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Casi no lo logro pero aquí estoy

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¡Posible necesidad de pañuelos!

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Especial Romántico

Día 06: Universo Alterno

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Palabras: 3784

Pareja: Marichat / Adrinette/ LadyNoir


El sonido de dos espadas chocando, era lo único que rompía el silencio de aquel castillo a esa hora de la mañana.

El rey y sus escoltas habían salido en la mañana a revisar la periferia, en busca de amenazas. La reina se dedicaba a dar indicaciones a cada sugerencia de las distintas sirvientas para el banquete real de esa noche.

En un pequeño patio, la única hija del matrimonio real se batía a duelo con el más joven de los escuderos de su padre. Ambos eran bastante buenos en lo que hacían, aunque cualquiera que los viera pensaría que tenían una relación bastante tirana, por como ella solía tratarlo… Pero la realidad era otra…

—¿De verdad? —preguntó cuando las espadas de ambos chocaron, haciendo fuerza—. ¿Será hoy?

—Sí —respondió, haciendo presión para que creyeran que estaban peleando —. Mi padre ya me ha dado la orden. Esta noche, en el baile, tengo que elegir a alguno de los distinguidos caballeros que me presentarán, para que sea mi esposo.

—Parece que no quiere eso. —las palabras del joven, tras la máscara de protección, indignaron a la joven que, lejos de seguir actuando, intentó golpearlo en serio con la espada — ¡Vaya! Se enojó la princesa.

—Usted es un idiota, Chat —gruñó la joven, tratando de insertar un golpe en su adversario—. Habla de esa forma como si desconociera lo que siento en realidad.

—Lo siento —se disculpó, esquivando la espada, para volver a bloquearla —. No quise jugar con su situación. Esto tampoco es grato para mí.

—Odio que mi padre no me deje gobernar a mí, que soy más hábil que su mano derecha. Incluso, sigo sin saber por qué tengo que perfeccionar mi manejo con la espada, además del arco y la flecha, solo para no ser un "estorbo" para mi futuro esposo —bajó la espada con fastidio y se quitó la máscara de protección, dejando al descubierto su largo cabello oscuro. Su flequillo se le pegaba en la frente por el sudor del entrenamiento y sus ojos celestes se veían turbados por la rabia que la recorría internamente.

—Eso, al menos, nos permite estar juntos una hora al día, sin que nadie nos diga nada —comentó el chico, quitándose también la máscara para dejar a la vista los preciosos ojos verdes que habían atrapado a la princesa desde el momento en que se conocieron, diez años atrás, cuando Adrien llegó acompañado de sus padres a trabajar en el castillo, con apenas seis años

Cuando sus padres fallecieron por la malaria, dos años atrás, el rey estuvo a punto de echarlo a la calle, pero la reina intervino por primera vez en todo el tiempo que llevaba de casada, permitiéndole la permanencia y convirtiéndolo en el instructor de su hija. Su esposo no pudo decir nada, ya que él no era rey por sucesión. Ella era la reina, la heredera de los antiguos reyes de aquel reino.

El rubio se rio cuando la chica trató de soplarse el flequillo y no se movió. Se acercó, quitándose el guante que cubría su mano derecha y le ayudó, corriéndole el pelo hacia el lado derecho.

—Gracias —en eso, la mirada de la joven se depositó en un anillo plateado que el joven tenía —. ¿Y ese anillo?

—Lo encontré hace poco entre las cosas de mi madre —comentó, observándolo—. Parece que de aquí viene el apodo con el que todo el mundo me conoce: «Chat»

—¿Por la huella de gato? —consultó, observándolo con detenimiento.

—Así es —respondió, y en ese momento, teniendo tan cerca a la joven, no se resistió y unió sus labios a los de ella, por un instante.

—¡Adrien! —protestó, cubriendo sus labios con la mano izquierda. Inmediatamente observó a su alrededor, pues lo que menos quería, en ese momento, era que la descubrieran.

