Capítulo XVII

Teba aterrizó en la plaza de Revali y camino hacia la habitación del jefe, cuando llegó Riju estaba ahí, tal y como esperaba, al verlo llegar lo miró ansiosa esperando noticias.

-Ellos están bien, los llevamos a la aldea Onaona, Nyel dice que es un lugar seguro y escondido-

-Qué alivio… ¿que viste?, ¿qué estaba pasando?- le pregunto insistente.

-No mucho la verdad, solo un hombre enorme y horrible estuvo a punto de matar a Link que estaba inconsciente, la chica no está herida pero si desmayada-

-Por las diosas…-

-Pero dentro de todo están bien, a salvo-

-Gracias Teba, no sabes cuánto te lo agradezco… creo que mereces una explicación-

-Eso me gustaría-

Tomó asiento delante de Riju, quien de inmediato y lo más claro que pudo comenzó a explicarle detalladamente la situación, algo en el hacia que ella confiara en que era alguien de fiar y si Ganon había resurgido sería hora de que todo Hyrule conociera la verdad de su pasado.

Sin duda contarle todo a Teba había sido mucho más fácil de lo que esperaba, las palabras le salían solas y casi como si fuera una historia repetida, Teba comprendió todo de inmediato. Apenas estuvo todo terminado allí, Riju y Adine salieron de la aldea orni dispuesta a ir a la aldea Onaona, un poco más calmadas cruzaron Hyrule hasta que estuvieron cerca del camino hacia el desierto gerudo, allí Riju se detuvo.

-Adine, necesito pedirte un favor-

-Por supuesto, matriarca, usted dígame que necesita-

-Necesito que te hagas cargo de las gerudo-

-¿Como dice?- pregunto confundida y asombrada.

-Tengo que ir con Link y Zelda, es urgente… pero no puedo dejar a mi pueblo así nada más, y tú eres la persona de más confianza que tengo y la más indicada para tomar mi lugar por ahora-

-Pero matriarca, yo no puedo dejarla sola, es imposible lo que me pide-

-Adine, por favor, necesito que estés conmigo en esto, puedo cuidarme sola-

-Matriarca…- Adine dudo, le había tomado tanto cariño a aquella chica que la sola idea de dejarla ir sola le dolía, casi sentía que era su hermana pequeña y que tenía que cuidarla.

-Sé que puedes y que ellas te aceptaran, hazlo por mí y por ellas, necesitan protección-

-Está bien, lo haré por usted y por ellas, pero tiene que prometerme que cualquier cosa que pase usted me llamara-

-Te lo prometo Adine-

Adine asintió y dio vuelta a su caballo hacia el desierto gerudo, sin volver la mirada atrás, si lo hacía seguramente se arrepentiría, así que solo siguió de largo, Riju vio a Adine cabalgar alejándose y mucho más tranquila por su pueblo se dirigió a la aldea Onaona en busca de Link y Zelda, esto sería solo el comienzo.

Cuando llegó ya estaba atardeciendo, cerca de la posada logro distinguir al orni azul que había volado junto con Teba, bajo de su caballo y se acercó a él.

-Tu eres Nyel ¿no?-

-Así es, usted debe ser la matriarca gerudo-

-Puedes llamarme Riju, muchas gracias por tu ayuda, de verdad-

-No se preocupe, cuando necesite mi ayuda no dude en pedirla-

-Muchas gracias… ¿están allí?- dijo indicando hacia la posada.

-Sí, aunque aún no despiertan-

-Ve a descansar, yo me encargare desde ahora, le conté todo a Teba, él te explicara todo-

-No es necesario, Riju, creo que por el momento no quiero saber lo que pasa-

Riju lo miro extrañada, un semblante triste cubría el rostro de Nyel, este le sonrió y de inmediato voló alejándose, apenas perdió de vista al orni entró a la posada.

Estaba sentada en una silla observando por la ventana, se sentía bendecida por haber hablado con la sabia Nabooru pero lamentaba que todo ocurriera en tales condiciones, se levantó y fijo su vista en el horizonte del mar, de pronto noto de reojo que Zelda comienzo a moverse, de inmediato salió de su trance y se fue hacia ella, se sentó en la cama y esperó a que abriera los ojos.

...

La cabeza le daba vueltas, y le dolía como mil demonios, lo último que recordaba era que un orni la había agarrado bruscamente. Abrió sus ojos lentamente y miró a su alrededor confundida y adolorida, se encontraba en un lugar extraño pero no estaba sola, una conocida chica estaba junto a ella.

