Capítulo XXI
Apaya se sentía cada vez más incómoda con el silencio, y peor aún con la atenta mirada de los tres presentes posadas en ella, en particular la de uno de ellos.
-Eres tu…- dijo Link sorprendido rompiendo el silencio.
-¿Qué?, ¿yo que?- dijo sonrojándose y tan sorprendida ante el comentario de Link.
-Sí…- dijo Zelda levantándose de la silla despacio -como no lo pensé antes- dijo más para sí que para los demás.
-No estoy entendiendo nada- reafirmó Apaya.
-Tranquila mi niña, ven aquí que tenemos que hablar contigo- le dijo Impa amablemente a su nieta.
Apaya dejo la cesta sobre la mesa y sin entender absolutamente nada fue hacia ellos.
-Si eres tu es perfecto- dijo Zelda alegre acercándose a Apaya.
-La verdad ya me están dando miedo- dijo Apaya incómoda ante la extraña felicidad de la princesa.
-Siéntate con nosotros- le sugirió su abuela.
Apaya obedeció a su abuela, tomó una silla y la puso frente a Impa, cerrando el círculo de sillas que formaban los cuatro integrantes.
-Apaya, necesitamos de tu ayuda- dijo Impa suavemente, explicarle todo a su nieta seria difícil no solo por la complejidad del asunto, sino porque había luchado durante años para mantenerla alejada de todo peligro y ahora de repente tenía que contarle todo lo que había estado tratando de ocultarle.
-Por supuesto abuela, ¿qué pasa?- dijo Apaya mirando confundida a los tres.
-Es una historia muuuuuy larga y algo complicada, voy a necesitar que me pongas mucha atención- interrumpió Zelda volviendo a sentarse en su silla y más que dispuesta a contar todo de nuevo.
...
Sidon llego al dominio zora desconsolado, sabía que en algún momento tendría que reemplazar a su padre tomando el trono pero jamás pensó que sería bajo una circunstancia como esta. Apenas entro los zora se le acercaron para darle el pésame y ánimos, Sidon les agradeció como pudo tratando de mantenerse fuerte, aunque quería romper en llantos, sabía que su pueblo ahora lo necesitaba más que nunca. Entro a la sala real donde estaba Muzun esperándolo.
-Príncipe… mi más sentido pésame… lo que pasó fue… terrible, ¿cómo está usted?-
-¿Cómo podría estar, Muzun?, No sé qué voy a hacer ahora-
-No debe rendirse príncipe, el pueblo lo necesita-
-Lo sé, lo tengo presente, solo que… no creo estar a la altura, no estoy preparado… no aun…- sus manos cayeron agotadas sobre el muro de la sala dándole la espalda a Muzum, ante él tenía la hermosa y reconstruida ciudad zora, por la cual su padre había luchado y muerto, la observo con tristeza.
-No se preocupe, todos estamos aquí para apoyarlo-
-Gracias Muzun…-
-No hay de que, si necesita algo no dude en pedírmelo-
-De hecho, Muzun, hay algo que quiero pedirte….- dijo mientras se daba vuelta quedando frente a él de nuevo.
-Lo que sea dígamelo-
-Quiero que armes a los soldados, tenemos que estar preparados para una guerra-
-¿Cómo dice?- preguntó Muzun confundido.
-Necesito que todos los zoras estén armados, asegúrate de eso, por favor-
-Eh… sí, príncipe, pero… ¿está todo bien?-
-No lo creo, Muzun- suspiro agotado -pero espero que pronto lo esté-
...
Apaya tenía los ojos completamente abiertos, por un momento pensó que había vuelto a ser una niña que escuchaba un cuento de hadas, lo que Zelda le decía le parecía una fantasía, algo que sólo podía ocurrírsele a alguien con mucha imaginación, pero su abuela estaba ahí, completamente seria, sin duda no podía ser una broma.
-Yo sé que todo esto es mucho para ti, pero no tenemos mucho tiempo-
-No la presiones tanto, Zeldita-
-Perdona Impa-
Apaya quedo con la mirada fija en el suelo con una expresión de absoluta confusión, la revelación había sido demasiado, estaba absorta en sus pensamientos cuando sintió una suave y cálida mano sobre la suya.