—Lo lamento —dijo con una sonrisa, aunque estaba claro que lo que menos sentía, era pena por lo que había hecho —. Puede golpearme, si gusta —cerró los ojos y le puso la mejilla derecha, inflándola.

La princesa sonrió y, revisando de que efectivamente nadie entrara al lugar, tomó al joven del rostro y lo besó.

—¡Ay Dios!... Princesa, me va a matar…

—No quiero besar los labios de ningún otro hombre, solo los de mi fiel gato —susurró, antes de volver a unir sus labios con los de él.

El beso, que inició de forma inocente, empezó a subir de temperatura por lo que el chico, haciendo uso de todo su control mental, se separó lentamente de su amada. Ella, aun manteniendo los ojos cerrados, no podía concebir que, a partir de mañana, sería de otro hombre, de otra persona que no sería él.

Ambos terminaron juntando sus frentes…

—Si vuelvo a nacer… —susurró él —… mon amour, desearía tener mucho dinero, para no tener que pasar por todo esto.

—Si vuelvo a nacer… —continuó ella —… quisiera que mis padres me amen y deseen lo mejor para mí… Así no necesitarías tener dinero para estar conmigo.

Luego se separaron, retrocediendo paso por paso. Él mantuvo los ojos cerrados cuando ella salió del cuarto que usaban para practicar y resopló cuando una mancha negra se formó sobre su hombro, tomando la apariencia de un pequeño gato de ojos verdes.

—¿Y ya decidiste? —comentó, desperezándose.

—¿Qué cosa? —consultó el rubio, al observar al pequeño ser que surgió del anillo que encontró esa mañana. Le había dicho que era un elegido, pero no entendía nada sobre el asunto.

—Si tomarás el control del reino… Tienes lo que hace falta para ser un buen rey y por lo que veo —miro hacia la puerta —, tienes la llave a la mano.

—No usaré a Lady Marinette para eso.

—Así que tu lady tiene nombre. Interesante —dijo el gato con una risa divertida, aunque luego, lo miró con seriedad—. Escucha, hazme caso, ve a ese baile, consigue el permiso y evitaremos una guerra.

—¿Quién evitará la guerra? —preguntó, señalándose incrédulo— ¿Yo?

—Por supuesto. Eres mi elegido…

—Estás demente —exclamó, dejando sus protecciones sobre un viejo banco de madera— No, el demente soy yo —comentó, como si hubiera dejado de ver al ser mágico —, que hablo con la nada…

—Eso es grosero, Adrien —respondió éste —. No soy "nada". Soy Plagg…

—¿Cómo las plagas? —puso los ojos en blanco—. Creo que si me quedo contigo, solo habrá destrucción en mi vida…

—No —el ser bajó hasta su mano cuando el rubio trató de quitarse el anillo—. Confía en mí. Eres el elegido para salvar a la nación de la amenaza que viene. La guerra no podrá ser detenida con armas humanas.

El chico suspiró y decidió quedarse con el anillo. Ahora que había terminado la lección con su amada princesa, con su querida Lady, solo tenía que ir a su habitación y no salir de ahí en todo el día.

La música proveniente de la orquesta real, invitaba a cada uno de los visitantes a disfrutar de la fiesta con bailes grupales. El rey y la reina, gustosos, observaban aquel recinto lleno de gente. Habían venido varios jóvenes que pretendían a su hija, los cuales fueron presentados, uno por uno, a la joven princesa.

La joven tenía el cabello recogido y sus maravillosos ojos celestes cubiertos por un antifaz rojo y negro que los resaltaba aún más, y escaneaba a cada uno de sus pretendientes con fastidio. Si tan solo alguno se pareciera a Adrien, si alguno se pareciera a su Chat, las cosas serían muy distintas, haciendo más fácil poder usar su imaginación para cumplir con sus "obligaciones de esposa". El solo pensar en eso, hacía que su estómago se revolviera completamente.

Miró a su padre con fastidio. Aquel sujeto que debía protegerla, sonreía ante los padres de aquellos "pretendientes" viendo cuál era el mejor postor al que le daría la vida de su, para nada, apreciada hija.

