Capítulo I
Comenzaba a amanecer en el nuevo Hyrule y con ello la esperanza de la gente, poco a poco los monstruos que antes amenazaban a la población iban desapareciendo, extrañamente ya no renacen luego de una oscura noche de luna carmesí, los gigantes mecánicos ya no perseguían amenazantes destruyendo todo a su paso con sus potentes rayos, en cambio pasaron a formar parte de la chatarra repartida por todo el reino, a pesar de que nadie en el reino imaginaba que esto se debía al fin de una época oscura causada por el cataclismo, todos sin dudar, notaban que algo grande había ocurrido, provocando estos cambios esperanzadores.
Thade salió temprano de su casa rumbo a la entrada del pueblo para comenzar su labor de guardia, a pesar de ser tan temprano que apenas se veía asomarse la luz del sol, vio a lo lejos dos figuras caminando hacia el pueblo, algo inusual pues no se acostumbraba recorrer hyrule por las noches debido a los monstruos, siguió observando curioso para saber quiénes eran los valientes, cuando estuvieron más cerca, pudo notar la figura del muchacho ya conocido, no sé asombro, pues no era la primera vez que llegaba a tales horas de la mañana al pueblo, de inmediato vio que junto a él caminaba una muchacha muy bella y desconocida. Los saludos cordialmente cuando cruzaron la entrada al pueblo, llamando aún más su atención la peculiar vestimenta de la joven, un conjunto azul del mismo tono con el que había visto al joven algunas veces. Los siguió con la mirada un momento para luego mover la cabeza y retomar su labor.
Link guió a Zelda por una pequeña escalera ubicada a la derecha de la entrada del pueblo, siguió por entre medio de unas casas hasta llegar a un largo puente, en seguida apuro el paso para llegar antes a la puerta de la cabaña ubicada en el extremo de este.
-Bueno, esta es mi casa, no es muy grande pero es acogedora - Link abrió la puerta de su cabaña permitiendo que Zelda entrará primero, al ingresar la miró sonriente.
-Es hermosa- dijo mientras apreciaba cada rincón -me encanta-
Recorrió un poco el primer piso admirando las armas y escudos que adornaban las paredes, mientras Link acomodaba sus mochilas de viaje en la mesa de centro, Zelda alzó la mirada y contempló el segundo piso, subió la pequeña escalera, cuando llegó arriba su mirada se detuvo frente a una foto, no cualquiera, era aquella, la foto de los campeones, la única foto que tenía de todos sus amigos juntos, su semblante cambió, la tristeza por haberlos perdido le pesaba demasiado, con paso lento se acercó y tocó delicadamente la foto con su mano, las lágrimas comenzaron a aflorar en sus ojos amenazando con salir, cuando sintió una mano fuerte en su hombro.
-No fue tu culpa, ninguno de ellos lo piensa-.
-¿Tú crees?- volteo a verlo con las lágrimas casi brotando de sus ojos.
-Por supuesto que sí, todos te admiran y están muy orgullosos de ti-.
La dulzura en la voz de Link la hizo sonreír, volteo nuevamente para ver la foto
-Si quieres la puedo quitar- interrumpió Link
-No, no te preocupes, me gusta verla-
Durante un momento todo quedó en silencio, Link noto que ella necesitaba este descargo, retrocedió lentamente y en silencio bajo la escalera, Zelda lo miro de reojo y agradeció en su mente por este momento a solas, en seguida su mirada volvió a la foto, poco a poco empezó a sentir paz, como si verlos aunque fuera una imagen le sirviera para aliviar su corazón, dejó liberar sus lágrimas descargando su dolor para luego limpiarlas delicadamente de su rostro con sus dedos, suspiró profundamente mientras cerraba sus ojos permaneciendo así por unos minutos, en seguida una sonrisa sincera apareció en su rostro, abrió sus ojos y agradeció a las diosas por tener la oportunidad de conocerlos.
Link por su parte salió de la cabaña y tomó a Epona de las riendas dirigiendola hacia el pequeño establo que tenía al lado de su casa, mientra la acomodaba el cansancio hacía presa de él, se apoyó un momento en su yegua para descansar y cerró los ojos, estaba a poco de quedarse dormido de pie cuando siente las hojas crujir, de inmediato despertó y vio a Zelda acercarse.
-¿Estas muy cansada?-
-Me parece que eres tú el cansado- dijo Zelda cruzándose de brazos y sonriendo de lado.
-Yo estoy bien, te tengo una sorpresa-
-¿Ah sí? ¿Qué es?-
-Ven, acompáñame-
Comenzó a caminar en dirección al puente, Zelda de inmediato dio la vuelta y lo siguió. Caminaron cruzando todo el pueblo hasta llegar a la salida de este, justo en frente de un camino muy empinado.
