Muchas gracias por todo el apoyo que está recibiendo este triste intento de historia.
Como siempre nada me pertenece yo solo ocupo los personajes sin fines de lucro.
Capítulo VI. Chocolate.
El fuego en la chimenea chispeaba junto a la poca humedad que permanecía dentro de los troncos que con el fuego terminaban haciendo ese sonido casi hipnótico. Pero Elsa permanecía un tanto incomoda, su cuerpo permanecía rígido pese a que la silla en la que estaba sentada fuera de las cómodas en las que se hubiera sentado, en su mente seguía la posibilidad de ser reprendida por el rey frente a ella, no solo había escuchado una platica entre el rey y un caballero, sino que lo hizo salir al bosque en su búsqueda en un arrebato de pánico; ella había escuchado bastantes historias sobre el rey... aunque antes de la invasión a Corona siempre pensó que eran simples rumores, pero ella había visto lo que era capaz de hacer.
- ¿No piensas tomar tu taza?
Casi salta de su silla al escuchar la ronca voz, era como si en realidad le costará hablar con ella, o como si estuviera lo suficientemente enojada como para tener que modular su tono para no gritar. Y en un impulso tomo la taza casi tirando el líquido sobre su mano.
Aún sobre la porcelana podía sentir el calor de la taza, por lo que con cuidado la llevo a sus labios, soplando suavemente para enfriar el líquido lo suficiente como para poder tomarlo sin quemarse en el intento.
El sabor dulce hizo explosión en su boca, era una sensación extraña, nunca había probado algo igual, era muy diferente a cualquier chocolate que hubiera probado, era más dulce de lo común, y su taza se vio vacía casi enseguida.
Dejo la taza sobre la mesa, y su cuerpo se relajó involuntariamente, era como si de pronto le hubieran sido arrancadas todas sus fuerzas y solo quedara lo suficiente para poder respirar.
Se sentía tranquila, dejando su mente ir a la deriva, los ojos comenzaron a pesarle, y el cansancio que había estado acumulando durante todo ese tiempo le cobraba factura, dejándola inconsciente casi enseguida.
El rey de Arendelle vio a la hermosa mujer dormir frente a ella, no sabía que tenía que hacia a su corazón latir con fervor, por derecho sabía que ella le pertenecía, ella era suya, sin embargo no la quería de aquella manera.
A su mente llegó un lejano recuerdo.
.-.-.-.-.-.Flashback.-.-.-.-.-.
La princesa en aquel entonces había acompañado a su padre a un viaje de negocios en las tierras lejanas del Medio Oriente, las reuniones fueron fáciles para ambos reinos, cada uno expuso sus propuestas y tras una breve negociación habían llegado a un acuerdo en las que ambos reinos salían ganando.
El sultán sugirió un paseo por el reino antes de que regresaran a Arendelle, no fue un recorrido por las calles aledañas al palacio dónde estaba la gente del reino, sino que fue por una selva que servía de jardín para el castillo. La naturaleza siempre había llamado la atención de Anna, por lo que ver tantas diferentes plantas y flores hicieron maravillar a la joven princesa. En su camino se atravesaron diferentes aves muy diferentes a las que había en Arendelle, eran de colores tan llamativos que parecían sacados de sus más profundos sueños.
El sultán vio como la joven princesa veía con ilusión a las aves, por lo que para ganar un poco más de simpatía de sus nuevos socios, se le ocurrió una idea.
Uno de sus sirvientes que cuidaban el jardín le había informado hacia un par de semanas que había nacido una cría de tigre, y si la joven parecía tan maravillada con las aves, ya se imaginaba cómo reaccionaría con el cachorro de tigre, así que sin que se dieran cuenta le dijo a un sirviente que le llevará al cachorro.
Cuando el paseo dio por concluido, el sultán saco detrás de él al pequeño cachorro y lo puso en los brazos de la joven.
Su intuición no le había fallado al sultán, pues vio como los ojos de la princesa se llenaban de ilusión con el pequeño animal.
