Muchas gracias por todo el apoyo que está recibiendo este triste intento de historia.

Como siempre nada me pertenece yo solo ocupo los personajes sin fines de lucro.

Capítulo VII. Fuerza.

La luz del sol alcanzó a Elsa aun sobre su cama, a pesar de tratar conciliar el sueño, le fue casi imposible, cada que cerraba sus ojos, solo volvía aquella suave sensación a sus labios, aun siendo consciente de que solo había sido un sueño, simplemente no podía dejar de pensar en lo real que se había sentido, y terminó quedándose despierta, tratando de recordar el rostro de aquel príncipe.

Un toque en la puerta la hizo salir de su letargo, sintió cierta vergüenza al ser consciente de lo mucho que anhelaba poder recordarlo.

- Pasen. - dijo tratando de alejar esos pensamientos de su mente.

Gerda ingreso en su habitación, y a pesar de conocerla hacia poco tiempo, Elsa logro notar algo extraño en la mujer, parecía más feliz que de costumbre.

- ¿Sucede algo? -pregunto Elsa contagiándose de su buen humor.

Por única respuesta recibió una sonrisa. - Buenos días, espero se encuentre mejor de salud.

Elsa estuvo a punto de volver a preguntar, pero por el momento le fue suficiente ver tan feliz a la mujer.

- Si, ya me encuentro mucho mejor.

- Me alegro mi niña, así podrá tomar su desayuno con el Rey.

El shock fue casi instantáneo, Elsa no podía creer que se le hubiera olvidado aquello, había caído dormida en pleno despacho de una de las personas mas poderosas del mundo.

Y fue tanto que antes de darse cuenta estaba siendo escoltada hacia donde suponía estaba el comedor, por su cabeza paso la posibilidad de fingir una recaída para evitar aquel incomodo momento, sin embargo el no saber que en realidad el comedor estaba relativamente cerca le hizo no poder actuar a tiempo, y las puertas fueron abiertas delante de ella.

Con lo orgulloso que ponían los rumores al rey de Arendelle, Elsa se sorprendió de lo pequeño del comedor, solo era una mesa para no mas de seis personas, y con sus respectiva sillas, sin embargo, aquello termino siendo totalmente irrelevante para ella cuando su vista cayó en el rey...

Una camisa, una simple camisa de seda abrazaba el cuerpo de aquel monarca, Elsa se sintió casi estúpida al olvidar que su ahora rey era es en realidad una mujer, la seda dejaba ver como su cuerpo, como la piel que se escondía casi con recelo ahora se mostraba ante ella, era muy parecido a aquella sensación que tuvo el día de ayer con aquellos libros, pero al mismo tiempo fue totalmente diferente, aquella sensación era algo totalmente nuevo para ella, era como si sus manos hormiguearan y por un momento se imagino a si misma tocando aquella piel, pero fue sacada de su mente cuando un mayordomo le ofreció una silla para sentarse.

Cuando Elsa se sentó, Anna con un simple movimiento de cabeza indico que se le sirviera el desayuno.

El golpear de de la plata de los cubiertos, en contra de la porcelana fina era el único sonido que se escuchaba en la habitación.

El rey se rehusaba a alzar la vista, era consciente que estaba siendo observada con bastante insistencia, y sabía perfectamente quien era, solo había una persona que tenía el valor de verla de aquella manera, y Anna termino por alzar la mirada para confrontarla, con la mirada le exigió le dijera que era lo que sucedía, Gerda ni siquiera pareció importarle la mirada de su rey, y señalo a Elsa, Anna dirigió su mirada a ella y la vio sumergida en sus pensamientos.

La veía revolver su comida sin llevarse algo a la boca, sin saber que esta solo lo hacia tratando de ocultar su sonrojo.

El antiguo rey fue uno de los reyes más temidos y respetados que el viejo mundo tuvo el placer de conocer, aunque tuvo sus defectos como cualquier otra persona, Anna solía recordar a su padre con cariño, y aunque no sabia si también funcionaria con Elsa, intento subirle el animo con algo que solía hacer su padre.

Elsa alzo la mirada al sentir un toque sobre su brazo, y aunque por un momento permaneció quieta por la sorpresa, su risa rápidamente cubrió el cuarto, una carcajada nació de lo profundo de su ser, y aunque trataba de tranquilizarse el hecho de que Anna siguiera haciéndolo le causaba cada vez mas risa.

El rey de Arendelle había colocado dos salchichas en su boca figurando ser un par de colmillos, su actuación comenzó cuando Elsa volteo a verla, y termino fingiendo ser un vampiro, utilizando sus manos como si estuviera tratando de atrapar a Elsa.

- Tomare tu sangre.

Por un momento de su actuación, Anna estuvo tentada de aprovechar la oportunidad para acercarse a Elsa de una manera más intima, tomarla entre sus brazos y morderla, y en realidad lo hubiera hecho, si no hubiera sido por todo el ruido que de pronto empezó a escucharse afuera del castillo.

Y antes de que cualquiera de las dos pudiera hacer algo, un guardia entró corriendo a la habitación y este se hubiera sorprendido de ver al rey jugando con su comida, si su entrada no hubiera alertado a la escolta personal de rey que tenían sus espadas en el cuello del hombre.

Anna alzo su mano para detener a sus escoltas, y vio al guardia. - ¿Que fufede? (¿Que sucede?) - las salchichas en su boca le impidieron hablar con normalidad y termino por quitarlas de su boca con cierta vergüenza.

