En mi larga misión de colocarme al día ajaja quise probar con una idea que había tenido hace mucho tiempo, pero que nunca me anime a subir.

Día 6. Demonios.


"¡Por favor, aliméntame!"

...

.

El cielo era suave.

Sí, suave. Aquel fue el primer pensamiento coherente que Naruto pudo tener.

Suave, cálido, apacible, como si estuviese durmiendo en una gran nube. Su alma descansando en un lugar agradable. Cubierto, protegido.

Respiró profundo, distinguiendo de inmediato el aroma a lavanda. Casi sin pretenderlo, su mente invocó a Hinata. Su ojos claros, su cabello sedoso y fragante, su piel tan suave…

Y entonces recordó que estaba muerto.

Aquella idea, sin embargo, no lo perturbó ni fue suficiente para hacerlo entrar en pánico. Porque entonces recordó que, para empezar, él le había ofrecido su vida a Hinata. De manera voluntaria, pensando en su seguridad, le había entregado su alma.

Los recuerdos comenzaron a surgir entonces, a raudales.

Se había colado por la ventana de su cuarto a escondidas, solo para encontrarla sentada sobre su cama, llevando solo un pijama de satén de seda rojo, que de alguna manera lucía aún más pecaminoso cuando era ella quién lo llevaba puesto. Con aquel rostro angelical, sumida en la vergüenza de que él la viera así, resultaba tan tentadora que él había necesitado toda su fuerza de voluntad para no arrojarse sobre ella, intentando robarle un beso. Eso no estaría bien, no con alguien como Hinata, a quién apenas conocía.

- Uzumaki-san, ¿estás bien? -a pesar del hecho de que él se estaba colando en su cuarto, ella se mostró más preocupada del golpe en su rostro. Él supuso que se debía a que el autor del ataque no era nadie más que su primo Neji, el conocido guardián de la joven, que se encargaba de mantener alejado a los jóvenes que osaran acercarse a ella. Con seguridad, Naruto no era el primero en recibir un golpe por parte del muchacho-. Ese ha sido mi primo, ¿no es así? -su mirada mostró una seriedad hasta entonces desconocida-. Que cruel ha sido, atacándote sin motivo.

- No ha sido tan malo -aseguró de vuelta. Se encargó de omitir el hecho de que si había sido golpeado era única y exclusivamente por manifestar en voz alta su intención de pedirle una cita a la joven.

No supo como, pero antes de terminar de entender lo que sucedía, se vio sentado junto a ella, en la cama, mientras que Hinata limpiaba el golpe en su rostro con cuidado, y desabrochaba su camisa con una lentitud hipnotizante, tomándose su tiempo para descubrir cualquier otra herida que el joven hubiese pasado por alto. Buscando un tema de conversación -y esforzándose de forma sobrehumana por no echar un vistazo al fabuloso escote que su pijama le ofrecía-, él permaneció a su lado, haciéndole preguntas sobre su vida, mientras en su mente continuaba aquella incansable lucha interna sobre si tomar la oportunidad que el destino parecía ofrecerle en bandeja o si respetar la inocencia y bondad que la joven le había demostrado a lo largo de la última hora.

Sin embargo, antes de poder tomar una decisión, ella se había resuelto a contarle la verdad sobre su naturaleza. Algo que,aparentemente, nadie más sabía.

- ¿Qué eres… una súcubo?

- Sí.

- ¿Acaso no son…?

- Demonios sexuales -su débil voz se elevó, cortando el aire-, sí.

Una broma, fue lo primero que pensó. Seguramente aquello se trataba de una broma que no terminaba de entender.

De otra forma, ¿cómo esperaba que él creyera que Hinata Hyuga, la dulce, pura, inocente y angelical Hinata Hyuga… era en realidad una demonio sexual?