Cansada de ver a cuanto caballero se paraba a sus pies, se levantó de su asiento y se marchó hacia el patio a tomar aire. Su padre estuvo a punto de gritarle, pero la reina le hizo un gesto para que se tranquilizara.

—Lamento el comportamiento de mi hija —exclamó la mujer de cabellos azulados y mirada triste—. La presión la tiene muy preocupada… Espero que la entiendan

—Bueno… —se rio con ánimos, un hombre regordete de bigote y calvicie bastante evidente —… cuando consiga un buen marido, éste la pondrá en su lugar —. Su hijo, quien era el favorito del rey para desposar a su única hija, también se rio de aquella frase.

—Por supuesto —declaró ese joven, con una sonrisa en sus labios —. Si fuera mi esposa, la tendría sentada a mi lado, callada y mostrando su belleza.

—Si gusta, en vez de concederle la mano de mi hija, le daré un cuadro —las palabras de la reina inquietaron a todos. El rey se enojó por aquel atrevimiento de su esposa, pero no la pondría en vergüenza ante todo el reino, pues si ella le pedía el divorcio, perdería su título de rey, así que se acomodó la corona, asegurándose de tenerla en la cabeza y se río. Los otros dos hombres se rieron con él y dejaron el tema flotando en el aire.

La joven observaba las estrellas, sintiendo que su corazón se partiría en mil pedazos en cualquier momento.

—Disculpe —una voz a sus espaldas, la hizo fruncir el ceño. ¡Quería estar sola! ¿Por qué no la dejaban en paz? Cuando volteó para mandarlo por dónde vino, se quedó paralizada. Los cabellos rubios de aquel hombre estaban totalmente despeinados, poseía una camisa blanca de mangas abombadas y un chaleco negro sobre éste; del pañuelo que rodeaba su cuello, prendía un broche esmeralda con detalles dorados, y la máscara oscura que usaba, resaltaba sus ojos verdes. Se le hacía muy familiar y misterioso a la vez.

—¿Usted…?

—Oh, permítame —se acercó hasta ella, tomó su mano derecha y le dejó un beso sobre los nudillos enguantados de rojo —. Soy Lord Noir. Me da gusto poder encontrarla finalmente a solas.

—Yo soy…

—La princesa, Lady Marinette —contestó por ella, sonriendo —. Lo sé, mon amour.

—¿Mon Amour? —ante las palabras pronunciadas, la princesa retrocedió un paso, comprendiendo finalmente quién era— ¿Chat?

—Hola —respondió con cierta galantería que desestabilizó a la joven —. Deseaba tanto poder bailar con usted, que me infiltré entre los invitados…

—Van a matarte —exclamó, poniendo las manos sobre el pecho del muchacho.

—Vale la pena morir por estar una sola noche entre sus brazos.

—Chat… —apoyó la cabeza contra el pecho del muchacho y luego de suspirar, lo miró —. Sí, bailemos... Bailemos porque es la última noche que estaremos libres… de estar con quien amamos.

Sin perder más tiempo, empezaron a bailar en aquel patio, a unos pasos del salón y del jardín del palacio. Solos, con la luna llena y las estrellas como testigos del amor que ambos jóvenes se profetizaban, con solo con mirarse a los ojos.

De repente, un fuerte sismo remeció todo el lugar. Chat afirmó a la princesa contra él, observando que nada fuera a caerse sobre ellos. Los gritos de las personas en su interior, indicaban que alguien había entrado al castillo y que estaban siendo atacados.

—¡Maldición! —exclamó el rubio, tomando el bastón que tenía colgado del cinturón de su pantalón oscuro, activándolo.

—¿Magia? —exclamó Marinette, paralizada.

—Es un secreto —y tras aquella frase, se preparó para utilizarlo como arma ante los caballeros que se acercaban a ellos—. ¿Me ayudas? —la chica observó la espada que le entregaba y afirmó con decisión, tomando el mando de aquello.

