solo era inteligente, sino que también intuitiva. Solía sorprender con ideas novedosas a los editores, que se disputaban sus diseños exclusivos, y pese a llevar solo cinco años trabajando había ganado la misma confianza que diseñadores con décadas de experiencia.

- Hinata, no empieces otra vez con eso -él se sentía decidido a romper esa barrera que ella había insistido en mantener. Se había vuelto casi su desafío personal-. Creí que teníamos confianza. Quiero oír mi nombre.

- Eso hago, Uzumaki-san. Ahora, discúlpame, pero…

- Vamos, solo inténtalo -insistió suplicante, empleando aquel tono de cachorro que tan bien le funcionaba cuando se trataba de conseguir algún favor-. No me obligues a cambiar de diseñadora por una más amigable, que susurre mi nombre con más encanto.

Sus palabras solo funcionaron para conseguir que ella le devolviera la mirada por fin, con un claro gesto de ofensa. Sus mejillas sonrojadas, esta vez por el enfado, y el ceño fruncido fueron la clara señal de que había cruzado una línea.

Naruto recordó con pesar que esa semana era la deadline para los diseñadores. El estrés por presentar nuevos conjuntos era tan conocido que con frecuencia los agentes solicitaban a los modelos exclusivos -como él- ser amables con sus diseñadores, para facilitarles el trabajo.

Antes de poder disculparse, ella se levantó, estampando la libreta contra su pecho.

- ¡Bien! -declaró, visiblemente indignada, mientras tomaba su bolso-. ¡Si eso quieres, puedes ir a buscarla ahora!

Él la observó marcharse, intentando procesar aún aquel repentino arrebato de ira, antes de que una voz en su cabeza le recordara que tenía que perseguirla. Esquivando modelos, diseñadores y agentes publicitarios se abrió paso, preguntándose cómo es que había conseguido ganar tanta ventaja en tan pocos segundos. Finalmente, en un ala más vacía del piso, le dio alcance.

Antes de que la chica pudiera escapar por las escaleras de emergencia, Naruto la sostuvo y tiró de ella hacía la puerta más cercana. Dio con una de las oficinas reservadas para las reuniones de los editores, vacías a esa hora de la mañana, y se dispuso a aprovechar de la inesperada privacidad que había conseguido.

- No te enfades, no lo decía en serio -aseguró de inmediato, sin atreverse a soltarla. Lo que menos necesitaba en ese momento era el regaño de su agente por provocar la renuncia de su diseñadora exclusiva. Otras modelos ya habían colocado sus ojos en ella, atraídos por sus trabajos novedosos que siempre encontraban la manera de destacar, pero Hinata había manifestado su gusto por diseñar ropa masculina y la facilidad de poder trabajar con Naruto-. Lo siento, lo siento.

Tuvo que disculparse por un minuto completo, antes de que ella suspirase finalmente. Para distraerla de su enorme desliz, le contó su pequeño y vergonzoso episodio en el estudio de fotografía, consiguiendo sonsacarle una sonrisa sincera.

- ¿De nuevo te quedaste mirando tutoriales de ramen antes de ir a dormir? -ella negó con su cabeza, y él no tuvo más respuesta que un sincero encogimiento de hombros.

- Soy un hombre que sabe lo que quiere -y le produjo una carcajada. Naruto aprovechó que estaba distraída, para abrazarla por la espalda. Ella arrojó un chillido, sobresaltándose por su repentino acercamiento, sin embargo no puso objeción, mientras su cuerpo se relajaba contra el suyo-. Entonces, ¿puedo tener un adelanto de tu próximo trabajo? -retomó, tras unos minutos, con sus labios pegados a su oído. Sintió como ella se estremecía entre sus brazos.

- De… de acuerdo -él no pudo evitar sonreír, satisfecho por nuevamente salirse con la suya. Hinata tenía algo que simplemente lo volvía loco. Con solo un par de semanas trabajando a su lado, se dio cuenta de su imperiosa necesidad de estar a su lado. Con frecuencia se descubría necesitando de ella, de su atención constante, de sus regaños y mimos. Adoraba aquellos instantes robados en las horas de trabajo, dónde ella se permitía romper con su distancia profesional.

Observando su perfil, se sintió tentado a robarle un beso -uno más, de los cientos que ya le había robado-, pero se conformó con apoyar los labios contra su hombro, inhalando su aroma profundamente, mientras ella rebuscaba entre las hojas para enseñarle el nuevo diseño en el que trabajaba. No notó el efecto que el roce de sus labios le generaba, sino hasta que la libreta resbaló de sus manos y fue a parar al suelo.

Antes de terminar de comprender lo que sucedía, Hinata se inclinaba para besarlo, como tantas otras veces había sucedido en sus secretos y solitarios encuentros. A esa altura parecía imposible discernir sobre quién de los dos había comenzado con el sutil coqueteo. Las miradas, las sonrisas y los poco profesionales roces de mano parecían siempre haber estado ahí, ocultos a plena luz del día. Los abrazos reconfortantes -cortos e inseguros las primeras veces-, reservados para el final de un día. El cariño expresado en pequeñas acciones, como en un café obsequiado temprano por la mañana o en pequeños -e ilegales- dulces escondidos en los bolsillos de su chaqueta. Todo eso, acumulándose día tras día, creciendo para el día en que finalmente pudiesen demostrarlo sin controversia.

Hasta entonces, encerrado en esa pequeña oficina y rodeándola entre sus brazos, Naruto recordó lo hambriento que se sentía. De su mente se apartaron los planes futuros, mientras observaba sus ojos brillantes por causa de la emoción. Una sonrisa surgió por sí sola.

No era el platillo con el que llevaba días soñando, pero no habría cambiado aquellos besos tan apasionados ni por todo el ramen del mundo.

Eran simplemente deliciosos.