No, no había forma. Sin embargo, ella insistió en su versión. Su única forma de convencerlo fue revelar sus cuernos, aquellos que había pasado toda su visa ocultando por medio de un hechizo. Naruto aún no terminaba de salir de su impresión -ni de convencerse a sí mismo de que no estaba soñando-, cuando la joven sentada ahora a solo unos centímetros de él, apoyando las manos sobre su pecho desnudo, le confesó lo siguiente.

Tenía hambre.

Rápidamente, y de la forma más simple que pudo, le explicó que a partir de la adolescencia su especie necesitaba con regularidad de la esencia masculina de los seres humanos para sobrevivir. Pero ella siempre había resultado ser excesivamente tímida y la sobreprotección de su primo -quién no conocía aquel vergonzoso secreto- no era algo que la ayudase. Había comenzado a notar que cada día se debilitaba más, perdía su fuerza y temía que la falta de alimento conllevara a la peligrosa situación de acabar con su vida.

Ella no deseaba hacer aquella pregunta, pero con él aquí, tan cerca de su cuerpo, no tenía otra opción.

- ¿Podrías alimentarme, por favor?

Naruto, por supuesto, no se pudo resistir. Siempre se había sentido irremediablemente atraído por la joven de ojos perlados, que en ese instante se inclinaba sobre él para unir sus labios.

Le besó con la timidez propia de la falta de experiencia, pero con el paso de los segundos la pasión y el deseo fueron su guía. Se sentía repentinamente hambriento de ella, antes de que la voz de su conciencia lo obligara a detenerse. Al verla nuevamente, jadeando por la falta de aire, con sus ojos brillantes del deseo, sus labios hinchados y el sonrojo decorando en su rostro, sintió la horrible inseguridad de estar aprovechándose de ella de alguna manera.

- Pero tú… tú eres tan buena… y pura… y… -él se quedó sin palabras, su consciencia perdiéndose en una neblina densa, causada por la excitación que comenzaba a sentir. Que Hinata Hyuga, la idol de su escuela, la causante de sus sueños húmedos y erecciones matutinas, estuviese pidiéndole semejante cosa…

No supo cómo explicar los sentimientos encontrados que tenía por ella.

- Si no me alimento de tu esencia, puedo morir -explicó, apenada-, es por eso que… necesito tu ayuda, Namikaze-san. Estoy en mi limite.

Y con eso, su último gramo de conciencia desapareció.

- Dime… dime Naruto -suplicó. Pese a la sorpresa y la enorme vergüenza de la que ella era víctima, fue capaz de asentir.

- Sí, Na… Naruto-kun.

Él sonrió. Le gustaba como sonaba su nombre en sus labios.

Besos, jadeos, lametones y mordiscos. Ambos se volcaron a la pasión única de la juventud. Su lengua húmeda y caliente lo había recorrido entusiasta, acariciando los rincones más íntimos de su cuerpo, llegando más allá de cualquiera de las fantasías más perversas que había llegado a tener con Hinata Hyuga. Sin duda, la realidad superaba a la ficción, porque él jamás habría imaginado boca rodeándolo y llevándolo hasta el clímax, ni menos la hubiese querido imaginar con aquellos cuernos emergiendo de su cabeza. Un aire tan maduro en su mirada, una sonrisa de satisfacción al ser consciente de su poder sobre él.

La ropa se había perdido hacía tiempo en esa danza de lujuria, y pronto habían hecho un uso más aceptable de la cama que únicamente estar sentados en el borde.

Todo había desaparecido de la mente del joven, inundada por el placer y la absoluta fascinación de ser el protagonista de aquella fantasía.

Fue entonces, en medio de aquel salvaje frenesí, que Naruto recordó las leyendas sobre las súcubo, o, mejor dicho, sobre lo que le sucedía a los seres humanos que se atrevían a enfrentarlas. Hinata pareció notar su duda, reflejada en sus ojos brillantes por la excitación. El miedo hacía las consecuencias de dejarse llevar, sin embargo, había también una adoración que hasta entonces le había sido desconocida.