-¿Adónde me llevas?-
-Ya verás-
Continuaron por el camino, de repente Zelda se detuvo y lo miró con asombro.
-Por aquí era, ¡sí! ¡Por aquí se llega donde Prunia!- saltó de alegría al recordar a su vieja amiga.
-Aja, que bueno que lo recordaste, ven vamos rápido que te está esperando-
Tras esto ambos apuraron el paso, Zelda iba muy entusiasmada, los años presa en el castillo habían hecho que perdiera la memoria sobre algunas cosas. Cuando llegaron a la cima Link abrió la puerta y Zelda entró sonriente pero se detuvo al encontrar solo a una pequeña niña, ni rastro de la científica que recordaba.
-¡Zeldaa, cariño! Por fin estás aquí-
La pequeña niña saltó de su silla y corrió hacia un Zelda desconcertada.
-¿Porque me miras así?- se detuvo a pasos de ellos y preguntó ofendida -ah si que no le has dicho nada ¿eh?, un punto menos para ti chico- dijo cruzándose de brazo y mirando a Link con reproche.
-Lo siento- dijo agachando la cabeza
-¿Que está pasando aquí?-
Zelda miro confundida a Link y luego a la niña, quien se alejó un poco para buscar su silla, la tomó, se acercó con ella y se subió encima.
-Mucho mejor, Zeldita querida, soy yo ¡Prunia!, un experimento me dejo así, pero no te preocupes que ya encontré la cura y poco a poco estoy creciendo- dijo mientras extendía sus brazos como si estuviera esperando el abrazo de la chica, ella conservó sus ojos abiertos como plato, anonada, sin saber qué decir.
-¿Es una broma?-
-¿En serio eso me vas a decir?- Prunia bajo sus brazos ofendida.
-Zelda es verdad, ella es Prunia-
Como si la voz del chico fuera el remedio, Zelda salió de su trance, observó el lugar y luego a la pequeña niña, sus ojos no mentían, podía ser una niña pequeña pero vio en ellos a su fiel compañera de experimentos y estudios ancestrales.
-¡Ay Prunia, si eres tú!-
Las dos chicas se abrazaron alegremente, Link suspiro aliviado, lo único que faltaría es que ahora ella perdiera la memoria, en seguida los tres se sentaron en la mesa de centro y comenzaron a conversar, en realidad sólo Zelda y Prunia conversaban, pero para Link era un bonito y placentero momento para descansar.
Las horas pasaron y la noche cayó más rápido de lo que esperaban, las chicas aún tenían mucho que conversar, pero Prunia al notar la oscuridad de afuera, los apremió para que fueran a descansar, era evidente el cansancio de ambos en sus rostros sobretodo de Link ya que se había quedado dormido en la mesa.
-¿Dónde se están quedado? Podría armar unas camas aquí-
-No, no te preocupes Prunia, Link tiene una cabaña aquí en Hatelia-
-No me digas- dijo Prunia mirando pícara a un dormido Link -¿ah si que van a dormir juntitos?-
-¿Queeee? ¡no! Que cosas dices, ¡hay dos camas!- Zelda se ruborizo al instante.
-Jajajajajaja a mí no me engañas pequeña, ya vayan que no les quito mas tiempo-
-No sé a qué te refieres- dijo avergonzada.
-Si claro no sabes, chico ¡despierta ya!- movió bruscamente a Link.
-¿Ah? sí, estoy despierto-
Link se levantó rápidamente mientras Zelda lo miraba sonriente y soltaba una ligera carcajada. En seguida se despidieron de Prunia y retomaron su camino hacia la casa de Link. Zelda permaneció en silencio durante el camino, ya que seguía pensando en lo que le había dicho Prunia sobre dormir junto a Link, en su interior sabía que la idea le agradaba, pero una parte de ella se negaba rotundamente, después de todo Link nunca le había dado señales de que sintiera algo por ella. El camino a casa se les hizo corto, Zelda sumida en sus pensamientos y Link casi como un sonámbulo, cuando llegaron se despidieron el uno del otro y cansados durmieron como nunca.
Al día siguiente Zelda se despertó primero, estiró sus brazos y se levantó, abrió las cortinas y noto que el sol estaba justo por encima de ellos, por lo cual ya era cerca del mediodía, bajo las escaleras y vio a Link durmiendo plácidamente, en silencio volvió al segundo piso y entro al baño para arreglarse, una vez lista salió a recorrer el pueblo. Hace 100 años apenas era un pueblito con pocas casas, ahora noto como había crecido, ¡hasta un tienda de tinturas tenía! Se sentía feliz caminando, nadie la reconocía y a nadie le llamaba la atención, salvo a uno que otro chico. Cuando dio por terminado su paseo por el pueblo, pasó por la tienda de víveres para comprar alimentos, luego se dirigió a la casa. Entro y vio a Link aun dormido, dudo entre despertarlo y no, ya que creía esta era la primera vez en mucho tiempo que dormía de verdad, así que en silencio guardo los alimentos y tomó unos pocos para preparar comida, salió y comenzó a cocinar en la pequeña cacerola negra.