-¿Estas bien?- dijo Link mientras ponía su mano sobre la de Apaya preocupado por la expresión atónita de la chica.
Apaya miró la mano de Link sobre la de ella y de inmediato todo lo que le contó Zelda pasó a segundo plano, su rostro enrojeció por completo y totalmente avergonzada levantó la vista hacia un preocupado Link, trago saliva nerviosa y asintió, Link le sonrió más tranquilo.
-Todo va a estar bien, estamos aquí para ti- continuó Link.
Comenzó a sentir mariposas en su estómago, sea lo que sea que le dijeran ahora nada tenía importancia en ese maravilloso momento, sentir aunque sea la mano de Link sobre la suya ya era un regalo y más si le sonreía de esa manera, y la miraba con esos profundos ojos azules, la tenía vuelta loca.
-Bueno, yo sé que es mucho, Apaya, pero espero que podamos partir mañana- dijo Zelda incómoda por la escena, sabía que Link lo hacía por amabilidad y amistad hacia Apaya, pero también estaba consciente de los sentimientos de ella hacia él, aunque no se lo hubiera dicho nunca se notaba, y mucho.
-¿Partir?, ¿a dónde?- dijo Impa.
-A donde sea que esté el medallón, como dije, estamos cortos de tiempo- insistió Zelda.
-¿Tenemos alguna idea de donde pueda estar?- dijo Link quitando su mano con total naturalidad, el despistado chico no notaba ni el nerviosismo de Apaya ni los celos de Zelda.
-Pues, no… aun no…- dijo Zelda algo enojada.
-Hace muchos años escuche una historia, una leyenda muy antigua que hablaba de algo similar a lo que cuentan- interrumpió Impa.
-¿Qué cosa?- pregunto Zelda interesada.
-Lo poco que recuerdo, era que hace años los sheikah guardaban un tesoro celosamente, un tesoro que nos pertenece solo a nosotros, decía que estaba oculto bajo las sombras de la aldea.
-¿De esta aldea?- pregunto Link.
-Eso imagino…- dijo Impa.
-¿Y que más decía?- pregunte Zelda insistiendo.
-Bueno, eso es todo lo que recuerdo, era una historia que la contaban a los niños, leyendas, cuentos de hadas, nadie creía que fuera cierto-
Zelda suspiro, al parecer todo les sería mucho más difícil de lo que pensaba.
-Bueno, al menos no tendremos que partir mañana a ningún lado- dijo Link buscando el lado positivo.
-¿Ah sí?, ¿y cómo vamos a encontrar algo bajo las sombras de la aldea?- pregunto Zelda con ironía, definitivamente le había molestado la acción de Link.
-Pues, no lo sé… algo se nos ocurrirá- dijo Link.
Por un momento todos quedaron en silencio, habían sido muchas revelaciones por hoy.
-Bueno, creo que es hora de cenar, ya tendremos tiempo para pensar en esto, deben estar cansados y hambrientos por el viaje- dijo Impa levantándose para romper el silencio.
-Sí, supongo que sí- dijo Zelda siguiendo a Impa, no quería seguir allí.
...
Yunobo llegó a su aldea, se detuvo en la entrada y admiró la hermosa escultura de piedra que tenía en frente y terminaba en la casa del jefe, suspiro y siguió su camino, a su paso los gorones se acercaban a él en señal de completo apoyo, aunque por descendencia no era el legítimo nuevo jefe de la aldea, desde que ayudó a Link a aplacar a Rudania la primera vez los gorones habían comenzado a respetarlo mucho y en varias ocasiones habían mencionado su posible candidatura como sucesor del jefe, incluso el mismo Gorobu había empezado a entrenarlo un poco para tomar su lugar, por lo que, decidido, fue hacia la casa del jefe, dio media vuelta hacia su pueblo y suspiro para relajarse.