- ¿Voy… voy a morir? -finalmente hizo la pregunta. Su voz jadeante, el sonrojo en su rostro, mientras buscaba reprimir el placer que sentía. Su mirada desenfocada se mantenía en ella, como si fuera lo único que hubiese en el mundo.

- ¿Quieres que me detenga? -ella detuvo su ritmo, enternecida de su temor, después de todo, seguramente él se mostraría asustado de cruzar aquel límite. No era lo que ella pretendía tampoco, sin embargo, Naruto le preguntó entre gemidos si aquello la salvaría. Tras responder que sí, que en efecto lo haría, y para su grata sorpresa, el chico dio su consentimiento-. Eres un chico tan dulce -murmuró ella, con sus labios apegados a los suyos. Naruto se esforzó en memorizar su aliento cálido y dulce, mientras ella recorría su mandíbula y mejilla con pequeños besos, directo hacia su oído-, me aseguraré de que tu alma llegue al cielo, ¿de acuerdo?

El ritmo se volvió más rápido que nunca. Gemidos de placer inundaron la alcoba, mientras la cama rechinaba con fuerza.

En vista de lo que le sucedería cuando todo terminase, Naruto se preparó para sentir algún tipo de dolor. Comprendía a la perfección lo que había hecho, pero ningún atisbo de duda o arrepentimiento surgió al pensar en el hecho de que, en ese mismo instante, ella era suya.

Hinata Hyuga era suya.

Y él era por completo suyo.

- Te amo.

Fueron sus últimas palabras, atrapado en la explosión del orgasmo. Casi de inmediato su conciencia comenzaba a desvanecerse.

¿Así era como se sentía morir? Porque era agradable.

Sus senos suaves tocándolo, su piel caliente y sudorosa en contacto con la suya. El olor almizclado de lo que habían hecho. El propio aroma dulce de Hinata.

Y su suave voz, como un canto de cuna, mientras él se hundía en la oscuridad.

- Gracias por tu vida, Naruto-kun…

Al menos hasta ese momento, en que se reconocía rodeado por la intensa luz. Pero así suponía que debía ser el cielo, ¿no?

Pacífico, con agua corriendo en algún lugar (¿sería un río o una cascada?), y el relajante aroma a lilas, tal cual como el que desprendía Hinata.

Recordó su cuerpo suave y hermoso, sus ojos claros, su largo cabello oscuro cayendo alrededor. Sus gemidos altos, su aliento cálido en su oído.

"Gracias por tu vida, Naruto-kun…" -sus últimas palabras, resonando para siempre en su cabeza.

- ¿Hinata? -una voz se abrió paso hasta el lugar en el que yacía. Masculina y familiar, sonó distante y lejana al mismo tiempo. A Naruto le tomó unos segundos comprender lo que decía. Sus sentidos continuaban entorpecidos-, ¿durmiendo? Más te vale no seguir enfadada por lo de Uzumaki.

¿Su apellido? Alguien acababa de decir su apellido.

Se removió de su sitio, apartando aquel manto cálido que lo había cubierto todo ese tiempo. Al mismo tiempo alguien más tiró del otro extremo para liberarlo.

La luz lo cegó momentáneamente, y para cuando consiguió acostumbrarse lo que hizo fue encontrarse con los mismos ojos claros que la noche anterior lo habían hechizado, sin embargo, no se trataba de Hinata.

Naruto estaba seguro. Ya había visto aquel rostro antes, pero… ¿qué hacia Neji Hyuga en el cielo con él?

- ¿Hyuga? -y al decir su nombre, su rostro pasó de la más pura sorpresa a la más alta indignación.

- ¡UZUMAKI!

Tan rápido como gritó su nombre, el chico lo sujetó del cuerpo con asombrosa facilidad, lo levantó de la nube en la que estaba recostado y lo estampó contra una superficie dura. Naruto sintió el dolor azotar su espalda y su nuca, sin embargo, su mente continuaba dormida, sin entender nada de lo que sucedía.