Pero cuando estuvieron de regreso a su reino, la princesa veía como el cachorro dejaba de comer, los encargados de los animales fueron llamados a ver a la mascota de la princesa, sin embargo ninguno tenía una sola explicación a lo que le sucedía al animal.
Cada día que pasaba el pequeño tigre perdía más energía, y parecía que en cualquier momento el pequeño moriría.
La princesa de Arendelle se sentía cada día más triste, pero fue un día en que un caballero se acercó a ella, podía recordar cómo sus facciones se suavizaron al verla de aquella manera.
"¿Que esta dispuesta a hacer para que el pequeño sobreviva?"
La princesa no necesito pensarlo para contestar.
"Cualquier cosa"
Ese mismo día un barco zarpo al reino del sultán.
Y fue poco tiempo después en que Anna tuvo la oportunidad de ir a ver a su amigo, lo vio saltar de un lado a otro.
Y pese a que su corazón se partió con su partida, no pudo dejar de pensar que tomo la decisión correcta.
.-.-.-.-.Fin del Flashback.-.-.-.-.
El rey no quería volver a repetir el mismo error, trataba de dejar que la princesa se acostumbrará a ella, estaba dispuesta a darle reinos enteros con tal de que permaneciera ahí junto con ella, pero le era cada vez más difícil permanecer encerrada en su oficina teniéndola tan cerca, era como si una fuerza la orillará a poseerla, como si no pudiera pensar en otra cosa que no fuera ella.
La princesa se movió en sueños por la mirada del rey, sin ser consciente de lo mucho que aquel rey estaba dispuesto a hacer por ella, incluso si se lo pedía...
dejarla ir.
El rey sacudió su cabeza, haría lo que fuera para hacerla feliz ahí junto a ella, incluso hizo el esfuerzo de recordar aquella vista tan lejana al reino de Corona, había sido hacia tanto que le fue muy difícil recordar algo, pero lo logró, había recordado aquel amor por los libros, como aún siendo solo un par de pequeñas se las habían arreglado para colarse a la biblioteca del reino de Corona escapándose de los guardias que las cuidaban, según lo que le había dicho Gerda pareció complacida con los libros que había escogido para ella, y eso fue lo suficiente para dejarla trabajar durante la tarde.
Pero ahora teniéndola ahí tan vulnerable frente suyo, solo luchaba contra su impulso de saltar sobre de ella.
Se levanto de su silla antes de que hiciera algo de lo que pudiera arrepentirse, camino hacia su escritorio buscando distraerse con trabajo, sin embargo una sola mirada fue lo suficiente para verla dormir en aquella posición tan incomoda.
Con un suspiro resignado se acercó a ella, para cargarla y llevarla a su habitación.
Sentía que su preciada carga se despertaría en cualquier momento por el sonido de su corazón acelerado, sin embargo solo veía su rostro tranquilo descansar.
Apenas la dejo sobre la cama, vio sus labios, aquellos finos y suaves labios.
Se acercó a ella y le dio un beso, sintió como su estómago se revolvió y el aire se rehusaba a dejarla seguir viviendo, cuando se separó de ella, solo pudo alejarse un par de centímetros antes de volver a besarla.
Cada vez le era más difícil alejarse de ella pese a que en su mente repetía el mismo mantra.
"Solo uno más"
El rey tuvo que irse cuando la vio moverse, sus labios seguían teniendo grabada la sensación de los contrarios sobre de ellos, y su corazón no se tranquilizo hasta que llegó a su oficina.
Elsa se despertó desorientada, había tenido un sueño que hacia bastante no tenía, era cuando era solo una niña, y como junto a un príncipe había logrado entrar a la biblioteca que tenía prohibida, ella recordaba como el le había leído un cuento dentro de aquella biblioteca, era la historia de una princesa que había caído en un hechizo de una bruja, y que solo el beso de un príncipe le había salvado de aquella maldición, ella le había dado un beso entre aquel mar de libros, y en ese momento juraba que había sido tan real que sentía sus labios sobre los suyos.