- Disculpenlaintromisión... - el guardia tomo aire buscando tranquilizarse - El caballero negro a regresado-

Y antes de que Elsa pudiera preguntar el porque el regreso de un caballero hacia tanto revuelo, Anna abandono la habitación corriendo, y aunque su orgullo de cierta manera estaba herido, su curiosidad le hizo perseguirla para poder averiguarlo.

La luz del sol le dio de lleno en el rostro impidiendo que pudiera ver por un par de segundos, fue cuando coloco su mano en su frente, haciendo sombra en sus ojos que pudo ver lo que ocurría, todo el pueblo estaba en la plaza que se ubicaba entre el castillo y las murallas de este. En medio de la plaza un caballero completamente vestido de negro, bajaba de su montura, un caballo negro imponente y grande, detrás de él había siete hombres, y aunque Elsa no era partidaria de juzgar a las personas por su apariencia, le fue casi imposible no hacerlo en ese momento, los hombres permanecían parados amarrados por una cuerda de manos y pies, y eran exactamente como se suele imaginar a los delincuentes, rostros sucios, cicatrices y grandes.

Rápidamente verdura y piedras volaron por los aires impactando en los hombres.

Anna analizaba la escena en silencio, calculando su siguiente movimiento, desafortunadamente para ella, la voz del hombre mas grande de los siete retumbo en la plaza.

- Exijo un duelo en contra del rey.

Todo el ruido murió solamente con aquellas palabras, y aunque Elsa pensó que solamente era especie de broma, pues para ella era estúpido que alguien pudiera retar al rey con aquella facilidad, pero ella ignoraba que aquel era un derecho que había en Arendelle desde que este fue solamente una aldea, y seguía permaneciendo.

El caballero que los escoltaba bajo de su caballo de un salto y se acerco a este casi corriendo con su puño levantado para darle un golpe, pero antes de que este se diera, Anna alzo su mano deteniendo al caballero que sin verla se detuvo a escasos centímetros del hombre.

- ¿Que ofreces?

- El juicio de mis camaradas y el mío.

- Aceptó.

Kai el jefe de mayordomos del castillo apenas escucho las palabras de su rey se adentro al castillo corriendo, se adentro al cuarto de los reyes, donde descansaban los cuadros de todos los que han tenido la corona sobre sus cabezas, en el fondo del cuarto, debajo de dónde permanecía el cuadro del rey en turno descansaba una espada, se inclino ante ella y salió corriendo nuevamente, y le entrego la espada a su rey.

Un guardia corto las cuerdas que tenían sujeto al hombre y le entrego una espada estándar al hombre, nadie en su sano juicio dejaría que un criminal tocara su arma.

Rey y criminal caminaron al centro de la plaza con orgullo, alzando sus espadas, listos para dejar su vida en aquel lugar.

Elsa pese a lo que había hecho el rey de Arendelle, ciertamente no quería ver su muerte frente a sus ojos, pues el hombre era fácilmente dos cabezas mas alto que Anna, cerro su ojos con fuerza, sin ser consciente de que había una razón por la que nadie pedía un duelo al rey.

El hombre se rehusaba a creer aquel cuento de hadas, y corrió en contra del monarca, ella permaneció quieta hasta qué pasó a un lado suyo, sintió una brisa fría en su estomago y dio media vuelta para buscar acabar la vida de aquel rey, sin embargo cuando trato de moverse, fue cuando el mayor dolor de su vida se presentó, vio hacia debajo de si y vio como de su estómago emanaba sangre, y termino cayendo al suelo mientras que sus intestinos salpicaban la plaza, su grito de agonía se escucho e hizo estremecer a mas de uno, Anna se acerco al hombre moribundo, y enterró su espada en su cráneo acabando con su dolor.

Puede que para alguno hubiera sido una muestra de piedad, pero la verdad estaba lejos de ser aquella, al rey simplemente le molestaba el ruido de los gritos de aquel hombre.

- Pueblo mío. - El rey no necesitaba ni siquiera alzar la voz para hacerse escuchar en toda la plaza. - Estos hombres atentaron en contra de nuestra gente, de nuestros hermanos, mataron a nuestros hijos, violaron a nuestras mujeres, y sin embargo se muestran aun ante ustedes con la frente en alto, esperando misericordia de mi parte, pero nadie, absolutamente nadie daña a mi pueblo

Un grito de euforia retumbo en todo el pueblo, Elsa aún estaba en shock por la muerte de aquel hombre, que no pudo moverse al ver la ejecución de la sentencia de los crímenes de aquellos hombres.

- Yo los condeno a la vida.

Un grito aun mas fuerte se escucho en la plaza, y los hombres no pudieron ni siquiera hacer algo cuando los guardias se abalanzaron sobre de ellos como una jauría de lobos hambrientos.

Elsa vio con horror aquel castigo, en Corona, la pena máxima era la muerte y siempre le pareció excesivo, sin embargo ante sus ojos se vio una verdadera tortura.

Entre las piernas de los hombres fue puesto un pequeño polin de madera, y un guardia de cada lado golpeó con una masa sus pies, los gritos de dolor eran casi aullidos de algún animal, el tronco fue avanzando hacia arriba de las piernas de los hombres, y cada que lo hacían, sus huesos solamente eran destrozados por las masas de los guardias, lo que antes fueron piernas ahora solo eran pedazos de carne inútil.

- Lo que les quede de vida trabajarán en las minas, sin poder caminar, por mi mano no morirán pero les juro lo desearan.