¿Qué estaba pasando? ¿Por qué Neji estaba en el cielo? ¿Y por qué el cielo comenzaba parecerse al cuarto de Hinata?

Y, justo entonces, su mente pareció despertar del sueño, conectando las ideas con velocidad.

- Acaso… ¿Acaso no estoy muerto? -preguntó entonces, consiguiendo una mirada de ira por respuesta.

- No, pero es algo que podemos solucionar rápidamente -tembló ante su amenaza, comprendiendo la gravedad de la situación.

- ¡Neji! -la imperiosa voz de Hinata lo congeló en su lugar. Al voltear, ambos se encontraron con la chica, de pie en la entrada de su baño, con la toalla firmemente envuelta alrededor de su cuerpo.

Los cuernos que la noche anterior lo habían convencido de que decía la verdad estaban desaparecidos. Su apariencia volvía a ser la de cualquier humana… con sus largas y firmes piernas expuestas, las mismas que la noche anterior habían rodeado su cadera para retenerlo más tiempo.

Los recuerdos de su encuentro golpearon la mente de Naruto, sintiendo con vergüenza como una nueva erección se formaba entre sus piernas. No pasó desapercibido. Tras una rápida mirada hacia abajo para comprobar, Neji volvió a empujarlo contra la pared.

- ¡Neji, basta ya! -Hinata alzó su voz. Nada quedaba ya de la chica tímida y recatada que Naruto creía conocer. En su lugar, estaba una joven segura, de carácter firme que no dejaba de sorprenderlo. Por fin comenzaba a notar las similitudes entre la chica y los demonios de los cuentos que él conocía.

- ¿Te has acostado con él? -Neji hizo la pregunta con cierta repulsión, observándola severamente. Ella apartó su mirada, pero aquel acto fue una respuesta por sí misma-. ¡Hinata, cuando tu padre se entere…!

- Padre no tiene que saberlo.

- Por supuesto que sí -replicó, volviendo a echarle una mirada venenosa a Naruto, que deseó ser capaz de expresar que, si la cosa dependía de él, tampoco quería que el padre de Hinata supiera sobre su incursión nocturna-. Has roto las reglas. No eres un demonio completo, y específicamente tenías prohibido…

- ¿Cómo que…? ¿Cómo que Hinata no es una súcubo? -fue lo primero que el joven Uzumaki dijo, y su voz sonó un poco ronca a causa de eso. Lamió sus labios, comenzando a notar la sed, mientras que Neji lo fulminaba con la mirada.

- Lo es, pero no por completo. Solo es mitad súcubo -respondió su duda de todas formas-. Eso significa que no tiene los poderes completos de una, así que no puede matar a nadie. Felicidades, considérate afortunado, no te han robado el alma -ironizó, antes de elevar su voz hacía la protagonista de la historia, quién apartaba su rostro en un ligero mohín-. Sin embargo, y como ella bien sabe, no poder matar a los humanos no significa que no pueda quitarles su energía vital. Por eso no le permito tener citas -enfatizó, con resentimiento hacia la joven-, porque ella solo quiere usar a los chicos para una cosa.

- Pero necesito comer, me sentía tan hambrienta -replicó la joven, con un tono de inocencia y vergüenza. Naruto sintió su corazón acelerarse y su erección crecer nuevamente, al recordar que le había dicho las mismas palabras la noche anterior, mientras usaba su cálida lengua para…

- Eso no es cierto y lo sabes -la voz seria de Neji cortó su último pensamiento, e hizo que su mente se centrara en la discusión.

- Entonces ¿no es verdad que morirás si no te alimentas? -el joven sintió como su voz se elevaba, pero pudo evitarlo. Neji Hyuga le dirigió una mirada de incredulidad, con sus cejas alzadas.

- No me digas que te creíste esa historia -se burló. El muchacho asintió, avergonzado.

- ¿Entonces no es cierto? -al preguntarlo Hinata apartó su vista, atrapada en su mentira.