-¿Do… donde… dónde estoy?-

-Estás a salvo, Zelda… yo estoy aquí contigo-

-Link…-

-Tranquila, él también está a salvo, se está recuperando…-

-Riju… pasó… algo terrible…-

-Lo sé, no te agobies con eso ahora, solo descansa y recupérate del golpe-

Zelda volvió a cerrar los ojos, Riju se quedó esperando a que volviera a dormir, después salió de la habitación y de la posada, allí afuera dirigió su mirada a la luna llena, su mente estaba a mil por hora, organizando cada paso que deberían dar a continuación, el ya estaba suelto y ahora que esas brujas estaban con él la situación se volvería demasiado difícil, pero aún quedaba una pequeña esperanza y no descansaría hasta vencerlo de una buena vez. Estaba sumida en sus pensamientos cuando un crujir a su espalda la hizo voltear.

-¡Zelda!, deberías estar descansando-

-No te preocupes, estoy mucho mejor- la chica bajaba la escalera despacio.

-¿Estás segura?-

-Si… muchas gracias por esta aquí Riju- le sonrió agradecida estábamos preocupados por ti, ¿qué te paso?-

-Bueno… tengo que explicarles eso… y mucho más-

Zelda la miró curiosa y extrañada.

-Pero necesito que Link también escuche- continuo.

-Entiendo-

-Ahora, si me pudieras contar tú que fue lo que paso en el templo…- Riju estaba convencida de lo que había pasado, pero quería escucharlo de su propia boca.

Zelda bajó la vista recordando todo lo sucedido y se sentó en una banca, Riju camino hacia ella y se sentó a su lado.

...

El rey demonio se sentó en el destruido trono del rey y rió triunfante, por años había esperado que su cuerpo semihumano volviera y junto con el su conciencia, ya que el ser una bestia tenía cierta desventaja, solo sentía ira y ganas de destruir pero su memoria y la capacidad de razonar habían quedado encerrados mientras era una bestia, impidiendo que pudiera volver a armar planes para gobernar, desde allí comenzó a mirar el exterior, Hyrule había crecido muchísimo, se sintió satisfecho, por fin ese reino le pertenecía.

-Su majestad, ¿qué hará ahora?- le pregunto Kotake curiosa.

-Manda a llamar al yiga- le contestó sin voltear ni dirigirle la mirada.

-Si mi amo-

Koume y Kotake se miraron desconfiadas y salieron volando hacia el desierto gerudo en busca del líder yiga, este sería su día de suerte o su último día de vida.

...

-Lo que me temía…- susurro apenas Zelda terminó su relato.

-¿Ah?-

-No, nada- se levantó de la banca y comenzó a caminar en círculos pensativa.

-Aun no puedo entender como todo esto termino así, como ellas se enteraron de esto…- bajó la vista y la fijó en el arenoso suelo, aun sentía un poco de dolor en su cabeza y la culpa no ayudaba en nada para aliviarse.

-Zelda… ustedes no tienen la culpa, los engañaron- confesó, no toleraba ver cómo la pobre chica se culpaba de todo.

-¿Cómo dices?- no se esperaba esto de parte de Riju.

-Es parte de lo que quiero revelarles, nada de esto es culpa de ustedes-

-¿Pero, qué es?, ¿qué es lo que sabes?- realmente no sabía que pensar.

-Por ahora solo puedo decirte que no todo está perdido-

Zelda estaba muy confundida, sin duda quería saber lo que ocultaba aquella chica.

-Vamos a descansar, esperemos a que mañana Link despierte, mientras antes mejor-

-Está bien, vamos-

Resignada entró a la posada junto a Riju, aunque quería ante todo saber realmente lo que estaba pasando, la cabeza le daba vueltas y sabía que no estaba en condiciones de digerir lo que sea que tuviera que contarle Riju, se despidió de ella y antes de ir a dormir fue hacia donde Link, le acarició el rostro y besó su frente con cariño, moría de ganas por dormir ahí junto a él, pero no quería molestarlo, así que se levantó y se fue hacia su cama, quizás mañana sería un día lleno de revelaciones.

...

El líder yiga entró dubitativo al castillo, el resurgimiento del rey demonio le había caído de maravilla pero aun así dudaba sobre su destino y el de su pueblo ahora que su amo era un hombre racional y no una bestia, de ahora en adelante debía aceptar que su propio destino y el de su clan estaban en sus manos. Subió la destruida escalera hasta la sala real y entró despacio, allí lo vio, en seguida la figura enorme e imponente del nuevo rey lo intimido, se encontraba de espaldas admirando el paisaje, apenas sintió una presencia dio la vuelta.

-Así que… tu eres el líder del clan yiga… los que osan llamarse mis súbditos-

-Si amo, soy yo- titubeo, creyó que al llamarlo amo sería más amable con él, después de todo se mostraba sumiso.

-Bien, entonces les tengo su primera orden-

-Lo que usted pida, amo- se puso nervioso, la seriedad e indiferencia que tenía con él lo descompuso, supo enseguida que al primer error su vida acabaría sin dudarlo.

-Tráiganme al héroe-

"Mierda", pensó el líder "como si no lo hubiéramos estado intentando durante todos estos años…"

-Sí amo-

-Pero, lo quiero con vida-

-Lo haremos- mintió, ni él mismo sabía cómo lo haría.