Ambos, en perfecta sincronía, fueron deshaciéndose de todos y cada uno de los infiltrados en la fiesta. Ambos padres de la joven observaban la escena, confundidos. Ella sonreía, moviéndose con gracia ante cada golpe de espada, como si estuviera bailando con el joven enmascarado. Todo era como una escena digna de los grandes cuentos de caballeros.

Cuando el último enemigo cayó, ambos se miraron con una sonrisa, sumamente agitados, y chocaron puños.

—Lo hicimos.

El rey se dispuso a avanzar unos pasos hasta ellos, cuando fue interrumpido por uno de los guardias sobrevivientes, que entró muy alterado.

—¡Vienen contra nosotros y no son simples caballeros! —y tras sus palabras se desplomó a los pies del rey.

Éste echó una última mirada a su hija junto a aquel misterioso caballero. Ambos se veían muy felices juntos y aquello lo incomodó totalmente. ¡Ese sujeto le daba muchas libertades a su hija y no podía permitirlo!

La reina, por el contrario, observaba a la pareja con una mezcla de sentimientos. Felicidad porque su hija por fin era amada, y tristeza, porque si ese joven era Adrien, era muy probable que lo ahorcaran por ingresar a un baile sin invitación. Se acercó a ambos jóvenes y les susurró.

—Supongo que Lord Chat Noir —con eso dio a entender que lo había descubierto —, debe irse antes de que el rey lo vaya a buscar para preparar los caballos.

—Tiene razón, mi señora —indicó, haciéndole una reverencia, y luego se giró hacia Marinette —. My lady… —tomó su mano una vez más y sonrió —, gracias por tan maravillosa noche

Ni la madre ni la hija pudieron dormir esa noche. Escondidas en un pasadizo del castillo, estuvieron salvaguardadas por Adrien, hasta que éste tuvo que irse con el rey a enfrentar lo que sea que se acercaba.

Lady Marinette observaba el techo del lugar, apretando las manos que sostenían sus codos. Sus ojos estaban llenos de lágrimas que no iba a derramar porque nadie había muerto, ¿no? ¿Para qué llorar? Observó a su madre que permanecía estoica leyendo un libro, como si poco le importara que su marido estuviera en plena guerra.

La mujer pareció sentir la mirada de su hija así que, sin mirarla y cambiando la página de su libro, empezó a hablar.

—No es tu padre —confesó—. Tu verdadero padre fue el amor de mi vida, pero murió antes de saber que estaba embarazada. Ese sujeto con el que estoy desposada, me fue impuesto por mis padres cuando se enteraron de mi estado.

—¿Es por eso que no han tenido más hijos? —consultó, sorprendida. Por un lado, estaba feliz porque no era hija de ese maldito sujeto, pero por otro se sentía triste porque su verdadero padre murió sin saber de su existencia.

—¿Crees que no lo intentó? —finalmente dejó el libro y la miró—. Se metió con todas las sirvientas del palacio, lo intentó conmigo miles de veces, pero nunca pudo engendrar un hijo. Él es el del problema y por eso te trata así.

—¿Por qué nunca me defendió de él?

—Te di a Adrien —respondió— Es lo que querías, ¿no? —cuando observó las mejillas rojas de su hija, se permitió sonreír—. Por eso le insistí al rey de que debías perfeccionarte. Le metí en la cabeza eso de que no debías ser un "estorbo" para tu esposo y aceptó sin chistar.

—Ya veo… —respondió Marinette. La reina se puso de pie y abrazó a su hija como siempre deseó hacerlo.

—Ojalá lo hubieras conocido. Te hubiera amado con todo su corazón.

Marinette se permitió abrazar también a su madre, sintiendo que algo dentro de su corazón había empezado a desquebrajarse.

La puerta de aquel lugar se abrió, dejando ver al rey, claramente ensangrentado.

—¿Qué sucedió?

—Ese mocoso —protestó, sosteniéndose a duras penas con su espada, mientras sonreía recordando la escena —. Quiso protegerme y aproveché para deshacerme de él.