-Gorones, mi pueblo, hemos sufrido una terrible pérdida, el jefe no se merecía un final como este a manos de aquel usurpador- los gorones comenzaron a inquietarse confundidos ante esta última palabra, Yunobo se dio cuenta de esta reacción y continuo -así es, ese hombre usurpó el trono real de Hyrule y pretende dominar sobre todos nosotros- hizo una pausa -pero no lo vamos a permitir- elevo la voz -esta vez nos toca luchar a todos, gorones, zoras, ornis, hylianos, todos debemos armarnos y levantarnos en contra de aquel hombre, vengaremos al jefe Gorobu, quien murió por defendernos, por impedir que ese hombre deshonrara a nuestra raza, vamos a luchar por él, por nosotros, y por Hyrule-
El pueblo comenzó a aplaudir emocionados ante las palabras de su nuevo líder, Yunobo sonrió, su pueblo estaba con él.
...
Zelda subió agotada la escalera hacia la pieza, pasó junto a la puerta de la habitación de Link y se detuvo para echar un vistazo, allí lo vio acomodando sus varias pertenencias, la mayoría armas, suspiro agotada, ella ya sabía que Link ni siquiera se había percatado de su pequeña molestia por la situación con Apaya por lo que seguir enojada no valía la pena, además no era justo para Link, seguramente lo estaba pasando muy mal con las muertes del jefe goron, el rey zora y Adine, así que sintiéndose culpable por haberse molestado con él entró a la habitación.
Link sintió que se abría la puerta y dio media vuelta, Zelda había entrado con cara de perrito regañado.
-Hola- dijo Zelda con una voz muy baja.
-Hola- le sonrió -¿te pasa algo?- le pregunto sin rodeos.
-Eh… no, solo quería saber cómo estabas tú y darte las buenas noches- dijo Zelda tímidamente.
-Estoy bien, algo cansado solamente…-
-¿Seguro que estás bien?, todo lo que pasó ha sido...- se detuvo, no sabía muy bien cómo tocar el tema.
-Si… creo que debo enfrentarlo… - dijo agachando la mirada con tristeza.
-Bueno… tú sabes que estoy aquí... para ti, para lo que necesites...- el rostro de Zelda se ruborizaba mientras hablaba, no soportaba ver a Link triste.
Link levantó la mirada y la fijó en ella, se veía hermosa cuando se ruborizaba, sonrió completamente enamorado y finalmente se atrevió a decirle lo importante que era ella para él.
-Gracias por estar aquí conmigo, no sé qué haría sin ti- para su sorpresa las palabras le salieron solas, sin titubeos.
Los ojos de Zelda le comenzaron a brillar, esa frase simplemente la había enloquecido, y siguiendo a sus impulsos se acercó despacio a él y de manera casi inconsciente le tomo la mano.
-Ni yo sin ti…- le dijo despacio pero decidida, era ahora o nunca.
Su miradas se encontraron y poco a poco el espacio entre ambos se hizo cada vez más pequeño, sus bocas comenzaron a acercarse lentamente para, por fin, terminar en un suave y cálido beso, sus labios se juntaron tímidamente en un principio para luego volverse un beso más intenso, descargando todos sus sentimientos guardados en aquel acto de amor, expresando al fin la pasión que sentía el uno por el otro. Cuando se separaron, sus miradas volvieron a encontrarse, Zelda sentía su corazón latir a mil por hora, necesitaba decirle, expresarle todo lo que sentía por él, después de todo el mismo árbol deku se lo había dicho, las palabras que vienen del corazón se deben decir en persona.
-Te amo- lo dijo al fin, perdida en aquellos hermoso ojos azules.
Link quedo sorprendido, no esperaba aquella confesión de parte de ella, pero ahí estaba, frente a la mujer que amaba hace mucho tiempo y quien le estaba diciendo que sentía lo mismo, sonrió sintiéndose más feliz que nunca en su vida.
-Yo también te amo-
Ambos sonrieron completamente enamorados y sellaron sus palabras en un apasionado beso, de ahora en adelante sus vidas cambiarían.
...
Riju tenía la mirada baja, entro completamente derrotada a su ciudad, las gerudo observaban a su matriarca entrar desconsolada y la miraban con tristeza, para ninguna de ellas había sido fácil perder a Adine, pero todas estaban conscientes de que para la matriarca era el triple de difícil. Subió la escalera hasta su habitación y se dejó caer en la cama, poco a poco las lágrimas comenzaron a salir, no podía creer lo que estaba viviendo.