- Claro que no lo es -explicó su primo-, su cuerpo es humano, no demoníaco. Eso significa que no tiene las mismas exigencias que los cuerpos de las súcubos adultas, por lo que puede sobrevivir perfectamente sin robar la energía de los seres humanos.

- ¡Moo~! ¡Neji, eres un aguafiestas!

- En… Entonces… To… Toneri -Naruto había comenzado a tartamudear, intentando asimilar toda esa información. Tuvo que aclarar su garganta antes de hablar una vez más. Pensaba en su compañero de clases, quién había terminado en el hospital por culpa de Neji tras acercarse a Hinata-. ¿Qué le pasó a Toneri? Anoche, mientras hablábamos, dijiste… dijiste que él había sido muy desafortunado…

Neji giró a Hinata al oír sus palabras, esperando una explicación.

- ¿Otsutsuki Toneri? -exigió saber, con una mirada asesina. La joven solo sonrió, nerviosa.

- Pu… Pues sus ojos eran tan lindos -se quejó ella, como si no fuese un gran asunto-. Y, además, era el único chico que no te tenía miedo en la escuela.

- Entonces… ¿te acostaste con él? -Naruto fue quién hizo la pregunta. No supo porque, pero la idea le causo un horrible sentimiento.

Celos.

- Claro que no -para su gran alivio, ella negó con su cabeza-, lo intenté, pero…

- ¿Pero…? -su voz volvió a elevarse.

- Tropezó por las escaleras, mientras íbamos camino a la enfermería -suspiró apenada, recordando la situación-, por eso me refería a que tuvo tanta mala suerte. Ya me había rendido, pero entonces apareciste ayer -se dirigió hacía Naruto esta vez-. Fue fantástico, ¿no piensas lo mismo?

Neji comenzó a regañarla durante los siguientes cinco minutos, mientras al mismo tiempo se veía forzado a pedirle al joven disculpas por el comportamiento de su prima, solicitándole además que no contase absolutamente nada de lo vivido. Naruto aseguró que así sería, agradeciendo que él hubiese olvidado, al menos temporalmente, interrogarlo sobre por qué él había llegado en primer lugar hasta la habitación de ella.

Dando por finalizada la conversación, y antes de que el padre de Hinata los descubriera, Neji ordenó al joven humano vestirse. Lo acompañaría hasta la salida, y allí terminaría aquella locura que esperaba jamás volviese a repetirse.

- Sin embargo, jamás olvidaré que me otorgaste tu vida -la mitad súcubo finalmente le sonrió al muchacho, que ya terminaba de vestirse. A diferencia de la sonrisa tímida y dulce de la noche anterior, esta fue seductora y hambrienta-. Que chico tan dulce resultaste ser, Na-ru-to-kun -él sintió su rostro sonrojarse por la forma provocadora en que susurró su nombre, lejos de la mirada vigilante de su primo-. ¿No te interesaría repetirlo?

Aquella oferta literalmente caída del cielo, o mejor dicho del infierno, fue suficiente para que olvidase el engaño que había sufrido. Podía ver la confianza en los ojos de Hinata, quién se mostraba segura de que él aceptaría su oferta sin dudarlo, sin embargo, con la misma determinación con la que le había entregado su alma, Naruto decidió trazar el límite de aquella aventura.

- ¡Nadie más! -habló, finalmente. Tuvo que tragarse su orgullo antes de continuar-. ¡No puedes hacer el amor con nadie más!

El gesto sorprendido e incrédulo de Hinata le generó cierta satisfacción. Sin embargo, ella parecía igual de decidida a no retroceder en la negociación.

- De acuerdo -decidió, con el mentón en alto-. Si tú accedes a entrar por mi ventana cada noche.

Antes de que él pudiese decir algo, ella le besó fugazmente, cerrando el trato. Sintió su rostro arder por aquella artimaña, mientras su corazón daba salto de alegría.

No tenía idea de lo que sucedería más adelante, pero, por el momento, se sentía satisfecho.

Y, también, ligeramente hambriento.