—¿Qué? —Marinette se acercó al rey— ¿Qué dijiste?

—Que tu estúpido amigo trató de protegerme y se ganó el filo de mi espada —sonrió —. Iba a matarlo de todas formas por entrar a mi baile, sin invitación.

—¡No! —gritó la muchacha, presa de los nervios por la noticia—. Adrien no pudo haber muerto ¡Chat no pudo dejarme así!

El rey escupió un poco de sangre, pero aún sonreía.

—¡Eres un maldito! —Marinette, presa de la ira, pateó la espada que lo sostenía, la tomó y sin pensarlo dos veces, le dio el golpe de gracia, matándolo de un solo corte.

—¡Hija, no! —Marinette sacudió de la espada, la sangre del rey, y miró a su madre.

—Lo siento, mamá —finalmente, dejó escapar las lágrimas de sus ojos—, prometo ser una mejor hija en otra vida…porque en ésta, no quiero vivir sin Chat…

—¡Marinette! —exclamó, cuando observó a su hija empuñar la espada, apuntándose a sí misma para quitarse la vida— ¡Hija!

Adrien caminaba de regreso, con una enorme sonrisa en sus labios, mientras Plagg flotaba frente a él, bailando la danza de la victoria. No solo recuperaron la caja perdida de los Miraculous, sino que al fin habían podido rescatar el prodigio de la creación. ¡En cuanto se lo diera a Marinette, podría activar a Tikki y ambos Kwamis, como se llamaban esos seres, volverían a estar juntos!

Agradecía estar vivo en ese momento pues el rey, a quien había tratado de proteger, lo había atacado a traición, y si no fuera por Plagg, habría perecido bajo la espada del monarca que, en su descuido, fue atacado por un rebelde por la espalda, dejándolo herido de gravedad. Debido a eso, había ordenado a sus hombres que lo llevaran al castillo, mientras él se quedó encargándose de la batalla, usando el cataclismo de su miraculous.

Estaba feliz de volver, pero la sonrisa desapareció de sus labios cuando observó las tres banderas del castillo, dos de las cuales estaban a media asta. Una, claramente era por el rey, que seguro había muerto debido a las heridas que tenía… pero ¿la otra?

No… era imposible… Sus ojos se abrieron por el pánico y apresuró sus pasos hasta el lugar, encontrándose a la reina vestida de luto y junto a ella, dos cuerpos descansando sobre la urna en la que iban a ser enterrados.

—¡No! —exclamó, cayendo a los pies de Marinette —. My lady, no… mi princesa…

La reina no podía comprender lo que sucedía, pues su esposo había dicho que el muchacho estaba muerto. Miró el difunto cuerpo del rey, luego a su hija y al joven que lloraba a sus pies.

¿Hasta en el último segundo, ese demonio se había llevado la felicidad de su hija?

—Adrien —susurró la reina, pero el chico, perdido en su lamento, no parecía escucharla.

—¿Por qué? —sollozó—. ¿Por qué murió? ¿Qué fue lo que sucedió?

—Pensó que habías muerto —respondió sin mirarlo, apretando los puños para no golpear el cadáver de su difunto esposo —. No lo soportó y, luego de darle muerte al rey, se suicidó.

—¿Qué? —Adrien se puso de pie. ¿Se había suicidado por él? Miró a su amada con lágrimas infinitas, inundando sus ojos verdes, y juró que no permitiría que se volviera a lastimar o que algo malo le volviera a pasar. ¡En otra vida, sacrificaría la suya con tal de que fuera feliz y pudiera vivir tranquila!

Se secó el rostro y sacó de su bolso, la caja de los Miraculous.

—Dicen que hay un templo, al oeste, en las montañas heladas… Por favor, llévela allí y devuélvala.

—¿Y por qué no vas tú? —preguntó la reina, abrazando la caja octogonal.