Pasados unos minutos, Nayna, la capitana de la guardia, entro despacio a la habitación de su matriarca, necesitaba hacerle saber que todo su pueblo estaba para ella.
-Matriarca, no quiero molestarla, solo quería decirle que usted puede contar conmigo para lo que sea que necesite-
-Gracias, Nayna- respondió Riju.
La capitana se dio cuenta de inmediato que su matriarca necesitaba estar sola, así que dio media vuelta dispuesta a irse.
-Nayna, espera, quiero hacerte una pregunta-
-Si matriarca, dígame lo que sea-
-Quiero saber qué fue lo que paso-
-Eh… no creo que sea conveniente, matriarca… yo…-
-Por favor, dime…-
Nayna suspiro rendida, no quería contar lo que había pasado, contarlo sería como revivirlo y ella, definitivamente, no quería eso.
-Ese hombre vino hacia acá, las guardias lo echaron, le dijeron que los voe no están permitidos pero ellas no eran rivales para él, entro como si nada a la ciudadela y fue hacia el trono, pregunto por usted pero Adine le dijo que ella era la matriarca en ese momento…- se detuvo.
-¿Y?, ¿Qué paso?- insistió Riju.
-Le dijo que él era el nuevo rey de Hyrule, que le debíamos respeto y completa obediencia, Adine se negó totalmente y bueno…-
Riju le hizo un además para que se detuviera, ambas se quedaron en silencio por un momento.
-¿Estaba solo?- pregunto Riju rompiendo el silencio.
-No, venía con un par de viejas, estaban en escobas, flotando, eran extrañas…-
-Viejas de mierda…- susurro Riju -está bien, puedes irte-
-Matriarca, ¿Qué está pasando?- se atrevió a preguntar.
-Supongo que te debo una explicación, pero no hoy, te prometo que mañana te contare todo-
-No matriarca, no me malentienda no le exijo explicaciones- se puso nerviosa, pensó que había metido la pata.
-No, está bien, Nayna, yo quiero explicarles, mañana a primera hora junta a tus guardias y nos vemos en la sala de entrenamiento, debemos hablar y… tener un plan-
-Si matriarca, allí estaremos para usted-
Riju sonrió débilmente, le alegraba saber que por lo menos contaba con el completo apoyo de todo su pueblo lo cual le daba fuerzas para seguir adelante y vengar a Adine, ella no querría verla derrotada.
Nayna salió de la habitación, Riju suspiro para darse fuerza y se acostó para descansar, mañana comenzaría su venganza.
...
El líder yiga volvió corriendo como nunca hacia la guarida, entró como energúmeno hacia la habitación de sus soldados que a estas horas de la madrugada aún estaban durmiendo plácidamente y comenzó a despertarlos a todos, quitándoles las sabanas y moviéndolos bruscamente.
-¡Apúrense!, ¡levántense!- gritaba mientras los despertaba.
-¿Qué pasa?- los yigas estaban desorientados.
-¿Porque nos despierta?- decían otros.
-¡Levántense ya, malditos perezoso!, ¡ahora!- seguía gritando.
-¿Que rayos está pasando aquí?- dijo la mano derecha del líder entrando a la habitación sin entender nada de nada.
El líder se detuvo y la miró, sus ojos estaban abiertos como plato y en su boca se dibujaba una sonrisa. La mujer arqueó las cejas totalmente confundida.
-Están en Kakariko, justo ahora- dijo el líder con una sonrisa de oreja a oreja.
-¿Qué?- dijo la mujer aun sin entender nada.
-Tenemos que ir ahora ya, de aquí no se escapan-
La mujer se quedó inmóvil, meditando sobre si su líder había hecho el descubrimiento que los llevaría a la gloria con su amo o simplemente ya estaba enloqueciendo por la presión, de pronto dio media vuelta sin decir nada y comenzó a despertar a los demás yigas, ya al amanecer la mitad de los soldados estaban en camino hacia el pueblo Kakariko, era ahora o nunca.