Link empezó a soñar con comida, lentamente sentía que su sueño se materializaba ya que sentía un agradable olor a comida hasta que por fin abrió los ojos, se estiró y se levantó, camino hasta poder mirar hacia el piso de arriba, como vio la cama vacía asumió que Zelda estaría afuera, tomó una camisa cualquiera que encontró entre sus cosas y salió sin esperar lo que tenía enfrente, Zelda estaba cocinando.
-No sabía que cocinabas- dijo un sorprendido Link.
-No cocino mucho la verdad- dijo apenada -solo he cocido un poco esta carne-
-Déjame ver-
Link soltó una risa comprensiva y se acercó a ella, observó la carne mientras la daba vuelta y se dispuso a aliñarla explicándole a Zelda como debía cocinarse y que debía echarle, ella lo miraba sin escucharlo, su sonrisa la volvía loca, sin darse cuenta y sin poder evitarlo comenzó a ruborizarse, verlo cocinar era excitante, poco a poco fue acercándose a él, Link quitó la vista de la carne para ponerla sobre ella, de inmediato se dio cuenta de lo ruborizada que estaba y de lo hermosa que se veía así, se quedaron mirando el uno al otro como hipnotizados durante un momento que fue preciado para ambos, pero como no todo dura para siempre fueron separados por el olor a comida quemada, Link la sacó de inmediato del fuego, gracias a las diosas solo un poco de la carne se quemó, y pudieron disfrutar, avergonzados y en silencio, del almuerzo. Una vez terminado, fue Link quien rompió el silencio.
-Y…. ¿Qué quieres hacer hoy?, es un lindo día-
-No sé si sea muy pronto, pero me gustaría visitar a las bestias divinas, quiero ver como siguen luego de todos estos años-
-Me parece bien, la más cercana es Ruta, podemos quedarnos con Impa si se nos hace tarde, no le molestara recibirnos de nuevo-
-Bien, entonces, pongámonos en marcha-
Zelda se levantó como si tuviera un resorte, la comida le había vuelto la energía a su cuerpo, en seguida entró a la casa para preparar sus cosas seguida por Link. Una vez listos emprendieron el camino no sin antes tomar un pequeño desvío a insistencia de Link. Llegaron pronto al rancho de Picos Gemelos, allí Link conversó con el encargado mientras Zelda jugaba con el perro, pronto lo vio acercarse con un hermoso caballo blanco, Zelda lo miró asombrada, era un ejemplar hermoso, cuando llegó a ella le pasó las riendas sonriente.
-Y aquí el ultimo regalo-
-¿Es… para mí?-
Link asintió, Zelda saltó de alegría y en un impulso lo abrazó fuertemente, Link se sorprendió un poco por el repentino acto de la chica, pero enseguida le respondió el abrazo. La yegua era blanca con cabellos dorados, muy parecida al antiguo caballo que Zelda solía tener. Link le explico donde la había encontrado y las historias que se contaban de ella, así que decidió domarla y guardarla para cuando ella regresara. Zelda alegre empezó a acomodar sus cosas en su nueva yegua mientras Link la miraba de reojo, verla tan alegre le encantaba, definitivamente haría lo que fuera por ella.
-¿Todo listo?-
-Sip, todo listo- aseguró la silla de Duquesa
-Vamos entonces-
Ambos emprendieron nuevamente el camino rumbo a los dominios zora. Iban a mitad de camino cuando a lo lejos se oyó un caballo que se acercaba a gran velocidad y una potente voz llamando a Link, quien detuvo a Epona y dio media vuelta.
-Adine ¿qué haces aquí?-
-Link, que bueno que te encontré, la matriarca necesita tu ayuda- dijo Adine mientras tiraba las tiendas de su caballo para detenerlo.
-¿Qué le pasó a Riju?-
Zelda noto la repentina preocupación de Link por la matriarca gerudo y no pudo evitar sentir celos de ello, ¿qué había pasado entre ellos en su ausencia?
-A ella nada, es Naboris, al parecer no se mueve, la matriarca me ha pedido que te llame porque tú eres el único que ha logrado entrar.
-Link tenemos que ir de inmediato- Zelda interrumpió preocupada.
Link asintió ante el comentario de Zelda y los tres azuzaron sus caballos en dirección al desierto gerudo.