—Porque yo me voy con ella —elevó su anillo y cuando Lord Noir apareció frente a la reina, en la mano del joven brilló una energía oscura—. No se preocupe, cuidaré a su hija en nuestra siguiente vida, donde prometimos reencontrarnos…

—Adrien, no lo hagas, por favor… —pero el joven llevó la energía a su pecho, sintiendo el dolor de sus costillas fracturándose y sus órganos lastimándose, perdiendo finalmente la conciencia… y la vida.

Muchísimos años después…

Plagg observaba a Adrien canturrear en su habitación. Esa tarde había seguido a Marinette hasta el boulevard donde siempre iba a comprar telas. Se mantuvo escondido hasta que ella lo descubrió, haciéndole cargar todas las bolsas de compras por aquella travesura, pero él no podía estar más contento de poder acompañarla en algo que le gustaba tanto.

El Kwami de la destrucción sonrió, recordando la primera vez que lo vio, cuando el maestro Fu hizo aparecer la caja con el Miraculous en su habitación. En ese momento, sintió como si estuviera de nuevo en aquel feo cuarto del castillo, pero lejos del desteñido joven que encontró aquella vez, este chico tenía una imagen más pulcra, aunque con los mismos ojos verdes llenos de inocencia y convicción. Lo mejor de todo era que nació tan rico como había deseado y le daba los quesos que le había prometido si alguna vez tuviera los recursos, sobre todo, uno llamado Camembert. Obviamente, Adrien Agreste no recordaba al humilde escudero Adrien, pero él sí, y podía comparar a ambos chicos todo el tiempo, viendo cómo las mismas acciones se repetían, aún teniendo otras vidas… Era algo que amaba de su eternidad, el poder volver a encontrarse con seres que había apreciado mucho y Adrien era uno de ellos, por no decir, el elegido con el que más se había encariñado.

Le sorprendía como llamaba "Princesa" a Marinette sin saber que, en aquella época, en la que su amor terminó de forma trágica, ella era una verdadera princesa.

Había muchas cosas en su memoria y solo eran para él, pues su terroncito no había alcanzado a conocer a su portadora en ese tiempo. Bueno, ese era un punto a favor de él, ¿no? Podía alardear de que conoció a su actual guardiana, en otra época.

En esta vida, Adrien y Marinette tenían lo que siempre quisieron. Él, los recursos para que nadie lo menospreciara; y ella, padres amorosos… Y aunque su historia de amor también había sido enredada, su amor por fin era posible.

De pronto, el Kwami se quedó quieto y se zarpó el queso entero.

—¡Plagg! —protestó Adrien al ver los modales de su Kwami. Éste trago y luego lo miró.

—Lo siento. Cosas dulces pasaron por mi mente.

Adrien solo rio por aquel comentario y le pasó otra caja de camembert.

—Toma, pero no te atragantes.

Plagg solo sonrió y abrazó la caja de queso. El que pudiera comerlo a diario, era algo que le gustaba de esta vida, sin duda alguna.


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¡Y taran!

Casi no lo logro porque me quedé sin internet y luego mi licencia de Office se murió, pero alcancé a publicar ;o;

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No sé que decir de este capitulo, la verdad... Primero iba a hacerlo sin Kwamis en la época antigua, luego iba a hacerlo en la época actual, pero ya he leído muchos AU donde Adrien es Chat pero Marinette no es Ladybug; luego recordé mi amor por las novelas de épocas y las mascaras y bailes y bue... Volví a mi idea original pero con Kwamis...

Muy Romeo y Julieta, y como es mi toque , tuve que enlazarlo a un futuro de la vida actual de los chicos...

¡Espero que les haya gustado porque yo realmente amé escribirlo!

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Mañana tenemos el último día: Revelaciones...

¡Capitulo especial MultiNoir que se relaciona con el especial de Multimouse de Enero! ¡No se lo pierdan!

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¡Gracias por sus reviews a: laurenImprincess - Alanna Delteria - Tecupi - karen Agreste - Arashi Shinomori - AlondraRivadeneira

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¡Nos Leemos mañana con el final del reto!

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Aquatic~

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12 de Febrero de 2020