-Bien, largo- volteo nuevamente hacia la ventana.

El líder yiga salió peor de cuando había entrado, sin duda esa era la peor orden que podría haberle dado, su clan llevaba años tratando de liquidar al campeón hyliano sin éxito alguno, muchos habían caído y el seguía sin entender qué era lo que tenía ese chico que ninguno era capaz de hacerle frente, incluso ese ridículo de Kogg que manejaba las sagradas artes milenarias de los sheikah había podido con él, cayendo en derrota de una manera indigna para un yiga, suspiro tratando de relajarse, lo único que podía hacer era intentar una vez más y ahora tendría que lograrlo si o si, si no, el que terminaría muerto sería el.

-¿Podemos confiar en él?- preguntó el rey a sus más cercanas súbditas.

-Si amo, le aseguro que es de fiar-

-Eso espero, o ustedes dos caerán junto a él-

Koume y Kotake se miraron y tragaron saliva intimidadas, su amo había regresado mucho más vengativo y sanguinario de lo que lo recordaban, ya no era un joven gerudo lleno de poder dispuesto a ser rey, no, ahora era un hombre lleno de ira, de venganza, un hombre que había cruzado el umbral de su furia la que lo llevó a pasar de su cuerpo humano al de una bestia insaciable, casi no reconocían al hombre que ellas mismas habían criado.

...

Zelda despertó apenas el primer rayo de sol se asomó por la ventana, el descanso le había caído de maravilla, el dolor de cabeza había disminuido muchísimo y se sentía mucho menos mareada que ayer, se levantó despacio mirando a su alrededor, Link aún seguía durmiendo profundamente, así que salió de su habitación en busca de Riju, toco la puerta de su habitación y espero, de inmediato la gerudo abrió la puerta.

-Buenos días Zelda- la saludó sonriente.

-Buenos días Riju- le respondió la sonrisa.

-Te veo mucho mejor, ¿dormiste bien?-

-Sí, pude descansar mucho-

-Me alegro, ¿bajamos a desayunar?-

-Sí, vamos-

Bajaron a tomar desayuno, gracias a la diosa ninguna de las personas que estaban ahí reconocieron ni a Zelda ni a Riju, así que pudieron comer tranquilas, algo poco usual en la vida de ambas, Riju había dejado atrás sus adornos de matriarca y vestía ropas gerudo normales, como si fuera una más, justamente para evitar llamar la atención, era urgente permanecer ocultos por lo menos hasta que tuvieran un buen plan para derrocar a Ganondorf.

Link despertó agotado y confundido, abrió sus ojos despacio y miró a su alrededor, ya se estaba haciendo costumbre despertar en lugares extraños, se levantó como pudo y se quedó sentado en la cama, cerró fuertemente sus ojos recordando poco a poco la pelea, de pronto los abrió y dirigió su mirada hacia la otra cama, allí pudo ver una de las prendas de vestir de Zelda, de inmediato supo que ella estaba a salvo y que habían llegado juntos allí, como sea que hubieran llegado, se levantó y caminó hacia la ventana, lo que vio lo dejó asombrado, "el mar… ¿cómo rayos llegue aquí?" pensó. Salió de su habitación dispuesto a comprobar sus suposiciones, apenas bajó pudo reconocer la posada, efectivamente estaba en la playera aldea Onaona, dio la vuelta y volvió a entrar a la posada, camino despacio buscando a Zelda hasta encontrarla sentada en una mesa desayunando con Riju, se sorprendió mucho al verlas juntas, ya era demasiado extraño estar en esa aldea, pero que Riju este ahí también, no podía ser coincidencia.

-Hola- saludó mientras se acercaba a la mesa.

-¡Link!, ¿cómo estás?, ¿cómo te sientes?- atacó Zelda preocupada apenas lo vio.

-Me siento bien… ¿y ustedes?- miro curioso a Riju, quien entendió de inmediato.

-Hola Link, me alegra que estés en una pieza-

-¿Qué haces aquí?, de hecho, ¿qué hacemos nosotros aquí?- pasó de mirar a Riju a mirar a Zelda.

-Tranquilo, ya pronto les aclarare todas sus dudas, ahora siéntate y desayuna para recuperar fuerzas que las necesitarás- dijo mientras señalaba una silla a su lado.

Link asintió sin chistar y comenzó a devorar todo lo que tenía delante, al parecer nada era más importante que la comida, lo demás podía esperar.

Cuando terminaron de desayunar y ya satisfechos salieron de la posada y comenzaron a recorrer la orilla de la playa, cuando estuvieron algunos metros lejos de la aldea se sentaron en la arena.

-Bueno, creo que ahora que están los dos, es hora de que les cuente todo-

-Te escuchamos- respondió Zelda ansiosa por saber.

-Necesito que me presten mucha atención, esto es muy importante- suspiro y cerró sus ojos dándose ánimo, lo que tenía que contarles sería fundamental para el futuro de Hyrule.